jueves, 14 de mayo de 2026

 

El materialismo cultural de Marvin Harris:

¿Por qué los hindúes no comen carne de vaca?

 

Dedicado al Dr. Nelson Fréitez.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 Marvin Harris (Brooklyn, New York, 18 de agosto de 1927–Gainesville, Florida, 25 de octubre de 2001) fue un antropólogo estadounidense conocido por ser el creador y figura principal del materialismo cultural, corriente teórica que trata de explicar las diferencias y similitudes socioculturales dando prioridad a las condiciones materiales de la existencia humana. Realizó trabajos de campo en el nordeste seco y árido de Brasil, Ecuador, Mozambique, India y East Harlem, Nueva York.

 Las primeras obras de Harris siguieron la tradición antropológica de Franz Boas (1848-1952) de trabajo de campo descriptivo, pero su experiencia en Mozambique le llevó a cambiar su enfoque inicial particularista−relativista. Desde entonces Harris empezó a desarrollar un paradigma positivista y materialista para las ciencias sociales a partir del trabajo de varios autores: «el materialismo básico de Karl Marx y B. F. Skinner y su condicionamiento operante; el evolucionismo de Leslie White, la cultura evoluciona a medida que aumenta la energía captada per cápita y la eficiencia de su uso que se expresa en la Ley de White; y el enfoque demográfico y ambiental, ecología cultural, de Julián Steward y el alemán Karl Wittfogel y sus ideas sobre las obras de riego, las estructuras burocráticas para administrarlas y su relación con el despotismo oriental (pero en última instancia proveniente de Charles Darwin y Robert Malthus).

En 1968 lanza por primera vez lo que llamará “materialismo cultural” en una obra llamada El desarrollo de la Teoría Antropológica. Un análisis crítico de diferentes corrientes antropológicas con la intención de crear una corriente generalizadora o nomotética. Viable y basada en principios científicos sobre las causas de la evolución social y cultural humana.

 Un método de investigación distintivo en la antropología es la observación participante que consiste en pasar largas temporadas entre la gente e involucrarse en sus actividades cotidianas. Harris considera que la meta del investigador es obtener conocimiento tanto de los aspectos mentales como de los del comportamiento. Los aspectos mentales corresponderían con las ideas, pensamientos, sentimientos de las personas. El comportamiento correspondería con lo que hacen; las actividades y sucesos que tienen lugar en esa cultura. Además, estos dos aspectos se pueden estudiar desde dos perspectivas, la de los participantes y la de los observadores.

El antropólogo estadounidense Marvin Harris, siempre tan audaz como polémico, advertía que la función social global de toda esa investigación (el superespecializado establishment científico) es impedir que la gente comprenda las causas de su vida social. 

Para ello propone lo que llama Materialismo Cultural en 1979, una radical ruptura epistemológica en la antropología, tal como la que significó la Antropología Estructural de Claude Lévi–Strauss (1908-2009) en Francia, con su búsqueda de las estructuras mentales inconscientes entre los pueblos primitivos.  

Para Harris el materialismo cultural, la lucha por una ciencia de la cultura, «está basado en la simple premisa de que la vida social humana es una respuesta a los problemas prácticos de la existencia terrenal». Su meta principal es dar explicaciones científicas causales sobre las diferencias y similitudes en el pensamiento y comportamiento que hay entre los grupos humanos. Harris sostiene que esta tarea se alcanza mejor si se estudian las limitaciones y oportunidades materiales que parten de la necesidad de producir alimentos, cobijo, herramientas y máquinas, y de reproducir las poblaciones humanas dentro de unos límites establecidos por la biología y el medio ambiente.

Harris describe los sistemas socioculturales en tres categorías: infraestructura, dividida en modo de producción y reproducción, y que comprende un conjunto de variables demográficas, económicas, tecnológicas y ambientales; estructura, la organización doméstica y política; y superestructura que comprende las ideas, símbolos y valores (en especial los valores simbólicos).

El materialismo cultural propone que la principal causa de selección sociocultural proviene de la infraestructura (por ejemplo, del ecosistema en el cual se desarrolla una sociedad humana) aunque admite que los tres sectores se retroalimentan entre sí. Antropología basada en la ciencia.

Harris expuso teorías sobre las causas de estilos de vida aparentemente irracionales e inexplicables dando prioridad a explicaciones prácticas y materiales como las condiciones ecológicas y tecnológicas frente a las espirituales o mitológicas, idealismos culturales.

