jueves, 12 de septiembre de 2013

Maestría en Historia en Carora



El 12 de julio de 2008 y de forma auspiciosa, iniciamos los estudios de cuarto nivel en la Ciencia de la Historia en la ciudad de San Juan Bautista del Portillo de Carora. Lo hicimos en estrecha colaboración de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico Barquisimeto Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, Fundación Buría y la Oficina del Cronista Oficial del Municipio Torres. Una ciudad con tan extraordinaria carga histórica y con tantos historiadores reconocidos, por fin brindaba la oportunidad de cursar tan exigentes estudios en su propio terreno.
Ha servido como modelo teórico y metodológico para la formación en el oficio del historiador la Escuela de los Anales, fundada por Marc Bloch (1886-1944) y Lucien Febvre (1878-1956) en Estrasburgo, Francia,  en 1929, el cual se ha constituido en la tercera referencia historiográfica después del positivismo y el marxismo. Se trata de una historia global o de síntesis, que incorpora no solo los héroes sino al grueso de la población, que supera la historia relato al proponerse la historia problema con el auxilio de la economía, psicología social, antropología, geografía, sociología, lingüística, iconología,  todas ellas agrupadas en las llamadas “ciencias del hombre”.
Los docentes que hicieron posible este prodigio de organización y de empeño académico fueron los doctores Reinaldo Rojas, Belín Vásquez de Ferrer, de la Universidad del Zulia, Yolanda Aris, Neffer Alvarez, Dulce Marrufo, Larry Camacho, Naudy Trujillo y Luis Eduardo Cortés Riera, acompañados de los profesores y magísteres Lucila Mujica de Azuaje, Arnaldo Guédez, Marcos Gersi Gil, Segundo Ceballos Garzón, José Gregorio Chirinos, Angel Velásquez, Carlos Giménez Lizarzado, Héctor Torres Mendoza, Isabel Hernández Lameda, Federico Arteta, Luis Mora Santana, todos ellos rindiéndole de tal manera un homenaje póstumo a las extraordinarias dotes  pedagógicas del Dr. Federico Brito Figueroa (1921-2000), quien introdujo la escuela analista de Bloch y Febvre al país luego de su regreso de México en 1958, después de la caída de la dictadura.
Un lustro después podemos mostrar con orgullo y satisfacción el resultado de ese empeño formativo de investigadores en la Ciencia de Clío: Nueve Trabajos de Grado de Maestría en Historia Económica y Social de Venezuela. Ellos son: 






Mitchell Camacho: Historia del Ciclo Diversificado Madre Emilia de Carora (1972-2002); 









Nedelid Terán: Escuela Básica Morere de Carora (1958-2000),







Emerson Corobo: El comercio caroreño en el siglo XIX; 







Angélica Lucena: Historia de Los Arenales, Parroquia Espinoza de los Monteros, siglos XVIII y XIX; 





 
Pbro. Jaime Vivas: Historia de Aregue, Parroquia Chiquinquirá, siglos XVII al XIX, con especial referencia al culto mariano de la virgen del Rosario de la Chiquinquirá; 







 
Edickson Carrasco: Historia de la Asociación Criadores de Carora (1979) y la Raza Tipo Carora;








 Dalia Flores:  Historia del Colegio Nuestra Señora del Rosario de Carora (1948-2000); 










Zaida Pereira: La inmigración italiana en el siglo XX en Carora; 











Henry Vargas: La Sociedad Regional de Ganaderos de Occidente de Carora (1946-1986).

Pero no todo queda hasta allí, pues algunos de estos egresados, que lo hicieron con honores académicos dignos de destacar, han iniciado los estudios de quinto nivel o doctorado. De esta manera Mitchell Camacho avanza en el Doctorado en Educación del Programa Interinstitucional (UCLA, UNEXPO, UPEL) y ha presentado su proyecto de investigación sobre el educador germano-venezolano Ignacio Burk (1905-1984), en tanto que Henry Vargas Avila y Emerson Corobo Rojas en breve iniciarán escolaridad en el primer Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña que ofrece la UPEL bajo la conducción de la doctora Josefina Calles.
De tal manera y después de un esfuerzo investigativo en archivos y repositorios locales y de las ciudades de Caracas, Barquisimeto, Coro, Mérida, han salido de la oscuridad importantes aspectos de nuestro desarrollo económico, social y cultural que permanecían ignorados y desconocidos. Bien valió la pena, pues, este magnífico esfuerzo que coloca a la ciudad de Carora en la singladura que le es propia desde hace varios siglos: el de ser una de las ciudades más cultas de Venezuela.

