lunes, 14 de mayo de 2012

El universo conceptual del doctor Juan Agustín de la Torre (1750-1804)


El universo conceptual del
doctor Juan Agustín de la Torre (1750-1804)

                      Autor: Dr. Luis Eduardo Cortés Riera
                                  luiscortesriera@hotmail. Com.
                                 Fundación  Buría.
                                Barquisimeto-Venezuela.

RESUMEN

A fines del siglo XVIII escribió el doctor Juan Agustín de la Torre, Rector de la Universidad Pontificia de Caracas una propuesta para introducir las ciencias naturales, la geometría y la fundación de una cátedra de matemáticas en esa casa de estudios dominada en esa ocasión por la Escolástica y la filosofía de Aristóteles. Para tal fin redactó lo que llamó Discurso económico, Amor a las letras en relación a la Agricultura y comercio (1790). El presente trabajo trata de ubicarnos en las categorías mentales en que este sabio caroreño escribió tal documento, en el tránsito del pensamiento especulativo medieval al pensamiento moderno y experimental.

Palabras claves: Universidad, Escolástica, ciencias naturales, geometría, matemáticas.




DESARROLLO            

El historiador francés Jacques Le Goff ha propuesto que la llamada Edad Media europea habría de culminar no en l500, como se ha establecido hasta ahora, sino que ella se prolongaría hasta los inicios de la Revolución industrial, cerca de 1750. De acuerdo a tal criterio, el personaje que nos ocupa en el presente trabajo nació justamente con los inicios del maquinismo europeo y a la mitad del Siglo de las Luces y de la Ilustración, el siglo XVIII., verdadero comienzo de la modernidad, en una remota ciudad al occidente de la Provincia de Venezuela, de profunda raigambre española y de temperamento cálido y seco: la ciudad  antigua de San Juan Bautista del Portillo de Carora (1569). Fue criado con leche de cabra en un hogar fundado por un tenerifeño, don Juan de la Torre Sánchez, con un gran poder genésico, pues procreó nada menos que once hijos, todos con una dama, pues contrajo matrimonio con una caroreña descendiente de los primeros pobladores y conquistadores de Tierra Firme, doña Juana Paula de Urrieta. En varias ocasiones ocupó el cargo de Alcalde Ordinario de la ciudad, se mantenía con dos cortas haciendas de ganados menores, es decir a lo que siglos después iba a llamar  Don Cecilio Zubillaga Perera “el ganado del pobre”, al referirse al chivo.

El nacimiento de Juan Agustín coincide con el del Generalísimo Francisco de Miranda, pues se produjo en 1750. Ambos eran, como se habrá notado, descendientes de isleños canarios. La infancia  del futuro sabio caroreño transcurrió entre toques de  campanas de la iglesia de San Juan, fiestas religiosas organizadas por la multitudinaria e internacional Cofradía del Santísimo Sacramento, fundada en 1583, conversaciones y pleitos entre los muy numerosos artesanos del cuero, los arrieros y el rumor  de que Lucifer se había hecho presente allí  poco antes de su nacimiento. Como era la costumbre de la época, enviar un hijo a estudiar una carrera sacerdotal aliviaba las penurias y la escasez que provocaban las familias numerosas, y fue así como siendo todavía muy joven fue enviado a Caracas a estudiar  en el Seminario de Santa Rosa. En 1766 vistió la beca de colegial porcionista durante cinco años. En junio de 1772 solicitó del Rector de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, Dr. Domingo de Berroterán, una de las borlas (insignia para graduados) que graciosamente otorgaba el monarca ilustrado Carlos III a los estudiantes de virtud, pobreza, literatura y conocida calidad.

Dice  Idelfonso Leal, historiador de la Universidad Central de Venezuela, que de la Torre con constancia fue alcanzando los grados universitarios: bachiller en Artes (enero de 1769) y luego, el 18 de abril de 1775, a las cinco de la tarde, en acto solemne celebrado en la capilla universitaria, graduó de Doctor en Cánones, recibiendo el título de manos del Cancelario doctor Francisco de Ibarra. Los doctores Berroterán e Ibarra no podían imaginar los profundos cambios académicos que propondría poco después el joven caroreño y que significarían la ruptura con el concepto medieval de la universidad en Venezuela colonial.

