jueves, 6 de julio de 2017

Terú Nezú y Santos Chirinos Génesis del judo en Carora

TERU NEZU
Terú nació en la martirizada ciudad de Nagasaki, Japón, pero la bomba atómica no lo afectó. Llega como obrero a esta Tierra de Gracia por invitación de la familia de industriales Yonekura, se instala en Puerto Cabello, pero la insurrección militar del Porteñazo lo avienta a Carora. En 1963 abre en la calle Bolívar, casa de Domingo Matute, su famosa Casa Japonesa. Un día cualquiera de 1963 un joven lo ve descargando un camión y le dice “¿Chino, te ayudo?”, a lo que responde Terú de inmediato: “no soy chino, ayuda, yo pago.” Se trataba de Santos Chirinos, futuro discípulo y edecán del asiático en las artes marciales niponas.
En una ocasión Eduardo “Lalo” Herrera le dice en casa de Domingo Perera: “Terú, todos los chinos saben pelear, menos tú.” A lo que responde el nipón: “traiga los muchachos.” Es allí cuando en un improvisado tatami hecho de cajas de cartón  y un encerado de camión, se incorpora la primera camada de futuros y extraordinarios judocas caroreños: Pedrito Marchán, Cecilio Meléndez, “El Mapuche”, Pedrito González, Rubén Becerra, Naudy Suárez, “El Coloso”, y su hermano. Los primeros días estos novatos no sabían el nombre en japonés de mano, brazo o piernas, caída, agarre o envión. Tras unas breves semanas de rápidos  y asombrosos aprendizajes salen al encuentro de su primer compromiso en Maracaibo, se hospedan en el Liceo Baralt.
RUBÉN BECERRA GUTIÉRREZ (hijo) - SANTOS CHIRINOS 

Rubén Becerra es quien lleva el judo a Barquisimeto durante unas Ferias de la Divina Pastora. Un karateca llamado Ling  Sung  llama a Terú, y es de tal forma como se instala desde Carora el judo en la ciudad crepuscular. El judo tiene en el Estado Lara ciudadanía caroreña. Luego vendrán los triunfos arrolladores y sin pausa en las universidades de Mérida, Zulia, Carabobo y la Central de Caracas. Santos  Chirinos obtiene Cinturón Marrón en Carabobo, luego de dos años de duro entrenamiento.
En el judo hay una teoría y no existen los aporreos. Fue el credo de Jigoro Kano, fundador del judo en el país del sol naciente, fallecido en 1938. Todo deriva del judo, incluso el kung fu chino y el kárate japonés.
Terú abraza el cristianismo, al igual que su esposa Yoko. Sus padrinos de bautismo fueron el doctor Pablo “Paúcho” Álvarez y Otto Herrera y Socorro, respectivamente. Luego vendió la Casa Japonesa. Terú es muy humilde y no es necesariamente rico. Cuatro hermanos se casaron con otras cuatro hermanas, allá en Japón. Al despedirse de Carora le dice a Chirinos: “no me deje morir el judo”, lo que ha cumplido a cabalidad este magnifico auxiliar y edecán  del súbdito del Emperador.


Santos Chirinos no cobra ningún sueldo por su extraordinario trabajo con el judo cercano al medio siglo. Ocupa su academia un galpón de la Alcaldía, quien no le ha cobrado alquiler nunca, y espera que a la brevedad se le otorgue la pensión del Seguro Social. Su hija Mahlin ha sido su continuadora en la enseñanza del judo. Se casó con el campeón internacional Melvin Rodríguez, un verdadero as de la disciplina por sus capacidades innatas, estatura, músculos y una gran seriedad. Es Campeón Panamericano, medalla dorada en Guadalajara, México.
EL CAROREÑO MELVIN RODRIUGEZ
CON LA BANDERA DE VENEZUELA
En la academia Jucaro de la avenida Miranda, nunca ha habido accidentes graves, solo lesiones leves en este escenario excepcional del combate  y de la inteligencia, pues aprovecha la fuerza del contendor para vencerlo. Chirinos siente gran orgullo al haber representado a su país cinco veces: en México, Ecuador, República Dominicana, Perú, Cuba, Argentina y en Europa. Me cuenta Chirinos que Japón perdió por primera vez un campeonato mundial frente a Holanda, lo que ocasionó un trauma nacional. No se resignaron los nipones, pues buscaron desde el nacimiento al futuro campeón, un niño que al nacer pesó más de cuatro kilos y que a los 14 años, dotado de una enorme fuerza y que pesaba 125 kilos, venció a los europeos este joven que llegó a ser el predilecto del Emperador Hirohito.
Chirinos expresa que su gran deseo es el de visitar en alguna ocasión la Tierra del Sol naciente y saludar al fundador de la disciplina Jigoro Kano en su tumba. Ha preparado para su gran satisfacción campeonas en el judo, tales como Nataly Chacón, Marlica Sánchez, Génesis Méndez, Rosmelin Rodríguez, entre otras. En 1986 sucedió un hecho increíble, me dice: el Estado Lara, comandado por la delegación torrense arrasó con 18 premios en diversas categorías  en campeonato nacional. Un hecho casi irrepetible.
SANTOS CHIRINOS EN EL JUDO DE CARORA

Los nombres de Terú Nezú y Santos Chirinos deberían ser colocados con letras doradas en alguna instalación deportiva de nuestra ciudad, pues estos dos caballeros han llevado muy lejos nuestro gentilicio caroreño.  

