lunes, 7 de diciembre de 2015

Masacre en la academia

Pánico en universidad de Estados Unidos por un francotiradorLo acontecido en la Universidad Politécnica de Virginia, Estados Unidos, el pasado 16 de abril, merece un intento de comprensión a tan alocada conducta de un ciudadano que ha conmovido en su fibra más íntima al gigantesco y todopoderoso país del norte. Digamos en principio que la tragedia se ha producido en una sociedad tardocapitalista, a la que también se la ha dado el nombre de poscapitalista y también posmoderna. Sociedad de la abundancia a la que llamó Herbert Marcuse sociedad opulenta. Ahora bien preguntémonos: ¿por qué una sociedad que ha satisfecho tantas necesidades es de tal modo tan violenta? ¿por qué estos flemáticos personas obran de manera tan criminal y con una saña poco vista en las sociedades de Occidente? ¿por qué la violencia se expresa en los centros de enseñanza en particular?¿Qué le sucede en lo íntimo a la sociedad que primero ha entrado en el siglo XXI, muy por delante de sus pares, las democracias del Occidente cristiano?

Debemos recordar que es una nación que se ha erigido sobre la base de una fuerte tradición religiosa, la de los Padres Fundadores, los valores del rígido puritanismo de los hombres y mujeres que desembarcaron en el Mayflower en el siglo XVII. Pudiera decirse que esta religiosidad moldeó por entero a las Trece Colonias Americanas, su sistema jurídico, la enseñanza, las normas de convivencia, los patrones de sexualidad y alimentarios. Pero esa pequeña nación, que inspiró al lograr su libertad a muchos pueblos del mundo a seguirle, sufrió uno de los cambios sociales, económicos y culturales más drásticos que conoce la historia de la humanidad. Se levantó sobre la base de un genocidio al exterminar a la casi totalidad de la población aborigen, se adueñó de las extensas praderas al oeste y encontrarse con el océano Pacífico, y hasta le arrebató a México más de un tercio de su territorio, se llenó de la más  gigantesca inmigración que se conozca y que la convirtió en una Nueva Babel, esclavizó en el Sur a una población negra, lo que motivó una de las primeras guerras que con propiedad  pueden llamarse modernas. Y fue en las Trece Colonias en donde se llevó a cabo uno de los más alevosos juicios que haya visto la modernidad, el de las brujas de Salem, en 1692.

Pero es el ámbito de la economía y en la producción científica en donde se producen los  más dramáticos  y espectaculares cambios en aquella sociedad anclada en fuertes vínculos tradicionales  que la colocarían a la cabeza del desarrollo tecnológico y científico en pocas décadas. Ya en el siglo XVIII el señor Benjamín Franklin había asombrado a la corte del Luis XIV de Francia con sus descubrimientos sobre electricidad, las corrientes marinas y el uso de la información, amén de sus buenas maneras y su sentido del ahorro, virtudes que un siglo después iban a inspirar al sociólogo alemán Max Weber  a escribir su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo.  Como hija de la Pérfida Albión, superó con creces a Inglaterra en el desarrollo de la producción en masa  de bienes y servicios  a través de la domesticación de la fuerza del vapor, el telégrafo y la electricidad. Pronto se hizo América una sociedad de consumidores que pacificó sus conflictos internos y se fue convirtiendo en un gigantesco e impersonal aparato anónimo que abarca a la industria y al Estado. El individualismo, el apropiamiento del método científico y el positivismo, así como su marcado utilitarismo motivaron en 1900 al uruguayo José Enrique Rodó a escribir una de las más fieras requisitorias que se le han hecho al gigante del norte: Ariel.

Experimentó esta sociedad una modernización social de tal calidad  y de tales proporciones que le creó frustraciones, carencias y déficits específicamente modernos, uno de los cuales llamó Habermas  pérdida de sentido y pérdida de la libertad”, como producto de la cosificación de los seres humanos llevada a cabo por la razón instrumental, un producto de la modernidad  que ha separado  la fe y el saber. En este sentido han quedado destruidas las antiguas certezas, creadoras de sentido unitario que proporcionaban las imágenes mítico-religiosas. Fenómeno que a principios del siglo XX llama Weber el desencantamiento del mundo; A ello se debe agregar el manejo de la conciencia y de la opinión que crearon los países anglosajones, los EEUU e Inglaterra, anticipándose en ello a la Unión Soviética y a la Alemania nazi en varias décadas,  como lo ha mostrado el lingüista Noam Chomsky.

