lunes, 14 de mayo de 2012

Pedro infante, el mito


Pedro infante, el mito.

Por Luis Eduardo Cortés Riera
luiscortesriera@hotmail.com


Dice Octavio Paz que la antropología  muestra que se puede vivir en un mundo regido por los sueños y la imaginación , sin que esto signifique anormalidad o neurosis (El arco y la lira.1972. P. 117.) Pues bien estamos en presencia de uno de los más persistentes e interesantes mitos que ha creado la originalidad hispanoamericana, Pedro Infante (Mazatlán,18-11-1917- Mérida,15-4-1957). Ya Frazer había denunciado la persistencia de las creencias mágicas en el mundo moderno y no nos extrañe que en esta parte excéntrica de la civilización occidental, América latina, se  haya creado un verdadero mito moderno alrededor de la figura humana de este extraordinario cantante, actor y aventurero mexicano, quien por la necesidad de lo absoluto y el provocar todos los riesgos para demostrar que era inmortal, piloteaba su propio avión en donde consiguió una muerte temprana un Lunes Santo,15 de abril de 1957. No había cumplido los 40 años.

Toda sociedad crea mitos y tiene necesidad de ellos. Dice Max Müller que la mitología no es una simple colección de fábulas (…) sino un problema  que hay que resolver, y un problema tan importante como cualquier otro en la historia del mundo.(Mitología comparada.1988. P. 127 ) Por su parte el español Luis Cencillo nos advierte  que ya se puede comprender que los mitos constituyan uno de estos sistemas categoriales  (filosofía, historia, ciencia o poesía son otros ) y que pueden configurar y transmitir (o generar) conocimientos válidos y más profundos incluso o universales que los de,(…)la razón abstracta , sólo que deberán ser “descodificados” en su configuración alegórica o metafórica (Los mitos,sus mundos y su verdad. 1988. P.28.) Este autor agrega que ya no pueden existir mitos modernos , pero sí subsiste  la necesidad de crear mitos o lo que más se parezca a los antiguos mitos. (P.23) De modo que estamos en la edad de la razón, decían los ilustrados del siglo XVIII, sólo que hoy- nadie duda-la sociedad moderna es epidérmicamente racional. Lo que llamamos despectivamente “mentalidad primitiva” se encuentra en todas partes , ya recubierta por una capa racional, ya a plena luz, escribe Octavio Paz  (op. cit. P. 120). El mexicano  nos dice, además, que ello se debe a que en el hombre moderno hay una nostalgia. Son el testimonio de una ausencia, las formas intelectuales de una nostalgia (P. 118)

Para que pueda hablarse con propiedad de mito, dice Cencillo.( op. cit. P. 13), han de darse tres condiciones: 1º ser un producto colectivo, 2º ser de raíz inconsciente, 3º estar fundidos en una praxis ritual. Para satisfacción nuestra, la vida  de Pedro Infante cumple a cabalidad estas tres condiciones, de forma que no resulta de ningún modo descabellado calificarlo de tal modo: un verdadero mito hispanoamericano de habla castellana y sentimiento barroco. Para entenderlo empecemos con una pregunta : ¿qué hizo posible el origen del mito del célebre cantante y actor mexicano? Lo primero que me asalta a la mente es la idea de que los hispanoamericanos somos un colectivo histórico de habla castellana que cuenta en la actualidad con unos 800 millones de seres humanos que tienen a la lengua de Cervantes como su lengua materna. Una lengua que desde su aparición hace unos mil años ha generado mitos y leyendas como  ninguna otra, sino  pensemos en el Cid campeador, el Quijote, el Libertador Simón  Bolívar , Pancho Villa o el Ché Guevara.

Esta inmensa y rica comunidad ha tenido secularmente una necesidad ontológica que le acompaña  persistentemente y que se expresa en unas preguntas: ¿Quiénes somos los hispanoamericanos? ¿Existe un modo de ser latinoamericano? Preguntas que han inquietado a los hombres  más lúcidos que hablan y escriben en castellano o portugués: Simón Bolívar ,Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento ,José Ingenieros,  José Martí, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, José Carlos Mariátegui, Darcy Ribeiro,Arturo Andrés Roig. En la necesidad de responder a tales preguntas los hispanoamericanos hemos creado utopías y mitos, que han sido nuestros más representativos elementos de producción simbólica de habla castellana en  lucha contra el avasallamiento y la violencia.

