jueves, 23 de octubre de 2008

Del Colegio LA ESPERANZA al Colegio FEDERAL CARORA (1890-1937



FONDO EDITORIAL
DE LA ALCALDÍA DEL MUNICIPIO TORRES
CARORA, ESTADO LARA


ING. LEONARDO OROPEZA PERNALETE
ALCALDE DEL MUNICIPIO TORRES


JOSÉ NUMA ROJAS ESPINOZA
CRONISTA DE LA CIUDAD


LIC. ALEJANDRO BARRIOS PIÑA
ASESOR CULTURAL DE LA ALCALDÍA

………………………………………………………………..……………..DEDICATORIA


A Claver y Expedito,
mis padres

A Federico Brito Figueroa
y Reinaldo Rojas,
mis maestros


La Alcaldía del Municipio Torres dispuso la creación de un Fondo Editorial que con el aporte intelectual e investigativo de José Numa Rojas, Cronista de la Ciudad, y Alejandro Barrios, Asesor Cultural, ha dado resultados muy positivos en el rescate de nuestros valores.

Se ha logrado editar, en primer lugar Los Cuentos del Abuelo, de Segundo Ignacio Ramos; Barrios Caroreños, de Víctor Julio e Isaías Ávila; Fundación de Carora y Vida Caroreña del siglo XVI, del doctor Ambrosio Perera; Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora, de Guillermo Morón y El Inicio de un Nuevo Tiempo Político en Venezuela (1928-1935), de Alejandro Barrios Piña y Edgar Méndez Castellano.

Es este un aporte de singular importancia para la cultura de nuestra tierra que ostenta una tradición más allá de las fronteras patrias.


Ingº Leonardo Oropeza Pernalete
Alcalde del Municipio Torres
Carora, octubre de 1997


Casa que ocupó el Colegio La esperanza en Carora a fines del siglo pasado

PRÓLOGO

Luis Eduardo Cortés Riera
y la historia de la educación caroreña

I

Carora es una de las ciudades venezolanas de más abolengo y tradición. Acercarse a su pasado es abrir un libro poblado de personajes, anécdotas y acontecimientos que han hecho su historia al calor del esfuerzo colectivo, superando con ello la sequedad de su paisaje de desierto. Carora, antigua ciudad del Portillo y encrucijada de los caminos ancestrales que van y vienen de Maracaibo a Barquisimeto pasando por El Tocuyo, o de Coro a Trujillo, ha tenido guerreros y hacendados, curas y gobernantes famosos, pero también educadores y hombres de cultura que han sembrado su magisterio más allá de las tierras bañadas por el Morere. Uno de esos hombres es el actor principal de esta historia, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, cuya vida y obra empezaremos a desandar de la mano de Luis Cortés Riera, educador de profesión en el que se unen el historiador de la educación y el docente formado en la praxis definitiva del aula, por cierto, en una de las instituciones fundamentales de la Carora actual: el Liceo Egidio Montesinos.

Y esta historia comienza precisamente en el Liceo Egidio Montesinos, y se remonta del presente al pasado, tras la huella del magisterio de Ramón Pompilio Oropeza, fundador y director del Colegio de La Esperanza, centro forjador de la cultura caroreña de nuestro siglo XX.

II

La presente obra, dedicada al estudio de la Historia de la Educación caroreña, gira alrededor de la fundación, desarrollo y proyección de dos instituciones estrechamente vinculadas: el Colegio de La Esperanza y el Colegio Federal Carora, centros educativos que funcionaron en la ciudad del Morere entre 1890 y 1937. No deja de ser para mí motivo de alegría y satisfacción escribir las líneas de presentación de esta obra del Lic. Luis Cortés y la cual resume y expresa por un lado su quehacer personal de investigador acucioso de nuestro proceso histórico regional, y por el otro, el éxito de una labor en equipo, alrededor de la Línea, de Investigación que sobre la Historia de la Educación en la región centroccidental de Venezuela, nos ha tocado coordinar con la participación de colegas que han formado parte de los programas de postgrado en Historia de la Universidad José María Vargas y Universidad Santa María, ambas de Caracas, y en el programa de Enseñanza de la Historia que se imparte desde 1991 en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador-Instituto Pedagógico de Barquisimeto. Se trata, pues, de una labor individual combinada con espíritu de equipo y en un contexto de cooperación inter-institucional concreta.

III

Su autor, el Lic. Luis Eduardo Cortés Riera, es un docente de trayectoria en nuestra educación media, egresado de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes en 1976. El tema de sus investigaciones en el nivel de post-grado fue siempre el referido a la educación y por lo que esta obra viene a, ser pionera en lo que hemos denominado una historia social e institucional de nuestra educación regional.
No olvidamos su participación en el II Curso de Nivelación en Historia Económica, Social y Política de Venezuela que nos correspondiera coordinar y que se llevó a cabo en la sede del Instituto Pedagógico de Barquisimeto, entre 1989 y 1990, auspiciado por la Universidad Santa María gracias a las gestiones y apoyo de nuestro Maestro el Dr. Federico Brito Figueroa. En aquella oportunidad, Luis Cortés presentó como trabajo final un interesante ensayo titulado "Los orígenes históricos del Liceo Egidio Montesinos" uno de cuyos ejemplares corregidos tengo entre mis manos.

¿Por qué el Egidio Montesinos? Porque esa institución, la más importante de Carora en esta segunda mitad del siglo XX, fue hasta hace poco, el centro de trabajo del autor y nuestra recomendación en aquél curso de nivelación fue el de promover un primer acercamiento con la investigación histórica tomando un problema concreto para trabajarlo como "medio de formación del investigador", tal como lo aprendí con mis maestros Federico Brito Figueroa y Miguel Acosta Saignes en la Universidad Santa María.

Mis observaciones fueron las siguientes: Tomar como objeto de estudio el Colegio La Esperanza, "descubierto" por así decirlo, en su ensayo por Luis Cortés, dirigiéndose en tal sentido a nuestro siglo XIX, para rastrear antecedentes y buscar aquellos factores que desde lo económico-social a lo po1ítico y cultural explicarían el surgimiento, funcionamiento y proyección de esta importante institución en nuestra región. Y así, cumpliendo su labor docente de aula, viajando a Caracas para continuar sus estudios de Maestría en Historia en la Universidad José María Vargas y luego, en archivos y repositorios nacionales y regionales, nuestro amigo y colega, construye su obra y nos devela este universo socio-cultural y educativo que es el Colegio La Esperanza, con Ramón Pompilio Oropeza a la cabeza, y en la Carora histórica de 1897 a 1937.

El resultado, esta investigación que ahora presentamos como libro inicial de una serie que deberá dedicarse a la construcción y análisis del proceso educativo regional, tanto de nuestro Estado Lara, como de las entidades vecinas, Yaracuy, Portuguesa, Falcón y Trujillo. Luis Eduardo Cortés Riera, con esta excelente tesis, aprobada en la Universidad José María Vargas con honores, por un Jurado integrado por los doctores Federico Brito Figueroa, Rafael Fernández Heres y Reinaldo Rojas, ha abierto el camino.

IV

Este libro de Luis Eduardo Cortés Riera se fue estructurando a lo largo de seis años de estudio e investigación y llega a nuestras manos dividido en las siguientes partes: Un primer capítulo donde el autor hace una breve revisión de la concepción historiográfica en la que se inscribe su investigación, la historia social e institucional de la educación "entendida como una historia de Venezuela vista a través del prisma de la educación". Por eso, le interesa abordar el proceso educativo caroreño en el período estudiado "en todas sus implicaciones y conexiones con las demás estructuras de lo social".

Esta perspectiva de método empieza a tomar cuerpo en el segundo capítulo de su trabajo, el cual dedica al entorno socio-económico, cultural y particularmente religioso de la Carora de fines del siglo XIX y primeras tres décadas del siglo XX. Allí están los patricios caroreños, sector social poseyente que ha levantado su riqueza sobre los hombros de una economía agro-artesanal y comercial, y movidos por una dinámica política polarizada entre "unidos y vitalicios", sociedad cerrada con espíritu de casta que se traslada a nuestro siglo XX, con un sentido de exclusión de raigambre mantuana que para el autor se "mantiene en el tiempo como una 'representación mental de larga duración", fenómeno socio-cultural que tal vez sobrevivirá como singularidad histórica en el próximo milenio.

En el tercer capítulo el autor reconstruye la historia de la educación primaria y secundaria caroreña anterior al Colegio La Esperanza, desde la fundación de la Cátedra de Latinidad y Primeras Letras en el pueblo de Arenales en 1776 por el Obispo Mariano Martí y que será regentada por el Pbro. Bachiller Félix Espinoza de Los Monteros, pasando por la Cátedra de Latinidad del fraile Ildefonso Aguinagalde ¾el de la maldición famosa¾ y los Colegios San Andrés (1855-1858) y La Paz (1864-1869). En este mismo capítulo el autor nos presenta el proceso de creación, organización y funcionamiento del Colegio de La Esperanza (1890-1892) para dar paso al proceso de creación del Colegio Federal Carora (1892-1937).

El cuarto capítulo viene a ser, en consecuencia, el centro de la tesis. Dedicado a la reconstrucción pormenorizada ¾hasta donde lo han permitido las fuentes históricas consultadas¾ del proceso de funcionamiento y estructura académica y administrativa y vida cultural y proyección de ambos colegios, entre 1890 y 1937. Allí están rescatados para el presente, los nombres de los primeros estudiantes y los primeros bachilleres y docentes de aquellas instituciones y el régimen de estudio, la orientación filosófica de los programas impartidos y frente a los proyectos de modernización de nuestro sistema escolar, con la inclusión de una educación científica, al calor del movimiento positivista, la evidencia que dejan los propios documentos consultados: ''...todo esto quedó en el olvido y nuestro bachillerato del siglo pasado continuó siendo un título decorativo, un adorno que daba prestigio social y nada más". ¡Qué cerca estamos aún de aquel pasado educativo!

El último capítulo está dedicado a la obra pedagógica del Dr. Ramón Pompilio Oropeza. Restituido a su época, en el cuadro socio­cultural de la Carora de fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, el magisterio del Dr. Oropeza y sus colaboradores se nos presenta en toda la riqueza de su dimensión educativa. En esta parte Luis Eduardo Cortés Riera nos coloca frente a un hombre que hizo de la enseñanza un verdadero apostolado, tal como lo pudo ver y sentir de su maestro tocuyano, don Egidio Montesinos, en cuyo Colegio de La Concordia cursó estudios. Tal será la impronta que dejará Montesinos en el joven caroreño que después de obtener en 1890 su título de Abogado en la Universidad Central de Venezuela, se regresa a su lar natal a impartir enseñanza a sus coterráneos y a sembrar conocimientos y lleno de esperanzas por construir desde las aulas una Venezuela mejor, más culta y más desarrollada. Y allí, con el apoyo de los patricios caroreños de entonces, inició su noble tarea educativa y sólo interrumpida aquel 21 de marzo de 1937 cuando deja de existir, entre alumnos y amigos, este gran adalid de la educación venezolana.

Vaya, pues, hasta Luis Eduardo Cortés Riera nuestro reconocimiento y felicitación por esta obra, importante aporte a la historia de la educación caroreña, larense y venezolana en general. Nuevas investigaciones vendrán, eso es seguro y necesario. Cuando eso suceda, a esta obra se la reconocerá por sus méritos de pionera y por las motivaciones que pueda brindarle a los futuros investigadores de nuestra historia educativa regional.


Reinaldo Rojas
El Eneal, julio de 1997



INTRODUCCIÓN


La idea de realizar una historia social e institucional de la educación del Estado Lara nació en 1989 cuando los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas dirigían el II Curso de Nivelación en Historia Económico-social y política de Venezuela, curso que fue auspiciado por el Instituto Pedagógico de Barquisimeto. En esa oportunidad nos dirigimos al Dr. Brito Figueroa para expresarle nuestra intención de realizar una investigación sobre el Colegio La Esperanza y el Colegio Federal Carora, institución educativa de secundaria que fundara el Dr. Ramón Pompilio Oropeza. Desde un primer momento el Dr. Brito Figueroa no sólo aprobó nuestra idea sino que en todo momento nos animó y orientó en el trabajo de investigación. Al año siguiente, en 1990, presentamos a la consideración de los ya expresados profesores una breve monografía titulada Orígenes Históricos del Liceo Egidio Montesinos, la cual fue acogida muy favorablemente por los doctores Brito Figueroa y Reinaldo Rojas y que pronto dio pie para que se abriera una línea de investigación titulada “Historia Social e Institucional de la Educación en el Estado Lara” y que comenzó a llevarse a efecto en el Primer Programa de Maestría en Educación Mención Enseñanza de la Historia que abriera el Instituto Pedagógico de Barquisimeto en 1991 bajo la dirección del Dr. Reinaldo Rojas.

A comienzos del año siguiente, en 1992, decidimos continuar nuestros estudios de Especialización y Maestría en Historia Económica y Social de Venezuela en la Universidad José María Vargas. En esta casa de estudios recibimos todo el apoyo y estímulo para continuar la ya mencionada investigación por parte de los doctores Aura Ruzza y Marcos Andrade Jaramillo. Así, en julio de 1994, obtuvimos nuestro título de Especialista en Historia Económica Social de Venezuela, ocasión en la que presentamos a la consideración de un jurado de una “tesina” titulada: “Sociedad, Cultura y Educación en Carora en el siglo XIX: El Colegio La Esperanza”. Finalmente, después de culminar nuestra escolaridad en los estudios de Maestría en Historia Económica y Social de Venezuela en la ya referida universidad, presentamos a la consideración del jurado la presente Tesis de Maestría que lleva el nombre de “Historia Social e Institucional de la Educación en el Estado Lara: Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937”.

Dicha investigación contó con la inapreciable ayuda que significa que el Liceo Egidio Montesinos, institución heredera de La Esperanza y el Colegio Federal Carora contara con un pequeño pero muy bien conservado archivo que registra la historia de esta centenaria institución educativa del Estado Lara. Queremos expresar que la historia de nuestra Educación Secundaria en Venezuela está aún por hacerse. Por esta razón fue en cierto modo difícil, aún imposible, conseguir bibliografía específica al respecto. De modo tal que muchas de las ideas expuestas por nosotros en la presente monografía son de nuestra exclusiva autoría.

Los límites temporales de la presente investigación se extienden desde 1890, año en que fue fundada la institución con el nombre de Colegio La Esperanza y culminan en 1937, fecha en que falleció el fundador del colegio, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza. Quedará para futuros investigadores realizar la historia reciente de esta centenaria institución. Sirva la presente publicación para los estudiosos del desarrollo cultural y educativo de nuestro país, y para que los alumnos, exalumnos y profesores del Liceo Egidio Montesinos conozcan lo que fue nuestra educación secundaria de fines del siglo XIX y comienzos del actual. Este conocimiento bien vale la pena en estos momentos en que el venezolano desconoce e ignora su historia, que sobrevalora el presente y el futuro en aras de la globalización que intenta hacer añicos lo que hace posible nuestro futuro como nación: el conocimiento de nuestro pasado.
CAPITULO I

HISTORIA SOCIAL DE LA EDUCACION, ASPECTOS TEORICOS Y DE MÉTODOS

1.1. TEORIA Y MÉTODOS DE LA HISTORIA SOCIAL DE LA EDUCACION

La historia social de la educación venezolana ha sido un enfoque poco usado, y aún desconocido, por nuestra historiografía tradicional. Hasta ahora la historia de la educación venezolana ha pecado de un defecto, el de ser mera historia institucional de la educación, a saber, estudios sobre educadores, alumnos, currículos, legislación, etc. En la mayoría de los casos las historias de la educación se vinculan, por razones obvias, con el desarrollo político del país, pero nada más.

Tratando de superar estas viejas concepciones historiográficas, el propósito del presente trabajo es el de realizar una Historia Social e Institucional de la Educación en el Estado Lara: del Colegio La Esperanza al federal Carora, 1090-1937; entendida esta historia social de la educación como una historia de Venezuela vista a través del prisma de la educación. Quiere decir que la educación venezolana ha sido usada como un "pretexto" para estudiar la historia de Venezuela, la historia del Estado Lara y, sobre todo, la historia de una ciudad, Carora. A su vez, la historia de Carora y del país servirá para estudiar el desarrollo de nuestra educación local y nacionalmente. Para cumplir este cometido hemos tomado como fundamentos teóricos las concepciones históricas de los maestros franceses Marc Bloch, Lucien Febvre y Pierre Vilar[1]. Para el primero de ellos el tiempo es una categoría fundamental para el historiador. Así dice Bloch:

"El historiador piensa no sólo en lo “humano”. La atmósfera en que su pensamiento respira naturalmente es la categoría de la duración”[2]

Guiados por esta magnífica y genial expresión del maestro francés, hemos tratado de superar la trampa, en que muy a menudo cae nuestra historiografía, la del simple cronologismo, en la que el tiempo “apenas representa algo más que una medida”[3]. La historia es algo más, dice Bloch, la historia es una ciencia de los hombres en el tiempo, pues es el tiempo "el plasma mismo en que se bañan los fenómenos y algo así como el lugar de su inteligibilidad"[4]. Lucien Febvre, compañero de batallas de Bloch, nos habla de su concepción de la historia social en los términos siguientes:

“Repito, por tanto: no hay historia sin más, en su unidad La historia que es, por definición, absolutamente social "[5]

¿Y qué es lo que significa el término de social para el historiador francés? Es el mismo Lucien Febvre quien así responde:

"Nos recuerda que el objeto de nuestros estudios no es un fragmento de lo real uno de los aspectos aislados de la realidad humana sino el hombre mismo, considerado en el seno de los grupos de que es miembro."[6]
En este sentido, nos dice el gran historiador galo, que la realidad no es simple, que ella debe ser captada en toda su complejidad y variedad. Por esta razón nos convida Febvre a la multidisciplinariedad:

"Sed geógrafos, historiadores. Y también juristas, y sociólogos, y psicólogos, no hay que cerrar los ojos ante el gran movimiento que transforma las ciencias del universo físico a una velocidad vertiginosa” [7]


Siguiendo este perfil de pensamiento, el historiador vivo más importante de Francia, Pierre Vilar, nos dice:

“Por mi parte nunca dejé de pensar que la historia debía ser reconocida como única ciencia a la vez global y dinámica de las sociedades, en consecuencia, como la única síntesis posible de las otras ciencias humanas”[8]

Vilar nos llama a estudiar la materia histórica, cuyos constituyentes son los más diversos tipos de hechos: los demográficos, los económicos, los sociales y, esto es lo más importante para el presente trabajo, la masa de los pensamientos y de las creencias, fenómenos de "mentalidades", lentos y pesados, y junto a ésta, claro está, los hechos institucionales.[9]

Con respecto a la historia de las mentalidades, son muy útiles las sugerencias de Cardoso y Pérez Brignoli en el sentido de que es necesario reconstituir el utillaje mental, o sea las estructuras mentales propias de las distintas clases, grupos socio-profesionales y otros, de determinada sociedad[10]. El utillaje mental en una sociedad no es fijo, cambia con alguna lentitud, evoluciona con el tiempo y en el espacio, por eso, dicen Cardoso y Pierre Brignoli:

“El inventario de los instrumentos y mecanismos mentales no basta: es preciso saber cómo se forman, se difunden y se perpetúan. En otras palabras, hay que estudiar la educación y la formación. Las ideas sobre los niños, la familia y el sentido de la educación (y de como) variaron según los diferentes contextos histórico-sociales”.[11]

Es decir que la educación debe ser comprendida en su sentido más amplio: "el de los intercambios entre el individuo y el grupo”. Para ello es muy fructífero, dicen los mismos autores, "el estudio de la organización, el contenido y los métodos de la enseñanza"[12], así como también "el acceso diferencial según los distintos grupos sociales a las instituciones educativa”[13]

Estas son, esbozadas someramente, las herramientas teórico-metodológicas que orientarán la presente investigación, que pretende construir una historia social de la educación venezolana, "historia del fondo social, y no de todo tal parte, ciencia del fondo de los problemas sociales y no de sus formas, ciencia del tiempo y no del instante o de la sola actualidad"[14]
1.2. HISTORIA SOCIAL E INSTITUCIONAL DE LA EDUCACION EN EL ESTADO LARA: LOS COLEGIOS LA ESPERANZA Y FEDERAL CARORA, 1890-1937.

Una historia social, ya hemos dicho, es una ciencia del todo social y no de todo cual parte[15] En este sentido, entendemos que el proceso histórico de la educación en el Estado Lara, y particularmente en Carora, debe ser abordado en todas sus implicaciones y conexiones con las demás estructuras del todo social. Hay que insistir -dice el maestro Vilar- en la necesidad de pensar globalmente la historia, a la vez en todas sus relaciones estructurales y en todos sus movimientos.[16]

Así, lo que nos proponemos hacer es una historia de la educación que no se limita a estudiar el desarrollo y funcionamiento institucional de la educación en Carora, sino que tratará en lo posible de descubrir las conexiones sociales, las articulaciones verdaderas, del hecho educativo con la estructura de la sociedad[17]. De este modo, los Colegios La Esperanza y Federal Carora han sido estudiados dentro de un contexto social, la sociedad caroreña de finales del siglo XIX y comienzos del XX; a su vez esta sociedad histórico­-concreta se ha analizado previamente en forma total y global. Así, el análisis abarca desde los aspectos geofísicos, las estructuras geográfica y económica, la estructura social con especial atención al fenómeno social de los "patricios caroreños", la política y la religiosidad para después desembocar, finalmente, en el estudio de la educación en Carora desde los tiempos coloniales hasta el siglo XX, con especial atención en los antedichos Colegios.

La conexión de lo social con la educación es muy íntima. Por esta razón el nacimiento de una institución educativa secundaria como el Colegio La Esperanza ha sido abordado en estrecha relación con el fenómeno social de los "patricios caroreños", clase social dominante con rasgos de casta que hizo posible la creación y establecimiento de este Colegio Particular en Carora a los fines del siglo XIX. Pero no ha de creerse que nuestro análisis se agota en lo estrictamente local o regional. Su ambición es más grande podríamos decir que la historia de Venezuela, la del país nacional es vista a través de nuestros Colegios La Esperanza y Federal Carora con todas sus dramáticas incidencias que marcaron de una forma u otra a estas instituciones educativas. Ellas vivieron y sufrieron con todo su rigor la convulsa historia de Venezuela de fines del siglo XIX y comienzos del actual.

Atendiendo a una sugerencia del Dr. Brito Figueroa hemos agregado la palabra institucional al título del presente trabajo. Este enfoque ha tenido sus fructíferas implicaciones, una de las cuales supone que debemos hacer énfasis en el análisis de la estructura institucional del Colegio, su organización y dotación, plan de estudios (pensum), orientación académica y filosófica de nuestro bachillerato de finales del siglo pasado. etc. Gracias a esta perspectiva do análisis la historia del desarrollo institucional y académico del Colegio La Esperanza y del Colegio Federal Carora se conectó con el movimiento universal de las ideas educativas y pedagógicas, y más aún, con el sentido y dirección de la ciencia, de la técnica y del pensamiento filosófico universal. Fue así y por esa vía que superamos la tendencia común a nuestra historiografía tradicional de hacer meras historias de la educación con un sentido localista y provinciano de las instituciones educativas venezolanas.


Las instituciones son ideas echadas a andar por los hombres. Sin éstos aquellas no pueden ser posibles. Fue un hombre, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza el artífice, el alma de aquel viejo Colegio de nuestro siglo XIX y comienzos del actual, el Colegio La Esperanza de Carora cuya historia no podía estar completa sin una biografía de éste viejo Maestro de la provincia venezolana. Se trata de un ligero esbozo bibliográfico del Dr. Oropeza y que ocupa la parte final de la presente investigación.

Creemos que de esta forma y de alguna manera hemos satisfecho la aspiración teórico-metodológica que anima la presente investigación, esto es, la de entender a la historia como una ciencia en permanente construcción, ciencia del todo social, no de sus partes y lo que es más importante, debido a la naturaleza de la presente investigación, entender las instituciones, en especial las educativas. Al respecto, el Maestro Vilar nos advierte que:

"La historia no puede ser un simple retablo de las instituciones, ni un simple relato de los acontecimientos, pero no puede desinteresarse de estos hechos que vinculan la vida cotidiana de los hombres a, la dinámica de las sociedades de las que forman parte." [18]
CAPITULO II

VISION GEOGRAFICA, SOCIAL Y RELIGIOSA DE CARORA EN EL SIGLO XIX

2.1. ASPECTOS GEO-FÍSICOS DE CARORA

Entre las condiciones geográficas y la evolución histórica de una localidad se establece una relación dinámica y mutuamente influyente que no es fácil establecer con objetividad. En ningún momento debemos, dice Reinaldo Rojas, "aislar lo fisiográfico de lo social, sino integrado bajo la primacía de lo socio-histórico (...) de las prácticas sociales del hombre en un espacio y tiempo determinados"[19] . Entendemos que hay una inevitable relación de la geografía y la historia. Para ello hemos tratado de ubicar el grado de condicionamiento del medio en el proceso de organización y desarrollo de la sociedad caroreña. Partiendo de estas breves consideraciones pasemos a estudiar los aspectos geofísicos de Carora: geología, relieve, hidrografía, suelos, clima, flora y fauna.

Geología y Relieve:

La ciudad de Carora está asentada en una enorme depresión, la Depresión de Carora, especie de llanura a orillas del río Morere. Se trata de una vasta depresión estructural existente en un sinclinal depositado durante el cretáceo-eoceno, más tarde rellenado por sedimentos coluviales[20] de la que se extienden sabanas planas y onduladas, atravesadas por quebradas y ríos que permanecen secos la mayor parte del tiempo. La ciudad de Carora fue fundada en 1569 a orillas del río Morere, río que según Codazzi "es tan pequeño que en la estación de sequedad apenas da la superficie agua para el consumo de los habitantes"[21]. Con todo, era Carora un lugar seguro de aprovisionamiento de agua y por esto -dice Marco Aurelio Vila- fungía, hasta cierto punto de oasis[22]. De esta particular situación se originó que bien pronto la ciudad se convirtió en lugar de descanso y aprovisionamiento de viajeros y mercaderes. A fines del siglo XVIII, el Obispo Martí nos dice que la palabra "portillo" que se le ponía antes a Carora se usaba porque “acá era el portillo, la puerta o el camino para pasar a Trujillo, al Tocuyo, a Coro, a Barquisimeto y otras partes”[23].

Las sabanas de Carora tienen suelos poco propicios para el uso agrícola debido a su baja permeabilidad, inundabilidad, textura arcillosa y el contenido apreciable de sales hace que sean suelos con muchas limitaciones para su uso[24]. Estas limitantes no fueron obstáculo para que los caroreños lograran un nivel de vida apreciablemente bueno. En el siglo XVIII, Cisneros, como agudo observador, dijo que:

"No obstante la esterilidad de su terreno abunda todo lo necesario para la comodidad de sus moradores, por ser estos industriosos y aplicados a trabajar[25]

No menos sorprendido, el Obispo Martí nos habla de Carora como una ciudad de cierto empaque, con su paisaje árido en contraste con el buen aspecto del caserío del cual emanaba cierto bienestar[26]. Estos suelos áridos condicionaron una actividad agrícola limitada. El Fraile Pedro Simón escribió al respecto que:

“La tierra es muy caliente y seca, por lo cual se dan mal todas las frutas, así de la tierra como de Castilla - Dase bien - el ganado mayor y cabruno."[27]

En lo que se refiere al clima su descripción es compleja, nos dice Reinaldo Rojas[28], y sigue diciendo el historiador larense, que el propio concepto de clima supone una multiplicidad de factores: radiación solar, temperatura, humedad y la circulación de los vientos. Al estar Carora situada en el fondo de una depresión, su temperatura es alta, una media de 27.7 °C y extrema de 34.2ºC y 39ºC. Las altas temperaturas se deben a la reverberación de los suelos.

Las lluvias son escasas con un promedio de apenas 632 mm. y los meses más lluviosos son los de septiembre, octubre y noviembre[29]. Estas escasas precipitaciones eran recogidas en estanques aprovechando la inclinación de los tejados, según refiere un testimonio colonial[30]. El aire es caliente y seco, pero en definitiva aire saludable. Agustín Codazzi refiriéndose a esto escribió: “la situación de Carora sólo debe a la naturaleza un aire puro”[31]

En lo que respecta a la flora y fauna la comunidad forestal de Carora es pobre. Las especies vegetales autóctonas son espinares ralos, donde se destacan las cactáceas que cubren el 60 % del espacio. Esta flora tan pobre propició, sin embargo la aparición de una importante ganadería. A tal efecto dice el geógrafo Antonio Luis Cárdenas que:

"Allí, un suelo arenopedregoso y una lluviosidad baja: origina un paisaje xerófilo. Los caroreños se aprovecharon del mismo para la cría del ganado cabrío (. . .) además podría(n) contar con las sabanas vecinas para bovinos" [32]

Esta actividad pecuaria se inició apenas llegaban los españoles a este territorio. Según el viajero francés Francisco Depons los caroreños ponen un gran cuidado en sacar partido de los rebaños mientras que de la actividad artesanal, señala:

"Una gran parte de sus cueros y pieles preparados en Carora se utilizan allí mismo en la fabricación de botas, zapatos, monturas y correas. El resto se exporta para Maracaibo, Cartagena y Cuba."[33]

El ganado bovino, que se aclimató muy bien a estas tierras, fue traído por los españoles: el tipo andaluz que se propagó por las sabanas de Los Quediches y que al pasar el tiempo comenzó a llamarse "ganado amarillo de Quebrada Arriba". En el siglo XX este ganado amarillo fue cruzado con razas traídas de Europa y Estados Unidos y dio origen al famoso "Ganado Tipo Carora", de fama nacional e internacional.


2.2. EVOLUCION DEMOGRAFICA DE CARORA DURANTE EL SIGLO XIX

A principios del siglo pasado el viajero francés Francisco Depons calcula que Carora tenía para los años 1801-1804 una población estimada en 6.200 habitantes[34]. Tres décadas más tarde, en 1839, el Cantón Carora cuenta con 20.317 habitantes, pasando a 39.477 en 1873 y finalmente a 49.737 en 1883[35]. El Distrito Torres contaba en 1881 con una considerable cantidad de población, 34.489, de los cuales la capital. Carora, tenía 7.953 habitantes. Estas cifras representan un 23 % de la población total del Distrito. Este porcentaje es significativo, pues denota el importante grado de concentración de la población en la ciudad capital. Este porcentaje se va a reducir en la última década del siglo XIX cuando la población de Carora va a representar el 20,84 % de la población del Distrito. No quiere decir que se haya producido un despoblamiento de la ciudad, por el contrario este núcleo poblacional incrementó su población en 1.926 habitantes entre los censos de 1873 y 1891.

