
Pequeña teología de la lentitud.
Luis
Eduardo Cortés Riera.
Ahora
que ha fallecido el progresista papa Francisco, resuena vivamente por su
talento literario, carisma, origen geográfico, juventud, el cardenal José
Tolentino de Mendonça, de apenas 59 años de edad, para suceder al papa de
los sin voz y los excluidos que recién nos abandona físicamente. Nace en las
Islas Azores en1965, conoce de la vida terrible de las excolonias portuguesas
en Angola, la guerra anticolonial, se le reconoce como una de las voces más originales
de la literatura moderna en lengua portuguesa y que como crítico literario es
un profundo conocedor de la poesía del genio inmortal de Fernando Pessoa,
Blaise Pascal y de la ucraniana y judía brasileña Clarice Lispector. Es un
eminente intelectual católico cercano a las ideas del pontífice argentino
recién ido.
En
1990 publica su primer libro de poemas Os
días contados, un éxito en el mundo de habla portuguesa. Doctor en Teología
Bíblica en 2004, ha establecido las relaciones entre la cultura y el
cristianismo bajo un enfoque novedoso: Religión y razón pública. Sus fuertes
vínculos con Brasil y Latinoamérica y sus universidades lo hacen favorito
papable. El conservador Benedicto XVI lo designa consultor del Pontificio
Consejo de la Cultura, creado en 1982 por el papa polaco Karol Wojtyla. El Consejo promueve el encuentro entre el mensaje
salvífico del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por
la no creencia y la indiferencia religiosa, a fin de que se abran cada vez más
a la fe cristiana, creadora de cultura y fuente inspiradora de ciencias, letras
y artes (Carta apostólica, Inde a
Pontificatus, art. 1.) Un diálogo entre fe y cultura, Evangelio y cultura. Ha
apoyado Tolentino el Festival Internacional de Cine Católico, celebrado en Roma
en 2010 y ha sido merecedor de varios doctorados honoris causa.
Este Consejo se
coloca a años luz de distancia del retrógrado Índice de Libros Prohibidos, con el cual la Iglesia Católica
condena desde el siglo XVI la lectura de las obras maestras de la literatura y
la filosofía de autores como Erasmo, Zola, Sartre, Descartes y Kant, entre otros. Es muy seguro que Tolentino ha leído la
extraordinaria novela Madame Bovary
de Gustave Flaubert, un escándalo en su tiempo ya ido. “Los escritores son a
menudo guías espirituales”, dice a menudo el cardenal Tolentino, quien ha
organizado el Pabellón Vaticano para la Bienal de Venecia en 2024.
Pequeña Teología de la Lentitud.
En esta singular reflexión
sobre el vórtice temporal de la modernidad dice: “Pasamos por las cosas sin
habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información en
la que no llegaremos a profundizar. Todo transcurre a un galope ruidoso,
vehemente y efímero. La velocidad a la que vivimos nos impide vivir. Precisamos
de una lentitud que nos proteja de las precipitaciones mecánicas, de los gestos
ciegamente compulsivos, de las palabras repetidas y banales. Necesitamos
reaprender el aquí y ahora de la presencia, necesitamos reaprender lo entero,
lo intacto, lo concentrado, lo atento y lo uno.”
El purpurado José Tolentino nos
invita a explorar la lentitud, el agradecimiento, el perdón, la espera, el arte
de cuidar y habitar, la perseverancia, la compasión, la alegría, el deseo y el
arte de no saber. El autor expresa su anhelo con respecto al futuro de la humanidad:
que habitemos, contemplemos y nos asombremos de cada uno de nuestros actos.