Se ha dicho hasta el cansancio que la Universidad colonial estaba secuestrada por el pensamiento escolástico y la filosofía del  peripato, Aristóteles. ¿Por qué  habríamos de pedirle a España - dice Rufino Blanco Fombona-  lo que no podía darnos, a saber, el empirismo o el método experimental, nociones que se desarrollaron en los países norte europeos en el gran siglo de la Revolución científica, el siglo XVII ? España no tuvo  un Bacon o un Hume. Fue una nación que nació a espaldas del mundo moderno y que en su pensamiento poco figuró la llamada ruptura filosófica entre el ser y el acaecer producida en la esfera del conocimiento en el siglo XVI. No nos extrañe, pues, que el joven Juan Agustín  recibiera el título de Doctor  en Cánones  en 1775. Pero no se crea que la Escolástica es solo metafísica y verborrea silogística, un razonamiento deductivo riguroso, pero ajeno a la experiencia. Hay  historiadores de la ciencia que han determinado que las categorías del  pensamiento  escolástico han sido proclives  y han condicionado favorablemente el aparecimiento de la por entonces llamada filosofía natural, es decir la ciencia moderna basada en la experimentación. No de otra forma se puede explicar que nuestro Juan Agustín, atrapado en un mundo conceptual como estaba, derivara hacia formas empíricas y desechara las  meramente conceptuales de su tiempo en el conocimiento de la realidad natural. Esto se lo permitió, ¡qué  paradoja !, la Escolástica medieval y el pensamiento aristotélico que campeaban en la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Sobre este particular hablaremos en otra oportunidad.

Al posesionarse del Rectorado de la Universidad de Caracas en 1789 ( el mismo año de la Revolución francesa) defendió la creación de  nuevas cátedras, decididamente inscritas en los nuevos paradigmas (Thomas Kuhn) de la modernidad: tales como el  que ninguna ciencia está capacitada para demostrar científicamente  su propia base, como postuló el gran Descartes (1596-1650 ), el método inductivo experimental (fuera de la mente significa esta palabra ) propuesto por Francis Bacon  (Novum Organum,1620 ) y que desplazó al silogismo aristotélico; la propuesta de unificación de la física de Galileo y  Kepler llevada adelante por Isaac Newton (1642-1727 ). Para tales efectos el sabio caroreño  se inspiró pitagóriamente  al considerar  ontológicamente que los números  son el principio, la fuente y la raíz de todas las cosas, con Aristóteles considera que es una excelencia humana el estudio de la geometría , en tanto que con el filósofo alemán de la Ilustración Enmanuel Kant (1724-1804 ) se acogió al principio de que  la doctrina de la naturaleza contendría tanta ciencia propiamente dicha cuanta fuera la matemática que en ella se pudiera aplicar ( Crítica a la razón pura, 1787 ) y, en consecuencia, propuso la creación de una Academia de Matemáticas en esa casa de estudios para impartir una enseñanza basada en las que llamó ciencias útiles.

Una fresca mañana, el 25 de abril  de 1790 , el doctor Juan Agustín se puso sus anteojos (ya se usaban desde el siglo XII en Europa )  y consultó su reloj de  bolsillo un tanto pesado e incómodo, una innovación tecnológica del siglo XVI,  y escribió en prosa barroca americana su muy famoso Discurso económico, Amor a las letras en relación con la Agricultura y comercio, e hizo varias copias que mandó con un mozo  a los mas influyentes mantuanos caraqueños para que se animaran en la idea, pero la mentalidad esclavista de esta clase social les impidió ver las ventajas de acabar la pobreza industrial, el atraso de la agricultura, extinguir los viejos y toscos procedimientos de trabajo de artesanos y alarifes. No había lugar para tan avanzado  proyecto, por lo que hubo de ser condenado al olvido y esperar la nueva y audaz atmósfera de pensamiento que se instaló con la Emancipación  de la manos del Libertador Simón Bolívar y del doctor José María Vargas, para que al fin se creara la  Cátedra de Matemáticas en la Universidad Central de Caracas, ahora revolucionaria y republicana, el 1º de septiembre de 1827.