Visita Pastoral del Arzobispo Silvestre Guevara y Lira a Carora en 1865

SILVESTRE GUEVARA LIRA
El Arzobispo de Venezuela Dr. Silvestre Guevara y Lira tenía ganado ya un buen prestigio al llegar a Carora, pues había firmado el Decreto de Abolición de la Esclavitud en 1854, logró firmar un Concordato con la Santa Sede (1862), llamado por Hermann González Oropeza “un Concordato frustrado”, puesto que fue rechazado por el Congreso. Años después de su visita a Carora, asistió Guevara y Lira al Concilio Vaticano I (1868), a su regreso fue expulsado del país por el gobierno de Guzmán Blanco. En 1874  Guzmán Blanco propuso que lo sustituyera un caroreño, el Obispo de Guayana Monseñor José Manuel Arroyo Niño Ladrón de Guevara (1814-1884) y debió enfrentar la idea guzmancista de crear una Iglesia venezolana e independiente de Roma (1876).
 Vino a Carora a preparar el terreno para que fuese ejecutada la Bula de Erección del Obispado de Barquisimeto, la que fue firmada  el 16 de diciembre de 1865.  Guevara y Lira debió afrontar en Carora un problema que era correlato de la precaria situación en que se hallaba la Iglesia después de la Independencia. Un grupo de cófrades de las hermandades caroreñas, encabezados por Rafael A. Álvarez, José María Zubillaga, Agustín A. Álvarez, Ramón Urrieta, Flavio Herrera, Antonio María Zubillaga y el judío converso Jacobo Haím Curiel,  miembros de la godarria caroreña. Refieren ellos al Arzobispo que las cofradías: “Que en otros tiempos tenían fondos más que suficientes (...) sus cuentas están reducidas a su más sencilla expresión (...) y que muchas de sus posesiones de valor y algunos censos se hagan en poder de los herederos del último mayordomo, José Paulino Guerrero”. La Guerra Magna, el descuido y el poco celo acabó, decían, con lo que llegó a ser una gran riqueza. Pidieron entonces a Guevara y Lira: “Solucionar el complicado negocio de las cofradías dejando instrucciones y facultades al Vicario Foráneo (...) y aún nos parece que alguna persona con nombramiento, formal de su Señoría Ilustrísima podría arreglar ese negociado y desenmarañar ese hilo de cofradías.”
 
HERMAMM GONZÁLEZ OROPEZA
Estas posesiones de valor a las que se refieren estos caroreños no son otras que las que hoy forman las tierras más fértiles del Municipio Torres en los valles del Río Quediches. Habría que averiguar de qué manera fueron transferidas esas ricas tierras por los herederos de su último mayordomo José Paulino Guerrero a sus actuales poseedores. Eran esas posesiones las llamadas “Cofradías del Montón”, tal y como se le llamaban en el siglo XVIII. El Obispo Martí refiere que “las que nombran del Montón” eran las cofradías del  Santísimo Sacramento, Nuestra Señora del Rosario, El Glorioso Príncipe de los Apóstoles Señor San Pedro, San George y Las Benditas Ánimas del Purgatorio. Fueron estas cofradías las responsables de que, desde principios del siglo XVII, fueran ganadas para la producción agropecuaria las inmensas y fértiles tierras ubicadas al Oeste de la ciudad de Carora, la zona de calor húmedo de la Vicaría. Aún no se ha hecho un estudio sistemático y profundo de este proceso de colonización de esta ubérrima zona del Municipio Torres. Nosotros podemos adelantar que tales tierras fueron pedidas por Pedro y Andrés de Almarás al Capitán General de la Gobernación Señor Don Francisco de Oberto para que “conceda en que puedan pastar las yeguas de esta Sta. Cofradía y otros ganados que adquirieran en tiempo futuro en tierras baldías en los ejidos del común...” . Aparecen en el  documento los nombres de Diego Gordon, Francisco de la Hoz Berrio (Gobernador de Venezuela entre 1616 y 1622), Pedro Delomar, Alonso Sánchez Cambero (párroco de la iglesia de San Juan Bautista del Portillo de Carora), Diego González Rodríguez de Narváez, Martín de la Peña, Francisco Cano Galera, Francisco Bazán, Alonso Serrano y Andrés Gordon.
 
GUZMÁN BLANCO

En estas tierras ejidales se asentaron las cofradías “del Montón” en los alrededores de los sitios de Burerito, elevado a curato por el Obispo Martí en 1776, Guede, Hueso de Venado, Cadillar, Venadito, La Sabaneta, Daguayure, La Redonda, Zaragoza, Lagunicha, Los Quediches y Boraure.  Estaban muy activas esas cofradías  a principios del siglo XIX.  Durante la Guerra de Independencia constituyó un apetitoso botín para los bandos en pugna por sus numerosos ganados, yeguas, cabras, caballos, mulas, burros, marranos, aves de corral, quesos, maíz, plátanos, piñas; así como también sus caudales y su mano de obra tanto esclava como libre. Pero sus administradores ayudaban tanto a patriotas como a los partidarios del rey de España.