La destreza manual del historiador.
Luis
Eduardo Cortés Riera.
cronistadecarora@gmail.com
“Consideraba por lo pronto que tenía un
rostro, manos,
brazos, toda esta máquina compuesta de hueso y
carne,
tal como se presenta un cadáver, al que yo
designaba de nombre cuerpo”
Descartes
En
tu cuerpo hay más inteligencia que en tu mente.
Nietzsche.
¡Qué pequeñas son mis manos…!
En
relación con todo lo que la vida ha querido darme.
Ramón J. Sénder
La felicidad viene con el trabajo con las manos.
Byung Chul Hal
Cuando
cursé mis estudios históricos de posgrado, cuarto y quinto nivel en historia,
en mi país, Venezuela, desde 1989 hasta 2003, me di cuenta de la enorme
importancia de las habilidades y destrezas manuales, amén de otras destrezas
intelectuales, que deben acompañar a un historiador y a otros profesionales de
las innúmeras ramas del conocimiento.
Sucedió
que debí enfrentarme a un repositorio o archivo de grandes dimensiones, el bien
conservado Archivo de la Diócesis de Carora, contentivo de más de dos
centenares de gruesos libros manuscritos, escritos pacientemente por curas,
sacristanes, mayordomos y laicos comprometidos desde el siglo XVI hasta el
presente, me centré en las famosas cofradías caroreñas, señaladamente la del
Santísimo Sacramento, fundada en 1585 y que aún hoy tiene vida.
Debí
revisar aquellos infolios y librotes estoicamente, sin aire acondicionado o
ventiladores, poca luz, con infinitos cuidados, utilizando el método regresivo ideado por Marc Bloch,
es decir investigar desde los más recientes libros hasta los más remotos, temporalmente
hablando. No tenía a mi disposición hace 28 años fotocopiadoras, cámaras
fotográficas o teléfonos inteligentes. Debí entonces copiar trabajosamente a
mano algunos libros de cofradías o hermandades donde estaban anotados miles de
hermanos desde el remoto 1585, año en que se funda la Cofradía del Santísimo
Sacramento, y otras diez hermandades caroreñas, hasta un pasado reciente, cerca
de 1970. Hacerlo a mano fue una bendición, pues realizarlo de esa manera me conectó
directamente con los documentos, lo que no hubiese sucedido de haberlos
fotografiado o fotocopiado. Una conexión directa mano-cerebro, como decía mi
Maestro Federico Brito Figueroa.
Era
necesario ese esfuerzo para edificar una historia
de las sensibilidades religiosas,
que era mi propósito siguiendo al historiador marxista francés de las
mentalidades religiosas Michel Vovelle (1933-2018), a copiar, en consecuencia,
muchísimos datos, quizás excesivos, para su construcción: nombre del hermano o
cófrade, sexo, edad, procedencia geográfica, profesión, etnia, si entra vivo o
muerto a la cofradía, persona que lo anota, sobrenombres o motes de las
personas, dinero pagado para “entrar”, folio, año de entrada a la cofradía, si
se le hizo misa al morir o no, observaciones, nombre del libro, folio, año,
libro, etc., etc. , etc. A lo que se agrega que, sin disponer de un ordenador o
computadora, debía sacar porcentajes, elaborar a mano 74 o más cuadros
estadísticos, gráficos, mapas, revisar una abundante bibliografía en físico
(unos 150 libros) y unos, muy pocos, de presentación digital, sacar fotocopias,
revelar fotografías de placas mortuorias, viajar constantemente de Carora a
Barquisimeto y viceversa, en mi automóvil europeo de dirección mecánica, sin el
auxilio de un conductor o chofer auxiliar. Extenuantes jornadas, sin dudas.