La población total del Distrito también se incrementó notablemente en las tres décadas finales del siglo pasado, pasando de 28.776 habitantes en 1873 a 40.140 en el censo de 1891, lo que significa que hubo en 20 años un incremento poblacional absoluto de 11.364 habitantes. Véase en el cuadro que a continuación presentamos que los Municipios más poblados en 1881 eran los de Río Tocuyo, con 6.436 habitantes, Muñoz que contaba con 4.616 y Curarigua con 3.858 habitantes.

CUADRO I
POBLACION DEL DISTRITO TORRES
AÑOS 1873-1881-1891

LOCALIDAD POBLACIÓN


1873
1881
1991
Burere
Muñoz
Aregue
San Pedro
Atarigua
Curarigua
Río Tocuyo
Arenales
Carora
TOTALES:
2015
3725
2138
1919
2379
3275
4380
2505
6440
28.776
2277
4616
2755
1272
2949
3858
6436
1878
7953
34.489
2516
4561
2678
-
3561
4628
7405
2958
8366
40.140

Fuente: Cunill Grau, Pedro. Ibíd. T. II. p. 1384. Los datos de 1891 pertenecen al censo de población realizado ese año. Tomado de Rojas, Reinaldo. La Economía de Lara en Cinco Siglos. (Una aproximación a su estudio). Asociación Pro-Venezuela 1993. p. 163.

Como se establece en el Cuadro I, en el siglo XIX se aprecia un sostenido crecimiento poblacional en todo el Distrito Torres, una relación rural-urbana donde se aprecia un claro predominio de la población rural sobre la urbana: 77.3 % en 1873; 76,95 % en 1881 y finalmente, mostrando una clara tendencia alcista, la población rural de Torres se elevará al 79,16 % para el año 1891. Con respecto a la población del Gran Estado Lara, que contaba para la época (1881) 233.752 habitantes, el Distrito Torres con sus 34.489 habitantes, representaba el 14.75 % del total poblacional de la entidad. Lo substancial del poblamiento urbano de Carora, dice Cunill Grau, además de sus funciones comerciales y administrativas, "se explica porque es lugar de residencia de las familias de los prósperos ganaderos de su zona de influencia"[36]. Al finalizar el siglo XIX es Carora, junto a Barquisimeto y El Tocuyo los más importantes centros poblacionales del Estado Lara.

2.3. LA ECONOMÍA CAROREÑA ESTRUCTURA Y EVOLUCIÓN

La economía de Carora ha sido a través de su historia, eminentemente comercial y artesanal. No podía ser de otra forma, pues la escasez de agua y los suelos arcillosos y salobres impidieron que se desarrollara allí una vigorosa economía agrícola. Ante este impedimento de la naturaleza, la ciudad se dirigió hacia las actividades comerciales. Ya en el siglo XVI, recién fundada la ciudad, dice Ambrosio Perera que:

"en 1572, había mucho tráfico comercial entre Carora y Coro, y de aquella ciudad se llevaban harinas, bizcochos, lienzos y cosas de tierra para ser exportados a la Isla de Santo Domingo y otros lugares” [37]

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, esta inicial vocación comercial y artesanal se mantendrá inalterable[38]. A fines del siglo pasado el tráfico comercial con escala en Carora era tan intenso que se calculó en un millón doscientos mil bolívares el valor de las mercaderías extranjeras que compró el comercio local al de los puertos[39]. La producción agrícola trujillana y de la zona andina del Estado Lara transitaba por Carora en ruta hacia Puerto Cabello, según lo apunta Cunill Grau.[40]

"Todos los frutos del Departamento Carache han dejado de concurrir al mercado de Maracaibo y se llevan al de Coro, ya porque capitales caroreños de consideración se cambian por ellos (…) De aquí el adelanto notable de esta ciudad que en progresión creciente se nota cada día"[41]

La ciudad era lugar de tránsito obligado del café trujillano y del que se producía en las zonas andinas del Estado Lara. En la división territorial del Estado, el Municipio Lara, dice Reinaldo Rojas, producía a finales del siglo XIX unos 200.000 Kgs del producto.[42]

Este intenso tráfico de gentes, mercaderías y dinero bien pronto hizo que se desarrollara en Carora una importante zona comercial, artesanal y de servicios formada por 24 bodegas, 4 barberías, 3 boticas, 6 carpinterías, 5 talabarterías, 8 zapaterías, 3 herrerías, 3 platerías, una latonería, 12 casas de mercancías y una venta de víveres[43]. Este comercio tan dinámico tenía un fuerte e indispensable aliado. En la Venezuela del siglo XIX, ante la inexistencia de carreteras y vías adecuadas, el comercio se realizaba a lomo de bestias. Veamos lo que dice Mac Pherson del comercio caroreño de fines del siglo pasado:

"Este comercio interior está siempre en actividad porque como ya dejamos demostrado, los 5.000 burros de carga con que cuenta este Distrito, facilita y abarata extraordinariamente la conducción del producto de su suelo a otros mercados"[44]

A finales del siglo XIX, entre los años 1870 y 1900, se va a producir lo que llama Taylor Rodríguez la consolidación de los almacenes comerciales en Carora. En efecto, era la ciudad torrense asiento de importantes firmas comerciales tales como: "Flavio Herrera e Hijos", Casa Comercial "La Seductora", Casa Comercial "Zubillaga Hermanos", Casa Comercial "Lorenzo Arispe", Imprenta "Torres", Botica "La Americana" y otros[45].

La actividad agropecuaria también tiene su significación. Ya para el año 1811 los propietarios de hatos ganaderos de los alrededores de Carora eran los principales ciudadanos con residencia en esta ciudad[46]. Cuando está por finalizar el siglo XIX se produce en Carora un proceso de concentración de la propiedad de la tierra tan fuerte y vigoroso como el que experimenta el país durante este período[47]. Este proceso comienza a ser notorio a partir de la séptima década de este siglo. Nos refiere Rodríguez García al respecto, que:

“A partir de 1870 Carora y sus aldeas serán escenario de un profundo proceso de concentración de la propiedad de la tierra, que incluía hatos y haciendas de cañamelar (...) comprados por las familias Oropeza, Riera, Alvarez, Yépez y Herrera"[48]

Gracias al comercio y a la propiedad de la tierra (hatos y cañamelares) se formó en Carora una sociedad compuesta en su vértice por un reducido grupo de familias opulentas, los "patricios caroreñas" y una mayoría de la población dedicada a la artesanía, el pequeño comercio y la propiedad de hatos caprinos.

2.4. LA ESTRUCTURA SOCIAL: LOS "PATRICIOS CAROREÑOS", UNA SOCIEDAD CERRADA.

La sociedad caroreña ha tenido y tiene aún hoy un rasgo muy particular, una singularidad objetiva que le distingue de otras ciudades del interior del país, la existencia de un grupo social minoritario dueño de grandes fortunas, que controlaban el poder político, practicaban una religiosidad militante, trataban de mantener cierta pureza étnica y que, además, mostraba ciertos rasgos endogámicos que le hacen aparecer como una casta. Toda esta serie de rasgos tan específicos de este grupo social minoritario, llamados popularmente "godos de Carora", "caras colorás", "mantuanos caroreños", "patricios caroreños", ha de estudiarse con criterio científico para desentrañar los orígenes coloniales de este grupo y para comprender su permanencia en el tiempo hasta constituir en la actualidad una peculiaridad de la sociedad caroreña contemporánea.

Para realizar esta tarea nos hemos valido de las aportaciones teóricas del extraordinario hispanista francés Pierre Vilar y de los trabajos que sobre la "aristocracia municipal" y sobre las clases sociales de Venezuela realizaron Laureano Vallenilla Lanz y Federico Brito Figueroa, respectivamente. El maestro Vilar nos dice al respecto que en Europa ha existido:

"la tendencia expontánea de los grupos humanos a cerrarse a sí mismos y a cerrar a los demás grupos, a incorporar una noción de "pureza" a tal o cual rasgo de pertenencia -tanto a la pertenencia a un grupo étnico como a un grupo religioso o a un grupo profesional-­ya considerar hereditarios los caracteres así definidos."[49]

A principios de siglo, el gran historiador positivista venezolano Laureano Vallenilla Lanz estudia con su acuciosidad propia el fenómeno de la oligarquía municipal colonial venezolana que, según sostiene, se inicia:

"Al ordenar el Rey de España que en la elección del Cabildo Colonial se diese preferencia a los descendientes de los conquistadores y pobladores estableció un exclusivismo que bastardeó al espíritu democrático del municipio, y dio fundamento a la llamada oligarquía municipal..."[50]

Sigue diciendo Vallenilla Lanz que las oligarquías municipales de las municipales de las principales ciudades del país eran las compuestas por los apellidos que siguen:

“Los Herrera, Orta, Figuerredo, Sanojo, Paz, Illaramendi en San Carlos de Austria, los Chirino, Carrera, Zárraga, Navarrete, Colina, Arcaya, Tellería, Garcés en Coro, los Alvarado, Garmendia, Yépez. Anzola en El Tocuyo, los Galíndez, Alamo, Perera, Planas, Parra, Andrade, Alvarado, Mujica en Barquisimeto; los Alvarez, Riera, Oropeza, Aguinagalde, Zubillaga, Montes de Oca en Carora; los Alcalá, Mexia, De la Cova, Bermúdez, Sucre, Maíz; Rojas, Urbaneja, Martínez. Rodríguez de Astorga, Carrera, Centeno, Vallenilla, Freites, Luces de Guevara, Bastardo, Hernández, Iturbe en Cumaná y Barcelona (...) los Carrillo, Gabaldón, Pimentel, Mendoza, Chuecos, Saavedra, en Trujillo (...) los Ugarte, Andrade, Carrasquero, Baralt, Delgado González, Urdaneta, Celis, Troconis en Maracaibo; y en Caracas el mantuanismo todo, tan opulento en riquezas como en virtudes: los Bolívar, Herrera, Tovar, Palacios, Pacheco, Blanco, Mixarez de Solórzano, Plaza, Rivas, Montilla, Obelmexia, Ribas, Ibarra, Toro, etc."[51]

Esta aristocracia municipal asume en las ciudades coloniales venezolanas un papel director de la sociedad. Así continúa Vallenílla Lanz:

"todas ellas llenaban a cabalidad las funciones sociales de la élite, su papel de clase dirigente y protectora de la comunidad fundando pueblos, erigiendo iglesias, casas consistoriales, puentes, mercados, fuentes públicas, cárceles, mataderos; velando por la seguridad pública, persiguiendo bandidos del llano, fomentando la agricultura, abriendo caminos, limpiando ríos ... "[52]

Sigue diciendo Vallenilla Lanz, en su notable estudio de nuestra sociedad colonial que:
“Los Cabildos estaban en manos de cierto número de familias notables, presentando el fenómeno de la especialización hereditaria de las funciones municipales que ayudada por la diferencia de raza, los constituía no en una clase sino en una casta superior, habituada a la supremacía local y dispuesta a defenderla contra toda invasión de las clases inferiores y de los advenedizos, por más que fuesen peninsulares no sólo por el exclusivismo político, sino por la jerarquización social más completa, por la endogamia y la repulsión respecto de todo aquel que no pudiera comprobar su limpieza de sangre.”[53]

El historiador contemporáneo Federico Brito Figueroa, al estudiar el "status" de los blancos y las categorías privilegiadas de Venezuela Colonial nos refiere que:

"La endogamia, el origen étnico, el status jurídico y el monopolio de las instituciones fundamentales de la sociedad colonial estratificaron la clase de los terratenientes blancos en términos similares a una casta. Dominados por una preocupación: la limpieza de sangre, que coincidía con sus intereses económicos de grupo social privilegiado, los nobles y principales, unidos familiarmente, bien por relaciones de constituir, en las últimas décadas del período colonial un núcleo hermético y estratificado."[54]

Para comprender históricamente el grupo social minoritario de los “patricios caroreños" nos hemos valido del interesante trabajo que sobre la genealogía de las familias caroreñas hizo el historiador Ambrosio Perera. Allí dice el investigador caroreño que:

"Existía en Carora hasta muy avanzado este siglo una separación de castas total que bien podíamos llamar territorial. En el rectángulo comprendido entre el Río Morere y el llamado Quebradón (…) habitan los descendientes europeos por vía legítima y sólo unas pocas familias de otro origen y, en cambio, en uno y otro de los lados de ese rectángulo se levantaban las viviendas de la gran mayoría de aquellos que no enterraban sus raíces en el mantuanismo."[55]

Basándonos en la obra de Perera hemos elaborado un cuadro resumen de las familias patricias caroreñas (Cuadro II). Nótese que los fundadores de las estirpes mantuanas de Carora traen desde España y de las Islas Canarias títulos de nobleza, probanzas de hidalguía y de limpieza de sangre. Se trata de una decena de familias que han tenido como iniciadores a funcionarios de la administración colonial, tales como Alfereces Mayores, Capitanes Ordinarios, Procuradores, Administradores de la Real Hacienda... Al monopolizar estos cargos comenzaron desde allí a amasar grandes fortunas. Veamos a continuación el Cuadro-resumen de las familias patricias caroreñas.

CUADRO II
LAS FAMILIAS PATRICIAS CAROREÑAS (*)

Familia
Localidad de Origen
Fundador de la familia
Año en llegar a Carora
Ocupación del fundador y otras observaciones
Aguinagalde
Provincias
Vascongadas
Don Vicente
1790
Don Vicente es administrador de la Real Hacienda y síndico del convento de los franciscanos.
Alvarez
Usagre, Castilla
Don Salvador
1628
Don Salvador, padre de Don Juan Alférez Mayor.
González Franco
Usagre, Castilla
Don Juan
1579
Don Juan, compañero de Don Juan de Salamanca en la conquista y repoblación de Carora. Hay información sobre nobleza de su familia.
Gutiérrez
Coro
Don José
1650
Don José, ganadero y poseedor de esclavos.
Herrera
Isla Gomera, Canarias
Don Diego
1776
Don Diego, comerciante y agricultor.
Meléndez
Asturias
Don Jacinto
1673
Don Jacinto, comerciante y agricultor.
Montes de Oca
La Palma, Canarias
Don Juan José
1737
Don Juan José, hijo del capitán Felipe y Doña Rafaela, quienes tenían probanza de hidalguía.
Oropeza
La Orotava, Canarias
Don José
1725
Don José, procurador.
Perera
Tenerife, Canarias
Don Lázaro Felipe
1753
Don Lázaro Felipe, Alcalde ordinario de Carora.
Riera
Cataluña
Don Juan Agustín, Bartolomé y Nicolás
1659
Bartolomé, Nicolás, Alférez Mayor de Coro.
Silva
Portugal
Don Manuel
1633
Don Manuel de Silva y Aguiar, Alcalde ordinario de Carora.
Yépez
Castilla
Don Juan Bernabé
1750
Don Juan Bernabé, Alcalde ordinario de El Tocuyo.
Zubillaga
San Sebastián,
Guipuzcoa
Don Agustín Luis
1794
Agustín Luis, administrador de la Real Hacienda, justificó su hidalguía y limpieza de sangre.
El "mantuanismo caroreño" tal y como le llama Perera, es un fenómeno social que se prolonga desde la Colonia hasta Venezuela Republicana y más aún pervive con relativa fuerza en el siglo XX. A comienzos de este siglo decía Juan Carmona que a Carora se le juzgaba como a un ciudad "huraña y cerrada, ciudad esquiva, cuando aún era difícil que pudieran permanecer en ella, personas extrañas a sus tradiciones seculares"[56]. Dice Ambrosio Perera, historiador caroreño nacido en 1904, que: "Nosotros, que conocimos en nuestra infancia las postrimerías de esta estado de cosas, podemos dar testimonio de la pacífica convivencia que existía, no obstante del impenetrable aislamiento social imperante."[57]

2.5. LA POLÍTICA CAROREÑA DEL SIGLO XIX: LOS UNIDOS Y LOS VITALICIOS

En el viejo Cantón Carora del siglo pasado no puede hablarse en sentido estricto de los partidos políticos tradicionales de Venezuela" es decir de conservadores y liberales. En Carora éstas agrupaciones toman nombres distintos y se denominan vitalicios (conservador) y Unidos (liberal!. Cecilio Zubillaga Perera dice al respecto que:

"en esta región no se habían corporizado todavía agrupaciones que respondiesen al plano nacional a aquellas das tendencias, pues los partidos que aquí se formaron para la época (…) y resultaron del exclusivo carácter personalista. Se formaron agrupaciones políticas que se denominaron Vitalicios y Unidos."[58]

El jefe de los vitalicios o "godos de Carora" era Francisco Alvarez y el de los unidos o liberales era la legendaria figura del Fraile Ildefonso Aguinagalde[59], quien era partidario de la alternabilidad de poderes y del remozamiento de los funcionarios públicos. Esta proclama del fraile chocó con los intereses más sentidos del "patriciado caroreño" que en su casi totalidad era "Vitalicia" o conservadora.

El Fraile Aguinagalde, el más enconado enemigo de los godos de Carora, era un miembro del patriciado caroreño. A pesar de su condición sufrió en 1859 una grave execración: fue expulsado de la ciudad por los vitalicios. Veamos lo que al respecto dice Oropeza Vásquez:

"Y como se temía que la influencia del fraile se ejerciera para levantar el pueblo contra la Oligarquía local, lo acusaron casi todos los conservadores de proceder como perturbador o agitador"[60].

El conservatismo se mantuvo en el poder en Carora durante casi todo el siglo XIX, hecho que tiene varias explicaciones: Primera, que durante la Guerra de la Independencia los godos de Carora se mantuvieron fieles al Rey[61] y que la ciudad no fue escenario de violentos combates militares. Segunda, que los caroreños se mantuvieron apartados de la insurrección campesina y antiesclavista de la Guerra Federal. Fue así como se mantuvo casi intacto el "patriciado caroreño" como núcleo


social, ejerciendo el papel dirigente en la sociedad caroreña[62] cuando en otras regiones del país fueron barridos de las posiciones de poder.

El absoluto predominio conservador o "unido" sólo se vio perturbado en Carora a finales del siglo pasado cuando un grueso número de "godos" manifestó su apoyo al político José Manuel Hernández, "el mocho Hernández". A la cabeza de este movimiento se puso el prestigioso médico caroreño Dr. José María Riera[63], quien en 1899 dio todo su apoyo a Cipriano Castro cuando el caudillo andino pasó por la ciudad en vía hacia Caracas.

Al despuntar el siglo XX, tanto el conservadurismo y el liberalismo caroreño, así como las otras fuerzas políticas decimonómicas habían desaparecido para siempre, tal y como había sucedido en el resto del país.

2.6. RELIGIOSIDAD Y El SENTIDO DE CASTA DE LOS "PATRICIOS CAROREÑOS"

El sentido de pureza étnica y limpieza de linaje poseían en Venezuela Colonial una connotación religiosa. Esto fue posible gracias a que la Iglesia Católica Colonial se identificó con los intereses y aspiraciones de las clases dominantes, los blancos peninsulares y los blancos criollos[64]. Este último grupo social al igual que los blancos españoles se desvivían por las cuestiones de linaje y de nobleza.

Los blancos criollos, afirma el historiador Federico Brito Figueroa, vivían permanentemente:

"Dominados por una preocupación: la limpieza de sangre, que coincidía con sus intereses económicos de grupo social privilegiado, los nobles y principales unidos familiarmente bien por relaciones de consanguinidad o de afinidad llegaron a constituir; en las últimas décadas del período colonial, un núcleo hermético y estratificado"[65]

Los "patricios caroreños" compartían con los blancos criollos del resto de Venezuela Colonial una serie de rasgos que estratificaron la clase de los terratenientes en términos similares a una casta. Estos rasgos, según Brito Figueroa son los siguientes: La endogamia, el origen étnico, el status jurídico y el monopolio de las instituciones fundamentales de la sociedad colonial[66]. Brito Figueroa, sostiene que la clase de terratenientes blancos, incluyendo criollos y peninsulares conformaban el 0,5 por ciento de la población venezolana[67]. En Carora la tendencia es similar. Dice Cecilio Zubillaga al respecto que:

"En el año de 1768 se efectuó un censo oficial en Carora (...) había 5.520 personas cuya discriminación da un resultado impresionante: resultan en la base de la pirámide 5.297 de clases "inferiores" y apenas 233 de la otra, es decir, de la "principal", la única que tenía medios y derechos a educarse".[68]

Estas cifras que nos suministra Zubillaga Perera indican que el 4.3 por ciento de la población de Carora, en las últimas décadas del régimen colonial pertenecía al "patriciado caroreño", y que el 95,6 por ciento restante conformaban las demás, clases sociales: pardos, negros, indios, blancos de orilla, etc. Los "patricios caroreños", clase social poseedora y privilegiada mantuvo en Carora un claro sentido de exclusión que se ha mantenido aún en el siglo XX. Este sentimiento exclusivo tuvo su vía de expresión natural en el ámbito de la religiosidad. Dice Ambrosio Perera al respecto que:

"Ya en el siglo XVIII se asentaban partidas en los libros parroquiales de Carora, con el calificativo de blanco pobre y lo que llama más la atención es que parece que el párroco no quería referirse a la condición económica de la persona, sino que buscaba señalar alguna diferencia I entre blancos, según el grado de preponderancia de que gozasen e(7 la población"[69]

Sigue diciendo Ambrosio Perera que en los archivos parroquiales se evidenciaba este sentido de exclusión:

"eran por regla general, diferentes libros donde se asentaban las partidas correspondientes a los blancos o españoles (…) de aquellos destinados para las partidas de la gente común, que comprendía a los negros, mulatos, pardos en general y a veces los indios y mestizos, aunque para estos solía destinar páginas aparte en estos últimos libros."[70]

Los hábitos sociales de Carora eran una muestra del rígido sentido dé exclusión. Fue Carora, dice Perera, ciertamente una ciudad en extremo intransigente en la cuestión racial. Así por ejemplo, continúa el historiador larense, que en ocasión de fiestas se exigía con anticipación una nómina de los que asistirían al evento. Además, continúa Perera en tono autobiográfico, que:

"También recordamos el vacío que se le hacía a todo forastero, mientras tanto no quedase bien en claro que, sin lugar a dudas, pertenecía en su ciudad natal al mantuanismo."[71]

Este sentido de casta se unió firmemente a otros, el de una religiosidad militante y a un conservatismo político proverbial. Los "patricios caroreños" protagonizaron dos sucesos muy importantes que ponen en evidencia su hermetismo y apego a los valores tradicionales, como veremos seguidamente. Estos hechos, cargados de fanatismo político y religioso se produjeron en 1859 y 1905 respectivamente. Del primero ya nos hemos referido más atrás: la expulsión de Carora del Fraile Aguinagalde por el sector conservador. El otro, acontecido a principios del siglo XX, cuando un joven sacerdote, el doctor Carlos Zubillaga, quien encarnaba una concepción teórica de avanzada, chocó con la tradición de un sector de la Iglesia, que vegetaba en el conformismo y se identificaba con los privilegios de unos pocos, y desató una campaña implacable, virulenta, de la cual no fue ajena la calumnia, que provocó la salida de Carora de este extraordinario sacerdote, un verdadero adelantado de lo que hoy se ha llamado Teología de la Liberación[72].

Pero quizás el más criticado y reprobado símbolo del sentido de casta de los "patricios caroreños" ha sido la creación de una corporación social, un club social "elitesco y excluyente"[73], el Club Torres de Carora fundado por los más conspiscuos representantes de este patriciado caroreño el día 31 de julio de 1898 (véase más adelante el sub-capítulo: "El Colegio Federal Carora y la vida social y cultural de Carora, 1890-1935"). El Club Torres contó entre sus más destacados detractores al periodista Cecilio "Chío" Zubillaga Perera, quien en forma despectiva e irónica se refería a esta corporación llamándola "Club Boves". Dice Juan Páez Ávila, en su biografía de "Chío", que:


"Cuando los salones fueron utilizados para actos sociales y fundamentalmente, para el juego y la venta de licores, Chío renunció. El club se convirti6 en una instítuci6n exclusiva de los godos..." [74]

Estos han sido, en líneas generales, las más resaltantes expresiones de esta singularidad social caroreña que aún hoy, cuando está por comenzar el tercer milenio, se manifiesta con cierta intensidad, lo que revela que el "mantuanismo caroreño" es una representación mental de larga duración. Sus orígenes se remontan a los tiempos coloniales, tiene su continuación en la Venezuela Republicana y, con toda seguridad, sobrevivirá al siglo XXI.
CAPITULO III

HISTORIA DE LA EDUCACIÓN EN CARORA:
EDUCACION PRIMARIA Y SECUNDARIA.
FUNDACION DEL COLEGIO LA ESPERANZA

Desde que fue fundada la ciudad de Carora en 1569 hasta bien entrado el siglo XVIII no hubo en este poblado ningún tipo de educación sistematizada ya que las autoridades coloniales no pusieron ningún empeño en tal sentido. Durante ese largo período la educación se reducía a clases de tipo particular o, como bien señala Andrés Riera Silva, la labor educativa la emprendía:

"..alguno que otro, español, necesitado de lo más preciso para la subsistencia, de tiempo en tiempo fundaba una escuelita, en que apenas enseñaba a fuerza de palmeta, a rezar, a escribir (...) leer pergaminos, y si acaso, una que otra operación aritmética..."[75]

Fue a finales del siglo XVIII, cuando estaba por finalizar el régimen colonial, cuando la educación en la Provincia de Venezuela recibió un poderoso impulso gracias a la obra del preilustrado español Obispo Mariano Martí[76]. Llega el Obispo a Venezuela en el Siglo de las Luces, el siglo XVIII, llamado también Edad de la Razón, imbuído de las ideas pedagógicas y filosóficas de este formidable movimiento que, unas décadas más tarde, se iba a constituir en el fundamento intelectual de nuestra emancipación nacional y continental. En España la ilustración ya había impactado favorablemente al movimiento cultural y científico. Por ejemplo, bajo su influencia, se habían creado la Biblioteca Nacional (1714), la Academia de Medicina (1734), la Academia de la Lengua (1714), la Academia de la Historia (1735) y la Academia de Leyes (1742); se plantea la Reforma Universitaria (1766), la literatura se remoza con Samaniego y Valdez, Campomanes propone el desarrollo industrial de España, y Jovellanos el liberalismo económico[77].

Martí, quien realizó estudios de Derecho Civil y Canónigo en la Universidad de La Cervera, Cataluña[78], recibió la benéfica influencia de la Ilustración española, movimiento que fue, empero, mucho menos intenso en este país que en el resto de Europa. En la extensa y larga visita pastoral que el Obispo catalán hiciera por la Provincia, llegó a Carora el 14 de marzo de 1776, un año antes de que se creara la Capitanía General de Venezuela, base jurídica de nuestra integración política. Al arribar a la ciudad deplora el Obispo el estado de su educación, e inmediatamente ordenó su Señoría:

"comprar (...) ciento cinco yeguas de las Cofradías de la Iglesia Parroquial (...) para que con sus productos (...) pagarse la renta que habían de gozar los maestros..."[79]

Fue de esa manera como fueron creadas las escuelas de Primeras Letras, Latinidad y Retórica y, por supuesto, Doctrina Cristiana, dando inicio así a la educación sistemática en esta ciudad. También, gracias al Obispo Martí, fue fundada una Cátedra de Latinidad y Primeras Letras en el vecino pueblo de Arenales, destinando para regentarla al Presbítero Bachiller Félix Espinoza de los Monteros, "uno de los primeros educadores de Occidente"[80]
El padre Espinoza de los Monteros impartió enseñanza a los futuros héroes de la Independencia, el General Pedro León Torres y sus hermanos, a los coroneles Julián Montes de Oca, Nicolás Rodríguez, Fernando Perera y Etanislao Castañeda.

Después de la Guerra de Emancipación, en 1829, abrió el fraile Ildefonso Aguinagalde una Cátedra de Latinidad en el Convento de Santa Lucía. Veamos lo que dice al respecto un documento emanado de la Dirección General de Instrucción; presidida por el doctor José María Vargas:

"Y hay además (en Carora) una clase de latinidad que gratuitamente regenta el Reverendo Fray Ildefonso Aguinagalde..."

Firman el Presidente José María Vargas, P. P. Díaz y J. M. Cagigal, además del Secretario J. A. Freyre[81].

Durante el gobierno de la Oligarquía Conservadora, los caroreños enviaron a Caracas varias solicitudes (1834, 1835, 1840 y 1841) para que fueran creadas en la ciudad escuelas de educación y piden que se cree un Colegio Nacional de Secundaria, con las rentas extraídas del extinguido convento de esa ciudad[82]. En esa época, años de verdadera miseria en materia educacional, el doctor José María Vargas, Director de Educación Pública, señalaba en 1848 que de 537 parroquias del país apenas 121 poseían alguna escuela[83]. Es el caso del Cantón Carora, que con una población de 30.181 habitantes, contaba en 1842 con 7 escuelas públicas y 6 escuelas privadas para un total de 13 escuelas primarias con una cantidad de 333 alumnos. Estas cifras significan que apenas el 1,10 % de la población del cantón asistía a la escuela con alguna regularidad. En ese mismo año existían en la ciudad de Carora más escuelas primarias de carácter privado que oficiales. En efecto, tres escuelas eran particulares y sólo una era atendida por el gobierno, tal como se ve en el siguiente cuadro.

CUADRO III
ESCUELAS PÚBLICAS Y PRIVADAS EN El CANTON
CARORA EN 1842

LOCALIDAD
POBLACION
ESCUELAS
NUMERO DE
ESCUELAS
NUMERO DE

TOTAL
PUBLICAS
ALUMNOS
PRIVADAS
ALUMNOS
Carora
9.727
1
80
3
50
Burere
2.242
1
30


Arenales
3.469
1
30


Aregue
'1.148
1
30


Río Tocuyo
4.483
1
30
1
07
Siquisique
7.723
1
40
2
06
Baragua
1.389
1
30


Totales
30.181
7
270
6
63

Fuente: Gaceta de Barquisimeto, Año I, Nº 2, 15-01-1842. p. 7. Obsérvese que las localidades de Siquisique y Baragua pertenecían para la época al cantón Carora.

En líneas generales, el estado de la educación era verdaderamente precario en los años que van desde 1830 a 1850, y más aún durante la Guerra Federal cuando numerosísimos planteles fueron cerrados o dejados de crear por causa de la violencia. Después de finalizada esta contienda se produce uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la educación venezolana: el Decreto de Instrucción del 27 de junio de 1870 que establece la gratuidad de la enseñanza. El decreto del Presidente Antonio Guzmán Blanco incidió favorablemente en la política de creación de nuevos institutos de educación aumentando éstos de 141 Escuelas Federales existentes en 1872 a la considerable suma de 782 escuelas en 1876[84]. El decreto guzmancista bien pronto se hizo sentir en Carora, pues ya en el año 1875 existían en la ciudad 9 escuelas primarias con 180 alumnos, de las cuales dos eran federales y tres privadas[85]. En el año 1883 el estado de la educación en el Distrito Torres había mejorado sustancialmente pues había 11 escuelas primarias, tal como lo muestra el siguiente cuadro:

CUADRO IV

ESCUELAS PRIMARIAS PÚBLICAS Y PRIVADAS DE CARORA
(1883)

ESCUELAS MUNICIPALES
ESCUELAS FEDERALES
ESCUELAS PARTICULARES
2 (niños)
1 (niñas)
4 (niños)
1 (niñas)
3
Totales 3
5
3

Fuente: Mac Pherson. Ibíd.. p. 116.


