sábado, 27 de diciembre de 2025

Bernardo Yépez, la memoria de Curarigua.

 

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Profesor Bernardo Yépez,

la memoria histórica de Curarigua de Leal.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

Bernardo, que tenía apellido tocuyano, inventa sin saberlo la microhistoria sin haber leído nunca al mexicano don Luis González González. No tuvo necesidad de leer San José de Gracia, editado en 1968, el best seller mundial que catapulta la historia con lupa en Hispanoamérica y el resto del orbe. Desde un pequeño y agradable poblado perdido en el semiárido occidental venezolano llamado Curarigua de Leal, emprende Bernardo desde hace varias décadas la noble misión de reconstruir la memoria histórica de unos caseríos que se reconocían a lo sumo de manera oral y de generación en generación. Desde allí aparecen impresos los nombres de lugares como Tunalito, Ira, El Paso, Joroba, Potrerito, La Rinconada, lugares de la memoria que se rencontraron con su pasado gracias al incansable hacedor de cultura que fue Bernardo Yépez. Quizás sea esta noble labor única en Venezuela hasta donde sepamos: La historia de los de abajo, colección que dirige con el licenciado Jesús Dudamel, donde dicen que “la gente encopetada ha dejado muchos testimonios de su existencia, no así la gente humilde y la vida cotidiana”, palabras que nos recuerdan la intrahistoria del español Don Miguel de Unamuno (1864-1936).

 

Siempre reconocía sugerencias de buen modo y aceptaba los yerros y enmendaduras a sus escritos que pasaban por nuestras manos antes de ir a imprenta Horizonte de Barquisimeto del señor Alberto Jaimes. Entre sus futuros proyectos, siempre tenía uno, estaba Curarigua en el paladar de todos los venezolanos, en referencia a la extracción del mejor orégano (origanum vulgare) del mundo que se destina a las grandes empresas del ramo: Mc Cormick, Iberia, Alfonzo Ribas, entre otros. Me decía emocionado que gracias a esta humilde planta silvestre y que nadie siembra ni riega, decenas de hogares logran sustento para sus familias sin dañar a la planta. Las pizzas, parrillas y los espaguetis serían desabridos sin el orégano curarigüeño. “Es una actividad ecológica del semiárido larense venezolano”, decía con su característico tono de voz y afable sonrisa mientras se frotaba las manos.

Otro de sus planes era el de restituir el baile de la bamba, que se escenifica en algunos caseríos de la parroquia Antonio Díaz, “pues está muy disminuida”. Le asomé la posibilidad de un Atlas Ilustrado del juego de la pelota criolla de Curarigua, impreso con tapas duras con fotografías a todo color, las reglas de juego, planos y diagramas, entrevistas de peloteros de ese magnífico y viril deporte autóctono del semiárido venezolano. “Lo vamos a hacer” me dijo cargado de emoción, un rasgo permanente de su afable carácter.  

Fue este tenaz y decidido conductor de la cultura, quien venía de ser profesor de electricidad y mecánica en liceos barquisimetanos, quien recibe hospitalariamente en su posada al filósofo palmaritense (Estado Barinas) Doctor José Manuel Briceño Guerrero. “Se emocionó tanto el doctor al observar la danza negroide del tamunangue, que se pasa de palos de cocuy y hubo que acostarlo en una hamaca no sin antes darle un buen baño” El resultado de aquella vista fue el sabroso libro El garrote y la máscara, que contiene pasajes de su recorrido por El Tocuyo, Sanare, Cubiro, Carora y Curarigua.

 

Su entrega y pasión por la investigación histórica llega a extremos poco menos que increíbles. Cierta vez fue a la Sala Larense de la Biblioteca Pío Tamayo de Barquisimeto, donde era habitué, en búsqueda de un dato puntual sobre su paisano escritor Rafael Domingo Silva Uzcátegui, autor de la prodigiosa y monumental Enciclopedia Larense (1942) Al terminar felizmente su faena no encontró en el estacionamiento su camioneta Toyota Samuray, pues había dejado el suiche pegado en ella. ¡La encontraré, la encontraré!, decía repetidamente.

Gracias a su ayuda pude conocer un libro de R. D. Silva Uzcátegui que es una rareza impresa en España. Me lo hizo amablemente llegar fotocopiado: Historia crítica del modernismo en la lengua castellana, publicado en 1925. Le hice un ensayo con el cual gané la Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez en 2014. Luego dicté por invitación suya una conferencia de este autor curarigüeño en la deslumbrante biblioteca de este poblado ubicado en un recinto religioso, lo cual constituyó para mi persona una agradable sorpresa. Allí fue capaz de reunir una gran colección de libros que me deja como maravillado, a tal punto que pensé volver por unos días a disfrutar de aquel portento de biblioteca alojada en un espacio sagrado que contiene ediciones raras de libros de cualquier parte del mundo. 

 

Era un hombre previsivo, pues desde hace años prepara la línea sucesora de la Casa de la Cultura de Curarigua. Se trata del licenciado Jesús Dudamel, docente a lomo de motocicleta y escritor de un bello Muestrario de poesía curarigüeña y de La Rinconada cuenta su historia. Ellos tuvieron el atrevimiento de fundar el Fondo Editorial Curarigua en aquel pueblito con aires andinos del semiárido larense, un pequeño Macondo con el único rebaño de burros con ojos azules del mundo. Un portento de cultura literaria pocas veces visto en el interior de Venezuela.

Curarigua por su posición geográfica es una especie de nudo cultural por encontrarse equidistante entre dos ciudades coloniales de luengo y afincado estirpe cultural barroca: El Tocuyo y Carora. Dos flujos de tradición cultural que iban y venían de estas dos ciudades coloniales que se encuentran y se dan la mano en el valle del Río Curarigua que baja de los Andes larenses, que da por resultado más notorio la danza nigralba del cañamelar, el tamunangue, la manifestación folclórica, afirma Francisco Tamayo, más rica de Venezuela y quizás de Hispanoamérica. Esa suite es la maravillosa convergencia de la cultura peninsular española, canaria, aborigen americana y negra africana.

La cultura barroca se expresa magníficamente el Día de los Muertos, 2 de noviembre de cada año en Curarigua, con la impresionante procesión de las ánimas del purgatorio, con la sentencia del catolicismo postridentino como fondo emotivo: Recuerda que vas a morir. Por la noche y amparados por luces de velas y cirios, me dice Bernardo, cobijados con hojas de cambur, caminan los lugareños rumbo al camposanto y a las señales orales de El Gritón, sin mirar hacia atrás, por lo que era hasta hace poco ritual prohibido a las damas porque corren el riego de hacerlo.   

