lunes, 14 de mayo de 2012

ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS PROMESAS AMBIGUAS, CRIOLLISMO COLONIAL EN LOS ANDES DE BERNARD LAVALLÉ


UNIVERSIDAD SANTA MARÍA
DOCTORADO EN HISTORIA
NÚCLEO DE BARQUISIMETO










ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS PROMESAS AMBIGUAS, CRIOLLISMO COLONIAL EN LOS ANDES DE BERNARD LAVALLÉ







AUTOR:
LIC. M.Sc. Luis Eduardo Cortés Riera
profesor:
dr. reinaldo rojas



barquisimeto, junio de 1997










Criollo; lla. (De criar) adj. Dícese del hijo de padres europeos, nacido en cualquiera parte del mundo. Ú.T.C.S. 2. Aplícase al negro nacido en América, por oposición al que no ha sido traído de África. Ú.T.C.S. 3. Dícese de los americanos descendientes de europeos. Ú.T.C.S. 4. V. Cambur criollo. 5. Aplícase a ciertas cosas o costumbres propias de los países americanos. Manjar criollo.

Diccionario de la Lengua Española.
  Madrid, 1970. P.378










A.    Del Autor de la obra.
Bernard Lavallé es continuador de la tradición crítica e intelectual de dos de sus paisanos más conocidos: Michel EYQUEM, señor de Montaige (1533-1592) y de Carlos de SECONDAT, barón de Montesquieu (1689-1755). Montaigne, como es bien sabido, se interesó tempranamente del problema del Nuevo Mundo y de sus habitantes, los “otros”[1]. Y Montesquieu formuló, en base a la experiencia americana, el paradigma del hombre perfecto y bueno[2]. Cabe entonces preguntarse que si lo americano llamó la atención de estos dos bordeleses, ¿por qué no habría de llamársela a nuestro contemporáneo historiador?
Rector de la Universidad Michel de Montaigne de Burdeos ha sido un estudioso de la Historia de América, su Doctorado de Estado lo obtuvo con la tesis Investigación sobre la aparición de la consciencia criolla en el Virreinato del Perú: el antagonismo hispano-criollo en las órdenes religiosas (siglos XVI y XVII), consta de unas dos mil páginas[3]. Otras de sus obras, también de tema peruano, son: el Mercader y el Marqués, Lima y la realidad peruana, Divorcio y nulidad del matrimonio en Lima (1651-1700).
Como bien, lo sugieren los anteriores títulos, así como el que ahora nos ocupa, Lavallé no sólo se ha especializado en la historia americana sino que centra su interés en lo que desde 1935 Marc Bloch y Lucien Fevbre llamaron la historia de las mentalidades. La palabra mente tiene su complejidad, una historia muy interesante. Mente sugiere o deviene de la capacidad humana de mentar, de decir y de hablar. ¿Y en dónde se expresa esta capacidad específica del humano sino en el lenguaje, nuestro “segundo sistema de señales”, según le llama la psicología? En primer lugar, pues el lenguaje: las mutaciones lingüísticas que ocurren en relación con cambios en las estructuras mentales. Cardoso y Pérez Brignoli dicen que: Con frecuencia, las palabras permanecen, pero su sentido se modifica. La lexicología, a través del estudio, del vocabulario, su cronología y su inventario[4].
Fascinante campo de la historia y que sin embargo, tiene sus dificultades y peligros: el problema de las fuentes se vuelve más grave según retrocedemos en el tiempo[5]. Más adelante Cardoso y Pérez Brignoli hablan “también del peligro del anacronismo"[6], el frecuente error en el que caen muchos historiadores al no encontrar la tonalidad auténtica del pasado[7].
Lavallé es un discípulo indirecto de Bloch y Fevbre; realizó estudios con el hispanista francés Noël Salomón y forma parte ya de la mejor historiografía francesa sobre Hispanoamérica. Su mérito especial ha sido que su obra – dice Margarita Guerra, del Instituto Riva-Agüero – está escrita en español por un francés que domina la lengua escrita mejor de lo que muchos quisiéramos hacerlo siendo nativos del país. Con ello cumplió un requisito metodológico básico para el estudio del lenguaje, esto es, dominarlo; más aún de si se trata de una lengua extranjera tal y como lo hizo en su oportunidad con el alemán del siglo XVI Lucien Fevbre cuando escribió sobre Martín Lutero[8].
Nuestro autor se interesa por el criollismo, la reivindicación criolla frente al abuso de los peninsulares; este es el leiv motiv del libro que nos ocupa: Las promesas ambiguas, criollismo colonial en los Andes, obra que pertenece a la saga que comenzó en 1968, diez años de investigaciones en archivos de Europa y América[9]. No es casual que Lavallé se sienta identificado con los criollos de América pues ya Montesquieu había escrito en las Cartas Persas que:
Los hombres son capaces de injusticia porque tienen interés en cometerla y por preferir la propia satisfacción a la de los demás. Siempre actúan con miras a la propia persona[10].
Nuestro historiador bordelés es, de la misma manera, un occitano; es decir que se ha formado en la tradición cultural de la “civilización occitana” como lo ha llamado Octavio Paz en La llama doble, asiento de la soberbia lengua de OC, hablada al sur del río Loira. En esa lengua se escribió la mejor poesía amorosa de todos los tiempos y con ella se creó la más extraordinaria erótica europea. Lástima que esta forma dialectal casi no se usa en la actualidad, pero gracias a esto se ha formado un vigoroso grupo de lexicólogos del mediodía francés que desde el siglo XIX ha tratado de restituir la grandeza de la lengua provenzal. De propiedad de “idioma dominante” y de otras sutilezas en las que se expresa la dominación.