El geógrafo Cunill Grau dice que este equipamiento educacional, agregado a las funciones comerciales, de transporte y administrativas explican lo substancial del poblamiento urbano caroreño en 1883[86]. Contaba la ciudad de Carora para ese año con la notable cantidad de 8.366 habitantes, lo cual la colocaba como una de las más importantes del Estado Lara junto a Barquisimeto y El Tocuyo.

3.2. EDUCACIÓN SECUNDARIA

El iniciador de los estudios de secundaria en Carora fue el Fraile Ildefonso Riera Aguinagalde quien el año 1829 abrió una cátedra de latinidad en el Convento de Santa Lucía de esta ciudad. Se considera que, efectivamente, eran estudios de secundaria o de bachillerato[87] porque el conocimiento del idioma latino era el requisito básico, o quizás único, para ingresar a una universidad.

Fue a partir de 1830, durante el gobierno de la oligarquía conservadora cuando se inicia la creación de los Colegios Nacionales en Venezuela. Estos Colegios son los siguientes: Trujillo fundado en 1832, Margarita (1833), El Tocuyo (1833), Carabobo (1833), Coro (1833), Cumaná (1834), Barquisimeto (1835), Maracaibo (1837), Guanare (1837), Calabozo (1939) y Barcelona (1842)[88]. Como hemos podido apreciar, la ciudad de Carora no fue beneficiada por el gobierno de la oligarquía conservadora ya que se le negó sistemáticamente la creación de un Colegio Nacional allí. En 1834 un grupo de caroreños hizo a la Dirección General de Instrucción Pública una solicitud para que se crease en la ciudad un Colegio Nacional. Dice así la petición.

Sesión CLXXVII
Domingo 8 de agosto 1841
(...)

7. Dióse lectura a un informe del Sr. Gobernador de la Provincia de Barquisimeto acerca de la solicitud de los vecinos del Cantón Carora en que piden se establezca allí un Colegio Nacional con las rentas del extinguido convento (...) y con las contribuciones ofrecidas por el vecindario...

p. p. Manuel Díaz. Felipe Tovar. El Secretario J. A. Freyre.[89]

Este reclamo de los caroreños se hizo con cierta irritación debido a que las rentas del extinguido Convento de Carora se destinaron para la creación del Colegio Nacional de Barquisimeto en 1835. En vista de que los años pasaban y el gobierno no daba señales de querer crear aquel ansiado Colegio, un caroreño, el doctor Ezequiel Contreras fundó por iniciativa privada o particular el Colegio San Andrés en 1855. El doctor Contreras se había graduado de médico en la Universidad Central de Caracas. Creó el Colegio el 28 de junio de dicho año. Una Junta Benefactora se constituyó para dar ayuda al instituto recién creado. Tal junta estaba compuesta por Juan R. Blanch, José María Zubillaga, Juan Bautista Perera y José Félix Alvarez. Ese mismo año se inició un curso de filosofía en el que laboraron como docentes los licenciados Rafael Antonio Alvarez y Lázaro Perera y se inscribieron como alumnos los jóvenes Justo Márquez Oropeza, Pacomio Pernalete Riera, Manuel Felipe Perera Alvarez. Andrés Riera Silva. Tomás Vegas Moreno, José Luis Uzcanga Urbina, Antonio Zubillaga Perera. El Colegio San Andrés tuvo una efímera existencia, pues como siempre ha sucedido, al morir su mentor el doctor Contreras en 1858, el Colegio se extinguió para siempre.[90]

Después de la Guerra Federal, en 1864, el Licenciado Rafael Antonio Alvarez fundó en Carora el Colegio de La Paz. Allí, según testimonio del doctor Ramón Pompilio Oropeza, estuvieron los siguientes jóvenes: Gilberto Zubillaga, Manuel Torrealba, Leopoldo Perera, Teodoro Perera, Lino Arapé, Mariano Alvarez (quien iba a ser más tarde profesor del Colegio La Esperanza), Juan de Jesús Alvarado, Juancito Silva y Críspulo Uzcátegui, Amenodoro Riera (quien años más tarde actuó como financista del Colegio La Esperanza en 1890). El Colegio de La Paz tenía adscrita una escuela de primeras letras o de primaria que eran, claro está, instituciones particulares o privadas. Los trastornos resultantes de las Revoluciones Azul y de Abril determinaron la extinción de este Colegio en 1869[91]. Al cerrar sus puertas La Paz, el Licenciado Lázaro Perera abrió unas clases privadas en su casa de habitación en 1873 y que se prolongaron hasta 1884, año en que muere Perera.[92]


Este ligero recuento de la educación secundaria en Carora revela que esta ciudad siempre contó, aunque intermitentemente, con su educación secundaria particular o privada. La acción gubernamental en este sentido sólo fue posible en el año 1891 cuando el doctor Raimundo Andueza Palacio, Presidente de Venezuela, ascendió a la categoría de Federal al Colegio La Esperanza del doctor Ramón Pompilio Oropeza, tal y como se verá inmediatamente después.

3.3. FUNDACIÓN DEL COLEGIO LA ESPERANZA. ANTECEDENTES, 1886-1890

Los "patricios caroreños" habían visto con tristeza como desapareció el Colegio La Paz del Dr. Lázaro Perera en 1886. De esta forma la ciudad de Carora quedó condenada de nuevo a no tener un colegio establecido en forma permanente. Por esa misma época, los notables tocuyanos Egidio Montesinos y el sabio Lisandro Alvarado andaban estudiando la posibilidad de trasladar el famoso Colegio de La Concordia desde El Tocuyo a Carora, proyecto que no llegó a materializarse ya que el doctor Ildefonso Riera Aguinagalde persuadió al Br. Montesinos, Rector de aquel afamado colegio, para que no hiciese el traslado.[93]

Poco después durante el gobierno del Dr. Juan Pablo Rojas Paúl (1888-1890) se volvió a encender el ánimo de los caroreños. En esos años fueron varias las diligencias y las peticiones que se hicieron tal sentido. En 1888 ya se daba como un hecho la creación del colegio. El gobernador del Estado, General Aquilino Juárez, habla de que "pronto vendrá de Caracas la lista de caroreños aptos para Rectores y Catedráticos"[94]. Erróneamente se había pensado que el colegio por decretarse en Carora iba a ser de Primera Categoría tal como el que ya existía en Barquisimeto desde 1884 y que tenía la facultad de otorgar títulos de médico y de abogado.[95]

Este hecho revela la magnitud del deseo de los "patricios caroreños" por tener no un Colegio de Segunda Categoría sino de Primera. Pero ¿cuál es el significado de esta desmesurada ambición? Dos explicaciones son posibles: primera, Carora sentía que siendo una ciudad importante del Estado Lara, sin embargo no poseía su Colegio, privilegio que gozaban Barquisimeto y El Tocuyo. Ya hemos dicho que el Colegio Federal de Segunda Categoría de Barquisimeto fue elevado a la condición de Colegio de Primera categoría y que en El Tocuyo funcionaba desde 1863, el Colegio de La Concordia dirigido por el Br. Egidio Montesinos[96]. Segunda: al establecerse en Carora un Colegio de Primera Categoría significaba que se iban a crear una importante cantidad de cargos de catedráticos y de rectores, los cuales por su puesto, habrían de se ocupados por los médicos y abogados que vivían en Carora.

Mientras tanto, las buenas intenciones del Presidente Rojas Paúl se desvanecían rápidamente ya que el ofrecimiento del Colegio no se llevó a efecto jamás. Es necesario recordar que su breve período de gobierno fue bastante convulso, escenario de una reacción antiguzmancista que se manifestó en mil ocasiones: el General Joaquín Crespo intentó invadir a Venezuela desde las Antillas, en 1889, el pueblo de Caracas derriba las estatuas de Guzmán Blanco y las de su padre Antonio Leocadio Guzmán y saquea sus propiedades. Toda esta serie de acontecimientos impidieron que Rojas Paúl se ocupara de aquella promesa hecha a una remota localidad venezolana cuando tenía que resolver asuntos políticos más urgentes: extender su período de gobierno a cuatro años y eliminar el Consejo Federal. En febrero de 1889, un mes antes de vencer el bienio de Rojas Paúl ya los entusiasmos se enfriaron y el ánimo de los caroreños estaba por el suelo. El joven Lucio Antonio Zubillaga, futuro Vice-rector del Colegio La Esperanza escribía a su padre en aquellos días diciéndole: “somos muy de malas los caroreños”.[97]

Pero al comenzar la novena década del siglo XIX la situación se iba a poner a favor del ansiado deseo de los caroreños. Al llegar el año 1890, la situación del país, cambia notablemente. El estado de la economía es uno de los mejores del siglo XIX, el clima político es bastante favorable a la paz y a la tranquilidad. El nuevo Presidente, Andueza Palacio dispuso de mayores recursos económicos que gobierno alguno hasta entonces.[98]

En Carora no cesa el empeño de los "patricios" por ver instalado su Colegio de Secundaria en un lapso perentorio. Es en estos años cuando unos ricos comerciantes caroreños van a poner su empeño en la creación de esta institución. Ellos son Andrés Tiberio Alvarez y Amenodoro Riera, quienes comenzaron a hacer las diligencias necesarias para fundar en Carora un colegio particular de secundaria. Los primeros meses del año 1890 son de movilización y de contactos con los padres de familia y con las autoridades locales. Alvarez y Riera son hombres de acción y ponen mucho entusiasmo en lo que hacen. No en balde eran personas que han logrado amasar unas considerables fortunas. Ellos son dos conspiscuos representantes de una clase social en vigoroso ascenso, que se ha hecho poseedora de grandes propiedades territoriales, que monopoliza el comercio caroreño. A fines del siglo XIX, los “godos de Carora” logran constituirse en una poderosa clase social. con rasgos de casta, que emprende una notable obra social, cultural y educativa muy significativa que continuará durante el siglo XX. Andrés Tiberio Alvarez y Amenodoro Riera no esperan mucho del gobierno nacional, ya que la promesa del Presidente Rojas Paúl se evaporó tan rápido como su corto período de gobierno. Cuando se inicia el año 1890 está por culminar el bienio de Rojas Paúl y reina una gran agitación política en Caracas. No hay lugar para hacer peticiones al gobierno, está por decidirse quién es el sucesor de Rojas Paúl. Andrés Tiberio se entera de que el Dr. Raimundo Andueza Palacio ha sido electo Presidente de Venezuela para el período 1890-1892. Pero continúa adelante. Las esperanzas de que se funde un Colegio Federal en Carora son muy remotas. Pero esto anima más a los caroreños en la idea de que es la iniciativa privada quien debe asumir la obra fundacional. Alvarez y Riera son los abanderados del movimiento que pone en acción a todo el "patriciado caroreño" por la creación de un Colegio particular.

Entre tanto, se produce un hecho muy significativo en la historia de la educación en Carora. Se trata de la llegada a la ciudad del recién graduado doctor Ramón Pompilio Oropeza. Esto sucedió el mes de marzo de 1890, tres meses antes de fundarse el Colegio Particular La Esperanza. Veamos lo que dice del joven abogado Cecilio Zubillaga Perera:

''los caroreños estimaron en el Dr. Oropeza un hombre capacitado excelentemente para otra función más noble que no la de disputar asuntos contenciosos con rábulas y cagatintas en los tribunales de justicia. Para el Rectorado; para dar luz en la Cátedra veían indicada su autoridad como una especie de determinación (...) así se ve luego agitada la idea del Colegio, apenas acababa de llegar el maestro presentido.[99]

Ramón Pompilio Oropeza, joven abogado, deja a Caracas donde tenía asegurado un futuro promisor, tal como lo expresa Alberto Alvarez:

"Pompilio recibe tentadoras ofertas que le anunciaban un porvenir brillante, un nombre ilustre y una muy buena posición económica. Una de ellas (...) fue la Secretaría de la Legación Francesa, otras, el ingreso al personal docente de la Universidad de Caracas y cargos (…) en la magistratura nacional."[100]

Con todo, el joven Oropeza decide, llamado por su tierra, venirse a Carora y como expresa Ambrosio Oropeza:

“No puede uno explicarse, sino por razones puramente sentimentales la conducta de este hombre raro que da la espalda a un mundo de mucha figuración y mucho ruido por venirse a enseñar y educar a este desierto caroreño, en donde siempre se está a la defensiva contra el calor y contra los espinares, contra la tierra dura y seca y hasta con el diablo mismo (...) que levantó aquí tienda y morada."[101]

Ciertos comentarios suspicaces levantó la llegada de Ramón Pompilio. Se decía que era un hombre de ideas muy liberales e innovadoras[102]. Pero pudo su ya conocida condición de maestro y pedagogo contra el comentario suspicaz. Los "patricios caroreños" conocían sus aptitudes educativas. En efecto, dice Alberto Alvarez de su actividad pedagógica:

"Ya iniciada en Carora y que luego sería la pasión de su vida, la docencia. Dictó cátedra en varios colegios de Caracas. Fue catedrático de Gramática Castellana en el Colegio Venezuela que regentaba el célebre químico y naturalista, Dr. Adolfo Fridensberg. En el Colegio para señoritas, Las Mercedes, dirigido por la Srta. Teresa Eduardo, dictó cátedras de Gramática e Historia y en el Seminario Metropolitano (...) fue profesor de física."[103]

En 1890 se unen dos hombres muy distintos el uno del otro para crear el Colegio Particular La Esperanza. Dos hombres, Andrés Tiberio y Ramón Pompilio Oropeza convergen en una meta común, la fundación de un colegio particular. Nunca el destino ha unido dos hombres tan distintos. Andrés Tiberio es un rico comerciante, el hombre más influyente de Carora de fines del siglo XIX. Ha amasado una enorme fortuna y tiene un gran ascendiente social y cultural. ¿Cuál ha sido el origen de esta cuantiosa fortuna? ¿De dónde salió el dinero con que Andrés Tiberio contribuyó a la fundación del Colegio La Esperanza? La respuesta es sencilla: la retroventa, forma jurídica que hizo estragos entre los agricultores que no tenían recursos para liberar sus propiedades. Andrés Tiberio obtuvo muchas de sus propiedades a través de este leonino procedimiento en que los bienes eran hipotecados bajo la amenaza de desposesión.

Dada la importancia de la agricultura como actividad económica fundamental, la retroventa atacaba de raíz su base de sustentación, la propiedad de la tierra y por consiguiente ¾afirma Irene Rodríguez Gallad ¾:


"al instituir el "traspaso condicional" en beneficio de los prestamistas, aumentaba cada vez más la concentración de la propiedad territorial como rasgo de aquella estructura agraria deprimida."[104]

De la retroventa, odiosa y aniquilante práctica decía Valero Lara:

"Si tenemos la retroventa, única creación que subsiste de todo aquello que pretendiera fundar un poder absorbente de todo, así de autoridad como de riqueza que fueron de la nación".

Sí, tenemos retroventa para el traspaso condicional de la propiedad, que no sólo esteriliza el campo de la actividad industrial sino que concentra en pocas manos el patrimonio privado que fue el fruto de una labor penosa: la del infeliz agricultor."[105]

Andrés Tiberio Alvarez es un verdadero "mago de la retroventa". Así lo atestigua nuestra investigación en los Archivos larenses. En un solo año (1890) utilizó repetidamente esta odiosa práctica para desposeer haciendas, trapiches, casas y solares, en el Distrito Torres, Churuguara y Carache (véase anexo, La Fortuna de Andrés Tiberio Alvarez). La retroventa fue tan perjudicial que el Presidente Castro hubo de dictar en 1901 un decreto que establecía la moratoria en el lapso de las deudas garantizadas con bienes raíces sometidas a contratos de retroventa.[106]

Este singular y despiadado hombre de negocios nuestro, Andrés Tiberio, tío de Ramón Pompilio Oropeza, sin embargo quedará siempre en el recuerdo y la estima de los caroreños por haber sido él, junto a su sobrino, los pilares sobre los que se levantó la obra fundacional del Colegio La Esperanza.

Pero, ¿Qué motivó a estos hombres de fortuna, a Andrés Tiberio y a Amenodoro Riera, a fundar un colegio particular de enseñanza secundaria? ¿Fue acaso un jugoso negocio más? No lo creemos, más bien nos inclinamos a pensar que el móvil de la creación del instituto fue más bien de tipo familiar: tanto Andrés Tiberio como Amenodoro tenían varios hijos a quien educar y no era conveniente enviarlos a Barquisimeto o a El Tocuyo a seguir estudios de secundaria, como era la costumbre entre los caroreños ricos.

Dichos comerciantes no querían alejar a sus hijos de sus negocios y comercios, después de todo era preciso que aquellos jóvenes se empaparan de las actividades comerciales de sus padres. Enviarlos fuera de la ciudad significaba extrañarlos de la activa ciudad comercial que era Carora en aquellos años, y esto no les convenía.

También privaba el orgullo de los caroreños. Una amable rivalidad con El Tocuyo ¾dice ¾ en repetidas ocasiones Chío Zubillaga¾ hacía pensar que no había motivos para que Carora no poseyese su Colegio como sí lo tenía El Tocuyo: El Colegio La Concordia del bachiller Egidio Montesinos y que había dado ya sus frutos desde muchos años atrás[107]. Pero volvamos a preguntamos una vez más: ¿Iba a ser aquel colegio privado una jugosa empresa comercial más? Muy difícil. Si se desprende de la corta duración de su existencia, que va desde el 1º de mayo de 1890 hasta el 11 de junio de 1891, podemos inferir aquella pequeña empresa comercial no dio en ese corto período de tiempo los resultados económicos que se esperaban {véase más adelante: Elevación a Federal del Colegio La Esperanza).

Aunque bien es cierto que la educación privada gozaba de muy buena salud en aquellos años, y que la actividad particular rivalizaba con la oficial en ese período.[108]

La memoria del Ministro de Instrucción Pública de 1899 dice que tales colegios gozaban de buena salud y constituían un número bastante apreciable, tal como se ve en el siguiente cuadro:

CUADRO IV

COLEGIOS PARTICULARES DE VARONES (1889)

NOMBRE LUGAR
Roscio Caracas
San Agustín Barquisimeto
Bolívar Yaritagua
La Concordia El Tocuyo
Talavera Coro
Bolívar Tinaco
San Juan Bautista Aragua de Barcelona
Bolívar Maracaibo
Marcano Juan Griego
Santa Rosa Carúpano
Salvatierra Ospino
Sagrado Corazón La Grita
Cagigal Upata

Fuente: Fernández Heres. Memoria de 100 Años. T. III. p. 378.

Nótese que el número de Colegios Particulares de Varones es en ese año de 1899 de 13 instituciones, sin tomar en cuenta los colegios particulares de hembras. La Memoria del Ministro de Instrucción del año siguiente, 1890, nos refiere que los Colegios Federales de Segunda Categoría son 14, distribuidos en las localidades siguientes: Asunción, Aragua de Barcelona, Boconó, Barinas, Bolivia (sic), Cumaná, Guanare, Maturín, Petare, San Felipe, San Carlos, San Fernando, San Cristóbal y Zaraza.[109]

La Memoria de Instrucción del 1889 se refiere en términos muy elogiosos a los Colegios Particulares, dice de ellos lo siguiente:
Colegios Particulares de Varones

Hay otros colegios que coadyudan a la Instrucción Superior y Científica, fundados por particulares en los que se enseñan las lenguas Griega y Latina, los tres primeros años de Ciencias filosóficas y algunos idiomas vivos (...) Todos los institutos enumerados marchan con la debida regularidad v cuentan con numerosos alumnos.[110]

Con toda esta serie de opiniones en su favor se llevó a efecto la fundación del Colegio Particular La Esperanza, retoño de otro colegio particular, el Colegio La Concordia de El Tocuyo regentado por el bachiller Egidio Montesinos Canelón.

Es preciso anotar que este relativo auge de la educación particular era estimulado por el gobierno nacional. El credo liberal del siglo XIX reconocía la posibilidad de que los particulares asumiesen la educación de sus hijos. Más aún en el Ministerio de Instrucción Pública protegía a dichos colegios particulares asignándoles algún presupuesto y protegiéndoles desde el punto de vista legal, tal como lo examinaremos seguidamente.

3.5. INSTALACIÓN DEL COLEGIO LA ESPERANZA, 1890

Este memorable acontecimiento en la historia de la educación venezolana ocurrió el 1º de mayo de 1890. Un caroreño de ascendencia israelita dice del Acto de Instalación lo que sigue:

"El 1º de este mes se instaló el Colegio presidido por Pompilio, concurrieron muchos padres de familia y fueron gratas y satisfactorias las emociones del acto. Se instaló con 22 alumnos. Ya tiene 24 y espera dos más que le vendrán de la Cordillera (de Los Andes)."[111]

Aquel jueves 10 de mayo de 1890, fue escrita una breve Acta que da fe sobre la creación del Colegio de secundaria de carácter particular en Carora. Veamos lo que dice el Acta en cuestión:

Acta de Fundación del Colegio
La Esperanza de Carora

En la ciudad de Carora, a primero de mayo de 1890, presentes en el salón de la casa que el Concejo Municipal ha destinado para Colegio, los padres de familia que suscriben, el señor Doctor Ramón Pompilio Oropeza, Director de el Colegio que hoy se inaugura, y los alumnos instaladores. Presidió el acto el respetable ciudadano General Federico Carmona, quien en frases adecuadas manifestó la satisfacción con que el pueblo caroreño veía realizado uno de sus más ardientes y legítimos deseos. Exhortó a los alumnos a que se aprovecharan de las lecciones de su ilustrado Director, declarando inaugurado el Colegio La Esperanza, que tal es el título de esta casa de educación.

Luego se oyó con sumo agrado la breve y elocuente improvisación del señor Doctor Oropeza, aceptando y asumiendo las responsabilidades que se ha impuesto. Sus palabras fueron recogidas con aplausos y manifestaciones de satisfacción.

Los alumnos instaladores son los siguientes:

Ramón Fidel Montes de Oca Pedro Francisco Carmona
Heriberto Alvarez Pablo José Alvarez
Rafael Lozada Dionisio Alvarez
Florentino Santeliz Pablo González Hijo
José María Zubillaga Ignacio Zubillaga
Froilán Rafael Alvarez Ernesto Alvarez
Ramón Riera Juvenal Montes de Oca
Juan Bautista Franco Hijo Fortunato Franco
Porfirio A. Alvarez Ignacio Andrés Alvarez
Rafael Riera Valerio Santeliz
Pedro Antonio Crespo

Los padres de familia presentes por sí ya nombre de los que no han podido asistir a este acto, ofrecieron al Director, Doctor Oropeza, toda su cooperación, a fin de que llegue este plantel de enseñanza al grado de esplendor que merece esta ciudad y como la tuvieron un día los memorables Colegios de San Andrés y de La Paz.

Federico Carmona Andrés Riera
Antonio María Zubillaga Andrés Tiberio Alvarez
Ramón Pompilio Oropeza Amenodoro Riera

Fuente: Libro de Actas del Colegio La Esperanza 1890. Folios 1 y 2.

Este interesante documento requiere, dada su importancia, un pormenorizado análisis para extraer de él una serie de interpretaciones sobre lo que motivó su redacción, las circunstancias en que fue escrita, así como el contenido de su texto y de lo que en forma implícita o explícita aparece en él.[112]

Empecemos por el exterior, por así decirlo, la crítica externa del documento: En primer lugar es necesario indicar que el Acta de Fundación del Colegio La Esperanza es un documento único en su especie. Queremos decir con esto que existe un solo ejemplar del Acta y no aparece, claro está ninguna copia del documento. Esto se explica por el hecho de que La Esperanza fue fundado como colegio particular o privado, por lo tanto su acta de fundación no aparece registrada en ninguna dependencia gubernamental, ni local ni nacional.

Esto revela varias cosas: la primera es que el Ministerio de Instrucción Pública no tenía ingerencia directa en el asunto, tal como se desprende de lo que dice en la Memoria de 1891 el Ministro Eduardo Blanco, veamos:

Colegios Particulares

Aún cuando el gobierno no dispone de intervención directa en el régimen de los Colegios Particulares, ha sido sin embargo práctica del Ministerio de Instrucción Pública solicitar de los Directores de aquellos establecimientos un informe anual por el que pueda adquirirse noción clara del grado de adelantamiento que alcanza en el país el ramo de la enseñanza secundaria.[113]

Más adelante se lamenta el Ministro Blanco que:

"Bajo el número 76 se inserta, la circular que se pasó a los Directores de Colegios Particulares, tanto en la capital como en los Estados de la República; sin que me sea dado publicar todos los informes solicitados, en razón de que ha habido algunos institutos que no han correspondido a la excitación oficial."[114]

De lo antes expresado por el Ministro Eduardo Blanco se desprende que las relaciones de los colegios particulares con el Ministerio eran bastante fláccidas y a veces totalmente inexistentes.

Cuando un colegio particular era abierto debía someterse a ciertos requerimientos legales. En la misma memoria de 1891 se dispone que:

"La ley previene que las materias comprendidas en el trienio filosófico no pueden leerse válidamente sin que proceda autorización del Ejecutivo Federal."[115]

Notorio es que en la Memoria de 1891 no aparezca una solicitud de tal autorización por parte de los directivos del Colegio La Esperanza. Veamos lo que dice el Ministro Eduardo Blanco:

"Bajo los números 68 y siguientes van, pues, las resoluciones dictadas por el Ministerio de mi cargo referentes a la autorización aludida, dictadas por solicitud de los Directores de establecimientos particulares abiertos en el Distrito Federal, Estado Carabobo, Bolívar y Zulia."[116]

Lo cierto es que el año 1891 la Memoria que recoge los acontecimientos educativos del país para el año anterior (1890) no registra ninguna solicitud para "leer válidamente el trienio filosófico" procedente del Estado Lara. Quiere decir que el recién fundado Colegio La Esperanza no tuvo en sus inicios como colegio particular ninguna relación con el aludido Ministerio.

El Libro de Correspondencias (Libro Copiador) de La Esperanza fue abierto en enero de 1892, es decir al año siguiente de su elevación a la categoría de Colegio Federal de Segunda Categoría, y es en este momento cuando nuestro colegio inicia su relación orgánica con el Ministerio de Instrucción Pública.

En efecto el Oficio Nº 2, del 15 de marzo de 1892, se dirige al Ministro de Instrucción Pública proponiendo al Ejecutivo Federal los candidatos para la elección de examinadores de las materias que se cursan en este instituto[117]. Antes de esta correspondencia no tenemos otro oficio de esta naturaleza, salvo la solicitud que en el primer semestre de 1891 hizo el doctor Ramón Pompilio Oropeza en la cual aspira a la autorización necesaria para establecer en el Colegio La Esperanza de la ciudad de Carora las cátedras propias del trienio filosófico[118]. Pero este asunto será objeto de análisis más adelante, en el subcapítulo que sigue.

De todo lo anterior se infiere que en sus primeros meses de vida, que van desde ella de mayo de 1890 hasta el 11 de junio de 1891, la institución transitó una solitaria travesía en el desierto y sobrevivió únicamente gracias al esfuerzo y el apoyo que le brindaron los "patricios caroreños" y las instituciones de gobierno local. Es más, el Ministerio de Instrucción no dio a La Esperanza ningún auxilio ni subvención monetaria durante ese breve período de su vida. Otras instituciones particulares del país sí gozaron de esta ayuda oficial como podrá apreciarse[119] más adelante en el Cuadro XI.

En lo que se refiere al contenido, al texto (crítica interna), el Acta comienza diciendo que el acto de instalación se lleva a efecto "en el salón de la casa que el Concejo Municipal ha destinado para Colegio…". No aclara el documento bajo qué convenio fue cedida aquella casa. Nuestras investigaciones nos han revelado que la municipalidad cobraba un alquiler por el uso de ese inmueble. Esto desmiente la idea de que el concejo prestó una ayuda completamente desinteresada a los fundadores de la institución. En todo caso el señor Andrés Tiberio había aportado una cantidad significativa de dinero con el cual se podía pagar el alquiler.[120]

Más adelante, reza el Acta, que "Presidió el acto el respetable ciudadano General Federico Carmona". Este singular personaje era un típico "General de Montoneras" común en nuestro agitado siglo XIX. Había llegado a ser Presidente del Estado Lara durante el gobierno del doctor Juan Pablo Rojas Paúl (1888-18901. De este personaje se refiere Ambrosio Perera en los siguientes términos:

"Fue una persona de suma notoriedad en la política del Estado Lara, durante largo tiempo, y propulsor de la cultura intelectual, ocupó la presidencia de esta entidad y fue uno de los más entusiastas promotores del establecimiento del Colegio La Esperanza."[121]

El General Carmona es el padre del Br. Federico Carmona Alvarez, fundador del Diario "El Impulso" en 1904, y del joven Pedro Francisco Carmona quien fue inscrito en el Colegio La Esperanza en 1891. De este hecho se desprende que el citado General tenía un interés personal en el asunto.

Sobre el nombre escogido para la institución, hemos de decir que se do be a que la fundación y el establecimiento del colegio era un deseo y una aspiración de larga data de los "patricios caroreños". Recuérdese que antes de La Esperanza hubo dos colegios de secundaria en Carora, el San Andrés y el de La Paz, los cuales cerraron sus puertas en 1858 y 1869 respectivamente. La palabra "Esperanza" expresaba el deseo de que la nueva institución permaneciera en el tiempo, se consolidara y que no transitara el efímero camino de sus precedentes.

Agrega el Acta que se desea que llegue el nuevo instituto ''al grado de esplendor que merece esta ciudad''. Se denota que los fundadores de la institución son hombres orgullosos de su gentilicio y de su ciudad. Ya en el siglo XVIII decía el Obispo Martí que Carora era una ciudad de ''cierto empaque" y que su gente tenía ''cierta prestancia''.[122]
Además existía entre Carora y su vecina ciudad de El Tocuyo una "fraterna rivalidad que las llevó a competir de modo amable y cordial"[123]. Desde comienzos del siglo XIX, los caroreños miraban cómo la ciudad de El Tocuyo poseía un Colegio Nacional y que al desaparecer éste abrió sus puertas el célebre Colegio de La Concordia del Sr. Egidio Montesinos. Nada justificaba que Carora no poseyera su instituto de secundaria. Sigue el Acta planteando un reto colectivo realizable a través de la figura del joven Dr. Oropeza: se le ofrece al joven abogado la cooperación a fin de que el plantel y la ciudad vayan unidos en el proceso de engrandecimiento y esplendor. Nótese que la palabra "progreso" no se emplea en esta oportunidad.