De las manos de Bernardo, cronista de Curarigua, me topé con el siglo XVIII colonial. Sucedió cuando fuimos a visitar una antigua plantación de cacao al sur de Curarigua, plantas que fue traídas por los hacendados de nuestro gran siglo colonial y que se fundieron con la otra planta, asiática esta vez, que se aclimata a la sequedad primorosamente: la caña de azúcar. Soy de la idea, le decía a Bernardo, que el tamunangue no es solo producto de una sociología de la dulzura de la caña, tal como dice Manuel Moreno Fraginals, sino que habría que agregar el cacao para darle tonalidad rítmica a nuestra danza negroide en honor a San Antonio de Padua, el santo de los pobres.

Resulta poco menos que increíble que este pequeño poblado haya tenido hijos tan destacados: el iniciador de la cardiología Carlos Gil Yépez, el prolífico escritor autodidacta Rafael Domingo Silva Uzcátegui, la gigantesca figura del folclore Pío Rafael Alvarado, el gobernador del Estado Lara Dr. Honorio Sigala, al precursor de la teología de la liberación en Venezuela presbítero Lisímaco Gutiérrez, allí nació Valentón Carucí, prolífico compositor, fue lugar de residencia del educador Dr. Ramón Pompilio Oropeza, del Doctor en Agronomía Rafael Tobías Marquís Oropeza.

 Debemos agregar ahora a este portento de la tenacidad cultural que fue el docente Bernardo Yépez, quien se retira físicamente de entre nosotros el 19 de diciembre de 2025, pero que quedará en la memoria registrado hondamente por haber sido artífice de uno de los más audaces proyectos historiográficos del interior de Venezuela, que debe ser replicado en otras parroquias y municipios de Venezuela. Bernardo abrió el camino.

 

Pastor Nava, poeta popular, escribe en deliciosos versos rimados a

 BERNARDO YEPEZ:

 

Nos llegó de San Isidro

Por voluntad del Señor

Un hombre que es muy querido

Y es cronista y profesor

Todo lo hace por amor

Y mucha dedicación

Es el cronista el mejor

Que ha llegado a esta región

Bernardo lleva por nombre

Y tiene esa gran virtud

De enseñar a la Juventus

A los niños y al hombre

De esto ninguno se asombre

Porque es hombre de cultura

Recordará este nombre en

Cada generación futura

Ha escrito para la historia

Dedicándole su vida

Para dejar su memoria

Al pueblo de Curarigua

De manera ejemplar

Que tenemos a la vista

Ha descrito este cronista

A Curarigua de Leal.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

27 de diciembre de 2025.

 

 

 

 

 


El ídolo de los orígenes de Marc Bloch.

 

Marc Bloch:

El ídolo de los orígenes en el hacer histórico.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

Este pernicioso y falaz ídolo de la tribu de los historiadores, bien podría constituirse en otro de los Pecados Capitales del Historiador, de los cuales me he referido en otras ocasiones. Resuenan de nuevo las formidables lecciones de filósofo y científico inglés Francis Bacon (1561-1626), quien nos advertía en el siglo XVII de los obstáculos a los que debe enfrentar el pensamiento humano: ídolos o fantasmas de todo tipo y pelaje. Los clasifica este filósofo inglés de cuatro maneras: ídolos de la tribu, ídolos del foro, ídolos del teatro, ídolos de la caverna, en su célebre obra Novum Organum, 1620.

El ídolo de los orígenes ha atacado a quien escribe, un mea culpa. Motivado por una difusa e inconsciente búsqueda de una explicación causal del extraordinario e indiscutible fervor de la religiosidad católica de mi ciudad de Carora, Venezuela, me fui sin pensarlo mucho al genésico siglo XVI, centuria donde seguramente encontraría explicación a tan resaltante fenómeno contemporáneo. Así, creí conseguirla en la fundación de la Cofradía del Santísimo Sacramento en 1585, una hermandad que comenzó afiliando una ínfima docena de cófrades y que luego, con el transcurrir de los siglos, se hizo masiva y multitudinaria. Era, como se habrá notado, una explicación tomada de las ciencias biológicas y más exactamente de la embriología. De la bellota nace el roble, dice genialmente Marc Bloch en Apología por la historia o el oficio del historiador. Quizás haya sido por comodidad de pensamiento y que también puedo atribuir a la influencia no declarada de un libro de mis mocedades favorito: El origen de la vida, de Oparin, el que yo haya caído mansamente en las diabólicas manos del ídolo de los orígenes.

  Marc Bloch (1886-1944) ha dicho admirablemente en su Apología de la historia o el oficio del historiador (1941) que “para los hombres que hacen del pasado el principal tema de investigación, la explicación de lo más próximo por lo más lejano ha dominado a menudo nuestros estudios hasta la hipnosis. La obsesión de los orígenes es como un ídolo de la tribu de los historiadores. En una palabra, la cuestión no es saber si Jesús fue crucificado y luego resucitó. Lo que se trata de comprender es por qué tantos hombres creen en la crucifixión y en la resucitación. Ahora bien, la fidelidad a una creencia no es, evidentemente, más que uno de los aspectos de la vida general del grupo en que ese carácter se manifiesta”.

Así lo entendí al darme cuenta que en el siglo genésico del XVI no podía de modo alguno residir toda la carga explicativa del gran fervor del catolicismo de hogaño en tierras del semiárido occidental venezolano.  Si bien es cierto que la fundación colonial de las cofradías es muy importante para comprenderlo, también es necesario tomar en cuenta que también fueron fundadas estas hermandades en tiempos republicanos, siglos XIX y XX, que durante los gobiernos del presidente Antonio Guzmán Blanco (1870-1888) lejos de debilitarse estas cofradías caroreñas por las políticas anticlericales, se reforzaron y crecieron en número y calidad de adherentes, tal como pude descubrir tras intensa, paciente  investigación archivística en el magnífico repositorio que es el Archivo de la Diócesis de Carora.

Otro mentís al ídolo delos orígenes radica en que la inmensa devoción mariana de la virgen de la Chiquinquirá de Aregue no se estableció en este pueblo de indios en el siglo genésico, sino que es devoción americana procedente del Reino de Nueva Granada en el siglo XVII. En una palabra, como dice Marc Bloch, un fenómeno histórico nunca puede ser explicado en su totalidad fuera del estudio de su momento.