Esta serie de críticas a la moderna sociedad industrial avanzada que hemos expresado tuvieron como foco a la llamada Escuela de Frankfurt, fundada en 1923 por Max Horkheimer y que agrupó a mentes tan lúcidas como a Herbert Marcuse ,Teodoro Adorno, Walter Benjamín y el ya mencionado Jürgen Habermas. Su propósito no es otro que la actualización adecuada del marxismo a los tiempos actuales. La crítica de la sociedad se desplaza de la base económica  y se dirige  a la esfera de la cultura, la familia, la escuela, la religión, la moral. Una investigación total de la sociedad en la búsqueda de la emancipación  por conducto de lo que llamaron la “teoría crítica”. Después de la Segunda Guerra se interesan por el fenómeno de reciente aparición por aquellos años, la industria cultural, la que, dicen estos filósofos, supone el eclipse de la reflexión crítica. Una sola y omnímoda razón domina las democracias occidentales, a lo que se agrega que el sistema soviético responde a la misma racionalidad manipuladora que en Occidente, como muestra Marcuse en su obra El marxismo soviético (1958), pensador que se dirigió a la crítica de la sociedad occidental desarrollada, que, según afirma, sólo en apariencia es permisiva, pues son las clases dominantes las que organizan el consenso y también el disenso.

En una sociedad como la norteamericana se ha establecido unos aparatos de poder y unas estructuras económicas supercomplejas extraordinariamente eficaces como producto último de la razón instrumental. Habermas sostiene que a pesar de ello existen tres mundos en los cuales opera la acción no instrumental y, por consiguiente, emancipadora: 1º: entre sujeto y realidad, 2º: entre sujeto y el mundo de la sociabilidad y 3º: entre el sujeto mismo y otras subjetividades. Estos tres mundos constituyen el mundo de la vida. En tal sociedad el conflicto se produce, ya no entre clases sociales como lo dijo Marx hace 150 años, sino entre el sistema donde actúa la racionalidad instrumental y los distintos mundos de la vida, constituidos  por valores, cotidianidades y emociones. Es decir, entre los media controladores de la opinión que intentan colonizar el mundo de la vida. Frente a este nuevo tipo de amenaza el marxismo decimonónico parece poco menos que inútil. Habermas propone que ante tan sombrío cuadro de cosas urge establecer luchas locales en defensa del mundo de la vida para enfrentar  la colonización  desarrollada  por el sistema para lograr una reunificación general de las consciencias en un mundo secularizado, es decir en un mundo  que ya no tiene los referentes teleológicos premodernos que garantizaban la jerarquía de los saberes y articulaba los valores éticos y cognitivos. El racionalismo occidental  ha desgajado ciencia, moral y arte. La fe y el saber se separan, la fe es enviada a la vida privada, se atrofia la individualidad y los centros de enseñanza  forman  la ominosa clase de los especialistas sin espíritu.


Las noticias que nos llegan por diversas vías desde los EEUU muestran un cuadro desolador  de lo que puede hacer la manipulación de los media. Todos ellos se afincan en el análisis individual, es decir en la persona del joven asiático que disparó con tal eficiencia sobre sus compañeros, pero ninguno de los medios va más allá y preguntarse qué le sucede a  esta sociedad en su conjunto para que acontezcan eventos de tal monstruosidad.  Era un joven que dejó una nota donde se queja de los más aborrecibles pecados de estos especialistas sin espíritu y gozadores sin corazón, sus compañeros de universidad, a los que llamó libertinos y charlatanes embusteros. Ninguno de los media se detuvo a meditar sobre la formación confuciana del joven Cho Seung-Hui, una ética de la vida que privilegia la virtud de los ciudadanos. Puede que haya habido un componente psicológico complejo e individual en el joven surcoreano, pero que tales perturbaciones no se hubiesen expresado de tan cruel manera si el mundo de la vida gobernara sobre los omnímodos poderes anónimos del sistema.