En la conformación de esta producción simbólica ha jugado un papel capital en la creación de nuestra comunidad imaginada la literatura. Es en el siglo XIX cuando, sostiene el mexicano Carlos Monsiváis (Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina.2000), nace en la literatura la idea de lo popular, idea que se reafirmará en el siglo siguiente cuando a la literatura se agregan el cine , la radio y la televisión. De esta forma tenemos montado el mito pedroinfantino y mexicano. Pero aún nos hacen falta otros elementos de nuestra cultura. Uno de ellos nació en ese espacio multiétnico y multilingüe, el mar Caribe, su majestad el bolero, uno de los géneros fundamentales de la música popular, el amor hecho discurso. Para el investigador venezolano José García Marcano ,(Siempre boleros: 111 años de boleros. 1994): “el bolero nos pertenece por igual ya que todos los hispanoamericanos tenemos en común nuestra afición por el bolero”. La patria de este género musical es la mayor de las Antillas, la isla de Cuba, se afirma que el primero de ellos es la canción “Tristezas” de Pepe Sánchez, compuesta en 1883. Hace algunos años decía el cantautor mexicano Armando Manzanero que su pasión por el bolero le nació en su Yucatán nativo, pues por las noches podía oír por la radio las emisoras cubanas.

He aquí que nos encontramos con una de las características más notables del bolero, su capacidad de interrelacionarse con una gama muy amplia de formatos vocales e instrumentales dando lugar a fusiones como el danzón-bolero ,bolero-son, bolero-mambo, bolero-tango ,bolero-salsa  y ,en el caso que nos ocupa, el bolero ranchero. El ritmo cubano del bolero acaba siendo apropiado como un símbolo del nacionalismo musical popular urbano mexicano, que se fusiona con otra creación cultural, en este caso mexicana, la ranchería,  que tiene sus  antecedentes más remotos en el siglo XVII, pues según refiere Octavio Paz en Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, la monja novohispana hace ya referencia a la fiesta de la ranchería en sus escritos en verso. Es necesario indicar que el tan publicitado rodeo norteamericano hunde sus raíces en la ranchería , pero que eso jamás lo admitirían los gringos. Es casi un asunto de Estado.

¿Por qué los latinoamericanos amamos hasta el delirio y la locura a Pedro Infante , sus canciones, sus películas y sus aventuras? ,es una pregunta que debemos responder valiéndonos de las ideas freudianas acerca del inconsciente; pero es el médico suizo Carl Gustav Jung (El hombre y sus símbolos) con la creación del concepto de inconsciente colectivo y de los arquetipos, unas funciones psíquicas originarias y que en cierto  modo orientan en módulos de comportamiento las instancias psíquicas fundamentales de la especie humana, quien se acerca de manera notable a una explicación del ídolo mexicano. La música y las cintas de este  hombre han ayudado a formar la memoria colectiva, la identidad y el deseo del individuo mediante una experiencia material. El bolero ranchero funciona como modelo cultural transgresivo para la mayoría de la población latinoamericana: los pobres. Sino veamos los títulos y las letras de sus canciones:”Flor sin retoño”,”El plebeyo”, “El aventurero”, “Cien años”  (considerado el primer bolero ranchero,1954),y otras. Nos dice Monsiváis que Pedro Infante es una especie de Robin Hood del asfalto.

