
Annales, una actitud, un sprit.
Luis Eduardo Cortés Riera.
cronistadecarora@gmail.com
No somos una escuela, dicen los annalistas, somos una
actitud, un sprit, un espíritu. Fundada en 1929 la revista Annales en Estrasburgo, Francia, por Marc Bloch y Lucien Febvre en
1929, con ellos se modifica el hacer histórico que dominaba desde Leopold Von Ranke.
Su origen debe buscarse, dice Georges Iggers, en una obra escrita 17 años antes
que la fundación de la revista Annales:
El Franco Condado bajo Felipe II, que
sale de la pluma de Febvre en 1912. Se trata de una historia exhaustiva de una
región basándose en el análisis cuidadoso de fuentes no solo políticas, sino
también económicas, religiosas, literarias y artísticas. Fue influido por Vidal
de la Blanche e introduce el peso de las representaciones mentales, un matiz
innovador que conducirá a Annales a
perseguir una historia cultural, con lo cual se colocan más allá de la historia
social moderna.
Los antecedentes de Annales
pueden rastrearse al año 1900 cuando hubo una intensa discusión sobre el
método en la Revista de Ciencia Histórica,
liderada por el filósofo Henry Beer. Las magnitudes físicas que hasta entonces
habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión,
la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en
áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo, un enfoque
antropológico que incluye toda la población, no como estilo ideológico y
estético de una alta capa social.
Ellos modifican radicalmente el concepto de tiempo, el
que ya no es considerado como un movimiento unidimensional del pasado al
futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Karl Marx y Max Weber.
Esta modificación radical de la temporalidad se la debemos a la influencia de
los físicos Max Plank y Albert Einstein, quienes volvieron añicos y para
siempre la temporalidad newtoniana a comienzos del siglo XX.
“No somos escuela, sino un sprit que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de
investigación, sin conformar una doctrina”. La praxis prevalece claramente
sobre la teoría, pero la praxis incluye importantes presupuestos teóricos: la
historia social, historia de las mentalidades, la larga duración braudeliana,
estructura y coyuntura.
Lucien Febvre y Marc Bloch, agrega Iggers, han seguido
atentamente la historiografía social y económica alemana. Bloch estudió en 1908
y 1909 en ese país. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el
Franco Condado y el país de Mosela de Lamprecht: a ambos interesaban los modos
de pensar y de comportarse dentro de una determinada región, evitando el
determinismo geográfico, siguiendo a Vidal de la Blanche.
Annales
debe mucho a la sociología de Durkheim, quien quería transformar a la
sociología en una ciencia rigurosa, lo que significaba matematización. La conciencia colectiva es el objeto central
de una ciencia de la sociedad: normas, costumbres, religión. Bloch y febvre
conceden gran importancia a las estructuras anónimas, la vida sentimental, la
mentalidad colectiva, con lo cual construyen una antropología histórica. Este
novedoso enfoque se observa en El Franco
Condado (1912) de Febvre y en Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch, referido a las artes curativas de los
reyes ingleses y franceses durante un largo periodo temporal.
Este par de magníficos historiadores, protagonistas de la
Revolución historiográfica francesa, nunca pusieron en duda de que la historia
es la ciencia central del hombre. Para ello anularon los límites entre las
disciplinas parciales, esto es antropología, lingüística, sociología, psicología,
semiótica, psicoanálisis, ciencias de la literatura y el arte, economía, “los
pequeños jardines.”.
Ellos, desde sus cátedras de Estrasburgo se enfrentaron a
la Sorbona en París y su modo tradicional de hacer la historia que
representaban Charles Seignobos y Charles Langlois, autores de una obra de
marcado carácter positivista: Introducción
a los estudios históricos, una historia lineal y política de los grandes
hombres. Annales nace enfrentando a
este tipo de historia que silencia las mayorías, el pueblo.
Más tarde las cosas cambiaron por completo con las
grandes obras de Bloch, Febvre, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff,
Emmanuel Le Roy Ladurie, Robert Mandru, Michel Vovelle, Francoise Furet. Estos
autores lograron, escribe Iggers, lo que otros autores alemanes y franceses no
conseguían, a saber, el unir la cientificidad rigurosa con la buena literatura
y ganarse la aceptación de un amplio público.
Después de ser
unos rebeldes, Annales se
institucionaliza al finalizar la segunda guerra mundial. En 1946 fueron
integrados a una poderosa institución francesa: la Escuela Práctica de Altos Estudios,
institución fundada en 1868 que no ofrecía carreras normales, sino que estaba
dedicada exclusivamente a la investigación y a la formación de investigadores,
algo parecido al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Estados Unidos.
Esta institucionalización tuvo resultados
contradictorios, dice Iggers. Favoreció la investigación interdisciplinar y,
con ello, una nueva receptividad. Hizo posible el trabajo en equipo y proyectos
coordinados con la ayuda de medios electrónicos en el tratamiento de los datos,
que le conferían un matiz de cientificidad.
Annales había comenzado, escribe Peter Burke, siendo una publicación
de una secta herética. “Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en sus
conferencias. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el
órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los
revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica
oficial en Francia.
