martes, 23 de enero de 2018

Al Doctor Otto Mosquera Suárez


Tuve el agrado de recibir en mi Oficina de Cronista a este distinguido y cordial caballero dedicado a la ciencia de Hipócrates desde hace mucho tiempo. Muchísimos son los caroreños que han depositado en sus manos la responsabilidad de su salud. No los ha defraudado. Le conozco desde mi niñez y siempre he admirado su sobriedad y buenas maneras. Aun recuerdo su grado universitario cuando en la línea dejada por el Doctor Ezequiel Contreras se hizo de médico cirujano con dedicación y sacrificio en la ilustre Universidad de Los Andes, una carrera reservada a cierta y determinado estrato social.
Diariamente nos da una lección de frugalidad y moderación este personaje al mantener su añoso automóvil desde hace casi medio siglo, un carro de finas líneas marca Dodge Dart de la década de 1960 que mantiene en impecable condición. Con este gesto de sobriedad y mesura el Doctor Mosquera nos da una lección de civilidad y honradez, condición de su espíritu que mostró como presidente del Concejo Municipal como militante socialcristiano.
Esta vez me visita para mostrarme una creación literaria suya en el género creado por el estadounidense Edgard Allan Poe y el uruguayo Horacio Quiroga, esto es, el cuento. Un relato que se distingue por su brevedad alrededor de un suceso único, aderezado con tensión y con pocos personajes, un argumento no tan complejo, y al cual le da nuestro galeno el titulo de Salustriano.
Después de leer este interesante ensayo literario salido de sus manos de cirujano, le hago las siguientes sugerencias al Doctor Mosquera: céntrese en la figura de la heteróclita y singular figura del pintor caroreño del siglo pasado Julio Teodoro Arze Álvarez. Estúdielo en su curiosa y rara existencia. Tal personaje es en sí mismo  una criatura salida de la ficción por sus anécdotas, las que son puro realismo mágico, como aquello al pintar en las desoladas  y áridas calles de Carora al mismísimo Rey de Bélgica,  monarca y propietario único de un país africano: el Congo Belga. Haga, Doctor Mosquera, salir a este soberano de la pared donde Arze lo pinta  y póngalo a caminar con su amante adolescente, Blanche Delacroix, por las calles del barrio Torrellas, de madrugada y en compañía de la amante de ella, Antoine Dirieux. Termine el relato con un final inesperado.
Pero hay más de este pintor nuestro ya olvidado. Fue él quien pinta un cuadro sobre ese tercer lugar de la geografía del más allá, el purgatorio, óleo que se exhibía en la iglesia de San Juan de Carora y donde el artista retrata a unos odiados y maldecidos familiares suyos quemándose lastimeramente allí. Esta valiosa pintura terminó en el basurero después que un levita lo creyó irreparable en su deterioro. Puro realismo mágico.
Y nada tiene que envidiarle a la ficción el hecho de que a su muerte por paludismo, su cadáver fuese enrollado, cual capullo con sus lienzos y telas como envoltura, como recomendaba la autoridad sanitaria de entonces. Puro realismo mágico el que protagoniza este estrafalario y pintoresco caroreño de paleta y pincel, sucesor legítimo del gran Arturo Michelena.
Escriba y escriba mucho más, y recuerde que en tal sentido puede crear usted un pequeño universo cuentístico con la figura de Julio Teodoro Arze, nuestro incomprendido pintor de entre siglos que afinó su arte pictórico en Europa.
Esas son algunas de mis humildes recomendaciones que le hago al Doctor Mosquera, recordándole que la imaginación es el más acabado y firme aliado del escritor de ficciones. Éxito en su carrera de escritor que inicia, Doctor Mosquera.

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