miércoles, 19 de septiembre de 2007

La godarria caroreña -Una singularidad social republicana


Resumen:

La godarria caroreña es una singularidad social que, tal como hoy la conocemos, es de naturaleza republicana y no colonial, como hasta entonces se había creído. En su proceso de conformación y estructuración ha tenido un papel de primer orden la Iglesia católica, institución que por intermedio del generoso otorgamiento de numerosas dispensas matrimoniales propició las uniones endogámicas entre este sector social minoritario y excluyente, que se asemeja a una casta, con lo cual se protegió la dispersión de fortunas, de hábitos sociales así como de formas de pensamiento en esta ciudad levítica, asiento de numerosas cofradías. La godarria ejerció en Carora una verdadera hegemonía ideológica y cultural en los finales del siglo XIX y comienzos del XX y que en forma atenuada se ha extendido hasta el presente. Sólo que, después de un brillante liderazgo social y cultural, ha tenido que vivir de las glorias de su pasado cuando en la actualidad transita por la globalización y el socialismo del siglo XXI acompañada de un cierto desconcierto.

Palabras claves: godarria caroreña, Iglesia católica, cofradías, ciudad levítica, endogamia, singularidad social, hegemonía ideológica y cultural.



Desarrollo

El fenómeno social de la llamada godarria caroreña tiene múltiples y variadas explicaciones, las que van desde las de naturaleza biológica, las económico- sociales hasta las de orden cultural y religiosa. Nosotros asumimos que es un fenómeno extremadamente complejo, difícil de desentrañar si nos aferramos a concepciones teóricas y a métodos que por parciales resultan insuficientes. A primera vista parece ser la godarria determinada por lo económico-social, pero bien pronto entramos en cuenta que esta es una explicación incompleta de esta singularidad social que aun en los días que corren existe con relativa fuerza, por que en ellas ha faltado un elemento esencial y que ha sido determinante en nuestra formación como pueblo: la religión católica. Quien ignore esta realidad no podrá comprender en profundidad la historia del mundo hispánico, ha dicho Francois Chevalier. La religión no es un mero agregado de la sociedad, la religión con mucha frecuencia organiza a la sociedad. A pesar de que el mundo se encuentra en un acelerado proceso de desencantamiento de las imágenes religiosas y metafísicas y que nos dirigimos a la estructuración de una conciencia moderna, como escribió Max Weber, no es menos cierto que en la dialéctica tradición- modernidad, la Venezuela de hoy conserva rasgos muy marcados de permanencia de formas ancladas en sistemas de pensamiento que vienen del medioevo y de inicios de la modernidad.

El catolicismo es una religión universal, lo sabemos, que acompañó a los descubridores y conquistadores del siglo XVI, el siglo que quiere creer, según dijo Lucien Febvre, y con la cual se conformó en el Nuevo Mundo americano una “visión bíblica del mundo”, como ha mostrado Jacques Lafaye y que estuvo, además, muy ligada a la formación de nuestro estado y de nuestra mentalidad en los tres largos e intensos siglos de coloniaje. Esta es una contundente realidad. No en balde Octavio Paz cita frecuentemente a nuestro Mariano Picón Salas quien dijo: sufrimos aún los efectos del Concilio de Trento. El genésico siglo XVI estuvo dominado por ideas escatológicas del fin del mundo, la fe, el pecado original, la gracia divina, la fe , la veneración de los santos , sus imágenes, la educación del clero, los sacramentos: la Eucaristía, el bautismo, la confirmación. Es la llamada Contrarreforma católica, muro de contención de la Reforma protestante, y de la cual España, esa “península metafísica”, fue su portaestandarte más eficaz.


En España y en la América hispana se desarrolló un fuerte movimiento que se convirtió en un estilo nacional, el barroco, que es, dice Picón Salas, “un anti-Renacimiento y anti- Europa por que negaba o planteaba de otra manera los valores de la conciencia moderna”. Agrega el merideño que: “A pesar de de casi dos siglos de enciclopedismo y de crítica moderna no nos evadimos enteramente aún del laberinto barroco. Pesa en nuestra sensibilidad estética y en muchas formas complicadas de psicología colectiva”. De tal modo que nos atrevemos a decir siguiéndole los pasos a nuestro don Mariano que es barroca nuestra mentalidad individual y colectiva”.

Barroca es nuestra idea de la vida y de la muerte, de las relaciones sociales, de la educación, de la familia y del matrimonio. Ideas y concepciones difundidas y preservadas por una institución milenaria, clave en la comprensión de la cultura occidental: la Iglesia católica. En este momento estamos llegando a un elemento esencial para la compresión de la endogamia entre los godos de Carora, esto es, el matrimonio. Georges Duby ha dicho que : “ los ritos del matrimonio son instituidos para asegurar dentro de un orden el reparto de las mujeres entre los hombres, para reglamentar en torno a ellas la competición masculina, para oficializar, para socializar la procreación… el matrimonio es la base de las relaciones de parentesco de la sociedad entera, forma la clave del edificio social.” Agrega este notable historiador francés que el matrimonio: “Se sitúa en la conjunción de lo material y lo espiritual. Por él se ve regularizada la trasmisión de las riquezas de generación en generación, sostiene por consiguiente las “infraestructuras”; no es disociable, y esto hace que el papel de la institución matrimonial varíe según el lugar que ocupa en las relaciones de producción.”

