jueves, 23 de noviembre de 2017

El jinete del Lago de Constanza

Escribo este artículo en ocasión de estar cumpliendo yo 40 años de ejercicio docente en varios niveles educativos venezolanos. El título de él ocasionará alguna confusión, la que de inmediato paso a aclarar. Sucede que cuando camino por las calles de la ciudad de Carora, muchos antiguos alumnos me saludan diciendo: ¡El jinete del Lago de Constanza!. Ello sucede porque siendo graduado en historia en la Universidad de Los Andes, Mérida, me desempeñé en el Liceo Egidio Montesinos como docente del área de psicología, de la mano del profesor germano-venezolano Ignacio Burk y su memorable y paquidérmico libro-texto Psicología, un enfoque actual.
En tal asignatura enseñaba la psicología de la Gestalt también psicología de la forma o psicología de la configuración, una corriente de la psicología moderna, surgida en Alemania a principios del siglo XX, cuyos exponentes más reconocidos fueron los teóricos Max Wertheimer, Wolfgang Köhler, Kurt Koffka y Kurt Lewin. Gestalt es una palabra alemana que se puede traducir como “la forma de la forma”.
Allí debía contar a los muchachos una interesante y encantadora canción alemana que cuenta la historia de un jinete que cabalga por sobre una llanura en la que un manto de nieve borró todos los senderos y mojones; al atardecer, y después de mucho cabalgar, el jinete avizora una posada. El posadero que lo ve venir sale a su encuentro y le pregunta que de dónde viene, a lo que el jinete responde señalando con el dedo la llanura. Entonces, en tono de admiración y respeto el posadero le dice: “¿sabéis que habéis atravesado el Lago de Constanza?” Termina la canción folklórica germana diciendo que el jinete, al oír aquello, cayó fulminado, muerto por el terror.
Sucede que el jinete no sabía el enorme peligro que corría al cabalgar el lago suizo-alemán-austriaco que pocas veces se congela, cubriéndose de una delgada y frágil capa de hielo, insólito hecho climático que sucede cada 70 años aproximadamente. La psicología de la Gestalt nos enseña que la realidad se percibe básicamente como es, pero la subjetividad de la persona es parte de la experiencia psicológica del percibir. De tal manera que aquel desgraciado jinete creyó cabalgar una sólida llanura cuando en realidad lo hacía por sobre una quebradiza capa de hielo. Ello le costó la vida.
Bueno, esta simpática anécdota nos recuerda el enorme efecto de la narración oral y el hondo y permanente recuerdo que ocasiona en las mentes juveniles. En otras oportunidades algunos de mis ex alumnos, que son unos diez mil, me saludan llamándome Segismund Freud, que es el padre de esa mitología del siglo XX llamado psicoanálisis. Siento mucha satisfacción cuando este gesto de cordialidad y agradecimiento acontece.
El haberme transformado en docente de psicología de cuarto año, y también de filosofía en quinto año de humanidades, me acercó felizmente a la llamada historia de las mentalidades, cultivada por Marc Bloch y Lucien Fevbre, historiadores franceses fundadores de la Escuela de los Anales en 1929. Gracias a esta formación que adquirí en educación media fui capaz de realizar ensayos en mis estudios de posgrado en la Upel Barquisimeto para los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas sobre la psiquiatría del Dr. Francisco Herrera Luque, la fenomenología de Dilthey y Husserl, escribí mi tesis doctoral sobre la mentalidad religiosa en Carora desde el siglo XVI hasta el presente, la relación de psiquiatría y creación literaria modernista en el escritor larense nativo de Curarigua, Rafael Domingo Silva Uzcátegui, entre otros.
Con este último ensayo he ganado para mi gran satisfacción en 2014 el Premio Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, auspiciado por el Ministerio de la Cultura y la Alcaldía del Municipio Torres. Casualmente y mientras escribo esta nota, mi libro de crítica literaria está siendo presentado en la Feria Internacional del Libro 2017, en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, Caracas. Todo comenzó, pues, cuando el profesor Simón Villegas Lozada, director del Liceo caroreño me ofreció en el año 1981 unas 40 horas de psicología y filosofía. Gracias Simón.

