
Cornelius Castoriadis:
¿Por qué los franceses comen
ranas y caracoles?
Dedicado al profesor
Héctor Felipe
Torres Mendoza.
Luis Eduardo Cortés Riera.
cronistadecarora@gmail.com
Venía desde el marxismo que creía agotado y del
trotskismo al que renuncia, este filósofo greco-francés que se llamó Cornelius
Castoriadis (Estambul,1922- París,1997). Se distancia del marxismo ortodoxo
soviético, del trotskismo, del Partido Comunista griego, y comienza a entender
a las sociedades y su historia desde otros sistemas de pensamiento, Dilthey, Simmel,
Freud, Lacan. Un salto epistemológico radical que se inicia en 1964 cuando se
hizo miembro de la Escuela Freudiana de París. Las propuestas más relevantes de
Castorioadis han surgido a contrapelo del marxismo y de una lectura radical de
Freud.
Después de terminada la guerra se instala en Francia en
1946, donde entra en contacto con pensadores extraordinarios como Edgar Morín (Pensamiento complejo), Henry Lefebvre,
Jaen Francoise Lyotard (La condición posmoderna),
Gérard Genette, Guy Debord. Tuvo contactos con Gastón Bachelard, Jacques Lacan
y Paul Ricoeur. Fue crítico del estructuralismo de Michael Foucault, Roland
Barthes, Louis Althusser, Gilles Deleuze, y Félix Guattari, así como del método
y posturas lacanianas.
Además de filósofo también
fue economista, abogado, sociólogo y psicoanalista, por lo que ha sido
considerado un auténtico polimata, una persona que tiene conocimientos
profundos en varias disciplinas, sean humanísticas o científicas.
Se le ha considerado
inspirador, como Herbert Marcuse, del famoso Mayo Francés de 1968, por aquello
de la célebre consigna “La imaginación al poder.”, movimiento estudiantil que
saca al general De Gaulle del poder por unos días. Tal revuelta influyó mucho
en el pensamiento posterior de Castoriadis., el cual tenía como banderas dejar
entrar a la vida la espontaneidad, el azar, la creatividad.
Su obra cumbre, La institución imaginaria de la sociedad
fue publicada en 1975, cuando él tenía 54 años de edad, allí expone ideas muy
distintas a las concepciones de Lacan (Teoría
del espejo), Gilbert Durand (Las
estructuras antropológicas del imaginario) o Jean Paul Sartre (Psicología de la imaginación). Su atención teórica, dice Sánchez Capdequí, se va
a dirigir al imaginario, al grado cero del lenguaje y del pensamiento, a los
magmas simbólicos que alientan y estimulan la acción humana al margen de causas
y razones de carácter puramente lógico. Va a explorar lo imprevisible de un
sentido humano que estalla al albur de semejanzas, analogías y asociaciones
metafóricas. Si hasta ahora había personificado en el proletariado el poder
renovador de la vida social, a partir de estos momentos empezará a diseñar una
idea de acción transformadora sin pensar en un sujeto o conciencia concreto.
Las significaciones
sociales se nidifican de acuerdo a las necesidades de un momento histórico,
social, político y económico determinado. Aparecen nuevas significaciones que
provienen del ser histórico social, del imaginario social radical. Adviene así
una nueva significación que entonces organiza
distinto ese escenario. El ser humano modifica y crea su entorno para
cubrir las necesidades tanto individuales como sociales en el proceso de la
vida y estas modificaciones están íntimamente ligadas a una época y cultura
determinada.
Algunos ejemplos de instituciones imaginarias.
Por esta razón nos parecen
muy repugnantes que los franceses coman ancas de rana y caracoles, que los
británicos agreguen mermelada a los corderos, una discusión entre árabes o
chinos nos disgusta por sus sonidos guturales o chillones, en occidente de
Venezuela nos parece una barbaridad agregarle azúcar a la sopa de caraotas como
gustan en oriente de tal país. Los muy severos castigos de cortarle las manos a
los ladrones en Arabia Saudita nos llenan de repulsa en occidente.