Luego, Iglesia católica e institución del matrimonio explican la formación en el país de lo que llama Vallenilla Lanz las oligarquías municipales, pues según explica este notable historiador positivista, el Rey de España dio preferencia en los cabildos coloniales a los descendientes de los conquistadores y primeros pobladores. De esta manera se conformaron oligarquías municipales en Caracas, Mérida, San Carlos, Coro, El Tocuyo, Barquisimeto, Cumaná, Barcelona, Trujillo, Maracaibo, y en nuestro caso en Carora. “ Todas ellas, agrega este brillante historiador , llenaban a cabalidad las funciones sociales de la élite, su papel de clase dirigente y protectora de la comunidad, fundando pueblos, erigiendo iglesias, casas consistoriales, puentes , mercados, fuentes públicas , cárceles, mataderos; velando por la seguridad pública, persiguiendo bandidos del llano, fomentando la agricultura, abriendo caminos, limpiando ríos.”(… )

En un extraordinario trabajo realizado en sus mocedades por Ambrosio Perera Historial genealógico de familias caroreñas ha establecido este historiador tardíamente positivista, pues nació en 1904, que las familias “patricias” caroreñas son:

Aguinagalde (extinguida a mediados del siglo XIX)
Antich (Extinguida)
Arrieche (Extinguida)
Álvarez (Usagre, Castilla) arriban a la ciudad en 1628, es la más numerosa.
Ferrer (extinguida)
González Franco (Usagre, Castilla) llegan a Carora en 1579
Gordón, de los fundadores de la ciudad (extinguida)
Gutiérrez (Coro) se establece en la ciudad del Portillo en 1650.
Herrera (Islas Canarias) y arriban en 1776
Hoces (extinguida)
Luna (extinguida)
Meléndez (Asturias) arriba en 1673
Montes de Oca (Las Palmas, Canarias) llegan a la ciudad en 1737
Oropeza (La Orotava, Canarias) se establecen en Carora en 1725
Pineda (extinguida)
Perera (Tenerife, Canarias) llegan a la ciudad del Portillo en 1753
Riera (Cataluña) arriban a Carora en 1659
Salamanca, de los fundadores del Portillo de Carora (extinguida)
Silva (Portugal) llega en 1633
Torres, o de la Torre, canarios (extinguida)
Urrieta (extinguida)
Yépez (Castilla) se establecen en Carora en 1750
Zubillaga (Provincias vascongadas) arriban en 1794.


Como se habrá notado esta es la base poblacional de la conquista y de la colonización temprana y tardía en la antigua y levítica ciudad de San Juan Bautista del Portillo de Carora fundada en 1569, y que con el transcurrir de las centurias conformará lo que Perera llamará el “mantuanismo caroreño”, conocidos también como los “blancos de la plaza”, “caracoloradas”, “patricios caroreños”, los cuales como sus pares de otras ciudades del país, “vivían dominados por una preocupación, dice Brito Figueroa, la limpieza de sangre, la que coincidía con sus intereses económicos de grupo social privilegiado , la endogamia, el origen étnico, el status jurídico y el monopolio de las instituciones coloniales estratificaron la clase de los terratenientes blancos en términos similares a los de una casta.”

Este grupo social minoritario ocupó la vieja cuadrícula de la ciudad, “una separación de castas total que bien podríamos llamar territorial, dice Ambrosio Perera, pues fuera de tal rectángulo se levantaban las viviendas de aquellos que no enterraban sus raíces en el mantuanismo”. Dice Cecilio “Chío” Zubillaga que en 1768 se llevó a efecto un censo oficial en Carora que dio un resultado impresionante, pues 5.297 personas eran de las clases inferiores y apenas 233 de la otra, es decir, de la principal…” Perera, sostiene que esa “separación existía en Carora hasta muy avanzado el siglo (XX) y que, agrega, en los libros parroquiales de la iglesia de San Juan y desde el siglo XVIII eran por regla general los libros donde se asentaban las partidas correspondientes a los blancos españoles… de aquellos destinados para las partidas de la gente común que comprendía a los negros, mulatos, pardos en general y a veces a los indios y mestizos”.

A Carora se le conoce como “ciudad levítica”, pues es bien conocida la gran cantidad de sacerdotes que han nacido en esta localidad. Debemos de aclarar que buena parte de estos religiosos se extraen del mantuanaje caroreño, pues este grupo social parecido a una casta ha presentado un rasgo muy indeleble e importante, su religiosidad militante, la cual le ha permitido copar los espacios de la institución eclesiástica desde hace bastante tiempo. De los 120 levitas que ha dado la ciudad, bien podemos estimar que un crecido 70 por ciento procede de las clases dominantes hispano-criollas y de la godarria, de entre los cuales destacan 5 obispos. Este dominio godo sobre los asuntos del altar han propiciado la formación de un imaginario de importancia: la muy famosa “maldición del fraile”, en 1859, vísperas de la Guerra Federal, en tanto que en 1905 los mantuanos de Carora expulsaron de la ciudad a un sacerdote de ideas avanzadas que bien podían calificarse como un antecedente de la Teología de la liberación, el Pbro. Dr. Carlos Zubillaga. Ha sido proverbial la dificultad que representó para las diversas sectas protestantes afincar pie en la ciudad, y no lo lograron sino hasta la muerte de Juan Vicente Gómez, cuando un grupo de ellos proveniente de una semicolonia de los EEUU, Puerto Rico, erigió ,después de múltiples tropiezos atizados por la godarria, una casa de oración allí .En pleno siglo XX hubo un sacerdote de la godarria que fungía de líder moralista de la ciudad, monseñor Pedro Felipe Montesdeoca, quien impidió se crease el Rotary Club, porque, según razonaba , era un engendro comunista. Este levita administraba sus oficios religiosos de acuerdo a la procedencia social: a las 5 am. misa para las mujeres de servicio, a las 7 am. para los godos, en tanto que a las 8 am. para el colectivo de la ciudad. Como vemos, una gradación del rito por la escala social.