B.     Cómo se construye la obra.
Lo que distingue a las Promesas ambiguas es, según las palabras de su autor, el carácter un tanto dispar de sus componentes (que) pueden ofrecer temas, enfoques y tratamientos variables, cuyo interés común es, en el fondo, poco evidente (…): sin embargo, agrega Lavallé, (…) todas estas contribuciones no sólo se sitúan dentro de una misma perspectiva sino que son los resultados más elaborados de un proyecto único…[11]. En efecto, la obra no es más que una presentación de una investigación sistemática que empezó a principios de la década de los sesenta y que tuvo, por así decirlo, su momento estelar en 1978 cuando el autor obtuvo el Doctorado de Estado con su tesis La aparición de la consciencia criolla en el virreinato del Perú, el antagonismo hispano-criollo en las órdenes religiosas siglos XVI y XVII.
Advierte nuestro autor en el prólogo de Las promesas que:
Quien casualmente compare los estudios aquí presentados con su versión inicial, podrá comprobar que han sido parcialmente reformados tomando en cuenta su presentación común. Inclusive, algunos títulos (…) han sido levemente modificados para encajar mejor en la economía global de este libro[12].

Y en cuanto al contenido agrega:

Se han creado puentes, hemos amplificado los ecos y las referencias de un texto a otro. Los hemos organizado de manera tal que, según creemos, aunque constituyen una serie de entidades autónomas que se pueden leer como tales, están no obstante relacionados entre ellos y llegan a ofrecer una totalidad coherente que dé cuenta, de una manera relativamente completa del panorama que queríamos estudiar[13].