Pero es el cine mexicano quien definitivamente internacionalizó el bolero. Dice Monsiváis que lo que lograba el cine mexicano era incorporar de inmediato la tradición familiar, las canciones las volvía hogareñas de golpe. Una canción para transitar  de producto artístico y comercial a institución hogareña requería de la bendición del cine. Es una épica de la embriaguez, ocurre en el momento en que todavía es prestigioso el machismo , fenómeno cultural estudiado por Samuel Ramos(El perfil del hombre y  la cultura de México. 1934) y Octavio Paz (El laberinto de la soledad.1947). Pedro Infante, el “Carpintero de Guamúchil”, pasa a formar una suerte de santoral laico. Una de las películas más taquilleras del cine mexicano de la “época de oro” es, a no dudarlo, “Nosotros los pobres” (1947), un monumento fílmico de la cultura popular. En palabras del crítico Jorge Ayala Blanco: “Es muy difícil hablar de “Nosotros los pobres” y valorar objetivamente su visión de la Ciudad de México. Es un desafío a la exégesis (…) La variedad de sus estilos, su acendrado barroquismo y sus proyecciones sentimentales invalidan cualquier juicio severo o cualquier tentativa de fácil liquidación. Es un nefando producto populachero  y todo lo contrario al mismo tiempo. Existe como una piedra de toque del cine mexicano, como un objeto maravillosamente monstruoso, como un sujeto independiente. Tiene mayor fuerza y vida que todo el cine del año realizado en su conjunto. “Nosotros los pobres” es, hoy, un hecho cinematográfico que administra sus defectos y exageraciones para ahondar en la eficacia de sus efectos” (La aventura del cine mexicano.1985)

Finalmente, el rito, una especie de actualización simbólica o no del mito(…) tendente a producir efectos psicológicos o sociales (Cencillo.op. cit. P.21) y que comenzó con el descomunal sepelio que convocó a un millón de personas a desfilar ante su féretro. Todos los años y en forma rutinaria los canales de televisión de todo el continente,¡incluido los EE UU! , nos deleitan con las cintas del ídolo azteca y que fueron unas 60 las que protagonizara en 17 años de  vida artística, a lo que debemos agregar  que sus canciones se oyen de forma atemporal porque parecen estrenos de todos los días. Canciones y cintas que han modelado profundamente nuestra vida anímica y sentimental. Somos un pueblo ritual, dice Octavio Paz, y esta tendencia beneficia nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas.

 Pero es de destacar que en una comunidad de humildes trabajadores del agro y pequeños comerciantes descendientes de los aborígenes gayones, camagos y ajaguas del estado Lara, República Bolivariana de Venezuela, en la cálida población de Santo Tomás del Valle de Quíbor , se celebra todos los años, los días 15 de abril, un magnífico y colorido homenaje, una fiesta popular que haría palidecer a las que se le hacen en su natal patria a este inmortal astro de la canción y del cine mexicano de todos los tiempos, que nos hizo reír y llorar en los cines Salamanca, Bolívar , Estelar y Trasandino de la ciudad de Carora en la década de los años 60.

                                                                                Carora, febrero de 2007.








Masacre en la academia


Masacre en la academia.
                                                                                       Por Luis Eduardo Cortés Riera
                                                                                          luiscortesriera@hotmail.com
Carora,abril de 2007

Lo acontecido en la Universidad Politécnica de Virginia, Estados Unidos, el pasado 16 de abril, merece un intento de comprensión a tan alocada conducta de un ciudadano que ha conmovido en su fibra más íntima al gigantesco y todopoderoso país del norte. Digamos en principio que la tragedia se ha producido en una sociedad tardocapitalista, a la que también se la ha dado el nombre de poscapitalista y también posmoderna. Sociedad de la abundancia a la que llamó Herbert Marcuse sociedad opulenta. Ahora bien preguntémonos: ¿por qué una sociedad que ha satisfecho tantas necesidades es de tal modo tan violenta? ¿por qué estos flemáticos personas obran de manera tan criminal y con una saña poco vista en las sociedades de Occidente? ¿por qué la violencia se expresa en los centros de enseñanza en particular?¿Qué le sucede en lo íntimo a la sociedad que primero ha entrado en el siglo XXI, muy por delante de sus pares, las democracias del Occidente cristiano?