Otra observación: fue aquel un acto más discreto, más bien pequeño. El recinto que fue escenario de la instalación no es de grandes dimensiones. En este salón se congregaron los 22 alumnos instaladores y un número de 50 ó 60 personas más reclutadas entre los padres de familia y el público en general.

No debemos olvidar que la creación de La Esperanza fue obra de un reducido grupo de personas, los "patricios caroreños", clase económica y social dominante con rasgos de casta que dominaba también la vida política y cultural de la ciudad. De allí lo exiguo del Acto de Fundación.

Finalmente, los firmantes del acta: Se trata de los más conspicuos representantes del "mantuanismo caroreño" entre quienes se encuentran: el Doctor Andrés Riera Silva, médico, político e intelectual; el bachiller Antonio María Zubillaga, egresado de La Concordia de El Tocuyo y docente del Colegio Privado del Licenciado Lázaro Perera; los ya mencionados Dr. Oropeza, el General Federico Carmona, Andrés Tiberio Alvarez y Amenodoro Riera.

Muchos años después, en un discurso que pronunciara el Dr. Oropeza con motivo del XXXI aniversario del Colegio La Esperanza en 1931, se quejaba de que el día de la fundación del Colegio "un número de importantes elementos" de la colectividad prefirió irse a Curarigua, localidad en donde se escenificaba un gran desafío de gallos antes que brindarle apoyo a aquella extraordinaria empresa educativa que nacía[124]. Quiere decir que el Colegio La Esperanza no contó durante su nacimiento con el apoyo total y en bloque de todo el "patriciado caroreño". Esto seguramente se debió a los recelos y rivalidades existentes entre los "godos de Carora". No debemos olvidar que el rico comerciante Andrés Tiberio Alvarez, financiador de La Esperanza, amasó su fortuna gracias a la odiosa práctica de la retroventa, la cual le granjeó muchas enemistades. Por último, el tibio apoyo que recibió el instituto pudo haber sido por causa de la simple apatía, el desinterés o a la envidia, la pasión que corroe a los pueblos hispánicos.

3.6. LOS DOCENTES DE LA ESPERANZA. ORIGEN SOCIAL

Como correspondía a todo Colegio de Segunda Categoría los docentes eran sólo dos y entre ellos se repartían las asignaturas del pensum. En el Colegio La Esperanza los catedráticos eran el Rector del Colegio, el Dr. Oropeza y el Vice-rector, el Dr. Lucio Antonio Zubillaga.

El origen social de estos dos profesores lo ponen de relieve sus apellidos, que hunden sus raíces en lo que Ambrosio Perera llama "mantuanismo caroreño". De la familia Oropeza, de la cual provenía el Dr. Ramón Pompilio, dice Perera:

"familia ilustre por su inteligencia, que ha sido una que, desde la época colonia, ha mantenido en su mayor exponente el grado de intelectualidad en Carora. Se puede decir que desde que esta familia ha existido en Carora, no ha dejado de haber un representante suyo en las aulas universitarias. La familia Oropeza es sobre todo la familia de las leyes, siendo muchísimos los miembros de ella que han descollado en el foro por su sabiduría y por su honradez. Ha tenido representantes catonianos en la tribuna y en el profesorado sabios institutores."[125]

La familia es oriunda de Tenerife, Islas Canarias, de donde llegó Venezuela a principios del siglo XVIII. Entre sus ascendientes encontramos en distintas épocas, al Sargento Mayor Andrés Antonio Oropeza; al Pbro. Dr. Juan José Oropeza; el Dr. Francisco Javier de Oropeza; el Dr. José Manuel Oropeza, Rector de la Universidad de Caracas; el Dr. Ignacio Oropeza, el Lic. Andrés Oropeza[126]. Todos ellos personajes de importancia en la Carora colonial y republicana.

En el siglo presente, varios miembros de esta familia tendrán una significación nacional e internacional. Ellos son el constitucionalista Ambrosio Oropeza, el historiador Juan Oropesa (sic) y el pediatra de fama continental, Dr. Pastor Oropeza, quienes fueron discípulos del Dr. Ramón Pompilio en el Colegio La Esperanza.

De modo que el Dr. Ramón Pompilio pertenece a una vieja familia caroreña que se ha distinguido por la tendencia a buscar el conocimiento y el saber. Se podría muy bien afirmar que es la familia caroreña con más títulos académicos. Ramón Pompilio es un eslabón más en esta cadena de lauros universitarios.

A decir verdad, Ramón Pompilio no es un hombre de fortuna material. Más bien es una persona humilde y de vida austera. Vivió del ejercicio de la docencia y muy pocas veces de la abogacía. Dice Perera que: "supo mantenerse siempre fiel a los más rígidos principios de la moral y el decoro".[127]

El Vicerrector de La Esperanza, hasta que lo sorprendió la muerte en 1928, fue el Dr. Lucio Antonio Zubillaga.

La familia Zubillaga es originaria de las provincias vascas de España. Según el genealogista Ambrosio Perera, existen registros del apellido desde la Edad Media. En 1342, un Ochoa de Zubillaga ganó prueba de hidalguía en Mondragón.

El primer Zubillaga llegó a Venezuela en 1787. Antes de embarcarse Don Agustín Luis de Zubillaga "había justificado plenamente su hidalguía, pureza y limpieza de sangre, sin mezcla alguna de judías y agotes penitenciados por el Santo Tribunal de la Inquisición".[128]

A semejanza de la familia Oropeza, la familia Zubillaga ha mantenido una enorme vocación por el intelecto y el saber. Pero un rasgo muy marcado distingue a esta familia: la justicia social. Quizá sea una herencia de la indómita raza vasca y que tuvo su más clara expresión en los hermanos Carlos y Cecilio Zubillaga Perera, discípulos ambos de Lucio Antonio y de Ramón Pompilio en La Esperanza, quienes realizaron en Carora una notable obra de combate y justicia.[129]
No cabe duda que Ramón Pompilio y Lucio Antonio son los pivotes sobre los que descansa la recién creada institución. Ellos asumieron a plenitud el compromiso de educar a los jóvenes "patricios caroreños". El Abogado y el médico hicieron un lado en sus respectivas profesiones entregándose a la dura faena de enseñar en nuestro accidentado fin de siglo XIX.

La vocación educativa que mostraron estos dos hombres durante 46 y 38 años de ejercicio docente fue una singular herencia moral e intelectual que les sembró el ilustre educador tocuyano, Don Egidio Montesinos, cuando en la octava década del siglo XIX cursaron sus estudios de bachillerato en el Colegio La Concordia de aquella localidad morandina.

Fue el temple y la entrega de estos hombres lo que les permitió sortear y salir adelante en la accidentada existencia del Colegio La Esperanza en sus primeras décadas de vida. A base de tesón y mística evitaron el cierre del colegio en 1895; ni la guerra civil ni la prolongada clausura que sufrió la institución bajo el gobierno de Cipriano Castro logró doblegar la voluntad de estos dos grandes educadores a los que sólo la muerte logró separarlos de sus magisterios.

Otro dato importante: los doctores Oropeza y Zubillaga no eran en absoluto hombres de fortuna, no tenían dinero aunque pertenecían al "patriciado caroreño", participaban, eso sí, de sus usos sociales, costumbres y tenían ascendiente importante sobre sus pares, los "godos de Carora". Este liderazgo moral e intelectual lo asumieron en toda su plenitud los dos maestros de La Esperanza. No sólo eran simples educadores, eran el indiscutible punto de referencia moral e intelectual de Carora en aquellos tiempos en los que les tocó ejercer tan excepcional magisterio, magisterio que fue más allá del estrecho ámbito del aula de clases y que se desparramó por todo el cuerpo social de Carora.

3.7. LOS ALUMNOS DEL COLEGIO LA ESPERANZA: 1890-1892

No fueron otros sino los hijos de los "patricios caroreños" quienes se inscribieron para cursar sus estudios de bachillerato en el recién creado Colegio Particular. La élite social caroreña y nadie más, fue la que tuvo acceso a "1a enseñanza semiclásíca, semiaristocrátíca, semiprivilegiada que había privado hasta ahora en nuestros centros docentes"[130]. Es absolutamente cierto que durante el siglo XIX fue una pequeña minoría la que asistía a nuestros Colegios Nacionales y Colegios Federales Venezolanos.

En toda Venezuela era una exigua cantidad de jóvenes la que asistía a clases en aquellos colegios que nunca llegaron a ser más de 20 en todo el país y cuyo número de estudiantes inscritos en tales planteles no llegó a sobrepasar nunca el millar, tal y como se ve en el siguiente cuadro:


CUADRO VII
COLEGIO LA ESPERANZA DE CARORA
MATRICULA 1891-1892

ALUMNO MATRICULADO PADRES D REPRESENTANTES
Francisco Alvarez Froilán Alvarez Carlos Alvarez
Froilán R. Alvarez Ibíd.
Diego Herrera F1avio Herrera, Beatriz Oropeza
Fortunato Herrera Ibíd.
Rafael María Oropeza Jacinto Oropeza, Ludgarda Riera
Francisco M. Meléndez Juan M. Meléndez, Jacinta Luna
Ernesto Alvarez Andrés Tiberio Alvarez Silva
Valentín Cañizalez Félix Cañizalez, Clemencia Márquez
Juvenal Montesdeoca Rafael Montesdeoca, Felicia Oropeza
Rafael Márquez María de la Trinidad Márquez
Ambrosio Lameda Remigia Lameda
Abel Cañizalez Candelaria Cañizalez
Florentino Santeliz Ángel Santeliz, Felipa Salazar
Juan E. Cañizalez Marcelino Cañizales, Concepción Luque
Plinio Bracho Juan J. Bracho
Dimas Franco Juan B. Franco, Josefa Sosa
Pablo Alvarez José Alvarez, Manuela Alvarez
Porfirio Alvarez Ibíd.
Juan B. Franco Juan B. Franco, Josefa Sosa
Fortunato Franco Ibíd.
Adolfo A. Crespo Adolfo A. Crespo, Rebeca Gutiérrez
P. Francisco Carmona Federico Carmona, Filomena Alvarez
Ignacio Zubillaga Antonio M. Zubillaga, Elisa Perera
José Ma. Oropeza Ibíd.
Pedro Crespo M. Pedro Crespo G., Adelaida Meléndez
Teolindo Crespo Ibíd.
Beltrán Perdomo Elías Perdomo, Mariana Hurtado
Alberto Oropeza Rafael Riera Miguel Oropeza, Aurelia Santeliz
Rafael Riera Amenodoro Riera
Ramón Riera Dr. A. Riera Silva, Teodora Alvarez
Rafael Lozada Rafael Lozada, Obdulia Alvarez
Ambrosio Oropeza Luis Oropeza, Regalada Riera
Miguel Montero Francisco Montero, Leandra Legé
Jaime Riera Amenodoro Riera, Berenice Montesdeoca
Flavio Oviedo Amalio Oviedo, Calixta Mujica
Manuel Ma. Díaz Manuel Ma. Díaz, Eusebia González
Ángel Ma. Santeliz Ángel Santeliz, Felipa Salazar
Félix Alvarez Ignacio Alvarez, Abigaíl Alvarez
Agustín Alvarez Agustín Alvarez, Carlota Alvarez
Juan José Perera Juan José Perera, Francisca Montesdeoca
Ezequiel Ma. Crespo Ignacio Crespo, Eduvigis Meléndez
León Ma. Perdomo Elías Perdomo, Mariana Hurtado
Dionicio Alvarez Dionicio Alvarez, Eufrosiana Alvarez
Victor Amalio Oviedo Amalio Oviedo, Calixta Mujica
Vicente Meléndez Remigia Meléndez
Juan P. Oviedo Juan B. Oviedo, Saturdina Bracho

Fuente: Libro de Matricula Colegio La Esperanza 1891. Folios 1, 2, 3.
Compárese el cuadro anterior con el cuadro II: Las familias Caroreñas, blancas y españolas, y observaremos la repetición de los mismos apellidos: Alvarez, Herrera, Gutiérrez, Meléndez, Montesdeoca, Oropeza, Perera, Riera, Silva, Yépez y Zubillaga. Pero también aparecen en la matrícula del colegio otros apellidos: Cañizalez, Lameda, Santelíz, Bracho, Franco, Crespo, Perdomo, Lozada y Oviedo. Sin embargo el grueso de la matrícula inicial del colegio se extrae de aquel primer grupo de apellidos y no de este último.

Hemos dicho en otra parte que entre los "patricios caroreños" existe un rasgo muy particular: la endogamia. Fueron muy frecuentes los vínculos familiares que se establecieron entre personas de aquella minoría que permaneció fiel a su pasado hispánico. Nótese que los jóvenes Francisco y Froilán son de apellido Alvarez por vía paterna y también por vía materna. Otro tanto sucede con los hermanos Pablo y Porfirio Alvarez Alvarez. Obsérvese en el Cuadro VIII los cercanos nexos familiares de los jóvenes patricios que inician sus estudios en La Esperanza.

CUADRO VIII
ALUMNOS DEl COLEGIO LA ESPERANZA QUE
TIENEN NEXOS FAMILIARES ENTRE SI
(MATRICULA DEL AÑO ESCOLAR 1891-92)

ALUMNOS MATRICULADOS
NEXO FAMILIAR
Francisco y Froilán R. Alvarez (Alvarez)
Hermanos (caroreños)
Diego y Fortunato Herrera (Oropeza)
Hermanos (caroreños)
Pablo y Porfirio A1varez (Alvarez)
Hermanos (caroreños)
Juan Bautista, Fortunato y Dimas Franco (Sosa)
Hermanos (caroreños)
Rafael y Jaime Riera (Montes de Oca)
Hermanos (caroreños)
Ignacio y José María Zubillaga (Perera)
Hermanos (caroreños)
Pedro y Teolindo Crespo (Meléndez)
Hermanos (caroreños)
Rafael María y Alberto Oropeza
Primos y naturales de Carora
Flavio, Juan P. y Víctor Amalio Oviedo
Primos y naturales de Carora
Félix y Agustín A1varez (Alvarez)
Primos dos veces y naturales de Carora


Fuente: Libro de matrícula del Colegio la Esperanza, Año académico 1891-1892. Folios 1, 2 y 3. Perera, Ambrosio. Historial genealógico de familias caroreñas. Tomo I y II.

Nota: El apellido entre paréntesis es el de la madre, que se ha agregado para efectos de establecer los nexos familiares. Nótese la gran cantidad de personas con el apellido Alvarez, el cual era el más abundante entre los “Patricios Caroreños”. De un total de 46 alumnos inscritos en 1891, hemos establecido que 25 tienen algún vínculo o parentesco familiar.

Más revelador aún del carácter elitesco de la educación secundaria en Carora en el siglo XIX, es el hecho de que estos jóvenes procedían (muchos de ellos) de hogares que gozaban de una gran fortuna y de enormes recursos económicos. Allí están los hijos de los ricos comerciantes Andrés Tiberio Alvarez, Amenodoro Riera y Flavio Herrera quienes inscribieron ocho muchachos en La Esperanza. Antonio María Zubillaga, dueño de la Casa Comercial "Zubillaga Hermanos" inscribió tres.

Se evidencia que son estos ricos comerciantes los que han puesto todo su interés en que se creara un Colegio Particular para la enseñanza secundaría en Carora. Fueron ellos quienes apoyaron la idea de Andrés Tiberio y Amenodoro en tal sentido y fueron estos ricos comerciantes los que ayudaron financieramente a aquellos dos hombres para que aquel viejo sueño se hiciera realidad A continuación presentamos un cuadro que muestra el estrecho vínculo de los ricos comerciantes y propietarios de tierras con el recién creado Colegio. Veamos:
CUADRO IX
COLEGIO LA ESPERANZA Y FEDERAL DE CARORA
ALGUNOS ALUMNOS MATRICULADOS (1890-1900)
Y LA ACTNIDAD ECONÓMICA DE SUS PADRES

ALUMNO (S)
PADRES
ACTIVIDAD ECONÓMICA DE LOS PADRES
Diego Herrera
Miguel Herrera
José Herrera
Flavio Herrera y
Beatriz Oropeza
Casa Comercial “Flavio Herrera e hijos”, Carora.
Ernesto Alvarez
Tirso Alvarez
Andrés Tiberio Alvarez y
Julia Silva
Compra y venta de haciendas, hatos, terrenos y casas.
Pedro Francisco Carmona
Federico Carmona y
Filomena Alvarez
Casa Comercial “La Seductora” y la “Imprenta Torres”. Diario “El Impulso” (1904).
Ignacio Zubillaga
José María Zubillaga
Rafael Zubillaga
Antonio María Zubillaga y
Elisa Perera
Casa Comercial “Zubillaga Hermanos”, Carora.
Pedro Riera
Pablo Riera y
Dolores Alvarez
Propietario de ganado en el municipio Araure, Carora.
Rafael Riera
Jaime Riera
Samuel Riera
Amenodoro Riera y
Berenice Montes de Oca
Casa Comercial “Amenodoro Riera” hatos, haciendas, cañamelares.
Jesús María Arispe
Juan R. Arispe
Lorenzo Arispe y
Susana Meléndez
Casa Comercial “Lorenzo Arispe” Carora
Jacobo José Curiel
Jacobo J. Curiel y
Zoila Mármol
Botica “La Americana”, Carora

Fuente: Libro de matrícula Colegio La Esperanza, Folios 1 al 28. Comprendidos los años 1890 al 1900. García Rodríguez. Taylor. Historia económica y social de Carora siglo XIX, (Mimeografiado). Barquisimeto, 1993. pp. 393. 394. 395 (establecidos comerciales, Carora 1870-1900); pp. 269: Cuadro Muestra: Propietarios de ganados. Dtto. Torres 1883.

En lo que se refiere a la procedencia geográfica de los alumnos de La Esperanza y del Colegio Federal se observa que la mayoría viene de la misma ciudad que sirve de asiento al colegio: 36 de ellos son caroreños y apenas 10 son nacidos en otras localidades. En sus inicios fue La Esperanza un instituto casi exclusivamente para caroreños pertenecientes al patriciado. Ellos conforman más del 75 % de los matriculados entre 1891 y 1892.

Del interior del Distrito Torres sólo aparecen los nombres de dos jóvenes: Florentino Santeliz, natural de Río Tocuyo, y Ezequiel María Crespo, de Acarigua.

De la Cordillera, tal como se le decía a los Andes en aquella época, vinieron al colegio seis muchachos. Procedían del Estado Trujillo, principalmente de Carache y Chejendé, localidades con las cuales Carora tenía intensos nexos comerciales: el café de estos poblados pasaba por Carora en vía hacia Coro y Puerto Cabello.[131]

El cuadro que sigue nos da una idea precisa de la procedencia geográfica de los alumnos de La Esperanza, veamos:


CUADRO X
MATRÍCULA DE LOS ALUMNOS DEL COLEGIO FEDERAL “CARORA”
AÑO ACADÉMICO DE 1891 A 1892

NOMBRE
EDAD
LUGAR DE NACIMIENTO
Francisco M. Alvarez
Froilán R. Alvarez
Diego Herrera
Fortunato Herrera
Rafael Ma. Oropeza
Francisco M. Meléndez
Ernesto Alvarez
Valentín Cañizalez
Juvenal Montesdeoca
Rafael Márquez
Antonio Lameda
Abel Cañizalez
Florentino Santeliz
Juan E. Cañizalez
Plinio Bracho
Dimas Franco
Pablo Alvarez
Porfirio Alvarez
Juan B. Franco
Fortunato Franco
Adolfo A. Crespo
P. Francisco Carmona
Ignacio Zubillaga
José Ma. Zubillaga
Pedro Crespo M.
Teolindo Crespo
Beltrán Perdomo
Alberto Oropeza
Rafael Riera
Ramón Riera
Rafael Lozada
Ambrosio Oropeza
Miguel Montero
Jaime Riera
Flavio Oviedo
Manuel Ma. Díaz
Ángel Ma. Santeliz
Félix Alvarez
Agustín Alvarez
Juan José Perera
Ezequiel Ma. Crespo
León Ma. Perdomo
Dionicio Alvarez
Víctor Amalio Oviedo
Vicente Meléndez
Juan P. Oviedo
17
16
15
14
12
16
14
19
16
17
14
14
16
11
19
10
16
14
11
12
12
18
15
16
16
14
14
17
14
15
18
19
15
11
17
16
12
13
14
15
16
13
17
12
14
16
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carache (Trujillo)
Carora
Chejendé (Trujillo)
Carora
Chejendé (Trujillo)
Carora
Chejendé (Trujillo)
Río Tocuyo (Lara)
Chejendé (Trujillo)
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Barbacoas (Lara)
Carora
Carora
Carora
Siquisique (Lara)
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Carora
Atarigua (Lara)
El Tocuyo (Lara)
Carora
Carora
Carora
Carora

Fuente: Libro de Matrícula del Colegio La Esperanza. Folios: 1 al 3. Todos estos alumnos se matricularon en el Colegio Federal “Carora” hasta el día 15 de octubre de 1891.
2.8. PLANTA FÍSICA, RENTAS Y GASTOS DEL COLEGIO LA ESPERANZA

El Colegio La Esperanza tuvo desde sus inicios un problema crónico: la planta física. A juzgar por la cantidad de locales que ocupó en diversas épocas, este fue un problema recurrente de la institución. Podría decirse que fue durante muchas décadas un Colegio itinerante, pues hubo de ocupar 5 locales distintos.[132]

Durante el siglo XIX y buena parte del XX fueron su lugar de residencia viejas casas coloniales ubicadas en el casco viejo o zona colonial de Carora.

El Estado liberal del siglo XIX no acometió jamás una política sistemática para la construcción de locales y edificios educativos. Fue a comienzos de este siglo cuando se dio un significativo paso en este sentido. En efecto, en 1907 el General Cipriano Castro por boca de su Ministro de Instrucción, Dr. Laureano Vallenilla dice al respecto:

"Entre los adelantos que el General Castro se propone introducir en este ramo (…) sobresale el de comenzar la fabricación de edificios para las escuelas, como se usa en todos los países cultos (...) Estos livianos edificios no pueden costar más de diez mil bolívares cada uno."[133]

Y más adelante se queja el Ministro diciendo que:

"Nada más lastimosa idea de la civilización de un pueblo que ver sus escuelas en casuchas, corrales y zaguanes."[134]

No llegó a tanto la situación de La Esperanza. La casa en que comenzó sus labores tenía un aspecto más bien señorial y distinguido: fue construída en 1776 y adquirida en fecha no precisada por el Concejo Municipal, organismo que la destinó para cárcel y cuartel.[135]

Se trata de una casona colonial amplia, bien construida, de gruesas paredes de bahareque y techo de tejas. Posee dos amplios salones y uno más pequeño que sirvió de oficina para los catedráticos. Además, tiene un amplio pasillo y un solar grande que sirvió de caballeriza.

Se ubica este local en la denominada Calle del Comercio, ya que en ella se encontraba el grueso de las actividades comerciales y por esta razón se consideraba una de las principales de la ciudad.

Años más tarde el colegio ocupó la casa en donde fue fundado el diario "El Impulso" en el año 1904. Se trata de una vieja casona ubicada en la esquina suroeste de la Plaza Bolívar.

Hasta 1963 no abandonó el Colegio Federal Carora la zona que lo vio nacer, esto es, la zona colonial y de valor histórico de Carora. Fue en ese año cuando la institución, al fin, obtuvo su sede definitiva cuando el gobierno del Presidente Raúl Leoni le entregó a la comunidad caroreña una flamante y moderna edificación que hoy sirve de asiento al Liceo Egidio Montesinos, institución heredera de los colegios La Esperanza y Federal Carora.
En lo que se refiere a los gastos y rentas del colegio no debemos olvidar que La Esperanza fue fundada por iniciativa particular o privada por obra de las diligencias hechas por Andrés Tiberio Alvarez y Amenodoro Riera, quienes proporcionaron una cantidad no especificada de dinero para tal efecto. Seguramente fue una suma que se recolectó entre los padres de familia interesados y buen dinero había para ello. Empero, surge una pregunta: ¿Cuál era el montante de esa suma de dinero?

Trataremos de establecerla haciendo una contabilidad de los gastos que podía ocasionar la institución. Empecemos por los salarios de los catedráticos. Estos eran los siguientes:

Sueldo mensual del Rector 400,00 Bs.
Sueldo mensual del Vicerrector 300,00 Bs.[136]
Alquiler del local 80,00 Bs.
Gastos varios 100,00 Bs.[137]

De esta forma tenemos que el colegio funcionó como particular con unos gastos de 800 Bs. mensuales aproximadamente. Si los fundadores previeron que el colegio funcionara sin problemas durante un año, esto dará la siguiente cantidad:

12 meses a 800 Bs. c/u = 9.600,00 Bs.
O bien: 6 meses a 800 Bs. c/u = 4.800.00 Bs.

Lo anterior significa que la suma recolectada por los fundadores debió estar por el orden de los 10 ó 12 mil Bs.[138]

En cuanto a la mensualidad que debían pagar los representantes de los alumnos, podemos inferir (por no disponer de información) que bien pudo ser de unos 25 ó 30 Bs. el costo de la mensualidad por cada alumno.[139]

Sobre el alquiler de la casa que originalmente ocupara el Colegio La Esperanza, no es cierto que la municipalidad entregó gratuitamente el local al colegio. Un oficio de 20 de enero de 1892 así lo testifica[140]. La autoridad pública lo cedía gratuitamente en aquellos casos en que suspendían los pagos corrientes de los presupuestos[141]. El Gobierno Federal suspendía y retrasaba frecuentemente estos pagos debido a la inestabilidad política de aquellos años. En un oficio del 12 de abril de 1892 dirigido al presidente del Concejo Municipal, el Dr. Oropeza, Rector del Colegio dice que:

"El Rector está obligado a consignar mensualmente los 80 Bs. de alquiler cuando sea pagado el recibo mensual de sueldos y gastos del Colegio que no de su peculio particular de donde ha de hacer esa erogación y que, por tanto las demoras de pago deben sufrirlas tanto el mismo Rector como los demás empleados y la corporación misma que ha cedido la casa al Rector bajo las condiciones que arriba dejo apuntadas."[142]


Es evidente que los problemas que por lo general sufría continuamente el colegio fueron "allanados por la constancia de sus Directores y por el esfuerzo de los padres de familia interesados en su conservación" tal y como lo refiere la Memoria del Ministro de Instrucción del año 1892, el ilustre novelista Dr. Eduardo Blanco.[143]

Durante el siglo pasado el Estado venezolano era extremadamente débil, endeble y su área de influencia y su determinación en la sociedad era pequeña y restringida. En educación hizo el Estado algunos esfuerzos por proteger y estimular la iniciativa privada. El Ministro Eduardo Blanco decía al respecto que:

"La suma total con que hoy contribuye el Tesoro Público al sostenimiento y progreso de planteles de enseñanza secundaria, que deben su existencia a iniciativa extraña al Poder Ejecutivo, es de Bs. 29.280 anuales."[144]

Cifra verdaderamente irrisoria si se le compara con los 161.227,44 Bs. que gastaba el Ejecutivo en el sostenimiento de los 17 Colegios Federales de Segunda Categoría que tenía Venezuela en 1891.

Aquella pequeña ayuda económica para subvencionar la educación secundaria de tipo particular nunca llegó al Colegio La Esperanza. Era muy remota la posibilidad de que los "patricios caroreños" consiguieran para su recién fundado Colegio una ayuda de ese tipo.

Además, eran muy pocos los Colegios Particulares de Secundaria del país que sí recibían subsidio del Ejecutivo y, como se ve en el siguiente cuadro, eran apenas subvencionados. Veámoslo:

CUADRO XI

MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA
SUBVENCIONES A COLEGIOS PARTICULARES DE SECUNDARIA
-1891-

NOMBRE
LUGAR
BOLÍVARES
Colegio Castillo

Valencia
7.200
Corazón de Jesús
La Grita
2.400
Colegio de Niñas de la Sociedad
Puerto Cabello
9.600
de Beneficencia


Colegio Dirigido por Carlos Liscano Quíbor
2.000
TOTAL: 21.200

Fuente: Memoria del Ministerio de Instrucción Pública 1891, en Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 479.

En 1891 existían en la república 30 de estos institutos. Si sólo cuatro de ellos recibían apoyo oficial, significa que el 13% del total de colegios de secundaria particulares recibían subvención.
En cuanto al mobiliario del Colegio, las visitas fiscales practicadas en distintos años, señalan que "el colegio carece por completo de mobiliario y los elementos conque (sic) actualmente cuenta han sido suplidos por los mismos Directores a sus propias expensas"[145]. En otra de estas visitas, en 1893, el Fiscal de Instrucción Pública de la Sección, Amenodoro Alvarez, se refiere al Colegio Federal Carora en los siguientes términos:

"Hago constar que este establecimiento carece por completo de mobiliario pues los muebles que tiene han sido suplidos en calidad de préstamo por los interesados."[146]

Quiere decir que cada alumno llevaba al Colegio las sillas y mesas que pudiera necesitar ya que el Estado no proveía a los institutos de tal mobiliario y que por la época no se había inventado aún el famoso "cepo académico": el pupitre.

3.8. DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES ACADÉMICAS DEL COLEGIO PARTICULAR LA ESPERANZA, 1890-1891

Cuando el Colegio La Esperanza aparece por primera vez en una Memoria del Ministerio de Instrucción fue para ser autorizado para leer el "trienio filosófico" junto a otros seis colegios particulares que funcionaban bajo esa denominación. La Memoria en cuestión es la que presentó el Ministro Eduardo Blanco en 1892. Quiere decir que estos colegios recibieron dicha autorización en 1891 y que, por lo tanto, La Esperanza la recibió un año después de su fundación que, como hemos visto, se produjo ella de mayo de 1890. Los siete colegios que recibieron tal denominación y que se sumaron a los 23 que ya existían para completar una suma de 30 Colegios Particulares en el país, son los que se presentan a continuación:

CUADRO XII

MINISTERIO DE INSTRUCCION PÚBLICA
COLEGIOS PARTICULARES DE SECUNDARIA
AUTORIZACION, 1891

NOMBRE DEL COLEGIO LUGAR DONDE FUNCIONA
Páez Acarigua
La Asunción Valencia
Galileo Valencia
Pineda Barquisimeto
Cristóbal Colón Nirgua
San Vicente de Paúl Valencia
La Esperanza Carora

Fuente: Memoria del Ministerio de Instrucción Pública 1892. Documentos Nos. 479 a 485. En Fernández Heres. Ibíd. T. II. p. p. 478 a 479.

