sábado, 2 de mayo de 2026

Steiner, nostalgia del absoluto

 

S/T | Nostalgia del Absoluto

 

George Steiner:

Nostalgia del Absoluto.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

La innegable decadencia moral y espiritual que sufre Occidente se debe al significativo retroceso que han sufrido contemporáneamente las religiones. Es un vacío existencial que abraza a las sociedades desarrolladas de Europa y Norteamérica. Las instituciones y los sistemas religiosos dan marcha atrás. Pero como los humanos no podemos soportar tal vacío, hemos creado mitologías sustitutivas. Es la tesis central de George Steiner, filósofo y crítico literario, premio Príncipe de Asturias de Humanidades, fallecido en 2020. Con la típica ironía hebraica destaca los sustitutivos: la filosofía política de Karl Marx, el psicoanálisis de Freud, la antropología estructural de Lévi Strauss, la astrología, el ocultismo, la numerología mística y las religiones orientales.

El libro que da nombre a esta nota aparece en 1974 y recoge unas cinco conferencias dictadas en la Radio Canadiense por Steiner, escritor hebreo, agnóstico y multilingüe, naturalizado en Estados Unidos.

Se trata, dice José de Segovia, de cuatro brillantes diatribas con las que el autor fustiga lo que llama el relato de legitimación de la modernidad, conformado por el marxismo, el psicoanálisis y la antropología estructural. ′Tres grandes mitologías, concebidas para explicar la historia del hombre, la naturaleza del hombre y nuestro futuro. Las tres son mitologías racionales que pretenden tener un carácter científico, normativo. Las tres arrancan de la metáfora del pecado original. La de Marx termina en una promesa de redención; la de Freud en una visión de regreso a casa con la muerte; la de Lévi-Strauss en un apocalipsis originado por el mal humano. ′ (pág. 85). Ya que son teologías substitutivas, visiones mesiánicas con pretensión de totalidad para satisfacer el hambre de mitos y certezas, que es consustancial a la condición humana.

La cuarta conferencia de Steiner trata del auge de la superstición y la irracionalidad que demuestra el interés esotérico de nuestro tiempo. Su lista de fraudes y aberraciones excede a muchos compendios medievales de pretensiones ocultistas. La credulidad que hay detrás de tanta tontería actual permite que cosas como la astrología se presenten como una pseudociencia, en un mundo fascinado por lo extraterrestre y paranormal. Pero las supercherías de muchos supuestos tratamientos alternativos o la moda orientalista no son para Steiner sino síntomas de un fracaso que expresa un sentimiento de impotencia, ante la ausencia de fundamentos sobre los que basar nuestra vida. Frente a todas estas mitologías queda otra alternativa, dice Steiner: la búsqueda de la verdad.

La gradual erosión de la religión organizada y de la teología sistemática, especialmente de la religión cristiana de occidente, nos ha dejado con una profunda e inquietante nostalgia de′, lo que él llama en mayúsculas, ′el Absoluto′ (pág. 111). ′La verdad tiene futuro′, dice Steiner al final de su libro, pero ′que lo tenga también el hombre está mucho menos claro′ (pág. 133). Pero la buena noticia, dice Jesús, es que la verdad nos hará libres. Por lo que nuestro futuro está en esa Verdad hecha carne.

Respecto a Marx, dice Steiner, que a pesar de los millones de muertos (regímenes totalitarios, gulags, torturas, genocidios…) que han supuesto las prácticas marxistas, sigue teniendo sus defensores porque parece que lo equivocado son los medios no el fin, porque lo que Marx ofrecía, a saber, la redención, la libertad, la verdad, sigue siendo válido. Un mesianismo que lleva aparejado las leyendas e iconografías asociados por ejemplo a figuras como Lenin, Stalin y Mao.

En el caso de Freud afirma Steiner que lo que Freud propone no son verdades universales, sino que “sus verdades son de un orden estético, intuitivo, como las que encontramos en la filosofía y en la literatura” y acaba el ensayo a este dedicado afirmando “gracias a la vida y la obra de Freud, nosotros respiramos más libremente en nuestra existencia privada y en nuestra existencia social”. Por el camino vemos el momento en el que Freud y Jung se distancian cuando este último quiere “traer de nuevo a los antiguos dioses”.

Respecto al antropólogo Claude Lévi-Strauss expone Steiner el empeño de este por la antropología entendida como “la ciencia del hombre”, y visto el proceder humano siempre ligado a la aniquilación del hombre y de la naturaleza acaba hablando más de entropología que de antropología. Una entropología que sería “la ciencia de la extinción”.