Se hizo muy conocido por su explicación sobre tabúes alimentarios. Para entender la prohibición de cierto alimento, Harris considera los costes y beneficios que proporciona ese alimento y si hay alternativas más eficientes. El caso de la prohibición del consumo de cerdo entre los israelitas y musulmanes lo explica sobre la base de que los cerdos necesitan sombra y humedad para regular su temperatura y, aparte de la carne, no proporcionan otros servicios como animal de tracción, ni dan leche, y no se pueden alimentar de hierba como los rumiantes. Con la progresiva deforestación y desertificación de Oriente Medio y el continuo crecimiento de la población se hizo muy caro e ineficiente criar cerdos por su carne, y para evitar la tentación se instituyó su tabú como precepto religioso.

Otra explicación muy famosa fue sobre la prohibición de matar y alimentarse de ganado vacuno en la India. Las vacas son más valiosas vivas que muertas ya que proporcionan importantes servicios: progenitoras de bueyes (toro que ha sido castrado), que son animales de tiro. Además, dan leche y su bosta se usa como combustible, fertilizante y revestimiento del suelo. La tentación de matarlas durante épocas de sequía y hambrunas se evita mejor a través de un tabú religioso fuerte. Como bien dice Harris: "Un agricultor que posee una vaca posee una factoría para producir bueyes.”

Harris propuso junto a Willian Divale (1942-2020) que la presión demográfica y la escasez de recursos son los principales causantes de las guerras en sociedades no estatales. Como ejemplo expuso el caso de los yanomamo o yanomami de Venezuela y Brasil, contradiciendo la explicación sociobiológica del etnógrafo de la Universidad de Misuri, Napoleón Chagnon (1938-2019) basada en una agresividad innata masculina de los humanos.

Hizo Harris estudios de campo en el nordeste árido y seco de Brasil, lo cual ha permitido a quien escribe elaborar analógicamente la teoría de El genio de los pueblos del semiárido occidental larense venezolano. Las sociedades humanas se estructuran y adaptan a la escasez de agua, las estructuras familiares son extensas por motivos de cooperación en la búsqueda y almacenamiento del agua dulce, la economía se fundamenta en los rebaños caprinos y los “conucos”, una unidad agrícola heredada de los aborígenes, explotada comunitariamente, pequeña y sostenible agroecológicamente, las creencias religiosas son movidas por factores climáticos de pluviosidad. La Iglesia Católica instituye festividades religiosas propiciatorias de las lluvias: San Isidro Labrador, fiestas a la Virgen de la Chiquinquirá en octubre en el pueblo de Aregue, la Danza de Las Turas, un ritual de plegarias por las lluvias.

Rechazó Harris por anticientíficas las ideas del antropólogo Carlos Castaneda, (Las enseñanzas de Don Juan, 1968) quien afirmaba que se trasformó en un chamán nahual tras largo e intenso tratamiento de cambio de conciencia y percepción. De igual modo atacó duramente la sociobiología de Edward O. Wilson, y su descendiente la psicología evolucionista, un neodarwinismo: agresión y altruismo, son adaptaciones evolutivas que aumentan el éxito genético. También señala las limitaciones de la teoría de la evolución cultural de Karl Marx por rechazar el trabajo de Robert Malthus (1776-1834), dejando de lado el elemento demográfico que Marvin Harris incluye en la infraestructura.

 

 La ciencia, afirma Harris como su paisano estadounidense Carl Sagan, es el mejor sistema descubierto hasta el momento para reducir los sesgos, errores, falsedades, mentiras y fraudes subjetivos. En estos turbulentos días de negacionismo científico, desinformación científica motivada por ideologías, religiones y política, es urgente atacar las pseudociencias y las fake news que mesmerizan y seducen a cada día mas seres humanos.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

mayo de 2026.

 

Nelson Fréitez Amaro.

El sociólogo de la Universidad de El Manteco.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

Se fue Nelson a despedirse de la transitoriedad de la existencia humana en un país lejano, repleto de mitos y leyendas, antiguos celtas y gnomos verdes, grandes escritores. Que los gigantes de las letras Oscar Wilde y James Joyce te reciban en ese ascenso laico tuyo hacia los cielos que emprendes, hombre de maravillosas iniciativas sociales, inusual y espigada estatura corpórea, sonrisa permanente.

Su larensidad se trasparenta en sus dos apellidos tan occidentales como los crepúsculos y las infinitas hileras de sisal. Su fino olfato sociológico se forma al calor del viejo mercado de El Manteco, un gentío incrustado firmemente y renacido en la ciudad de las cinco vocales: Barquisimeto. Su infancia y adolescencia se conformaron al calor del apacible Barquisimeto de Casta J. Riera, Don Raúl Azparren, los Hermanos Gómez y Mercedes Lobatón, cuando El Obelisco estaba aún retirado de la urbe y la ululante sirena de la Galletera El Ávila retumbaba sin falta mañanera y vespertina.

