martes, 27 de enero de 2026

Annales, un espíritu

 

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Annales, una actitud, un sprit.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

No somos una escuela, dicen los annalistas, somos una actitud, un sprit, un espíritu. Fundada en 1929 la revista Annales en Estrasburgo, Francia, por Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929, con ellos se modifica el hacer histórico que dominaba desde Leopold Von Ranke. Su origen debe buscarse, dice Georges Iggers, en una obra escrita 17 años antes que la fundación de la revista Annales: El Franco Condado bajo Felipe II, que sale de la pluma de Febvre en 1912. Se trata de una historia exhaustiva de una región basándose en el análisis cuidadoso de fuentes no solo políticas, sino también económicas, religiosas, literarias y artísticas. Fue influido por Vidal de la Blanche e introduce el peso de las representaciones mentales, un matiz innovador que conducirá a Annales a perseguir una historia cultural, con lo cual se colocan más allá de la historia social moderna.

Los antecedentes de Annales pueden rastrearse al año 1900 cuando hubo una intensa discusión sobre el método en la Revista de Ciencia Histórica, liderada por el filósofo Henry Beer. Las magnitudes físicas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo, un enfoque antropológico que incluye toda la población, no como estilo ideológico y estético de una alta capa social.

 

Ellos modifican radicalmente el concepto de tiempo, el que ya no es considerado como un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Karl Marx y Max Weber. Esta modificación radical de la temporalidad se la debemos a la influencia de los físicos Max Plank y Albert Einstein, quienes volvieron añicos y para siempre la temporalidad newtoniana a comienzos del siglo XX.

“No somos escuela, sino un sprit que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, sin conformar una doctrina”. La praxis prevalece claramente sobre la teoría, pero la praxis incluye importantes presupuestos teóricos: la historia social, historia de las mentalidades, la larga duración braudeliana, estructura y coyuntura.

Lucien Febvre y Marc Bloch, agrega Iggers, han seguido atentamente la historiografía social y económica alemana. Bloch estudió en 1908 y 1909 en ese país. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y el país de Mosela de Lamprecht: a ambos interesaban los modos de pensar y de comportarse dentro de una determinada región, evitando el determinismo geográfico, siguiendo a Vidal de la Blanche.    

          Annales debe mucho a la sociología de Durkheim, quien quería transformar a la sociología en una ciencia rigurosa, lo que significaba matematización.  La conciencia colectiva es el objeto central de una ciencia de la sociedad: normas, costumbres, religión. Bloch y febvre conceden gran importancia a las estructuras anónimas, la vida sentimental, la mentalidad colectiva, con lo cual construyen una antropología histórica. Este novedoso enfoque se observa en El Franco Condado (1912) de Febvre y en Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch, referido a las artes curativas de los reyes ingleses y franceses durante un largo periodo temporal.

Este par de magníficos historiadores, protagonistas de la Revolución historiográfica francesa, nunca pusieron en duda de que la historia es la ciencia central del hombre. Para ello anularon los límites entre las disciplinas parciales, esto es antropología, lingüística, sociología, psicología, semiótica, psicoanálisis, ciencias de la literatura y el arte, economía, “los pequeños jardines.”.

Ellos, desde sus cátedras de Estrasburgo se enfrentaron a la Sorbona en París y su modo tradicional de hacer la historia que representaban Charles Seignobos y Charles Langlois, autores de una obra de marcado carácter positivista: Introducción a los estudios históricos, una historia lineal y política de los grandes hombres. Annales nace enfrentando a este tipo de historia que silencia las mayorías, el pueblo.

Más tarde las cosas cambiaron por completo con las grandes obras de Bloch, Febvre, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie, Robert Mandru, Michel Vovelle, Francoise Furet. Estos autores lograron, escribe Iggers, lo que otros autores alemanes y franceses no conseguían, a saber, el unir la cientificidad rigurosa con la buena literatura y ganarse la aceptación de un amplio público. 

 

 Después de ser unos rebeldes, Annales se institucionaliza al finalizar la segunda guerra mundial. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución francesa: la Escuela Práctica de Altos Estudios, institución fundada en 1868 que no ofrecía carreras normales, sino que estaba dedicada exclusivamente a la investigación y a la formación de investigadores, algo parecido al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Estados Unidos.

 

Esta institucionalización tuvo resultados contradictorios, dice Iggers. Favoreció la investigación interdisciplinar y, con ello, una nueva receptividad. Hizo posible el trabajo en equipo y proyectos coordinados con la ayuda de medios electrónicos en el tratamiento de los datos, que le conferían un matiz de cientificidad.

Annales había comenzado, escribe Peter Burke, siendo una publicación de una secta herética. “Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en sus conferencias. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica oficial en Francia.

