lunes, 7 de diciembre de 2015

El Cuervo

Hace 170 años, en 1845, vio la luz uno de los poemas más extraordinarios de la literatura universal: The Raven, por su título original en inglés. Escrito por un incomprendido  por entonces escritor sureño estadounidense llamado Edgar Allan Poe, quien además vivió una tormentosa y alucinada vida de apenas 40 años. Otros hombres geniales han vivido de forma intensa y fulgurante: Van Gogh 37 años,  y a nuestro excelso poeta José Antonio Ramos Sucre el insomnio lo acabó a los 40 en la lejana Suiza.
A mi me sucedió que leí primero, antes que el poema, el ensayo de Poe Filosofia de la composición,  en donde explica cómo escribió aquel genial poema que se resiste a ser traducido, ello porque tiene unas resonancias  y musicalidades muy propias de la lengua anglosajona, aunque Mallarmé hizo una traducción magnífica a la lengua francesa, con el titulo Le Corbeau. Otro tanto hizo Cortázar, su imbatible traductor al castellano.
Hagamos un resumen de su extraordinario contenido: un hombre  que ha perdido a su amada lee por la noche un libro antiguo, oye de pronto unos golpes a su puerta, la abre pero no hay nadie allí. Se repite el golpeteo en la ventana. Al abrirla entra revoloteando un cuervo, quien se posa en el busto de Palas. Pregunta el adolorido hombre  a la lúgubre ave si volverá a encontrarse con su amada, a lo que responde el cuervo con un penetrante estribillo: ¡nevermore!. Una palabra inimitable en sentido y sonido que hace la poesía intraducible.
En la lirica inglesa nunca se había escrito nada semejante. Es como el extenso  Primero sueño de Sor Juana Inés de la Cruz, un poema único en lengua castellana. El Cuervo apareció por vez primera el 29 de enero de 1845 en el Evening Mirror de Nueva York. Se comentó y se celebró en todo Estados Unidos y en todo el mundo de habla inglesa. Supuso un punto culminante de la valoración literaria de Poe en vida. Otros poemas suyos, tales como el poema cosmogónico Eureka, no fueron comprendidos y valorados sino en el siglo XX.
El poema le trajo  notoriedad, pero también algunas acusaciones de plagio, pues el ave en cuestión aparece en la producción literaria de muchos poetas, sostenían sus acusadores. En los años siguientes Poe lo recitó con su bella voz musical y entonación altamente efectista, con lo que consiguió éxito considerable en muchas ciudades del Este de los Estados Unidos de antes de la Guerra Civil.
El poema tiene el rigor de un problema matemático, por lo que no hay allí un detalle de la composición atribuible al azar o a la intuición. El poema no es fruto de la gracia o de la inspiración, sino que es una operación de cálculo o una partida de ajedrez. Paúl Valéry  llama a Poe el primer “ingeniero literario” de la literatura universal y Gottfried Benn consideró como el único rasgo moderno del arte el que los poetas Pound, Eliot, Valéry, Mallarmé, Baudelaire y Poe, se interesan tanto por el proceso de composición poética como por la obra misma.
“Extraña música aterrenal” despide este singular poema, dijo en su momento la escritora Frances Sargent Osgood, quien mantuvo una gran amistad con Poe hasta su muerte ocurrida en 1849. Pero el suceso más importante ocurrido a la obra de Poe sucederá el 27 de enero de 1847 cuando el francés Charles Baudelaire leyó El Gato Negro, con lo que ganó de manera  póstuma el mayor apóstol de su fama universal. Ignoraba por completo Poe, el incomprendido escritor, extraña aparición antiamericana, hundido en la hipocondría y el miedo, que en Francia y por efectos del descubrimiento de su obra por Baudelaire, se iba a producir uno de los sucesos más asombrosos de la literatura universal. Entre 1856 y 1857 presentó el poeta francés 36 obras en prosa de Poe en una traducción hasta ahora inigualada.
Poe es considerado hoy  casi el inventor de la literatura estadounidense, padre de la novela corta y del relato policial y quien se adelantó a los descubrimientos de la psicología de las profundidades al incorporar su propia psiconeurosis a la literatura.  Es reconocida su influencia en Melville, Wilde, Stevenson, Conan  Doyle, Rosetti, Dostoyevki, aunque no fuera especialmente apreciado en la difunta Unión Soviética. En el ámbito hispánico Antonio machado lo consideró fundador de la poesía moderna y Neruda habló de su “matemática tiniebla”.