sábado, 17 de enero de 2026

 

 

Eric Roberston Dobbs.

Lo irracional griego.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecrora@gmail.com

Siempre hemos relacionado serena lógica y razón con los griegos de la Antigüedad, una como cumbre de la racionalidad. Desafiando los convencionalismos que nos han impuesto el mito de que los griegos fueron apolíneos, serenos, ciegos a toda manifestación irracional, escribió en 1951 el filólogo norirlandés Eric Roberston Dodds un fascinante libro: Lo irracional griego, un texto verdaderamente disruptivo con el que el arrogante racionalismo moderno resultaría poco menos que mal parado.  Es que desde el siglo XVIII hemos creído vanamente que lo racional, la diosa razón gobierna los actos humanos, una idea rechazada por los románticos alemanes y que llega a nuestros días en los potentes movimientos místicos y espirituales contemporáneos. Desde Nietzsche y El nacimiento de la tragedia, hasta el movimiento dadaísta, el surrealismo de Bretón y el teatro del absurdo se pueden mirar desde esta perspectiva.

 Una cara oculta de la mente griega aparece con Dobbs. La gran pregunta que se hace este erudito contemporáneo será: ¿Por qué deberíamos atribuir a los antiguos griegos una inmunidad de los modos de pensamiento 'primitivos' que no encontramos en ninguna sociedad abierta a nuestra observación directa? Los griegos no fueron- como suele creerse- una cultura completamente original, despegada de su entorno histórico, un nicho cultural autárquico. Tomaron de los fenicios el alfabeto fonético, con lo que un pueblo de comerciantes ilumina a un pueblo de pensadores; de los egipcios se nutrieron de su geometría y matemáticas sagradas; la práctica de la democracia se ilumina con la que ellos observaron en Cartago; astrología y ocultismo que abrevaron de mesopotámicos y persas; muchas de sus creencias mágicas como el orfismo y el culto a Dionisio derivan de sus vecinos bárbaros, los tracios, una fascinación mutua;  la escritura lineal A fue tomada de los minoicos. Grecia fue una esponja cultural que readapta las influencias a su medio y momento. 

Dobbs emplea para crear esta nueva y audaz visión de lo irracional griego las ideas de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, su creatura. Compara el inconsciente con el “yo subliminal” de F, W. H. Myers para explicar fenómenos psíquicos desde una perspectiva psicológica. De tal modo Dodds tendió puentes entre los estudios clásicos y la psicología del siglo XX, con lo cual legitima el estudio de lo irracional, sueños, estados alterados en la literatura antigua, un enfoque cercano a Freud. Emociones intensas, experiencias religiosas, sueños, locura y creencias sobrenaturales serán también objeto de estudios.

 La locura no era para los griegos enfermedad sino una forma de inspiración divina y la llamaban até, practicaban rituales de purificación y crearían en la trasmigración de las almas, en los místicos órficos, los pitagóricos ejecutaban rituales mágicos para conectarse con lo divino. El centro de tales liturgias era el consumo de vino, que no sólo era una bebida sino un medio de conexión con lo divino. Dionisio, dios del vino, era figura central en las festividades y rituales religiosos, abría la mente a lo trascendente, las ideas filosóficas se discutían en los banquetes o simposios, donde se exploraban estados alterados de conciencia. Se le consumía en exceso. El vino es símbolo sagrado, elemento central de sociabilidad, ofrenda a los dioses, héroes y personas muertas.

Los misterios de Eleusis eran prácticas iniciáticas de trasformación y renacimiento. Los helenos creían, como los israelíes, en sueños proféticos sobrenaturales. El chamanismo, mediación entre lo humano y lo divino, que hoy en día atribuimos a los estratos inferiores de la sociedad, estaba muy difundido en Grecia: el chamán era figura fascinante y estaba rodeado de gran autoridad al hablar de la inmortalidad del alma. Agamenón, personaje de la Ilíada, justifica sus actos crueles diciendo que fue poseído por una fuerza divina.  No era una excusa sino una explicación válida. Pitágoras, más allá del célebre teorema que lleva su nombre, difundía la idea de la reencarnación, la naturaleza mística de los números entre sus iniciados.

