martes, 8 de abril de 2014

El Negro Tino Carrasco. Bandolina, paltó y pajilla



Fue durante uno de los Festivales Folklóricos del Estado Lara donde asistí de la mano de mi padre, Expedito, allá por los años 1968 o 1969, cuando vi por vez primera al Negro Tino Carrasco. Vestía su infaltable paltó a cuadros y su emblemático sombrero de pajilla. Mandolina tocada a la derecha. Una pañoleta cubría su negro cuello. Por momentos se lo descubría para colocar uno de sus dedos en un aparato que le permitía modular unas palabras graves y gruesas.
Había nacido en el Barrio Nuevo del pardaje caroreño, barriada laboriosa y de sobrada calidad artística en 1901, recién pasado por estas tierras el general Cipriano Castro. Ni su piel cobriza ni su apellido hundían sus raíces en el patriciado caroreño. Lomo de Perro era la  residencia de quien iba a ser llamado El Roble Caroreño.
Barrio Nuevo tiene y tendrá talento musical y poético de sobra: Juancho Querales, Rodrigo Riera, Min Suárez, Plinio Bracho, Chemaría Suárez Lameda, Javier Meléndez, Vale Cayayo, El Chingo Ángel, Los Hermanos Gómez, Isabel y Lolo Carrasco. Carora sin Barrio Nuevo es una guitarra sin cuerdas.
El Negro Tino fue un músico popular, sin academia, del mismo origen humilde que Alirio Díaz y Rodrigo Riera. Solo que los dos guitarristas pudieron seguir estudios en conservatorios y academias musicales. Tino, en cambio, se abrió camino gracias a su inmenso talento innato con sus composiciones poéticas y su infaltable bandolina.
Don Mariano Picón Salas dijo que Tino improvisaba las más intencionadas coplas. Darle al negro tino un pie forzado y ya lo estará desarrollando y devolviéndolo como una gallarda serpentina. Es Tino, dice el merideño, parte de una inmensa tradición rapsódica venezolana que remonta a las viejas canciones coloniales, a los cantares de gesta de la Independencia y la Federación y a todas las peripecias contemporáneas que pule y elabora su inventiva de artista, se pone al hablar con su garganta.
En su Corrido de las Cien mujeres, agrega Don Mariano, que por la fluencia de la versificación y la agilidad de los retruécanos parece la obra de un Lope de Vega selvático y mestizo que no tuviera otro maestro que la más alegre y desenfadada Naturaleza… Es en la invención  de nuestra música popular, el curioso e inspirado equivalente de Feliciano Carvallo en nuestra pintura.

Yo agregaría que el Negro Tino tiene también en sus composiciones algo de tragedia griega, pues explora los abismos y vericuetos del alma. En su golpe más emblemático, Amalia Rosa, por ejemplo, escribe: “Toma niña este puñal / ábreme por un costao / pá que veas mi corazón / con el tuyo retratao.
 La presencia del alma en una historia de amor es un eco platónico y lo mismo debo decir de la búsqueda de la inmortalidad, nos dice el mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura. Veamos cómo se expresa en Tino Carrasco el dialogo con los muertos en su danza Soñar despierto: Yo te seguiré queriendo / hasta después de la muerte, / no creas que eso es mentira / que después también se quiere…/ yo te quise con el alma/ y el alma nunca se muere.
 La muerte tiene en la tradición occidental, dice el mexicano, una función capital: despierta al amante extraviado en sus sueños. En el Negro Tino sueño y vigilia se confunden y le dan sentido de muerte a la vida y sentido de vida a la muerte: Soñé que me había muerto / y viste pasar mi entierro / soñé que tú me querías / que mentira son los sueños / soñé también, vida mía / soñé que el Sol me alumbraba / y por soñar imposible / soñé que tú me querías… / Y por soñar imposible / soñé que tú me querías. La pasión amorosa, como se habrá notado, y  su carácter simultáneamente real e irreal es penetrante y finísima en el trovador caroreño. La historia de la poesía es, pues, inseparable de la del amor.
Pero El Negro Tino tiene un rasgo esencial: es uno de los iniciadores de la llamada Trova Social o canción de protesta en Venezuela, y que en Latinoamérica tiene como exponentes connotados a Facundo Cabral, Atahualpa Yupanqui, Alberto Cortez, Mercedes Sosa, Violeta Parra, Víctor Jara, Daniel Viglietti, Carlos Mejías Godoy, Pablo Milanés, Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Piero, Alí Primera, entre otros.
Ese sentido de la protesta tan genuino le vino a Tino Carrasco por haber sufrido una descomunal injusticia al pagar cárcel durante nueve años. Un reo de alta peligrosidad se le fugó a su padre, el alguacil Alejandro, por lo que los esbirros de la dictadura lo obligan a entregar a su hijo Celestino para que pagara los años de condena que le correspondían al delincuente fugado.
En una composición dice de los estadounidenses y su sentido utilitarista que fustigó duramente el uruguayo José Enrique Rodó: Empezaron a venir / cuando los americanos / empezaron a venir / y sólo se oía decir: / qué bien están los zulianos. Y más adelante: Pa’ acabarnos de arruinar / nos mandaron las victrolas / ortofónicas, radiolas / y los carritos de a real / quién se iba a imaginar / que vinieran hidroaviones, / automóviles, camiones / y el teléfono sin hilo / y cosas por el estilo / que inventan esos ladrones.
También hubo de componer unas piezas al triunfo de la evolución cubana en 1959: Ya cayó otro dictador / de los que estaban en lista / fue huyendo a Santo Domingo / un tal Fulgencio Batista / él era un imperialista /y un avaro caudillo, / se fue a Ciudad Trujillo / / no con buenas intenciones, / fue derrotado por Castro / y sus grandes seguidores.
Este juglar, músico itinerante de la patria, bohemio impenitente, falleció el 8 de febrero de 1975. En días pasados fui a visitar la que fue la peña de los músicos barrionovenses durante muchos años: El Rinconcito Arrabalero. Allí, a la sombra de silentes y añosos cujíes, muebles desvencijados, olvido, me pareció oír por un maravilloso instante el sol re la mi de la bandolina de Tino.