Esta hermosa devoción femenina e indígena ha sido masiva desde que se estableció en Aregue, poblado indígena cercano a la ciudad de blancos de Carora. Recibió un gran refuerzo en 1745 cuando don Cristóbal de la Barreda construyó de su peculio una iglesia en agradecimiento a la virgen morena por haber sobrevivido a un naufragio pavoroso en el mar Caribe. La iconografía en torno a la virgen india es otro dato relevante. A fines del siglo XVIII colonial y barroco se incorpora el soberbio y espectacular óleo de la Virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue, una identificación emotiva muy intensa que la imagen incorpora.

 Pero hay un hecho reciente que me ha puesto a reflexionar: la multitudinaria marcha de la fe que tiene lugar en los meses de octubre de cada año y que es una creación del siglo XXI. Un auténtico río humano que camina 10 kilómetros desde Carora hasta Aregue desde que despunta la madrugada venciendo crisis económica, pandemias y escasez de carburante.

A Carora se le conoce como “ciudad levítica de Venezuela” desde principios del siglo pasado. Este bautizo reconoce y afinca aún más la vivencia profunda de la fe católica de los caroreños. Este efectivo mote se lo debemos al padre Carlos Borges, poeta de inspiración mística y amatoria, en visita a Carora en 1918. Se dio cuenta entonces el levita caraqueño de la gran cantidad de sacerdotes nativos de esta ciudad enclavada en el semiárido occidental venezolano. Hogaño podemos decir que más de un millar de eclesiásticos han nacido acá. Destacan entre ellos siete obispos, uno de los cuales es candidato firme a subir a los altares: el obispo mártir Salvador Montes de Oca, asesinado en Italia por la barbarie nazi en 1944.

Pero hay un destacadísimo hecho sociológico, religioso y colectivo que experimenta la ciudad de Carora a lo largo de las centurias y que nos da una visión de la masividad de la fe entre nosotros. Se trata del carácter militante en el catolicismo de nuestra clase dominante, los patricios o godos de Carora, quienes, en el empeño de resguardar la pureza de su linaje hispánico y canario, se identificaron profundamente con los asuntos del altar, coparon los cargos eclesiásticos, se adueñaron de las cofradías, y -quizás lo más importante- obtuvieron generosas dispensas matrimoniales que protegieron sus prosapias para así evitar la dispersión de sangre y fortunas. Una firme y autentica endogamia biológica y cultural que nos alcanza en el siglo XXI.    

Hemos citado la historia religiosa solo a manera de ejemplo. Pero a todo estudio de la actividad humana, advierte Marc Bloc, amenaza el mismo error: confundir una filiación con una explicación. La fidelidad a una creencia no es, evidentemente, más que uno de los aspectos de la vida general del grupo en que ese carácter se manifiesta. Evitemos a todo trance el dañino ídolo de los orígenes.


Resumen curricular de Luis Eduardo Cortez Riera.

Luis Eduardo Cortez Riera.

(Resumen Curricular)

Doctor en Historia, 2003, Universidad Santa María, Caracas. Magíster y Especialista en Historia, Universidad José María Vargas, Caracas, 1995, Licenciado en Historia, Universidad de Los Andes, Mérida, 1976. Cronista Oficial del Municipio G. D. Pedro León Torres, por concurso, 2008. Miembro de la Fundación Buría.

Docente del Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Barquisimeto, Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre.

Jubilado del Ministerio del Poder Popular para la Educación, 2003, docente del Liceo Egidio Montesinos, subdirector académico del Centro Regional de Ayuda al Maestro Francisco Tamayo; Tutor de Trabajos de Grado de Maestría y de Tesis Doctorales en Universidad Bolivariana de Venezuela, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Universidad Central de Venezuela.

Autor de las obras: Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937, 1997. Iglesia Católica, Cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX, 2003, Explorando al Estado Lara (Enciclopedia) 2007, Ocho pecados capitales del historiador, 2007, Rafael Domingo Silva Uzcátegui, psiquiatría y literatura modernista (Ensayo ganador II Bienal Nacional de Literatura, 2014); La gallarda serpentina de El Negro Tino Carrasco, Alcaldía del Municipio Torres, 2017; Sor Juana y Goethe: del barroco al romanticismo, Editorial Académica Española, 2020; El rinoceronte de Durero; Los ovarios de Madame Bovary; Gerónimo Pompa y Medicamentos indígenas, 1868; Expedito Cortés, director emérito del Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza. Carora y el Distrito Torres en 1913; Mentalidad de los caroreños en 1914; Carlomagno Peralté, Jesucristo negro latinoamericano; Parroquia Montaña Verde, enclave de iglesias evangélicas protestantes en Centro occidente de Venezuela; El Municipio Torres, frontera interior de transición Zulia, Falcón, Trujillo. Carora escrita de memoria. Francisco Herrera Luque y Los viajeros de Indias. Jack Goody y el robo de la historia. Pedro Cunill Grau y Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela. El Dr. Rafael Tobías Marquís y la independencia intelectual latinoamericana. Alirio Díaz y Rodrigo Riera, el genio de los pueblos del semiárido larense. El silencio del mar. La Batalla de Argel, El Árbol de Cracovia, El rompecabezas Needham, El semiárido larense venezolano como caja de resonancia cultural, Gerard Brenan y El laberinto español, Selena, la ambigüedad de una cultura, Reinhart Koselleck y el eterno retorno, El Papa León XIV y la Encíclica Rerum Novarum, La fábula de los tres cerditos en la versión de Walt Disney examinada desde la sociología comprensiva de Max Weber.

Columnista de los diarios El Impulso, El Caroreño, El Diario de Carora. Colaborador de las revistas Coloquio de los Perros, España, Tierra Firme, Archipiélago, Universidad Nacional Autónoma de México; Clases Historia, España; Saber, Universidad de Los Andes, Mérida; Letralia, Aragua; Carohana, Lara; La Revista, Policlínica Carora; Cine y Literatura, Chile; Enlace Científico, IUETAEB; Correo de Lara; En Prospectiva, Universidad de Yacambú; Revista Chilena de Semiología; Aldea Educativa Magazine, Miami, Florida, 2022, Memoria Educativa Venezolana; CISCUVE de la  Universidad Central de Venezuela, Agulha, Revista de Cultura, Brasil. Academia Nacional de la Historia, Venezuela. América Latina en Movimiento. Principia, UCLA. Revista Internacional de Pedagogía Musical, España. Revista Médica Razetti, Barquisimeto. Unearte, Portuguesa.

Ha abierto dos líneas de investigación: Historia social e institucional de la educación en la Región Centroccidental de Venezuela; Historia social de las manifestaciones religiosas en el Estado Lara, Venezuela. Creador de la categoría de análisis Genio de los pueblos del semiárido occidental Larense venezolano.