En su Discurso, el sabio caroreño antecede  a Miguel José Sanz y a Simón Rodríguez en sus críticas a los sistemas de enseñanza viciosos y corruptos que se  empleaban a fines del siglo XVIII, y comparte las más avanzadas ideas ilustradas con  Baltasar de los Reyes Marrero, quien desde 1788 enseñaba aritmética, álgebra y geometría en la Universidad, actitud por la cual fue  llevado a juicio y castigado, Miguel José Sanz y Juan Germán Roscio, autor en 1817 de uno de los textos fundamentales de nuestro pensamiento, esto es,  Triunfo de la libertad sobre el despotismo. En el Discurso aparece una sentencia que los venezolanos del presente aun no hemos podido entender ni llevar a  la práctica: la agricultura es el estómago del Estado. Idea sostenida por los fisiócratas , economistas del siglo XVIII, a la cabeza del cuales estaba  el médico y economista francés  Francois Quesnay y cuyas ideas planteó en su obra Tabla económica (1758). Lo curioso de este pasaje es que compara y establece una analogía  entre el cuerpo humano y sus funciones con las del Estado. Se trata de una influencia del economista que acabamos de mencionar y que, debemos recordar, era  físico, término con el que se designaba a los médicos y a los sanadores desde muy antiguo. El pasaje en cuestión dice así: La agricultura es el estómago del estado, y si no se halla bien complexionado padecerán todos los miembros del cuerpo, se engendrará un mal quilo (líquido blanquecino contenido en el intestino delgado, que constituye el resultado de la digestión ) que producirá una sangre torpe, extenuada, defectuosa: no habrá la debida, pronta y arreglada circulación de su comercio, y el Estado ( palabra que por vez primera empleó Maquiavelo  en el siglo XVI) siempre se hallará enfermizo.

El Discurso se halla dividido en varias partes y comienza con una breve introducción, en la que habla de la benignidad del clima y de la abundancia de talentos en  Caracas, y  continúa con  otras siete partes, a saber:1º La ciencia impulsa el progreso (palabra esta última que será clave para entender el positivismo del siglo XIX, pero que el doctor de la Torre le da otro significado), 2º Las matemáticas como ciencia útil. Acá sostiene que el buen orden de civilización, tiene cierta dependencia en el todo o en parte de las matemáticas. 3º Los beneficios de las otras ciencias. En esta parte se refiere a la astronomía, la gnomónica ( arte de construir los  relojes de sol , llamados nomones ) para la división de los tiempos, procedimiento ya superado en  el siglo XVI por el reloj mecánico de bolsillo, la acústica ( aquí llama la atención de que no tengamos buenos músicos y constructores de instrumentos musicales ), la óptica, disciplina que, según dice, le ha otorgado una segunda naturaleza, pues hemos de destacar que el doctor de la Torre era miope, la aritmética para facilitar el comercio y escribir cifras de cuatro, cinco y más guarismos, que por la época  poco se usaban, el álgebra o aritmética simbólica, un invento del genio de los pueblos árabes, la geometría, pues  Pitágoras ya había sentenciado desde la Antigüedad clásica que el que no supiera geometría no podía entrar a su escuela. El doctor de la Torre hacía referencia a la geometría de Euclides, un sistema  formal de proposiciones que sería superada poco después de su muerte por dos matemáticos: el ruso Lovachevsky y el húngaro Bolyai  en el siglo XIX, creadores de la geometría no-euclidiana  que se vio reforzada a principios del siglo XX con la teoría de la Relatividad de Einstein. La 4º parte  se llama Faltan geómetras, peritos y buenos agrimensores. Se lamenta no haber cursado en la Universidad de Caracas la geometría y  agrega que los frecuentes pleitos  por tierras, que son los que abundan y los que se hacen inmortales, se deben a que en los tribunales no hay quien tenga verdadero conocimiento de la materia, la geometría. Sigue diciendo que los agrimensores que hacen profesión en la ciudad de Caracas son unos verdaderos ignorantes.