En lo que se refiere a la reglamentación de los colegios particulares ésta databa del 20 de diciembre de 1872. Gobernaba al país el General Antonio Guzmán Blanco y el Ministerio de Interior y Justicia se encargaba de la Instrucción Pública. Tal reglamento dice así:

"Se fijaron reglas para que los Colegios Particulares de la República puedan leer las materias del trienio filosófico, produciendo los mismos efectos legales que en las universidades (…) el gobierno no impide a los colegios particulares el ejercicio del derecho constitucional sobre la libertad de enseñanza de las ciencias filosóficas tu (…) bajo la tuición y vigilancia del poder público."[147]

Gracias a esta ley fue habilitado, en 1874, el Colegio de La Concordia de El Tocuyo, en el Estado Barquisimeto, dirigido por el Bachiller Egidio Montesinos, "para leer cursos de filosofía, pudiendo sus cursantes optar al grado de Bachiller en dicha ciencia ante las Universidades y Colegios Nacionales de la República"[148]. El "trienio filosófico" comenzó a dictarse en la Esperanza en mayo de 1890. Las "clases" que comenzaron a dictarse se pueden ver en el cuadro que sigue:

CUADRO XIII

COLEGIO LA ESPERANZA
CLASES DEL PRIMER AÑO DEL TRIENIO FILOSÓFICO
(1890 -1891)
CLASES CATEDRÁTICOS

Geografía, Nociones Generales Mariano Alvarez
de Cosmografía, Geografía Política
(América del Sur)
Aritmética Práctica (Sección Elemental) Mariano Alvarez
Gramática Castellana (Etimología, Sintaxis, Ramón Pompilio Oropeza
Ortografía y Prosodia)
Gramática Castellana (Segunda Sección: Ramón Pompilio Oropeza
Etimología y Sintaxis)
Latinidad (Segundo Año) Ramón Pompilio Oropeza
Griego Ramón Pompilio Oropeza

Fuente: libro de Actas del Colegio la Esperanza. 1891. Folios 3 al 11.

Nótese la forma en que se inicia el trienio filosófico: allí dominan las llamadas Humanidades frente a la ciencia natural. En el primer año de estudios se impone el conocimiento del propio idioma y se dictaron dos secciones de Gramática Castellana a cargo del joven pero ya experimentado Dr. Oropeza. También se encargó el Rector Oropeza de las difíciles cátedras de idiomas muertos, el Latín y el Griego que eran las bases de las Humanidades Clásicas, llaves para el dominio de la lengua propia. El avance arrollador de la ciencia natural impulsada por el positivismo no logró desplazar del pensum de bachillerato a las humanidades: se consideraba que su conocimiento debía preceder a toda ciencia y toda técnica.[149]

Las disciplinas de inmediata aplicación utilitaria, o sea las ciencias naturales, tales como la Geografía, la Cosmografía y la Aritmética Práctica, fueron dictadas por el bachiller Mariano Alvarez. Alvarez dictó durante un año las cátedras antes dichas. En 1891 se incorporó a "leerlas" el médico Dr. Lucio Antonio Zubillaga quien fue nombrado Vicerrector-Secretario de la institución cuando ésta fue llevada a la categoría de oficial como Colegio Federal de Segunda Categoría, tal como se verá más adelante.

El Colegio particular La Esperanza aglutinó en su seno lo más granado de la intelectualidad y de los profesionales universitarios de la sociedad caroreña. En las Juntas Examinadoras de la institución aparecen los nombres de los doctores Jaime Blanch, Juan José Bracho, Andrés Riera Silva, los bachilleres Federico Carmona hijo, Rafael Herrera, Julio S. Alvarez, Antonio María Zubillaga, Francisco Antonio Nieves y también el General Federico Carmona, quien hubo de presidir una de estas juntas. Fue verdaderamente notable que una pequeña ciudad del interior del país contara con tan importante grupo de profesionales universitarios y de bachilleres. Los "patricios caroreños" tenían un buen número de ellos y, como se ha visto, se pusieron a la disposición de su Colegio Particular para darle todo su apoyo moral e intelectual.

El año escolar 1890-1891 se desarrolló normalmente y sin tropiezos. El clima político del país la permitió y no hubo en aquellos años revueltas ni montoneras. El Presidente Andueza Palacio logró reunir a los guzmancistas, representó el grupo del civilismo y se respiraba un aire de tranquilidad, la economía era floreciente:

"El clima de euforia que acompaña a los primeros meses del gobierno de Andueza Palacios es también el resultado de una extraordinaria bonanza económica que vive Venezuela por el alza del precio de café."[150]

En agosto de 1891, después de un largo año escolar que se prolongó por 16 meses, los alumnos se aprestan a rendir los exámenes finales del primer año del "trienio filosófico". Eran las pruebas actos muy solemnes; se convocaba para tal efecto una Junta Examinadora compuesta por 6 ó 7 personas, a saber:

1. El Rector
2. El Presidente
3. Un Jurado
4. Un Jurado
5. Un Jurado
6. El Catedrático (profesor que dicta la asignatura)

Las pruebas eran tan largas como minuciosas y tenían una duración de dos horas y media. Al final se hacía una votación para aprobar y calificar. Se adjudicaba un premio "insólidum" al mejor alumno y un segundo premio se sorteaba entre los otros mejores estudiantes.

El cuadro que sigue nos muestra las Juntas Examinadoras que se conformaron para aplicar las pruebas finales del primer año escolar de La Esperanza.


CUADRO XIV

COLEGIO LA ESPERANZA PRUEBAS FINALES
DEL AÑO ESCOLAR 1890-1891

CLASES (ASIGNATURAS)
FECHA
N° DE ALUMNOS
JUNTA EXAMINADORA
Geografía, Cosmografía,
Geografía política (América del Sur)
03-08-1891
10
Dr. Ramón Pompilio Oropeza (rector). Dr. Andrés Riera Silva (presidente), Dr. Jaime Blanch, Bres. Federico Carmona (h), Rafael Herrera, Julio Alvarez, Mariano Alvarez (catedrático).
Aritmética práctica
(Sección Elemental)
03-08-1891
13
Dr. R. P. Oropeza (rector), Dr. Juan José Bracho (presidente), Dr. Andrés Riera Silva, Bres. Federico Carrnona (h). Rafael Herrera, Julio A1varez, Mariano Alvarez (catedrático).
Gramática Castellana
(Etimología, Sintaxis,
Ortografía, Prosodia)
04-08-1891
12
Dr. R.P. Oropeza (rector catedrático). Dr. Andrés Riera Silva (presidente), Dr. Juan José Bracho, Bres. Antonio María Zubillaga, Federico Carmona (h). Rafael Herrera, Julio A1varez.
Gramática Castellana
(Segunda Sección). Etimología
y Sintaxis
04-08-1891
13
Dr. R. P. Oropeza (rector catedrático), Dr. Juan José Bracho (presidente). Bres. Antonio María Zubillaga, Federico Carmona (h), Rafael Herrera, Julio A1varez.
Latinidad
05-08-1891
12
Dr. R. P. Oropeza (rector catedrático). Dr. Juan José Bracho (presidente), Bres. Antonio María Zubillaga, Federico Carmona (h). Rafael Herrera, Julio Alvarez.
Latinidad
(Segundo año)
05-08-1891
12
Dr. R. P. Oropeza (rector catedrático). Gral. Federico Carrnona (presidente), Bres. Federico Carrnona (h), Antonio María Zubillaga, Rafael Herrera.
Griego
06-08-1891
16
Dr. R. P. Oropeza (rector catedrático), Dr. Jaime Blanch (presidente). Dr. Andrés Riera Silva, Dr. Juan José Bracho, Bres. Federico Carmona (h). Rafael Herrera, Julio Alvarez.


Fuente: libro de actas Colegio La Esperanza, Años 1890-1891. Folios 8 al 9.
Los alumnos instaladores o fundadores de la institución estuvieron a la altura del compromiso que tenían. Después de un largo año escolar rindieron sus respectivas pruebas finales con resultados sumamente halagüeños: todos aprobaron por unanimidad de votos. El jurado calificó de esta forma el trabajo del Dr. Oropeza y le dio un espaldarazo a su breve pero fructífera obra educativa. Aquel era un jurado notabilísimo, ya hemos visto, que tenía un enorme prestigio así como acreditación académica. Ellos participaban en el movimiento cultural e intelectual de la ciudad y dejaron importantes realizaciones de ese tipo. Tómese por ejemplo al Dr. Juan José Bracho, fino y exquisito poeta; al Dr. Andrés Riera Silva quien colaboró en la redacción del famoso Diccionario del Estado Lara, donde mostró una "erudicción histórica singular y un buen gusto literario"[151]. Federico Carmona realizó una notable labor periodística: ello de enero de 1904 fundó en Carora el diario "El Impulso", el cual circuló en esta ciudad hasta 1919, año en que se trasladó a Barquisimeto; Julio Segundo Alvarez llegó a la dirección del Colegio Federal de Barquisimeto y realizó innovadoras prácticas quirúrgicas; Antonio María Zubillaga era en esa época un experimentado pedagogo, había sido profesor en el Colegio Privado del Licenciado Lázaro Perera durante los años 1873 a 1874.[152]

A continuación transcribimos el Acta del primer examen final realizado en La Esperanza y que muestra aspectos importantes de la vida académica de la institución durante su breve etapa como Colegio Particular; veamos:

Acta del Primer Examen Final
Realizado en el Colegio La Esperanza
(03-08-1891)

En la ciudad de Carora, a tres de agosto de 1891, se constituyeron en el salón principal del Colegio “la Esperanza”; el ciudadano Rector, Dr. R. Pompilio Oropeza y la Junta Examinadora de la clase de Geografía, ciudadanos Dr. Andrés Riera Silva, que presidió el acto, Dr. Jaime Blanch, Bres. Federico Carmona, hijo, y Rafael Herrera, Julio Alvarez y el Catedrático Mariano Alvarez. El objeto de la reunión, practicar el examen de dicha clase en los ramos de Nociones Generales de Cosmografía y la parte de la Geografía Política que comprende la América del Sur.

El catedrático presentó la lista de los alumnos y estuvieron presentes: Agustín Alvarez, Rafael María Oropeza, Beltrán Perdomo, Anselmo Riera, Tirso Alvarez, Miguel Ángel Meléndez, Pedro León Riera y Roberto Riera. Se procedió al examen que duró más de dos horas, los examinadores manifestaron su satisfacción, se tomó la votación para aprobar y calificar, resultando por unanimidad de votos, aprobados todos, adjudicándosele el primer premio insólidum a Beltrán Perdomo y el segundo sorteado entre Fortunato Herrera, Rafael María Oropeza y Anselmo Riera, tocó al primero, con lo que concluyó el acto y firman todos los presentes.

Andrés Riera Silva J. Blanch
Rafael Herrera Oropeza Mariano T. Alvarez
Federico Carmona, hijo R. Pompilio Oropeza
Julio Segundo Alvarez

Fuente: libro de Actas del Colegio La Esperanza 1891. Folios 3 y 4. La palabra insólidum es del latín in: en, y sólidum todo, total. En este sentido el joven trujillano Beltrán Perdomo resultó ser el indiscutido mejor alumno de la clase de geografía.
Al finalizar las pruebas de ese primer año del "trienio filosófico" del Colegio La Esperanza, el día 6 de agosto de 1891, se escribió el Acta de la Medalla de Honor que en términos muy elegantemente poéticos, henchido de emoción, reconoce los méritos académicos de su mejor alumno, el Joven Rafael Lozada, quien desde ese momento pasó a constituir el personal académico del colegio y que en 1891 se hizo cargo de la Escuela Federal anexa al Colegio Federal de Segunda Categoría de Carora. Veamos el texto de dicha acta:

Acta de la Medalla de Honor

Siempre así. Siempre tuvo la justicia alabanzas para el mérito y para la virtud aplausos y coronas. No otra cosa significan esos bronces y esos mármoles que eternizan la memoria de los grandes hombres, o esas páginas humanas de la historia que guardan en su seno un nombre Ilustre, o esas estrofas inmortales con que inspirados poetas han cantado al genio.

Aquí lo mismo. En el modesto pero augusto recinto de un Colegio la justicia tiene también hermosas manifestaciones; y no otra cosa significa ese Lauro destinado a lucir en el pecho de aquellos de sus jóvenes alumnos que a las claridades del ingenio y a su amor por el estudio hayan sabido unir en magnífico consorcio, la santidad de la virtud, preciado conjunto que es para el espíritu tesón incomparable, triple diadema que dignifica y encanta; trinidad sublime que así como nos muestra la verdad, nos muestra el bien que nos señala el deber y pone, cuando lo cumplamos, noble satisfacción dentro del pecho, que nos eleva hasta Dios haciéndonos amar y bendecir a un mismo tiempo sus mercedes.

La Dirección del Colegio "La Esperanza" se complace esta vez en manifestar aquí que, por lo general en el último año académico, los alumnos procuraron cumplir con sus deberes, que muchos merecieron siempre honrosas distinciones y que cree no faltó la justicia adjudicando insólidum a uno entre estos la Medalla de Honor.

No vaya el joven laureado a olvidar ni siquiera por instantes los nuevos y gravísimos deberes que contrae. Tenga presente que ahora va á ser el punto en que convergen todas las aspiraciones de sus compañeros; que Luzbel fue un ángel que cayó; y que así, es para él un deber sagrado conservarse siempre digno de la honra discernida.

El nombre del joven Laureado es:

RAFAEL LOZADA

Fuente: Libro de Actas del Colegio la Esperanza 1891. Folios 6 y 7.

Este acto tuvo como escenario la iglesia colonial de San Juan Bautista, su barroco de sobrio estilo fue testigo de aquel solemne momento que se inició con un discurso de Monseñor Maximiano Hurtado[153]. Luego leyeron Don Agustín Zubillaga y el Dr. Tertuliano Herrera unas composiciones poéticas. El Sr. Mateo Trovat (...) cantó un retazo de "Hernani", El Dr. Oropeza leyó el Acta de la Medalla de Honor e impuso una medalla al joven Lozada. El Dr. Juan José Bracho pronunció el discurso de orden y el Dr. Hurtado cerró el acto con Te Deum cantado solemnemente.[154]

Después de este primer año académico, un nuevo capítulo se abría en la historia de La Esperanza, pues desde junio de 1891 el Colegio recibió la autorización para establecer las cátedras del trienio filosófico y pasar a constituirse en Colegio Federal de Segunda Categoría, tal y como lo veremos en el capítulo siguiente.
CAPITULO IV

DEL COLEGIO LA ESPERANZA AL COLEGIO
FEDERAL CARORA, 1890-1937

El historiador de la cultura y de la educación del Distrito Torres Cecilio Zubillaga Perera sostiene en su trabajo titulado la Instrucción Secundaria en Carora[155] que la elevación del Colegio La Esperanza a la categoría de Colegio Federal de Segunda Categoría se debió a la escasez de recursos económicos y a la pobreza de la población. Así dice "Chío" al respecto que:

"persistía en el ánimo de los caroreños la idea de conseguir el colegio como creación oficial. A ello tenían buen derecho y los urgía también la necesidad económica, pues debe siempre tenerse en cuenta la pobreza de la generalidad de los habitantes, equiparada a la esterilidad de la región que habitan."[156]

A nuestra manera de ver el asunto, esto no fue así. Se equivoca Zubillaga Perera, su explicación no nos satisface. No fue la pobreza de los caroreños y de la ''generalidad de sus habitantes" lo que motivó la creación oficial del Colegio caroreño.

Por el contrario ¾y es una de las tesis centrales de esta monografía¾­ sostenemos que fue una clase social minoritaria, los "patricios caroreños" dueños de la tierra y que dominaban el activo comercio local; los hombres que echaron adelante la idea de crear un colegio particular en la ciudad. No podía ser de otra manera. El resto de las clases sociales no podían ni tenían capacidad para tamaña empresa. En ningún momento olvidemos que el analfabetismo estaba muy extendido en el país (llegaba al 90% de la población) y que la naturaleza poco utilitaria e impráctica de los estudios de secundaria los hacía poco atractivos al grueso de la población. El bachillerato era una etapa de la educación elitesca y excluyente. Dado su carácter teórico y especulativo ¾semiclásico ha dicho Ángel Grisanti¾ hizo del "trienio filosófico" tradicional un escenario cerrado para el grueso de la población venezolana. Nos preguntamos entonces ¿Qué fue lo que motivó la elevación a la Categoría del Colegio La Esperanza? La respuesta es simple: el Colegio Particular La esperanza, si bien estaba autorizado para "leer el trienio filosófico", no tenía facultad para otorgar títulos de bachiller. Se repetía la situación de los extinguidos colegios San Andrés y de La Paz que jamás lograron tales autorizaciones[157]. Más aún, el célebre Colegio de La Concordia del Br. Egidio Montesinos perdió en alguna oportunidad esta prerrogativa tan importante.[158]

El Colegio La Esperanza había tenido un buen comienzo, pero estaba condenado a transitar la experiencia de sus dos antecesores. Esta insuficiencia académica tan evidente fue, de algún modo, lo que determinó la muerte prematura de aquellas dos instituciones caroreñas. Había temor de que La Esperanza muriese por efectos de tal carencia. En el año 1890 fueron diversas los diligencias hechas para lograr el Colegio como oficial. Hubo correspondencias dirigidas al Presidente Andueza Palacio quien “ofreció tomar mucho interés en decretar el Colegio que se le pidió para Carora”[159]. El Dr. Andueza Palacio mostró vivo interés por el pedimento de los caroreños y se extrañó por qué Carora no tuviese Colegio "habiendo sido este pueblo en otro tiempo un foco de instrucción"[160]

Pero nada se consiguió en aquel año, había que esperar al siguiente para la política del Presidente Andueza Palacio diera un giro decisivo. En efecto, el problema de la reforma constitucional se constituyó en una de las primeras crisis de su corto mandato: quiere modificarla y de esta forma imponer su reelección para un nuevo período. La bonanza económica le permite ejercer una política de dádivas y subvenciones con miras a crearse una clientela electoral propia. A través del Ministerio de Obras Públicas “gastó 14 millones y medio de bolívares, una suma mucho mayor a la más elevada del septenio y la más alta (...) del siglo XIX[161]. Le tocará a Andueza Palacios culminar el Hospital Vargas, continuar las cloacas de Caracas, construir los muelles de La Guaira y Puerto Cabello e inaugurar varios tramos ferrocarrileros[162]. Esta vasta obra del gobierno fue posible gracias a que, como dice Arcila Farías, el presidente:

''Andueza Palacios dispuso de mayores recursos económicos que gobierno alguno hasta entonces. En los años de 1890 y 91, ingresaron a la Tesorería 93.854.000 bolívares."[163]

Hemos visto que esto fue posible gracias a que las exportaciones de café significaron una entrada de 90 millones de bolívares al Tesoro Nacional durante el Bienio Anduecista y a que “el grueso de la cargas impositivas recaía sobre el comercio exterior y la Renta Aduanera le correspondía a la nación”[164]

En materia educativa, el Ministro de Instrucción Pública del gobierno, el escritor Eduardo Blanco se vanagloria de que:

''Al comenzar el año administrativo que termina hoy, existían en la República 1380 escuelas creadas por el Poder Federal, y durante el año su número se ha elevado a 1.415''.[165]

Al año siguiente, en la Memoria de 1892, el Ministro Blanco informa de la creación de 23 escuelas para llegar a un total de 1.438 de tales institutos en todo el país[166]. Instaló dos Colegios Federales de Segunda Categoría y dispuso el establecimiento de un instituto de la misma especie para la ciudad de Carora el 25 de agosto último[167] y decretó la creación de la Universidad del Zulia el 11 de septiembre de 1891[168]. El significado y la intención de estas notables obras educativas que llevó a efecto el Presidente Andueza Palacio no era otro que el de ganar voluntades para apuntalar su deseo de permanecer en el poder más allá de su bienio que se vencía en junio de 1892. En esa difícil coyuntura política se encontraba en 1891 el Presidente cuando fue a visitarlo Monseñor Maximiano Hurtado para pedirle que elevase a la categoría de Federal al Colegio La esperanza. De este interesante personaje, dice Andrés Riera Silva:

"Nació en El Tocuyo en 1840, estudió en el Colegio Nacional en esa ciudad fue alumno del Sr. Egidio Montesinos, se doctoró en la Universidad de Mérida en 1862. Diácono de Ciudad Bolívar y docente en el Colegio Nacional de esa ciudad Rector del Colegio Nacional de El Tocuyo en 1868 (...) Vicario de Coro y de Carora".[169]

Dice Cecilio Zubillaga Perera que "A las gestiones de este hombre le debe Carora su Colegio Federal, lo que es muy justo recordar... "[170]. Así, aquel viejo anhelo de los caroreños se materializó en junio de 1891. Veamos el documento que decretó a La Esperanza como creación oficial:

Ministerio de Instrucción Pública
Dirección de Instrucción Pública
No. 450

Caracas, 11 de junio de 1891
28° y 33°

Ciudadano Dr. Ramón Pompilio Oropeza.

Con fecha de hoy se dictó por este Ministerio la resolución siguiente:

Vista la solicitud que ha presentado a este Ministerio el Ciudno. Dr. Ramón Pompilio Oropeza, por la cual aspira a la autorización necesaria para establecer en el Colegio "La Esperanza" de la ciudad de Carora las cátedras propias del trienio filosófico, el Presidente de la República en atención a que el solicitante ha llenado los requisitos prevenidos por el Decreto de la materia, ha tenido a bien con el voto del Consejo Federal, acceder a la petición a que se contrae la resolución presente.

Transcripción que hago a Ud. para su inteligencia y fines consiguientes.

Dios y Federación.

Eduardo Blanco

Fuente: Alvarez, Alberto. Biografía del Dr. Ramón Pompilio Oropeza. p. 37.


El Ministro Eduardo Blanco ha debido de firmar este Decreto de creación de un nuevo Colegio Federal con cierta amargura, pues él se había declarado opuesto a la creación de tales institutos. Veamos lo que dice el escritor al respecto:

"Debe por lo demás restringirse en cuanto sea posible, la creación de Colegios Federales de Segunda Categoría; toda vez que con los que hoy funcionan en Venezuela, queda cumplidamente satisfecha la necesidad de los estudios superiores."[171]

Pero en aquel año de 1891 se impuso el cálculo político sobre cualquier otra consideración. El Presidente Andueza Palacio quería reelegirse para un nuevo período y había que hacer todo lo posible para lograrlo. Seguramente hubo algún cruce de palabras entre el Presidente y su Ministro de Instrucción. Pero a la postre se impuso la política sobre todo lo demás. Esta fue pues la coyuntura política que explica la creación oficial del Colegio Federal de Segunda Categoría de Carora. La creación como oficial del Colegio La Esperanza no significó solamente un cambio de nombre del instituto, sino que hubo una serie de reformas y de cambios que podemos enumerar de la siguiente manera:

"El nuevo Colegio Federal Carora pasó a regirse por el Decreto del 17 de septiembre de 1881 que reglamentaba todo lo relativo a los Colegios Nacionales (...) por este decreto se han establecido dos categorías de Colegios Nacionales: La 1a. que comprende los llamados Federales (...) De los seccionales corresponde uno a cada una de las secciones de los Estados en que no haya Colegio federal (…) La enseñanza en estos colegios se limitará a los idiomas antiguos, la pedagogía y los tres primeros años de ciencias filosóficas."[172]

Así, el Colegio Federal de Carora pasó a engrosar la lista de Colegios de Segunda Categoría de Venezuela, que como lo muestra el siguiente cuadro ya eran 17 en todo el país:

CUADRO XV

MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA
COLEGIOS FEDERALES DE SEGUNDA CATEGORÍA.1891

La Asunción San Fernando
Barinas San Felipe
Bolivia (sic) Guanare
Cumaná Maturín
San Cristóbal Petare
San Carlos Boconó
Aragua de Barcelona * Carora (25-08-1891)
* Puerto Cumarebo (15-10-1891) * Yaritagua (06-09- 1891)
Zaraza

Fuente: Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1892. En Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 476.

* EI asterisco indica que el Colegio fue creado en 1891, bajo la administración del Presidente Andueza Palacio.

Al ser creado como oficial el Colegio Federal Carora se obligaba a tener una Escuela Federal Anexa[173] según el decreto del 19 de marzo de 1881 que en su artículo 4º disponía que:

"Cada uno de los colegios expresados se anexará una de las escuelas federales de la localidad en que funcionen, quedando las escuelas anexas sometidas a todas las reglas del Colegio, y sus preceptores subordinados en todo a los rectores respectivos, que serán responsables por la marcha de aquellas escuelas."[174]

Esta Escuela Federal anexa al Colegio Federal Carora fue dirigida en sus comienzos por el alumno más destacado del Colegio La Esperanza, Rafael Lozada. En su matrícula del año escolar 1891·92 se observa que estos alumnos también se extraen del patriciado caroreño, tal como lo podemos ver a continuación: Alvarez, Agustín; Gutiérrez, Ramón; López, Juan de Dios; Meléndez, Miguel Ángel; Riera, Pedro Daniel; Riera, Pedro León; Riera, Roberto; Alvarez, Juvenal; Arispe, Marcos; Alvarez, Tirso; Crespo, Virgilio; Meléndez, José María; Marquís, Rafael Tobías; Yépez, Alberto José[175]. Estos alumnos mencionados habrán de ser los futuros cursantes del elitesco "trienio filosófico" de nuestra educación de fines de siglo pasado; eran los hijos de los "patricios caroreños", clase social privilegiada, la única que tenía acceso a los estudios de secundaria en Carora de fines de siglo XIX.

A partir de su elevación a la categoría de Federal, el Colegio de Carora abrió una nueva especialidad, la Escuela de Agrimensura. Fue sin duda uno de los aciertos más importantes del Decreto, puesto que el Distrito Torres era un inmenso territorio de grandes expectativas agropecuarias. Eran, eso sí, tierras feraces e incultas que comenzaron a ser explotadas a fines del siglo XIX. Ese vasto territorio al oeste del Distrito se constituyó en el siglo XX en el asiento de grandes latifundios ganaderos propiedad de los godos de Carora y en donde se produjo una experiencia sin precedentes en el país y que dio como resultado el nacimiento del "ganado tipo Carora", mezcla del ganado amarillo de Quebrada Arriba traído en el siglo XVI con razas europeas y norteamericanas. Esta Escuela de Agrimensura comenzó a dar sus frutos en 1894. El 4 de octubre de ese año recibió su título de Agrimensor Público el joven Rafael Lozada, quien además, como ya hemos visto, regentaba la Escuela Federal Anexa al Colegio Federal Carora. Otros graduandos en esta especialidad fueron: Porfirio Alvarez, (31-08-­1895), Antonio José Duarte (31-08-95), Fortunato Franco (13-09-1895). Guillermo Cañizales (20-06-1896), Abel Cañizales (14-07-1896) y Virgilio Crespo (31-12-1897).[176]

4.1. LOS BACHILLERES EN CIENCIAS FILOSÓFICAS DEL COLEGIO FEDERAL CARORA (1894-1914)

Entre los años 1894 y 1914 egresaron del Colegio Federal Carora un total de 42 jóvenes bachilleres, todos varones. De ellos 35 obtuvieron el título de Bachiller en Ciencias Filosóficas y el resto, siete, el de Agrimensores Públicos. Es necesario hacer notar que 25 de estos egresados eran naturales de Carora y que pertenecen al "patriciado caroreño". El resto, es decir 17, eran jóvenes procedentes de la Cordillera ¾así se le decía a los Andes¾: Barbacoas, Chejendé, Santa Ana. Del Estado Lara llegaron dos de Curarigua, uno de Churuguara, otro de Siquisique, uno de Barbacoas y uno de El Tocuyo.

Véase que un buen número de jóvenes llegaron desde el norte del vecino Estado Trujillo. En el siglo XIX era muy estrecha la relación de Carora con esa zona de Trujillo. Su producción cafetalera se comerciaba por Carora vía Puerto Cabello. Ha sido pues una vieja relación no exenta de dificultades: existe un litigio entre los Estados Lara y Trujillo por la soberanía de un Municipio fronterizo, el Heriberto Arroyo. Como natural de El Tocuyo se halla inscrito un sólo joven en el Colegio. Esta exigua representación se explica por el hecho de que por esos años estaba en pleno funcionamiento y en un período de esplendor y fama el Colegio de La Concordia, institución de carácter particular que regentaba desde 1863 el bachiller Egidio Montesinos.
Curarigua ha tenido una particularidad, su historia la ha vinculado en forma oscilante a El Tocuyo y a Carora. En el siglo XIX perteneció al Cantón Tocuyo y en la actualidad al Municipio Torres. De esta localidad vinieron los hermanos Gil Gutiérrez, vinculados a poderosas familias de esa zona. En la vía de Carora hacia el Mar Caribe se pasaba por Siquisique y por Churuguara. Desde aquella población vino a Carora el olvidado bachiller Rafael Lozada, quien hizo en Carora una notable obra educativa (Véase páginas 133 y 134). Veamos a continuación el cuadro que nos indica el lugar de procedencia de los bachilleres del Colegio Federal:

CUADRO XVI

LUGAR DE PROCEDENCIA DE LOS ALUMNOS EGRESADOS DEL COLEGIO FEDERAL CARORA (1894-1914)

Bachilleres en Ciencias Filosóficas:
Caroreños
Ignacio Zubillaga
Pedro Francisco Carmona
Ramón Riera
Pablo Alvarez
Porfirio Alvarez
Dimas Franco Sosa
Juan Bautista Franco (h)
Lucio Montesdeoca Silva
Virgilio Crespo Meléndez
Rafael Tobías Marquís Oropeza
Alberto José Yépez
Rafael Zubillaga Perera
Carlos Zubillaga Perera
Ramón Gutiérrez Meléndez
Miguel Ángel Meléndez Oropeza
Juan Ramón Caripá Alvarez
Jacobo Curiel Mármol
Juan Bautista Zubillaga Perera
Miguel Bravo Riera
Andrés Montero Jiménez
Pablo José Jiménez
Pablo José Arapé
Barbacoas: (Lara)
Beltrán Perdomo Hurtado
Siquisique: (Lara)
Rafael Lozada Alvarez
Chejendé: (Trujillo)
Rafael Márquez
Antonio José Duarte Castellanos
Guillermo Cañizales Cañizales
Clodoveo Pérez
Juan Evangelista Cañizales Luque
Abel Cañizales
Churuguara: (Falcón)
Francisco López Castillo
Curarigua: (Lara)
Henrique Gil Gutiérrez
Miguel Domingo Gil Gutiérrez
Santa Ana: (Trujillo)
Bartolomé Ocanto Aponte
El Tocuyo: (Lara)
Fernando Yépez Bracho
Total: 35 egresados en Ciencias Filosóficas

PROCEDENCIA POR ESTADOS DE LOS EGRESADOS:
Larenses: 27 egresados
Trujillanos: 07 egresados
Falconianos: 01 egresados
Total: 35 egresados

LUGAR DE PROCEDENCIA DE LOS EGRESADOS DEL COLEGIO FEDERAL CARORA
(1894-1897)
(AGRIMENSORES PÚBLICOS)

Caroreños:
Porfirio Alvarez Alvarez
Fortunato Franco Sosa
Virgilio Crespo Meléndez
Siquisique: (Lara)
Rafael Lozada Alvarez
Chejendé: (Trujillo)
Antonio José Duarte Castellanos
Guillermo Cañizales Cañizales
Abel Cañizales
Total: 07 egresados

Fuente: Libro de Grados del Colegio Federal Carora (1894 -1914). Folios 1 a 84.

