viernes, 3 de mayo de 2013

Encuentro con José Manuel Briceño Guerrero




Sucedió en El Eneal, municipio Crespo del estado Lara. Allí nos convocó Reinaldo Rojas, hombre que abre puertas, según le gusta llamarse a sí mismo. Cuando me tocó hablar dije a los presentes que yo tenía el privilegio de ser el único de los reunidos en la Biblioteca en haber sido su alumno en la universidad de Los Andes, Mérida, hace unos 40 años. No era exactamente tal alumno, sino que yo me salía de las aburridas clases de la Escuela de Historia, tomada por aquel entonces por el marxismo soviético y otras vulgaridades, y me iba a escuchar con fascinación a este sabio hombre de hablar pausado que ponía una atención muy grande a nuestras preguntas e intervenciones.
Recuerdo que una vez nos habló de Hegel, pero no de la dialéctica hegeliana, sino de los distintos aparatos categoriales con los que distribuimos y organizamos las cosas del mundo. Yo le pregunté que si aquello podría encontrarse en el Ulises de James Joyce. No me respondió como yo pensé que lo haría, sino que me contestó con otra pregunta. Desde ese momento no he dejado de admirar su sencillez y su manera tan cordial de hacernos perder el miedo a la filosofía.
Su esposa Jacqueline Clarac era nuestra docente en antropología, y quien me encomendó cierta vez hacerle una investigación a un ánima protectora de los estudiantes, cuyo cuerpo está sepultado en el cementerio El Espejo de la capital emeritense. Le gustó la objetividad de mis observaciones, y me propuso formar parte de su equipo de investigación.
El maestro Briceño Guerrero está muy ligado al estado Lara, pues hizo sus estudios de bachillerato en el Liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto. Hace algunos meses un amigo común, Cécil Álvarez, me lo puso al teléfono, pues quería información sobre el tamunangue, nuestra folklórica suite dancística sobre la cual escribió un libro El garrote y la máscara. Luego, en noviembre pasado bautizamos en la Posada Los Granados de los licenciados Yuyita y Cécil un libro contentivo de sus recuerdos barquisimetanos y su contacto con los caroreños titulado 3X1=4.
El cronista Bernardo Yépez me dijo que el Maestro Jonuel Brigue (su pseudónimo) estuvo en el poblado de Curarigua tras la pista y la comprensión de esta hermosa y acabada manifestación del folklore larense, el tamunangue, se emocionó de tal manera que hasta se zampó varios palos de cocuy. Fue una vivencia memorable para el Maestro.
En El Eneal se reunió con el equipo de investigadores nucleados como comunidad discursiva alrededor de la Escuela de los Anales francesa, cursantes del primer Doctorado en Cultura Latinoamericana y del Caribe que ofrece la UPEL-Barquisimeto. Expuso que la palabra Tesis significa exponer; que una Tesis Doctoral es plantear algo nuevo o desde otra manera; que hay que tener disciplina, o sea hacerle caso al maestro y no ser un irreverente, tener enjundia, seriedad. Agregó que una tesis no es una suma de información. La obra de Darwin tiene mucha información, pero tiene un centro, dijo a modo de ejemplo.
Luego pasó a escucharnos. En primer lugar habló Juan Carlos Araque, quien dijo que trabajaría hermenéuticamente a nuestros humoristas del siglo XIX, y las caricaturas orales. Es Tesis, le dijo el filósofo. Trabaje el doble sentido entre los venezolanos, le agregó. A la profesora Elsy Briceño le dijo que era altamente interesante su indagación sobre Rufino Blanco Fombona. Comentó que el escritor tenía un carácter endemoniado, pues acabó a tiros y hasta hizo disparos a los actores en un teatro parisino.
Continuó escuchando a Isabel Hernández Lameda quien le manifestó su deseo de trabajar al maestro caroreño Chío Zubillaga como intermediario cultural, como lo entiende Michel Vovelle. A lo que dijo que era un hombre extravagante y contradictorio, era comunista y cristiano, formó una generación entera de músicos y escritores sin tener mucha academia. Lisandro Alvarado no dejó escuela, ni Gil Fortoul tampoco. ¿Qué hacía Chío para sentirse guiador? Los muchachos no respetan y a Chío sí, averigüe por qué, le indicó a la joven filósofa, al tiempo que repetía que acumular información no es tesis.
Luego le tocó el turno al Dr. Francisco “Larry” Camacho, quien habló de su estudio comparativo de los clubes larenses y la forma como asumieron la modernidad desde los modelos europeos y norteamericanos, la forma en que tales asociaciones han perdido de manera lamentable la figura del bibliotecario, que por lo general eran hombres cultos. Le respondió diciéndole que la entrevista que le hizo para El Impulso era de lo mejor. Que ni en Francia le habían hecho algo tan bueno. Y las fotografías que adicionó Larry al reportaje me enseñaron, dijo, que la fotografía es arte. Le comentó que su escritura es impecable y llena de sugerencias muy interesantes. Es un escritor, pensé para mis adentros.
Fue, pues, una magnifica experiencia en esta fiesta del pensamiento que tiene lugar los sábados en El Eneal.