El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, escrito en 1948 por Febvre, es, afirma Burke, uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en el siglo XX. Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch y el artículo de Lefebvre sobre las multitudes: El gran miedo de 1789, (1932), este trabajo inspiró la historia de las mentalidades colectivas a la que tantos historiadores franceses se entregaron a partir de la década de 1960.

 

          Después de la guerra, Febvre tuvo su oportunidad. Fue invitado a organizar una de las principales instituciones del sistema francés de educación superior: la Escula Practica de Altos Estudios, también fue delegado de su país en UNESCO, encargado de la organización de un multivolumen: Historia Científica y Cultural de la Humanidad. Todas estas actividades le impidieron realizar uno de sus más ambiciosos proyectos: Pensamiento y creencias occidentales desde 1400 hasta 1800, la Historia del libro impreso y sus efectos en la cultura del Renacimiento y la Reforma, El Ensayo de psicología histórica, Introducción a la Francia moderna, que fueron terminados por sus discípulos. El heredero de este poder será el “hijo” de Febvre, el joven Fernand Braudel.

Fue en un campo de concentración nazi donde a Braudel se le ocurre la idea de la larga duración, uno de sus conceptos clave. Una vez terminada la guerra escribe su obra fundamental en dos gruesos volúmenes:  El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, fue editada en francés en 1949. En el prólogo a la primera edición francesa nos dice Braudel:

“El Mediterráneo no es siquiera un mar; es un complejo de mares; y de mares salpicados de islas, cortados por penínsulas, rodeado de costas ramificadas. Su vida se haya mesclada a la tierra, su poesía tiene mucho de rústica, sus marinos son, cuando llega la hora, campesinos como hombres de mar.” 

Esta gigantesca obra braudeliana tiene una estructura tripartita: «cada una de las partes es un intento de explicación de conjunto»: la primera parte es una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones con el medio que le rodea, historia lenta en fluir y transformarse, una historia casi situada fuera del tiempo. No es una de las tradicionales introducciones geográficas de los estudios de historia.

Por encima de esta historia inmóvil se alza una historia de ritmo lento, parte segunda: la historia estructural, una historia social, la historia de los grupos y las agrupaciones humanas, un estudio de las economías, los Estados, las sociedades y civilizaciones, fuerzas profundas que entran en acción en los complejos dominios de la guerra.

Finalmente, una tercera parte, la de la historia tradicional, cortada a la medida del individuo, la historia de los acontecimientos, la agitación de la superficie, una historia de las oscilaciones breves, rápidas y nerviosas, la más apasionante y rica en humanidad, y también la más peligrosa.

Así, es una obra estructurada en la dialéctica espacio-tiempo (historia-geografía), una historia a cámara lenta que permite descubrir rasgos permanentes, que es la justificación original del libro, toda una novedad, con escasísimos antecedentes dignos de hacer mención.

Es una labor de síntesis que provoca una nueva ola de investigaciones especializadas, tales como Jean Delumeau, Pierre Vilar, Emmanuel Le Roy Ladurie, Vicens Vives, Alphonse Dupront, Pierre Chaunu, Julio Caro Baroja, Jacques Heers, Ruggiero Romano, Iorjo Tadic, Carlo Cipolla, Frank Spooner, entre otros.

Braudel es sin duda, escribe el mexicano Carlos Aguirre Rojas, una referencia obligada cuando se abordan temas relativos al desarrollo de la ciencia histórica de los tiempos actuales. Su copiosa y profunda huella en el quehacer profesional de los historiadores, hacen de su nombre un paradigma que desde hace medio siglo está impactando a las ciencias sociales, antropólogos y desde luego, para los historiadores.

Dice Georg Iggers que “pese a la atención que han recibido en el ámbito internacional, los Annales no ha dejado nunca de ser un fenómeno específicamente francés, profundamente arraigado en las tradiciones científicas francesas. Pero como modelo a seguir para hallar nuevos caminos en la investigación histórica de la cultura y de la sociedad han ejercido una gran influencia internacional.”

En Venezuela, mi país, han sido mis mentores, Dr. Federico Brito Figueroa y Dr. Reinaldo Rojas, quienes, en el interior del país, en Barquisimeto, han creado una comunidad de discurso en torno a la Escuela de Annales, única en su tipo, que ha dado muestras palmarias de un impulso investigativo formidable. Me precio gratamente de pertenecer a esta fértil comunidad de pensamiento nucleada alrededor de la Fundación Buría.  

 

Referencias:

Aguirre Rojas, Carlos. (1997) Braudel a debate. Fondo Editorial Tropikos, Fondo Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, Venezuela.

Braudel, Fernand (1987) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. México. Dos tomos.

Burke, Peter. (1990) La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales: 1929-1989. Gedisa, Editorial. Barcelona.

Iggers, Georg. (1997) La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales. Idea Books, S. A. Barcelona.

 

Carora,

Estado Lara,

 República bolivariana de Venezuela,

domingo 25 de enero de 2026.

 

 

 


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