Los alumnos que se inscribieron en 1890 para cursar el "trienio filosófico" obtuvieron sus títulos de Bachiller en Ciencias Filosóficas en 1894. El efecto, el 21 de julio de ese año obtuvo su título el joven de 18 años Ignacio Zubillaga, quien de esta manera se constituyó en el primer bachiller que egresaba de la institución. El acta de grado que a continuación presentamos dice de forma muy escueta lo siguiente:

Grados de Bachiller en Ciencias filosóficas

Ignacio Zubillaga, natural de Carora, de 18 años de edad e hijo legítimo de Antonio María Zubillaga y Elisa Perera. Presentó examen el día 2 de julio de 1894, ante junta compuesta del Rector y vicerrector que suscriben, y de los ciudadanos Dr. Andrés Riera Silva, Dr. Salomón Curiel y Br. Herrera; y fue aprobado y calificado de sobresaliente por unanimidad. En seguida se le confirió el grado.

El Rector
Ramón Pompilio Oropeza
El Vicerrector Lucio Antonio Zubillaga

Fuente: Libro de Actas del Colegio Federal Carora Folio N° 1.
Las graduaciones de bachilleres no ocurrían todos los años sino que eran bianuales. En los años impares solía ocurrir que no hubieran grados, tal y como sucedió en 1895 y en 1897. Veamos a continuación como fueron los grados y quienes eran los bachilleres egresados del Colegio:

CUADRO XVII

COLEGIO FEDERAL CARORA BACHILLERES EN CIENCIAS FILOSÓFICAS EGRESADOS ENTRE 1894 Y 1914

Fecha del Grado
Nombre del Bachiller
21-07-1894
Ignacio Zubillaga Perera
24-07-1894
Beltrán Perdomo Hurtado
25-07-1894
Pedro Francisco Carmona
26-07-1894
Ramón Riera Alvarez
31-08-1894
Pablo Alvarez Riera
04-08-1894
Rafael Márquez
1895
No hubo grados de bachiller
13-06-1896
Antonio José Duarte Castellanos
15-06-1896
Porfirio Alvarez Alvarez
20-06-1896
Guillermo Cañizales Cañizales
22-06-1896
Clodoveo Pérez
23-06-1896
Dimas Franco Sosa
23-06-1896
Fortunato Franco Sosa
23-06-1896
Juan Bautista Franco, hijo
13-07-1896
Juan Evangelista Cañizales Luque
14-07-1896
Abel Cañizales
1897
No hubo grados
01-06-1898
Francisco López Castillo
15-06-1898
Bartolomé Ocanto Aponte
06-07-1898
Lucio Montesdeoca Silva
11-07-1898
Virgilio Crespo Meléndez
13-07-1898
Rafael Tobías Marquís Oropeza
16-07-1898
Alberto José Yépez Chávez
27-07-1898
Rafael Zubillaga Perera
28-07-1898
Carlos Zubillaga Perera
10-08-1898
Ramón Gutiérrez Meléndez
11-08-1898
Miguel Ángel Gutiérrez Oropeza
18-08-1898
Miguel Domingo Gil Gutiérrez
18-08-1898
Henrique Gil Gutiérrez
15-08-1898
Juan Ramón Caripá Alvarez
1899
No hubo cursos por causa de la guerra
1900 (agosto)
Suprimido el Colegio como Federal
16-09-1911
Reabierto el Colegio Federal
17-09-1914
Jacobo Curiel Mármol
19-09-1914
Juan Bautista Zubillaga Perera
26-09-1914
Fernando Yépez Bracho
28-09-1914
Miguel Bravo Riera
29-09-1914
Andrés Montero Jiménez
17-10-1914
Pablo José Arapé Alvarez



Fuente: Libro de Grados del Colegio Federal Carora. Folios 1 al 54.
Como bien hemos podido observar en el cuadro anterior, las pruebas se realizaban individualmente y en un sólo día. No ocurrió que en un día lo hicieran más de un aspirante a bachiller. Ello se explica por lo riguroso de tales pruebas. Los exámenes se realizaban preferentemente en los meses de julio y agosto. Para tal fin el rector convocaba a una junta que se encargaba de calificar a los alumnos. Tal Junta se componía de cinco miembros: el Rector, el Vicerrector y tres jurados, así como también el catedrático de la "clase" (asignatura) a evaluar. Estas evaluaciones de fin de curso se convocaban públicamente y eran un verdadero acontecimiento, dada la solemnidad que se daba a la ocasión. Cada alumno presentaba su prueba final por separado y en varias modalidades: prueba escrita y prueba oral, según la asignatura.

Las calificaciones no eran numéricas, sino que eran juicios que producían los miembros de la Junta por votación. Tales juicios podían ser: sobresaliente por unanimidad, bueno por unanimidad, aprobado por mayoría, sobresaliente por tres votos, distinguido, bueno, aplazado[177]. Este sistema evaluativo murió con el siglo XIX. Al reabrirse el Colegio en 1911, después de la supresión de 1900, fue en lo sucesivo una evaluación numérica la que se aplicó. Las pruebas se hacían después de que los alumnos cursaban una serie de asignaturas durante cuatro años. Al ingresar al primer año cursaban la "clase" de latinidad, la cual podían acompañar de otra asignatura, bien fuera griego o aritmética y álgebra. Otros comenzaban con un par de asignaturas distintas: filosofía elemental o aritmética y álgebra. No existía, pues, un plan de estudios rígidos, sino que se daba la libertad de elegir las clases a cursar en cada año académico. Examinemos algunos casos particulares de alumnos del Colegio Federal y la forma en que cursaron su "trienio filosófico".

CUADRO XVIII

COLEGIO FEDERAL CARORA
PLAN DE ESTUDIOS DE JUAN BAUTISTA FRANCO
1891-1896
Año Escolar Edad Clases que Cursa
1891-92 11 Filosofía Elemental
Aritmética y álgebra
Griego
1892-93 12 Física Experimental
Geometría, trigonometría y topografía
1893-94 13 Filosofía elemental
1894-95 14 Física (primer año)
Geometría, Trigonometría y topografía
1895-96 15 Física (segundo año)
Geografía, cosmología y cronología

Fuente: Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora. Folios 1 al 15.

Nótese en este caso la extremadamente corta edad de este alumno. Comenzó a cursar a los once años de edad tres asignaturas poco propicias para su madurez intelectual: filosofía, aritmética, griego. Un caso digno de estudio para Jean Piaget. Observemos otro plan de estudios. En este caso se trata de un joven de más edad que el anterior, pues comienza a cursar su trienio a los 16 años:

CUADRO XIX

COLEGIO FEDERAL CARORA
PLAN DE ESTUDIOS DE ANTONIO DUARTE
1892-1896

Año escolar
Edad
Clases que Cursa
1892 -93
16
Latinidad
Griego
1893-94
17
Filosofía elemental
Aritmética y álgebra
1894-95
18
Física (primer año)
Geometría, trigonometría y topografía
1895-96
19
Geografía, cosmografía y cronología

Fuente: Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora. Folios 1 al 15.

Véase que el bachiller Franco cursó diez asignaturas en tanto que Duarte cursó sólo ocho. Franco, empero, no cursó el importante curso de latinidad, pero sí el de otra lengua antigua, el griego. Esta situación se debía a la falta absoluta de programas secundarios. Fue el Dr. José Gil Fortoul Ministro de Instrucción del Presidente Juan Vicente Gómez quien en 1912 unificó tales programas.

Después de examinar estos dos casos particulares pasemos a estudiar el sentido y orientación del trienio filosófico de Venezuela en el siglo XIX.

4.2. ORIENTACIÓN FILOSÓFICA DEL BACHILLERATO EN CIENCIAS FILOSÓFICAS

Hablar hoy en día de ciencias filosóficas es un verdadero contrasentido. Todo el mundo considera que una cosa es la filosofía y otra muy distinta la ciencia, en especial la ciencia natural. Entonces, ¿por qué se hablaba en el siglo XIX de ciencias filosóficas como algo indisoluble? La historia es larga y se remonta a la Antigüedad Clásica cuando en Grecia nacen simultáneamente la ciencia y la filosofía como hijas del mismo espíritu razonador que se inició en e! siglo VI antes de Cristo en las colonias griegas de Asia Menor. El primer filósofo, Thales de Mileto, era un científico en el pleno sentido de la palabra, su quehacer y reflexión filosófica incluía a la metereología, la geometría, la astronomía, etc.

Esta unidad de la filosofía y la ciencia se mantuvo por muchos siglos pues se proyectó por toda la Edad Media gracias a que durante este largo período de la historia de Europa se impuso el pensamiento de Aristóteles. Gracias a la "física" de este filósofo griego formó Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII su ya conocida visión de la estructura del Universo. Sostiene el famoso monje italiano sus "cinco vías", cinco argumentaciones lógicas que comienzan con la primera, la más impregnada de la física de Aristóteles: "Los movimientos del mundo exigen un motor primero, y este motor primero no es otro que Dios"[178]. Esta unidad de la filosofía y de la ciencia comienza a romperse entre los siglos XV y XVI cuando se comenzó a crear un nuevo método de filosofar, la ciencia natural, a la cual se le llamó "philosofía naturalis"[179]. La responsabilidad de que se produjera este deslinde cae sobre los hombros de Copérnico, Galileo Galilei, Kepler e Isaac Newton, entre otros científicos de la naciente modernidad. La nueva ciencia nació y creció en un ambiente intelectual dominado por la filosofía neoplatónica, filosofía que abonó el terreno para que fuese posible la ciencia natural. Al respecto el mexicano Octavio Paz nos dice que:

"Frente a la escolástica y sus categorías lógicas, el hermetismo neoplatónico postulaba un empirismo, derivado de sus preocupaciones mágicas inseparables de la manipulación y observación de la materia. En este sentido su función en el nacimiento de la ciencia moderna es análogo al de la alquimia."[180]

De modo que cuando nace el siglo XVIII, Europa cuenta ya con un instrumento del conocimiento que habría en lo sucesivo de cambiar la faz de la tierra.

La ciencia natural se había instalado, por así decirlo, en los países del norte de Europa: Inglaterra, Alemania, Holanda y Francia, después de abandonar su lugar de nacimiento, Italia del norte. Estos fueron los países pioneros y los que asumieron íntegramente la modernidad naciente, en especial a uno de sus rasgos fundamentales: la ciencia natural basada en la experimentación.

Mientras en Europa septentrional se asumía el protestantismo, el librecambismo en economía y la ciencia natural, el Imperio Español y sus colonias se refugiaron en la Escolástica cuando su sistema económico se basaba en la Doctrina Mercantilista, doctrina que bien pronto iba a ser barrida de la historia por el potente sistema del liberalismo económico de Inglaterra y Holanda y su principio del laissez-faire.[181]

El Imperio español y sus colonias se aisló casi por completo del gran movimiento científico y filosófico del siglo XVIII: despreció por herético el movimiento de la Ilustración, como lo apunta el filósofo Ortega y Gasset[182]. El mexicano Octavio Paz quien ha estudiado en profundidad la mentalidad hispanoamericana ha dicho al respecto que:

"De siglo en siglo un Feijoo, un Sarmiento o un Ortega intentan ponemos al día con la modernidad. Vano empeño: la generación siguiente, embobada con esta o aquella ideología, vuelve a perder el tren. Sufrimos aún los efectos del Concilio de Trento."[183]

En efecto, la universidad hispanoamericana seguía cautiva de la filosofía del peripato (Aristóteles) y de la Escolástica. No en balde el inicio de nuestras universidades republicanas fueron en su gran mayoría, los Seminarios Mayores. Tal era la fuerza de la tradición en nuestros ambientes universitarios que se llegó al insólito caso de levantarle un juicio a un catedrático universitario por enseñar la nueva física newtoniana.[184]


Cuando se produjo la Emancipación Política de Venezuela en 1810, nuestra universidad continuó siendo en muchos aspectos una universidad colonial condenada a la rutina y a los hábitos envejecidos, pese a los esfuerzos de Bolívar y el doctor José María Vargas por reformarla y hacer de esta institución una universidad que estuviese a tono con los nuevos tiempos que vivía el país. Sin embargo, la universidad republicana seguía graduando doctores y letrados que desconocían y despreciaban las artes manuales y la industria. En 1858, el Secretario del Departamento del Interior y Justicia Jacinto Gutiérrez; al criticar los vicios del sistema de instrucción decía:

"…al paso que unos no saben leer, otros se hallan revestidos de altos conocimientos que casi no tienen uso. No se ha tratado de formar ciudadanos, sino doctores; se ha pensado más en el orgulloso aparato de las ciencias, que en las ventajas de la mediana instrucción de la generalidad."[185]

El mismo Gutiérrez advertía que la Instrucción Pública "está reducida al estudio de la Teología, la Jurisprudencia, la Medicina y las Matemáticas. Como si se hubiese considerado demasiado estrecha la inteligencia de los venezolanos"[186]. Nuestro bachillerato tradicional también compartía los vicios y males que sufría nuestra instrucción pública del siglo XIX. Francisco Oriach, Secretario del Interior y Justicia del Presidente José Tadeo Monagas decía que:

"si están atrasados nuestros campos y eriales la mayor parte de nuestras tierras, débese (...) a la falta de conocimientos de nuestros agricultores, a la incuria y al abandono con que hasta ahora han visto los estudios de una aplicación práctica, a la dirección viciosa en fin dada a la instrucción por el código de la materia y con el cual han quedado postergadas ciencias de cuyo cultivo ha derivado hoy el mundo su progreso material."[187]

Las Universidades y los Colegios Nacionales seguían siendo instituciones en que ¾según el mismo Oriach¾ "se prodigaba la instrucción científica a expensas de la industrial o profesional, la vida teórica por decido así con notable perjuicio de la práctica"[188]. Jacinto Gutiérrez decía en 1858 que: "en al día hay títulos públicos que nada significan, como el de bachiller"[189], y se lamentaba del estado de decadencia en que habían caído nuestros Colegios Nacionales. Para sacar de este estado de postración a los Colegios proponía Gutiérrez se enseñara en estos planteles el comercio, manufacturas, economía, política, agricultura, minería, aritmética y álgebra, dibujo, música, pintura, geografía e historia nacional, lenguas vivas, instituciones patrias, primeras aplicaciones de las ciencias. etc.[190]. Pero todo esto quedó en el olvido y nuestro bachillerato del siglo pasado continuó siendo un título decorativo, un adorno que daba prestigio social y nada más. Sus conocimientos abstractos de teorías simples sin aplicación inmediata hacían de los bachilleres personas que no tenían o conocían un oficio útil o definido.

La filosofía positiva que hizo su entrada al país en 1863 gracias a los doctores Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio, no logró en gran medida modificar la rutina de nuestro bachillerato. Dice Fernández Heres que en la segunda mitad del siglo XIX el bachillerato fue orientado por el esquema positivista y que:
"Comprendía algunas asignaturas propias del ramo de la filosofía, pero la dirección definitiva de estos estudios la daban las ciencias exactas."[191]

En sentido contrario, el filósofo argentino Angel Capelletti afirma que el prodigioso avance de la ciencia y el auge del positivismo filosófico no menguaron la intensidad de los estudios clásicos[192]. Si observamos con detenimiento los planes de estudios de nuestro Colegio Federal Carora durante a última década del siglo pasado observaremos que el peso de los estudios del latín y del griego, así como la enseñanza de la filosofía, era sustancial. Bien podría decirse que los bachilleres en ciencias filosóficas egresados del Colegio caroreño eran expertos o salían con un buen conocimiento de las lenguas muertas. Podría afirmarse que el idioma latino era, por decirlo de alguna manera, uno de los ejes curriculares de su plan de estudios y se le daba prioridad, incluso, sobre las lenguas vivas. El planteamiento que hace Fernández Heres es, en cierto modo, válido, pues si el positivismo estimuló en nuestros colegios el estudio de la física, la aritmética y el álgebra, no es menos cierto que aquella física que enseñaban los doctores Oropeza y Zubillaga era una física conceptual, de pizarrón, y que obviaba la noción fundamental del experimento[193]. Veamos a continuación las diferentes "clases" que se dictaron en el Colegio Federal Carora entre los años 1891 y 1899:


CUADRO XXI

COLEGIO FEDERAL CARORA
PLANES DE ESTUDIOS 1891-1899

Clases o Asignaturas
1891
1892
1893
1894
1895
1896
1897
1898

-1892
-1893
-1894
-1895
-1896
-1897
-1898
-1899
Filosofía elemental
X

X

X

X

Aritmética y Algebra
X

X

X

X

Latinidad (2° año)
X


X

X

X
Griego
X
X

X

X

X
Física experimental

X

Geometría, Trigonometría y

X


X

X
Topografía

Latinidad (2º año)

X

Física particular

X

Geografía, Cosmografía y

X
X
X
Cronología
Latín (ler año)
X
X
X
Física (2° año)
X
X
Física (ler año)
X

X

X
Francés

X
X

Astronomía y Cronología

X
Gramática Castellana

X
Gramática Retórica

X
Pedagogía
X

Fuente: Libro de matrícula del Colegio Federal de Carora, Folios 1 al 28.
Como hemos observado en el cuadro anterior, los estudios de Bachillerato en Ciencias Filosóficas de nuestro Colegio Federal seguían siendo ¾a pesar de la introducción de las ciencias naturales en su plan de estudios¾, un bachillerato orientado fundamentalmente al conocimiento de la antigüedad clásica greco-romana y que, como lo veremos más adelante, no se les ocurrió a los doctores Oropeza y Zubillaga enseñar en las aulas de aquel Colegio la nueva filosofía positivista, filosofía que en aquellos años causaba gran entusiasmo y furor en los ambientes académicos venezolanos, como por ejemplo en la Universidad Central de Venezuela.
Dicho todo esto volvemos al planteamiento inicial: ¿Por qué se hablaba entonces de ciencias filosóficas? O planteado de otro modo: ¿Son científicas las proposiciones filosóficas? Observando el cuadro XXI notaremos que la "clase" de filosofía elemental que dictaba el Dr. Ramón Pompilio era la asignatura con la que se la daba inicio al "trienio filosófico". ¿Era una filosofía comprometida con la ciencia natural la que se enseñaba en aquel viejo colegio? O por el contrario: ¿Era un saber metafísico cuyas proposiciones no tocaban la realidad? Nos inclinamos a creer que nuestro bachillerato mostró poco interés por lo verificable y empírico. Miguel Ángel Mudarra dice al respecto:

“De inveterada tradición humanística y reflejo del bachillerato francés que suplantara al tipo de instituto colonial de ascendencia hispánica, y por lo tanto medieval, nuestra secundaria del pasado siglo prestó poco interés por el experimento aplicado a las ciencias físicas, matemáticas y naturales”.[194]

Por lo visto la cultura hispanoamericana pagaba a un precio muy alto el que no asumiera a plenitud el siglo de la crítica, el siglo XVIII[195]. La ilustración ya le había negado a la filosofía el carácter de ciencia. Fue a partir de Kant, quien al estudiar el carácter particular de la metafísica de su tiempo y compararla con la matemática o la física, le negó el carácter de ciencia[196]. Nuestro bachillerato en '''ciencias filosóficas" era en este sentido una rémora del pasado, un plan de estudios que estaba orientado por una concepción filosófica superada y, por lo tanto, muerta. Pese a todo, dicha tradición humanística hizo posible que nuestra reflexión se orientara hacia lo socio-histórico, lo político, la literatura, el derecho, ámbitos del conocimiento que produjo obras admirables.

4.3. CLAUSURAS, REAPERTURAS Y CONSOLIDACIÓN DEL COLEGIO FEDERAL CARORA

La accidentada vida social y política de Venezuela de finales del siglo XIX tuvo sus repercusiones negativas en la institución que venimos estudiando.

A ella le tocó nacer en uno de los períodos más turbulentos e inciertos de nuestra vida republicana. El Presidente Guzmán Blanco había logrado cierto período de estabilidad institucional y política. Pero después de producirse su entierro político en 1889, recomenzó el morbo del caudillismo y de las guerras civiles, período signado por la incapacidad de consolidar definitivamente un Estado centralizado y fuerte. Basta decir ¾dice Octavio Paz¾ que el signo inequívoco de todas las decadencias es la pérdida de un proyecto nacional[197]. Después de Guzmán Blanco no hubo caudillo civil o militar que tuviese su estatura política. No haya finales de siglo un hombre capaz de igualársele en sus metas y proyectos. Ni siquiera Joaquín Crespo, quien aparece como un simple sargentón aliado de Guzmán Blanco.

Es con el Presidente Crespo con quien comienzan los problemas para el Colegio Federal Carora. "El crespismo" le pasa la factura al anduecismo y se habla del ''trastorno universal que el sistema de instrucción sufrió por el descarrilamiento de la marcha legal del país"[198]. La presidencia de Crespo se va a distinguir por su notable interés por la educación: decreta la creación del Colegio Federal de Primera Categoría del Estado Carabobo, raíz de la actual Universidad de Carabobo el 15 de noviembre de 1892. Luego puso en ejecútese a dos decretos del Congreso que erigían en universidades al Colegio Federal de Primera Categoría de Ciudad Bolívar y al Colegio Nacional ubicado en Maracaibo. El presidente Crespo comenzó a ser llamado un “General de Paraninfo”[199]. En 1895 se convoca al Primer Congreso Pedagógico de Venezuela bajo la dirección de Rafael Villavicencio. Paradójicamente, en 1895, al cumplir el Colegio Federal Carora cinco años de fundado, recibe al Dr. Ramón Pompilio Oropeza un desagradable telegrama que dice así:

Rector del Colegio Federal Carora

El nuevo presupuesto que comienza a regir hoy suprime ese instituto y le comunico a usted para su inteligencia y a los fines consiguientes, aprovechando la ocasión para dar a Ud. y a los demás empleados del Colegio las gracias por los servicios que han prestado a la instrucción.

Alejandro Urbaneja

Caracas 1º de mayo de 1895[200]

Al respecto la Memoria del Ministro Urbaneja del año 1895 dice que en Venezuela existen 16 Colegios de Segunda Categoría y que:

"De éstos, uno estaba suspendido y fue entre los promedios del año que acaba de terminar, que el Ejecutivo Federal decretó su reorganización. El gobierno ha estado solícito en atender a todo reclamo que tienda directamente o indirectamente al mejoramiento de estos planteles: así se han establecido el Portero y la Escuela Anexa en el Carora."[201]

Esta información es errónea. No fue el cierre de la escuela primaria anexa al Colegio lo que había sucedido. Fue, como ya hemos visto, la supresión de toda la institución, el Colegio, la Escuela Federal y la de Agrimensura lo que había ordenado el Ministro Urbaneja.

Afortunadamente el Dr. Oropeza y el Dr. José María Riera jefe del "mochismo caroreño" tienen amistad con el Ministro de Instrucción y se valen de ella para evitar la clausura de 1895[202]. Busquemos alguna explicación de lo que ha sucedido en aquella oportunidad. A mitad del gobierno del General Crespo, entre 1894 y 1895 la situación era terrible para el país: un largo verano quemó las cosechas, el Tesoro estaba en crisis, el comercio paralizado, los artesanos sin trabajo. Así lo señala Ramón J. Velásquez, quien de seguido agrega que:
"el gobierno debe dos millones a los contratistas y a los que se debe añadir los millones de la deuda denominada ''Suplementos de la Revolución Legalista''. Los de la deuda externa, más las grandes sumas que los bancos caraqueños han facilitado al Gobierno, para que temporalmente salga de apuros."[203]

Atenazado y agobiado por las deudas, el gobierno decide hacer recortes en la endeble estructura de nuestra Instrucción Pública, hecho que es como una constante perniciosa de nuestra historia republicana. Una dolencia profunda que no era tan sólo de la Educación, sino de todo nuestro organismo histórico, según dijo Mariano Picón Salas. Fue la penuria económica que sufría el país, agregándose la retaliación política que se ensañó contra las creaciones del expresidente Andueza Palacio lo que explica este malvado conato de cierre que sufrió el Colegio Federal Carora.

Pero como el desarrollo histórico del país aún no habría de cambiar de curso y el morbo de las insurrecciones, guerras civiles y violentos cambios políticos no estaban aún en el momento de ser borrados de nuestro acontecer patrio, el Colegio Federal Carora habría de sufrir repetidas veces, más interrupciones y clausuras por causas del accidentado proceso social y político de Venezuela que llegó a agudizarse y a profundizarse aún más cuando se acercaba a su fin el siglo XIX y comenzaba el actual siglo XX. No sospechaba el doctor Oropeza que en una remota región del occidente venezolano, en el Estado Táchira, se estaban fraguando las condiciones históricas para que desde allí se iniciara una de las más notables rebeliones armadas del siglo pasado, esto es, la Revolución Liberal Restauradora, la cual iba a tener un hondo significado histórico para Venezuela pero que iba a representar también uno de los más largos eclipses que sufrió el desarrollo educativo del país y también la clausura que por espacio de once años sufriría nuestro Colegio Federal de Segunda Categoría de Carora, tal como lo veremos en las páginas que siguen.

4.4. CLAUSURA DEL COLEGIO FEDERAL CARORA POR EL GENERAL CIPRIANO CASTRO 1900 - 1911

Hasta el año 1898 el Colegio Federal Carora había dado sus frutos: 28 jóvenes bachilleres en ciencias filosóficas habían egresado de sus aulas desde que fue fundada la institución en 1890. En el año escolar 1898-1899 se estaban dictando cinco cátedras o clases: Gramática y Retórica, Geometría, Trigonometría y Topografía a cargo del Dr. Ramón Pompilio Oropeza; y las de Latín, Griego y Física a cargo del Dr. Lucio Antonio Zubillaga. En ese año académico se estaban formando un total de 21 jóvenes[204]. Los alumnos que presentaron la clase de latín de segundo año ¾un idioma que había dejado de ser una lengua universal desde el siglo XVII[205]¾ eran Ferdinando Alvarez, Manuel Ignacio Carrillo, Francisco Miguel González, José Herrera, Zenón Mora, Samuel Riera, Juan Ricardo Arispe, Esteban Hernández, Emisael Leal, Rafael Antonio Pernalete, Cecilio Zubillaga Perera y José Rafael Zubillaga[206]. El siete de julio de ese mismo año se practicó el examen de la Escuela Federal Anexa en las clases de Aritmética, Sistema Métrico, Religión, Lectura y Escritura. El bachiller Rafael Lozada era su preceptor y entre sus alumnos se hallaban los siguientes muchachos: Agustín y José Rafael Arispe, Ramón F. Crespo, José Crespo, Jacobo José Curiel, Simón Oropeza, Pedro José Silva, Ramón Crespo, Antonio Jiménez, Agustín Gutiérrez, Felipe Segundo Montero, Juan Bautista Silva, Ángel Oviedo y Pedro Adrián Zubillaga[207].

Todo lo anterior es el testimonio de que esta institución estaba trabajando normalmente y que su existencia en la ciudad de Carora estaba plenamente justificada, a pesar de que su plan de estudios era un verdadero anacronismo. La física que se enseñaba en el Colegio era una ciencia con enormes problemas sin resolver y a la que muchos no daban un futuro promisor; los científicos creían que ya había alcanzado sus límites[208]; otro tanto se podía decir de los idiomas muertos, tales como el Griego, del cual decía el Ministro de Instrucción Eduardo Blanco que tenía poca aplicación y que por lo tanto debía suprimirse[209]. Algunas asignaturas tenían aún un sabor medieval y estaban emparentadas con el trivium y el cuadrivium: Astronomía y Cronología, Gramática y Retórica, Geometría, Trigonometría y Topografía y ¾por supuesto¾ el idioma latino el cual debía cursarse en todos los años académicos del "trienio filosófico". En los años finales de nuestro siglo XIX se planteaba insistentemente la necesidad de reducir la cantidad de Colegios Federales existentes en el país[210], pero no fue esto lo que determinó el largo cierre del Colegio Federal Carora entre los años 1900 y 1911. El 1899, ya lo sabemos, fue un cruento período de guerras civiles en Venezuela donde andradistas, mochistas, y castristas llenaban de sangre al país. En el año 1900 el Dr. Lucio Antonio Zubillaga escribió lacónicamente en el Libro de Matrícula del Colegio lo que iba a significar once años de clausura del instituto:

Hago constar que en el año académico 1899 a 1890 no hubo cursos, por causa de la guerra. En agosto de 1900 se suprimió el Colegio Federal, y en septiembre del mismo año se abrió como particular.