Lo conocí en las filas del Movimiento Al Socialismo, MAS, por allá en la época de la candidatura del catire Teodoro Petkoff y la visita obligada al Palacio de los hermanos Segura en la Avenida 20. Vehemente buen orador, le poníamos atención a sus magníficas digresiones sobre eurocomunismo, Gorbachov y el socialismo democrático en Venezuela. Luego, durante la caída del muro de Berlín, coincidimos en la Fundación Buría de Reinaldo Rojas y Federico Brito Figueroa, prodigioso escenario de ideas y motivaciones.

Fue Nelson un discípulo de Marx, Wright Mills, Weber y Durkheim que nunca deja de mirar el pasado para comprender la contemporaneidad.

“La sociología es la historia del presente”, me decía, dando de tal manera como por sentado con firmeza que el oficio de Marc Bloch y Lucien Febvre preside toda comprensión de la humana sociedad. Fue Nelson quien descubre que mis cofradías o hermandades coloniales son el remoto antecedente del poderoso movimiento cooperativista que iniciaron los sacerdotes jesuitas en el Estado Lara hace unos 60 años.

Fue para mí fue un shock muy agradable aquella observación tan aguda y pertinente del sociólogo egresado de la Universidad Central, y que era dos años menor que yo. Nelson Fréitez Amaro me hizo entender que la investigación histórica ramifica necesariamente hacia el presente, iluminándolo y ampliándolo. Una acendrada motivación afiliativa construida por la Iglesia Católica pacientemente a través de las centurias, que emerge para dar piso sólido y firme a las iniciativas sociales solidarias y cooperativas del presente.

Para su enorme alegría le confesé que mis ideas sobre El genio de los pueblos del semiárido larense venezolano, brotó de un primoroso texto suyo en Lo bello y lo útil de Lara, editado en 2004.  Estas eran las animadas conversaciones que vía WhatsApp sosteníamos mientras su cuerpo lacerado se lo permitía.  “Quiero leerte, sí, pero me duele la espalda y a veces no puedo sostener mi teléfono en mis manos”. Poco a poco se fueron distanciando aquellos estimulantes contactos donde parecía coger un segundo aliento vital.

Desde el otro lado del océano se deslumbraba Nelson como niño cuando le dije que había cófrades irlandeses asentados como hermanos en los vetustos libros de la Hermandad caroreña del Santísimo Sacramento en el ya lejano siglo XVIII. ¡Un correo trasatlántico para abrir las llaves el Reino de los Cielos! Particularísima atención prestó al gigantesco marianismo larense al cual califiqué de “divinopastorismo”, una palabra de mi creación que repetía encantado desde Cork, en la muy católica Irlanda, lugar donde exhala hace poco su postrer aliento.

La última vez que lo vi en físico, fue acá en la ciudad del Portillo de Carora y su Casa de la Cultura, el año antepasado. Presidía una delegación que venía desde la capital larense a comprender y eventualmente solucionar el viejo problema de la como eterna sed de los caroreños. El agua es un Derecho Humano fundamental y básico, decía Nelson con grave y eléctrica voz en un auditorio repleto y ansioso de aquella mañana caroreña.

Hizo llamados a la reconciliación de los venezolanos, a evitar las extremas polarizaciones, buscar el diálogo fecundo, crear mecanismos de encuentro, que, lamentablemente, no existen casi, decía con cierta pesadumbre. Paradoja fue que esa misma confrontación a la que quería aliviar con sinceridad, motiva su exilio noratlántico en donde fue a buscar paz, sosiego y salud junto a su familia.

Se retira de la humana existencia Nelson Fréitez Amaro, un lasallista que la palmeta y el devocionario no doblegaron en aquellos rígidos pupitres barquisimetanos. Rebeldía que ocasionalmente fortalecieron los jesuitas, bolcheviques de la Iglesia, en la Universidad Católica Andrés Bello, que termina de solidificarse en la bulliciosa Escuela de Sociología de la Universidad Central.

 Amó con pasión el deslumbrante semiárido que nos abraza, descubriendo que ese hábitat seco y fallo de humedad modela profundamente la conducta y las motivaciones de nosotros los larenses. Una conexión telúrica, crepuscular, una como geosensibilidad que me hermanó profundamente con él hasta que su poderoso pulso vital se detuvo allá en la brumosa isla de Irlanda, retirado del iridiscente sol occidental venezolano que iluminó su cálida y sincera sonrisa.

 

 Paz a su alma.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 martes 12 de mayo de 2026.

 

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