lunes, 9 de octubre de 2017

Pedro II, único rey nacido en América

PEDRO II
Varios reyes han venido a despedirse del mundo acá en el Nuevo Mundo, pero solo una cabeza testada ha nacido de este lado del Atlántico. Se trata del Emperador del Brasil Pedro II, de la dinastía de los Braganza, quien nació hijo de Pedro I y la princesa María Leopoldina, hija del Emperador de Austria Francisco I, en Río de Janeiro en 1824 y murió exiliado en París en 1891 tras un largo reinado de casi medio siglo que se inicia en 1848 y culmina con un golpe militar en 1889.
MARÍA LEOPRDINA

PEDRO I

¿Y cómo pudo suceder tan inusual y heteróclito acontecimiento? Todo comenzó en 1808 cuando Napoleón Bonaparte invade la península Ibérica y destrona a Fernando VII, el rey de España. No sucede lo mismo con Joao VI, rey de Portugal quien decide trasladarse a Brasil con 15.000 miembros de la nobleza y se instala en el puerto de Río de Janeiro. De tal manera un imperio de dimensiones mundiales con inmensas posesiones en África y Asia, se traslada a América y tendrá vida muy estable desde 1808 hasta 1889, es decir 81 años en que se suceden tres monarcas de la misma familia.
El primero será Joao VI, desde 1808 hasta 1821, el segundo lo será Pedro I, desde 1821 hasta 1848, y el tercero y último Pedro II. Pedro de Alcántara, Don Pedro II, desde 1848 hasta 1889, quien nació en el palacio real de Rio de Janeiro en 1825 y llego a ser un “verdadero monarca en el trópico”, convirtiendo al país carioca en su gran pasión, como él mismo decía. Lo adornaban sólidos hábitos intelectuales, producto de una esmerada educación tomada comoasunto de Estado, que lo mostraban como un “rey filósofo”. Era un hombre alto y corpulento de 1,95 metros de estatura, ojos azules y barbas amplias y pobladas. Destaca su gran avidez por la lectura, austeridad personal, deseos de viajar y el disfrute de la vida familiar, aunque tuvo amoríos extramatrimoniales notables, uno de ellos la condesa de Barral, tutora de su hija Isabel.
JOAO II

Pedro II se convierte en un verdadero poliglota, pues dominaba el latín, griego, francés, castellano, alemán, y hasta la lengua aborigen tupí guaraní. Además de lector compulsivo, mostró gran vocación por la escritura, pues redacta un diario durante su largo reinado de 5.500 páginas, en 43 cuadernos desde 1841 hasta su deceso en 1891. Valoraba la crítica de la prensa y condenaba la esclavitud. Comenta allí sus viajes a Jerusalén y a Filadelfia, ciudad de los Estados Unidos donde participa en el primer centenario de la independencia. Acá conoce a Alexander Graham Bell, y gracias a ello trae a Brasil el teléfono. Su visita a Medio Oriente permite las primeras migraciones “turcas” al Brasil. Fue también un notable epistológrafo, pues mantuvo correspondencia con el escritor francés Víctor Hugo, con el educador y político argentino Domingo Faustino Sarmiento, el compositor alemán Richard Warner, el poeta estadounidense Walt Whitman, entre otros.

Pedro II se convierte en un verdadero poliglota, pues dominaba el latín, griego, francés, castellano, alemán, y hasta la lengua aborigen tupí guaraní. Además de lector compulsivo, mostró gran vocación por la escritura, pues redacta un diario durante su largo reinado de 5.500 páginas, en 43 cuadernos desde 1841 hasta su deceso en 1891. Valoraba la crítica de la prensa y condenaba la esclavitud. Comenta allí sus viajes a Jerusalén y a Filadelfia, ciudad de los Estados Unidos donde participa en el primer centenario de la independencia. Acá conoce a Alexander Graham Bell, y gracias a ello trae a Brasil el teléfono. Su visita a Medio Oriente permite las primeras migraciones “turcas” al Brasil. Fue también un notable epistológrafo, pues mantuvo correspondencia con el escritor francés Víctor Hugo, con el educador y político argentino Domingo Faustino Sarmiento, el compositor alemán Richard Warner, el poeta estadounidense Walt Whitman, entre otros.
El reinado de Pedro II significa para el Brasil un periodo de estabilidad y de inmenso crecimiento económico. Mientras las antiguas colonias de España se desangraban por las guerras civiles, el Brasil mostró una estabilidad política impresionante, que le permite mantener su unidad y su cultura como país, mientras Hispanoamérica se divide en múltiples repúblicas. Pedro II superó la vieja economía mercantilista que venía de la colonia e introdujo una de tipo liberal inglés, abre las puertas a la modernización abriendo
los puertos al comercio, implanta una diplomacia de tipo imperial sumamente exitosa, preserva los valores sociales culturales de la colonización portuguesa, la filosofía positivista de Agusto Comte se convierte en religión.