            Como  parte 5º encontramos que se titula: Urge conocer la hidráulica. Ello porque según sostiene, los pleitos por el agua son unas controversias que tampoco tienen término. Propone el doctor de la Torre, además, el uso intensivo del riego, así como el empleo de la fuerza del agua para mover los trapiches y los ingenios.  La  6ª parte se llama Por una agricultura moderna, en donde se refiere a los tornos de algodón, las máquinas para despergaminar el café, las que son -dice- imperfectísimas… pues los extranjeros tienen buen cuidado de negarnos aquellos instrumentos o medios  oportunos para los frutos que cultivan ellos (los ingleses y holandeses) ¡Qué buena lección para el presente nos da el sabio caroreño!  Sin decirlo expresamente  propone la sustitución de la mano de obra esclava, palabra que no emplea en su escrito, por las máquinas (de la llamada era paleotécnica, según Lewis Munford ) para el fomento de la agricultura., que es –repetimos- el estómago del Estado .La última parte del Discurso (7ª) es una propuesta: Una cátedra de matemáticas para la Universidad. Acá nos dice que todo mi anhelo es que se dé principio; comenzar es lo que importa. Se lamenta que la Universidad no tenga tal cátedra ni rentas suficientes para sostener los catedráticos.  Por ello pidió  colaboración a las personas acaudaladas (el llamado mantuanaje caraqueño) para instalar la mencionada Cátedra, pero apenas el Conde de Tovar ofreció una carga de añil en flor para tales efectos. Arnold Toynbee, en su monumental Estudio de la historia (1934-1961) se refiere en repetidas ocasiones al apego de ciertos sectores sociales conservadores a tecnologías obsoletas.

             Pero hay un aspecto que se encuentra implícito en el Discurso económico  del sabio caroreño. Y tiene que ver con el carácter laico y secular  de su discurso. Es por ello que emplea palabras tales como: usos y necesidades de la vida civil, luz de la razón, república, Patria ( con p mayúscula), felicidad,  ciencia que consistiendo en principios evidentemente demostrados, la práctica, orden natural y civil, y otras con semejante carácter y que en lo sucesivo y gracias a su empleo generalizado, darán lugar en Occidente a sistemas culturales especializados, sometidos a una crítica permanente y asegurados por la profesionalización que generan, según sostiene Max Weber. Es que en un sistema tradicional de pensamiento lo sagrado es más extenso y mucho más omnipresente, en tanto que en un sistema moderno de pensamiento es más puntual, más reducido y, por así decirlo, más económico, agrega este sociólogo germano. Lo sagrado no fue óbice para que el sabio caroreño avanzara hacia la modernidad como hemos podido notar.

A mediados de 1801, dice el doctor Ildefonso Leal,  el doctor  de la Torre  comunicaba al Real Consulado “el fatal estado  en que se hallaba su salud ” y la necesidad de “abandonar toda ocupación de papeles, que son la causa radical de mi enfermedad ”, y pedía licencia para retirarse al campo “ por meses o por años…” El 6 de octubre de 1804 los directivos del Consulado comunicaban a la Corte  de Madrid la triste noticia de la muerte del doctor Juan Agustín de la Torre y proponían como nuevo asesor del cuerpo mercantil al Licenciado Miguel José Sanz. Puede que una micosis pulmonar fuese la que acabó la vida del sabio caroreño, pues los medicamentos para atacar este mal son, aun en el presente, poco eficientes. El doctor de la Torre estuvo casado con doña Rosa Muñoz Ortiga, y al fallecer dejó como herencia la suma de 2.393 pesos en dinero, alhajas, ropa, oro y plata, más dos casas, una en Caracas y otra en el pueblo de Petare.
           