En nuestras investigaciones sobre la religiosidad de los caroreños hemos determinado que en la conformación de esa atmósfera religiosa en la ciudad han jugado un papel fundamental unas estructuras de solidaridad de base religiosa, como las llama el historiador francés Michel Vovelle: las cofradías y hermandades. Ellas son muy antiguas y ya se había instituído en el medievo europeo entre los siglos XI, XII y XIII. En España son aún en la actualidad, innumerables ,y se les ha estimado como un antecedente del seguro social, pues ayudaban a los enfermos, a viudas y huérfanos, enterraban a los difuntos y garantizaban entierros con misas y oraciones para sacar el alma del purgatorio, una idea sin base bíblica ,como ha establecido Jacques Le Goff. Además eran una suerte de primitivas entidades bancarias y tenían cuantiosas haciendas y hatos con abundante mano de obra esclava. En Carora se les llamó haciendas de las cofradías “del Montón”, situadas al oeste de la ciudad, en la vía hacia el Lago de Maracaibo,una propiedad original de la Iglesia católica , que es el antecedente de la gran explotación ganadera y cañera de la actualidad.

Pues bien, estas hermandades han sido el centro de nuestro interés investigativo, ya que a su rededor se aglutinaron las clases altas y bajas de la Carora del siglo XVI hasta el presente, y a través de ellas podremos detectar los sutiles y complicados cambios que ha experimentado la estructura de la sociedad y su correspondiente modo de actuar y de pensar en la larga duración. Las cofradías no son todas coloniales pues las ha habido republicanas, pero la de mayor prestigio y alcance ha sido, a no dudar, la del Santísimo Sacramento, fundada por los conquistadores españoles en 1585, es decir 16 años después de la fundación de la ciudad. Esta hermandad agrupó sin exclusiones a blancos, criollos, indios, negros libres esclavos, mestizos, mulatos y pardos, lo que niega la existencia en la ciudad de cofradías étnicas, como sí las tuvo la “ciudad madre”, El Tocuyo. La geografía no fue obstáculo para que recibiera hermanos de lugares distantes: Irlanda, Francia, España, Italia, las islas Canarias, Cuba, Santo Domingo, Reino de Santa Fe. Como provenientes de Venezuela están asentados en sus folios y con elegantes caligrafías caraqueños, trujillanos, tocuyanos, barineses, sanfelipeños, valencianos, maracaiberos, nirguanos, corianos, yaritagüeños, sancarlenses, merideños, y por supuesto un grueso número de locales. Oficios y ocupaciones que van desde oficiales, comisarios del santo oficio, profesores de medicina, alcaldes, monjas, organistas, mayordomos de las cofradías, carpinteros, plateros, curas ,licenciados, doctores… Gentes de los más disímiles apellidos de cualquier parte de la península y de Venezuela. Curiosos motes como Belmonte, Bambelle, de la Chica, Matheus, de la Fuente, Barrientos, Darmella, etc., y los más comunes como Bolívar ( el Padre del Libertador ), Riera, Colina, Sánchez, Luna, Rodríguez, Chávez, Blanco y un largo etcétera. Era como se habrá notado una hermandad bastante democrática e internacional.

A finales del siglo barroco, el siglo XVIII, comienza a reflejarse entre las personas que “entran” a la del Santísimo la reiteración de un pequeño número de apellidos, los que con el tiempo habrían de conformar la godarria caroreña, tal como la conocemos hoy en los albores del siglo XXI, pues es un fenómenos que se ha prolongado hasta el presente cuando ha desaparecido de otras ciudades del país. Estos son los apellidos del mantuanismo caroreño: Álvarez , el catalán Riera, Urrieta, Ferrer, Hoces, el canario Oropeza, Arriechi, González, Crespo, Regalado. Es el tímido arranque de una clase social con rasgos de casta y que se completará con estos otros apellidos: el vascuense Zubillaga,el isleño de la Torre, Meléndez, Pero lo curioso de todo este cuadro de cosas que hemos descubierto y por intermedio de los libros de cofradías, que la godarria no es tan colonial como se había pensado hasta ahora, sino que ella es un producto eclesiástico de los tiempos republicanos.

