lunes, 14 de mayo de 2012

CIPRIANO CASTRO Y CARORA



                                          Por Luis Eduardo Cortés Riera
                                               Doctor en Historia
                                                                                                        Carora, abril  de 2007

Entrada de los andinos a Carora en agosto de 1899.

La ciudad de Carora de fines de siglo XIX que veía llegar los introvertidos montañeses, mostraba una fuerte y marcada impronta colonial que se manifestaba en su catolicismo de masas, sus cofradías y hermandades, su gran cantidad de sacerdotes y levitas nacidos allí, sus templos y capillas, el ceremonial religioso de casi todo el año. Se trataba de una prolongación en el siglo XIX de nuestra cultura colonial y barroca que arraigó profundamente en esta cálida ciudad, que en su vínculo con lo sagrado se asemejaba en fervor y devoción a cualquier localidad andina de Venezuela. Entre el final del siglo XIX y comienzos del siglo pasado se llevaba a cabo una extraordinaria experiencia religiosa y social por los  sacerdotes Doctor Carlos Zubillaga y  Lisímaco Arturo Gutiérrez , que como bien dijo el Dr. Luis Beltrán Guerrero, se puede calificar como un antecedente de la llamada “Teología de la Liberación.” A lo que debemos agregar la hegemonía de una clase social, la godarria caroreña, grupo social que permanecía y permanece en los días que transcurren, fiel a su pasado hispánico, y  aunque no decididamente producto de la Venezuela colonial, pues tal como la conocemos hoy, endogámica y excluyente, ejercía allí una hegemonía ideológica y cultural y ha realizado una importante obra de cultura en esta aislada localidad en el Estado Lara del occidente venezolano.

Contaba la ciudad con unos 8.500 almas, una estructura poblacional en cuyo vértice se hallaba ubicada la godarria caroreña, una clase social con rasgos de casta que dominaba la economía, la sociedad y la cultura. Protagonizan un intenso proceso de concentración de la tierra y una hegemonía en los asuntos de la Iglesia y la cultura en general cuando agoniza el siglo XIX. Se han apropiado del intenso comercio local, de las inmensas y feraces tierras al occidente del Distrito Torres, han copado con sus apellidos las prestigiosas cofradías y hermandades de la Iglesia, dominan los resortes del poder político, además han llevado la imprenta en 1875, fundan el Colegio Particular La Esperanza en 1890, el sexista y excluyente Club Recreativo Torres en 1898, motivaron la prensa, sobre todo el diario El Impulso, fundado por el Br. Federico Carmona en 1904. Es una hegemonía evidente que se sustenta y ampara en la marcada endogamia propiciada por la Iglesia, su catolicismo militante y en un claro signo de exclusión que se proyecta hasta el presente.[1]

Durante el siglo XIX la política en Carora se polarizó entre Unidos (liberal) y Vitalicios (conservador, afecto a la godarria). Pero a finales de tal siglo este dominio conservador mostró sus simpatías y respaldó al carismático y tenido por honesto líder caraqueño general José Manuel Hernández, alias El Mocho, jefe del Partido Liberal Nacionalista, que agrupa a los inconformes con la corrupta maquinaria de gobierno del Liberalismo Amarillo, quienes le roban las elecciones de 1897 y colocan en el gobierno al protegido del general Joaquín Crespo, el Dr. Ignacio Andrade, último representante del decadente liberalismo decimonónico en Venezuela. Hernández decide alzarse desde la hacienda de Queipa, cerca de Valencia el 2 de marzo de 1898. Crespo sale a enfrentársele, pero muere de un certero disparo en combate en La Mata Carmelera, Cojedes. En los días del arribo de Castro a Carora, El Mocho está preso en la temida cárcel de La Rotunda de Caracas. A la cabeza de este movimiento se colocó un joven médico egresado de la Universidad Central de Venezuela y con estudios de especialización en París, galeno quien en 1898 había fundado el  excluyente  y selecto Club Torres, el Dr. José María Riera, personaje trágico de nuestro turbulento siglo XIX que habría de morir prematuramente en una refriega en 1900. De este eminente médico y político caroreño dice el eminente Dr. Pastor Oropeza:
DR. JOSÉ MARÍA RIERA
 
Médico caroreño afecto al Mochismo y quien recibió a Castro en agosto de 1899

 “Médico eminente y generoso murió vilmente asesinado en el “Pozo de las Zábilas” en el Municipio Burere el 17 de abril de 1900. Su nombre, prestigio y vida se lo dio por entero al pueblo venezolano. Espíritu amplio, liberal, luminoso, fue una víctima más de nuestras guerras civiles. La suerte de nuestro país, convirtió al hombre de recia formación universitaria en Europa, en jefe militar y en el director supremo de una bandería política. Hoy que se rinde homenaje a su memoria esclarecida, evoco con emoción su nombre y actuación. Fueron sus libros y el ambiente de su cuarto con sus objetos todos y utensilios intocados, guardados con la más reverente de las devociones dentro de la casa solariega de la abuela, los que hicieron o plasmaron mi futura vida de médico y hombre”[2]

Viene en 1899 el general Castro de su comarca nativa del Estado Táchira al mando de un revolución llamada de los 60, es un jefe, guerrero, político y personalista, que en fulminante campaña llega a Mérida y luego  pasa a Trujillo y se dirige a la población de Carora en tránsito a Coro, pues tiene planes de llegar a Caracas y tomarla por vía marítima. Dice Mariano Picón Salas de este personaje que, según su criterio, el último dictador barroco que conociera el país, que su entrada al estado Lara

“En silencio que ya parece desidia o tibieza hacia el presidente Andrade de parte de sus obligados defensores, don Cipriano entra a Carora el 22 de agosto, casi sin combatir. El 25 el río Tocuyo está crecido frente a la aldea de Parapara y allí se detienen los expedicionarios, mientras amenguan las aguas. En los alrededores del pueblo se estacionan las tropas del Presidente del Estado Lara, Torres Aular, que ha salido a detener a los andinos. Pero de modo inexplicable, las gentes de Torres Aular se dispersan a la primera carga que les envía el batallón “Junín”, comandado por Emilio Fernández. Apenas duró un cuarto de hora la refriega, y Castro baja del cerrito donde la estaba presenciando, a incautarse de las 100 cargas de parque, máuseres, monedas para racionar las tropas y un cañón -el primero que caía en manos de los “restauradores”-abandonados por el muy presuroso Torres Aular.[3]