Las promesas está subdividido en tres partes respectivamente tituladas (I) Los orígenes,  (II) Exaltación de la patria criolla y (III) Los frailes en la contienda.
En Los orígenes versan todos sus artículos sobre “las primerísimas manifestaciones pre – o proto criollas (…) muestran cómo se pasó insensiblemente del llamado “espíritu colonial” de los conquistadores y primeros pobladores del siglo XVI a sensibilidades, reivindicaciones y planteamientos ya propios y (…) significativos de las nuevas generaciones nacidas (…) en los reinos americanos[14].
En Exaltación de la patria criolla, dice Lavallé, nos hemos centrado sobre el trasfondo ideológico y el sistema de representaciones que articularon el patriotismo criollo del siglo XVII, tan peculiar y que iba a dejar en el continente huellas tan duraderas...[15]. Esta segunda parte es la que le da el título a la obra pues – dice el autor – que ese patriotismo criollo “parece problemáticamente vacilante, en no pocos aspectos ambiguo, pues el protonacionalismo que subyace en él era al mismo tiempo excluyente para con los dominados de la Conquista y se nutría, a pesar de sus críticas a la metrópoli, en el sistema que ésta garantizaba” (el subrayado es nuestro)[16]. Según las situaciones y los inetrlocutores – agrega Lavallé – lo vemos dudado entre un hispano extremadamente quisquilloso y un americanismo agresivo entre un exacerbado localismo que desemboca en imágenes míticas y la borrosa conciencia de que el futuro iba a exigir la mentalización y apropiación de un espacio mucho más amplio y articulado[17].
La parte tercera, Los frailes en la contienda (…) reúne estudios voluntariamente no dedicadas a los aspectos más conocidos de éste. Se refiere el autor a la famosa alternativa oficios (subrayado nuestro) que tantas luchas y tantas crisis desatara a lo largo de todo el siglo XVII, y tantas páginas folklóricas o de color subido suscitara desde finales del siglo pasado en cierta forma de historia sobre todo adicta – y reducida – a lo anecdótico[18].
Esta tercera parte está dedicada a la vida conventual, sus “complicados y, no pocas veces sorprendentes, rodeos - ¿y por qué no decir dédalos? – de la vida conventual en las provincias del antiguo virreinato peruano”[19].

C.    Cómo maneja las fuentes.
Bernard Lavallé fundamenta su trabajo en un exhaustivo trabajo archivístico en archivos de Europa y de América del Sur y que comenzara en 1968, se prolongó por diez años hasta culminar, como hemos referido, en 1978 con la terminación de su tesis doctoral, titulada en el original francés Recherches sur l`apparition de la conscience créole dans la vice-royauté du Pérou: L`antagonisme hispano-créole dans les odres religieux (XVIe – XVIIe siècle).
Llega Lavallé al Perú a los 25 años de edad, recién egresado de la Universidad de Burdeos (1967) y comienza un sistemático trabajo de investigación en los archivos españoles, peruanos, bolivarianos y romanos:
Archivo General de Indias (Sevilla)
Archivo General de la Orden de la Merced (Roma)
Archivo General de la Orden de los Predicadores (Roma)
Archivo de la Merced (Lima)
Archivo Nacional de Bolivia (Sucre)
Archivo Romano de la Compañía de Jesús
Archivo de San Agustín (Lima)
Archivo de la S.C. de Propaganda Fide (Roma)
Archivo de San Francisco (Lima)
Archivo Secreto Vaticano
Allí, en estos famosos repositorios hubo de encontrar nuestro autor inapreciables documentos que dan fe, en contra de los que se creía, que el criollismo tuvo ya sus manifestaciones en el Perú del siglo XVI.
En los que respecta a la bibliografía empleada, el autor revisa la copiosa bibliografía que existe sobre el virreinato peruano, lo que se escribió en los siglos XVI, XVII y XVIII, por un lado, y también lo que en la actualidad se ha escrito sobre el Perú colonial. Sobre aquél primer grupo podemos citar a:
ACOSTA, José de. De procuranda indorum salute.
ORTÍZ DE CERVANTES, Juan. Memorial que presenta a S.M. el licenciado (…) Procurador General del Reyno del Perú y encomenderos…
SANZ DE HURTADO, Juna. Lo que Juan S. de Hurtado Procurador del Nuevo Reino de Granada de Indias dize en razón de la perpetuidad de las encomiendas.
ARAUJO, Leonardo de Relación de las cosas que sucedieron en la ciudad de Quito, reynos del Perú, en las órdenes de Santo Domingo.
LEÓN PINELO, Antonio de Tratado de confirmaciones reales de encomiendas, oficios i cosas que se requieren para las Indias.
SALINAS Y CÓRDOBA, Buenaventura. Memorial de las historias del Nuevo Mundo Pirú.
VARGAS, José María. Historia de la provincia de Santa Catalina virgen y mártir de Quito.
Y otra copiosa bibliografía de la época colonial que sería muy largo enumerar. De los autores contemporáneos Lavallé cita a autores como:
-          BATAILLON, Marcel. La rébellion pizarriste.
-          FRIEDE, Juan. El arraigo histórico del espíritu de independencia en el Nuevo Reino de Granada.
-          LAFAYE, Jacques. Quetzalcoutl y Guadalupe la formación de la consciencia nacional en México.
Por último, cabe destacar que Lavallé hace frecuentes alusiones de su tesis doctoral, la cual fue publicada en 1982 en Lille, ANRT, en dos tomos.