Y sin personalizarlo en las tres figuras anteriores, Steiner plantea cómo las sociedades occidentales tratan de colmar ese vacío con nuevos hábitos, a saber, el yoga, la meditación y similares. Dice Steiner: 

El estudiante que pasa las cuentas de su rosario o contempla un koan zen mientras vaga en una neblina melancólica, el ejecutivo apresurado que corre a su clase de meditación o a la conferencia sobre el karma, están tratando de ingerir elementos preenvasados, más o menos de moda, de culturas, rituales, disciplinas filosóficas que son, en realidad, tremendamente remotas, distintas y de difícil acceso. Pero está también, y esto es más importante, articulando una crítica consciente o instintiva de sus propios valores, de su identidad histórica.

En el último ensayo comenta si es necesario llevar la verdad hasta sus últimas consecuencias y lo ilustra con un ejemplo en el que se pregunta qué sucedería si la ciencia, la genética, demostrara por ejemplo que unas razas están mejor dotadas que otras. ¿Cómo manejaríamos este material inflamable? Después de la segunda guerra mundial quedó claro que ese empeño por la pureza racial o la creencia de algunos de sentirse superiores bañaron Europa de sangre, así que esta cuestión está orillada, si bien vemos que la xenofobia es un sentimiento que está ahí agazapado, tanto como la necesidad de las guerras, pues según Steiner las guerras parece que actuaran como una especie de mecanismo de equilibrio esencial para mantenernos en un estado de salud dinámica.

Todos estos intentos sustitutivos han sido fallidos. No existe una respuesta universal a la crisis de sentido contemporánea.

 

 

 

Nostalgia del Absoluto es considerado un ensayo profundo y provocador que invita a reflexionar sobre el papel de la religión, la filosofía y la cultura en la búsqueda de sentido en un mundo fragmentado y desencantado, tal como lo llama Morris Berman. Steiner desafía al lector a explorar nuevas formas de comprender la complejidad de la existencia humana y a aceptar la incertidumbre inherente a la experiencia humana. Es una reflexión tan profunda como la que observamos con El malestar en la cultura (1930) de Freud.

 

Este libro es recomendado para quienes desean profundizar en la cultura occidental, la filosofía contemporánea y la historia de las ideas, ofreciendo una visión crítica y perspicaz sobre la condición humana y la búsqueda de significado.

Las ideas de Steiner cobran una actualidad sorprendente, pues el supremacismo racial invade con ímpetu desgarrador a Europa y Estados Unidos, excepción sea dicha en España del presidente Sánchez. El nazismo rebrota aquí y acullá, las sectas religiosas fundamentalistas se multiplican hasta el delirio en los Estados Unidos. El embustero canal History Channel tiene mucho más seguidores que Discovery, un canal serio e ilustrativo. La gente prefiere que les mientan con ovnis, extraterrestres, civilizaciones desaparecidas inexistentes. Las burbujas ideológicas invaden las universidades, recintos creados para búsqueda de la verdad. La mentira aplasta la verdad en las redes sociales. Los gimnasios tienen mucho más usuarios que las bibliotecas. El griterío apaga la reflexión serena y cerebral. Es la civilización del espectáculo que tanto mortificó al escritor peruano Mario Vargas Llosa.

¿Qué pensaría Steiner de la asombrosa y sensacional noticia reciente que dice que se ha creado una religión artificial gracias a la abrumadora presencia de la inteligencia artificial, una temida tecnología sobre la cual ha advertido repetidamente y con gran preocupación el papa estadounidense León XIV? ¿Será una suerte de Esperanto religioso de base digital?.

Como reflexión final diremos que estos pensadores aludidos y comentados son hebreos: Marx, Freud y Lévi Strauss fueron judíos no confesionales, a lo que debemos agregar que Steiner también lo es. Dice Paul Johnson (La historia de los judíos, 1987), que todos los grandes descubrimientos conceptuales del intelecto parecen obvios e inevitables una vez revelados, pero se necesita un genio especial para formularlos la primera vez. Los judíos tienen ese don. Los judíos siempre supieron, que su sociedad está destinada   a ser el proyecto piloto de toda la raza humana. Los judíos han creído que eran un pueblo especial, y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión, y durante un periodo tan prolongado, que han llegado a ser precisamente eso. En efecto, han tenido un papel porque lo crearon ellos mismos. Quizá ahí esté la clave de su historia, concluye Johnson.

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

jueves 24 de abril de 2026.

 


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