Un ejemplo que examina
Castoriadis con detenimiento es el candelabro hebreo o menorá de siete brazos y cuatro mil años de antigüedad. ¿por qué
siete y no tres o nueve brazos? El siete constituye la frontera imaginaria no
determinista. El candelabro se usaba para iluminar lugares sagrados y por ello
se asoció a lo sagrado. Con el número adjudicado siete ese objeto deja de ser
profano simplemente, una simple lámpara para convertirse en un objeto de enorme
carga simbólica. Cada brazo significa un día de la creación, el brazo central
el Shabat, día de descanso del judaísmo. No existe un determinismo materialista
e histórico. Es la potencia de imaginar de los pueblos.
Para Castoriadis Dios es
una representación imaginativa que se ha constituido en institución social de
enorme arraigo global. De igual manera la familia es un imaginario que en
Occidente se ha constituido en institución. Estado y ciudadano son ideas que
están firmemente imbricadas, son representaciones imaginativas que son parte
constitutiva de la cultura y la historia humana.
En la novela Cien
años de soledad de Gabriel García Márquez, citado por Deibar René Hurtado
Herrera, podemos captar claramente el juego de los imaginarios y de la forma en
que son trasmitidos y entendidos:
Como Aureliano tenía en esa época nociones
muy confusas sobre las diferencias entre conservadores y liberales, su suegro
le daba lecciones esquemáticas. Los liberales, le decía, eran masones; gente de
mala índole, partidaria de ahorcar a los curas, de implantar el matrimonio
civil y el divorcio, de reconocer iguales derechos a los hijos naturales que a
los legítimos, y de despedazar el país en un sistema federal que despojara de
poderes a la autoridad suprema. Los conservadores, en cambio, que habían recibido
el poder directamente de Dios, propugnaban por la estabilidad del orden público
y la moral familiar, eran defensores de la fe de Cristo, del principio de
autoridad, y no estaban dispuestos a que el país fuera descuartizado en
entidades autónomas. Por sentimientos humanitarios, Aureliano simpatizaba con
la actitud liberal respecto a los derechos de los hijos naturales, pero de
todos modos no entendía cómo se llegaba a una guerra por cosas que no podían
tocarse con las manos.
Mozart y Beethoven en la visión
de Castoriadis.
Todos conocemos de
la breve, genial y desgraciada vida de Mozart, y de la triunfante y reconocida
de Beethoven. Dos geniales músicos casi contemporáneos que sin embargo debieron
enfrentar a una realidad histórico social en rápida trasformación. ¿Por qué Beethoven logra el pináculo
del reconocimiento y Mozart muere en la pobreza y olvidado?
Aníbal Gauna
Peralta nos dice que Mozart intenta sin logarlo independizarse de la tutela de
la corte imperial y de la Iglesia Católica, todo lo cual logra con éxito
Beethoven. Un cambio radical en la institución de la música ha acontecido en
menos de una generación. Mozart anticipa una independencia del mecenazgo pero
no logra insertarse en las exigencias del naciente mercado editorial. Mozart reta a la nobleza arrancándole con
cierto éxito su monopolio musical. Música y nobleza eran en Viena rasgos de
identificación, privilegio y de poder. Es el imaginario social cortesano,
espacio simbolico construido sobre una batalla por el gusto musical con la
Iglesia. La nobleza ejerce el poder a través de la música en el siglo XVIII.
Beethoven, en
cambio, observa un trastocamiento radical de la institución musical: un desplazamiento
de sentido hondo, profundo. El compositor no es captado como un sirviente de la
corte, acepta el mecenazgo, vende su música a un editor, se alía a un
empresario, hace conciertos en su propio beneficio. Es el paso del mecenazgo al
artista libre que vende sus obras al mercado. La orquesta cortesana da paso a
la orquesta pública financiada por el municipio. Él da uso orquestal al piano. El
gusto musical se democratiza, el espacio musical cortesano pierde importancia.
Las partituras se pueden comprar por suscripciones. La composición musical toma
la calle y el vecindario. Beethoven se convierte en ídolo de la emergente clase
media, la clase burguesa liberal y nacionalista hacia 1800. Una sensibilidad
con intención extramusical. Fue el primer escalón hacia su popularidad
internacional.
Castoriadis y Marvin Harris: el materialismo
cultural.