Correo: cronistadecarora@gmail.com

Celular 04245427236

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela.

 3 de diciembre de 2025.

 


ovejas fotovoltaicas

Ovejas fotovoltaicas.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

Después de sufrir dos siglos de humillación por parte del arrogante occidente europeo y Japón, China emerge como una gigantesca potencia económica, militar y científica. Se decía malintencionadamente que era una cultura atrasada, lenta e ineficiente. Nada más falso. El británico Joseph Needhan demostró que la ciencia en China e India eran iguales o superiores a la europea hasta el siglo XVII. Todo indica que este sabio británico tenía sobradas razones en sus planteamientos sobre el gigante asiático.

Después del trauma que significó la Revolución Cultural de Mao en 1966 a 1976, el país toma la senda de la acelerada industrialización y el libre mercado, políticas auspiciadas por Deng Xiaoping (1904-1997) reformas que derrotaron a los fanáticos ortodoxos marxistas y estatistas aferrados a los dogmas. “No importa el color de los gatos, decía Deng, lo importante es que cacen ratones.” Es la famosa Teoría del Gato.

Tras la muerte de Mao Zedong en 1976, el país ha experimentado un desarrollo económico monumental que saca de la pobreza a 500 millones de personas. Un sistema de partido único, el Partido Comunista Chino, que dirige una economía de libre mercado parece ser el secreto de tal prodigio. En la actualidad rivaliza el país del dragón con la otra gran economía mundial, la de los Estados Unidos, algo impensable apenas 50 años atrás.

Uno de sus mayores logros y que ha tenido resonancias planetarias ha sido la tecnología de los paneles solares, una manera de generar electricidad que comenzó a experimentarse siglos atrás en Europa y Estados Unidos y que China se la ha apropiado en los días que corren, de manera parecida como se ha apropiado de la Inteligencia Artificial, inaugurando una nueva guerra fría. La estructura energética del mundo se transforma radicalmente con los paneles solares, una energía verde, limpia, barata y de alta calidad que ofrece el gigante asiático a todo el sur global, desde Filipinas a Pakistán, Etiopía, México y Bolivia. ¡Y también en los Estados Unidos y Europa! Marcas chinas tienen grandes empresas en Estados Unidos. Casi el 80 por ciento de estos artefactos son producidos a bajo costo y alta calidad en China. Longi, Jinko Solar, Trina Canadian Solar, son las empresas del ramo más exitosas del mundo. La nueva superpotencia mundial de las energías renovables es China.

El gigante asiático, que ha sido uno de los países más contaminantes por el uso de combustibles fósiles, gas natural, carbón y petróleo, que ocasionaron la muerte de 366 mil personas solo en 2013, ha apostado por la energía verde de manera acelerada en estas últimas décadas. Años de inversión masiva de unos 625.000 millones de dólares, convirtieron al dragón asiático en el mayor productor de energía solar del planeta junto a su vecina India. En China se construyeron con la tecnología del silicio las plantas Talatan Solar Park, Ningdong Solar Park, Hobq Solar Park, Urtmorin Solar Park; en India: Bahdla Solar Park, Pavagada Solar Park, N P Kunta. Otras muy importantes están en Estados Unidos, Egipto, Brasil, Emiratos Árabes Unidos, México, España, Omán, Suráfrica, Vietnam.

 Ha construido China una enorme planta solar flotante sobre una mina de carbón abandonada en la provincia de Anhui, con 166.000 paneles y una capacidad de 40 megavatios. Pero la planta solar que nos interesa está en la provincia de Quighai, una de las regiones más áridas de China. Siete millones de paneles solares que generan energía para cinco millones de hogares, han creado un fenómeno inesperado: un microclima con vegetación donde pastan miles de ovejas a tres mil metros de altitud.

La sombra de los paneles y la barrera contra el viento que ellos producen en 610 kilómetros cuadrados, ha favorecido el brote de vegetación y los rebaños de ovejas se han duplicado, una experiencia que bien puede llamarse una feliz serendipia.

 La hierba aquí es suficiente para alimentar a las ovejas, y la sombra proyectada por los paneles fotovoltaicos es especialmente adecuada para que los animales descansen a la sombra. El estiércol puede servir como fertilizante natural para la hierba. Las ovejas comen bien y tienen una tasa de supervivencia más alta. “Ahora mi rebaño, dice un pastor fotovoltaico, se ha duplicado en número, y mis ingresos anuales han aumentado de 40,000 a 50,000 yuanes (5,960-7,450 dólares)".

Un curioso modelo de simbiosis energética que ha disminuido la evaporación donde antes estaba un erial seco y deshabitado por los humanos en la meseta del Tíbet. Una transicion entre economia rural y transicion energética, un encuetro entre tradicion y modernidad. Los paneles no solo generan electricidad , sino tambien vida.

parque solar mas grande mundo china tibet 3

China no solo lidera la transición energética en el mundo. Está construyendo el andamiaje industrial del siglo XXI, dejando progresivamente en el olvido los combustibles fósiles contaminantes. Un dilema geopolítico y tecnológico de repercusiones globales.

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

 Noviembre 14 de 2025.

 


viernes, 26 de diciembre de 2025

Dr. Félix Quintero clausura el Colegio Federal Carora en 1900.

 

Aspirantes a reina de las Fiestas Patronales de Carora visitaron El ...

 

Dr. Félix Quintero,

Ministro de Instrucción clausura el Colegio Federal Carora en 1900.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

Los godos o patricios de Carora no lo podían creer, el general Cipriano Castro, que unos meses antes había pasado en campaña militar por esta ciudad del semiárido larense, que había recibido el entusiasta  apoyo de sectores representativos de la sociedad caroreña, ahora clausuraba la creación cultural más importante por ellos promovida, el Colegio Federal Carora, institución de educación secundaria que había sido fundada 10 años atrás, en 1890, como Colegio (particular) La Esperanza, bajo la rectoría del abogado Dr. Ramón Pompilio Oropeza y 22 alumnos fundadores. Ninguna mujer.

          Dos acaudalados comerciantes habían patrocinado tal plantel educativo: Andrés Tiberio Álvarez y Amenodoro Riera. La ciudad apenas tenía 8 mil habitantes y una afincada tradición católica. Los patricios caroreños ejercían una auténtica hegemonía ideológica y cultural: dominaban los asuntos del altar, las cátedras de latinidad, crearon escuelas de primeras letras, fundaron periódicos y clubes sociales. La tierra y el comercio eran de su propiedad.

