domingo, 19 de febrero de 2017

Una respuesta a Juan Hildemar Querales ¿Es moderna nuestra literatura?

 Juan Hildemar Querales dijo  en la sección Tierra de Letras del diario El Caroreño, 29 de enero de 2017, que yo afirmé que no es moderna nuestra literatura. Siento contrariar a mi fraterno amigo, pero quien hace tal afirmación no soy yo sino el poeta y ensayista mexicano, Premio Nobel de Literatura, Octavio Pazen su libro In/Mediaciones, Seix Barral, 1990, páginas 39 y siguientes, que “nadie niega la existencia de una literatura hispanoamericana, dueña de rasgos propios, distinta de la española y que cuenta con obras que son también distintas y singulares. Esta literatura se ha mostrado rica en obras poéticas y en ficciones en prosa, pobre en el teatro y pobre también en el campo de la crítica literaria, filosófica y moral. Esta debilidad, visible sobre todo en el dominio del pensamiento crítico, nos ha llevado a algunos entre nosotros a preguntarnos si la literatura hispanoamericana, por más original que sea y nos parezca, es realmente moderna.”
“Existe entre nosotros crítica, agrega Paz, pero es una críticamás como actitud vital, pero no como reflexión y pensamiento, por eso somos un extremo de Occidente-un extremo excéntrico, pobre y disonante. La crítica es la frontera entre la literatura moderna y la del pasado. Hemos tenido buenos críticos literarios, de Andrés Bello a Henríquez Ureña y de Rodó a Reyes. ¿Por qué se dice que no tenemos crítica en Hispanoamérica?Buena crítica literaria ha habido siempre, lo que no tuvimos ni tenemos son movimientos intelectuales originales. No hay nada comparable en nuestra historia a los hermanos Schlegel y su grupo, a Coleridge, Wordsworth y su círculo, a Mallarmé y su martes, ni nada comparable al New Criticismde los Estados Unidos, a Richard y Leavis en Gran Bretaña, a los estructuralistas de París. No hemos tenido verdadero pensamiento crítico en el campo de la filosofía ni en el de las ciencias y la historia.”(Las cursivas son mías).
Acá debo detenerme. Lo que me llama la atención es el hecho de que Paz diga que no tenemos reflexión crítica en la filosofía, las ciencias naturales y la historia. Esto es inexacto. El mexicano llega a decir que no tuvimos siglo XVIII ni Ilustración, que no tuvimos un Descartes, un Hume, un Kant, un Locke ni un Rousseau o un Diderot, que en Hispanoamérica no ha habido ni hay un movimiento intelectual propio, salvo el caso aislado de un Ortega y Gasset. Por eso somos una porción excéntrica de Occidente, asienta rotundamente el mexicano.
Me permito decir, contrariando a Paz, que sí tuvimos Ilustración y magníficos pensadores ilustrados. Es el caso de tres extraordinarios pensadores venezolanos de finales del Siglo de las Luces y comienzos del XIX. Me refiero al Dr. Juan Germán Roscio, Andrés Bello y Simón Rodríguez. En 1817 publicó Roscio en Filadelfia, Estados Unidos, Triunfo de la libertad sobre la tiranía, un antecedente de la Teología de la Liberación, que se edito varias veces en ese país y que tuvo un lector destacadísimo: el presidente de México Benito Juárez, una cosa que seguramente Paz no conoció. De Bello ya nos referimos cuando dijimos que es uno de los filósofos más importantes del siglo XIX con su Filosofía del entendimiento,y que por desgracia no se le ha dado el justo sitial que se merece. De Rodríguez hemos de decir con Picón Salas que era “La más demoníaca personalidad de pedagogo y filósofo que haya producido la América Latina.”
Y solo nos hemos referido a  la filosofía en Venezuela. En el continente destacan peruanos como el marxista José  Carlos Mariátegui, Víctor Haya de la Torre, Augusto Salazar Bondy y Gustavo Gutiérrez, iniciador de la Teología de la Liberación; los mexicanos Leopoldo Zea, Edmundo O´Gorman, Samuel Ramos,  José  Gaos y José Vasconcelos y su Raza Cósmica latinoamericana; argentinos como el axiologista Francisco Romero, el Maestro del Cientificismo José Ingenieros, el existencialista Carlos Astrada; los brasileños Vicente Ferrer da Silva, los  teólogos de la liberación Frei Betto, Leonardo Boff; el resaltador uruguayo de los valores iberoamericanos José Enrique Rodó, entre otros.
Hemos destacado nuestro pensamiento filosófico porque sin reflexión filosófica no hay buena literatura. Sin Kant tal vez Coleridge no habría escrito  sus reflexiones sobre la imaginación poética; sin Saussure y Jakobson no tendríamos la nueva crítica. Entre el pensamiento filosófico y científico y la crítica literaria ha habido una continua intercomunicación, dice Paz. Esto es lo que yo he querido destacar.
Pues bien, sí tenemos filosofía original en Iberoamérica y no nos extrañe que esta filosofía nuestra impacte a la literatura, como es el caso de Ortega y Gasset y Jorge Luis Borges, quien sin conocer a los formalistas rusos se adelantó a sus premisas. El orteguismo explica a Samuel Ramos y su idea de la mexicanidad, a Leopoldo Zea en su búsqueda de la autenticidad iberoamericana, a la argentina Victoria Ocampo, y al venezolano Mariano Picón Salas y su magistral De la Conquista a la Independencia. El mismo Paz fue tocado por una preocupación orteguiano-mexicanista en su bello ensayo El laberinto de la soledad, así como El arco y la lira. De modo pues que armados con una filosofía que es producto de nuestra reflexión dejemos atrás ese complejo de inferioridad que hemos mostrado frente a Europa los iberoamericanos. En ese sentido hemos de afirmar que sí es moderna nuestra literatura, o está en trance de serlo a la brevedad.