Estas alucinantes, fantasmagóricas ideas no se han cancelado con el paso de siglos y milenios. Nada qué ver. En la actualidad mucho de irracionalismo emerge con gran fuerza y autoridad, se ha incrustado en las redes sociales, donde se habla de absurdos negacionistas de vacunas y cambio climático, promesas como mágicas de enfermedades que aún no tienen cura, creencias histéricas, tal como las llama Neil J. Smelser. La tecnología nos ha hecho más tribales y menos críticos. Cosa verdaderamente lamentable. La superstición campea en todos lugares y hasta ha penetrado universidades e institutos de investigación científica, nos advierten el argentino Mario Bunge y el estadounidense Carl Sagan. Denuncian estos sabios, titanes del escepticismo contemporáneo, las supercherías de todo pelaje: parapsicología, la pantomima de los horóscopos, cátedras homeopáticas en universidades, chamanismo herborístico, la psicología evolutiva que pretende explicar todo lo social desde imaginarios biológicos, que el universo se originó de la nada, el posmodernismo que hace de todas las perspectivas igualmente válidas. Las supersticiones infectan las mentes tal que virus. En suma, ciencias fallidas que tienen enorme eco social. Es que la gente y las sociedades quieren creer.  

Los chamanes y psicoanalistas no recurren a la avaricia -afirma Bunge- sino al deseo de comprender la vida sin estudiarla seriamente. Como dijo Borges, los psicoanalistas explotan el narcisismo, en particular el concreto deseo de que alguien ajeno se ocupe de nuestros problemas personales. Desgraciadamente, la enorme mayoría de los creyentes en la homeopatía no saben que algunas de las diluciones que les venden como fármacos homeopáticos son del orden de una molécula por galaxia, lo que las hace totalmente ineficaces.

El científico escéptico Carl Sagan (1934-1996) nos indica que cuando una nueva idea se plantea, esta debe ser sometida a consideración, para luego ser probada rigurosamente. El pensamiento escéptico da medios para construir, entender, razonar y reconocer ideas válidas o erróneas hasta donde la verificación sea posible. Sagan crea lo que llama “kit escéptico” que nos permite identificar verdades y timos, supersticiones y fraudes de todo tipo: brujas, objetos voladores no identificados (OVNIS), percepción extrasensorial o telepatía. Algunos de los fenómenos y prácticas más cuestionados por los escépticos son: la actividad de los psíquicos, la parapsicología, las apariciones marianas, las curaciones milagrosas, los estigmas, la astrología, diversas creencias religiosas, la homeopatía, las cartas del tarot, las abducciones y raptos de humanos por alienígenas, la percepción extrasensorial. Tales asuntos los escépticos califican de pseudociencia o carentes por completo de prueba contrastable.[

De este modo podemos considerar a Dobbs uno de los grandes escépticos de la modernidad tardía, la del siglo XX. Si los griegos crearon la razón y la duda escéptica, pero que también creían en brujas y aparecidos como dice él, ¿qué podemos esperar de nuestro tiempo presente colmado hasta el vértigo de fake news, rumores y posverdades de todo tipo que navegan a sus anchas, sin límites, en nuestros dispositivos electrónicos, creando estados alucinatorios y demenciales bajo efecto de drogas y estimulantes de todo tipo?

Debemos promover en todos los niveles de la educativos la investigación científica, la investigación crítica y el uso de la razón al examinar afirmaciones controvertidas y extraordinarias. Requerimos ya de un Emmanuel Kant para el tercer milenio. Necesitamos urgentemente, afirma Octavio Paz, de la crítica, la palabra racional, una suerte de higiene social.

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

31 de julio de 2025.

 


    La melancolía. Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.co m       ...