El historiador y ex Presidente de Venezuela, el tachirense Ramón J. Velásquez, comete un error al alterar el orden de las batallas al escribir que: “Cumpliendo la orden presidencial, las fuerzas trujillanas del gobierno, miran pasar a las tropas invasoras sin intentar combate y así avanzan hasta Barquisimeto. Parapara y Nirgua serán los próximos triunfos de la expedición revolucionaria” [4]. Debemos aclarar que la batalla que nos ocupa, la de Parapara (actual Parroquia Reyes Vargas del Municipio Torres del Estado Lara), no ocurrió después del tránsito a Barquisimeto de los restauradores, sino después de la toma de Carora. Velásquez hace aparecer erróneamente a Parapara, caserío al  margen izquierdo del río Tocuyo como punto intermedio entre la capital del estado Lara y la vecina población de Nirgua, actual estado Yaracuy.

            Es poco conocido por la historiografía nacional y en particular por los historiadores tachirenses, que en Carora es un miembro destacado y muy culto de la godarria quien recibió y apoyó al caudillo andino: “El general Castro y el general Gómez siempre recordaron el encuentro en Carora con el Dr. (José María) Riera, cuando venían  casi derrotados del Táchira, pero decididos a jugarse el todo por el todo.”[5] Esa historiografía apenas destaca el tránsito por esta ciudad larense que se encuentra a medio camino entre Barquisimeto, el Lago de Maracaibo y la ciudad costera de Coro, en el Estado Falcón. Como veremos más adelante, algo muy importante sucedió a las tropas de Castro en el Distrito Torres, a tal punto que los hizo desistir de su plan de campaña original.

Juan Páez Avila dice en su biografía de Cecilio “Chío” Zubillaga Perera que este interesante y combativo  personaje era apenas un mozalbete cuando Castro se acercaba  en agosto de 1899  a    la ciudad de San Juan Bautista  del Portillo de Carora:

“Chío comprendió: la recluta. Se acercaba a Carora el general Cipriano Castro con sus invasores. Todos los jóvenes abandonaron la ciudad. Chío no tenía edad para ser “reclutado”.¡Pero era tan alto y tan gordo!(…) La huida fue general. El batallón del gobierno, comandado por el coronel  R. Planas, hijo, (…) abandonó la plaza  y permitió que el general Castro entrara a Carora sin resistencia alguna .El abandono de la ciudad por la mayoría de la población hizo aumentar las dudas en el caudillo andino con relación  a su avance al centro del país”[6]

Más adelante agrega este mismo autor algunos detalles poco conocidos por la historiografía nacional que son necesarios destacar sobre la recepción que le dio la godarria  caroreña al caudillo andino:

“En Carora se le sumaron el general Juan José Perera y el Dr. José María Riera, quien lo hospedó en su casa y puso a su disposición algunos recursos para la continuación de la guerra. Castro le pidió al general  Juan José Perera  que lo condujera  a la Sierra de Coro, donde estaba alzado el general Diego Colina[7]

Es entonces cuando sucede un hecho militar tan inesperado como insólito,como los que nos relata el novelista austríaco Stefan Zweig, que habría de cambiar repentinamente los planes originales de Castro:

“El general Perera, baquiano de esas tierras, hacía los preparativos para llevar al general Castro a unirse con Colina, cuando les llegó la información  de que en “Las Paraparas”,  cerca de Río Tocuyo, las tropas del gobierno comandadas por el general Elías Torres Aular y el coronel R. Planas, habían sido derrotadas en una refriega  después de una primera carga  que les disparara el batallón “Junín” comandado por Emilio Fernández. Esta cobarde e inexplicable dispersión de las tropas del gobierno, muy superiores a las de Castro, dejó en poder de éste un importante parque militar, incluso un poderoso cañón.”[8]. Y acto seguido sucedió un cambio de estrategia que torció el rumbo de la campaña del caudillo andino: “Castro hizo  llamar al general Perera y le dijo:--“No, amigo. Ahora no es para la Sierra de Coro para donde marcho. Es hacia Barquisimeto hacia donde me encamino a estrellarme o a vencer[9]


Otro autor,  el tachirense Manuel Carrero escribe en su bien documentada obra muy brevemente sobre el tránsito del general Castro por la jurisdicción de Carora:


 “Atravesando los cálidos y penosos caminos de Trujillo y Lara, la “revolución” llegó el 22 a Carora, ya desalojadas por las fuerzas oficiales. El 24 arribó al (sic) Parapara y el 26 trabó brevísimo y exitoso combate con las fuerzas del Presidente del Estado Lara Elías Torres Aular[10]


Dice Manuel  Carrero, citando al general Eleazar López Contreras y quien describe el enfrentamiento de Parapara que: “En la acción, que duró aproximadamente 20 minutos, se capturó  a los generales Planas, Narváez y otros oficiales, 200 individuos de tropa, 600 máuseres, treinta mil cartuchos, un cañón con sus accesorios, bagaje y algún dinero de raciones”[11]. Agrega Carrero que el parte revolucionario del día 26 de agosto (1899) informaba los resultados:

 “Un cañón Krupp con todos sus accesorios  y municiones, 500 máuser, 30.000 cápsulas y 200 prisioneros, todo quitado al enemigo (…) para entrar del valle de Trujillo  al Estado Lara, no siguió el camino que todos los ejércitos seguían desde la independencia, atravesando la cordillera (de los Andes) para caer en (la ciudad de) El Tocuyo, sino que se fue por una pista desusada a que se daba el nombre de “La Viciosa”, rodeando la cordillera.  Como no lo esperaban por ahí, en el sitio de Para Para (sic) tomó un gran parque que traían para el enemigo.”[12]