Fue
un esfuerzo enorme el que realicé durante años y que me condujo a un doloroso y
traumático Síndrome del túnel carpiano en mi mano derecha, acompañado
de una sintomatología de dolores e inflamaciones en la muñeca y codo, lo que me
hizo acudir a un médico traumatólogo y realizarme unas resonancias magnéticas,
aplicarme antinflamatorios esteroideos en una clínica particular de la ciudad
de Barquisimeto, República Bolivariana de Venezuela. Es desde esta difícil y
compleja experiencia donde nace la preocupación por comprender y darle una
explicación científica y emocional a la relación existente entre habilidad
manual y el “historiador de oficio”, como lo llama Marc Bloch.
Algunos antecedentes de consumadas habilidades
manuales.
Karl Marx y El Capital.
El
primero en llegar a mi mente es el de Karl Marx (1818-1883), quien durante 30
largos años investiga en el Museo Británico de Londres para dar forma, escribir
y publicar el tomo primero de El Capital
en 1867. Además de tener magnificas posaderas, debió conocer el fundador del
socialismo científico los portentosos andamios de semejante biblioteca
londinense, cargar pesados volúmenes, hojear miles de infolios, tomar infinitos
apuntes, hacer centenares de bosquejos, croquis, esquemas, borrones y notas con
su letra menuda, lo que denota una portentosa y pocas veces vista habilidad
manual, sin duda, lo que no evita que Marx caiga en una larguísima procrastinación
que le hizo aplazar la publicación de su
obra máxima en varias ocasiones, según sostiene Tristan Hunt (Federico Engels. El gentleman comunista, 2007). La muerte le impide a Marx ver los
tomos segundo y tercero de su extenuante labor, obra que deja a su amigo Federico
Engels, quien tras fatigoso esfuerzo al revisar los grundrisse, una enorme recopilación de anotaciones de su amigo
difunto, publica los dos tomos que la muerte no deja ver a su amigo judío y
alemán. Fue esta también otra grande proeza manual la de Federico Engels.
Fernand Braudel y El Mediterráneo…
El Mediterráneo y el
mundo mediterráneo en la época de Felipe II es
una obra historiográfica inmensa y colosal de 1.600 páginas. Creo que soy una de las pocas personas que lo ha leído íntegro en
mi país. Lo escribe el historiador francés Fernand Braudel (1902-1985) después
de investigar en muchos y variados archivos de países y ciudades portuarias y
continentales de la inmensa cuenca del Mediterráneo, una obra colosal,
gigantesca, pues los países y ciudades ribereños de mare nostrum son muchos, y solamente con los de España serían
suficientes para agotar y extenuar al más diligente.
Debió
Braudel diseñar cartogramas, complejos cuadros de tasas de mortalidad, facsímiles,
graficas de la relación oro-plata, discrepancias entre salarios y precios,
revisar fotografías satelitales, dibujos de Génova, Amalfi, Marsella, Venecia,
Amberes, Lisboa, Constantinopla, Cartagena de los siglos XV y XVI y otras
ciudades. Para abreviar tan gigantesca labor empleó cámaras fotográficas y se
hizo ayudar de copistas y amanuenses. Un
monumento historiográfico colosal donde las manos cobraron un protagonismo grandioso
para producir un gran logro historiográfico: la larga duración o longue duré.
Marc Bloch y la habilidad manual del
historiador.
Fue el
gran historiador hebreo y francés Marc Bloch, escribe Dumoulin, quien dijo que
el oficio del historiador es como una habilidad manual, que favorece la construcción paciente de las técnicas de la
crítica. La destreza manual está asociada a la perfección académica. Pero, ¿por
qué emplea Bloch la precisamente palabra oficio? Es palabra que tiene
resonancias manuales, ligada a las llamadas artes mecánicas. Se asocia a la
diligencia y a la eficacia. Bloch la emplea con gran humildad unida a las
palabras banco de artesano.