EL PAPA BENEDICTO XVI EN BRASIL II

Resultado de imagen para El papa Benedicto XVI en BrasilSiglos atrás, en la colonia, dice Freyre, portugueses, españoles, judíos e italianos llevaron al Brasil el culto a Venus Urania, una forma de lujuria y amor -digo yo- que bien puede ser un antecedente del carnaval carioca. Agrega  que la religión fue “dulce, doméstica, de relaciones casi de familia entre los santos y los hombres. Fue ese un cristianismo doméstico, lírico y festivo, de santos compadres y santas comadres de los hombres, de Nuestras Señoras madrinas de los niños, el que creó en los negros  las primeras vinculaciones espirituales, morales y estéticas con la familia y la cultura brasileñas” (Casa –grande y senzala.1985. p.328). Ello permitió que en este país se dieran formas religiosas afrobrasileñas que son practicadas por el 20 % de los 184 millones de cariocas, de los cuales un elevado 45 % son mulatos o negros. Es decir que unos 36 millones de personas practican las variantes de las creencias traídas de Africa por los esclavos negros: la santería , el candomble, entre otros. En Brasil como en ningún otro país se hizo tan efectiva una pedagogía negra, como la llamó Arturo Uslar Pietri. En 1837 se preguntaba el clérigo Miguel del Sacramento Lopes Gama: “¿Cuáles son nuestros primeros maestros? Son la africana que nos amamantó, que nos cuidó y que nos suministró las primeras nociones… Modales, lenguaje, vicios, todo nos inocula esa gente inculta y brutal…(Freyre, op.cit. p. 324)Sigue diciendo Freyre -y esto nos asombra- que “los negros mahometanos del Brasil…no perdieron su contacto con Africa. Tampoco lo perdieron los negros fetichistas de las áreas de la cultura africana más adelantadas. Los pagós, del reino de Yoruba, se dieron el lujo de importar, lo mismo que los mahometanos, objetos del culto religioso y de uso personal: nuez de kola, cauríes, telas y jabón de la Costa, aceite de dendé.” (p. 293). En el Brasil, dice Freyre, negros y blancos no son dos mitades enemigas, como entre los anglo-americanos. Constituimos dos mitades confraternizantes que se vienen enriqueciendo mutuamente de valores y de experiencias diversas; cuando nos completemos en un todo, no será a costa del sacrificio de un elemento al otro.(p. 312)
 Llegamos al siglo XX y nos encontramos  que en Latinoamérica se ha desarrollado la filosofía más actual y original: la Teología de la Liberación, la que a pesar de su variedad de métodos y de matices, tiene un denominador común: “la opción por los pobres”. Denuncian la explotación capitalista del hombre por el hombre  y aspiran a alcanzar un socialismo humano y democrático, en donde el pueblo tenga la palabra. Su lucha cotidiana bebe en las fuentes del Antiguo Testamento de la Biblia, el Exodo (el pueblo de Israel oprimido por el faraón), los Hermanos Macabeos (su lucha contra el Imperio romano), y en la vida sacramental de las Iglesias católicas y protestantes; ha sido objeto de las Conferencias Episcopales de Medellín (1968) y Puebla (1979), así como de las preocupaciones de la Curia Romana y de los viajes de Paulo VI , Juan Pablo II, a los que habrá de agregar el de Benedicto XVI al Brasil en los días que corren. Se considera que el iniciador de esta praxis proletaria y fe crística  es el  sacerdote peruano, alumno de las universidades de Lovaina y de Lyon, Gustavo Gutiérrez (1928). El Brasil, con su impresionante cantidad de pobres, no podía estar al margen de este movimiento. Es Leonardo Boff (1938) quien plantea la desalienación (un concepto marxista) por el Evangelio en sus obras: A Igreja sacramento do Espíritu Santo (1973), Jesucristo libertador (1974), Teología del cautiverio y de la liberación (1978) Caminhos da Igreja com os oprimidos (1980), Igreja, caminho e poder (1985). Un laico muy comprometido es Frei Betto (dominico que entrevistó a Fidel Castro), a los que debemos agregar a otros animadores cristianos: entre los protestantes, militan Hugo Assmann, que dejó el catolicismo denunciando la “teología de la dominación” (1986) y Rubén Alvés (1933) perteneciente a la Iglesia Presbisteriana ,autor de Tomorrow`s Child (1972), A gestaÇao do futuro, y O enigma do religiao (1984); ambos son de un estilo, como los de Boff y Betto, bastante marxista. Millones de brasileños han sido permeados por esta prédica y son tiempos en el que el país vive grandes transformaciones bajo el gobierno del presidente Lula.
Brasil, dijo Ribeiro, como producto no deseado de un proyecto que tenía como finalidad producir azúcar, oro o café y lucros, pero que terminó engendrando un pueblo, está en la mira de la Santa Sede. Un país que logró un milagro, dice Freyre, ante todo el milagro de poner la propia religión al servicio de la procreación, impregnando todo de sexo. ¿Podrá comprender este complejo cuadro de cosas  la mentalidad vaticana post Juan Pablo II ? Es uno de los enigmas más serios que nos plantea la visita  a Sao Paulo del otrora Prefecto  de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe, la inminente canonización del fraile Galvao por él estimulada y que hará del religioso de Guaratinguetá (1739-1822) el primer santo brasileño, quien además ha impuesto  una estricta fidelidad a la tradición que lo ha llevado, guiado por su erudición y sus convicciones, a no reconocer la legitimidad de las otras religiones, ¡incluso el Islam!, a negar todo relativismo y a sostener que una sola religión es la verdadera , la que él profesa.¿Será capaz la mentalidad germánica, conservadora y fría de Ratzinger comprender semejante desafío brasileño?           