Esta estrategia militar basada en el recurso de la sorpresa fue, a  nuestro modo de ver, la responsable del triunfo del caudillo andino en tierras larenses. Castro estaba a mitad de camino a pesar de las medidas tomadas desde Caracas. El general Eleazar  López Contreras agrega un dato crucial para entender la relevancia poco comprendida del combate de Parapara:

“Los mil quinientos máuser de repetición y el cañón Krupp sustituyeron  la vieja fusilería (cubanos y máuser), de un solo tiro  potenciando al ejército revolucionario. Siguió a  Barquisimeto  luego de intentar  la ruta de Coro por Las Playitas y Siquisique, con el fin de sumar las fuerzas del general Colina, a quien supo derrotado por el General (Gregorio S.) Riera.[13]


Hasta aquí es necesario hacer dos importantes precisiones. En Parapara Castro tomó importantes decisiones que ya hemos conocemos, la primera de ellas es que acá desechó su plan de tomar a Caracas por el Mar Caribe, pues seguramente en Coro y su puerto de La Vela no iba a encontrar apoyo y suficientes embarcaciones para lograr aquél cometido, por lo que decide ir por tierra en la vía  a la capital del estado Lara, Barquisimeto. La campaña se quedó en tierra  y no siguió por agua, como originalmente había pensado Castro. Esto fue decisivo. El otro aspecto que es necesario resaltar tiene que ver con la captura de material bélico y hombres que logró Castro en la batalla de Parapara. Acá se produjo un hecho militar singularísimo  que no es otro que desde antes de esta refriega el ejército de Castro era por su armamento y pertrechos una montonera del siglo XIX y que después de Parapara se transforma en un ejército más moderno y mucho mejor equipado, que en lo sucesivo le iban a dar una ventaja o lo colocaba en igualdad de condiciones sobre las tropas del gobierno del Presidente Ignacio Andrade. El viejo máuser de un solo tiro estaba emparentado con el arcabuz del siglo XVI de los conquistadores españoles, en tanto que el máuser de repetición permitía al soldado hacer varios disparos sin tener que detenerse a recargar. La tecnología moderna había cambiado el arte de la guerra por completo, a lo que debemos agregar el tremendo poder de fuego y alcance de aquel cañón de la casa Krupp alemana arrebatado a las tropas  de Torres Aular. El camino hacia la capital del estado Lara estaba expedito, y los rifles de repetición capturados en Parapara seguramente fueron decisivos para derrotar a las tropas gubernamentales en Tocuyito, Estado Carabobo, batalla que se convirtió en la antesala de la Casa Amarilla.


            Como ya sabemos, el general Castro entra triunfalmente a Caracas el 23 de octubre de 1899 dando inicio a uno de los gobiernos más interesantes de cuantos ha tenido el país. La derrota que le propinó en forma definitiva al caudillismo y al liberalismo decimonónico, la centralización política y administrativa que inició y que habría de culminar el general Juan Vicente Gómez, su valiente nacionalismo, así como su enfrentamiento al  capitalismo imperialista que daba sus primeros zarpazos, lo destacan como uno de los mandatarios más insignes que ha tenido la Patria de Bolívar.


El gobierno del general Castro en Carora.
1899-1908

            El ascenso de los cordilleranos al poder despertó múltiples simpatías en la Carora de fines de siglo XIX, a pesar de que en 17 de abril de 1900, su más destacado líder, Jefe y Centro de la oligarquía caroreña y mochista confeso, resultó asesinado en una refriega en el sitio de Las Sábilas Coloradas, cerca del poblado de Burere, al oeste de Carora. El 8 de julio de ese mismo año los godos reinstalan el Club Torres presidido por el Dr. Julio Segundo Alvarez, pues había estado cerrado esta corporación elitesca por motivos de la guerra.[14]

            Una de las más importantes de las instituciones de la ciudad habrá de sufrir un colapso muy grave en estos tormentosos y difíciles años. Nos estamos refiriendo al Colegio La Esperanza o Colegio Federal Carora, fundado en 1890 por los godos de Carora, quien  hasta el año 1898 había graduado 28 bachilleres en ciencias filosóficas, en tanto que en el año escolar 1898-1899 estaban cursando sus estudios secundarios 21 jóvenes, todos varones, se estaban dictando cinco cátedras, a saber, Gramática y Retórica, Geometría, Trigonometría y Topografía a cargo del Dr. Ramón Pompilio Oropeza ,Rector de la institución, Y las de Latín, Griego y Física por el Dr. Lucio Antonio Zubillaga, Vicerrector del Colegio, a lo que debemos agregar que funcionaba con cierta regularidad la Escuela (primaria) Anexa al Colegio Federal. En  15 de septiembre de 1900 escribió el Dr. Lucio Antonio Zubillaga en el Libro de Matrícula del Colegio lo que iba a significar once largos años de clausura del instituto:

“Hago constar que en el año académico 1899 a 1900 no hubo cursos, por causa de la guerra. En agosto de 1900 se suprimió el Colegio Federal, y en septiembre del mismo año se abrió como particular.”