Esta posición de Castoriadis
es concomitante con la del antropólogo estadounidense Marvin Harris (1927-2001),
creador del concepto de “materialismo cultural”: las vacas no son sagradas en
sí mismas en la India, sino que son más útiles vivas que comidas. La
prohibición de comer cerdo de judíos y musulmanes es de igual tenor. La cultura
no es completamente ideacional, tiene por el contrario base material objetiva.
Como Harris, Castoriadis
establece una relación estrecha entre lo imaginario y la praxis social que
elaboran los individuos mediante acciones. El imaginario social alude a una
ficción vivida y no a un espacio ideal, una mera ficción o a un ámbito mental
creado por un discurso oficial, Iglesia, Estado.
Castoriadis fundamenta su
investigación, dice Esteban Oliva, en la praxis, la creación, la contingencia,
el azar. Su propuesta es que el vínculo entre lo imaginario y la imaginación
producen la realidad, porque la psique y la sociedad constituyen un binomio
indisoluble. Este binomio es generador de las instituciones donde la
potencialidad de lo imaginario está representada en el hacer, la acción, la
potencialidad de crear un nuevo proyecto de futuro donde la cotidianidad y la
lucha por la vida real son fundamentales.
En palabras de Castoriadis
“El tiempo es emergencia de figuras distintas. El tiempo es alteridad, la
condición que permite constituir cambios en la formas o modelos dados, la
dimensión que ofrece la posibilidad de que lo establecido pueda transformarse en
otra situación.
La Imaginación radical de Castoriadis.
Para Castoriadis es
central su idea de la imaginación radical, lo causal y determinista no explica
enteramente a las sociedades históricas concretas. Existe algo de espontaneidad
y de autocreación, donde interviene lo indefinible, la pasión, el azar, el
hallazgo y lo contingente. La imaginación es la facultad humana que permite a
individuos y sociedades crear nuevas formas institucionales, sociales,
históricas. Un magma de representaciones, magma de magmas. La psique es «ola
o flujo incesante de representaciones, de deseos y de afectos. Esta ola es
emergencia ininterrumpida». Creamos lo que nos gusta.
Jurgen Habermas, recién fallecido
filósofo alemán, dijo que Castoriadis ha emprendido la tentativa más original,
ambiciosa y reflexiva de pensar de nuevo como praxis la emancipadora mediación
de historia, sociedad, naturaleza interna y naturaleza externa. (Discurso filosófico de la modernidad,
Excurso C)
En la tumba de Castoriadis
en el cementerio Montparnasse, está inscrito en griego y en francés una cita
del lejano Heráclito:
No encontramos caminando los confines del alma, aun
recorriendo todo el camino, tan profundo es su principio.
Referencias.
Cisneros Araujo, María
Elena. (2012) Individuo e imaginario en la obra de Cornelius Castoriadis. Saber,
UCV. Repositorio Institucional. Universidad Central de Venezuela. Caracas, República
Bolivariana de Venezuela.
Castoriadis, Cornelius.
(2003). La institución imaginaria de la sociedad. Título original:
L'institution imaginaire de la société. Traducción del francés al español de
Antoni Vicens y Marco Aurelio Galmarini. (2ª reimpresión). Buenos Aires
Argentina: Fábula TusQuets Editores.
Gauna Peralta, Aníbal
Francisco (2020) Alcance y problemas de la propuesta de Cornelius Castoriadis
sobre los Imaginarios sociales y el Cambio Social. Utopia y Praxis
Latinoamericana, vol. 25, núm. 90, pp. 189-203. Universidad del Zulia. República
Bolivariana de Venezuela.
Hurtado Herrera, Deibar
René. (2008). La configuración:
un recurso para comprender los entramados de las significaciones imaginarias*Rev.latinoam.cienc.soc.niñez
juv v.6 n.1 Manizales ene./jun. 2008
Oliva, Esteban. (2016) El
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volumen 20, número 3, septiembre-diciembre 2016. UPEL, Barquisimeto.
Sánchez Capdequí, Celso
(2025) La (Re) institución imaginaria de la sociedad. Editorial Catarata. Madrid,
España.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de Venezuela,