martes, 6 de septiembre de 2016

EDGAR RIVERO CASTILLO, DISCIPULO DE TRINO OROZCO

Edgar Rivero Castillo

Trino Orozco

Fue Edgar mi compañero de estudios de sexto grado cuando el profesor Hernán Prieto nos animaba a dibujar en las aulas del Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza, allá en 1963. Se considera discípulo e hijo del Maestro Orozco, que hasta pernoctaba en su casa de Barquisimeto. “Es un hijo más de la familia”, decía su esposa Luz. Expresa que Ramón Chirinos y Orozco le han influido, afirma este pintor que deja la gerencia de un banco para irse detrás de los pinceles y las paletas. Algo de Paul Gauguin hay en esta decisión suya. Una determinación que le quita el sueño por allá, en 1989.
Con vanagloria me dice que el humanista caroreño Luis Beltrán Guerrero le dedica una de sus Candideces, su afamada columna de crítica literaria en el diario El Universal de Caracas en 1987. Otro tanto hizo el crítico de arte caroreño Rafael Montes de Oca Martínez en las páginas de El Impulso. En el Círculo Militar de la capital, Guerrero le presenta al filósofo y docente de la UCV, Ludovico Silva, quien le escribe una reseña en el diario fundado por Andrés Mata. Morirá Silva intempestivamente cinco meses después de estar en Carora en los actos del Centenario del nacimiento de Chío Zubillaga y la entrega del premio literario  que en su memoria  organizaba la Sociedad Amigos de la Cultura, presidida por Gerardo Pérez González.
 Forma parte Edgar del llamado “Grupo de los ocho” junto a Ramón Chirinos, Armando Villalón, Wladimir Chumasko, Eduardo Correa, que son puros paisajistas. “Me adjudicaron, adiciona Edgar, un número impar: el nueve.”
Muy sonreído comenta me dice que le hizo una caricatura a un abogado y profesor de historia en el Liceo Egidio Montesinos de Carora apellidado Sánchez, con lo cual se gana una expulsión de sus aulas. “Tiempo después hicimos amistad y me pidió disculpas cuando yo era gerente bancario del Metropolitano”, me dice. En otro lugar me informa que ha sufrido robos de sus obras, una de ellas en una exposición en el estado Portuguesa, y que otro de sus oleos pillados se encuentra en Parque Central.
“Yo no pinto para competir”, dice pensativo. “Pinto para alimentar la retina y el corazón”, afirma este pintor caroreño que tiene su atelier en la calle Carabobo, esquina de la calle José Luis Andrade y quien ha expuesto en Puerto Rico, España, Italia, Alemania, Estados Unidos, donde el huracán Andrew arruina uno de sus viajes a Miami, un diciembre. “Me inspiro los sábados y domingos”, razona este artista a tiempo completo que es Edgar. Su mejor momento para su labor es la tarde y “no la noche porque fuerza la vista”.
“El mejor crítica que tengo es el público”, dice con emoción. Agrega que el profesor boliviano Gustavo Riveros Tejada “fue una bendición para Carora y el estado Lara y Venezuela. Él fue mi primer estímulo para navegar la pintura”, sentencia.
Considera que su obra ha transitado por cuatro periodos: el paisaje, los bodegones, la amazonía de bosques lluviosos, y por último el expresionismo. Ludovico escribió que “tu alma cromática nos impregne a todos como una música de Juan Sebastián Bach y que tus líneas rayen el infinito”. Y el guitarrista universal Alirio Díaz dijo: “lleva al lienzo eternos asuntos de la vida del hombre y de la Naturaleza con magistral pincel e inspiración”.
Entre sus proyectos se encuentran los de seguir con los lienzos y oleos “hasta que termine mi existencia”, dice este admirador del pintor impresionista español Joaquín Sorolla. “Los cuadros con motivos caroreños y andinos son los que me encargan más a menudo”, expresa Edgar en el taller de reparación de teléfonos celulares de su hijo, adjunto a su atelier de pintor.
“Cambio de estilo cuando me siento que ha agotado el anterior”, agrega este artista que ha expuesto en el Centro de Historia Larense, Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Galería del diario El Impulso, Colegio de Abogados del Zulia, Galería Jade, Círculo Militar de Caracas y Barquisimeto, entre otros escenarios para sus coloridas telas. 
“La primera caja de óleos la compre con mi trabajo”, adiciona Edgar, artista que yo visito con regularidad en su taller ubicado en la casa que fue de Don Raúl Adrianza, en compañía de mi hijo José Manuel, quien boquiabierto y ensimismado otea aquellos impresionantes lienzos con bailarinas de mi amigo, quien al final de la entrevista y con voz queda me dice que me tiene como obsequio una de sus magníficas producciones.