Debemos recordar que es una nación que se ha erigido sobre la base de una fuerte tradición religiosa, la de los Padres Fundadores, los valores del rígido puritanismo de los hombres y mujeres que desembarcaron en el Mayflower en el siglo XVII. Pudiera decirse que esta religiosidad moldeó por entero a las Trece Colonias Americanas, su sistema jurídico, la enseñanza, las normas de convivencia, los patrones de sexualidad y alimentarios. Pero esa pequeña nación, que inspiró al lograr su libertad a muchos pueblos del mundo a seguirle, sufrió uno de los cambios sociales, económicos y culturales más drásticos que conoce la historia de la humanidad. Se levantó sobre la base de un genocidio al exterminar a la casi totalidad de la población aborigen, se adueñó de las extensas praderas al oeste y encontrarse con el océano Pacífico, y hasta le arrebató a México más de un tercio de su territorio, se llenó de la más  gigantesca inmigración que se conozca y que la convirtió en una Nueva Babel, esclavizó en el Sur a una población negra, lo que motivó una de las primeras guerras que con propiedad  pueden llamarse modernas. Y fue en las Trece Colonias en donde se llevó a cabo uno de los más alevosos juicios que haya visto la modernidad, el de las brujas de Salem, en 1692.

Pero es el ámbito de la economía y en la producción científica en donde se producen los  más dramáticos  y espectaculares cambios en aquella sociedad anclada en fuertes vínculos tradicionales  que la colocarían a la cabeza del desarrollo tecnológico y científico en pocas décadas. Ya en el siglo XVIII el señor Benjamín Franklin había asombrado a la corte del Luis XIV de Francia con sus descubrimientos sobre electricidad, las corrientes marinas y el uso de la información, amén de sus buenas maneras y su sentido del ahorro, virtudes que un siglo después iban a inspirar al sociólogo alemán Max Weber  a escribir su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo.  Como hija de la Pérfida Albión, superó con creces a Inglaterra en el desarrollo de la producción en masa  de bienes y servicios  a través de la domesticación de la fuerza del vapor, el telégrafo y la electricidad. Pronto se hizo América una sociedad de consumidores que pacificó sus conflictos internos y se fue convirtiendo en un gigantesco e impersonal aparato anónimo que abarca a la industria y al Estado. El individualismo, el apropiamiento del método científico y el positivismo, así como su marcado utilitarismo motivaron en 1900 al uruguayo José Enrique Rodó a escribir una de las más fieras requisitorias que se le han hecho al gigante del norte: Ariel.

Experimentó esta sociedad una modernización social de tal calidad  y de tales proporciones que le creó frustraciones, carencias y déficits específicamente modernos, uno de los cuales llamó Habermas  pérdida de sentido y pérdida de la libertad”, como producto de la cosificación de los seres humanos llevada a cabo por la razón instrumental, un producto de la modernidad  que ha separado  la fe y el saber. En este sentido han quedado destruidas las antiguas certezas, creadoras de sentido unitario que proporcionaban las imágenes mítico-religiosas. Fenómeno que a principios del siglo XX llama Weber el desencantamiento del mundo; A ello se debe agregar el manejo de la conciencia y de la opinión que crearon los países anglosajones, los EEUU e Inglaterra, anticipándose en ello a la Unión Soviética y a la Alemania nazi en varias décadas,  como lo ha mostrado el lingüista Noam Chomsky.

Esta serie de críticas a la moderna sociedad industrial avanzada que hemos expresado tuvieron como foco a la llamada Escuela de Frankfurt, fundada en 1923 por Max Horkheimer y que agrupó a mentes tan lúcidas como a Herbert Marcuse ,Teodoro Adorno, Walter Benjamín y el ya mencionado Jürgen Habermas. Su propósito no es otro que la actualización adecuada del marxismo a los tiempos actuales. La crítica de la sociedad se desplaza de la base económica  y se dirige  a la esfera de la cultura, la familia, la escuela, la religión, la moral. Una investigación total de la sociedad en la búsqueda de la emancipación  por conducto de lo que llamaron la “teoría crítica”. Después de la Segunda Guerra se interesan por el fenómeno de reciente aparición por aquellos años, la industria cultural, la que, dicen estos filósofos, supone el eclipse de la reflexión crítica. Una sola y omnímoda razón domina las democracias occidentales, a lo que se agrega que el sistema soviético responde a la misma racionalidad manipuladora que en Occidente, como muestra Marcuse en su obra El marxismo soviético (1958), pensador que se dirigió a la crítica de la sociedad occidental desarrollada, que, según afirma, sólo en apariencia es permisiva, pues son las clases dominantes las que organizan el consenso y también el disenso.