José Luis Romero dice que en circunstancias difíciles —casi trágicas—, el
ilustre medievalista francés Marc Bloch decidió dedicar sus ocios a componer un
pequeño libro que él definió con estas humildes palabras: “El memento de
un artesano al que siempre le ha gustado meditar sobre su tarea cotidiana; el
‘carnet’ de un oficial que ha manejado durante muchos años la toesa y el nivel,
sin creerse por eso matemático.
El medievalista francés Jacques Le Goff nos
invita a estudiar la historia del cuerpo, a seguir lo que Marc Bloch llama la
aventura del cuerpo. El cuerpo posee una dimensión simbólica y cultural inmensa
nos dice en su obra Una historia del
cuerpo en la Edad Media, donde antropología e historia se dan la mano. El
cuerpo es el corazón de la Edad Media. No puedo dejar de pensar en Morris
Berman (El crepúsculo de la cultura
americana, 2004) y su idea del Nuevo Individuo Monástico (NIM) que salvará
la cultura occidental de su ruina y declive. Es el hombre que rechaza la
cultura chatarra en nombre de la verdadera civilización. Ese rechazo supone
volver a la escritura manual de los copistas medievales que salvaron de la
barbarie y el caos la civilización y cultura de la Antigüedad clásica
greco-romana.
¿Qué es la destreza manual?
Me he percatado recientemente que es la
habilidad o destreza manual de los historiadores un aspecto poco o casi no
estudiado por los propios historiadores, dejándole la tarea a psicólogos y
médicos. Pero, ¿qué es la destreza manual? La destreza manual se refiere a la
habilidad para manipular objetos con las manos. Igualmente se ha definido como
la sucesión de movimientos finos voluntarios utilizados para manipular objetos
pequeños durante una tarea específica.
Debe
existir una excelente coordinación entre la mente y el cuerpo, viejo problema
desde Descartes, para que haya una eficaz destreza manual. Se puede afirmar que
el dominio de la mano es el triunfo de la cultura humana. La habilidad manual
es la responsable de nuestras posibilidades de usar huesos como herramientas
letales, hasta la de enviar al espacio una nave tripulada, como aparece al inicio
de la excelente película de Stanley Kubrich 2001
Odisea del espacio.(1968)
Las
manos nos permiten orientarnos en el espacio, que es, según Kant, una forma de la
sensibilidad, una capacidad que poseemos para diferenciar, por ejemplo, la
izquierda de la derecha. La subjetividad no se puede entender sin su íntima
conexión con el cuerpo y con las manos. Nuestro hemisferio derecho piensa en imágenes y
aprende cinestésicamente a través del movimiento de nuestros cuerpos, dice la
neurofisiologa Jill Bolte Taylor, quien agrega: ¿quiénes somos? Somos el poder
de la fuerza vital del universo, con habilidad manual y dos mentes cognitivas.
El
astrónomo recientemente fallecido Stephen Hawkins, postrado casi inmóvil en una
silla de ruedas, se comunicaba con el exterior gracias a que conservaba cierta
motilidad en una de sus manos, lo que le permitió escribir y dar a conocer sus
audaces ideas sobre el big bang y los agujeros negros valiéndose de un artilugio
electrónico made in California, USA.
Fue el sabio alemán
Goethe quien descubre el hueso hiodes, desde este fundamental hallazgo se
plantea por vez primera la importancia de este hueso en la articulación del
habla humana, y con ello de la cultura como creación lingüística, pero las manos
son también responsables muy grandes de la hominización del hombre, tal como
veremos de seguido.
La mano humana prehistórica.
El descubrimiento
de un hueso en una antigua tumba en Kenia, África, data el origen de la
destreza manual del hombre más de 500.000 antes de lo que se pensaba. El fósil de 1,4 millones de años fue
identificado como hueso metacarpiano tercero y constituye la evidencia más
antigua de la evolución humana que permitió a los homínidos primitivos
desarrollar destrezas manuales para fabricar y utilizar herramientas.