Fue un sabio que murió a muy corta edad, 54 años, normal para los estándares de hace dos siglos, pero que desapareció de la escena humana apenas seis años antes del 19 de abril de 1810, y lo más seguro que ubiese apoyado decididamente la Emancipación de Venezuela del yugo español, pues su actitud como pensador avisoraba  con intuición clara los males que sufría su Patria y que eran el producto del nefasto sistema administrativo español  de sus colonias. Este fue un alerta que connotados  pensadores de la Ilustración  que, como Jovellanos, Feijoo y Campomanes habían lanzado, pero que no fueron oídos. Fueron hombres que criticaron el sistema económico  auspiciado por la Corona española, que despreciaba las inmensas posibilidades del comercio mundial, su atraso en relación a los países del norte de Europa, Inglaterra y Holanda principalmente, que daban sus primeros pasos hacia la industrialización bajo el marco de un sistema económico muy dinámico basado en el laissez-faire.

Le tocó vivir al sabio caroreño en un momento decisivo en la historia del pensamiento  Occidental, pues después de la gran revolución de las ciencias del siglo XVII quedó abierto el camino para que naciera un nuevo modo de hacer filosofía, es decir la llamada filosofía naturalis basada en la experimentación, que dejó atrás la unidad de la filosofía y de la ciencia que se había mantenido desde la Antigüedad clásica greco-romana. Pero hoy, en los albores de un nuevo siglo se comienza a hablar con insistencia  y desde los escenarios de pensamiento más autorizados  del Universo de la posibilidad de una nueva perspectiva unitaria o una “Nueva Alianza” entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu dentro de una “teoría de la complejidad ”. De la misma manera que para Ilya Prigogine y Varela, también para Edgar Morin  la complejidad abre (o mejor dicho pide) una nueva integración  entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu, entre cultura humanista y cultura científica. Esta dicotomía “cartesiana” puede y debe terminar, dice Morin. El sabio caroreño no pudo ni siquiera vislumbrar esta posibilidad de la cual se puede decir que se pudo iniciar en la segunda mitad del siglo XX con los trabajos de Alan Turing y Norbert Weiner  en las nacientes ciencias de la cibernética y que dieron por resultado la creación de la inteligencia artificial. Prigogine, Premio Nobel  de química nacido en 1917, piensa el universo como un caos generador de orden, análogo al desorden creativo del cual emerge la obra de arte.

            Así como el doctor de la Torre creyó necesario se estudiara en la Universidad de Caracas el pensamiento de Descartes, Hume, Bacon, Newton y Condillac, nosotros saludamos la notable y fértil perspectiva que se abre con el anuncio de la inminente apertura de las carreras humanísticas y artísticas en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y que borrarían la disociación de artes y ciencias de la cual se lamentaba don Miguel de Unamuno, y que se inició en el año 2002 con la apertura de una Maestría en Historia inspirada en la afamada escuela francesa de Anales, en convenio con la Universidad Pedagógica Experimental Libertador y la Fundación Buría, y de la cual quien escribe se siente orgulloso de pertenecer a su plantel de profesores.

 Que se abra la universidad de los larenses a las nuevas y audaces ideas filosóficas de Apel, Bachelard, Chomsky, Derrida, Gadamer, Habermas, Popper, Quine, Lakatos, Horkheimer, Rorty, Wittgenstein , que se abra a las perspectivas artísticas de Picasso, Van Goh, Botero, Jacobo Borges, Kahlo, Arteaga, así como a las innovadoras ideas de los notables historiadores que nos animan: Marc Bloch, Lucien Fevbre, Fernand Braudel, Pierre Vilar, Le Goff, Vovelle, Edward Thompson, Eric Hobsbawm, al pensamiento y la obra nacionalista de los venezolanos Mariano Picón Salas, Mario Briceño Iragorri, Miguel Acosta Saignes y Federico Brito Figueroa, y por supuesto, el epónimo de la universidad, el doctor Lisandro Alvarado, cuya riqueza temática contenida en su  vasta obra es poco menos  que desconocida por los miembros de la comunidad universitaria. Sólo así y de tal manera tendremos los larenses una auténtica y cabal casa de estudios superiores.
                                                                             

Carora, diciembre de 2006.




FUENTES CONSULTADAS

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