sábado, 29 de agosto de 2015

Rafael Domingo Silva Uzcátegui contra el poeta Rubén Darío

En 1925 escribió este curarigüeño, larense y venezolano un polémico libro titulado Historia crítica del modernismo en la literatura castellana, obra con la cual ganó premio de la Real Academia la Lengua Española en 1927. Es un libro casi desconocido, pues apenas se editó una vez. Nos ha sorprendido en grado sumo que se trata de un ataque despiadado y artero a los poetas que lograron un enorme y extraordinario cambio en la apolillada y envejecida literatura castellana del siglo XIX y comienzos del XX, los poetas estadounidenses, los simbolistas franceses, Rubén Darío y Leopoldo Lugones.
Silva Uzcátegui ha sido conocido por su muy popular Enciclopedia larense, editada en 1941, o por Historia biológica de Bolívar, escrita en 1954, pero casi nadie ha reparado en sus obras de juventud, tales como la mencionada Historia crítica del modernismo y también Psicopatología del soñador, escrita en 1931. En estas últimas obras nuestro autor se revela como un profundo conocedor de la medicina psiquiátrica positivista de entonces, pues se hizo médico psiquiatra de manera autodidacta, y basándose en unos inaceptables criterios del médico judío húngaro y cofundador del sionismo Max Nordau, expuestos en su libro Degenerados, escrito en 1891, califica a los poetas modernistas de enfermos mentales, que han producido una literatura desequilibrada, afeminada, anormal, psiquiátrica. En suma, son unos degenerados.
En este sentido, serán unos degenerados los escritores estadounidenses Edgar Allan Poe y Walt Whitman, los llamados “poetas malditos” franceses: Baudelaire, Lautréamont, Mallarmé, Verlaine, Moreas y los latinoamericanos, fundadores del modernismo y de la poesía genuinamente hispanoamericana: el nicaragüense Rubén Darío y el argentino Leopoldo Lugones. Como es bien sabido de sobra estos son los grandes y consagrados literatos del siglo XIX y comienzos del XX, pero que Silva Uzcátegui, atrincherado en la ciencia médica positivista y los malsanos criterios del criminalista judío italiano Césare Lombroso y de Max Nordau, así como en un estrecho casticismo que quiere mantener a la lengua castellana en su pureza y lejos de la contaminación francesa, los califica de corrompidos y malsanos galicistas.
Así, del poeta Rimbaud y su la “audición colorada”, su creación más extraordinaria, será para Silva Uzcátegui un fenómeno que es síntoma de una grave perturbación mental: “Rimbaud insulta, ensucia convierte en fealdades en pequeñas composiciones en verso o en prosa en horribles idilios, cuyas imágenes corrompidas hasta la inmundicia son más de un bribón que de un hombre cualquiera”.
Estas malintencionadas ideas de Silva Uzcátegui no las comparten  Pedro Henríquez Ureña, el Nobel de Literatura Octavio Paz, Jorge Luis Borges, ni los venezolanos Luis Beltrán Guerrero y Mariano Picón Salas. Estos insignes escritores sostienen que los modernistas revolucionaron el lenguaje poético de España  y de América Latina,  “que necesitábamos, dice Picón Salas, afrancesarnos, anglizarnos, germanizarnos”. Así dirá el caroreño Luis Beltrán Guerrero que: ¨Desde 1888, Darío inicia el uso del vocablo modernismo, que significa la libertad y el vuelo, y el triunfo de lo bello sobre lo preceptivo, en la prosa y la novedad en la poesía, dar color y vida y aire y flexibilidad al antiguo verso que sufría anquilosis, apretado entre moldes de hierro”.

Estas fueron las ideas que expuse en un ensayo titulado Rafael Domingo Silva Uzcátegui. Más allá de la Enciclopedia Larense: Psiquiatría y literatura modernista, con el cual participé en el Segunda Bienal Literaria Antonio Crespo Meléndez, renglón Crónica Social ganando, para mi gran satisfacción y orgullo, el primer lugar frente a otros doce ensayos participantes. En la mención poesía resultó ganador Erasmo Fernández. Tal evento de las letras fue organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura,  Alcaldía del Municipio General de División Pedro León Torres, y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.
Ese premio consiste en la publicación de ambos trabajos y de un premio en metálico. Debo confesar que en mi ya larga trayectoria como escritor, es la primera vez que me atrevo a incursionar en la literatura cuando mi formación académica ha sido fundamentalmente histórica. Ello me produjo gran satisfacción y placer al sentirme capacitado para explorar con éxito otros campos del saber. Por último debo decir que en internet podrán leer este ensayo en mi blog Cronista Oficial de Carora. Gracias.