El nacimiento del Purgatorio


A Hermann Pernalete Madrid, dedico

El exuberante y erudito medievalista francés Jacques Le Goff publicó en 1981 un libro extraordinario y pasmoso, que nos ha hecho cambiar nuestra idea de la Edad Media, así como de la fe cristiana: “El nacimiento del purgatorio” (Taurus, 1985), 449 páginas. Pertenece Le Goff a la llamada tercera generación de la escuela de Annales, fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre, quien ha hecho del medioevo su centro de interés. Estudió a los mercaderes, los intelectuales, la idea del tiempo, hasta que se encontró con la geografía del más allá y uno de sus sitios menos nombrados: el Purgatorio.
 


Sostiene Le Goff que es una noción que no tiene base bíblica, sino que es el 
producto del pensamiento en un largo proceso que culminará en el  siglo XII, cuando la palabra pasa de adjetivo a sustantivo, un acontecimiento lingüístico, signo capital de la evolución de esta creencia. Es, pues, el resultado de una antiquísima tradición popular. Se trata de un tercer lugar distinto al Paraíso y al infierno, al que van a dar los que no fueron ni muy buenos ni muy malos en su pasantía terrenal. Esos difuntos podrán emerger de tan tenebroso lugar si sus familiares hacían mejorar su condición por medio de oraciones, limosnas, peregrinaciones y misas, es decir las indulgencias. Se acusará más tarde a papas y obispos de venderlas, lo que ocasionará, sobre todo en el siglo XVI, gran descrédito a la Iglesia de Roma.

Una carta papal de 1254 le dará formalidad a la idea del Purgatorio, la cual desde entonces gozará de reconocimiento en la Europa medieval, hasta que la reforma protestante lo borrará de su andamiaje conceptual. Pero en la cristiandad latina tuvo, por así decir, un éxito enorme desde que se le dio conformación definitiva en un lugar de la geografía europea: la llamada Isla de Francia, es decir en las inmediaciones de París. La espiritualidad de la época no podrá entenderse claramente sin la idea del Purgatorio. El Concilio de Florencia de 1437 oficializó del todo este tercer lugar. Triunfará en los medios escolásticos con Alberto Magno y santo Tomás de Aquino. Recibe, pues, su ordenación escolástica.

         El siguiente triunfo -dice Le Goff- será el triunfo social: la pastoral. El Purgatorio será desde entonces predicado en iglesias, conventos, monasterios, tendrá sus grandes vulgarizadores en los monjes cistercienses y dominicos. Se hace una palabra de uso corriente y hasta tendrá su santa: Lutgarda. Triunfo, pues, en la teología y en el plano dogmático. Es una verdad de fe de la Iglesia.

Pero su más rutilante triunfo vendrá desde la literatura: el triunfo poético del Purgatorio en La Divina Comedia (1321) del Dante Alighieri, quien le coloca siete gradas al tenebroso Tercer Lugar: Primera: soberbia; segunda: envidia; tercera: ira; cuarta: pereza; quinta: avaricia; sexta: gula; y  séptima: lujuria. En la cima del Monte Purgatorio  Dante colocó el Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. Este triunfo ocurre algo más de cien años después de su nacimiento, el Purgatorio se beneficia de una suerte extraordinaria: el genio poético del florentino, nacido en 1265, quien le otorga un lugar de excepción en la memoria de la humanidad. Los genios de Litz, Doré, Blake, Smith y Chaucer lo llevarán a la música, la pintura y la literatura.

Este libro lo he recomendado ampliamente a los participantes de la Maestría en Historia de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y en el Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Barquisimeto, quienes han modificado desde entonces sus geografías del más allá y sus compromisos con la Iglesia Católica, sobre todo los brillantes sacerdotes que nos han acompañado, los cuales han alterado notablemente una de las ideas centrales de sus convicciones.

En la iglesia de San Juan Bautista de Carora, Estado Lara, Venezuela, hubo un cuadro de este “infierno temporal” pintado por Julio Teodoro Arze (1868-1934), excéntrico pintor caroreño quien estudió en Roma. Entre las llamas y por venganza colocó allí a varios de sus odiados familiares, desnudos, gimiendo y sollozando de dolor. Este óleo, que nos aterrorizó nuestra infancia y adolescencia, sufrió grave deterioro y por tal motivo fue arrojado a la basura por no sé quién.