En esa década el Colegio dio frutos excelentes: 28 muchachos, todos varones, habían egresado de sus aulas como flamantes Bachilleres en Ciencias Filosóficas, un título que daba gran prestigio social. Las humanidades clásicas dominaban sobre la ciencia natural en su orientación filosófica. Su plan de estudios era un anacronismo, pues se enseñaba Latín, una lengua que había dejado de ser universal siglos atrás, el Griego tenía poca aplicación, la Retórica tenía un sabor medieval, grandes problemas tenía la Física, pues los científicos creían que ya había llegado a sus límites. En 1891 La Esperanza fue elevado a Colegio Federal por el presidente Raimundo Andueza Palacio, el creador de la Universidad del Zulia.

La clausura del Colegio caroreño en 1900.

Ese fatídico año escribe el vicerrector del Colegio caroreño, el médico Dr. Lucio Antonio Zubillaga, que “en el año académico 1899 no hubo clases por causa de la guerra. En agosto de 1900 se suprimió el Colegio Federal y en septiembre del mismo año se abrió como particular”. No era la primera vez, pues en 1895 hubo un conato de cierre del instituto y su escuela primaria anexa por el gobierno de Joaquín Crespo, fundador de la Universidad de Carabobo. Cerrar escuelas y colegios “es esta una constante perniciosa de nuestra Instrucción Pública, hecho que es como una constante perniciosa de nuestra historia republicana. Una dolencia profunda que no era tan sólo de la Educación, sino de todo nuestro organismo histórico”, se lamenta Mariano Picón Salas.

¿Por qué se suprimió el Colegio caroreño? Veamos: El Presidente Castro consiguió a un Estado y a un país en ruinas. El precio del café, nuestro principal producto de exportación, había bajado a 0,83 Bs. en 1899, cuando se pagaba a 5,47 Bs. en 1895. La deuda pública venezolana en 1900 ascendía a la suma de 211.371.200 Bs., el crédito externo estaba por el suelo, las transacciones anuladas. Cipriano Castro necesitaba a toda costa conseguir dinero para mantenerse en el poder y como ya había sucedido en 1895, es el Colegio Federal de Carora, como muchos otros en el país los que son c1ausurados por el Presidente Castro mediante la infame Ley de Rentas y Gastos Públicos de 1900. Era tan difícil la situación general del país en aquellos años que ni siquiera el Ministro de Instrucción Pública preparó Memoria y Cuenta en ese mismo año de 1900. El Dr. Félix F. Quintero, que no fue capaz de elaborar aquel documento, sí lo fue para borrar de un plumazo el Colegio Federal Carora.

¿Quién era el Dr. Félix Quintero?

Lo primero que nos sorprende es que no era tachirense sino caraqueño. Una vez instalado Cipriano Castro en el poder se prestó servir al caudillo andino como eminencia gris. Era abogado, ingeniero, educador y político, algo extraordinario, pues en su intelecto cabían las ciencias naturales y las humanidades, un portento del conocimiento casi inexistente en nuestros días. Fue discípulo del sabio Agustín Aveledo en el Colegio Santa María, ingeniero y doctor en ciencias físicas por la Universidad de Caracas en 1886, se doctoró en filosofía y letras en 1891, y como si fuera poco se doctora en ciencias políticas y abogacía en 1894 en esa misma casa de estudios.

 Fue Ministro del Interior del presidente Andueza Palacio hasta 1892, preside la Corte Suprema de Justicia en 1895. Ocupó el cargo de relator de la Corte Suprema del Distrito Federal en 1915 y fue senador por el Estado Táchira. Presidió las sesiones de la Cámara del Senado durante el primer período de sesiones ordinarias en 1924. Y durante el segundo período, en 1925. Individuo de número de la Academia Nacional de la Historia en 1918

 

 Su pasión por la docencia lo mantuvo como profesor de la Universidad de Caracas, hoy llamada Universidad Central de Venezuela. En diversas oportunidades, dictó las cátedras de Historia Universal, Derecho Romano, Geometría Analítica, Economía Política, Astronomía y Cronología y Filosofía. También fue profesor de castellano y filosofía en el Colegio Alemán y en el Seminario Metropolitano de Caracas.

        Con todo ese impresionante currículo, fue el Dr. Félix Quintero el Ministro de Instrucción que ordena la infame clausura del Colegio Federal Carora en 1900, año en el que ni siquiera prepara Memoria y Cuenta como Ministro del ramo del presidente Cipriano Castro.

Este desolador panorama de nuestra Instrucción Pública continuará terriblemente con otro destacado Ministro de Instrucción de Cipriano Castro, el escritor Eduardo Blanco, autor de la célebre epopeya Venezuela heroica, publicada en 1883, quien declara en suspenso las universidades del Zulia y Carabobo, el Colegio Superior de Guayana, el Colegio Federal de Primera Categoría de Barquisimeto.  Justificaba el novelista tan criminal acto hacia la cultura y el conocimiento al decir que “a la deficiencia de la enseñanza se unía el exceso de médicos y abogados lo cual contribuiría a crear en el país un verdadero “proletariado intelectual.” Apenas quedaron existiéndolas universidades de Caracas y la de Mérida.

Afortunadamente, y tras larga clausura de 11 años, el Colegio Federal Carora fue reabierto felizmente en 1911 por el general Juan Vicente Gómez y su Ministro de Instrucción, el escritor larense Dr. José Gil Fortoul. Una interesante historia que ofreceremos en próximas entregas.

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,


Esperanza Lameda de Riera. profesora

Profesora Esperanza Lameda de Riera. Cultura y política en una mujer.

Si alguna dama merece un reconocimiento en la Carora patriarcal es Esperancita Lameda de Riera, quien a fuerza de tenacidad y empeño se abrió un camino entre la espesura de unos hábitos y culturas patriarcales. Lideró su hogar y logra resultados notorios al encaminar con éxitos a su progenie en la academia, se abre lugar en la estructura de un partido socialcristiano signado por la dominancia masculina, lidera nuestro Concejo Municipal de Torres, diputada al Congreso Nacional, continúa su formación de maestra normalista hasta conseguir su grado de profesora de castellano y literatura con honores.