Sin embargo el Emperador comenzó a dar muestras de envejecimiento precoz por la diabetes, y cundía el temor de que Brasil cayera dominado por una potencia extranjera, ya que su hija Isabel, heredera del trono, se comprometió con el conde francés de Eu, la adscripción del monarca a la masonería, lo que hizo ruido a los oídos de los obispos, comenzó a debilitar su gobierno. Pero fue la abolición de la esclavitud en 1888, la principal base de apoyo de la monarquía, lo que le quita el apoyo de los poderosos hacendados de todo el país, todo lo cual propicia el golpe de estado el 15 de noviembre de 1889 a manos del mariscal Manuel Deodoro da Fonseca y que significará la caída del imperio.
De esta manera termina la curiosa historia de este único monarca nacido en América, constructor del Brasil contemporáneo y quien repetía constantemente “Brasil es mi pasión.”

Fuente: Alejandro Mendible: El Emperador Pedro II, constructor del Brasil contemporáneo. Revista de Ciencias Sociales de la Región Centroccidental, 2010-2011. Barquisimeto.

sábado, 2 de septiembre de 2017

El Niño, un libro del Dr. Pastor Oropeza

Dr. Pastor Oropeza Riera
El   Diccionario de Historia de Venezuela menciona a varios distinguidos  hombres de apellido Oropeza, todos  caroreños: Dr. Juan,  abogado y escritor, rector de la UCV en 1945; Dr. Juan Manuel, rector de la Universidad de Caracas en 1819; Dr. Ramón Pompilio, fundador del Colegio  Federal Carora en 1890; Dr. Ambrosio, abogado, constitucionalista en 1947 y 1961; y por supuesto el Dr. Pastor Oropeza Riera (1901-1991),  eminente pediatra, escritor, pedagogo y político que nos ocupa.
Cuando el Dr. Pastor regresó en su vejez a Carora en 1982, tuve la oportunidad  de entrevistarlo en compañía de Gerardo Pérez y Alejandro Barrios y hacerle  caricaturas  para el periódico Yaguarhá, órgano de la Sociedad Amigos de la Cultura. Como probado caroreño que era, se vino a morir a Carora. Acá pasaba los días  en su casa de la calle Contreras, acompañado de su esposa  Egilda, sus cigarrillos y recuerdos. Un retrato de “Papa Poncho” presidía su biblioteca. Le hice saber, para su sorpresa, que leía yo El orden caníbal, una dura critica a la profesión médica como  negocio. Alabó a su hijo natural, Héctor Mujica, como un gran escritor.
Se me pide escribir sobre él a propósito de su natalicio el 12 de octubre. Elijo hacerlo sobre uno de los libros fundamentales de la medicina en Venezuela. Me estoy refiriendo a El Niño, escrito por el joven  Pastor en 1935, que seguramente redacta mientras ejercía  la medicina y el cargo de sub-director del Colegio Federal Carora.  Es un pequeño texto de 212 páginas, impreso en la Editorial  Elite, Caracas. Ameno y pedagógico, exhibe unos rasgos fundamentales: subraya constantemente el carácter social del oficio médico, y trata de adaptar los conocimientos médicos adquiridos en Francia a las condiciones del trópico.  
Como  sabemos, Pastor  gradúa de bachiller de la mano de los doctores Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga, en el Colegio Federal Carora en 1916; de médico lo hace  en la Universidad de Caracas, en 1924, cuando refulgían las figuras de los doctores Luis Razetti y José Gregorio Hernández; y continuará sus estudios de posgrado en la Universidad de París, en donde recibe  en 1928 el título de Médico Colonial, especialidad Pediatría, bajo la guía de los doctores Marfan y Nobecourt.