Esto merece, dada su complejidad, una explicación adicional. Sabemos que la Iglesia católica propició las uniones matrimoniales entre personas con vínculos sanguíneos cercanos a través de las llamadas dispensas matrimoniales y sabemos que en Carora la Iglesia fue bastante generosa al expedir tales licencias, pero es el hecho que los legajos de dispensas desaparecieron del Archivo de la Diócesis de Carora desde hace bastante tiempo. En vista de esta carencia documental debimos reconstruir el proceso de la endogamia espiritual y social de la godarria a través y valiéndonos de los libros de entrada en las cofradías. Allí pudimos observar el intenso proceso de uniones matrimoniales entre los patricios caroreños que tiene por escenario temporal, no el siglo XVIII como en las ciudades del resto del país, sino el siglo XIX, a tal punto que podemos decir que es una élite social que se ha conformado tardíamente en tiempos republicanos. Esta es la singularidad social que hemos descubierto y que Ambrosio Perera no captó o se cuidó de manifestarla, pues era una cuestión que le restaría linaje y alcurnia a un patriciado al cual se vanagloriaba de pertenecer.

La hermandad del Sacramentado recibió como cofrades entre 1853 y 1870 la cifra de 682 personas de entre las cuales 257 pertenecen a la godarria, es decir un elevado 38 % de los inscritos, lo que pone en evidencia el acelerado proceso de entronización de los caracolorá en los espacios de las cofradías que se inició con el proceso republicano y que no se detendrá hasta el presente. En este período las uniones matrimoniales entre personas de este reducido y excluyente grupo social son un hecho sin precedentes en la ciudad del Portillo. Así el apellido Álvarez lo encontramos mezclado con los apellidos Gutiérrez, Álvarez, Franco, Indave, Oropeza, Silva, Torres, Montes de Oca, Riera, Zubillaga y Meléndez. El otro apellido godo es González el cual se mezcla con Álvarez y con Gutiérrez. Este último a su vez establece vínculos con González, Álvarez, Silva, Meléndez. El apellido de origen canario Herrera lo encontramos ligado a Meléndez y al recién llegado de Coro, el judío sefardita Curiel.

El apellido de prosapia asturiana Meléndez lo hallamos en enlaces con Meléndez, Riera, Gutiérrez, Torres, Oropeza. El muy sonoro y oriundo de Las Palmas Montes de Oca endogámicamente conectado a Montes de Oca, Indave, Álvarez, Zubillaga, Perera. El apellido que más universitarios ha producido es el canario Oropeza y se mezcla con Meléndez, Riera, Álvarez, Oropeza, Herrera. Otro apellido godo es el emblemático Perera, de origen tenerifeño y que establecerá vínculos matrimoniales con los Perera, Montes de Oca, Álvarez y el vascongado Zubillaga, en tanto que el catalán Riera lo hará a su vez con Silva, Álvarez, Aguinagalde (hoy extinto), Gutiérrez, Perera Montes de Oca. El portugués Silva se mezclará con Andueza, Riera y Oropeza. Y finalmente el apellido de los eternos mayordomos de la cofradía del Sacramentado, el vascuence Zubillaga, el cual aparece vinculado a Perera y Herrera Perera. He aquí como en este “refugio de la hispanidad”, tal como se le ha llamado a Carora, se produjo por efectos del aislamiento geográfico, de los factores económico- sociales y religiosos la muy conocida godarria caroreña del presente y de la cual podemos dar crédito de que hogaño goza de relativa buena salud.

Entre los años 1837 y 1852 entraron a la hermandad del Santísimo cinco personas de apellido Aguinagalde, nueve de Álvarez, 17 de Álvarez con otros apellidos godos, del apellido canario Herrera ingresan siete, los Meléndez ascienden a cinco, Montes de Oca 11, en tanto que 8 son Oropeza, los Perera son 16, los Riera 13, Silva cinco, Torres seis y finalmente el vascuence apellido Zubillaga con dos, una esclava y el sr. Antonio María Zubillaga Perera, mayordomo de esta cofradía hasta su deceso en 1924.Entre esos años el proceso de apropiamiento de los espacios de esta y otras cofradías caroreñas irá in crescendo, pues 108 personas anotadas allí son de la godarria (58 %) y apenas 79 personas, un 42 %, de las otras clases. Estas últimos hermanos llevan apellidos que no hunden sus raíces en el mantuanismo caroreño y son los que siguen: Rivero, Pernalete, Ramos, Carrasco, López, Fernández, Arroyo, Romero, Cuevas, Chávez, Gómez, Chirinos, Pérez, Mendoza. Estos son los años de la verdadera consolidación hegemónica de la godarria, pues son los del secular aislamiento que sufrieron las regiones durante el siglo XIX y que si lo comparamos al siglo XVIII observaremos que las hermandades caroreñas eran en cierto modo cosmopolitas en esta última centuria, como hemos destacado más atrás. Todo lo cual facilitó el predominio social, cultural y religioso de esta clase social minoritaria y excluyente.

Con la llegada al poder del autócrata civilizador, el presidente Antonio Guzmán Blanco y su política anticlerical , signada por el positivismo cientificista, se puso a prueba el espíritu de cuerpo del catolicismo en Carora y consecuencialmente el de la godarria . Hasta ahora se pensaba erróneamente que tal política debilitó a la Iglesia católica. Esto no es cierto en el caso particular que nos ocupa, pues los libros de cofradías revelan que en esos años del guzmancismo la entrada a las hermandades sufrió un proceso exponencial en cuanto a las adscripciones en estas estructuras de solidaridad de base religiosa. En los años del más furibundo anticlericalismo de Guzmán Blanco ,1872 a 1875, las entradas al Sacramentado se elevan a 90 en 1872, 129 en 1873, 116 en 1874, 108 en 1875 cuando venían de una discreta adscripción de 27 en 1853 ,70 en 1858, 55 en 1863 y 44 en 1869. Cabe destacar que esta reacción antigubernamental de las cofradías fue liderizada por elementos fundamentalmente femeninos del patriciado caroreño.

