La melancolía.
Luis Eduardo Cortés
Riera.
Todo
parece indicar que la melancolía es una emoción constitutiva de la llamada
cultura de Occidente. Hogaño ella ha cambiado de nombre y ahora se le llama
depresión, un término derivado de la Física moderna. La melancolía invade la civilización occidental -de la
medicina a la cosmología, de la teología a la literatura, pasando por las artes
visuales, nos dice el médico ginebrino Jean Jacques Starobinsky (1920-2019). Lo
melancólico es para él lo que la esquizofrenia era para Deleuze y Guattari, la
locura para Michel Foucault, o el libertino Sade para Blanchot.
En 1959 presenta
este eminente medico suizo de origen hebreo-polaco su tesis doctoral en la
Universidad de Lausana titulada Historia
del tratamiento de la melancolía, la que desde entonces ha tenido un éxito
descomunal y ha sido traducida a varios idiomas. Es historia que arranca con
los presocráticos del siglo V aC hasta llegar a los albores del psicoanálisis
freudiano, pasando por la ciclópea obra de Robert Burton publicada en 1621 en
tres voluminosos tomos, donde aborda la melancolía desde la Escolástica
medieval. Robert Burton reconoce haber escrito su Anatomía de la melancolía
en gran parte como terapia contra su propia depresión, que padeció durante toda
su vida, tal y como aclara en el prólogo de su obra: «Nos rascamos donde pica». Yo estaba no poco molesto con esta enfermedad
a la que llamaré mi Señora Melancolía, mi Egregia o mi Genio Maligno, malus
genius. Y por esta causa, como aquel a quien le pica un escorpión, sacaría
«un clavo con otro clavo», clavum clavo, calmaría el dolor con otro
dolor, el ocio con el ocio…”
Destacados escritores se han visto influidos por Burton. Entre ellos
Samuel Johnson, Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, John Keats, quien decía que Anatomía era su libro preferido. Ningún escritor de prosa ha sido más universal que Robert Burton, autor
autocurativo de La anatomía de la melancolía (1621), Un ensayo sobre los
humores que se salieron de control y se convirtieron en el mejor y más loco
entretenimiento jamás escrito en inglés, mucho más importante que la Biblia del
Rey Jacobo en términos de efecto en las letras de clase alfa. Es la obra de un
bibliómano que Proteo "llenó", como Shakespeare "llenó" Falstaff,
la presunción de un libro que vale la pena solo por su glosario. —No sé si
alguna vez te has sumergido en la anatomía de Burton —Charles Lamb— escribió en
1801, cuando la Anatomía estaba experimentando una de sus recurrentes
Vogues. "Su manera de ser es encubrir y llevar sus sentimientos bajo una
nube de palabras eruditas". Burton es calificado como el Rabelais inglés y
se deja influir por su Gargantúa,
escrita en 1534.
Dos
grandes etapas en la historia de la melancolía distingue Starobinsky: el
enfoque material y el enfoque inmaterial. La primera da cuenta de la existencia
de una sustancia, la bilis negra, causante del mal, propuesta de una “mitología
científica” adelantada por Hipócrates y sus discípulos. La segunda sostiene que
se debe a causas nerviosas, intelectuales y afectivas. Las ideas de Hipócrates
tendrán larga vida pues no fue sino hasta el Renacimiento cuando comienzan a
ser cuestionadas. Los filósofos estoicos eran recomendados para su tratamiento,
los cristianos medievales la consideraban pecado si la persona la consentía.
Galeno la trataba con infusiones de eléboro. Una cocción de la raíz de esta
planta ayudaba a expulsar la bilis negra que había contaminado el torrente
sanguíneo.
Las artes de toda
época sienten el estímulo de esta emoción que ha tenido múltiples y variadas
definiciones. Es de todos conocida la célebre litografía de Alberto Durero La Melancolía, de 1514, la cual sigue
proporcionando múltiples y curiosas resonancias en el presente. Por ejemplo,
Erwin Panofsky dice que Los ojos de
Melancolía miran al reino de lo invisible con la misma intensidad con que su
mano hace lo impalpable (...) Rodeada de los instrumentos del trabajo creador,
pero cavilando tristemente con la sensación de no llegar a nada (...) Un genio
con alas que no va a desplegar, con una llave que no usará para abrir, con
laureles en la frente, pero sin sonrisa de victoria.”
La melancolía es
para Freud una entidad psicopatológica: La
melancolía se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida,
una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad
de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de
sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta
una delirante expectativa de castigo. En algunos casos es peligrosa pues induce
a ciertos individuos al suicidio.
Durante el siglo XIX,
siglo del romanticismo, sufre Europa una ola de suicidios provocados por la
publicación de una novela por el alemán Goethe: Las penas del joven Werther, publicada en 1774. Ese acontecimiento
doloroso da nombre en el presente al llamado Efecto Werther. El término lo instauró el sociólogo
David Phillips en 1974. Philips elaboró un estudio entre 1947 y 1968 que
demostró que el número de suicidios se incrementaba en todo Estados Unidos al
mes siguiente de que el New York Times publicara en portada
alguna noticia relacionada con un suicidio. También se conoce como Efecto Copycat, y es más probable que se produzca cuando el modelo es
una persona célebre. Un caso histórico es la epidemia de suicidios que siguió a
la muerte de Marilyn Monroe en
1962. Copycat se refiere a las personas que copian el trabajo o imita las acciones
de otros. Las redes sociales de la actualidad han aumentado hasta el vértigo
este nocivo efecto.
Hogaño
se le conoce a la melancolía como depresión, un término que más tiene que ver
con la Física que con la psicología. Por consiguiente, se le ataca desde la
ciencia natural y no desde el diván del médico vienés. Se recetan potentes y
efectivos fármacos que están a la disposición en cualquier farmacia. Ha
desaparecido el halo filosófico y literario que rodeaba a este estado de ánimo que
acompaña a la humanidad desde que se inicia la civilización, para ser rebajada
a una simple cuestión de los neurotrasmisores, todo lo cual se envuelve en una
terminología que pocos entienden, pero que le da una autoridad enorme a quien
las emplea sobre nosotros los legos y profanos en cuestiones médicas.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de
Venezuela,
miércoles 11 de junio de
2025.