Durante 10 años será médico pediatra en su ciudad natal. Esta experiencia in situ le permitirá obtener una visión concreta de las terribles condiciones de salud de los neonatos  en el semiárido. En 1935, año de la muerte de Gómez, publica El Niño, un libro señero en la medicina venezolana y que llamará la atención del médico y político Dr. Enrique Tejera, Ministro de Sanidad del gobierno de López Contreras, quien deslumbrado por lo que lee allí, lo invita a incorporarse al recién creado despacho. Nace de esta manera y con esta oportuna publicación el que será llamado Padre de la Pediatría en Venezuela.
El libro esta dividido en nueve  capítulos, con una suerte de introducción: El por qué se escribió este libro.  El cuerpo del texto se refiere  al niño en general y normal, lactancia materna, alimentación por una nodriza mercenaria, lactancia artificial, niños débiles y gemelos, alimentación en el sexto mes en adelante, destete-ablactación, higiene, el niño enfermo, reglas de higiene infantil.
Eran esos capítulos unas conferencias sobre Puericultura que elaboró cuando trabajaba como medico junto a la Sociedad Teresitas del Santuario, mujeres que socorrían con alimentos y medicinas al elemento menesteroso. Una vez escritas decide publicarlas en forma de libro. No existía entonces un tratado completo de Puericultura en el país. “Llena esta publicación un vacío, aunque sin exponer nada original”, dice su autor en un gesto de modestia.
Nos advierte que entre nosotros, más por ignorancia que por indiferencia y crueldad, existe una incomprensión absoluta de lo que significa el niño y su formación. Que la sífilis y el alcoholismo son dos venenos que de manera marcan su huella en la descendencia. El venezolano bebe demasiado.  Se deben suprimir los brebajes y depurativos de los mercaderes y hacer de los productos antisifilíticos medicamentos de Estado. Se debe estimular el deporte entre la juventud. Esa práctica hace falta porque los domingos son muy aburridos en los pueblos.
Estimula a las caridades privadas a la constitución de sociedades destinadas a la protección de la mujer indigente en cinta, como las mutualidades maternales y comedores gratuitos. Se deben revisar los aspectos legales de la protección de la madre y del niño, pues nuestra legislación es muy atrasada. Las mujeres son tiradas a la calle por el delito de tener un hijo en sus entrañas. Se debe igualar la condición del hijo natural a la del legítimo. Si al niño no se le protege, se le cuida y se le alimente convenientemente, lo más probable es que perezca y eso es lo que sucede en gran parte entre nosotros. De ahí lo exagerado de la mortalidad infantil venezolana, desgraciado factor que mantiene nuestra población estacionaria, a pesar del coeficiente de natalidad elevada.
Previene sobre la lactancia artificial. La leche materna es para el niño el único alimento racional, es la única que él puede digerir sin perjuicios para su salud. Señala que en Carora en 10 años de ejercicio ha notado solamente dos casos de muerte por gastroenteritis en dos niños  de las clases pudientes sometidos a lactancia mixta. Las curvas de peso y su evolución son iguales, si no superiores, a las expuestas por autores europeos. Agrega que el factor calor no afecta el desarrollo normal de los neonatos, como se cree en Europa. Debemos adaptar nuestros géneros de vida al trópico. La higiene nuestra debe ser distinta a la europea.
Finalmente observaremos que  Oropeza reconoce que el Presidente Gómez prestó atención y dio su apoyo para la consultoría pediátrica en el Hospital Vargas y que construye un hospital de niños, la Casa-Cuna Concepción Palacios, un reconocimiento que es oportuno destacar, pues entre nosotros ha calado la rotunda  afirmación  de Mariano Picón Salas de que Venezuela entró al siglo XX en 1936.

El pecado del Doctor Rafael Tobías Marquís/ A la memoria del profesor Taylor Rodríguez García