D.    Hipótesis que maneja la obra.
Lo fundamental de la obra y en la que el autor hace notables aportaciones, reside en que el criollismo ya tiene sus manifestaciones en Perú en el siglo XVI, pues el vocablo comenzó a usarse en 1567 y que los jesuitas que llegaron en 1568, espontánea e inmediatamente emplean esta palabra de manera corriente. El propóstio de estas páginas – dice el autor – no es más que tratar de definir, a partir de casos concretos, cómo y sobre qué antecedentes, surgió la reivindicación criolla suramericana en el siglo XVI[20]. Coincidiendo en sus apreciaciones con Lafaye nuestro autor escribe que:
El espíritu criollo ha precedido al nacimiento del primer criollo (…) luego vinieron españoles “criollizados” (…) que se identificaban espiritualmente con la sociedad criolla mexicana, abrazando las devociones locales y hasta su odio a los gapuchines. Lo que definía al criollo, más que el lugar de nacimiento, era el conocimiento del país (…) la adhesión a una ética colonial de la sociedad[21].

Sostiene que las encomiendas le dieron fuerza al nuevo espíritu que nacía:
La perpetuidad de las encomiendas no dejaría de aumentar su fuerza (la de los criollos) y su orgullo lo que, dado su natural propensión (a las rebeliones y levantamientos) les haría más sospechosos[22].

El análisis que Lavallé hace de la sociedad peruana del siglo XVI le permite decir que:
Mucho antes de finalizar el siglo XVI, las grandes líneas de la reivindicación criolla peruana estaban configuradas, y de manera definitiva. Los decenios venideros no harían más que reforzar la convicción y la determinación hispanoamericana de que los criollos debían ocupar con prioridad, sin más tardar, todos los empleos del virreinato…[23]

Más adelante en “Del indio al criollo: evolución de una imagen colonial”[24] dice el autor que la hispanidad de los blancos nacidos en el Nuevo Mundo, se les involucró por su misma americanidad, en los prejuicios de que eran víctima los indios[25] y que:
De manera insidiosa, en la mente europea la imagen de éstos fue invadiendo los espacios semánticos y los campos de representación que, (…) se había reservado para los vencidos (…) con tal desplazamiento, el retrato del criollo se matizó y cobró significados que hacía de él un ser potencialmente distanciado del grupo peninsular y ambiguamente situado, en lo mental y social, hacia zonas inciertas donde se marginaba al indio y a las castas[26].

Nótese en el párrafo anterior la extraordinaria capacidad de Lavallé para examinar el lenguaje, las herramientas conceptuales que emplea, el auxilio que recibe de la semiología y de la lingüística para, desde allí, reconstruir el cuadro y la conformación de la sociedad colonial peruana. Es necesario destacar que el autor desvirtúa la idea, muy frecuente entre nosotros, que sostiene que los descendientes de europeos marginaban al indio de la misma manera que el peninsular cuando, como ya hemos visto, el criollo y el indio estaban colocados en el mismo espacio de marginación léxica. Lavallé nos da una verdadera lección de cómo ha de hacerse una historia de las palabras, como bien aconseja el maestro Vilar[27].
Más adelante, y siempre colocado en el siglo XVI, el autor se adentra en lo que ha llamado el “criollismo conventual” en donde:
Ya desde fecha muy temprana, el comportamiento de los frailes en las doctrinas donde evangelizan a los indígenas suscitó una literatura muy abundante, rica en acusaciones múltiples, variadas y pormenorizadas, no pocas veces de una dureza increíble[28].