En la levítica ciudad del Portillo se implantó una moralidad que hunde sus raíces la Biblia y en la interpretación que en la filosofía medieval hizo Santo Tomás de Aquino a la Ética a Nicómaco de Aristóteles, las virtudes teologales : fe, esperanza y caridad, la noción platónica del alma que mantiene la cristiandad católica, es decir que el alma y el cuerpo no son dos substancias vinculadas, que el centro de la religión bíblica está el concepto de amor por los que pecan, y que lo temporal es un mero espejo de lo eterno. Es de destacar la enorme eficacia entre nosotros de una idea-fuerza sin base bíblica, el purgatorio, idea que recibiera un tremendo impulso durante el Concilio de Trento en el siglo XVI y que han llegado con notable fuerza hasta nosotros en los días que corren. Biólogos y antropólogos han propuesto que la transmisión cultural se podía describir, en cierta medida, de la misma manera que la herencia genética. El autor de El gen egoísta, el biólogo Richard Dawking ha descrito la cultura como una población de memes, que son “programas de reproducción mimética” igual que los genes. Los memes son unidades de cultura, conceptos, valores, historias, entre otras, que llevan a la gente a hablar o actuar de manera que provocan que otras personas a su vez almacenen una réplica de estas unidades mentales.

Los godos de Carora tenían unas costumbres y usos sociales muy arraigados, sus memes, que han tenidos una prolongación y eficacia temporal admirable. Una de ellas tiene que ver con los espacios sagrados, pues debemos tomar en cuenta que no hay lugar de encuentro más importante entre el hombre biológico y el hombre social que el espacio, nos dice Jacques Le Goff. En este sentido debemos destacar que algunos de los bancos de la iglesia de San Juan Bautista eran privados y de uso exclusivo de los patricios caroreños. Eran un total de 25 de tales muebles con los nombres de las familias godas grabados y que estaban colocados cerca del altar mayor, como dando a entender que ellos estaban más cerca de Dios que el resto de los mortales. Los difuntos de este grupo minoritario gozaban de un tratamiento especial, pues sus cuerpos eran tapiados en las gruesas paredes de la iglesia de San Juan, una costumbre que en los días de Guzmán Blanco enfrentó a los godos con el gobierno, pues es sabido que por razones sanitarias el “ilustre americano” prohibió tales prácticas funerarias, como en su oportunidad lo hizo el médico y presidente de Venezuela, el Dr. José María Vargas.

Las hermandades y cofradías caroreñas eran plurales y aceptaban como miembros a cualquier persona, sin importar su condición étnico o social, como hemos visto, pero la dirección de estas corporaciones siempre pertenecía a un miembro destacado de la sociedad, una persona de cierto relieve social y de cierta notoriedad. Estos eran los mayordomos de las cofradías, quienes llevaban con gran esmero y cuidado sus libros de registros de entradas, sus cuentas y negocios. Queda claro que las clases dominantes hacían todo lo que estuviese a su alcance para apropiarse de la memoria, ellos decidían qué debía recordarse y qué no debía recordarse.

La memoria, la memoria. Ha sido la Iglesia la garante y resguardadora de la memoria de los pueblos en el Occidente cristiano, y lo ha hecho a través de la numerosa legión de levitas que ha producido, en el caso que nos ocupa, la ciudad antigua del Portillo de Carora desde el genésico siglo XVI. De entre ellos debemos destacar que de los 120 levitas caroreños cinco han sido obispos, uno de ellos animado por la Encíclica Rerum Novarum (l891) , el Obispo Mártir Salvador Montes de Oca, fusilado por los nazis en Italia en 1944, suena como candidato a ser elevado a los altares.


En nuestro trabajo investigativo sobre la educación secundaria en Carora, hemos puesto de relieve la hegemonía ideológica y cultural que ejercieron los godos a finales del siglo XIX y principios del XX, puesto que fundaron periódicos y revistas (El Impulso,1904 y El Diario, 1919), crearon el Colegio particular La Esperanza en 1890, sólo para varones y casi todos de la godarria, un colegio para señoritas, el Liceo Contreras en 1915, dirigían los asuntos eclesiásticos, las cofradías, organizaban los actos litúrgicos, procesiones y fiestas sagradas, a la par que manejaban el muy activo comercio local, y se apropiaron progresivamente de hatos, haciendas y cañamelares. Todo un proceso de concentración de la propiedad territorial que ,según Taylor Rodríguez, se inició en 1870 y que fue protagonizado por las familias godas Oropeza, Riera, Álvarez, Yépez y Herrera.

