
China: Azúcar artificial.
¿Fin del hambre y la
contaminación en el mundo?
Luis Eduardo Cortés Riera.
cronistadecarora@gmail.com
La civilización más antigua del orbe es sin duda alguna
China. Son más de 5.000 años de historia continuada y sin fracturas, lo que no
se vio en Egipto antiguo, el Imperio Romano, la Rusia de los zares, el Imperio
Español, civilizaciones que solo son recuerdo.
Hasta el siglo XVII la ciencia y la técnica de China e India
estaba tan avanzada o superaban la de Europa, afirma el británico Joseph Nedham
en Ciencia y civilización en China, 1954. Pero sucedió que después vinieron dos
siglos de colonialismo occidental que obstaculizaron el desarrollo de la
ciencia en Asia. Pudo iniciarse la revolución industrial en China antes que en Inglaterra
del siglo XVIII.
En la actualidad la ciencia ha tenido un vertiginoso e
indetenible avance en el país del dragón. Las universidades chinas se han
colocado en el ranquin de las mejores del mundo, dice recientemente The New York Times del mes de enero de
2026, amenazando la hegemonía de las tradicionales Harvard, Instituto
Tecnológico de Massachusetts, Cambridge y Oxford.
Una verdadera revolución en la química verde supone la transformación del
dióxido de carbono de la atmósfera en azúcar. Un antes y un después de la
industria alimentaria. Habrá alimentos para la humanidad sin necesidad de
tierra, agua o cultivos. Este gigantesco logro se ha producido en la Academia
de Ciencias de China, Instituto de Biotecnología Industrial de Tianjin, que
podría dejar al lado la agricultura de arados, tractores, pesticidas y bueyes,
resolver graves y urgentes problemas de contaminación. Es un sistema de
biotransformación que no depende de la caña de azúcar del trópico ni de la
remolacha azucarera de las regiones templadas. Supera las limitaciones de la fotosíntesis de
estas plantas, evita la degradación y escasez de tierras.
El metanol es convertido en sacarosa o azúcar común en un
sistema de biotransformación in vitro, en una síntesis total precisa. La
inmensa hegemonía de la caña de azúcar, que nos llegó de la India milenaria,
parece que tiene sus días contados. El terrible efecto invernadero tendrá
también verá reducidos sus tóxicos gases neutralizando el carbono. La tasa de
conversión de dióxido de carbono implica un bajo costo de energía que llega al
asombroso 86%. Con la ayuda de catalizadores químicos y catalizadores
enzimáticos obtuvieron los científicos chinos cuatro tipos de azucares:
glucosa, alulosa, tagatosa y manosa.
El estudio no se queda en la sacarosa, sino que incluye la fructosa,
celooligosacáridos y el almidón, todos ellos con aplicaciones en la industria
alimentaria, farmacéutica y química. Un futuro sin plantas para alimentos y sin
plantas para medicamentos.
China, que importa anualmente 5
millones de toneladas azúcar dejará a la brevedad de depender de este rubro,
del cual es el tercer productor mundial después de India y Brasil con 108
millones de toneladas. Las grandes preguntas que nos hacemos son dramáticas:
¿qué pasará con la antigua dulcería china que se remonta a la dinastía Tang del
siglo VIII dC, con los inmensos sembradíos de caña de azúcar chinos, unos 1,67
millones de hectáreas hasta 2023 en las provincias meridionales?, ¿qué sucederá
con la inmensa mano de obra cesante y con los centenares ingenios azucareros
parados en todo el planeta si progresa y se hace viable la tecnología del
azúcar artificial extraído del dióxido de carbono?
En occidente, sin embargo, la situación es más dramática
aun, puesto que la enorme industria farmacéutica tendrá que replantearse muy
hondo sus propósitos. ¿Cuál será la profunda modificación que experimentarán
los gigantes Pfizer, Novartis, Johnson & Johnson? Y cuando la agricultura
no necesite fertilizante, agroquímicos y desfoliantes, qué sucederá con
Monsanto y Bayer.
Apenas es necesario preguntarse por el gigantesco impacto
que tendrá esta tecnología china en los países del llamado Sur Global, y la
manera en que fortalecerá a los países BRICS, una agrupación de países creada
en 2006. Un colosal remezón geopolítico en ciernes que pondrá en entredicho la hegemonía
de occidente que hasta hace poco nadie ponía en duda. Asia, África y América
Latina serán los grandes beneficiarios de la transformación del temible dióxido
de carbono en nutritiva azúcar para apaciguar el hambre y la desnutrición
endémicas.
Pero es una empresa
que produce un producto no esencial, la gigantesca compañía Coca Cola, quien
planea seguir el método chino en occidente. Coca-Cola
Europacific Partners (CCEP) se ha embarcado en un proyecto con el que busca transformar el CO₂ en azúcar para
incorporarla a su cadena de suministro, eliminándolo de la atmósfera y
reutilizándolo, que le permitirá reducir las emisiones y a
avanzar hacia la descarbonización de la economía, según ha informado en un
comunicado.
En concreto, CCEP Ventures,
la plataforma de inversión en innovación de CCEP, se ha aliado con Peidong Yang
Research Group, un consorcio chino-estadounidense que trabaja en la Universidad
de California, en Berkeley, para desarrollar métodos que permitan convertir a
nivel industrial el CO₂ en azúcar.
La humana historia no deja de producir paradojas
alucinantes. Una empresa que elabora esa “agua industrial sin alma”, como llamó
el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri a la Coca Cola, y que ha tenido
ganancias de 45 mil millones de dólares, emplea a 87 mil personas y que tiene
alcances planetarios, esté en estos momentos liderando con gran éxito la
inaplazable y urgente descontaminación de la atmósfera terráquea.
Creo que mi país, Venezuela, está casi completamente
ajeno a estos vertiginosos cambios, lo cual es en grado sumo preocupante.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de Venezuela,
martes 20 de enero
de 2026.