sábado, 14 de septiembre de 2013

Power Point, ¿nos vuelve estúpidos?



Otra andanada más que se agrega a lo que se ha denominado la debacle de la cultura occidental, lo constituye este libro de Franck Frommer, periodista francés, quien en 2010 publicó “El pensamiento Power Point. Ensayo sobre un programa que nos vuelve estúpidos”, Península, Barcelona, 2012. Asegura que las presentaciones de Power Point (PP) son aburridas e improductivas. Que terminan por simplificar en extremo los contenidos, volviéndonos imbéciles integrales y superficiales.

Para Frommer el impacto de PP  en la retórica tradicional de las charlas es que predomina la forma sobre el contenido. Interesa más la exhibición que la demostración y busca hipnotizar al público, limitar su capacidad de razonamiento. Al leer esto recordé algo parecido dicho por Giovanni Sartori, autor de El homo videns. La sociedad teledirigida, Taurus, 1998: La imagen anula a la palabra escrita, el “homo sapiens”, producto de la escritura, se ha transformado en un “homo videns”. Vemos imágenes sin entender.
El PP, que nació en 1987, sofoca las discusiones, dice Frommer, desalienta las preguntas y generalmente trasmite menos análisis y menos persuasión que el mismo contenido trasmitido vía oral. Limita el compromiso con el público. Donde antes había conversación, ahora hay monólogos. El arte de lo breve y simple domina el discurso, el párrafo está pasando de moda. Los nexos entre razonamientos desaparecen. A veces oculta información. También absorbe demasiadas horas-hombre, pues hacer diapositivas consume mucho tiempo. PP es la mejor muleta y las más aceptada socialmente. El miedo ancestral a hablar en público nos conmina a usar este software.
El ejército de la nación más poderosa de la Tierra ha declarado a PP su principal enemigo. El general Colin Powell, por ejemplo, justificó el ataque e invasión a Irak en 1991 en una intervención en las Naciones Unidas, mostrando unas cuantas láminas con este programa que ha seducido a unas 1.000 millones de personas en el mundo. El general estadounidense Mc Chrystal dijo en cierta ocasión: “cuando abramos entendido estas diapositivas, habremos ganado la guerra”. Se le acusa también de haber ocasionado el accidente del transbordador Columbia en 2003, pues los datos de seguridad no se entregaron impresos sino en PP. Así también se le acusa de ocasionar pérdidas en 100 mil millones de euros por estas presentaciones, pues el 85% de los receptores no sacan ningún beneficio de ellas, sostienen los integrantes del partido político Anti Power Point que se ha constituido en el país helvético, Suiza.
Se ha dicho que no es el PP en sí mismo quien ocasiona todo este desastre, sino a las personas que lo utilizan de forma inadecuada. Para ello han recomendado no abusar de las animaciones, cuidar la calidad de las imágenes, utilizar el texto en su justa medida, no  leer textos al pie de la letra, no utilizar colores estridentes ni letras de tamaño inadecuado, evitar el mal uso del sonido, no utilizar plantillas de diseño, o planteamientos precocinados, limitar el número de láminas, no presentar datos mutilados, mirar directamente a los ojos de las audiencias, pues esto es lo que impide PP.  Lo malo no es PP sino las presentaciones aburridas.
Con o sin PP, las buenas presentaciones son aquellas donde se cuentan historias y se estimula la participación de la audiencia, nos dice el defensor de este software, Donald Norman, psicólogo del diseño, profesor emérito de ciencia cognitiva  de la Universidad de California. Amalio Rey, por su parte, argumenta que PP que una presentación se debe interrumpir en cualquier momento para lanzar preguntas y generar diálogos en torno a una diapositiva, que es posible jugar con imágenes que dejen las propuestas abiertas; en lugar de textos puntillosos, el ponente no debe “competir” por la atención con las láminas, estas pueden usarse como soporte para fijar ideas-fuerza que se exploran y profundizan en la narrativa oral.
¿Volver a la tradición visual e interactiva de la pizarra? Cuando yo impartía docencia en Historia del Arte, hacía milagros con la tiza y el borrador: utilizando la técnica del cuadriculado dibujaba a mano, con gran rapidez y a gran tamaño, templos griegos, Las Meninas de Goya y de Picasso, autorretratos de Van Gogh, o a veces deslizaba una caricatura de alguna jovencita. El aula se convirtió en un verdadero taller de pintura. Fue una experiencia con adolescentes muy edificante, que me han agradecido ellos mucho tiempo después. ¿Pizarra o Power Point?: todo depende de la astucia y el ingenio que el docente le imprima a la tecnología para hacer menos aburridas sus clases