La he conocido desde hace mucho tiempo gracias a su amistad con Expedito Cortés, mi padre, a su maravillosa idea de crear un instituto de Educación Media de carácter particular, el Colegio Libertador, y puedo destacar que fue ella la primera Sub Directora Académica del centenario Liceo Egidio Montesinos de Carora fundado en 1890. Firme en su defensa de la lengua castellana y de nuestras tradiciones, le oí hace pocos días un reclamo muy sensato y oportuno de que en un acto cultural de un plantel educativo religioso caroreño no se oyó ninguna pieza musical venezolana. El entusiasmo y el humor siempre sano recorren su rostro de mujer barrionovense, un maravilloso lugar de la memoria caroreña de donde sin lugar a dudas extrajo su equipamiento para crear cultura y civilidad.

Felicito gratamente a los organizadores de este sentido y agradable acto a nuestra paisana, La Gala de la Amistad, a Franklin Piña, sociólogo Justiniano Vásquez allá en la lejana Canadá, Lic. Jorge Euclides Ramírez, José Adán, Abogado Gerardo Pérez González, Profesor Gorquin Camacaro, Dr. Juan Hildemaro Querales, Lic. Jesús Álvarez, Lic. Orlando Álvarez Crespo y Abogado Carlos Suárez, por haber escogido y situado a Esperancita como un valor en la tradición milenaria del cristianismo que merece ser colocado en la senda de los constructores y constructoras de caminos de amistad, cultura, concordia, amor y entendimiento.

Muchas gracias por haberme invitado a este merecidísimo reconocimiento a Esperanza Lameda de Riera, el valor de ser mujer personificado.

 

 

Dr. Luis Eduardo Cortés Riera.

Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña.

Cronista Oficial del Municipio Torres, Carora.

Miembro de la Fundación Buría.

Jubilado del Ministerio de Educación de Venezuela.

 

Carora, 14 de junio de 2025.  

 


Semiárido larense venezolano como caja de resonancia cultural

El semiárido larense venezolano como caja de resonancia cultural.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

Ha sido Edilberto Ferrer Véliz (2007) quien nos ha hablado de los xerosistemas regionales larenses y falconianos, micro regiones habitadas por sistemas sociales que, organizados particularmente desde milenios, han actuado con tenacidad y perseverancia, respondiendo a las ventajas y antagonismos que el entorno seco y deficitario de humedad ha impuesto a su búsqueda de medios de supervivencia, desarrollo económico y sociocultural y calidad de vida. (Torres, presente y futuro, Pp. 39). La hostilidad ambiental, la sequedad del ambiente, han condicionado la manera en que se han organizado las comunidades humanas mucho antes de que llegaran los cristianos a este vasto erial del occidente de Venezuela. Las condiciones climatológicas gobiernan la demografía, habitabilidad y productividad, elementos condicionados por la presencia de agua dulce. Es decir que los hidrociclos afectan a las comunidades naturales y a la población, sus actividades agropecuarias, tradiciones y cultura, valora Ferrer Véliz.

Estas agudas observaciones de Ferrer Véliz guardan una estrecha semejanza de criterios analíticos con los del antropólogo estadounidense Marvin Harris (1927-2001), creador del materialismo cultural, una manera interpretativa del marxismo como ecología cultural, tal como la que plantearon Julian Steward y Leslie White. El cambio cultural se da en función de la adaptación al medio ambiente. Toda cultura tiene tres componentes: ideológico, sociológico y tecnológico. Una cultura con más medios tecnológico estará más evolucionada que una que no tiene. En propias palabras de Harris “…El materialismo cultural está basado en la simple premisa de que la vida social humana es una respuesta o reacción a los problemas prácticos de la existencia terrenal…” (El materialismo cultural, 1979, pp. 11) Se opone al planteamiento humanista de que no existe determinismo en los asuntos humanos, que niegan la legitimidad de las explicaciones científicas del comportamiento humano. Nuestra estrategia, agrega Harris, es contraria también a numerosas formulaciones que parten de las palabras, las ideas, los valores morales y las creencias estéticas y religiosas para comprender los acontecimientos cotidianos de la vida humana. Añade al marxismo la presión reproductora y las variables ecológicas.

Es muy conocida su argumentación económica y ecológica de la vaca como animal sagrado en la India: su valor como animal vivo es superior el animal sacrificado para la alimentación. La vaca no es sagrada de por sí, sino que su sacralidad hunde sus raíces en la utilidad: produce leche, fertilizante en su estiércol, arrastran los arados.  De modo parecido dice Harris que el tabú alimentario en torno al cerdo del islam y el judaísmo se debe a que estos animales no son útiles en los climas desérticos, donde ellos no consiguen pastar ni ayudan a los humanos a trabajarla agricultura. 

Harris ha trabajado los semiáridos del nordeste brasileño, región parecida como semiáridas a las del Estado Lara venezolano de nuestro interés. Las sociedades humanas se estructuran y adaptan a la escasez de agua, las estructuras familiares son extensas por motivos de cooperación, las creencias religiosas son movidas por factores climáticos de pluviosidad. La Iglesia Católica instituye festividades religiosas propiciatorias de las lluvias: San Isidro Labrador, fiestas a la Virgen de la Chiquinquirá en octubre en el pueblo de Aregue, la Danza de Las Turas, un ritual de plegarias por las lluvias.

 Pero la gran contribución de la religiosidad en estos lugares secos y carentes de humedad han sido las cofradías o hermandades, estructuras de solidaridad de base religiosa como las llama Michel Vovelle, las cuales tenían una doble cara, la terrenal mundana y la metafísica. Los hermanos estaban obligados a auxiliar a sus miembros en casos de enfermedad, asistir a huérfanos y viudas, prestaban dinero a interés, pero también la asistencia a las misas y velorios garantizaban que el hermano fallecido emergiera pronto de ese tercer lugar de la geografía del más allá, el purgatorio (Jacques Le Goff). Las limitaciones ecológicas hicieron al semiárido occidental venezolano campo fértil para que se instituyera una tupida red muy ramificada de estas cofradías religiosas, antecedentes coloniales del actual seguro social, tal como hemos sostenido en nuestra investigación del año 2003 Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX.

El antropólogo estadounidense hace énfasis en la tecnología (infraestructuras) de la cual se basan las sociedades humanas para su subsistencia en medios adversos. Para ello hemos centrado la atención en el recurso vital que es el agua dulce, su recolección, almacenamiento y distribución. En estos parajes larenses y falconianos llueve, aunque esa lluvia sea escasa, dice Pascual Venegas Filardo (Siete ensayos sobre economía de Venezuela, pp. 39), de allí que la tecnología en torno al aprovechamiento del escaso recurso líquido se conozca desde tiempos milenarios. Edilberto Ferrer Véliz nos habla de los aborígenes caquetíos arawacos que construyeron unos dispositivos anti erosivos llamados torobas en la Depresión Mitare-Pedregal. (Ibíd. Pp. 37). En el siglo XVI los cristianos aprovechan las eficientes técnicas agrícolas de los aborígenes como la siembra en los recodos de quebradas y ríos, las vegas o selvas de galería, la construcción de aljibes, cisternas y jagüeyes, bucos y canales de regadío, el aclaramiento del agua agregándole trozos de tunas y cactos, la elaboración de primitivas cantimploras con frutos vegetales, las taparas.  En 1530 el capitán alemán Nicolás Federmann observa entre los caquetíos de Barquisimeto una agricultura excedentaria del maíz en el río Turbio, escribe Reinaldo Rojas (1991) Variquecemeto en la historia indiana.

