lunes, 26 de agosto de 2013

La Cofradía de Santa Lucía de Carora



El Pbro. Dr. Carlos, hermano mayor de Chío Zubillaga, animado por la encíclica Rerum Novarum de 1891, refundó en la iglesia de San Dionisio de Carora en 1906 una hermandad a la que llamó Cofradía de la Gloriosa Mártir Santa Lucía. Venía el flamante levita de obtener su doctorado en la Universidad de Caracas. Su primer mayordomo fue Don Agustín Zubillaga. No era la primera con ese nombre, pues otra con igual denominación existió en un templo ya derruido, el de San Francisco.  La cofradía ya existía en 1746, en la Colonia, y tenía vida floreciente, dice el libro que hemos consultado. De modo pues que fue revivida por este excepcional sacerdote al que hemos considerado un adelantado de la Teología de la Liberación en Venezuela.
Dice el reglamento de la hermandad que: “No podrán inscribirse como hermanos sino los que pertenecen a la comunión católica”. Pedía una limosna duplicada si el hermano es difunto o se halla en estado de gravedad. Cuando un hermano moría se colocaba una bandera de color verde por 24 horas en la iglesia. A las 10 de la mañana se daba un doble de campanas por el cofrade muerto. Las cuatro campanas fueron donadas por la hermandad.
Uno de los artículos de la cofradía dice: “Si desgraciadamente algunos de los hermanos se afilia a una de las sociedades condenadas por la Iglesia, el Mayordomo le pedirá su renuncia de la secta, y si esto no hiciere se reunirá la cofradía para declararlo solemnemente excluido del número de los cofrades”. Tampoco podrán entrar por cofrades los  casados solo por el civil, y se le darán seis meses para que lo hagan por la iglesia.
Entre los hermanos fundadores encontramos al judío sefardita Jacobo Curiel, Ramón Zubillaga, Gilberto Zubillaga, José Hilario Gatica, Juan Bautista Zubillaga, Rosa Armado, J. A. Jiménez, Rosana Zubillaga, Ysaura Perera, Elvirana Zubillaga, Nemesia Serrano, Salomé Zubillaga, Dolores Pérez, Felicia Silva, Braulia Losada, Obdulia Losada, Elisa Zubillaga, Rufina M. de Perera, Elodia Chávez, entre otros.
En 1864 la misma cofradía se reunía presidiendo sus actos Monseñor Dr. Maximiano Hurtado, levita tocuyano, José Antonio Gutiérrez como vice patrono. Aparecen firmando:  Desiderio Herrera, María Zubillaga, Teodoro Zubillaga, Concepción Zubillaga, Antonia Jacinta Oviedo, Segundo A. Verde, Juana R. Morillo, Petronila Mendoza, Andrés María Montes de Oca, Flavio Herrera, Gregoriana Montes de Oca, Braulia Alvarez, Escolástica Oropeza, José Manuel Perera, hijo, Teresa Alvarez de Solares, María del Carmen Aguinagalde, Ignacio Montes de Oca, Carmen Franquis, Josefa A. Riera, Ponciana Andueza, Carolina Silva, Cándida Silva, Josefa Andueza, Carolina Silva, María de los Angeles Silva.
El destruido templo de San Francisco era objeto frecuente del robo de sus materiales en 1877, un sacrilegio que denunció el general Segundo A. Verde.  Después, Don Agustín Zubillaga pidió permiso para vender lo que quedaba del referido templo.  Finalmente, el 13 de diciembre de 1880, fueron vendidos los materiales del templo de San Francisco, autorización que emitió el Vicario Maximiano Hurtado, acompañado de los ricos comerciantes Flavio Herrera y Amenodoro Riera, el futuro financista del Colegio La Esperanza en 1890. El otro financista de esta institución educativa particular, el señor Andrés Tiberio Alvarez era también miembro de esta hermandad. Así como también Lázaro Perera, Federico Carmona, fundador del diario El Impulso en 1904, Juan Bautista Franco, Dr. Ramón Perera, Dr. Juan Bautista Tamayo León, así como el futuro Rector fundador de La Esperanza: Ramón Pompilio Oropeza.
En las reuniones de la cofradía se leía en voz alta la vida de Santa Lucía escrita en el libro “El año cristiano”, escrita por el padre Crovisset. Al morir el mayordomo Sr. Agustín Zubillaga, resultó electo unánimemente el Dr. Lucio Antonio Zubillaga, Vicerrector de La Esperanza. En ese acto de elección estaban presentes Cecilio Zubillaga, Jacobo Curiel, y el Pbro. Gilberto Zubillaga. Al fallecer Lucio Antonio en 1928, se reúne la cofradía para elegir al nuevo mayordomo,  Sr. Antonio María Zubillaga.
Esta cofradía no existe en la actualidad, pues desapareció en la década de los años 30, durante la dictadura andina y retrógrada de Juan Vicente Gómez.