El
problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, escrito en 1948 por Febvre, es, afirma Burke, uno de los
trabajos de historia más fructíferos publicados en el siglo XX. Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch y el artículo de Lefebvre sobre las
multitudes: El gran miedo de 1789, (1932), este trabajo inspiró la
historia de las mentalidades colectivas a la que tantos historiadores franceses
se entregaron a partir de la década de 1960.
Después
de la guerra, Febvre tuvo su oportunidad. Fue invitado a organizar una de las
principales instituciones del sistema francés de educación superior: la Escula
Practica de Altos Estudios, también fue delegado de su país en UNESCO,
encargado de la organización de un multivolumen: Historia Científica y Cultural de la Humanidad. Todas estas
actividades le impidieron realizar uno de sus más ambiciosos proyectos: Pensamiento
y creencias occidentales desde 1400 hasta 1800, la Historia del libro impreso y
sus efectos en la cultura del Renacimiento y la Reforma, El Ensayo de
psicología histórica, Introducción a la Francia moderna, que fueron terminados
por sus discípulos. El heredero de este poder será el “hijo” de Febvre, el
joven Fernand Braudel.
Fue en un
campo de concentración nazi donde a Braudel se le ocurre la idea de la larga
duración, uno de sus conceptos clave. Una vez terminada la guerra escribe su
obra fundamental en dos gruesos volúmenes: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II,
fue editada en francés en 1949. En el prólogo
a la primera edición francesa nos dice Braudel:
“El
Mediterráneo no es siquiera un mar; es un complejo de mares; y de mares
salpicados de islas, cortados por penínsulas, rodeado de costas ramificadas. Su
vida se haya mesclada a la tierra, su poesía tiene mucho de rústica, sus
marinos son, cuando llega la hora, campesinos como hombres de mar.”
Esta gigantesca obra braudeliana tiene una estructura tripartita: «cada una
de las partes es un intento de explicación de conjunto»: la primera parte es
una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones con el
medio que le rodea, historia lenta en fluir y transformarse, una historia casi
situada fuera del tiempo. No es una de las tradicionales introducciones
geográficas de los estudios de historia.
Por encima de esta historia inmóvil se alza una historia de ritmo lento,
parte segunda: la historia estructural, una historia social, la historia de los
grupos y las agrupaciones humanas, un estudio de las economías, los Estados,
las sociedades y civilizaciones, fuerzas profundas que entran en acción en los
complejos dominios de la guerra.
Finalmente, una tercera parte, la de la historia tradicional, cortada a la
medida del individuo, la historia de los acontecimientos, la agitación de la
superficie, una historia de las oscilaciones breves, rápidas y nerviosas, la
más apasionante y rica en humanidad, y también la más peligrosa.
Así, es una obra estructurada en la dialéctica espacio-tiempo
(historia-geografía), una historia a cámara lenta que permite descubrir rasgos
permanentes, que es la justificación original del libro, toda una novedad, con
escasísimos antecedentes dignos de hacer mención.
Es una labor de síntesis que provoca una nueva ola de investigaciones
especializadas, tales como Jean Delumeau, Pierre Vilar, Emmanuel Le Roy
Ladurie, Vicens Vives, Alphonse Dupront, Pierre Chaunu, Julio Caro Baroja,
Jacques Heers, Ruggiero Romano, Iorjo Tadic, Carlo Cipolla, Frank Spooner,
entre otros.
Braudel es sin duda, escribe el mexicano Carlos Aguirre Rojas, una
referencia obligada cuando se abordan temas relativos al desarrollo de la
ciencia histórica de los tiempos actuales. Su copiosa y profunda huella en el
quehacer profesional de los historiadores, hacen de su nombre un paradigma que
desde hace medio siglo está impactando a las ciencias sociales, antropólogos y
desde luego, para los historiadores.
Dice Georg Iggers que “pese a la atención que han recibido en el ámbito
internacional, los Annales no ha dejado nunca de ser un fenómeno
específicamente francés, profundamente arraigado en las tradiciones científicas
francesas. Pero como modelo a seguir para hallar nuevos caminos en la investigación
histórica de la cultura y de la sociedad han ejercido una gran influencia
internacional.”
En Venezuela, mi país, han sido mis mentores, Dr. Federico Brito Figueroa y
Dr. Reinaldo Rojas, quienes, en el interior del país, en Barquisimeto, han
creado una comunidad de discurso en torno a la Escuela de Annales, única en su
tipo, que ha dado muestras palmarias de un impulso investigativo formidable. Me
precio gratamente de pertenecer a esta fértil comunidad de pensamiento nucleada
alrededor de la Fundación Buría.
Referencias:
Aguirre
Rojas, Carlos. (1997) Braudel a debate. Fondo Editorial Tropikos, Fondo
Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, Venezuela.
Braudel, Fernand (1987) El
Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo
de Cultura Económica. México. Dos tomos.
Burke, Peter. (1990) La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales: 1929-1989. Gedisa, Editorial. Barcelona.
Iggers, Georg. (1997) La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales. Idea Books, S. A. Barcelona.
Carora,
Estado Lara,
República bolivariana de Venezuela,
domingo 25 de enero de 2026.