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Eric Roberston Dobbs.
Lo irracional griego.
Luis Eduardo Cortés Riera.
Siempre hemos relacionado serena lógica y razón con los griegos de la
Antigüedad, una como cumbre de la racionalidad. Desafiando los
convencionalismos que nos han impuesto el mito de que los griegos fueron
apolíneos, serenos, ciegos a toda manifestación irracional, escribió en 1951 el
filólogo norirlandés Eric Roberston Dodds un fascinante libro: Lo irracional griego, un texto
verdaderamente disruptivo con el que el arrogante racionalismo moderno
resultaría poco menos que mal parado. Es
que desde el siglo XVIII hemos creído vanamente que lo racional, la diosa razón
gobierna los actos humanos, una idea rechazada por los románticos alemanes y
que llega a nuestros días en los potentes movimientos místicos y espirituales
contemporáneos. Desde Nietzsche y El nacimiento
de la tragedia, hasta el movimiento dadaísta, el surrealismo de Bretón y el
teatro del absurdo se pueden mirar desde esta perspectiva.
Una cara oculta de la mente
griega aparece con Dobbs. La gran
pregunta que se hace este erudito contemporáneo será: ¿Por qué deberíamos
atribuir a los antiguos griegos una inmunidad de los modos de pensamiento
'primitivos' que no encontramos en ninguna sociedad abierta a nuestra
observación directa? Los griegos no fueron- como suele creerse- una
cultura completamente original, despegada de su entorno histórico, un nicho
cultural autárquico. Tomaron de los fenicios el alfabeto fonético, con lo que
un pueblo de comerciantes ilumina a un pueblo de pensadores; de los egipcios se
nutrieron de su geometría y matemáticas sagradas; la práctica de la democracia
se ilumina con la que ellos observaron en Cartago; astrología y ocultismo que
abrevaron de mesopotámicos y persas; muchas de sus creencias mágicas como el
orfismo y el culto a Dionisio derivan de sus vecinos bárbaros, los tracios, una
fascinación mutua; la escritura lineal A
fue tomada de los minoicos. Grecia fue una esponja cultural que readapta las
influencias a su medio y momento.
Dobbs emplea para crear esta nueva y audaz visión de lo irracional
griego las ideas de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, su creatura.
Compara el inconsciente con el “yo subliminal” de F, W. H. Myers para explicar
fenómenos psíquicos desde una perspectiva psicológica. De tal modo Dodds tendió
puentes entre los estudios clásicos y la psicología del siglo XX, con lo cual
legitima el estudio de lo irracional, sueños, estados alterados en la
literatura antigua, un enfoque cercano a Freud. Emociones intensas,
experiencias religiosas, sueños, locura y creencias sobrenaturales serán
también objeto de estudios.
La locura no era para los
griegos enfermedad sino una forma de inspiración divina y la llamaban até,
practicaban rituales de purificación y crearían en la trasmigración de las
almas, en los místicos órficos, los pitagóricos ejecutaban rituales mágicos
para conectarse con lo divino. El centro de tales liturgias era el consumo de
vino, que no sólo era una bebida sino un medio de conexión con lo divino.
Dionisio, dios del vino, era figura central en las festividades y rituales
religiosos, abría la mente a lo trascendente, las ideas filosóficas se
discutían en los banquetes o simposios, donde se exploraban estados alterados
de conciencia. Se le consumía en exceso. El vino es símbolo sagrado, elemento
central de sociabilidad, ofrenda a los dioses, héroes y personas muertas.
Los misterios de Eleusis eran prácticas iniciáticas de trasformación y
renacimiento. Los helenos creían, como los israelíes, en sueños proféticos
sobrenaturales. El chamanismo, mediación entre lo humano y lo divino, que hoy
en día atribuimos a los estratos inferiores de la sociedad, estaba muy
difundido en Grecia: el chamán era figura fascinante y estaba rodeado de gran
autoridad al hablar de la inmortalidad del alma. Agamenón, personaje de la Ilíada,
justifica sus actos crueles diciendo que fue poseído por una fuerza
divina. No era una excusa sino una
explicación válida. Pitágoras, más allá del célebre teorema que lleva su nombre,
difundía la idea de la reencarnación, la naturaleza mística de los números
entre sus iniciados.
