lunes, 14 de mayo de 2012

La Virgen del Rosario de La Chiquinquirá de Aregue, un estudio iconológico


La Virgen del Rosario de La Chiquinquirá 
de Aregue, un estudio iconológico.

A Willy Aranguren

En este breve ensayo vamos a aplicar el método iconológico de Edwin Panofsky (Estudios sobre iconología. Madrid ,l972) a la imagen de la Virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue, estado Lara, Venezuela, obra pictórica de comienzos del siglo XVIII, nuestro gran siglo colonial y barroco.  Panofsky  crea en los EEUU y en la década de los 30 del siglo pasado un esquema de división filosófico y propone para ello tres categorías o niveles de significado en la imagen visual. lº) A el primer nivel le da el nombre de preiconográfico ; allí se da el reconocimiento de la obra en su sentido más elemental y expresivo. Es una interpretación primaria de lo que se ve. En la pintura de nuestro interés observamos un grupo de personas en número de cuatro. Una mujer de gran tamaño al centro parada sobre una medialuna, con un niño en brazos y flanqueada por dos hombres, uno que la observa y otro que no lo hace. 2º) El segundo nivel es el iconográfico. En él se aborda el significado convencional o secundario de la obra. Se trata de adivinar los contenidos temáticos. No es un estadio sensible , sino inteligible, ya que hay que recurrir a la tradición cultural, personificaciones, alegorías y símbolos, por lo que debemos acudir a las fuentes literarias. De allí que en la pintura analizada identificamos un tema propio de la iconografía cristiana: es la virgen, la madre de Dios acompañada de dos santos ( San Andrés y San Antonio) que le rinden tributo. 3º)  Llegamos entonces al tercer y último nivel panofskiano, el nivel iconológico o iconografía en sentido profundo, pues es una interpretación del significado  intrínseco o contenido de una obra. Se busca el significado inconsciente (Freud)  que se esconde  detrás de la intención del creador. El objetivo de la iconología  no es otro que el de desentrañar los principios de fondo que revelan  la actitud básica de una Nación, un período, una clase social, una creencia religiosa o filosófica condensada en una obra.

De este modo la pintura en cuestión no es otra cosa que  una manifestación de la mariología y de la mariolatría de los siglos  XVI, XVII y XVIII, pero con antecedentes medievales , devoción que introdujeron al continente americano los descubridores y  conquistadores españoles. Descubrimiento y conquista, recordemos, se realizaron al amparo de la virgen María; el descubrimiento de unas inéditas tierras  era un signo de la inminente segunda venida de Jesucristo en la Parusía, la virgen era así también una tabla de salvación ante la angustia del pecado que dominaba al luteranismo. Llama poderosamente la atención que las apariciones de la virgen suceden  a finales del siglo XVI y comienzos del XVII.  La devoción de la Chiquinquirá se inició en 1586, una aldea del mismo nombre al norte de Bogotá, Reino de Nueva Granada, en donde una imagen de la virgen se renovó milagrosamente. Ya en l7l0 la encontramos en Aregue y más tarde, en l749, en Maracaibo, en una tabla flotando en el Lago,  no sin haberse instalado  también en Lobatera  (estado Táchira) y en la ciudad de Barinas. La virgen es un  intento prodigioso de la Iglesia católica medieval de feminizar el cristianismo, nos dice el escritor mexicano y Premio Nobel de literatura  Octavio Paz (Pasión crítica. Barcelona, l990), y es lo que explica la posición central y altiva de la virgen en la pintura. Ella se encuentra de pie y sobre una media Luna, lo que se debe entender como que , en efecto, ella es la indiscutida Reina de los Cielos. Su  largo rosario es la representación de uno de los temas renovados de la pastoral postridentina y que contribuyó notablemente  por su condición de acto oral a propagar la fe entre la población iletrada.
       
  Como se habrá podido notar, esta es visión enmarcada en un universalismo, el del catolicismo, pero este universalismo tiene, sin embargo, sus particularidades y que hacen de La Chinca  de Aregue una versión autóctona del culto mariano  que se observa de distintas maneras. Primera: se trata de una virgen india , bastante morena y de rostro redondo, muy lejos del modelo greco-latino imperante. Era la figura ideal para lograr la conversión de los indígenas de las etnias  jirajara ,ayamán y ajagua que habitaban esta región del actual estado Lara .Llama la atención el que dos santos varones del viejo continente europeo, San  Andrés y  San Antonio, se postrernen ante una virgen americana e indígena.,lo que  puede interpretarse como una afirmación de lo americano frente a lo europeo , signo de una identidad niña y el estado de gestación del concepto de Nación  que se manifestará  con toda fuerza y vigor tras los sucesos del l9 de abril de l8l0.  La  devoción de la virgen del Rosario recibió un gran impulso  tras el Concilio de Trento de l548-l563, e incluso, se le consideraba responsable del triunfo los cristianos sobre los turcos en la Batalla de Lepanto ( l57l ), además  es  imprescindible destacar  que es  una de las vírgenes de la Contrarreforma católica, resumen del arquetipo femenino jungiano.