TOBIAS MARQUIS


Comadre y que  retorna el Doctor Marquís  Oropeza a  Carora. Comadre, que  viene de la Sodoma de América, que en ese país del norte reniegan de la Santísima Virgen María.   Liberalidad y anticlericalismo es lo que aprendió por allá ese muchacho. Es el Anticristo.  Comadre,  parece  que no oyó bien las lecciones de moral y buenas costumbres del Presbítero Doctor  Maximiano Hurtado en la iglesia de San Juan, ni las del Doctor Ramón Pompilio Oropeza en el Colegio Federal. Se fue para Caracas, ciudad donde domina una ciencia anticatólica enseñada, comadre, por dos hijos de satanás: los doctores Ernst y Villavicencio. Horror.
TAYLOR RODRÍGUEZ GARCÍA
Comadre, mire usted, el niño Rafael Tobías era devoto católico, se confesaba y comulgaba todos los domingos y hasta hermano era de la Cofradía del Santísimo Sacramento. ¿Qué le pasó entonces  al hijo de Manuel María y Francisca en esas tierras del demonio? Dicen que un tal Doctor Enrique Luppi se lo llevó para Caracas, y de allí para un territorio en donde los gringos hacen un canal gigantesco que parte el continente en dos. Dios, qué cosa tan horrible.
Pero no todo quedó allí, comadre, siéntese en ese poyo para echarle el cuento completo. De allí partió a New York, horror, un nido de judíos y anarquistas. Se graduó de agrónomo allí. Horror. Y piensa abrir un colegio para señoritas acá. Fines de mundo, comadre. Ahora si nos compusimos, si esas muchachas estudian quién se va a encargar de los tripones y quién le va a hacer el mondongo a los maridos los domingos. Horror.
Recemos un trisagio comadre porque este mismísimo año de 1915 abre el colegio de Rafael Tobías y le puso el nombre de Liceo Contreras. Qué horror. No podemos soportar que funde una revista donde escriben nuestras niñas de la libertad de la mujer, qué horror. Y de ñapa, comadre, le pone el nombre de una diosa pagana, una tal Minerva. Horroroso. Pero lo que no podemos dejar pasar es que intente hacer que las muchachas usen una cosa que trajo del norte, una vaina que llaman blúmeres. Horror. Me dicen que una de las Perera le compró dos, y que una de las Herrera le encargó una media docena. Horroroso.
Sería muy bueno, comadre, que Rafael Tobías se vaya de Carora, como se fue el fraile Ildefonso Aguinagalde, comadre. Y como se fue para Duaca el padre Carlos, el hermano mayor de Chío Zubillaga. Yo lo vi por la celosía cuando ese cura se fue, comadre.  Que se vaya también éste y que nos deje en paz, no juegue. Y que no regrese jamás con esas teorías de un tal Darwin. Ni las de un tal Dewey. Horror.
 Allá donde se doctoró ese muchacho Rafael Tobías y que están pidiendo libertad las mujeres para acostarse con quien les provoque. Horror. El matrimonio no es destino obligado para las damas allá en esa ciudad maldita, comadre.  Y como si fuera poco -horror- están hablando bien de los maricos en esas universidades conquistadas por el mismo demonio, allá en el norte. Horror. Un tal Freud que habla mucho de sexo y que fue lectura de ese muchacho allá. Horror.
Se va el hombre, comadre. Se va para Valera a montar un colegio allá, y de señoritas también. Pobres valeranos, comadre. Se lo lleva el tal Doctor Luppi otra vez. Y le puso un nombre católico, comadre, Colegio Padre Rosario, así como de camuflaje, comadre. Y se llevó a Gregorita para que le ayude con su familia, allá en Valera.
Comadre, ¿ya se enteró? Murió en Valera el Doctor Rafael Tobías, y dicen que lo van a traer a Carora a darle cristiana sepultura acá en 1923, comadre. Yo, comadre veré pasar el cortejo fúnebre detrás de la celosía. Que descanse en paz ese señor y que Dios le haya perdonado tantos atrevimientos contra la Virgen María y Jesucristo, nuestro señor. Yo, comadre, soy muy católica y apostólica, tengo mi reclinatorio cerca del altar mayor de la iglesia de San Juan con mi nombre estampado con letras grandotas, pero a ese entierro no voy ni de vaina.