Carora 15 de septiembre de 1900

L. Antonio Zubillaga[211].

Comenzaba así el período más difícil en la vida del Colegio. ¿Por qué se suprimió el Colegio? Veamos: El Presidente Castro consiguió a un Estado y a un país en ruinas. El precio del café, nuestro principal producto de exportación, había bajado a 0,83 Bs. en 1899, cuando se pagaba a 5,47 Bs. en 1895. La deuda pública venezolana en 1900 ascendía a la suma de 211.371.200 Bs., el crédito externo estaba por el suelo, las transacciones anuladas[212]. Cipriano Castro necesitaba a toda costa conseguir dinero para mantenerse en el poder y ¾como ya había sucedido en 1895¾ es el Colegio Federal de Carora, como muchos otros en el país los que son c1ausurados por el Presidente Castro mediante la infame Ley de Rentas y Gastos Públicos de 1900[213]. Era tan difícil la situación general del país en aquellos años que ni siquiera el Ministro de Instrucción Pública preparó Memoria y Cuenta en ese mismo año de 1900[214]. El Dr. Félix F. Quintero, que no fue capaz de elaborar aquel documento, sí lo fue para borrar de un plumazo el Colegio Federal Carora. Después vendrían los últimos años de la última guerra civil sufrida por Venezuela, la Revolución Libertadora y el bloqueo de las costas venezolanas por las potencias europeas. En Carora, el Club Torres emite un acuerdo de protesta firmado, entre otros, por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, Presidente de la Institución, Lucio Antonio Zubillaga, Rafael Lozada, Rafael Tobías Marquís, Ignacio Zubillaga y otros. Se protesta, dice el Acuerdo, ''el violento y escandaloso ataque a la Soberanía Nacional hecho por Alemania e Inglaterra"[215]. Pero Cipriano Castro, si bien ha tenido una actitud digna ante las potencias extranjeras aún no igualada hasta hoy, siguió sin embargo, ensañándose contra la educación. En 1903 su Ministro de Instrucción, el Dr. Eduardo Blanco, declara en suspenso las universidades del Zulia y Carabobo y el Colegio Superior de Guayana. Alegaba Blanco para justificar sus infamias que: ''a la deficiencia de la enseñanza se unía el exceso de médicos y abogados lo cual contribuiría a crear en el país un verdadero ''proletariado intelectual" en Venezuela"[216]. Es verdaderamente notable ¾quizá un caso único en el país¾ que la obra literaria de un escritor, Eduardo Blanco, haya contribuido a ocultar esta lamentable e inexplicable actuación del Ministro de Instrucción del Presidente Castro. El venezolano de hoy conoce a Blanco por ser autor de la más grande epopeya literaria venezolana, Venezuela Heróica y no por haber sido el artífice de la cruel e injustificada clausura de Colegios y Universidades.[217]

4.5. LA REAPERTURA DEL COLEGIO PARTICULAR LA ESPERANZA: 1900-1911

Inmediatamente después de la supresión del Colegio Federal Carora por el General Cipriano Castro, el Dr. Ramón Pompilio y el Dr. Lucio Antonio reabren el Colegio en 1900, pero esta vez como particular. Volvía así aquel Colegio a su primitiva condición de institución privada tal y como había nacido el 1º de mayo de 1890. Los Libros de Registro de Matrícula del Colegio en aquel año de 1900 muestran un cuadro espantoso de desolación y abandono. Las cátedras de Gramática y Retórica y Latín sin alumnos. Apenas sí aparece un joven, Emisael Leal, en la de Filosofía Elemental, Aritmética y Algebra. Mejor nutridas de jóvenes estaban las cátedras de Física y Astronomía y Cronología, pues en ellas aparecen cuatro muchachos inscritos: Zenón Palma hijo, Rafael Leal, Alfredo Franco y Agustín Oropeza. Pero es el año de 1902 cuando el Colegio Particular toca fondo: no hay ningún joven inscrito, no hay cátedra alguna abierta.[218]

En el año en que el gobierno vence a las últimas tropas de la Revolución Libertadora, la situación del Colegio Particular La Esperanza Ica. CLltonio lrotesta firmado.mejora notablemente. En efecto, para el año académico de 1903 a 1904 fueron abiertas las clases de Gramática y Retórica y Latín, en tanto que se incorporaron once jóvenes a cursarlas. Ellos son: Antonio N. Giménez, José Crespo, Félix M. Zubillaga, Rafael González, Jacobo J. Curiel, Pedro A. Zubillaga, Simón Oropeza, Rafael Andrade, Emigdio de Santiago, José María Nieves y Eustoquio Castillo[219]. Pero la calamidad de la guerra impidió que estos muchachos rindieran sus exámenes finales. El Dr. Lucio Antonio escribió en el Libro de Actas de Exámenes así: “En J 903 no hubo exámenes, por haberse suspendido el Colegio a causa de la guerra civil”[220]. En efecto, la Revolución Libertadora estaba cerca de Carora, la ciudad de Barquisimeto había sido tomada tres veces por sus tropas[221], el 13 de marzo de 1903 atacó a Carora el general revolucionario Juan Bautista Barráez, quien perdió la acción.[222]

Después de 1904 el Colegio La Esperanza desapareció por completo: no se abrieron cátedras, no hay registro de inscripciones y no se levantaron Actas de exámenes. El Dr. Ramón Pompilio se dedica a las actividades propias de su profesión de abogado y administra una pequeña finca de su propiedad. En el año de 1906 aparece Pompilio como presidente del Club Torres y, en 1908 "presionado por sus paisanos", acepta la designación de Presidente de la Alta Corte Superior de Barquisimeto[223]. Aceptó aquel cargo ¾confesó el maestro a su esposa¾, con la única idea de gestionar ante las altas autoridades la reapertura del Colegio como Federal[224]. Al ver disipadas sus esperanzas, el Dr. Oropeza deja la capital del Estado y vuelve a Carora poco después de la visita que hiciera a Barquisimeto el Presidente Castro. Ese mismo año de 1908 reabre el Colegio La Esperanza y un Colegio para señoritas llamado Las Mercedes[225]. Así, en agosto de 1909, se examinó en las cátedras de Gramática Castellana, Geografía Universal y Aritmética Práctica los jóvenes Lisímaco José Oropeza, Luis Oropeza, Fernando Yépez, Juan Bautista Zubillaga, Miguel Bravo, Jonás Carrasco, Flavio José Herrera Oropeza, Julio José Mármol, Francisco Orsini, Fulvio Orsini y Ricardo Riera. Firman el Acta Rafael Lozada, Lucio Montesdeoca, Agustín Oropeza y el Dr. Ramón Pompilio Oropeza en su calidad de Rector de la institución.[226]

El Colegio para señoritas, Las Mercedes, funcionó por algunos años y sirvió de matriz para que en 1915 fuera fundado el Liceo Contreras por un ex­alumno del Colegio Federal Carora, el Dr. Rafael Tobías Marquís[227]. Estos últimos años fueron para el Colegio La Esperanza de relativa estabilidad. A pesar de no recibir subvención del Estado se pudo mantener, mal que bien, por un tiempo.

Por aquel entonces el país había cambiado, pues el viejo caudillismo del siglo XIX estaba derrotado para siempre y ¾desde diciembre de 1908­¾ gobierna al país un hombre menos problemático, que genera más confianza y expectativas que Castro, el general Juan Vicente Gómez. El nuevo Presidente de la República es un hombre popular, las esperanzas del pueblo estaban puestas en él. La situación económica comienza a mejorar, eliminó los impuestos a la exportación y el de guerra establecido a raíz del Bloqueo (diciembre de 1902), renació la confianza de la comunidad comercial y financiera. En política hizo reformas que según Sullivan:

"Vinieron a consolidar el éxito del programa econ6mico de Gómez (...) comenzó con la Constitución de 1909: aumentó a veinte el número de entidades federales, lo cual le permitió colocar a sus partidarios en puestos claves de gobierno y la Milicia de los Estados. Creó el Consejo Federal con la finalidad de aislar a los más importantes caudillos militares del país (...) redujo el período presidencial de siete a cuatro años, prohibiendo la re-elección."[228]

Además designa a hombres eminentes en ministerios, embajadas y otros puestos civiles. Ellos son los positivistas criollos, creadores de pensamiento político, la llamada "Filosofía Política del Gomecismo"[229]: Pedro Manuel Arcaya, Laureano Vallenilla Lanz, César Zumeta, Pedro Emilio Coll y el larense José Gil Fortoul.

En Carora el entusiasmo contagia a la gente, Chío Zubillaga y Ramón Pompilio Oropeza son designados legisladores, representantes del Distrito Torres ante la Asamblea Constituyente del Estado Lara[230]. Dice al respecto Juan Páez Ávila, en su biografía sobre Cecilio Zubillaga Perera que "Chío":

"fundó en Carora la Sociedad Patriótica Ezequiel Zamora, a través de la cual, participó en las elecciones para Diputados a la Asamblea Legislativa del Estado Lara. Fue electo diputado. Como tal, le correspondió refrendar la reforma de la Constitución Nacional, que permitió que Gómez fuera nombrado Presidente Provisional de Venezuela (…) hasta 1911."[231]

Gómez, también recibió el apoyo del otro legislador torrense, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, quien deseaba a través de aquel apoyo conseguir del nuevo caudillo la reapertura del Colegio Federal Carora el cual había sido suprimido por el enemigo número uno de Juan Vicente Gómez, el General Cipriano Castro.

Con el concurso de estos dos votos, el de Chío y el del Dr. Pompilio, el General Gómez fue nombrado Presidente de la República por el Congreso Nacional por un período de cuatro años el día 3 de junio de 1910. El Presidente Constitucional de la República, el General en Jefe Juan Vicente Gómez jamás olvidaría aquel gesto de estos caroreños y, tal como lo veremos inmediatamente, el futuro dictador de Venezuela ordenó casi inmediatamente después de ser nombrado Presidente reabrir el Colegio Federal de Segunda Categoría de Carora después de que este instituto sufriera una injustificada, criminal y larga clausura que duró exactamente once años y un mes. Empero, este prolongado período de cierre no significó que esta notable Institución se encontrara entumida o parapléjica por efecto de los largos años de cierre. Al contrario, el Colegio Federal Carora no había desaparecido del pensamiento y del corazón de sus fundadores, del sentir de la comunidad caroreña, en especial de los "godos de Carora", quienes fueron los más afectados por la cruel decisión del Presidente Castro y de su Ministro de Instrucción Eduardo Blanco. Al reabrirse la institución, ésta mostró inmediatamente un vigor y una lozanía extraordinarias que, sin lugar a dudas, le habían impreso desde su fundación en 1890 los doctores Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga. Vigor y lozanía que le permitieron sobrevivir a la más dura prueba que el destino le deparó a esa vieja institución educativa venezolana.

4.6. REAPERTURA Y CONSOLIDACIÓN DEL COLEGIO FEDERAL CARORA: 1911-­1937

Catorce meses después de que el General Gómez fuera investido por el Congreso como Presidente Constitucional de la República de Venezuela ordena el primer mandatario, por conducto de su Ministro de Instrucción el Dr. José Gil Fortoul, la reapertura del Colegio Federal Carora. Después de once largos años de supresión, el Colegio de Carora volvía a la vida al ser de nuevo colocado dentro del presupuesto nacional el 7 de septiembre de 1911.

¿Qué había hecho posible tan afortunada decisión de Gómez? Empecemos a decir que a la estabilidad política contribuyó la coyuntura económica favorable, que comenzó a manifestarse en 1909 con la recuperación de los precios internacionales de los principales productos venezolanos de exportación[232]. En los años que siguieron a 1908 ¾dice Sullivan¾ decenas de millones de dólares fueron invertidos en el desarrollo de los campos petroleros venezolanos[233]. Esto permitió al gobierno destinar un buen porcentaje del Presupuesto Nacional a gastos en educación, ubicándose en un 8 % del Presupuesto.[234]

Otro, acontecimiento que propició la apertura del Colegio fue "1a entrada en política por la grieta de la ilustración" ¾según dijera José Rafael Pocaterra¾ del Dr. José Gil Fortoul quien se había consagrado ya desde 1908 al publicar su Historia Constitucional de Venezuela. El nuevo ministro es un declarado enemigo del bachillerato que hasta entonces imperaba, que según decía, estaba lleno de deficiencias y vicios. Más aún, agregaba el Ministro Gil Fortoul, que “La enseñanza secundaria en Venezuela prepara sólo y muy toscamente para la enseñanza superior”[235]. Además sigue diciendo el historiador larense que:

"La falta de programas ha contribuido a anarquizar la educación secundaria en Venezuela (...) los alumnos llegan al ambicionado grado de bachiller con una variedad increíble de clase de conocimiento, excesivos en algunos ramos, en otros deficientes, todos sin armonía y sin enlace, con deplorables lagunas que vician la solidez del edificio."[236]

Aún así, Gil Fortoul actuó en favor de reabrir las puertas del Colegio de Carora. Privó en esta decisión el hecho de que tanto el Ministro de Instrucción como el Dr. Oropeza habían sido compañeros de estudios en el Colegio de la Concordia de El Tocuyo y que regentaba el bachiller Egidio Montesinos. Veamos lo que escribe Gil Fortoul al Dr. Pompilio con motivo de la ansiada reapertura:

Maracay, 8 de septiembre de 1911

Sr. Dr.
Ramón Pompilio Oropeza

Querido amigo:

Envío hoy bajo tres sobres, tu nombramiento de Director del Colegio, el de Vice-rector y el de profesor de idiomas. Las demás cátedras la servirán el Director y el Vice, como quedó convenido.

Te deseo el mayor éxito en tu civilizadora tarea.

Siempre tuyo:

José Gil Fortoul.[237]

En la ciudad de Carora contribuyeron a la reapertura de la institución el General Juan de Jesús Blanco, Jefe Civil de Carora y el Sr. Cecilio Zubillaga Perera, ex-alumno del Colegio Federal. Del General Blanco dice "Chío":

"El balance efectivo de todas esas actividades fue que el 19 de diciembre de 1914 inauguraba Blanco (…) el acueducto. El Parque Bolívar. La Red Telegráfica (...) de nuestro vasto Distrito. Y aunándose a todas estas obras de inmediata utilidad material, se agregaba la seguridad de que desde entonces estaría el Colegio “La Esperanza”; descansando, por la influencia de Blanco, sobre la columna del Presupuesto Nacional en forma de que pudiera el famoso instituto continuar..."[238]

Así, desde septiembre de 1911, el Dr. Pompilio gozaba ya de su nombramiento oficial. El documento en cuestión reza lo siguiente:

Estados Unidos de Venezuela

Ministerio de Instrucción Pública

Caracas, 7 de septiembre de 1911
102 y 53
No. -------------
D de IS y de BA
Ciudadano
Dr. R. Pompilio Oropeza
Carora

Por disposición del ciudadano Presidente de la República y Resolución de este Despacho, fecha de hoy, se nombra a Ud. Director del Colegio Federal de Varones en esa ciudad puesto del cual se encargará el 16 del mes de curso, día en que debe reabrirse el mencionado Instituto.

Comunicación que hago a Ud. para su conocimiento y fines consiguientes.

Dios y Federación

J. Gil Fortoul.[239]
Colegio Federal

Tal y como había sido pautado por la comunicación del Ministro, el 16 de septiembre en la sede del Colegio Federal Carora se levantó la siguiente Acta:

Acta de Reinstalación del
Colegio Federal

En Carora, á diez y seis de septiembre de 1911, se reunieron los ciudadanos Dr. R. Pompilio Oropeza, Dr. L. Antonio Zubillaga y Sr. Rafael Lozada, nombrados respectivamente por el Ejecutivo Nacional Director, Subdirector y Profesor del Colegio Federal de Varones de esta ciudad. El objeto de la reunión era reabrir el referido Colegio, el cual estaba en suspenso desde hacía varios años, y que hoy por Resolución del ciudadano Presidente Constitucional de la República y Resolución del Ministro de Instrucción Pública, de siete de los corrientes, iba de nuevo a entrar en actividad. El ciudadano Director declaró reabierto el plantel, y, estando presente un numeroso grupo de jóvenes, que aspiraban a entrar como cursantes, les notificó los requisitos legales que tenían que llenar con tal fin y les dirigió, además frases en que los estimulaba al amor al estudio, a la observancia de una buena conducta, tanto en el Colegio como fuera de él, y al estricto cumplimiento de sus deberes escolares.

Y terminó el acto

R. Pompilio Oropeza
L. Antonio Zubillaga
R. Lozada[240]

Una de las primeras actividades del Colegio Federal recién reabierto fue el de practicar exámenes de admisión para el curso preparatorio que establecía la ley. Toda una novedad que advertía el advenimiento de un nuevo ciclo educativo, tras el cierre del ciclo guzmancista que se inició en 1870. El Ministro Gil Fortoul era partidario de sacrificar la cantidad por la calidad, de allí que se practicaran aquellas pruebas para seleccionar los alumnos más capaces[241]. El 29 de septiembre de 1911 se reunieron los doctores Oropeza y Zubillaga y el Br. Rafael Lozada para practicar la prueba. Los alumnos fueron separados en tres grupos para hacer más fácil el proceso. En el grupo primero se examinaron los siguientes jóvenes: Felipe José Alcalde, José María Aldazoro y Ramón José Alvarez; en el segundo grupo a Ricardo Alvarez, Federico José Carmona y Fenelón Perera. Todos estos alumnos fueron calificados de pasables. El tercer grupo, calificados también de pasables, lo componían Roberto Montero, Carlos Montesdeoca, Pastor Oropeza, Juan Bautista Gallardo, José Clemente Montesdeoca y José Franco.[242]

Todos estos alumnos, 19 en total, fueron admitidos para cursar estudios en el Colegio para el año académico 1911 a 1912. Se abrieron para tal efecto las siguientes "clases": Gramática Castellana, Geografía Universal, Francés (1er. año), Inglés (1er. año), Higiene, Algebra, Biología, Botánica, Zoología y Geología, Historia Universal (1er. año)[243]. Nótese el cambio notable del plan de estudios que acabamos de ver con los del siglo XIX. En aquellos se han incrementado en número de asignaturas y han aparecido unas nuevas: los idiomas modernos (inglés y francés), Historia Natural, Higiene. En el año académico 1912-1913 aparece por vez primera la clase de Historia de Venezuela[244]. Al impulso y desarrollo del positivismo Spenceriano aparecen las cátedras de Historia Natural y Botánica, Zoología y Geología.

El arrollador avance del positivismo en nuestros medios académicos de principios de siglo XX no logra desplazar las asignaturas ligadas a las llamadas Humanidades: el Latín y el Griego[245]. La Física, como es natural, sigue apareciendo. Su presencia revela su incuestionable condición de "Reina de las Ciencias Naturales". Pero no creamos que esta Física caminaba aparejada a los enormes cambios que en ella se produjeron a principios de siglo con los trabajos de Planck y Einstein. No, la Física que enseñaba el Dr. Lucio Antonio seguía aferrada al determinismo positivista del siglo XIX y a la mecánica clásica basada en la geometría euclidiana. No creemos que los doctores Pompilio y Lucio Antonio hayan podido comprender aquel enorme cambio científico que destruyó para siempre y en forma brusca nuestra imagen del cosmos. Después de todo, ellos eran hombres del siglo XIX y a pesar de que habían asistido a la Universidad de Caracas, hervidero de las ideas positivistas, no fueron capaces de entender las nuevas nociones científicas que la Física del siglo XX introducía: el discontinuo, las teorías de los quanta y de la relatividad[246]. Las aspiraciones de certidumbre absoluta que campeaba en las ciencias naturales y sociales del siglo XIX estaban muertas.

Llegó el año académico de 1912-13, el Colegio seguía adelante, su funcionamiento era normal y al instituto asistía un considerable grupo de 19 jóvenes. Considerable, decimos, pues no debemos caer en equívocos: nuestro bachillerato en el siglo XX seguía siendo un bachillerato semiclásico, semiaristocrático y semiprivilegíado. Esta fue la idea que privó en nuestra educación durante el régimen gomecista: la formación de élites. Muy lejos estaba aún la idea de hacer una educación de masas: una educación de castas es la que habría de imponerse hasta 1945.[247]

El año académico de 1913-1914 fue quizá el más rico en experiencias académicas para el Colegio, pues el Plan de Estudios ¾y no pensum, como dijo Angel Rosenblat¾ presentaba el increíble número de 19 asignaturas. El Dr. Pompilio se encargaba de cuatro y otras tantas el Dr. Lucio Antonio. El resto de ellas las dictaban los bachilleres Rafael Lozada y Federico Carmona. Estas asignaturas eran: Grámatica Castellana, Latín (1º), Francés (1º), Aritmética, Geografía e Historia de Venezuela, Taquigrafía, Algebra, Geometría, Botánica y Zoología, Latín y Raíces Griegas, Alemán, Complementos de Historia Universal, Literatura y su Historia, Física (2°), Cosmografía y Cronología, Biología y Antropología, Filosofía y su Historia, Mineralogía y Geología.[248]

La presión que ocasiona un Plan de Estudio más diversificado y contentivo de mayor número de asignaturas hizo que paulatinamente el cuerpo docente del Colegio creciera. En 1917 las cátedras estaban distribuidas de esta forma: El Dr. Pompilio se encargó de las de Castellano y Elementos de Latín y Griego, el Dr. Rafael Tobías Marquís la de Francés; Pablo Alvarez las de Algebra y la de Trigonometría; Fernando Yépez Bracho las de Geografía e Historia de América e Historia y Geografía Universal; el Dr. Lucio Antonio en su condición de médico, las de Zoología y la de Química, el Dr. Pompilio las de Cosmografía y Cronología y Filosofía Elemental; y, finalmente, el Br. Fortunato Franco dictaba las de Dibujo Lineal, Elementos de Topografía y de Dibujo Topográfico aplicados a la lectura de planos.[249]

En 1918 aparece un documento en el Libro Copiador de la Institución que nos revela el espíritu de agradecimiento del Dr. Pompilio para con el Presidente Juan Vicente Gómez por haber decretado la reapertura del Colegio en 1911. Se trata de un telegrama de pésame por la muerte de la ''honorable señora Hermenegilda de Gómez'': madre del Presidente de Venezuela[250]. El país estaba por aquellos años completamente pacificado, Gómez ha eliminado toda oposición, la cárcel de La Rotunda comienza a hacerse tenebrosamente famosa. Pero aquel país rural y analfabeta era atacado de cuando en cuando por un criminal quizá más temible que las guerras civiles: las epidemias y las pestes. En los meses finales de 1918 atacó a la ciudad de Carora una violenta enfermedad que mataba en muy pocas horas. Por tal razón se ordenó cerrar por un tiempo el Colegio Federal Carora. Se trataba de la epidemia de gripe española que cobró un número aproximado de 25.000 vidas en el país. Un oficio, el No. 11 del Colegio Federal, dice así:

Febrero 17 de 1919
Inspector Técnico. Recibido.

Reinando actualmente en esta ciudad (de Carora) epidemia gripal intensa, juzgan Autoridades Sanitarias que para abrir el Colegio Federal es conveniente esperar unos días más. Avisaré.[251]

A finales de ese mismo año el Colegio perdió una importante prerrogativa legal: no se concedieron títulos de bachiller. En la institución sólo se siguió "leyendo" el Curso General y no el Curso Especial; este Curso Especial era imprescindible para optar al título de bachiller. Este curso fue suspendido el 7 de enero de 1918 por orden del Ministro de Instrucción Pública Dr. Raúl González Rincones[252]. Dos años después, en 1921, el mismo Ministro González Rincones decía que:

"Una de las labores más intensas que ha tenido el Despacho ha sido la de hacer cumplir estrictamente las disposiciones de la ley en lo que se refiere a las demostraciones de carácter experimental exigidas como complemento de la enseñanza teórica."[253]

La excitación del Ministro de Instrucción sirvió para que los padres de familia de aquel grupo de muchachos, alumnos del Colegio caroreño se reunieran con el objeto de adquirir los gabinetes para la experimentación. El Ministro de Instrucción elogió aquel gesto de la siguiente manera:

“Algunos planteles particulares han encargado laboratorios, y los padres de familia de Carora han ofrecido generosamente sendos gabinetes de Física, Química e Historia Natural de la casa Fils y Emile Deyrolle de París al Colegio Federal de aquella ciudad. Se compondrán estos gabinetes de los instrumentos necesarios para los Trabajos Prácticos de Instrucción Secundaria. Esta cooperación entre el padre de familia y el gobierno en cuestiones educativas es poco frecuente en Venezuela.”[254]

Este acontecimiento tan importante en la historia de la educación en Venezuela y en particular de Carora, ocurrió el 23 de julio de 1922. Veamos lo que al respecto se registró en los libros del Colegio:

"Ciudadano Ministro de I.P. En el vapor francés “La Navane”, que llegará en estos días a Puerto Cabello, vendrán, según aviso recibido, los gabinetes de Física, Química e Historia Natural pedidos a Europa con destino a este Colegio. Con el objeto de ganar tiempo, el Sr. Rafael Lozada, de esta ciudad que fue quien hizo el encargo, ha dado orden a la oficina del Banco Mercantil Americano de Caracas en Puerto Cabello, a la cual vienen aquellos consignados, de remitir directamente a ese Ministerio los documentos requeridos para la obtención de la exclusión de los derechos aduaneros.''[255]

De esta manera el Colegio Federal Carora su ponía a tono con la modernidad educativa que ya era una realidad en los países europeos y los Estados Unidos desde fines del siglo XIX. La experimentación era en esos países una cuestión rutinaria y de uso común. No fue así en nuestro país donde resultó ser una curiosa novedad cuando hombres como José María Vargas y Vicente Marcano la introdujeron a la Universidad de Caracas a principios del siglo XIX. Se trataba, como lo dijo Mariano Picón Salas, de una manifestación de la herencia de la educación colonial y española, educación de palabras más que de cosas, educación que tras los claustros del siglo XVII parecía amurallarse contra la naturaleza.

En lo que respecta a la educación secundaria para el sexo femenino, el Colegio Federal Carora se incorporó al movimiento universal por los derechos de la mujer al aceptar en sus aulas a las primeras jovencitas para cursar estudios en ese Colegio que, desde su fundación en 1890, había sido exclusivamente para varones, salvo en los años 1900-1911 cuando el Dr. Oropeza recibió varias alumnas para que cursasen estudios en el Colegio La Esperanza, tal como hemos visto antes. Fue así como para el año escolar 1931-1932 se inscribieron para cursar asignaturas de Aritmética Razonada, Castellano, Francés, Geografía e Historia Universal, Botánica, Latín y Dibujo, correspondiente al curso de primer año, las señoritas María Luisa Rodríguez, Eva Teresa Acosta, Emérita Acosta, Sacramento Suárez y Leoncia Castañeda[256]. La primera dama ¾dice Silva Uzcátegui¾, que obtuvo el título de bachiller en este plantel, fue la señorita Sacramento Suárez, natural de Curarigua. Recibió su título de manos del doctor Oropeza el día 30 de julio de 1935.[257]

Después de la muerte del Presidente Juan Vicente Gómez acaecida en 1935, se produjo un importante crecimiento de la matrícula en el Colegio Federal Carora. En el año escolar anterior (1934-35) cursaban estudios en e1 Instituto 29 jóvenes de ambos sexos, 14 de ellos 2° año y 15 en 4º (nótese que no había cursos para primero y tercer año). Pero para el año escolar 1935-36 la matrícula se incrementó notablemente, pues para cursar el primer año se, inscribió la muy apreciable cantidad de 29 alumnos y para cursar el tercer año 13 jóvenes más, lo que suma un total de 42 estudiantes. Esta cifra representa la más alta matrícula del Colegio en muchos años. Después en todo el período gomecista el Instituto no recibió más que un promedio de 20 alumnos por año[258]. Al año escolar siguiente (1936-37) el número de inscritos bajó a la cifra de 33 alumnos, de los cuales 23 cursaban primer año y el resto (10 alumnos) lo hacían en cuarto[259]. Durante estos últimos años el Colegio caroreño no otorgaba títulos de bachiller, prerrogativa que había perdido ¾como hemos visto­¾ desde el año 1919.



4.7. LOS COLEGIOS LA ESPERANZA Y FEDERAL CARORA Y LA VIDA SOCIAL Y CULTURAL DE CARORA, 1890-1937

En los últimos años del siglo XIX, el Colegio Federal Carora había de tener una protagónica actuación en la vida social y en la cultura de Carora. En 1898 nació el Club Torres al calor de la misma agitación socio-cultural que le imprimieron los "mantuanos caroreños" a su ciudad. El club en cuestión nació con la denominación de Club Recreativo, a la manera inglesa[260]. En su acta de fundación aparecen los nombres de las mismas personas que fundaron y animaron la vida académica de los colegios La Esperanza y Federal Carora. Entre estos personajes encontramos al Sr. Ramón Riera, Lic. Jacobo José Curiel, Dr. Fernando Yépez Peraza, Dr. Julio Segundo Alvarez, Nicanor Oropeza, Gilberto Zubillaga, Ernesto Alvarez, Julio Mármol Herrera, Sr. Rafael Lozada, Pablo Riera, Francisco Manuel Alvarez, Andrés Riera, Dr. Ramón Pompilio Oropeza, Francisco Franco Urrieta, Juan José María Montesdeoca[261]. Los doctores Ramón Pompilio y Lucio Antonio. Rector y Vicerrector del Colegio Federal Carora ocuparon la presidencia de esta institución, así como también sus ex-alumnos el Sr. Rafael Lozada y Dr. Ignacio Zubillaga.[262]

No fue un simple club ''frívolo e inútil" dice el doctor Pastor Oropeza, sino que la referida institución era:

"La bolsa donde se realiza el comercio, el sitio en que se planificó la riqueza pecuaria de Carora, es el centro siempre dispuesto a recoger todo lo que atañe a la cultura, el libro nuevo, el periódico que llega de otras latitudes, la conferencia que adoctrina la acción social..."[263]

Esta famosa y polémica institución que ha sido atacada por su carácter excluyente, mantuvo, es preciso reconocer, una actitud nacionalista y patriótica durante los sucesos de 1903 cuando Alemania e Inglaterra bloquearon las costas de Venezuela: En los salones del club, el Rector Dr. Oropeza pronunció un discurso de protesta[264]. Esta misma corporación hizo su Miembro Honorario al Br. Egidio Montesinos en 1911 y hace honor a la obra educativa del Dr. Ezequiel Contreras[265]. Es necesario recordar que Montesinos y Contreras fueron eminentes educadores en cada una de las épocas que les tocó vivir.

En otro ámbito cultural en donde actuaron los hombres del Colegio Federal Carora fue en el periodismo. Se produjo en esa época en Carora una verdadera explosión editorial y periodística que comenzó en 1875 con la llegada de la imprenta a la ciudad. A partir de ese año unos 25 periódicos se editaron entre la última década del siglo XIX y las primeras del XX. En este boom periodístico estuvieron involucrados rectores, catedráticos, alumnos y ex­alumnos del Colegio Federal. Estos periódicos son los siguientes: El Adolescente (1819) dirigido por Rafael Lozada y P. F. Carmona; El Amigo de los Pobres (1909) dirigido por el Pbro. Dr. Carlos Zubillaga; El Sien Común (1893) dirigido por Amenodoro Riera, Pbro. Dr. Maximiano Hurtado, Sr. Antonio Ma. Zubillaga, Sr. Federico Carmona; El Caroreño (1887) dirigido por Manuel María Marquís; El Diario (1919) dirigido por el Sr. Agustín Oropeza; El Deber (1909) dirigido por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza; La Egida (1897) del Sr. Rafael Lozada; El Gran Partido (liberal. 1893), del Dr. Juan José Bracho; La Guirnalda (1887) del Dr. Juan José Bracho y el Sr. Virgilio Crespo (1910); El Ideal (1897) del Sr. Pedro Felipe Carmona; El Impulso (1904) dirigido por Federico, Pedro Francisco y Jesús María Carmona; Minerva (1916) del Dr. Rafael Tobías Marquís y María Perera; El Monitor (1909) de Dimas Franco Sosa y Cecilio Zubillaga Perera, La Moral (1911) de Cecilio Zubillaga Perera; El Museo (1893) de los Bres. Rafael Lozada y Pedro Francisco Carmona; La Palanca (1891) del Dr. Juan José Bracho y el Br. Félix Hilarión Riera; El Partido Liberal (1900) del Dr. Tertuliano Herrera Oropeza; Le Petit Fígaro (1891) periódico que reseña el acto de fin de curso del Colegio La Esperanza en 1891; Los Rayos Roentgen (1897) del Br. Pedro Carmona Alvarez; Vendimia (1920) del Dr. Rafael Tobías Marquís; El Voto Libre (1893) de los doctores Juan José Bracho, Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga; pero finalmente del Br. José Ramón Perera[266].