Estas alucinantes, fantasmagóricas ideas no se han cancelado con el
paso de siglos y milenios. Nada qué ver. En la actualidad mucho de
irracionalismo emerge con gran fuerza y autoridad, se ha incrustado en las
redes sociales, donde se habla de absurdos negacionistas de vacunas y cambio
climático, promesas como mágicas de enfermedades que aún no tienen cura,
creencias histéricas, tal como las llama Neil J. Smelser. La tecnología nos ha
hecho más tribales y menos críticos. Cosa verdaderamente lamentable. La
superstición campea en todos lugares y hasta ha penetrado universidades e
institutos de investigación científica, nos advierten el argentino Mario Bunge
y el estadounidense Carl Sagan. Denuncian estos sabios, titanes del escepticismo
contemporáneo, las supercherías de todo pelaje: parapsicología, la pantomima de
los horóscopos, cátedras homeopáticas en universidades, chamanismo
herborístico, la psicología evolutiva que pretende explicar todo lo social
desde imaginarios biológicos, que el universo se originó de la nada, el
posmodernismo que hace de todas las perspectivas igualmente válidas. Las supersticiones infectan las mentes tal que virus. En suma, ciencias fallidas que tienen enorme eco social. Es que la
gente y las sociedades quieren creer.
Los chamanes y psicoanalistas no recurren a la avaricia -afirma Bunge-
sino al deseo de comprender la vida sin estudiarla seriamente. Como dijo
Borges, los
psicoanalistas explotan el narcisismo, en particular el concreto deseo de que
alguien ajeno se ocupe de nuestros problemas personales. Desgraciadamente, la enorme mayoría
de los creyentes en la homeopatía no saben que algunas de las diluciones que
les venden como fármacos homeopáticos son del orden de una molécula por galaxia, lo que las hace totalmente
ineficaces.
El científico escéptico
Carl Sagan (1934-1996) nos indica
que cuando una nueva idea se plantea, esta debe ser sometida a consideración,
para luego ser probada rigurosamente. El pensamiento escéptico da medios para
construir, entender, razonar y reconocer ideas válidas o erróneas hasta donde
la verificación sea posible. Sagan crea lo que llama “kit escéptico” que nos
permite identificar verdades y timos, supersticiones y fraudes de todo tipo:
brujas, objetos voladores no identificados (OVNIS), percepción extrasensorial o
telepatía. Algunos de los fenómenos y prácticas más cuestionados por los
escépticos son: la actividad de los psíquicos, la parapsicología,
las apariciones marianas, las curaciones
milagrosas, los estigmas, la astrología,
diversas creencias religiosas, la homeopatía, las cartas del tarot,
las abducciones y raptos de humanos por alienígenas, la percepción extrasensorial. Tales asuntos los escépticos califican de pseudociencia o carentes por completo de prueba contrastable.[
De este modo podemos considerar a Dobbs uno de
los grandes escépticos de la modernidad tardía, la del siglo XX. Si los griegos
crearon la razón y la duda escéptica, pero que también creían en brujas y
aparecidos como dice él, ¿qué podemos esperar de nuestro tiempo
presente colmado hasta el vértigo de fake news, rumores y posverdades de todo
tipo que navegan a sus anchas, sin límites, en nuestros dispositivos electrónicos,
creando estados alucinatorios y demenciales bajo efecto de drogas y
estimulantes de todo tipo?
Debemos promover en todos los niveles de la educativos
la investigación científica, la investigación crítica y el uso de la razón al
examinar afirmaciones controvertidas y extraordinarias. Requerimos ya de un
Emmanuel Kant para el tercer milenio. Necesitamos urgentemente, afirma
Octavio Paz, de la crítica, la palabra racional, una suerte de higiene social.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de
Venezuela,
31 de julio de 2025.