 Pero lo americano se manifiesta persistentemente una y otra vez en la obra y se necesita de una intuición sintética muy aguda para detectarlo. Segunda: otro  de  estos rasgos es el color  intenso y vivo, casi chillón, empleado en la composición, así como la rigidez geométrica de los pliegues de las ropas que lo hacen aparecer como  las de la estatuaria griega primitiva (pensemos en el auriga de Delfos) y la medieval románica.  Abstracción frente a naturalismo, tal como lo planteó Worringer en su célebre tesis doctoral (Naturaleza y abstracción.  México, 1979). Otro elemento americano  que pasa casi desapercibido por su pequeño tamaño y su posición  marginal , es el conjunto floral en la mano derecha de San Antonio (personaje de la izquierda, sin barba): son flores de la botánica del Nuevo Mundo  y a  las que tanto despreciaban los naturalistas europeos del Siglo de las Luces, como lo ha   mostrado Antonello Gerbi en su clásica obra La disputa del nuevo Mundo. México, l983. Pero no solo las plantas, también los animales del Nuevo Mundo han sido plasmados allí por nuestro anónimo pintor  del siglo XVIII ,siglo de la imagen barroca; se trata  de un ave endémica del semiárido de los estados Lara  y Falcón .Nos estamos refiriendo a  el cardenal, una pequeña ave canora  de color y penacho rojo  y que en la actualidad es el icono del equipo de béisbol de la entidad, esto es, el Cardenales de Lara BBC. Lo notable y extraordinario es que el hijo de Dios  en brazos de la virgen muestra con su dedo índice al avecilla en cuestión, lo que a nuestro entender y empleando la interpretación  circular y orgánica de Panofsky, se debe entender como una  preferencia del Dios cristiano por  la inocencia e incontaminación del Nuevo Mundo frente al cansado, viejo y pecador Viejo Mundo cristiano  europeo, esta última  era una idea profundamente arraigada  en esos siglos y que recibía el nombre de Milenio. Dios quiere dar a entender, por intermediación de su hijo, que cuando el Evangelio se  haya predicado en toda la Tierra se producirá la  Parusía, es decir la segunda venida de Jesucristo. Ganar adeptos  para la verdadera religión, la católica, es la misión  inmediata  y urgente  que el Niño Dios nos quiere señalar con tal gesto. Estamos, pues , en presencia de una manifestación pictórica circunscrita en lo que el antropologo francés, el americanista  Jacques Lafaye (Quetzacóalt y Guadalupe. Formación de la conciencia nacional en México.1977.) ha denominado una visión bíblica del mundo, con la cual el conquistador y sus descendientes criollos y mestizos interpretaron la nueva realidad de lo americano.


Para finalizar debemos decir que el arte barroco, arte por antonomasia de la imagen ,y que en esta oportunidad nos ocupa, no ha logrado aún su autonomía y no ha entrado aún en lo que Max Weber en sus  Ensayos sobre sociología de la  religión. Madrid, l987, ha  tipificado  como un fenómeno de racionalización cultural, pues es un arte ligado a la autoridad de la Iglesia  católica, y es, consecuencialmente, una escenificación de unos textos tenidos como sagrados. Al quedar liberado, dice el sociólogo alemán, el arte se constituye ahora ( en la actualidad) como un cosmos de valores autónomos que son aprendidos de forma cada vez más consciente. Se han disuelto las antiguas figuras mítico-narrativas de pensamiento, sustituidas por la fe en el progreso como  un rasgo muy marcado de la modernidad.


  Si embargo y pese  a todo su atractivo, el método de Panofsky  tiene sus detractores de peso y consistencia, y hay hasta los quienes afirman que los iconólogos, es decir los seguidores de su  metodología, tienden a ver en una obra más simbolismo del que en realidad quiso poner el artista. El mismo Panofsky llegó a decir con temor  que hay  que reconocer que existe un cierto peligro en el hecho de que la iconología pueda comportarse no como la etnología en contraposición a la etnografía, sino como la astrología en contraposición a la astrografía.(El significado de las artes visuales. Madrid, l979. pp 45-75.) Pero es de destacar que el presente ensayo no se había realizado antes y al atrevernos a hacerlo se constituye en una experiencia útil y que puede ser de provecho para los futuros investigadores de la Escuela de Arte Martín Tovar y Tovar de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado , institución que con orgullo y seguridad podemos afirmar que se ha iniciado bajo muy buenos augurios. Lara es una tierra de muy buenos músicos y de muy buenos pintores.                      
  


 Luis Eduardo Cortés Riera      
 Luiscortesriera @ hot mail.com