En una sociedad como la norteamericana se ha establecido unos aparatos de poder y unas estructuras económicas supercomplejas extraordinariamente eficaces como producto último de la razón instrumental. Habermas sostiene que a pesar de ello existen tres mundos en los cuales opera la acción no instrumental y, por consiguiente, emancipadora: 1º: entre sujeto y realidad, 2º: entre sujeto y el mundo de la sociabilidad y 3º: entre el sujeto mismo y otras subjetividades. Estos tres mundos constituyen el mundo de la vida. En tal sociedad el conflicto se produce, ya no entre clases sociales como lo dijo Marx hace 150 años, sino entre el sistema donde actúa la racionalidad instrumental y los distintos mundos de la vida, constituidos  por valores, cotidianidades y emociones. Es decir, entre los media controladores de la opinión que intentan colonizar el mundo de la vida. Frente a este nuevo tipo de amenaza el marxismo decimonónico parece poco menos que inútil. Habermas propone que ante tan sombrío cuadro de cosas urge establecer luchas locales en defensa del mundo de la vida para enfrentar  la colonización  desarrollada  por el sistema para lograr una reunificación general de las consciencias en un mundo secularizado, es decir en un mundo  que ya no tiene los referentes teleológicos premodernos que garantizaban la jerarquía de los saberes y articulaba los valores éticos y cognitivos. El racionalismo occidental  ha desgajado ciencia, moral y arte. La fe y el saber se separan, la fe es enviada a la vida privada, se atrofia la individualidad y los centros de enseñanza  forman  la ominosa clase de los especialistas sin espíritu.


Las noticias que nos llegan por diversas vías desde los EEUU muestran un cuadro desolador  de lo que puede hacer la manipulación de los media. Todos ellos se afincan en el análisis individual, es decir en la persona del joven asiático que disparó con tal eficiencia sobre sus compañeros, pero ninguno de los medios va más allá y preguntarse qué le sucede a  esta sociedad en su conjunto para que acontezcan eventos de tal monstruosidad.  Era un joven que dejó una nota donde se queja de los más aborrecibles pecados de estos especialistas sin espíritu y gozadores sin corazón, sus compañeros de universidad, a los que llamó libertinos y charlatanes embusteros. Ninguno de los media se detuvo a meditar sobre la formación confuciana del joven Cho Seung-Hui, una ética de la vida que privilegia la virtud de los ciudadanos. Puede que haya habido un componente psicológico complejo e individual en el joven surcoreano, pero que tales perturbaciones no se hubiesen expresado de tan cruel manera si el mundo de la vida gobernara sobre los omnímodos poderes anónimos del sistema.














La Virgen del Rosario de La Chiquinquirá de Aregue, un estudio iconológico


La Virgen del Rosario de La Chiquinquirá 
de Aregue, un estudio iconológico.

A Willy Aranguren

En este breve ensayo vamos a aplicar el método iconológico de Edwin Panofsky (Estudios sobre iconología. Madrid ,l972) a la imagen de la Virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue, estado Lara, Venezuela, obra pictórica de comienzos del siglo XVIII, nuestro gran siglo colonial y barroco.  Panofsky  crea en los EEUU y en la década de los 30 del siglo pasado un esquema de división filosófico y propone para ello tres categorías o niveles de significado en la imagen visual. lº) A el primer nivel le da el nombre de preiconográfico ; allí se da el reconocimiento de la obra en su sentido más elemental y expresivo. Es una interpretación primaria de lo que se ve. En la pintura de nuestro interés observamos un grupo de personas en número de cuatro. Una mujer de gran tamaño al centro parada sobre una medialuna, con un niño en brazos y flanqueada por dos hombres, uno que la observa y otro que no lo hace. 2º) El segundo nivel es el iconográfico. En él se aborda el significado convencional o secundario de la obra. Se trata de adivinar los contenidos temáticos. No es un estadio sensible , sino inteligible, ya que hay que recurrir a la tradición cultural, personificaciones, alegorías y símbolos, por lo que debemos acudir a las fuentes literarias. De allí que en la pintura analizada identificamos un tema propio de la iconografía cristiana: es la virgen, la madre de Dios acompañada de dos santos ( San Andrés y San Antonio) que le rinden tributo. 3º)  Llegamos entonces al tercer y último nivel panofskiano, el nivel iconológico o iconografía en sentido profundo, pues es una interpretación del significado  intrínseco o contenido de una obra. Se busca el significado inconsciente (Freud)  que se esconde  detrás de la intención del creador. El objetivo de la iconología  no es otro que el de desentrañar los principios de fondo que revelan  la actitud básica de una Nación, un período, una clase social, una creencia religiosa o filosófica condensada en una obra.

