sábado, 21 de enero de 2017

André Breton y el surrealismo

Dice Octavio Paz que el surrealismo hizo suyas e intentó unir en una sola las consignas de Marx y de Rimbaud: cambiar el mundo/cambiar el hombre. Este movimiento de rebelión vital, surgido en Francia,  es el movimiento  más importante del siglo XX en la poesía, las artes visuales y en la sensibilidad  y la vida misma, dice el mexicano Nobel de literatura. André Breton (1896-1966), su máximo exponente, creó un movimiento de dimensión crítica y subversiva, lo mismo frente a las ignominias del Occidente capitalista y cristiano que ante las monstruosas perversiones del socialismo en la Europa Oriental que feneció en 1991.
Entre 1924 y 1930, después de la Gran Guerra,  aparecieron los Manifiestos del surrealismo, los que ocasionaron una subversión de la sensibilidad y la imaginación que abarca lo mismo a los dominios del arte que a los del amor, la moral y la política. En esa búsqueda libertaria fueron los surrealistas quienes redescubrieron al socialista utópico Fourier y su principio de la desviación absoluta, así como de la gran precursora del movimiento de liberación femenina Flora Tristán.
Este extraordinario movimiento -continúa Paz- fue el resultado de la historia moderna de Occidente, de Sade y el romanticismo alemán e inglés a Baudelaire, Rimbaud y Lautréamont y de estos a la vanguardia: Jarry, Apollinaire, Reverdy, y el estallido de Dadá en 1916, y que desembocó -mientras nosotros estudiábamos bachillerato en la apacible Carora- en la rebelión juvenil de mayo de 1968 en Francia, Alemania, México, inesperada cristalización de ideas y presentimientos surrealistas. La denostada intuición logra colocarse en el centro de la atención con el “automatismo psíquico”, que tanto influyó en los poetas y pintores de Checoeslovaquia, Bélgica, Japón, Chicago, Argentina e islas Canarias.
Escribe Octavio Paz que Breton nos hace unas observaciones muy interesantes sobre el humor, por cierto género literario escaso en Venezuela, si exceptuamos a los hermanos Aquiles y Aníbal  Nazoa y Miguel Otero Silva. En su Antología del humor negro dice que el humor, salvo en la obra de Goya y de Hogarth, no aparece en la tradición de las artes visuales de Occidente. Y agrega: “El triunfo del humor al estado puro y pleno, en el dominio de la plástica, debe situarse en una fecha más próxima a nosotros y reconocer como su primer y genial artesano al artista mexicano José Guadalupe Posada.” Es el pintor de las calaveras que sonríen ataviadas de grandes sombreros emplumados.
Hay quienes afirman- dice Paz- que el surrealismo comenzó a declinar en 1935. No es cierto. Una de las piezas más hermosas de Wilfredo Lam, Ídolos, es de 1944, casi todos los cuadros de  Roberto Matta son de la década del 40. Baste recordar que una de las obras capitales de las últimas décadas, probablemente la más importante de Marcel Duchamp, al lado de La novia puesta al desnudo por sus solteros, es el ensamblaje Dados: la cascada y el gas de alumbrado, iniciado en 1946 y terminado en 1966. Y Breton hace su redescubrimiento de Fourier en 1964.
 Fue el surrealismo de los poquísimos centros de oposición a la propaganda hegemónica de ambos imperios durante la guerra fría, y que se expresó en la doble repulsa a la servidumbre del “realismo socialista” de la Unión Soviética de Stalin y al vacío interior del abstraccionismo de Nueva York. Tal oposición no fue sólo estética, sino que se expresó en todos los campos, de la política al arte, la literatura y la moral. Fueron ellos, es preciso decirlo, los primeros en denunciar el proceso de degeneración burocrática de la Revolución de Octubre de 1917. En sus críticas no tardaron en coincidir con las tesis de Trotsky. Debemos al encuentro de Breton y Trotsky un texto capital: Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente.
En Venezuela resonó durante la “década violenta” este movimiento libertario en los poetas y pintores de El techo de la ballena, quienes desarrollaron una guerrilla de agresión contra la sacralizada cultura oficial: Juan Calzadilla, Caupolicán Ovalles, Dámaso Ogaz, Adriano González León, Edmundo Aray, Carlos Contramaestre, Rodolfo Izaguirre. En Mérida de los años 70 tuve la fortuna de conocer a Contramaestre en el Centro Experimental de Arte de la Universidad de Los Andes. Fue el autor de una irreverente exposición de arte que escandalizó notoriamente a los burgueses venezolanos: Homenaje a la necrofilia, en noviembre de 1962.
Octavio Paz hace algo que nos enorgullece, pues coloca a los poetas venezolanos Juan Sánchez Peláez y al cumanés José Antonio Ramos Sucre (1890-1930) como precursores del surrealismo: “Hay un cierto onirismo que es una prefiguración del surrealismo”, dice.  Oscar Zambrano Urdaneta escribe de este poeta, ensayista y polígrafo sucrense: “Poseía una imaginación altamente dotada, admirablemente proteica, que danza de continuo como una llama, todo ello expresado en un lenguaje impecable con el que crea una realidad verbal que se vuelve sobre sí misma y se cierra ante la mayoría de quienes aspiran a penetrarla, cambiando de continuo como las formas del fuego.”
Que Octavio Paz haga mención de Sánchez Peláez y de Ramos Sucre nos debe llenar de  euforia, igual sentimiento que nos absorbe cuando constatamos que el mexicano ha escrito sobre Elisio Jiménez Sierra, poeta natural de Atarigua, la sumergida.