El papa Benedicto XVI en Brasil I

Resultado de imagen para El papa Benedicto XVI en BrasilEl recién electo Papa Benedicto XVI acaba de anunciar que pronto será elevado a los altares el fraile Galvao, religioso que vivió en los siglos XVIII y XIX, quien de tal forma se constituirá en el primer carioca en gozar de tal privilegio y que sólo es potestad del Vaticano decidir. La Santa Sede le reconoció  dos milagros. La canonización, dice el cable de AFP del 24-2-2007, diario El Impulso, será celebrada por el Papa en el de Campo de Marte en la ciudad de Sao Paulo. La noticia ha pasado casi desapercibida en el mundo de habla castellana y ha sido anunciada poco después de que ha terminado la más libertina fiesta que se realiza en el orbe, el carnaval de Rio de Janeiro. Es el comienzo de la muy católica Cuaresma que ha dejado atrás al carnaval, palabra que significa “adiós a la carne”.
El polémico Vicario de Cristo, el alemán Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, viene de protagonizar uno de sus más caros errores cometido por algún Papa, enfrentar el Islam de una forma poco adecuada para el cargo que ejerce, que desdice de la política ecuménica de la Iglesia católica en su afán de establecer vínculos con las otras religiones. Por otro lado, es indiscutible el descrédito que ha sufrido el catolicismo en los EEUU por la pedofilia de algunos sacerdotes, en tanto que en el viejo continente no cesa de desencantarse el mundo como sostuviera Weber: Europa cada día cree menos en lo sobrenatural. Este son los móviles que impulsan al Papa a abrir nuevos escenarios para hacer crecer –son sus palabras, las que niegan todo relativismo- la verdadera religión, la religión de Jesuscristo .Y ha puesto su interés en el gigantesco país del sur, Brasil
Pero lo que me llama la atención es el retardo que ha sufrido la gran “civilización de trópico”, como llamó Gilberto Freyre al Brasil  con respecto a la otra mitad del mundo iberoamericano, quien desde hace tiempo cuenta con una buena cantidad de santas y santos, beatos, beatas, venerables. Estoy pensando en Santa Rosa de Lima (1586-1617), San Pedro Claver (1580-1654), y recientemente se elevó a la santidad a un noble mexicano, el indio  Juan Diego, personaje que estuvo ligado a la aparición de la virgen de Guadalupe en 1531. Está a la espera el mártir de la Iglesia salvadoreña Monseñor Romero, asesinado por la derecha en 1980. ¿Qué explicaría este vacío tan grande y de qué manera darle una explicación histórica a esta omisión tan significativa, tan llena de contenido? Empecemos a decir que el vacío ideológico producido por el repudio de la escolástica, y después por el abandono de la Ilustración y del espiritualismo romántico en hispanoamérica fue ocupado durante el siglo XIX, por la impetuosa irrupción del positivismo. El epicentro de ello fue Brasil, nos dice Alan Guy en Panorama de la filosofía iberoamericana.2002. P. 71 , filósofo francés que se dedicó a dar a conocer en el mundo el pensamiento filosófico latinoamericano. En Brasil, el positivismo no fue solamente una filosofía teorética y una religión organizada, el positivismo fue además una fuerza política de tamaña consistencia que desempeñó  una función en el advenimiento de la República en 1889, cuando Pedro II fue derrocado por el ejército.
El Brasil era por aquel entonces el país menos católico de toda la América Latina. Ello se debe en parte en que durante la colonia ese territorio contaba con sólo dos diócesis y a que allí tuvo una enorme fuerza la francmasonería con todo su liberalismo anticlerical. El mismo Emperador Pedro II, extremadamente erudito, era muy anticlerical. Además, agrega Guy, el régimen de patronato sometía la Iglesia al Estado (como en Venezuela y al resto de la América hispana) y engendraba un  clima anti-romano y un cierto regalismo análogo al galicanismo francés y al janseismo español del siglo XVIII. De modo pues que el espíritu anticlerical y antimetafísico del positivismo comteano, “la religión de la humanidad”, echó hondas raíces allí, a tal punto que en 1881 se creó el Apostolado Positivista de Brasil que reclutó mucha gente. Eran unos verdaderos místicos de la religión positivista. Se sabe cómo  la divisa del Brasil, Ordem e progreso, fue sugerida   por los positivistas que formaban parte del nuevo régimen y que obtuvieron enseguida la separación de la Iglesia del Estado. En oposición a los países hispanoamericanos, sufrió el positivismo brasileño una inclinación religiosa extraordinaria, pero sin lo sobrenatural. Fue Brasil, dice Gómez Robledo, el Canáan del positivismo. El pueblo brasileño había eliminado al cristianismo bimilenario, pero sentía una necesidad de afectividad religiosa que se sació con el comtismo , dice  el francés Alan Guy.