Pero hay un símbolo inequívoco del sentido excluyente de esta clase que se asemeja a una casta y no es otro que la fundación de un club recreativo, a la manera inglesa, elitesco y excluyente, el Club Torres de Carora fundado por los más conspicuos representantes del patriciado el 31 de julio de 1898, a la cabeza de los cuales estaba el médico con estudios en Francia, el Dr. José María Riera, quien murió en un enfrentamiento armado en 1900. Este polémico centro social excluyente y sexista se mantuvo cerrado para el grueso de la población caroreña hasta hace unos pocos años, cuando sus directivos más jóvenes y preparados para asumir los cambios que introdujo la economía de signo rentístico y petrolera, notaron y advirtieron que aquello era un verdadero anacronismo y que como tal debía de dársele final. Fue una lucha que en cierto modo inició Chío Zubillaga a comienzos del siglo pasado cuando renunció a esta corporación por que –aducía- sus salones fueron utilizados para actos sociales y fundamentalmente, para el juego y la venta de licores. El Club se convirtió en una institución exclusiva de los godos. Otros, como el Dr. Pastor Oropeza tienen un concepto distinto del Club, pues dice que esa corporación fue la bolsa y el lugar donde se planificó el desarrollo agropecuario del inmenso Distrito Torres, entidad político-administrativa que, debemos aclarar, representa el 46 % del total del territorio del Estado Lara, por ello se le ha denominado “la Rusia del estado Lara”.

Ha sido el historiador larense Reinaldo Rojas quien ha dicho que la godarria caroreña es en verdad regionalista, pero que es un regionalismo puesto al servicio de la Nación venezolana. Su ancestral y telúrico apego a la tierruca no les ha impedido ponerse al servicio de las causas más nobles y patrióticas en todos los tiempos y lugares. Comencemos a decir que tres caroreños han ocupado el Rectorado de la Universidad de Caracas en distintos momentos, el Dr. Juan Agustín de la Torre en 1789,quien introdujo el pensamiento moderno de Hume, Descartes, Newton y Condillac a las aulas dominadas por la Escolástica de la Real y Pontificia Universidad de Caracas; el Dr. José Manuel Oropeza , de convicciones realistas , que la dirigió en 1819, en tanto que en 1946 estuvo al frente de nuestra alma mater el Dr. Juan Oropesa ,fundador del partido ORVE con Rómulo Betancourt, Alberto Adriani y Mariano Picón Salas, un magnífico y olvidado escritor de la obra Cuatro siglos de historia.

En los días de la Emancipación fue Carora generosa con la Patria y por ello le obsequió, entre otros, dos eminentes patriotas, el general Jacinto Lara, quien participó en 1824 en la batalla de Ayacucho, epónimo actual del estado, y el general Pedro León Torres, quien peleó en la batalla de Bomboná en 1822, epónimo del Municipio que lo vio nacer. En los difíciles momentos de la Federación fue la pluma del Dr. Ildefonso Riera Aguinagalde quien animó el grito libertario y de justicia social, fue uno de los primeros propagadores de la doctrina social de la Iglesia católica, fue famosa su polémica sobre las revoluciones con Cecilio Acosta.


Se distinguió como educador y abogado un discípulo del Br. Egidio Montesinos en el Colegio de La Concordia de El Tocuyo, el doctor Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937) egresado de la Universidad Central de Venezuela , fundador del Colegio La Esperanza con el concurso de los godos de la época en 1890, instituto en donde se formaron los hijos de Federico Carmona, fundador del diario El Impulso en 1904,el humanista Luis Beltrán Guerrero “Cándido”, el periodista de combate que en ocasiones se acercó al marxismo Cecilio Zubillaga Perera ,“Chío”, el político ,defensor de la independencia de Puerto Rico , José Herrera Oropeza ,el jurista Ambrosio Oropeza, corredactor de las Constituciones de 1946 y 1961,el historiador Ambrosio Perera ,el Dr. Juan Oropesa, miembro fundador del partido ORVE, Rector de la UCV, el Pbro. Dr. Carlos Zubillaga, un adelantado de la Teología de la liberación, el Dr. Pastor Oropeza, padre de la pediatría en Venezuela y progenitor del periodista y escritor Héctor Mujica, el pediatra Homero Álvarez, padre de nuestro embajador en los EEUU, Bernardo Álvarez.

Hemos dicho que en la ciudad se formó una verdadera elite cultural en Carora bajo la dirección del Dr. Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937), en una localidad que no fue beneficiada con la creación de su Colegio Nacional en tiempos de la oligarquía conservadora, pero que la labor educativa la asumieron los religiosos y los particulares, como es el caso del fraile Ildefonso Aguinagalde ,miembro de la Asamblea Nacional en 1863, el de la famosa maldición, y quien abrió una cátedra de latinidad, una lengua que había dejado de ser un idioma universal desde el siglo XVII, por muchos años desde 1829, el Dr. Ezequiel Contreras, fundador del efímero Colegio San Andrés (1855) y el Lic. Rafael Antonio Álvarez quien creó el Colegio de La Paz en 1864, esfuerzos educacionales que no duraron mucho tiempo pero que contribuyeron a fomentar el gusto por el conocimiento y el saber en Carora, una población que muy tardíamente vio llegar el instrumento difusor de la cultura por antonomasia, la imprenta, la cual fue recibida con gran regocijo popular en 1875, cuando un miembro de la comunidad sefardí, un verdadero “intermediario cultural”, José Mármol Herrera la llevó allí y con la cual se imprimió el primer periódico caroreño y que lleva el sugerente nombre de La Patria.