La arquitectura local esta de igual modo signada por el ecosistema falto de humedad y poderosa irradiación solar la mayor parte del año. Los elementos constructivos son el barro, adobe, madera, caña brava, con la cual se erigen casas refrescadas de topias anchas y tejas, techos de “torta”, enramadas de cují, el techo de “divibe” que es mescla de barro y fibra de cardón, que regulan las temperaturas y las hace frescas y cómodas, construcciones que observamos en El Tocuyo, Barquisimeto, Carora, Siquisique, Quíbor, Río Tocuyo, Baragua. Dice Francisco Tamayo Ibíd. P. 99) que es curiosidad notar que en la construcción del tipo de casa aquí descrito es la ausencia de materiales de hierro en la construcción, ya que no se emplean clavos, ni alambres, ni cerraduras, ni aldabas. Lo mismo sucede con la utilería familiar. La tierra y el vegetal proveen todos los elementos (p. 99) El semiárido no es obstáculo sino motor de creatividad. Se trata, pues, de la cultura del calor seco de la que nos habla Mariano Picón Salas espléndidamente y como ensalzándola en su magistral Comprensión de Venezuela, 1949.

Toda una interesante tecnología se implementa desde las fibras vegetales para la elaboración de sacos, mochilas, cabuyas, alpargatas, así como plantas curtientes como el dividive (Cesalpinea coriara), que hicieron de Carora una ciudad reconocida por sus magníficas talabarterías para la exportación al Caribe y Nueva Granada.  Venegas Filardo (Op. cit. P. 50) nos refiere las virtudes de la fibra de cocuiza (Fourcroya Humboltiana) y de la fibra de la raíz del cocuy (Agave cocui), antes de ser introducido desde México el cultivo del sisal (Agave sisalana), que transformó las sabanas de Barquisimeto. En los días que corren la siembra del melón, los pimentones y la caña de azúcar han experimentado gran crecimiento en Lara. Es notable la implantación de la uva en los Viñedos de Altagracia al oeste de Carora desde 1980 por la empresa franco-venezolana POMAR. 

El Estado Lara es el asiento del Tamunangue, la manifestación folclórica más rica y bella de Venezuela, si no lo es ya de todas las Américas, nos dice Francisco Tamayo (1952) Guía económica y social del Estado Lara, p. 89. Esta suite de danzas o sones de negros sería poco menos que incomprensible sin la agricultura de la caña de azúcar y el cacao en los valles de El Tocuyo y Curarigua. Siguiendo a Harris observaremos que este folklore está íntimamente ligado a los cañamelares, la siembra y recolección de la planta, así como su transformación en panelas y papelones en los trapiches, ingenios y molinos. En estos escenarios semiáridos se dieron la mano indígenas, cristianos y españoles para laborar y para crear cultura. Dice Roberto Mujica que esta manifestación contiene “la elegancia, el gracejo, el atavismo y la nostalgia de las tres razas: blanca, negra y aborigen” Rafael Strauss K. (1999). Diccionario de cultura popular, p. 722. Sin la compleja base tecnológica que implica la siembra y recolección de la caña de azúcar y la elaboración de azúcar morena, panelas y papeloncillos, hubiese sido poco menos que posible que se levantara tan prodigioso y exuberante complejo o universo cultural, como llama Reinaldo Rojas (1995) al Tamunangue (Historia social de la Región Barquisimeto …P. 339.)

El filósofo y semiólogo soviético Yuri Lotman (1922-1993) nos anima a hablar de lo que hemos denominado Geosímbolos larenses. El Estado occidental de Lara conforma una identificable unidad geocultural en torno a la geografía del semiárido. Se trata de una semiósfera como espacio cultural creador de sentido colectivo anclado a un espacio geográfico. Es precisamente dentro de este marco teórico que adquiere sentido la noción de identidades geoculturales, una categoría analítica poco empleada en estudios precedentes pero que, según creemos y hemos intentado demostrar (Montoro y Moreno Barreneche), resulta apropiada para agrupar una serie de identidades colectivas con una característica en común: su génesis en hechos de naturaleza geográfica, sea esta objetiva —una montaña, un mar, un continente— o subjetiva —una frontera estatal, una línea divisoria provincial—, pero en cualquier caso, existente y relevante en cuanto que hecho relevante para la realidad social (Searle, 1995) El estado Lara es una comunidad imaginada que se articula precisamente en la asociación con un territorio

Por identidad geocultural entendemos, dicen Montoro y Moreno Berreneche, una configuración discursiva de sentido anclada en una materialidad o un hecho geográfico específico, al que se toma como constitutivo de un núcleo semiótico que se utiliza para unir a un grupo de personas en términos de una pertenencia identitaria. Las identidades geoculturales son artefactos discursivos, esto es, artificios construidos a través de la manipulación de signos y discursos y que tiene por objeto de identificación un espacio geográfico determinado, al que se le atribuyen determinados rasgos culturales considerados como diferenciales. En términos semióticos, hay distintas maneras en las que ciertas marcas naturales o convencionales del territorio pueden actuar o bien como fronteras entre dos o más identidades, o bien como recursos articuladores de una misma identidad. (Sebastián Moreno Barreneche, Juan Manuel Montoro (2007) Semiosferas y límites geográficos. El aporte de la semiótica de la cultura de Yuri Lotman al estudio de las identidades geoculturales.)

El Estado Lara, occidente de Venezuela, está delimitado de dos formas distintas, los límites naturales y los limites políticos. Los naturales serán: por el norte Sierra de San Luis del Sistema Coriano, que lo separa y une al Estado Falcón, al Este la Codillera de la Costa, por el sur las ultimas estribaciones de los Andes venezolanos, al oeste la Sierra de Ziruma que nos separa del Estado Zulia. Los límites políticos se han superpuesto a esta realidad objetiva, lo cual le da a la entidad una doble identidad física y subjetiva. Por el Norte limita políticamente con el Estado Falcón, por el Sur los Estados Portuguesa y Trujillo, por el  Oeste con el Estado Zulia, y por el Este los Estados Yaracuy y Cojedes.   En ese sentido, el Estado Lara no es andino, ni central ni llanero, ni antillana, sino una frontera de transición cultural en forma de nudo que le confiere una idiosincrasia particular en Venezuela, afirma Kaldone Nweihed (Reinaldo Rojas, De Variquecemeto a Barquisimeto. pp 13 y 14).

