martes, 27 de enero de 2026

China y el azúcar artificial

 

 

China: Azúcar artificial.

¿Fin del hambre y la contaminación en el mundo?

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

La civilización más antigua del orbe es sin duda alguna China. Son más de 5.000 años de historia continuada y sin fracturas, lo que no se vio en Egipto antiguo, el Imperio Romano, la Rusia de los zares, el Imperio Español, civilizaciones que solo son recuerdo.

Hasta el siglo XVII la ciencia y la técnica de China e India estaba tan avanzada o superaban la de Europa, afirma el británico Joseph Nedham en Ciencia y civilización en China, 1954. Pero sucedió que después vinieron dos siglos de colonialismo occidental que obstaculizaron el desarrollo de la ciencia en Asia. Pudo iniciarse la revolución industrial en China antes que en Inglaterra del siglo XVIII.

En la actualidad la ciencia ha tenido un vertiginoso e indetenible avance en el país del dragón. Las universidades chinas se han colocado en el ranquin de las mejores del mundo, dice recientemente The New York Times del mes de enero de 2026, amenazando la hegemonía de las tradicionales Harvard, Instituto Tecnológico de Massachusetts, Cambridge y Oxford.

Una verdadera revolución en la química verde supone la transformación del dióxido de carbono de la atmósfera en azúcar. Un antes y un después de la industria alimentaria. Habrá alimentos para la humanidad sin necesidad de tierra, agua o cultivos. Este gigantesco logro se ha producido en la Academia de Ciencias de China, Instituto de Biotecnología Industrial de Tianjin, que podría dejar al lado la agricultura de arados, tractores, pesticidas y bueyes, resolver graves y urgentes problemas de contaminación. Es un sistema de biotransformación que no depende de la caña de azúcar del trópico ni de la remolacha azucarera de las regiones templadas.  Supera las limitaciones de la fotosíntesis de estas plantas, evita la degradación y escasez de tierras.

El metanol es convertido en sacarosa o azúcar común en un sistema de biotransformación in vitro, en una síntesis total precisa. La inmensa hegemonía de la caña de azúcar, que nos llegó de la India milenaria, parece que tiene sus días contados. El terrible efecto invernadero tendrá también verá reducidos sus tóxicos gases neutralizando el carbono. La tasa de conversión de dióxido de carbono implica un bajo costo de energía que llega al asombroso 86%. Con la ayuda de catalizadores químicos y catalizadores enzimáticos obtuvieron los científicos chinos cuatro tipos de azucares: glucosa, alulosa, tagatosa y manosa.

El estudio no se queda en la sacarosa, sino que incluye la fructosa, celooligosacáridos y el almidón, todos ellos con aplicaciones en la industria alimentaria, farmacéutica y química. Un futuro sin plantas para alimentos y sin plantas para medicamentos.

China, que importa anualmente 5 millones de toneladas azúcar dejará a la brevedad de depender de este rubro, del cual es el tercer productor mundial después de India y Brasil con 108 millones de toneladas. Las grandes preguntas que nos hacemos son dramáticas: ¿qué pasará con la antigua dulcería china que se remonta a la dinastía Tang del siglo VIII dC, con los inmensos sembradíos de caña de azúcar chinos, unos 1,67 millones de hectáreas hasta 2023 en las provincias meridionales?, ¿qué sucederá con la inmensa mano de obra cesante y con los centenares ingenios azucareros parados en todo el planeta si progresa y se hace viable la tecnología del azúcar artificial extraído del dióxido de carbono?

En occidente, sin embargo, la situación es más dramática aun, puesto que la enorme industria farmacéutica tendrá que replantearse muy hondo sus propósitos. ¿Cuál será la profunda modificación que experimentarán los gigantes Pfizer, Novartis, Johnson & Johnson? Y cuando la agricultura no necesite fertilizante, agroquímicos y desfoliantes, qué sucederá con Monsanto y Bayer.  

Apenas es necesario preguntarse por el gigantesco impacto que tendrá esta tecnología china en los países del llamado Sur Global, y la manera en que fortalecerá a los países BRICS, una agrupación de países creada en 2006. Un colosal remezón geopolítico en ciernes que pondrá en entredicho la hegemonía de occidente que hasta hace poco nadie ponía en duda. Asia, África y América Latina serán los grandes beneficiarios de la transformación del temible dióxido de carbono en nutritiva azúcar para apaciguar el hambre y la desnutrición endémicas.

 Pero es una empresa que produce un producto no esencial, la gigantesca compañía Coca Cola, quien planea seguir el método chino en occidente. Coca-Cola Europacific Partners (CCEP) se ha embarcado en un proyecto con el que busca transformar el CO₂ en azúcar para incorporarla a su cadena de suministro, eliminándolo de la atmósfera y reutilizándolo, que le permitirá reducir las emisiones y a avanzar hacia la descarbonización de la economía, según ha informado en un comunicado.

En concreto, CCEP Ventures, la plataforma de inversión en innovación de CCEP, se ha aliado con Peidong Yang Research Group, un consorcio chino-estadounidense que trabaja en la Universidad de California, en Berkeley, para desarrollar métodos que permitan convertir a nivel industrial el CO₂ en azúcar.

 

La humana historia no deja de producir paradojas alucinantes. Una empresa que elabora esa “agua industrial sin alma”, como llamó el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri a la Coca Cola, y que ha tenido ganancias de 45 mil millones de dólares, emplea a 87 mil personas y que tiene alcances planetarios, esté en estos momentos liderando con gran éxito la inaplazable y urgente descontaminación de la atmósfera terráquea.

Creo que mi país, Venezuela, está casi completamente ajeno a estos vertiginosos cambios, lo cual es en grado sumo preocupante.

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 martes 20 de enero de 2026.


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