De este modo la pintura en cuestión no es otra cosa que  una manifestación de la mariología y de la mariolatría de los siglos  XVI, XVII y XVIII, pero con antecedentes medievales , devoción que introdujeron al continente americano los descubridores y  conquistadores españoles. Descubrimiento y conquista, recordemos, se realizaron al amparo de la virgen María; el descubrimiento de unas inéditas tierras  era un signo de la inminente segunda venida de Jesucristo en la Parusía, la virgen era así también una tabla de salvación ante la angustia del pecado que dominaba al luteranismo. Llama poderosamente la atención que las apariciones de la virgen suceden  a finales del siglo XVI y comienzos del XVII.  La devoción de la Chiquinquirá se inició en 1586, una aldea del mismo nombre al norte de Bogotá, Reino de Nueva Granada, en donde una imagen de la virgen se renovó milagrosamente. Ya en l7l0 la encontramos en Aregue y más tarde, en l749, en Maracaibo, en una tabla flotando en el Lago,  no sin haberse instalado  también en Lobatera  (estado Táchira) y en la ciudad de Barinas. La virgen es un  intento prodigioso de la Iglesia católica medieval de feminizar el cristianismo, nos dice el escritor mexicano y Premio Nobel de literatura  Octavio Paz (Pasión crítica. Barcelona, l990), y es lo que explica la posición central y altiva de la virgen en la pintura. Ella se encuentra de pie y sobre una media Luna, lo que se debe entender como que , en efecto, ella es la indiscutida Reina de los Cielos. Su  largo rosario es la representación de uno de los temas renovados de la pastoral postridentina y que contribuyó notablemente  por su condición de acto oral a propagar la fe entre la población iletrada.
       
  Como se habrá podido notar, esta es visión enmarcada en un universalismo, el del catolicismo, pero este universalismo tiene, sin embargo, sus particularidades y que hacen de La Chinca  de Aregue una versión autóctona del culto mariano  que se observa de distintas maneras. Primera: se trata de una virgen india , bastante morena y de rostro redondo, muy lejos del modelo greco-latino imperante. Era la figura ideal para lograr la conversión de los indígenas de las etnias  jirajara ,ayamán y ajagua que habitaban esta región del actual estado Lara .Llama la atención el que dos santos varones del viejo continente europeo, San  Andrés y  San Antonio, se postrernen ante una virgen americana e indígena.,lo que  puede interpretarse como una afirmación de lo americano frente a lo europeo , signo de una identidad niña y el estado de gestación del concepto de Nación  que se manifestará  con toda fuerza y vigor tras los sucesos del l9 de abril de l8l0.  La  devoción de la virgen del Rosario recibió un gran impulso  tras el Concilio de Trento de l548-l563, e incluso, se le consideraba responsable del triunfo los cristianos sobre los turcos en la Batalla de Lepanto ( l57l ), además  es  imprescindible destacar  que es  una de las vírgenes de la Contrarreforma católica, resumen del arquetipo femenino jungiano.