Los alumnos que estaban cursando la clase de Latín en 1899 eran: Ferdinando Alvarez, Manuel Ignacio carrillo, francisco miguel González, José Herrera, Zenón Mora, Samuel Riera, Juan Ricardo Arispe, Esteban Hernández, Emisael leal, Rafael Antonio Pernalete, Cecilio Zubillaga Perera, “Chío”, José Rafael Zubillaga. En la Escuela Federal Anexa, dirigida por el br. Rafael Losada se preparaban los siguientes muchachos: Agustín y José Rafael Arispe, Ramón F. Crespo, José crespo, Jacobo José Curiel, Simón Oropeza, Pedro José Silva, Ramón Crespo, Antonio Jiménez, Agustín Gutiérrez, Felipe Segundo Montero, Juan Bautista Silva, Ángel Oviedo, Pedro Adrián Zubillaga. El Colegio volvió -como se habrá notado- a su primitiva condición de colegio particular o privado, decimos hoy, pues fue sacado del presupuesto Nacional mediante la infame Ley de Rentas y Gastos Públicos de 1900. Era tan desesperada la situación del país, que el ministro Dr. Félix F. Quintero no elaboró Memoria y Cuenta del Ministerio de Instrucción, pero sí fue capaz de borrar de un plumazo el Colegio caroreño, así como muchos institutos de educación de Venezuela.[15]
Dr. Ramón Pompilio Oropeza
Rector y fundador del Colegio “La Esperanza”
 

            ¿Por qué se suprimió el Colegio caroreño? Cuando Castro asume el poder consigue a un Estado y a un país en ruinas. El precio del café, nuestro principal producto de exportación, había bajado de una manera espectacular, pues llegó a pagarse a 0,83 bs. en 1899, cuando se pagaba a 5,47 bs. en 1895, la deuda externa ascendía a más de 200 millones de bs., el crédito externo estaba por el suelo, las transacciones anuladas. Castro necesitaba dinero a toda costa para mantenerse en el poder y recurre al cierre de múltiples instituciones educativas, las universidades de Carabobo y del Zulia en 1903 y varios colegios de Primera y de Segunda Categoría, ordenada por el Dr. Eduardo Blanco , Ministro de Instrucción, alegaba Blanco para justificar sus infamias que: “a la deficiencia de la enseñanza se unía el exceso de médicos y abogados lo cual contribuiría a crear en el país un verdadero “proletariado intelectual” en Venezuela.”,dice Mariano Picón Salas que esto era “una constante perniciosa de nuestra historia republicana. Una dolencia profunda que no era tan sólo de la educación, sino de todo nuestro organismo histórico.”  Habría que esperar hasta el año 1911 para que el Colegio fuese reabierto por el general Juan Vicente  Gómez y su ministro de Instrucción, el historiador y político larense Dr. José Gil Fortoul. El cierre del Colegio Federal Carora de 1900 perjudicó sobre todo a la godarria caroreña, pues su matrícula se extraía en su casi totalidad del “patriciado caroreño”, para utilizar la expresión del historiador Ambrosio Perera. Los Libros de Matrícula del Colegio, ahora de nuevo particular, muestran un espantoso cuadro de desolación y abandono. Las cátedras de Gramática, Retórica y Latín sin alumnos. Apenas aparece la solitaria figura de un joven, Emisael Leal, en las de Filosofía Elemental, Aritmética y Algebra, en tanto que en la Física, Astronomía y Cronología se inscribieron Zenón Palma hijo, Rafael Leal, Alfredo Franco y Agustín Oropeza.[16]

Al año siguiente, es decir en 1901, la godarria rinde homenaje a su líder recién desaparecido, el Dr. José María Riera. Una bala lo hiere en una refriega en las Sábilas Coloradas el 17 de abril de 1900 al no poder montar a tiempo en el momento de la fuga, fue después alcanzado  por un piquete de fuerza del guerrillero Rafael montilla y su segundo, Montaña. Así, Herido, fue encontrado por Rafael Aranguren quien lo cosió a balazos.[17] El 23 de marzo de 1901 el Club de la godarria emite el siguiente considerando  en su memoria:


EL CLUB  TORRES


CONSIDERANDO

Que esta sociedad debe al finado Dr. José María Riera, en su creación y sucesivo desarrollo, la muy especial cooperación de la iniciativa de su carácter eminentemente sociable y progresista, y de su ferviente entusiasmo por todo acto que dijera relación con el adelanto del nativo suelo.

CONSIDERANDO

Que en la época azarosa de su fallecimiento, por el extremo grado de guerra civil en que estaba envuelta nuestra patria, no pudo esta Corporación exteriorizar su gratitud y su justicia por medio de ninguna demostración de duelo, ni siquiera cumplir con los deberes que para el propio caso pautan sus estatutos.

CONSIDERANDO

Que dada la profesión humanitaria de aquel inolvidable consocio, su personal temperamento de filántropo y el edificante ejemplo que dio de  de ordinario sacrificio  del interés personal al internes ajeno, ningún tributo más grato puede rendirse a su memoria, que el establecimiento de una obra benéfica, de carácter permanente, y que contribuya  al alivio de las clases menesterosas de este pueblo, que ha perdido en él uno de sus más abnegados bienhechores;

ACUERDA

  Establecer en su propio seno una Institución benéfica a favor de los pobres vergonzantes, cuyas bases y reglamentación fijará la Sociedad y cuya inauguración tendrá lugar el día del primer aniversario de la muerte de aquel.

  Asistir en cuerpo a los funerales que se celebraren en su aniversario.

  Presentar este Acuerdo a la Señora Madre del finado por órgano de una comisión designada por la Presidencia.

                                                                                   Carora, 23 de marzo de 1901

EL Presidente: Julio Segundo Alvarez
Vicepresidente: Nicanor Oropeza
Secretario de Actas: Francisco Manuel Alvarez
Sub Secretario: Rafael Herrera Oropeza
Secretario de Correspondencia: Rafael Losada
Sub Secretario: Rafael Zubillaga
Bibliotecario: Rafael Tobías Marquís
Administrador: Jacobo J. Curiel[18]


En 1902, la más querida de las instituciones educativas de Carora, el Colegio particular La esperanza toca fondo, pues no hay ningún  muchacho inscrito, no hay cátedra alguna abierta. Sin embargo, y a pesar de la ruina y las pérdidas materiales y humanas ocasionadas por las guerras civiles y por la revolución del general Castro, cuando las potencias europeas bloquean nuestras costas, la godarria sale en defensa de la patria mancillada por la planta insolente del extranjero. En Los salones del club de los godos se redacta el siguiente documento en apoyo al gobierno de Castro:


“3 de febrero de 1903. Sesión extraordinaria convocada a excitación patriótica de los socios Dr. Julio Segundo Alvarez, Jacobo José Curiel, José María Zubillaga Perera, para resolver la actitud que debería asumir el Club Torres ante la amenaza de la Patria hecha por Alemania e Inglaterra. Discursos del Dr. Ramón Pompilio Oropeza, Dr. Julio Segundo Alvarez, Gnal. F.N. Jiménez. Acuerdo de Protesta.”