El sabio larense Francisco Tamayo nos habla (1952, Guía económica y social del Estado Lara, Pp. 96) de que diversos factores geológicos, flora, fauna y etnos (que) copulan para engendrar una nueva forma, un nuevo tipo humano, un ecotipo que es síntesis y exponente de integración social. Subraya lo que llama la “concurrencia larense” como un hecho que no admite dudas, largo proceso que se ha manifestado desde las más remotas edades. Y la interpreta como una convergencia de las especies botánicas y zoológicas, a lo que agrega: La etnología, la antropología, la sociología, la lingüística, la toponimia, todas, contribuyeron a poner de manifiesto la concurrencia larense. Pero en el Estado Lara venezolano donde se reúnen y confunden casi todos los medios físicos y biológicos del país (y) se está engendrando un tipo humano de características medias, equilibradas.” Esta síntesis humana, mestizaje, otro elemento que resalta el positivismo, de todo o de casi todo lo nacional es el tipo humano venezolano por antonomasia, por ser la expresión total de los cuerpos y de las almas de aquellas regiones parciales. Afirma Francisco Tamayo que la ciudad de “Barquisimeto es el crisol donde se polariza el mestizaje.” Estos determinismos le permiten concluir a Tamayo que “En Lara, nace, pues, lo nacional, lo venezolano”.

Y llegamos a la Geografía humanística, de las percepciones o de las sensibilidades cultivada por el chino-estadounidense Yi Fu Tuam y el chileno-venezolano Pedro Cunill Grau, un auténtico quiebre epistémico de la geografía, una ciencia que hasta ahora valoraba el espacio como fría entidad objetiva reducible a números y estadísticas, para abordarlo como construcción social, simbólica y afectiva. El hecho geográfico observado da paso, dice Reinaldo Rojas, al concepto de geosímbolo, como estructura simbólica de un medio geográfico. ¿Quién no recuerda la apreciación de Cunill Grau al llamar a los crepúsculos de Barquisimeto como “paisaje emocional de la ciudad”? Los atardeceres larenses fueron llamados por él “pabellón de los besos amarillos”, una clara evocación de su coterráneo Pablo Neruda. Este extraordinario y poco común fenómeno óptico del semiárido larense está emocionalmente ligado a la Gesta Magna, cuando Simón Bolívar exclama después de la desastrosa batalla de Cerritos Blancos en 1813: “Bien vale una derrota bajo un crepúsculo barquisimetano”.

La memoria colectiva de un pueblo tenaz y creativo se ha afincado de manera íntima a estos sublimes atardeceres, un anclaje emotivo simbólico al semiárido, espacio que se comporta como una inmensa caja de resonancia cultural melódica y literaria. Una estética sentimental multicolor que deriva de estos impresionantes atardeceres silenciosos, en donde el astro rey vacila en dejarle abierto el camino del firmamento a estrellas y luceros. Este sublime momento de silencio y quietud, profundamente óptico y auditivo, hermana a los larenses haciéndolos un solo cuerpo.

            Hemos dicho que desde un principio la respuesta del hombre ante las imágenes ha sido múltiple y ha estado relacionada en la mayoría de las ocasiones con el sentimiento: amor, censura, adoración, rechazo, excitación, etc. Es que las imágenes son los fantasmas que habitan nuestra mente. Las emociones ligadas a la contemplación de las imágenes a veces son tan intensas que pasan a formar parte de nuestra historia personal. Luis Eduardo Cortés Riera,2 Boletín de Academia Nacional de la Historia de Venezuela, n° 243, p. 37 y sgts.

Existe un profundo sentimiento que brota de nuestra catolicidad como hecho alternativo: el inmenso fervor a la Virgen Divina Pastora. Bolívar Echeverría argumenta que el catolicismo de los mexicanos es un catolicismo especial, un catolicismo no sólo “mariano” sino “guadalupano”. El cielo o panteón cristiano ha sufrido en el catolicismo mariano un re-centramiento sustancial. La figura determinante, es decir dominante, así no lo sea en términos absolutos como Dios Padre, sino sólo en términos “de excepción”, ha pasado a ser la figura de la Virgen María, Diosa central mientras dura una “coyuntura” indefinida que, de tanto serlo, resulta a fin de cuentas un estado permanente. “María es la Emperatriz del cielo, hija del Eterno Padre”. (Meditaciones sobre el barroquismo. En Modernidad y blanquitud. P. 183-207.).

Siguiendo esta idea de pensamiento bien podríamos decir que el marianismo de los larenses es un “Divinopastorismo”, un inmenso fervor que resiste al desencantamiento del mundo en términos weberianos, y al que nosotros hemos llamado “intenso impulso amniótico”, puesto que es en el seno, en el interior de la Virgen María donde hemos de sentirnos plácidos y protegidos por el calor del seno materno, ella proporciona salud física y espiritual a sus prosélitos que se cuentan por millones.

 El Divinopastorismo es de igual modo un acto de intensa topofilia (Yi Fu Tuam, Pedro Cunill Grau), un fuerte vínculo afectivo, una identidad cultural a un lugar específico, que se manifiesta de manera impresionante y multitudinaria todos los 14 de enero desde el año 1856. Un grandioso rebaño de ovejas conducido por el cayado de esta Dama Celestial, que, como portentosa metáfora de manada, nace de la mano de los frailes capuchinos sevillanos, religiosos que han proporcionado a centro occidente de Venezuela uno de sus más potentes imaginarios colectivos. La ciudad mercurial, movida por una intensa y frenética actividad comercial y de negocios, se rencuentra cada 14 de enero con lo metafísico y las creencias, las que son fondo y piso emocional de la humana existencia.

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“Tallistas, pintores, alfareros, músicos, tejedores, embusteros y razonadores de la palabra, hacendosos, guerreros y pacíficos, darían semejanza a sus sentimientos en la tierra de Lara, el lado larense del país. Hasta hoy, hasta siempre.” (Luis Alberto Crespo, 1994. Si fuéramos pájaros… Así es Barquisimeto)

 

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela.

 Martes 8 de julio de 2025.

 

 

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