La pieza hallada presenta una protuberancia
que se conoce como apófisis estiloide, que es lo que engancha los dedos a la
muñeca y permite realizar movimientos manuales más fuertes y muy precisos. Este
descubrimiento sugiere que la mano humana moderna se desarrolló más de 600.000
años de lo que se suponía, probablemente en tiempos del Homo erectus.
Nuestras diestras manos especializadas han estado con nosotros la mayor parte
de la historia evolutiva de nuestro género, Homo. Son, y lo han
sido por casi 1,5 millones de años, fundamentales para nuestra supervivencia
como especie.
Qué dice la
neurociencia de la habilidad manual.
El prestigioso neurólogo portugués Antonio R.
Damasio, del Salk Institute for Biological Studies y la Universidad de Iowa,
Estados Unidos, autor de la fértil idea “el cerebro centrado en el cuerpo” y
que se puede expresar de esta otra manera: Si no hay cuerpo no hay mente, idea
que nos ayuda a comprender la íntima e indisoluble relación de las manos, el
cuerpo y la mente humana.
Cerebro y cuerpo están
indisociablemente integrados mediante circuitos bioquímicos que se conectan
mutuamente. Sustancias químicas procedentes de la actividad del cuerpo (y de
las manos) pueden llegar al cerebro a través del torrente sanguíneo e influir
sobre la operación del cerebro (Damasio, El
error de Descartes,2001, p. 90-91). El
cuerpo (y las manos, agrego yo) proporciona(n) una base de referencia para la
mente, agrega Damasio, (p. 208).
La
representación de la tercera dimensión, por ejemplo, se engendraría en el
cerebro, sobre la base de la anatomía del cuerpo y de las pautas de movimiento
en el ambiente (p. 218.) No existe una separación absoluta de mente y cuerpo,
afirma Damasio, lo que constituye el “error de Descartes.” Somos y luego
pensamos, afirma el neurocientífico del siglo XXI, y no “Pienso, luego soy”,
como dijo el filósofo francés Descartes. Es conocida la afirmación esotérica de
Descartes de que la glándula pineal es el punto de unión del alma con el
cuerpo.
La consciencia, apunta Damasio, surge a partir
de lo que sentimos con el sistema nervioso y con los cinco sentidos. Cómo se
siente el cuerpo es el comienzo de la consciencia.
Y es que esa conexión entre la boca y las
manos se remonta a nuestros orígenes, y por más evolucionados que creamos ser,
lo que aprendimos en ese entonces sigue presente. Aunque hace falta más investigación
sobre el tema, "la que tenemos indica que cuando éramos criaturas
primitivas, cuando las manos tomaban la comida, la boca estaba preparada para
recibirla. Así que si agarrabas algo grande, así que al mover tus manos cuando
hablas, no sólo ayudas a los otros
sino también a ti mismo a entenderte. La boca sabía que tenía que
abrirse de par en par, y si era pequeño, no tanto". "Es realmente un conocimiento que tienen
encapsulado en las manos". Nuestras manos y pies son maravillas
biomecánicas. Más que cualquier otra pieza de la anatomía, son las que nos han
hecho una especie tan exitosa. Nos permitieron salir de África para colonizar
el planeta y dominar el mundo natural. La capacidad de caminar erguidos
significó que los primeros humanos pudieron cubrir grandes distancias
eficientemente, aunque también les dejó las manos libres para desarrollar su
anatomía y capacidades únicas.
La mano, extraña y
maravillosa. La mano es una de las piezas más
complejas y bellas de la ingeniería natural en el cuerpo humano. Nos da un
poderoso agarre, pero también nos permite manipular objetos pequeños con gran
precisión. Esta versatilidad nos distingue de todas las demás criaturas del
planeta. La mano tiene una de las disposiciones musculares más extrañas del cuerpo. Tanto la mano como
el pie del ser humano representan un triunfo de ingeniería compleja,
exquisitamente evolucionada para ejecutar una serie de tareas.