 Pero lo americano se manifiesta persistentemente una y otra vez en la obra y se necesita de una intuición sintética muy aguda para detectarlo. Segunda: otro  de  estos rasgos es el color  intenso y vivo, casi chillón, empleado en la composición, así como la rigidez geométrica de los pliegues de las ropas que lo hacen aparecer como  las de la estatuaria griega primitiva (pensemos en el auriga de Delfos) y la medieval románica.  Abstracción frente a naturalismo, tal como lo planteó Worringer en su célebre tesis doctoral (Naturaleza y abstracción.  México, 1979). Otro elemento americano  que pasa casi desapercibido por su pequeño tamaño y su posición  marginal , es el conjunto floral en la mano derecha de San Antonio (personaje de la izquierda, sin barba): son flores de la botánica del Nuevo Mundo  y a  las que tanto despreciaban los naturalistas europeos del Siglo de las Luces, como lo ha   mostrado Antonello Gerbi en su clásica obra La disputa del nuevo Mundo. México, l983. Pero no solo las plantas, también los animales del Nuevo Mundo han sido plasmados allí por nuestro anónimo pintor  del siglo XVIII ,siglo de la imagen barroca; se trata  de un ave endémica del semiárido de los estados Lara  y Falcón .Nos estamos refiriendo a  el cardenal, una pequeña ave canora  de color y penacho rojo  y que en la actualidad es el icono del equipo de béisbol de la entidad, esto es, el Cardenales de Lara BBC. Lo notable y extraordinario es que el hijo de Dios  en brazos de la virgen muestra con su dedo índice al avecilla en cuestión, lo que a nuestro entender y empleando la interpretación  circular y orgánica de Panofsky, se debe entender como una  preferencia del Dios cristiano por  la inocencia e incontaminación del Nuevo Mundo frente al cansado, viejo y pecador Viejo Mundo cristiano  europeo, esta última  era una idea profundamente arraigada  en esos siglos y que recibía el nombre de Milenio. Dios quiere dar a entender, por intermediación de su hijo, que cuando el Evangelio se  haya predicado en toda la Tierra se producirá la  Parusía, es decir la segunda venida de Jesucristo. Ganar adeptos  para la verdadera religión, la católica, es la misión  inmediata  y urgente  que el Niño Dios nos quiere señalar con tal gesto. Estamos, pues , en presencia de una manifestación pictórica circunscrita en lo que el antropologo francés, el americanista  Jacques Lafaye (Quetzacóalt y Guadalupe. Formación de la conciencia nacional en México.1977.) ha denominado una visión bíblica del mundo, con la cual el conquistador y sus descendientes criollos y mestizos interpretaron la nueva realidad de lo americano.


Para finalizar debemos decir que el arte barroco, arte por antonomasia de la imagen ,y que en esta oportunidad nos ocupa, no ha logrado aún su autonomía y no ha entrado aún en lo que Max Weber en sus  Ensayos sobre sociología de la  religión. Madrid, l987, ha  tipificado  como un fenómeno de racionalización cultural, pues es un arte ligado a la autoridad de la Iglesia  católica, y es, consecuencialmente, una escenificación de unos textos tenidos como sagrados. Al quedar liberado, dice el sociólogo alemán, el arte se constituye ahora ( en la actualidad) como un cosmos de valores autónomos que son aprendidos de forma cada vez más consciente. Se han disuelto las antiguas figuras mítico-narrativas de pensamiento, sustituidas por la fe en el progreso como  un rasgo muy marcado de la modernidad.


  Si embargo y pese  a todo su atractivo, el método de Panofsky  tiene sus detractores de peso y consistencia, y hay hasta los quienes afirman que los iconólogos, es decir los seguidores de su  metodología, tienden a ver en una obra más simbolismo del que en realidad quiso poner el artista. El mismo Panofsky llegó a decir con temor  que hay  que reconocer que existe un cierto peligro en el hecho de que la iconología pueda comportarse no como la etnología en contraposición a la etnografía, sino como la astrología en contraposición a la astrografía.(El significado de las artes visuales. Madrid, l979. pp 45-75.) Pero es de destacar que el presente ensayo no se había realizado antes y al atrevernos a hacerlo se constituye en una experiencia útil y que puede ser de provecho para los futuros investigadores de la Escuela de Arte Martín Tovar y Tovar de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado , institución que con orgullo y seguridad podemos afirmar que se ha iniciado bajo muy buenos augurios. Lara es una tierra de muy buenos músicos y de muy buenos pintores.                      
  


 Luis Eduardo Cortés Riera      
 Luiscortesriera @ hot mail.com