Mucho más tardíamente llegó la educación superior a la ciudad de Carora , pues la capital del estado , Barquisimeto , también sufrió largamente esta carencia, su Colegio Federal de Primera Categoría fue cerrado por el presidente Cipriano Castro y su ministro de Instrucción, el escritor Eduardo Blanco en 1904 , y no fue sino bajo la presidencia del Rómulo Betancourt que se abrieron el Instituto Pedagógico Barquisimeto y el Politécnico de Barquisimeto, hasta que al fin y luego de una presión popular se crearon en Carora sendos núcleos de la la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y de la Universidad Nacional Experimental Politécnica en la década de los ochenta del siglo XX. Pero una ausencia notable se produjo en este movimiento por la educación superior en Carora y no es otro que el de la “godarria caroreña”, clase social que en el pasado motorizó movimientos e instituciones de cultura y de saber. Ello se debió quizás a que ellos tenían resuelto el problema de la educación de sus hijos al enviarlos a la universidades de Los Andes, a la del Zulia, Carabobo, Central de Venezuela y a las diversas universidades privadas del país y del exterior, sobre todo en los EEUU. Pese a esta evidente ventaja formativa es un hecho notorio que las nuevas generaciones de godos no ha mantenido la preocupación por el saber de sus pares de otras generaciones. Un vacío intelectual sufre la godarria en el presente, ello pueda deberse a que se interesó más por la acumulación de capitales por un lado y a su extrañamiento de la ciudad por el otro.

He aquí pues en donde nos hemos topado con otra de las actividades emblemáticas de los godos de Carora, el mundo de los negocios. Es sabido que desde fines del siglo XIX son poseedores de inmensas haciendas ganaderas y en el presente cañeras, ubicadas en las zonas más privilegiadas del Municipio Torres y fuera de ésta entidad. Han fundado el hospital y la planta eléctrica, dos centrales azucareros, un matadero industrial, colegios privados y un equipote béisbol profesional, el Cardenales BBC y el extinto Banco de Lara en sociedad con el capital nacional. Pero hay un portento muy admirable y que ha sido creación maravillosa de los godos y no puede ser otro que el Ganado Tipo Carora, una feliz mezcla del llamado “ganado amarillo de Quebrada Arriba”, traído a estas tierras por los conquistadores españoles del siglo XVI con razas europeas y norteamericanas, proceso de selección genética un tanto empírico que inició Teodoro Herrera, entre otros, en la década de 1930. Esta Raza, ahora Patrimonio Genético Nacional, un Pardo Suizo criado y aclimatado , de gran rendimiento en el trópico, ha ido a parar a los lugares más remotos del planeta, Indonesia, Colombia, Centroamérica, África, para alivio de la pobreza de esas comunidades preteridas del llamado Tercer Mundo; pero que una paradoja un tanto cruel la acompaña, pues la Arcadia que la vio nacer hace ya 70 años se ha quedado sin el Ganado Tipo Carora, pues menos de 2500 vientres cuenta hogaño el Municipio Torres. Puede que ello sea parte también de la legendaria y un tanto mítica Maldición del fraile (1859) y que ha condenado a la godarria caroreña a vivir de las glorias de su brillante pasado cuando en el presente mundo globalizado ha dado escasas muestras de genio y de creatividad, las que a no dudarlo, les ha faltado en el presente para afrontar la globalización económica y el mortal y fatídico viernes negro del 18 de febrero de 1983,suceso que produjo descalabros notables entre los caracoloradas de Carora.

Bien se puede afirmar que el producto más acabado de la Iglesia católica en Carora ha sido en efecto, la godarria caroreña y que por resultado de una maldición de orden teológico y bíblica, la ya mencionada Maldición del fraile, ha condenado a la godarria del presente a transitar por uno de los más dilatados eclipses por la que ha transcurrido en su existencia esta singularidad social excluyente que aún pervive con relativa fuerza en el presente Las incesantes uniones matrimoniales entre los miembros de lo que llamó Ambrosio Perera “ patricios caroreños” ha ocasionado un resultado esperado y temido por los godos, las enfermedades hereditarias, las que han sido y son comunes y frecuentes entre este grupo social: retraso mental, síndrome de Dawn, esquizofrenia y enfermedades autosómicas recesivas de todo tipo. Es de capital importancia hacer notar que la endogamia no es sólo biológica sino religiosa y que los patricios de Carora han desarrollado unos curiosos nichos semánticos y fonéticos fáciles de percibir por el extraño, componente lingüístico que les da cierta coherencia interna y que aún espera de un estudio científico.
En medio de los enormes cambios políticos y sociales del presente y que han tenido como protagonista principalísimo al presidente Hugo Chávez Frías han tenido ,con contadas excepciones ,dificultades y hasta enfrentamientos con la administración de gobierno nacional y en el Municipio han perdido toda representatividad en la Alcaldía del Municipio Bolivariano General de División Pedro León Torres. Hay quienes afirman que la godarria sufrió una especie de bifurcación, pues una de sus partes se quedó atada a su sustento secular ,la tierra y a una forma tradicional y conservadora de pensamiento; en tanto que otro grupo salió de la levítica ciudad y se instaló en centros de mucho mayor dinamismo económico, social y cultural, tales como Barquisimeto y Caracas ,lugares en donde emprende exitosos negocios en el concierto de una Venezuela que se abre al gran capital internacional y asume una forma cosmopolita de vida que asombraría a sus pares quedados en la vieja y pacata ciudad de Carora. Es el caso de la familia Zubillaga quien en la década de los cincuenta del siglo pasado emprendió un éxodo bastante notable a Caracas , en donde estableció vínculos matrimoniales con los más elevados apellidos de los “amos del valle”, según se puede observar en las páginas sociales de los diarios capitalinos.