La mano que piensa.
Todo esto se ve
confirmado en el análisis que hace en su libro La mano que piensa, el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa (1936)
sobre la conexión entre la mano y la mente.
Dice éste arquitecto escandinavo que “la mano no es solo un ejecutor
fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades
propias”, mientras se queja con razón de que “la modernidad ha
estado obsesionada por la visión (sobre todo el positivismo) y ha suprimido el
tacto”.
Esta idea me encanta por
su poder gráfico: “El ojo y la mano colaboran constantemente; el
ojo lleva a la mano a grandes distancias, y la mano informa al ojo en la escala íntima”. Es cierto, creo que no
es difícil sentir eso tal como lo describe Pallasmaa: “Normalmente no nos damos cuenta
de que existe una experiencia táctil inconsciente en la visión.
Cuando miramos, el ojo toca y, antes de ver un objeto, ya lo hemos
tocado y hemos juzgado su peso, su temperatura y su textura superficial”.
Siempre me he preguntado si hay alguna diferencia
significativa en la capacidad creativa entre escribir
un texto a mano a si se hace con un ordenador o una máquina de
escribir. Juhani Pallasmaa considera que el propio proceso táctil es una fuente
de inspiración, y reivindica el
papel de la vaguedad natural, la riqueza expresiva y la vacilación innata de lo hecho a mano,
frente a la fría precisión del ordenador.
Ahora en “La
Mano que piensa” analiza Pallasmaa
la esencia de la mano y su papel crucial en la evolución de las destrezas, la
inteligencia y las capacidades conceptuales del hombre. La mano no es solo un
ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene
intencionalidad y habilidades propias. El arquitecto Juhani Pallasmaa, hace
hincapié en los procesos relativamente autónomos e
inconscientes
del pensamiento y el obrar en la escritura, la artesanía o en la producción de
arte y arquitectura. Organizado en ocho capítulos, este libro explora el
entendimiento silencioso que yace oculto en la parte existencial de la
condición humana y sus modos de ser y experimentar específicos. En último
término, su objetivo es ayudar a sacudir los cimientos del paradigma de
conocimiento conceptual, intelectual y verbal, hegemónico en la esfera de la
arquitectura en aras de otro conocimiento: el táctico y no conceptual de
nuestros procesos corporales.
El Nobel de medicina 2021 Ardem Patapoutian hace la observación de que
el tacto es el único sentido basado en la traducción de una señal física, como
la presión, al lenguaje químico que comprende el cuerpo. “Al investigar sobre
los nervios que nos hacen sentir el tacto y el dolor, nos dimos cuenta de que
hacen algo insólito: son capaces de
percibir fuerzas físicas, como las fuerzas mecánicas y como la temperatura.
Realmente se sabe muy poco sobre cómo el cuerpo traduce estas señales físicas
al lenguaje químico”. Patapoutian identificó el canal Piezo1, una proteína sensitiva a la presión. Esta
molécula responde al tocar la membrana celular, generando un cambio eléctrico
que el cerebro interpreta como tacto. Ha nacido una nueva ciencia que valora en
su justa dimensión tacto y manos.
Palabras finales
entre dos épocas.
Cuando realizamos nuestros trabajos de grado de
Maestría en historia (1995) y tesis de doctorado en historia (2003) sobre la
educación secundaria del siglo XIX y la Iglesia Católica caroreña
respectivamente, se produjo en ese ínterin un sensacional cambio tecnológico al
hacer aparición internet. Estuvimos trabajando nuestras investigaciones
mientras se producía un cambio de época, sociedad y cultura. Me tocó, en consecuencia, navegar entre dos
aguas. Realice la redacción de ambos trabajos a mano y sin ninguna consulta a
internet o a una inteligencia artificial que no existía aún. Mi mesa de trabajo
estaba repleta de papeles cuadernos, marcadores, lápices y libros.