EL CLUB TORRES DE CARORA


CONSIDERANDO:

Que ante el inminente peligro en que se encuentra la Soberanía Nacional, por la agresión insólita de Alemania e Inglaterra, ningún venezolano puede permanecer indiferente, sino que por todas las partes debe dejarse oír la altiva protesta del patriotismo indignado;

CONSIDERANDO:

Que no merece llamarse hombre el que tolerase impasible ver cambiar su título de ciudadano de una República libre, siquiera se halle como la nuestra sujeta a las agitaciones naturales en las Naciones  jóvenes, por el ominoso dictado de colono o protegido de Potencia extranjera, y no prefiriese la muerte a tal ignonimia.

CONSIDERANDO:

Que Carora tiene que ser  consecuente con sus heroicas tradiciones, mostrando en la presente ocasión que no es indigna de haber sido la cuna de los siete hermanos Torres, de Lara, Montesdeoca y de cien más, que contribuyeron con sus esfuerzos y sus vidas a la creación de nuestra nacionalidad y a la libertad de medio continente;

CONSIDERANDO:


Que una de las primeras disposiciones reglamentarias de esta Corporación es proponer a mantener vivo en el corazón del pueblo el fuego del amor patrio; y que por otra parte, el Club Torres está obligado a corresponder al glorioso nombre que lleva, ya que es el de aquel Prócer Inmortal que no dejó sacrificio que no hiciera en el altar de la Patria, hasta el del orgullo militar herido, pues no vaciló, en ocasión memorable, en deponer  la espada del General para tomar el fusil del soldado;


CONSIDERANDO:

Que al mismo tiempo que la protesta contra las pretensiones extranjeras, se hace necesario que los hombres de buena voluntad dejen oír su palabra serena y desapasionada, predicando la concordia entre todos los hijos de la Patria, desgraciadamente dividida hoy en lucha fratricida, y clamando por la culminación de la actual contienda civil, como una imperiosa necesidad de los presentes críticos momentos.
ACUERDA


  Protestar de la manera más solemne  contra el violento y escandaloso ataque a la Soberanía Nacional hecho por Alemania e Inglaterra.

   Manifestar de igual manera  que todos y cada uno de los miembros del Club Torres  están dispuestos a contribuir con todas  sus energías, recursos y esfuerzos a la defensa de esa Soberanía, ora tomando las armas, ora por todo otro medio, según el giro de los sucesos  y la posibilidad de cada cual, sin omisión de sacrificios de ningún género;

   Excitar vehementemente  a los venezolanos que empuñan sus armas entre sí, a prestarse, ante el peligro común, a cualquier avenimiento; a cerrar los oídos a la voz  del odio fratricida, y no oír sino el gran clamor del patriotismo, que pide en todos los tonos que en Venezuela no haya más que un solo partido: el de la Patria; y una sola aspiración: la de salvarla, y, si fuere preciso, morir por ella.


Dado en la sala de sesiones del Club Torres, en Carora el 4 de febrero de 1903.

EL Presidente: Ramón Pompilio Oropeza.
El vicepresidente: Jacobo J. Curiel
El Secretario de  Actas: Gilberto Zubillaga
El Sub Secretario de Actas: Rafael Losada
El  Secretario de Correspondencia: Julio Segundo Alvarez
El Sub Secretario de Correspondencia: Roberto Riera
El Tesorero: Ramón Zubillaga
El Administrador: Rafael Herrera Oropeza
El Bibliotecario: Ramón Riera Alvarez

Lucio Antonio Zubillaga, F. N. Jiménez, José A. Gutiérrez hijo, Ramón Gutiérrez, F. Franco Urrieta, Rafael Tobías Marquís, Ignacio Zubillaga, Víctor M. Silva,  José María Zubillaga Perera, Lucio P. Montesdeoca, Rafael Zubillaga, Fortunato Herrera, Samuel Silva Riera, Nicanor Oropeza, Flavio Herrera Oropeza, Francisco Manuel Alvarez, Francisco María Alvarez, José Zubillaga, Jaime Riera M. 

Aprobada en sesión extraordinaria de esta fecha.
El Presidente: firmado: Ramón Pompilio Oropeza.

            Como se habrá notado, quienes suscriben este documento son los más conspiscuos representantes de la godarria caroreña, a la cabeza del cual se coloca en su calidad de Presidente del Club, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, Rector del Colegio Federal Carora cuando Castro ordena suprimirlo en septiembre de 1900. Pudo más la fuerza del patriotismo que el rencor que pudiera guardar en su corazón el educador por la clausura de su querido instituto. Le acompañan en  el documento el Br. Rafael Losada, el Dr. en medicina Julio Segundo Alvarez, el Dr. Lucio Antonio Zubillaga, el Dr. Rafael Tobías Marquís, el Dr. Ignacio Zubillaga, docentes de la institución. Es impresionante la carga emotiva que mueve la fibra patriótica que emana de este acuerdo de la godarria de principios de siglo pasado. Cabría preguntarse si la godarria de Carora del siglo XXI será capaz de producir un documento de tal tono frente a las amenazas imperialistas norteamericanas que acosan a Venezuela en el presente.