Parece ser , y estamos conjeturando , que los godos de Carora carecen de un liderazgo que los guíe en los cambiantes e inesperados momentos que vive el país y el mundo hogaño. En el siglo XIX tal guía como “influyentes locales” la ejercían los sacerdotes y los mayordomos de las cofradías y hermandades, y cuando los dirigentes laicos hacen su aparición, lo hacen los educadores como los doctores Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga cuando asumen ese tan necesario liderazgo entre siglos, el cual fue retomado desde principios del siglo XX por Cecilio “Chío Zubillaga y más recientemente por el Dr. Ambrosio Oropeza, el constitucionalista, y mucho más recientemente el odontólogo formado en Brasil en la década de los 50 del siglo pasado, Domingo Perera Riera, ex gobernador del Estado Lara durante la presidencia de Jaime Lusinchi. Desde ese momento hasta el presente la oquedad en el liderazgo mantiene a los godos en permanente sobresalto y temor frente a los anuncios del Alcalde del Municipio , nuestro exalumno en las aulas del centenario Liceo Egidio Montesinos, el Ingeniero electrónico Julio Chávez Meléndez y del reelecto presidente Teniente Coronel del Ejército Hugo Chávez Frías de establecer en Venezuela el llamado Socialismo del siglo XXI, ideas que han resultado en un despertar repentino del letargo que sufrieron las clases subalternas y que se expresa de múltiples maneras en Carora ,antigua ciudad del siglo XVI que se enrumba, dejando atrás al liderazgo y la preeminencia de los godos, hacia el tercer milenio


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Brito Figueroa, Federico. Historia económica y social de Venezuela. 1996. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Tomos I y III.


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5 comentarios:

estancia la colina dijo...

estimado dr cortés, aplaudo su trabajo aunque en algunos casos presenta ciertas lagunas, soy caroreño y aunque salí del pueblo a muy temprana edad aun siento el llamado de esa tierra caliente y rojiza, la godarria como usted la llama es una institucion que dio mucho a carora usted la llama excluyente yo no la percibo así a mi parecer mas bien es incluyente, solo es necesario ser culto, educado y respetuoso se muy bien por que lo digo, me gustaría departir con usted en alguna ocasión que visite mi hermosa tierra.

Anónimo dijo...

Pregunto Dr: ¿De verdad esta elite cumplio con la funcion de modernizar el espacio donde interectuan que desde una vision sociologica tiene o deberia cumplir toda elite economica? ¿Crearon las condiciones estructurales necesarias para desarrollar la "ciudad"? le sugiero Dr que tome en cuenta estas interrogantes. ¿Sera su ineficacia la razon por la cual esta coyuntura politica los excluye y los imposibilita a participar en el actual gobierno? Bueno, ademas de todo el "marco ideologico" que sustenta dicho gobierno y que se opone a priori a esta clase social.Por que algo si esta muy sencillo de descubrir, y es que la ilegitimacion de la que son victima los godos por parte de la sociedad caroreña se debe a que ya dejaron de ser por su fracaso economico un referente o dicho de otra manera un modelo a seguir. Creo que el desarrollo intelectual y economico que con sus datos demuestra pertenece a unos pocos y no beneficia en absoluto a la mayoria... que es lo realmente importante. Le pido Dr Cortes con todo el repeto que le tengo que me instruya y que comente acerca de mi preocupacion, mi juventud y falta de conocimiento tal vez me niegue la posibilidad de saber que tanto hicieron los godos caroreños, la realidad me coloca a la palestra una respuesta bastante clara y argumentada empiricamente: muy poco para el Pueblo caroreño. saludos y espero algun comentario

jose larrey matinez dijo...

Dr. Cortés: me sorprendió al leer su extenso y completo trabajo sobre Carora en su aspecto sociopolítico y religioso la mención que hace de tres familias caroreñas procedentes en su principio de Usagre (Badajoz), pueblo desde el que le escribo. También me llamó la atención el típico nombre de "godos" que dan a los habitantes de Carora. Por Usagre pasaron los godos dejando restos de una basílica y una importante necrópolis. Felicitarle por su gran trabajo y a su disposición. José Larrey -Cronista oficial de la villa de Usagre-

jose larrey matinez dijo...

Dr. Cortés: me sorprendió al leer su extenso y completo trabajo sobre Carora en su aspecto sociopolítico y religioso la mención que hace de tres familias caroreñas procedentes en su principio de Usagre (Badajoz), pueblo desde el que le escribo. También me llamó la atención el típico nombre de "godos" que dan a los habitantes de Carora. Por Usagre pasaron los godos dejando restos de una basílica y una importante necrópolis. Felicitarle por su gran trabajo y a su disposición. José Larrey -Cronista oficial de la villa de Usagre-

Anónimo dijo...

Según el libro de Ambrosio Perera yo desciendo de un tal capitán Juan Agustín Riera del año 1585, bueno estoy emparentado con los Riera. Usted Luis Cortés Riera ¿también desciende de dicho capitán? Quisiera más información de este capitán.