Mao Zedong, 40 años

Mao Zedond
Cuando recién terminaba mis estudios universitarios en la Universidad de Los Andes, fallece el “gran timonel” de la revolución china a los 83 años de edad. Rápidamente sus adversarios iniciaron el borrado de su gigantesco legado político y literario. La facción reformista  de su partido y a la cual había combatido con saña durante la “Revolución cultural”, se encargó presto a realizarlo. Había sed de venganza.
Lo admirable de este humilde hombre del sur de China y que se convirtió en líder mundial luego del triunfo de la revolución en 1949, fue su profesión de maestro de escuela en Hunan. Pocos educadores tienen un sino tan portentoso. Hizo cosas admirables y hasta sobrehumanas, una de ellas es la Larga Marcha, iniciada en 1934, por el gigantesco país oriental perseguido por las tropas del gobierno. Fue un periplo que duro tres años, lo que la asemeja a la marcha de Prestes en Brasil. Lo otro fue la interpretación que hizo del marxismo leninismo para adaptarlo a las condiciones de un país eminentemente rural y campesino. Toda una proeza teórica y práctica que le gana la enemistad de los soviéticos y del dictador José Stalin. Pero, y como si fuera poco, crea un concepto nuevo en su lucha contra los nacionalistas, la invasión japonesa y que le darán finalmente la victoria: la guerra popular prolongada.
Pero las ideas occidentales que primero asume Mao no fueron las de Marx o Lenin, como podría creerse. No. Fueron las de un escritor alemán Frierich Paulsen y su libro Sistema de ética, editado en 1899, que lo impresiona hondamente. Es en 1920 cuando organiza una librería comunista y devora los textos de Marx, Lenin, Kirkupp, Kautski, este hombre que apenas salió de su país y que poco lo hacía al norte conservador de China. En 1921 nace el Partido Comunista Chino en Shanghai, en donde participa Mao vestido con una larga túnica de hilo. No podía negar su innegable procedencia de Hunan, su provincia natal.
Experimenta lo que se ha considerado un espléndido aislamiento, que le permite recrear el marxismo leninismo a la manera del país semifeudal, campesino y confucianista que era China por esos años. En su tierra natal crea un movimiento revolucionario campesino que haría palidecer de asombro al mismo Lenin y sus bolcheviques. Su informe escrito sobre el movimiento campesino se le considera un verdadero clásico, y del cual abrevará Abimael Guzmán y su guerrilla del Sendero Luminoso peruano de fines del siglo XX.  Su obra más conocida ha sido, a no dudar, El libro rojo, leída y comentada en todo el mundo.

Uno de sus grandes errores se inició hace 60 años: la Revolución Cultural, movimiento que entre 1966 y 1976 cierra universidades e institutos de investigación, persigue con saña a intelectuales y a sus propios camaradas, quema libros antiguos, y hasta la Gran Muralla China estaba en proyecto de demolición por ser el emblema y alegoría del pasado feudal y clasista. Contó este movimiento con fuerte apoyo juvenil, los Guardias Rojos, que pretendía eliminar a los capitalistas y reformistas de la dirección del Partido con su última arma: la cultura. No lo logra, pues la muerte lo sorprende el 9 de septiembre de 1976, rodeado de un grotesco culto a la personalidad. Se inicia entonces una implacable persecución contra la izquierda, la llamada Banda de los Cuatro, por lo que se van desmantelando lentamente las estructuras revolucionarias por  él creadas.
 Asume el poder el sector moderado que lidera Deng Xiaping, quien considera inapropiado el modelo socialista de producción y enrumba al país por un capitalismo de la libre competencia, pero, eso sí, con partido único. Curioso resulta constatar que el modelo seguido por China lo toma de la minúscula ciudad estado de Singapur, quien ha logrado sorprendentes éxitos económicos y sociales.
El legado de Mao esta semienterrado a 40 años de su deceso. Resulta menos que sorprendente que tenía en el fondo, tras la destrucción del Estado prevista por él, la creación de la Gran Comunidad Datong, cuyos orígenes son inseparables de la tradición china. Datong es una edad de oro perdida y un principio utópico del confucianismo.
 Hoy en día el gigante asiático es la segunda economía mundial y ejecuta una política exterior de cobertura global, ha establecido fuertes vínculos con Venezuela y América Latina. Solo que es el territorio privilegiado de las maquilas y del trabajo semiesclavizado de las grandes compañías multinacionales. Regresa al país del dragón el gran capital transnacional.  ¿Habrá un segundo Mao resuelto a realizar una segunda liberación de China?