Pero hay un hecho que nos llama la atención y tiene que ver con el silencio que guardan los “patricios caroreños” en ocasión de los acontecimientos  terribles que vivió el país como consecuencia de la llamada Revolución Libertadora (1901-1903), comandada por el banquero Manuel Antonio Matos, quien recibe apoyo para levantar una revolución de los norteamericanos, franceses y alemanes. En los salones del Club Torres  no se convoca a ninguna Sesión Especial, ninguna excitación al patriotismo se vocea, ningún Acuerdo de Protesta se redacta. Este  silencio no va a durar mucho tiempo, como se verá más adelante. Parece ser que en Carora se ignoraba de la intervención solapada de las potencias extranjeras en la Libertadora, o puede ser que Matos despertó algunas simpatías  entre la godarria, lo cierto es que una nueva intervención, flagrante y directa de Holanda en 1908, en vísperas de la caída de Castro, encenderá de nuevo la fibra patriótica de la godarria, como veremos más adelante.
En esos azarosos momentos  el Colegio Particular La Esperanza abrió para el año académico 1903-1904 una cátedra de  Gramática, Retórica y Latín y se incorporaron los jóvenes  Antonio N. Jiménez, José Crespo, Félix Mariano Zubillaga, Rafael González, Jacobo José Curiel, Pedro Adrián Zubillaga, Simón Oropeza, Rafael Andrade, Emigdio de Santiago, José María Nieves  y Eustaquio Castillo. Pero la calamidad de la guerra impidió que ellos rindiesen sus exámenes finales. El Dr. Lucio Antonio Zubillaga escribió  en el Libro de Actas de Exámenes: “En 1903 no hubo exámenes,  por haberse suspendido el Colegio a causa de la guerra civil.”  En efecto, la Revolución Libertadora estaba cerca de Carora, la ciudad de Barquisimeto había sido tomada por sus tropas, el 13 de febrero de 1903 atacó a la Carora el general revolucionario Juan Bautista Barráez, quien perdió la acción. Durante y después de 1904 el Colegio La Esperanza desapareció por completo, no se abrieron cátedras, no hubo inscripciones, no se levantaron Actas de exámenes. En 1906 el Rector de la institución aparece como presidente del Club Torres y en 1908, “presionado por sus paisanos”, acepta la Presidencia de la Alta Corte Superior en Barquisimeto, aceptó aquel cargo para gestionar ante las autoridades la reapertura del Colegio Federal Carora, el cual, como vimos, fue suprimido por el general Castro en 1900.[20]

Como ya dijimos con anterioridad, un miembro de la pequeña comunidad judía sefardita caroreña, conversa al catolicismo, Julio Mármol Herrera, es quien lleva a la ciudad en 1875 la imprenta. Desde ese momento se imprimieron unos 25 periódicos hasta 1900. Pero es el 1º de  enero de 1904 cuando nace el primer diario en la ciudad fundado por el Br. Federico Carmona, llamado de forma muy auspiciosa El Impulso. Este periódico, de los más antiguos de país aún circula en la actualidad,  y  que Humberto Cuenca ha denominado periódico portátil, puesto que circuló en su ciudad de nacimiento hasta 1919, año en que Carmona lo trasladó a Barquisimeto. Chío Zubillaga dijo en cierta oportunidad que “El Impulso enseñó a los caroreños a leer.” Una vez que El Impulso se fue a Barquisimeto, nació de inmediato en la ciudad otro periódico diario, esto es, El Diario de Carora, fundado por José Herrera Oropeza.

Cecilio Zubillaga Perera, “Chío”,
periodista que en ocasiones se acercó al marxismo

 

El 24 de noviembre de 1908 el Presidente Castro sale con rumbo a Alemania a someterse a una delicada intervención quirúrgica en sus maltratados riñones, ocasión que aprovecha el general y Vicepresidente de Venezuela Juan Vicente Gómez para dar un incruento golpe de estado el 19 de diciembre. Las potencias del momento, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Holanda se coaligan para impedir el retorno de “El Cabito” al país. En Carora cunde la alarma general. El 16 de diciembre de 1908 se lleva a efecto una Sesión Extraordinaria en los salones del Club Torres:


“…a excitación patriótica de los socios Br. Miguel Ángel Meléndez, José Herrera y Víctor Silva, para resolver la actitud  que debía tomar el Club Torres ante los actos hostiles  en aguas venezolanas  por el gobierno de Holanda.  Lucidas y patrióticas palabras del señor Presidente Br. Ramón Riera Alvarez. Bello y elocuentísimo discurso  lleno de recuerdos históricos y de ideas patrióticas del señor  Br. Agustín Oropeza, para terminar proponiendo  que el Club Torres levante su enérgica protesta contra  el insólito ultraje de que ha sido víctima Venezuela, firmado por todos los socios de la Corporación. Discurso patriótico del Br. Rafael Losada, aprobando la moción Oropeza, que dio por término el siguiente Acuerdo:


EL CLUB TORRES DE CARORA


CONSIDERANDO

Que el sentimiento patrio se halla profundamente lacerado por la inicua agresión de los “Países Bajos”, al hacer manifestaciones hostiles a la Nación en propias aguas venezolanas;

CONSIDERANDO

Que este acto insolente y audaz constituye una grande ofensa para la augusta Soberanía de la República; y que no es  posible que los ciudadanos de esta Patria tan libre –que surgió como de la mágica advocación de un potente conjuro, de la palabra y de la espada de Bolívar el grande, de Sucre el Hércules, del indomable Páez y de mil campeones más que iluminaron la historia con el sublime fulgor de sus portentos- vean impasibles la brutal y salvaje agresión que nos ofende;

CONSIDERANDO

Que esta circunstancia Carora- fragua de héroes y alentadora de grandes energías en los días genésicos de nuestra nacionalidad, la ciudad legendaria, bajo cuyo purísimo cielo vieron la luz del sol los siete Torres, Lara, Montesdeoca, Espinoza, los Samuel y otros héroes más- debe probar que aún palpita en ella el mismo fuego sagrado que animó a estos titanes  a sacrificarse en aras de la augusta libertad;

CONSIDERANDO


Que esta Corporación, ya por encerrar en su seno elementos valiosos y abnegados,  ya por que es una de sus atribuciones reglamentarias mantener vivo en el ánimo del pueblo  el sentimiento del amor patrio, ya, y muy especialmente, por tener como timbre de su más legítima gloria llevar el bendecido nombre de Torres, está en el deber , en el presente caso, de hacer las más altas manifestaciones de patriotismo.