Sin embargo, la transcripción desde los gruesos manuscritos
salidos de mis manos durante meses, fue realizado en ordenador o computadora
por la competente secretaria Mirtha Meza. Los numerosos cuadros, gráficos, los
muchos cálculos estadísticos fueron realizados a mano, con regla, escuadra,
transportador, compás, sacapuntas, calculadora de mano, lápiz de creyón y goma
de borrar. Estuvimos repartidos entre la galaxia Gutenberg y la galaxia Faraday
macluhanianas.
Pienso que si yo hubiese hecho la transcripción en ordenador
o computadora el texto final es posible que resultara un tanto diferente. Después
de todo, como dijo George Steiner, quien se sienta frente a un ordenador está
aceptando una gramática anglosajona. Si bien ya resulta claro que las
computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un
pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa,
individual, y nos diferencia a unos de otros. La escritura cursiva parece
condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos
leer”. Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano.
Por poco tiempo…
El rutinario y exigente trabajo de archivo en la
Diócesis de Carora me trasportó a los siglos genésicos de nuestra cultura de
habla castellana y creencias impulsadas por ya lejano Concilio de Trento del
siglo XVI. Tocar y oler aquellos vetustos libros de cofradías fue un viaje en
el tiempo en aquella provecta casa colonial de la calle San Juan. La piel y el
tacto obraron aquella maravilla que me trasportó a unas sensibilidades
religiosas que ya en el tercer milenio nos asombran. El tacto es memoria
afectiva, conexión emotiva que se genera por la hormona llamada oxitocina. Amor
altruismo y cooperación son estimulados por esa sustancia que produce el
hipotálamo y sin la cual serían imposibles mutualismos y auxilios cofrádicos
estimulados por la Iglesia Católica.
De este modo y a través del tacto y al tocar
aquellos venerables y antiguos libros donde se anotaban las “entradas” a las
cofradías, así como sentir manualmente bancos y reclinatorios, crucifijos de
lata o cobre, el esquilón de la muerte, lápidas mortuorias, incienso, experimentamos
por gratísimos momentos la atmósfera espiritual de Carora y Venezuela de los
siglos anteriores a la Gesta Magna y la Venezuela republicana. Fue como darle
un abrazo a aquellos seres humanos que deseaban sinceramente disfrutar de una
vida posterior a la terrena.
Referencias.
Bloch,
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Editorial Lola de Fuenmayor, Fundación Buría. Caracas, Barquisimeto. Venezuela.
Braudel,
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II. Fondo de Cultura Económica. México.
Cortés
Riera, Luis Eduardo (1997). Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora.
Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fundación Buría. Carora,
Barquisimeto, Venezuela.
Cortés
Riera, Luis Eduardo. (2003) Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa
en Carora, siglos XVI a XIX. Llave del Reino de los Cielos. Editorial Académica
Española. Alemania.
Cubo
Ugarte, Oscar (2009). CORPORALIDAD
Y VIDA EN LA FILOSOFÍA CRÍTICA DE KANT. Universidad Nacional de Educación a Distancia
-Madrid, España.
Damasio, Antonio. (1998) El error de Descartes. La razón de las
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Dumoulin,
Olivier. (2003) Marc Bloch o el compromiso del historiador. Universidad de
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Le
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Grupo Planeta, España.
Marx,
Karl. El Capital. Crítica de la economía política. Siglo XXI Editores. Madrid,
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Luhan, Marshall. (1962) La galaxia Gutenberg. Génesis del homo tipográfico.
Editorial digital Lestrobe.
Pallasmaa,
Juhani. (2009) La mano que piensa. Sabiduría existencial y corporal en
arquitectura. Editorial Gustavo Gili. Barcelona.
Vovelle,
Michel. (1995) Ideologías y mentalidades. Ariel, Barcelona, España.
Carora,
Estado
Lara,
República Bolivariana de Venezuela,
12
de enero de 2026