Es que el enfrentamiento entre dominicos criollos y peninsulares llegó a tales extremos que en el siglo XVII se llegó, incluso, a hablar de “dos naciones”[29].
En otra de las partes de su obra (II), Lavallé hace, a nuestro entender, uno de su más original y hermoso trabajo: “Espacio y reivindicación criolla”. Se trata del descubrimiento del espacio americano por los españoles y criollos. Es un prodigioso examen del ultillaje mental de la época: la “ciencia” del siglo XVI, la herencia del conocimiento medieval cargado de aristotelismo y de tomismo; la geografía griega y latina, el resurgimiento de los viejos mitos europeos en América, los de la Biblia y los de la Hélade, las novelas de caballería.
Más adelante pasa a comentar la geografía del descubrimiento y de la conquista:
… la representación geográfica del Nuevo Mundo pudieron servir a la estructuración de una mentalidad colonialista, fue el de las teorías, muy antiguas, de la influencia del medio sobre los seres (…) el medio americano se consideraba inferior al de Europa y, sobre todo de España[30].

Poco a poco y desde estas concepciones se va creando el espacio en la mente del criollo; una actitud criolla, aún embrionaria en los mestizos.
… como Garcilaso (…) Ruy Díaz de Guzmán (…) y sorbe todo el franciscano Fray Buenaventura de Salinas Córdova (…) quien escribió la primera gran obra de reivindicación criolla (…) que le acarreó el exilio…[31].

En esta y en otras obras escritas por criollos nota Lavallé que el espacio de la representación se limita a la capital, Lima, el espacio natural de la reivindicación criolla, mientras que el resto del país sólo es evocado de manera lejana, alusiva y en ningún caso, geográfica[32]. Se trata, dice, la representación imaginaria de un espacio limitado: las orillas del Rímac, Cuzco, Potosí y su cerro rico[33].
Para finalizar debemos de comentar la parte III: “Los frailes en la contienda”. El peruano José Carlos Matiátegui repite constantemente en sus siete ensayos de la realidad peruana que la conquista no fue un fenómeno religioso sino eclesiástico. En este sentido este trabajo de Lavallé no hace otra cosa que corroborar a Mariátegui. El convento fue en Perú y en México[34] el escenario más propicio para la confrontación hispano-criolla. El criollismo eclesiástico – dice – ha sido poco estudiado y los trabajos más originales son de 1970-1980[35]. Este tipo de estudios es muy necesario porque pone de manifiesto los fuertes vínculos de la sociedad con los conventos[36] pues la población laica (…) seguía apasionadamente los combates de sus frailes[37] por la llamada alternativa: un sistema al que las Órdenes religiosas habían recurrido para aplacar u obviar rivalidades[38].
En el Perú contemporáneo, dice Mariátegui, pervive el virreinato; el problema de la tierra y del indio, la educación y el factor religioso, así como su literatura están impregnadas por los tres siglos de dominación española. ¿Qué es el Perú de nuestros días? Sin lugar a dudas una realidad compleja y explosiva: pervivencia de zonas donde sólo se habla en quechua y la pobreza es extrema; existencia de un núcleo pequeño de ascendencia europea que monopoliza buena parte de la riqueza del país, para no mencionar otros graves y casi insolubles problemas que lo aquejan. Creemos que la salud social de esa nación pasa por la atenuación de estos inmensos desajustes sociales del Perú contemporáneo. ¿Y en dónde sino en la historia conseguir la explicación de tan tupida madeja de hechos? Creemos que con su empeño tenaz y sostenido Bernard Lavallé ha dado, en este sentido, pistas muy significativas.




BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA

Bloch, Marc. Los reyes taumaturgos. Fondo de Cultura Económica. México, 1993. 493 páginas.

Burk, Ignacio. Filosofía, un enfoque actual. Edit. Insula. Caracas, 1992. 337 páginas.
Cardozo, Ciro – PÉREZ BRIGNOLI, Héctor. Los métodos de la Historia. Edit. Crítica. Barcelona, 1979. 384 páginas.

FEVBRE, Lucien. Martín Lutero, un destino. Fondo de Cultura Económica. México, 1992. 187 páginas.

LAVALLÉ, Bernard. Las promesas ambiguas, criollismo colonial en los Andes. Pontificia Universidad Católica del Perú. Instituto Riva Agüero. Lima, 1993. 224 páginas.

MARIÁTEGUI, José Carlos. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Edit. Grijalbo S.A. México, 1979. 247 páginas.

PAZ, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Editorial Seix Barral. México, 1990. 596 páginas.

SALOMÓN, Noël. La vida rural castellana en tiempos de Felipe II. Edit. Ariel S.A. Barcelona, 1983. 425 páginas.

VILAR, Pierre. Economía, derecho, historia. Edit. Ariel S.A.Barcelona, 1983. 228 páginas.



[1] Véase el magnífico ensayo, a veces tan penetrante como los del mismo autor, Solke, Peter: Michel de Mantaigne o los albores del anticolonialismo. Universidad Santa María. Caracas, 1994.
[2] Cf. Veríssimo Serrāo, Joaquím. “Reflejos de Brasil en el Viejo Mundo”, en: Iberoamérica, una comunidad. P. 191.
[3] Esta tesis le valió el ya desaparecido Doctorado de Estado en 1978 (Honorable por Unanimidad). El jurado estuvo integrado por Joseph Pérez, Francois Chevalier, André Sain Lu, Francois López y Henry Bonneville (presidente).
[4] Véase de estos autores Los métodos de la Historia. “El campo de la historia de las mentalidades colectivas”. Págs.. 335 y 55.
[5] Marc Bloch se vio en muchas ocasiones enfrentado a este problema. Muchas veces lo advierte en Los Reyes taumaturgos. P. 14.
[6]  Los Métodos. P.336.
[7]  Cf Le Goff, Jacques, citado por Marcos Lara en al presentación de los reyes taumaturgos. P. 14.
[8] Fevbre, Lucien. Martín Lutero, un destino. (1927). Lavallé ha estudiado en profundidad las lenguas española y portuguesa. Obtuvo Diploma Superior en español (1966) con calificación Tres Bien. Es, además, Prof. Agregado en español en la Universidad de Burdeos III.
[9] Lavallé, Bernard Ibid. P. 9.
[10]  Citado por Burk, Ignacio. Filosofía. Pág. 310.
[11]  Lavallé, Bernard. Las Promesas, p.10.
[12]  Ibíd. P.10
[13]  Ibídem.
[14]  Ibídem.
[15]  Ibídem.
[16]  Ibídem.
[17]  Ibíd. P.11
[18]  Ibídem.
[19]  Ibídem.
[20] Lavallé “Del espíritu colonial a la reivindicación criolla” en Las Promesas ambiguas. P. 23.
[21]  Ibíd. P. 25
[22]  Ibíd. P. 33
[23]  Ibíd. P. 42
[24]  Ibid. P. 45
[25]  Ibídem.
[26]  Ibídem. (el subrayado es nuestro)
[27]  Vilar, Pierre. Economía, derecho e historia. P. 8
[28]  Ibíd. P. 63
[29]  Ibíd. P. 79
[30]  Ibíd. P. 110
[31]  Ibíd. P. 112
[32]  Ibídem.
[33]  Ibíd. P. 118, 129, 130
[34]  Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe.
[35] Ibíd. P. 157
[36]  Ibíd. P. 161
[37]  Ibíd. P. 163
[38]  Ibídem.