ACUERDA

  Protestar de la manera más categórica y solemne contra el violento e incalificable atentado que ha herido en lo más íntimo las fibras  del alma nacional;


  Excitar el sentimiento popular y la virilidad venezolana para que, en caso necesario, marchemos a la lucha con la intención resuelta de sacrificarlo todo por la Soberanía e integridad de la Nación.


  Manifestar al País que todos y cada uno de los Miembros del Club Torres en defensa de esa integridad y soberanía están dispuestos a hacer gustosos las ofrendas de sus vidas e intereses en las aras augustas de la Patria.

 Enviar copia del presente acuerdo que será firmado por todos los miembros del Club a la Junta Patriótica establecida en esta ciudad, y publicarlo por la prensa.


Dado en el Salón de sesiones del Club Torres en Carora a 17 de diciembre de 1908.


El Presidente: Ramón Riera A.
El Vicepresidente: Víctor M. Silva
El Tesorero: Miguel Angel Meléndez
El Bibliotecario: Ignacio Zubillaga
El Secretario: Jaime Riera M.
El Sub Secretario: Pedro Adrián Zubillaga
Miembro Honorario: Antonio María Zubillaga
Miembro Honorario: Amenodoro Riera


Lucio Antonio Zubillaga, Ramón Pompilio Oropeza, Pedro Felipe Carmona, Pablo Riera, José María Zubillaga Perera, Jacobo José Curiel, Alejandro Riera, José A. Gutiérrez H. , Ramón Zubillaga, Rafael Oropeza Riera,  Anselmo Riera, Pedro Riera A., Antonio Nicolás Jiménez, Rafael Herrera Oropeza, Rafael Losada, Lucio P. Montesdeoca,  Ramón Gutiérrez, Rafael Zubillaga, Lorenzo Arispe, Agustín Oropeza, José Herrera Oropeza, José Rafael Zubillaga, Antonio Lameda, Fortunato Herrera, Andrés Riera Alvarez, Diego Herrera, Samuel Silva Riera, Casimiro Carrasco, Juan Agustín Gutiérrez, Guillermo Silva, Augusto Alvarez hijo.[21]

            Fue de tal manera como la godarria caroreña despidió del ejercicio del gobierno al general Castro, gobernante del cual no podían saber si regresaría o no de Alemania a encargarse de la presidencia. Seguramente había  hondas simpatías por el general andino entre los godos, y lo más importante que hay que destacar del Acuerdo que acabamos de leer es que la godarria se siente en la obligación como clase hegemónica  de la ciudad a excitar el sentimiento popular en defensa de la soberanía nacional, lo que es muy justo recordar para el presente cuando la patria se ve amenazada, como en el pasado, por la más formidable potencia de todos los tiempos, los Estados Unidos.

Castro comenzó un exilio solitario del cual no volvería jamás. Con la llegada de Gómez al poder  con la ayuda de los Estados Unidos, se implantó un gobierno decidida y abiertamente pro norteamericano y que habría de tener el mérito de haber terminado para siempre con el viejo caudillismo decimonónico para siempre. En Carora el entusiasmo cunde por doquier. Chío Zubillaga y el Dr. Ramón Pompilio Oropeza son designados legisladores, representantes del Distrito Torres ante la Asamblea Constituyente del Estado Lara. Dice Juan Páez Avila que Chío:


“fundó en Carora la Sociedad Patriótica Ezequiel Zamora a través de la cual participó en las elecciones para Diputados a la Asamblea Legislativa del Estado Lara. Fue electo diputado. Como tal,  le correspondió refrendar la reforma de la Constitución Nacional, que permitió que Gómez fuera nombrado Presidente de Venezuela (…) hasta 1911.” [22]
Gómez recibió de igual manera el apoyo del otro legislador del Distrito Torres, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, quien deseaba a través de ese gesto conseguir la reapertura de su querido Colegio La Esperanza o Federal Carora, institución que había sido cerrada en 1900 por su enemigo número uno, el general Cipriano Castro. Venezuela comenzaba a hundirse en la más oscura y primitiva de las dictaduras de todo el continente.

Consideraciones finales.

            Resulta poco menos que increíble que ese período tan decisivo en la historia de Venezuela haya recibido tan poca atención en lo referente al  paso , estadía y circunstancias que rodearon  a los andinos y a su caudillo Cipriano Castro en los días que estuvo por tierras del Distrito Torres  y del Estado Lara. Es de resaltar de nuevo que en estas tierras Castro decide continuar su campaña por tierra y desecha su plan original de llegar a Coro e ir por mar hasta La Guaira y, eventualmente, Caracas; en tanto que tras las batalla de Parapara los andinos capturan unas armas que potenciaron  el ejército expedicionario de una manera decisiva, esto es digno de destacar. De modo pues, que en estas tierras semiáridas del Estado Lara se decidió el destino final de la aventura de Castro y no resultaría descabellado afirmar que acá tomó unas decisiones que le abrirían el camino hasta la capital de Venezuela.

A lo anterior debemos agregar que en Carora recibe el apoyo de una clase social de raigambre mantuana, endogámica y excluyente, los godos o caras colorá, quienes se habían abroquelado tras la carismática figura del Mocho Hernández, pero que a pesar de ello los unía, tanto a los andinos como a los godos, el odio hacia el decadente gobierno del último de los liberales amarillos, el general Ignacio Andrade. La godarria  mostró en los duros días del bloqueo naval a nuestras costas un extraordinario sentido de Patria, el que se vio potenciado por el carácter anglosajón, protestante y luterano de las fuerzas enemigas, lo que movió la más íntima fibra católica de los godos caroreños, quienes habitaban en esa oportunidad una de las ciudades más conectadas con lo sagrado, el rito y la liturgia católica de todo el país. Debemos aclarar que en su mayoría habían entrado como hermanos en las prestigiosas cofradías religiosas de la Iglesia, a la cabeza de las cuales se encontraba la del Santísimo Sacramento, fundada en 1585. Este minúsculo sector social colocó al servicio de la causa de la Nación amenazada lo mejor de sus prohombres, y no dudó ni por un instante de hacer el mayor de los sacrificios para defender la Patria mancillada porque otro resorte moral los impulsaba, el de ser descendientes espirituales de la procera ciudad de Carora, localidad que como pocas, en los días de la Emancipación colocó al servicio de la libertad un grueso número de patriotas a la cabeza de los cuales se colocaron los generales Jacinto Lara y Pedro León Torres, héroes de la Independencia venezolana y suramericana.