Pareciera que nuestro cardenal
portugués se inspirara en las lecturas de Zygmunt Bauman, autor de la
renombrada Modernidad Líquida, donde
nos advierte este sociólogo polaco de la naturaleza cambiante e inestable de la
vida moderna. Incertidumbre, fugacidad y falta de estabilidad a la que opone
Tolentino la calma y la tranquilidad que fue su refugio en la remota y apacible
isla de las Azores madeirenses de su niñez. Se le considera como "un
hombre que ama los libros, las librerías y las bibliotecas", un biblista y
un "ensayista, teólogo o místico". "El cardenal nos recuerda que
las lágrimas son una forma de rezar, y al mismo tiempo nos regala su
sonrisa",
Dice José Tolentino
de Mendonça, que “Vivimos en un tiempo que no solo es un tiempo con
muchos cambios, sino que es un cambio de tiempo y un cambio de época. Mi
palabra a las nuevas generaciones es una palabra de esperanza. Esto es como un
parto, un nuevo mundo está naciendo". Y sobre su vocación de poeta y
escritor afirma "La poesía es el lenguaje de Dios, porque Dios nos habla
indirectamente, y la poesía y la literatura también nos hablan indirectamente
con metáforas, parábolas y símbolos", contestó el cardenal.
"Este
mes, el Papa Francisco escribió una carta muy hermosa, en la que habla de la
importancia de la literatura en su formación y en la formación de todas las
personas, y cita a (Jorge Luis) Borges. La literatura es una escuela de
escucha, para la mirada, para nuestra sensibilidad porque nos abre a muchos
otros mundos. Cuando leemos, el horizonte de nuestro mundo se alarga",
rememoró José Tolentino de Mendonça ocasión en la que afirmó: "Las dos
vocaciones, la poética y la sacerdotal, al final son la misma".
En una
conferencia en Argentina dijo "La responsabilidad por la palabra es una cosa que
está muy presenta en el cristianismo. Un día me preguntaron cuál fue la más
grande invención humana, yo respondí: la palabra. Nosotros inventamos las
palabras para pasar información. Otra teoría dice que las inventamos para
orientarnos a nosotros mismos. Una lingüista americana defiende que las
inventamos cuando éramos niños, y que las palabras en ese momento eran sonidos".
Al respecto, afirmó que adhiere a esta última teoría: "La palabra es la
garantía de que no estamos solos".
Sobre la
labor de los periodistas ha dicho que "Los comunicadores tienen un papel
fundamental, ustedes están comprometidos a contar la verdad y la realidad en un
tiempo de fake news y posverdad. Como tenemos hambre de pan, tenemos hambre de
historias", dijo, y señaló que el rol del periodismo es clave "para
retirar del anonimato las vidas de los pobres, darles dignidad, contar sus historias".
"Es importante reconocer
el papel de los profesores, su papel social, su dignidad, su gran contribución
al desarrollo de nuestras humanidades", aseveró de Mendonça, quien
enfatizó que las facultades de teología "son el corazón de la universidad,
deben estar en las universidades y ayudar a las otras ciencias. La teología es
una lente, nos da tanto conocimiento de la ciencia y de la vida".
"En una universidad pontificia, agrega, la presencia de la Teología es
verdaderamente esencial, está en el corazón de la universidad, y gracia a Dios
esto acontece en la Universidad Católica Argentina, UCA".
En México dijo el papable
portugués "Vivimos en un entorno
fragmentado propio de una cultura posmoderna; una auténtica crisis
antropológica, en la que se privilegian de manera unilateral perspectivas
económicas, políticas o científicas sin mirar con amplitud la naturaleza
humana, su dignidad, su trascendencia, entre otros factores [...] no podemos
ignorar la crisis antropológica, cultural y ética que define el actual cambio
de época. Nos encontramos en un momento histórico donde los valores
fundamentales del ser humano se ven desdibujados y debilitados por una cultura
de la autorreferencialidad y el relativismo”.
Estamos entonces en la magnífica
presencia de un hombre de la Iglesia que nos recuerda por analogía al sacerdote
nicaragüense Ernesto Cardenal y al brasileño Leonardo Boff, quienes han
establecido un fecundo e inaplazable diálogo entre ciencia y fe. Ojalá, Dios
mediante, se convierta José Tolentino en el 267 papa de la Iglesia Católica,
una venerable institución necesitada de montarse sin complejos y con audacia en
la ola de la posmodernidad, tras siglos de inútil y estéril conservadurismo.