martes, 1 de agosto de 2017

Antonio Lauro en su centenario

El 3 de agosto de 1917 nació en Ciudad Bolívar, hijo de prósperos
inmigrantes italianos. Su padre, Antonio Lauro Ventura, era músico compositor y bautizó a su hijo con el rito masón. Lauro se traslada a Caracas en 1926. Pese a la oposición familiar recibió clases de piano en la Escuela de Música y Declamación con Salvador Narciso Llamosas.  En esos años de 1930 visitan al país el legendario guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangoré,
 Regino Sainz de la Maza y Andrés Segovia, lo cual le hace interesarse por la guitarra, instrumento para el que compuso sus mejores obras.
Incursiona en un medio hasta entonces desconocido, la radio, al tiempo que inicia clases con el maestro Raúl Borges y se hace su discípulo más destacado. Forma el cuarteto Cantores del Trópico en 1935, el cual responde a una como respuesta nacional a la avalancha de música extranjera. Allí profundiza en los conocimientos de la música venezolana. “Lo popular criollo, silbidos,
Regino Sainz de la Maza
gritos, carcajadas y frases habladas, onomatopeyas, remedos humorísticos se notan allí, intervención de tres voces, imitaciones contrapuntísticas (Naranjas de Valencia), acertados procedimientos armónicos tradicionales, modulaciones de efectos sorprendentes (Tu Mirar), tensión rítmica (La guerra de los Vargas)”, escribe el maestro Alirio Díaz.
Poseedor de un proyecto estético personal, Lauro busca profundizar en lo autóctono, lo popular, sin dejar de lado su preparación académica. En los años 40 el trío  Cantores inicia una gira continental e incorpora un repertorio
ANDRÉS SEGOVIA
latinoamericano que luego empleará Lauro en sus composiciones. El trío ejecuta a Mozart, los que serán los primeros arreglos de Lauro para guitarra. La transición del trío de lo popular a lo clásico se había realizado. Desde allí nace el Trío Clásico de la Guitarra que interpretará a Bach, Frescobaldi, Schumann, Guadalajara,  Haydn, Scarlatti, Mozart, Albéniz, Sor, y al propio Lauro.
En los años 1960 Lauro formará un grupo de cámara con guitarras al cual colocará el nombre de su maestro Raúl Borges. Compuso trabajos para guitarra solista: Merengue, El marabino, Cuatro valses venezolanos,  Valse número 3 o Natalia, su obra por antonomasia y que fue su inspiración estando en Guayaquil en 1940. Con el valse explora la armonía popular venezolana, lo tonal-tradicional. Enriquece de tal forma el repertorio nacional y el guitarrístico. 
VICENTE EMILIO SOJO
Estrecha vínculos con el maestro Vicente Emilio Sojo, y forma parte del Orfeón Lamas en 1933, por él dirigido. En 1947 obtiene el título de Maestro Compositor bajo la conducción y fuerte personalidad de Sojo, eje del movimiento musical venezolano del siglo XX. Escribió fugas para guitarra en donde emplea formas provenientes de la tradición clásica: la sonata, la suite, la pavana y la fuga, buscando síntesis con formas nacionales.
Compuso obras para su catalogo no guitarrístico la suite venezolana, la Marisela, Cantaclaro, Poema del nacimiento, Giros negroides. Escribió también piezas corales: Crepuscular y Occidente. Alcanza su más alto unidad estilística y compositiva con la Sonata y La suite venezolana para guitarra.  En 1956 compone Concierto para guitarra y orquesta en el cual conjunciona elementos biográficos y musicales de su padre, Borges y Sojo. Se inicia entonces su etapa de madurez. Sus obras son interpretadas por el maestro internacional de la guitarra Alirio Díaz con claro éxito internacional: el Seis por derecho, Variaciones sobre un tema infantil, María Luisa, La negra, Yacambú. Angostura y La gatica.
ALIRIO DIAZ LEAL
A la ciudad del Portillo le compuso un vals venezolano llamado Carora, en 1963, y que dedicó “Al eminente caroreño Alirio Díaz. Nuestro maestro Díaz y Evencio Castellanos le dedicarán a su vez a Lauro una pieza en 1975: Homenaje.
Creó orfeones obreros, dirigió el grupo Madrigalistas de Venezuela, presidió la Orquesta Sinfónica Venezuela y la Asociación Venezolana de Autores y Compositores. Fue cantante solista en la Misa solemne, la Novena sinfonía de Beethoven, la Misa en si de Bach, el Réquien de Mozart. Y como si fuera poco, hemos de destacar su actuación política, pues sufrió duras encarcelaciones por oponerse al régimen militar que se entronizó luego del derrocamiento del presidente Gallegos en 1948. Todo un gran hombre que dio todo por exaltar lo nacional venezolano, un equivalente musical de otro hijo de inmigrantes italianos, el poeta Vicente Gerbasi.
Fuente: Alejandro Bruzual. La guitarra en Venezuela, desde sus orígenes hasta nuestros días. Banco Central de Venezuela. Caracas, 2011.