Estas circunstancias motivaron el decidido respaldo que le brindaron al andino, pese a que en 1900 eliminó a una de sus instituciones más queridas , que había sido una creación de la godarria, sobre todo del financista Andrés Tiberio Alvarez, primera riqueza entonces del Distrito Torres, el Colegio La Esperanza , institución que en 1891 pasó a llamarse Colegio Federal Carora, centro educativo en la que se estaban formando los hijos de los godos y que estaba siendo dirigida por dos de sus más preclaros de sus representantes, los doctores Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga, quienes además presidieron en su oportunidad el más abierto símbolo de exclusión de los godos, el Club Torres, corporación que se sabía ductora del colectivo caroreño y que en caso de una intervención directa al suelo venezolano se iban a poner al lado del resto de sus conciudadanos caroreños, descendientes de piel morena de los negros , de los indios y de uno que otro español o canario venido a menos. La amenaza extranjera hizo saltar los convencionalismos de clase.

            Resulta poco menos que una verdadera tragedia que una de los más acabados y cultos representantes de la godarria, el Dr. José María Riera, acabara de la forma en que terminaron sus días. La violencia más atroz y despiadada, que según el psiquiatra Dr. Francisco Herrera Luque se implantó entre nosotros en aquel siglo genésico de nuestra nacionalidad, el siglo XVI, y que los positivistas atribuían a los determinismos de la geografía y de las etnias, cortó la vida de aquel líder de la godarria que se había preparado en los mejores institutos de enseñanza médica de Venezuela y de Europa, puesto que era un individuo de la única clase social que tenía medios y disposición para coronar tan exigentes y onerosos estudios superiores. Poco pudo el positivismo filosófico, la ciencia médica de Pasteur, el darwinismo, la fraternidad profesional médica, la religión de la humanidad de Comte, así como  la fe  en el progreso para lograr un cambio  de mentalidad en aquel hombre que por tradición e instinto estaba anclado  en la barbarie, la indisciplina social y la violencia que campeaba en la Venezuela finisecular. Sus ojos se cerraron para siempre aquél 17 de abril de 1900 y no pudieron ver el inicio de la parasitología en Venezuela en el hospital Vargas, ni la fundación del Colegio de Médicos en 1902, tampoco la erección de la Academia Nacional de Medicina en 1904.

Recordemos que el Dr. Riera  pudo atisbar el progreso científico moderno de fines del siglo XIX y de comienzos del XX en Venezuela, el inicio de las especialidades de urología, la oftalmología y la pediatría En este sentido debemos decir que el malogrado médico caroreño era contemporáneo de los doctores Luis Razetti, José Gregorio Hernández, Francisco Antonio Rísquez, el barquisimetano Pablo Acosta Ortiz, Santos Dominici, David Lobo, Felipe Guevara Rojas, T. Aguerrevere Pacanins, Alfredo Machado, J.M. de los Ríos Llamozas, Manuel Antonio Fonseca y el bachiller Rafael Rangel. Que como estudiante frecuentó los pasillos del Hospital Vargas, fundado en 1891, que asistió a las recién creada  cátedra de Histología Normal y Patológica y que entre sus manos acarició y hojeó  la Gaceta Médica de Caracas (1893), esfuerzo académico y científico animado por el positivismo, filosofía cientificista introducida en el país por los doctores Adolf Ernst y Rafael Villavicencio en la Universidad de Caracas, y que finalmente no pudo saber que el caudillismo llegaba por fin a su extinción en esos días. Sólo nos queda hacer el uso de la historia contrafactual y preguntarnos: ¿qué hubiese sucedido con la figura del Dr. Riera si hubiese logrado sobrevivir a la vorágine destructiva de nuestras guerras intestinas del siglo XIX?



     














[1] Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora (1890-1937) 1997.Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres-Fundación Buría. Carora. P.166. Y también: Llave del Reino de los Cielos. Iglesia católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI  al XIX. (2002).Trabajo de Grado para optar al título de Doctor en Historia. Universidad Santa María ,2003. P.300. (En proceso de impresión)
[2] Club Torres, Carora. 90 años, 1898-1988. Editorial Pandorga. Carora (1988), pp. 14,15.

[3] Picón Salas, Mariano. Los días de Cipriano Castro. (Historia venezolana del 900) 1986.Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Estudios, Monografías y Ensayos. Nº 75. P. 70-71.
[4] Velásquez, Ramón J. La caída del Liberalismo Amarillo. Tiempo  y drama de Diego Paredes. 1988. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas. P. 327.
[5] Alvarez Perera, Orlando. Síntesis. 2003. Tipografía y Litografía Horizonte S. A. Barquisimeto. P. 95.
[6] Páez Avila, Juan. Chío Zubillaga, caroreño universal. 2006. Dirección de Cultura de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. P. 12.
[7] Ibidem.
[8] Ibidem.
[9] Ibidem. Pág. 13
[10] Carrero, Manuel. Cipriano Castro. El imperialismo y la soberanía nacional venezolana. 1895-1908. 2000.Biblioteca de Temas y Autores Tachirenses. Nº 172. Servicio Autónomo Imprenta Nacional. P. 180.
[11] Ibidem. (Resaltado nuestro.)
[12] Ibidem.  
[13] Ibidem.

[14] Club Torres,Carora…P. 26
[15] Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza…P. 113 y  siguientes.
[16] Ibidem.
[17] Alvarez Perera, Orlando. Op. Cit. P. 95.

[18] Club Torres. P. 29.
[19] Club Torres. P. 33
[20] Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza…P. 113 y  siguientes.
[21] Club Torres. P. 43
[22] Páez Avila, Juan. Op Cit. P. 29

El juicio del mono (1925)

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