Los "patricios caroreños" ejercieron en Carora una verdadera "hegemonía ideológica y cultural" puesto que fundaron y dirigieron las empresas culturales más importantes de la ciudad: sus institutos educativos, la prensa local, los clubes y asociaciones, etc. Todo este proceso ideológico y cultural no era más que la manifestación del progresivo afianzamiento de una clase social minoritaria, poseedora de la tierra y que manejaba el activo comercio caroreño de fines del siglo XIX. Cohesionada como estaba, había tomado consciencia de su poder material y grandeza espiritual que les permitiría ¾al despuntar el siglo XX¾ establecer inmensos latifundios ganaderos al oeste del Distrito Torres y mostrar con orgullo ante el país una intelectualidad que con sus grandes dotes de genio ganó para el terruño celebridad nacional. Y allí estaban, por supuesto, los bachilleres del Colegio Federal. Entre estos personajes podemos citar al Br. Pablo Alvarez, docente de dilatada trayectoria; Federico, Pedro Francisco, Juan Bautista y Ramón Carmona, los hombres del periodismo y quienes hicieron posible la fundación del diario "El Impulso" en 1904; el exquisito poeta Dimas Franco Sosa; Luis Beltrán Guerrero, calificado "el humanista de Venezuela"; José Herrera Oropeza, internacionalista defensor del derecho de Puerto Rico por su autodeterminación; Rafael Lozada, de quien ya nos hemos referido antes; Rafael Tobías Marquís, educador que fundó el Liceo Contreras en 1915; Miguel Ángel Meléndez, quien realizó una fecunda obra periodística y educativa; Ambrosio Oropeza, el jurista que dirigió la redacción de la Carta Magna de 1961; Pastor Oropeza, el más grande pediatra de Venezuela, su fama es continental; Ambrosio Perera, historiador, sus trabajos sobre la fundación de nuestras ciudades son de inestimable valor documental; el padre Carlos Zubillaga, un adelantado de lo que más tarde se llamaría "teología de la liberación"; Cecilio Zubillaga Perera, periodista que combatió sin tregua las injusticias; Juan Oropesa, político e historiador, miembro fundador del partido ORVE, Rector de la Universidad Central de Venezuela en 1945; José Herrera Oropeza (1885-1935), escritor y periodista, fundó la revista literaria Ensayos y los periódicos Labor y El Diario en 1919[267]; el poeta Alí Lameda, el periodista Antonio Herrera Oropeza, el médico Homero Alvarez, el poeta Elisio Jiménez Sierra.

En 1921, el doctor Oropeza se preguntaba ¿Cuál ha sido la influencia del Colegio Federal en los destinos de Carora? El mismo se respondía citando cinco hechos:

"Primero: un periódico diario, juicioso y organizado a la altura de los mejores del país (El Impulso), dirigido por alumnos del colegio. Segundo: Una escuela graduada, a donde acuden (...) más de cien alumnos (Escuela Federal Anexa al Colegio), dirigida por alumnos del colegio. Tercero: un acueducto (...) cuya dirección técnica correspondió a Rafael Lozada, alumno y fundador del colegio. Cuarto: dos santuarios, uno para el Dios hostia y otro para el Dios caridad obra del inolvidable padre Zubillaga, alumno del Colegio (...) Quinto: un Liceo para la educación de la mujer (...) obra esta creada por otro alumno del Colegio, el Dr. (Rafael Tobías) Marquís y a la cual ha consagrado él mismo (...) todas sus energías."[268]

Después de 31 años de ejercicio profesional, el doctor Oropeza hizo un balance de sus luchas ¾que no fueron pocas¾ de la siguiente manera:

"Quede ahí, que heroísmo es, y no pequeño, consagrarse a las arduas labores de la enseñanza. La enseñanza es redención y toda redención implica un supremo heroísmo y una vía de dolores." [269]


Dr. Ramón Pompilio Oropeza, fundador del Colegio
La Esperanza en Carora.

CAPÍTULO V

RAMON POMPILIO OROPEZA (1860-1937)
ESBOZO BIOGRÁFICO Y APOSTOLADO DE UN
MAESTRO DE LA PROVINCIA VENEZOLANA

El Dr. Ramón Pompilio Oropeza, quien iba a ser uno de los más destacados educadores de Venezuela de comienzos de1 siglo XX, nació en Carora el 13 de noviembre de 1860. Su familia, de las más antiguas de Carora, contaba con prominentes hombres del saber y de la política. Su abuelo materno, Don Francisco Manuel Alvarez, muerto en 1857, era el jefe político de los "Unidos" o conservadores caroreños (véase el Capítulo II). Por vía paterna, estaba emparentado con Don Javier Oropeza y de La Torre, primo del General Pedro León Torres, héroe de la Independencia. Su padre, Don Pastor, era conservador y fanático bolivariano[270]. La familia Oropeza era poseedora de un largo y arraigado linaje que databa de 1725, año en que el primer Oropeza llega a Venezuela. Los Oropeza eran godos pero pobres[271]. Sin embargo, esto no era modo alguno obstáculo para ser un "patricio" o "mantuano" caroreño. Era suficiente tener apellido, ser cristiano practicante y participar en los usos y costumbres sociales de este grupo social minoritario. Su niñez transcurrió en un hogar muy católico, hecho que le marcará para siempre. Muchos años después dirá Pompilio que en su casa se forjó una verdadera "geometría moral"[272] que le acompañó hasta su muerte. Era el hijo menor de una familia de 10 hermanos. Esto le permitió dedicarse a los estudios, pues en el modesto negocio de su padre, no había trabajo para Pompilio. Fueron sus hermanos mayores los que decidieron, una vez terminada su primaria en Carora, enviarle a El Tocuyo a cursar estudios en el Colegio la Concordia del Br. Egidio Montesinos[273]. La influencia de Montesinos va a ser decisiva en la formación del joven Oropeza. Del maestro tocuyano asimilará rasgos indelebles de su personalidad: ferviente catolicismo, dedicación a la enseñanza y amor al terruño natal. Bien podría decirse que Montesinos es el hacedor del carácter del futuro educador. Pues le sigue, le imita en todo, desde sus convicciones religiosas, su compostura ciudadana y su idea de la sociedad y del mundo. Sintió Pompilio al Br. Montesinos como a un verdadero padre, tal y como lo manifestó el joven bachiller Rafael Pompilio cuando dijo de Montesinos que: "es el padre que con amor, me da un asiento en los bancos de su colegio".[274]

Del maestro tocuyano recibe Pompilio las ideas maestras que le guiarán por toda la vida. Sus estudios de bachillerato son una impronta muy honda en su existencia. Fue una especie de fijación emotiva la que sufrió el joven bajo la conducción del maestro tocuyano. De su amado colegio dirá Pompilio en una ocasión:

"Pronunciar esas risueñas y halagadoras palabras (Colegio de La Concordia) ejercieron sobre mí la misma influencia que el imán sobre los cuerpos magnéticos, me hacen abandonar el paterno techo y lanzarme en pos de la tierra que le sirve de asiento."[275]
Aquel modesto colegio acogió al joven Pompilio afectiva e intelectualmente. Fueron sus aulas un refugio, una plácida matriz de la cual el joven caroreño sentía miedo de salir. Veamos lo que sigue diciendo el joven bachiller:

"Fuera de este templo todo es oscuridad y confusión. Y en efecto ¿Qué fuera de la existencia del hombre sin su ayuda? una flor inodora y sin atractivo alguno; un campo salvaje y desierto, un débil pajarilla, abandonado y sin nido...".[276]

No sólo acoge afectivamente Montesinos a Pompilio, también su visión del mundo, de la ciencia y la filosofía ha sido marcada por su Maestro tocuyano. Una filosofía que mostraba claras reminiscencias aristotélicas y medievales, tales como la doctrina tomista acerca del alma, el alma humana que por definición es incorruptible e inmortal, ya que según enseñaba Montesinos, "su inmaterialidad y simplicidad hacen imposible su descomposición o corrup­ción"[277]. En su discurso al serle otorgado el título de bachiller, dice Oropeza, siguiéndole los pasos a su Maestro, que:

''La psicología, enseñándonos que hay dentro de nosotros una sustancia simple, inmortal, creación de la omnipotencia para surcar los mares en poderosa nave.''[278]

Cuando transcurre la octava década del siglo XIX la mentalidad del joven bachiller Pompilio se sitúa en dos tiempos. Por un lado, exalta la nueva ciencia moderna y sus portentos: Galileo, Newton, Franklin, Morse. Pero por el otro, es medieval y acusa una decidida influencia balmesiana y de su forma apologética[279]. En ese tono se refiere Pompilio a la filosofía:

"'Desde el principio del mundo una ciencia existía; pero esta ciencia era absolutamente desconocida para el hombre. Con el transcurso del tiempo este, impulsado por el natural deseo de saber, y haciendo esfuerzos inauditos, logró hacerla surgir del caos tenebroso, radiante de vívidos fulgores cual astro rutilante en cielo tempestuoso. Esta es la Filosofía, ciencia soberana que siempre ha sido objeto de las más profundas meditaciones."[280]

La filosofía que enseñaba el Sr. Montesinos era una filosofía de corto eclesiástico, semiescolástico, con gran influencia del espiritualismo balmesiano[281]. Otros destacados alumnos del bachiller Montesinos, Lisandro Alvarado y José Gil Fortoul acusaron también esta ''conciencia teísta y cristiana del mundo que inevitablemente estaba vinculada al tradicionalismo sociocultural y al conservadurismo político''[282]. Si bien es cierto que Lisandro Alvarado y José Gil Fortoul abandonaron bien pronto estas formas de pensamiento en aras del positivismo comteano y spenceriano de finales de siglo pasado, Ramón Pompilio siguió fiel a las religiosas y metafísicas ideas que oyó y asimiló de los labios del Maestro Tocuyano. Veamos lo que dice Pompilio de Dios y de la Teodicea empleando un lenguaje cargado de ecos romanticistas y naturalistas:

"Pocos seres, si es cierto que los hay de buena fe, que dejándose subyugar por las pasiones, han llegado al funesto y degradante estado de negar la existencia de Dios: la existencia de ese ser soberanamente perfecto, sabio, poderoso, uno, infinito, providentísimo, que la encontramos probada en la perla diamantina del rocío que se deposita en el cáliz perfumado de las flores, y en el inmenso y poderoso mar; en la brisa suave y deliciosa de una encantadora mañana de primavera ..."[283]

En este mismo discurso, que le tocó pronunciar al joven Oropeza al resultar ser el alumno más aprovechado del Colegio, se referirá a la ciencia natural de los antiguos con la misma vehemencia con que lo ha hecho de los asuntos sagrados, veamos:

"Allí vimos a Arquímedes de Siracusa inventando la palanca y sometiendo a leyes fijas los sólidos sumergidos en líquidos. A Herón de Alejandría, inventando los primeros aparatos mecánicos movidos por el aire y el agua, y aplicando el vapor al movimiento en su eolípilo, aplicación que había de servir con el transcurso del tiempo a Blasco de Garay."[284]

Como hemos podido observar, el bachiller Montesinos enseñaba lo que era obligado enseñar dentro de los marcos del pensamiento occidental, pensamiento que ha oscilado entre dos concepciones opuestas del Universo: la primera que concibe al mundo como un autómata y que estaba de acuerdo con la Mecánica Celeste de Newton, y la segunda, una suerte de Teología en la cual Dios gobierna al universo[285]. ¿Hubo de escoger el joven Pompilio? creemos que no. Antes hemos hablado de la fidelidad del joven caroreño al pensamiento y obra de Montesinos, al cual siguió con devoción casi mística hasta el final de su vida. Dios, el Papa, la Iglesia Católica y la Vida de Ultratumba van a ser siempre los fundamentos de su vida. Pero eso sí, sin dejar de mostrar una fe conmovedora en la ciencia. De la breve pero perdurable pasantía del joven caroreño en El Tocuyo quedaron muchos testimonios de su inteligencia y aprovechamiento, diplomas que de puño y letra le otorgara Montesinos en Aritmética y Algebra, Español, Geometría, Trigonometría y Topografía, Francés, Física Experimental (que no era tal, sino una física conceptual), Geografía, Cosmografía y Cronología.[286]

Después de haberse graduado de bachiller y mientras espera que se abran los cursos en la Universidad de Caracas, se produjo un acontecimiento que cambió su vida por completo. Se trata de su primera experiencia docente. Sucedió que en 1884 moría en Carora el Lic. Lázaro Perera quien dictaba un curso de filosofía en la ciudad. Por exigencia de un notable grupo de personas, entre los que se hallaban el General Federico Carmona, el Sr. Antonio María Zubillaga y el Licenciado Jacobo Curiel, decide Oropeza continuar el curso en cuestión hasta terminar el año académico. Los jóvenes Lucio Antonio Zubillaga, Salomón Curiel, Félix Hilarión Riera, Federico Carmona, Juan Antonio Figueroa, Telésforo Montero y Ramón Caldada pudieron concluir sus estudios gracias a la oportuna decisión del discípulo de Montesinos.[287]

Años después este grupo de jóvenes le brindó al Dr. Pompilio una enorme ayuda en el Colegio La Esperanza durante los primeros años de vida de ese instituto. En agosto de 1884 parte el joven bachiller Ramón Pompilio para Caracas a seguir estudios en la Universidad Central. De nuevo y en esta oportunidad son los hermanos mayores del joven quienes deciden costearle sus estudios universitarios. Llega el bachiller a Caracas cuando gobernaba al país el General Joaquín Crespo, quien ha sido elegido por recomendación de Guzmán Blanco. Es el año del hambre, del paludismo y de la langosta. “Hay cansancio de Guzmán Blanco, cuyas genialidades, aciertos e impertinencias viene soportando el país desde 1863”.[288]

El Capellán del Hospital Militar y Provisor de la Arquidiócesis de Caracas, Monseñor Críspulo Uzcátegui le acoge y protege, quien iba a ser el futuro Arzobispo de Caracas se convierte pronto en el guía del estudiante universitario. La ciudad al pie del Ávila es para la época una ciudad más bien modesta y pequeña, pero con una vida intelectual y cultural intensa, tal como lo anota Ramón Díaz. Sánchez:

''Impregnada de efluvios franceses, la literatura, la pintura, la música (...) tienen por esta época en Venezuela un meridiano francés. Es, en pintura, el florecer de Crist6bal Rojas y Arturo Michelena con sus motivos sociales e historicistas; en literatura la invasión de la novela de Zolá, de Daudet, de Maupassant de los hermanos Goncourt; en poesía la influencia simbolista e idealista de Baudelaire, de Rimbaud de Lautréamont, de Verlaine, de Mallarmé, de Moreas; en música el ensueño del vals (…) Chopin, el triunfo de Teresita Carreño (...) Y es asimismo el impacto de los estudios historiológicos que producen Taine y Renán.''[289]

La Universidad de Caracas a la que ingresa Pompilio es, según Gil Fortoul, un centro de estudios que:

"No tiene dogmas, no es materialista, ni espiritualista, ni ecléctica (y que, en definitiva) es y ha de seguir siendo un instituto docente, caracterizado en todas sus actividades por el método científico."[290]

En esa casa de estudios enseñan Adolfo Ernst (1832-18991 y Rafael Villavicencio (1838-1920). El sabio alemán lo hace en la Facultad de Medicina, mientras que el venezolano abre una Cátedra de Filosofía de la Historia.

Las enseñanzas de estos dos hombres cautiva a nuestra juventud universitaria; se trata del positivismo mucho más en su versión spenceriana y evolucionista que bajo su originaria forma comteana.[291]

En este momento nos hacemos varias preguntas: ¿fue decisiva la influencia del positivismo en la formación del joven Pompilio? ¿Asistió a las clases de Ernst y de Villavicencio? ¿Pudo el positivismo inocularle el anticlericalismo y el evolucionismo? Para responder estas interrogantes diremos que el joven caroreño tomó una posición bastante inteligente: adoptó algunas ideas de esta filosofía (un entusiasmo por las ciencias naturales, un cierto pragmatismo), pero en lo íntimo siguió siendo fiel a su formación de católico ortodoxo. Es así como en Caracas alterna sus actividades como Presidente de la Sociedad Científico Literaria[292] y asiste a la Consagración Episcopal del Arzobispo de Caracas. Habla de "nuestra adorable religión", besa el anillo del obispo y escribe en tono dolido acerca de la conducta irrespetuosa de los caraqueños para con los asuntos sagrados:

Esta carta es una verdadera radiografía del Pompilio que será siempre, un católico fervoroso y un moralista a todo trance y que sin embargo fue de algún modo permeable a las doctrinas comteanas y spencerianas. ¿Sospechaba Pompilio que el positivismo resultaría a la postre en una nueva metafísica o, más bien, una moda filosófica más? Quizás. Pero este es un asunto que trataremos con mayor detalle más adelante.

En la capital, el joven estudiante de Derecho dará lugar a otra de sus grandes pasiones: la docencia. Enseñó en varios colegios caraqueños: el Colegio Venezuela del Dr. Adolfo Fridensberg, el Colegio Las Mercedes de la Srta. Teresa Eduardo y dictó cátedras de Gramática e Historia en el Seminario Metropolitano. En la universidad compartió las aulas de clase con los jóvenes Jesús Russián, Francisco Arroyo Parejo, Arminio Borjas, Antonio Zúñiga, Luis Vaveto y Julio Torres Cárdenas.[294]

En aquellos años se desató contra Guzmán Blanco una reacción popular de la cual no pudo escapar Pompilio. El furor antiguzmancista se desató, ya lo sabemos, bajo el gobierno del Dr. Juan Pablo Rojas Paúl en 1889. De esa época cuenta el Dr. Oropeza sus experiencias cuando determinó ''echárselas de jacobino" y ganar algunos elogios reporteriles, pero también algunas encarcelaciones. Con orgullo guardaba Pompilio un pedazo de mecate con el cual contribuyó a derribar la estatua de Guzmán Blanco erigida en El Calvario[295]. ¿Estaba el joven caroreño cobrándole así al Ilustre Americano su política anticlerical que desterró obispos y cerró seminarios? Se ha robado hasta los cálices de las iglesias y saqueado los tesoros de los conventos, comentaban los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela.

Después de hacer una brillante carrera, recibe Pompilio el título de Abogado el 17 de febrero de 1890 de manos del Rector Agustín Istúriz. Desde este momento se abría un nuevo capítulo en la vida del joven abogado: el retorno a su ciudad natal. Ya hemos visto (Capítulo II) que el Dr. Ramón Pompilio recibió jugosas ofertas para quedarse en la capital: la docencia en la Universidad Central y la Secretaría de la Legación Francesa, entre otras. Pero su decisión final fue terminante, se vino a su tierra natal. Carora. ¿Por qué tomó Pompilio tal decisión? Fueron razones familiares y sentimentales de mucho peso, sus padres estaban muy ancianos y pasaban por ciertos aprietos económicos. Además sabía que en Carora germinaba la idea de crear un Colegio de Instrucción secundaria, amén del sentimiento telúrico tan arraigado en el joven abogado caroreño.

Su llegada a la conservadora y muy católica ciudad de Carora levantó los más diversos comentarios. Las ideas renovadoras siempre causan desasosiego en las comunidades ancladas en el pasado. Liberalidad y anticlericalismo eran las palabras que le quitaban el sueño a las devotas matronas caroreñas[296]. Pero bien pronto estos temores se disiparon, pues el Dr. Pompilio se mostró como uno más de los suyos, esto es, de los "patricios caroreños". Contribuyó a aquietar los temores de la gente el que notables personalidades de la ciudad se acercaron a él para plantearle la necesidad de que se abriese en Carora un Colegio. El Dr. Pompilio narra aquel acontecimiento así:

"El Colegio de Carora nació al pie del monumento levantado en nuestra Plaza Bolívar a la memoria de Pedro León Torres. En una hermosa tarde de abril de 1890, miércoles santo, a tiempo en que regresaba la concurrencia de la procesión del Nazareno (…) un pequeño grupo que se hallaba al pie del bronce, me llamó para indicarme el propósito que tenían de establecer en esta ciudad un Colegio para la preparación secundaria de tanto joven inteligente que entonces languidecía en la ignorancia por falta de un establecimiento adecuado."[297]

Seguidamente menciona el Dr. Oropeza a los componentes de aquel grupo de notables caroreños a los cuales hemos dedicado un estudio en el Capítulo III de este libro:

"Recuerdo a don Amenodoro Riera, rico comerciante en aquel tiempo, don Adolfo Meléndez (…) don Andrés Tiberio Alvarez, (…) primera riqueza entonces del Distrito y don Ignacio Alvarez (…) quien, sintiéndose ya herido de muerte (…) quiso dar a sus hijos una última demostración del interés que por ellos abrigaba su corazón."[298]

La idea tuvo la más favorable acogida de parte de los demás elementos representativos locales, estudiándose enseguida los programas de enseñanza. A mediados de aquel año de 1890, el 1º de mayo, fue fundado, al calor del "patriciado caroreño", el Colegio La Esperanza.

Los alumnos fundadores fueron inicialmente veintidós jóvenes, todos varones, a los que el Dr. Oropeza llamó "veintidós soldados de la idea, veintidós zapadores del pensamiento que abrieron la brecha"[299]. Los auspiciadores del Colegio, Amenodoro, Tiberio y el Dr. Pompilio, abrieron aquel instituto particular cuando el autor de Peonía, novela publicada en ese mismo año, se refería despectivamente a estos institutos. Romero García decía explícitamente: "Ya sabe que nuestros colegios no son más que un negocio productivo". Más adelante dice el mismo escritor que los docentes son "sólo medianías (que) se dan a la labor de enseñar y sentencia que "para los talentos superiores no tiene atractivos lo que nunca cambia, porque el progreso es el movimiento"[300]. Estas opiniones del general Romero García deben ser vistas dentro del marco de la crítica que hacía el positivismo venezolano a nuestra educación del siglo XIX y a la mentalidad dominante, a la que califica el novelista de "atmósfera de plomo" en donde "todo está en calma, con esa tranquilidad de cementerios". Romero García se atreve a llamar a la Iglesia Católica "nido de fanatismo"[301] y se burla de la supuesta "santidad del hogar" a la que califica de:

"Los resabios del despotismo español de esa civilización que arrancó de los fúnebres cerebros inquisitoriales que han echado profundas raíces aquí. Nosotros tenemos dentro del hogar una dictadura odiosa, escuela donde se forman siervos para las dictaduras políticas."[302]
Nuestro Dr. Pompilio habría leído, si es que la leyó alguna vez, con horror y con una desagradable sorpresa esta novela. No pudieron existir espíritus más opuestos que los del educador caroreño y novelista valenciano; parecen seres que han sido conformados en forma polarmente antagónica. Para el Dr. Pompilio ocupan un lugar eminentísimo en su forma de ver el mundo la religión, el hogar, la tradición y la espiritualidad. Romero García es la encarnación del materialismo, del reformismo que ataca a viejas instituciones (Iglesia y Familia). Es, además, un acervo enemigo de todo lo que huele a tradición. Ataca nuestra herencia hispánica que nos ha impedido evolucionar hacia el orden y el progreso por el empuje de la ciencia. El General y novelista hace decir a uno de sus personajes: "las etapas de la civilización se marcan con sangre, y la sangre pende de la punta de las espadas; esas gotas (...) son las lágrimas del progreso"'[303]. Nada más ajeno y distinto al pensar de nuestro pacifista y conciliador Dr. Oropeza. Pero dejemos que sea el propio educador quien exprese sus ideas religiosas. En 1895 afirma que la abolición de la esclavitud en Venezuela se inspiró en las Sagradas Escrituras:

"Entre las páginas de la historia del General José Gregario Monagas ninguna más hermosa que aquella en que aparece bañado en la luz del Evangelio e inspirado en los santos principios del derecho tan humanitario como civilizador proscribe para siempre de nuestros códigos la esclavitud."[304]

En el mismo discurso ataca a los impíos, a la filosofía sofística y atea para quien:

"La muerte significa el aniquilamiento de todo nuestro ser, para él un cementerio no es otra cosa que un laboratorio donde la tierra se apodera del organismo del hombre y lo transforma en una serie indefinida de nuevos organismos. "[305]

El Dr. Oropeza se enfrenta con fuerza y decisión al materialismo y al positivismo del siglo XIX. En un arranque metafísico opone a Lamarck y a Darwin la figura del resurrecto Lázaro:

"El cementerio es el asilo donde los huesos de los hombres, vueltos polvos, esperan levantarse al influjo soberano de aquella voz que llamó a Lázaro para ocurrir purificados por el perdón y convidados del amor a gozar de las venturas infinitas de la vida de ultra tumba."[306]

En el umbral del siglo XX, el Dr. Oropeza utiliza para sus análisis históricos y sociológicos la Palabra Revelada, el lenguaje de los Evangelios. Identifica con el presente a lo que nace con el espíritu de Dios que todo lo vivifica; en tanto que el pasado es "el ideal de lo que muere con el espíritu de Satanás que todo lo destruye"[307]. Carora ¾dice el Dr. Oropeza ¾ "Si ha tenido quien aparte el anatema de la reprobación (…) por el abandono en que había dejado la memoria de aquel hijo" (el Dr. Ezequiel Contreras, fundador del Colegio San Andrés, véase capítulo II). No contaron con tal aprobación divina, sigue diciendo el Dr. Pompilio:


''Las ciudades malditas del Mar Muerto (que) no albergaron una alma justa que las liberase de la cólera divina (…)Un apóstol de humanitaria ciencia, (que), supo llevar, en días de aflicción y de dolor para el nativo suelo, a un grado máximo de abnegación y amor."[308]

Como hemos venido observando. Oropeza utiliza un lenguaje cargado de misticismo y espiritualismo religioso que emplea hasta en las conmemoraciones y festividades más terrenales y mundanas, tal como habló al abrirse una Exposición Regional en Carora en 1922:

"Bendita sea una y mil veces la sentencia bíblica impuesta al hombre en su primera caída. Con esta especie de invocación mística entremos ahora a considerar brevemente la Exposición."[309]

Más católico que cristiano, el Dr. Oropeza sostiene una idea de la religión opuesta a la del positivismo venezolano que adoptó con mucha fuerza la crítica anticlerical:

"La religión no es, pues, ni estancamiento, ni temor supersticioso, ni oscurantismo, que todo es como si diéramos la parálisis del espíritu. Ella es actividad, es luz, es amor. Con el sudario del Gólgota por estandarte y el verbo evangélico por arma de lucha ella va de pueblo en pueblo, de generación en generación, de siglo en siglo, venciendo siempre, no con los disparos que matan sino con la palabra que vivifica."[310]

Quizá, por desconocimiento o por no querer admitir que el pensamiento racional griego contaminó la fe cristiana, el Dr. Oropeza ignora que nuestra idea de un Dios trascendente, el Dios cristiano, está afincada en la tradición platónica y aristotélica. Veamos lo que dice del hijo de Dios:

"Un hombre que sin haber frecuentado Academias, sin haber oído a Sócrates, ni estudiado a Platón, ni haber tenido trato alguno con ninguno de los sabios de la humana ciencia, ni haber conocido otra escuela que el modesto taller de un carpintero, se revela en su palabra y doctrina Maestro de altísima sabiduría. "[311]

Quien así se expresa es el más genuino Dr. Oropeza y es lo que mejor lo define. Es un hombre de su tierra, amoldado a su sociedad y a las tradiciones seculares de su ciudad levítica y metafísica que teme a Dios, que ¾dice Guerrero ¾ con "viejo espíritu devoto (se) desvela por los misterios de la fe y el terror a las pailas del infierno"[312]. Una idea, y más un persistente miedo a la muerte, expresa continuamente el Dr. Pompilio en sus discursos. Es un hombre que desde muy joven la conoce, ha convivido con ella. Siendo estudiante universitario se entera de la muerte de varios familiares por efecto de las enfermedades que periódicamente azotaban al país por aquellos años. Dos vivencias muy difíciles significaron para nuestro biografiado la muerte de sus padres ocurridas en 1897 y 1903, respectivamente. Pero fue, sin lugar a dudas, el deceso de su esposa Atala el que sume a Pompilio en la soledad y la desesperanza, la soledad ¾dice Octavio Paz ¾ es la máscara de la muerte[313]. La prematura muerte de su esposa ocurrió en enero de 1911, año en que, como ya hemos visto, se encontraba clausurada la más querida obra del maestro caroreño, el Colegio Federal Carora, instituto del cual "no abrigaba esperanzas de que se abriera pronto". Pero volvamos al tema de la muerte, Desde joven el Dr. Pompilio se expresaba del fin de la existencia humana de la siguiente manera:

"Ese siniestro cuadrilátero (el cementerio) que ha de beberse nuestras lágrimas, que ha de ser testigo de nuestros dolores y amarguras, que ha de recibir y transformar en polvo nuestra carne, nuestros huesos y los huesos y la carne de nuestros adorado."[314]

En el mismo discurso arremete el Maestro contra el ateísmo y el cientismo evolucionista del siglo pasado que en su incredulidad e irreligión considera que:

"Para ella muerte significa el aniquilamiento de todo nuestro ser, para él un cementerio no es otra cosa que un laboratorio donde la tierra se apodera del organismo del hombre y lo transforma en una serie indefinida de nuevos organismos.''[315]

La vida para el Dr. Pompilio era una suerte del camino a ultratumba, una preparación para la muerte, destino fatal al que no le encontraba justificación alguna. Un año antes de su deceso, en 1936, viendo acercarse su despedida final de este mundo habla de "la espantosa cuanto de otra manera inexplicable realidad de la muerte"[316]. Lo curioso del Dr. Oropeza es que cree firmemente en la promesa de salvación eterna que ofrece la fe; pero por otro lado siente que la muerte es un tránsito amargo y cruel. Esta posición habría de haber confundido tanto a Gabriel Marcel como a Jean Paul Sartre, Con Marcel el Maestro caroreño tiene fe, esperanza de la vida eterna, pero no logra en modo alguno destruir su angustia ante la nada según lo recomienda Sartre.

Pero dejemos a la muerte, volvamos a la vida. Volvamos a los asuntos públicos terrenales a los cuales tocó enfrentar el Dr. Oropeza. El Maestro no fue en sentido estricto un político, ni se lo planteó como una de sus metas vitales. Pero si somos fieles a la verdad histórica debemos admitir que la política le vino a su encuentro en algunas ocasiones. Recordemos sus años mozos cuando participó en la reacción antiguzmancista de 1888 y en su vejez, siendo ya un educador reconocido, sufría en silencio, calladamente, cuando el régimen cruel de Juan Vicente Gómez lo comprometía políticamente[317]. Eso sí, elogió en repetidísimas ocasiones a los gobernantes, pero no la adulación por la adulación misma. Agradecía o pedía con discreción que se respetara su Colegio, o bien pedía que se abriera aquella casa de estudios que, como hemos visto, sufrió una larga clausura de once años. Un año después de que Joaquín Crespo intentara, sin éxito, clausurar el Colegio caroreño en 1895, se expresó Oropeza del caudillo guariqueño de la siguiente manera:

"Adelante y proseguid firme y sereno el camino que os señala el deber, llevad en él la misma bandera de orden, paz, progreso, libertad, armonía y rehabilitación que ondea en el capitolio nacional y seréis merecedor dé la gratitud del pueblo que os ha confiado sus destinos."[318]


Nos hemos referido en el capítulo IV acerca de la prolongada e injustificada clausura que Cipriano Castro ocasionó por infame resolución al Colegio Federal Carora en el año 1900. Pompilio sufrió enormemente por aquella trágica decisión; pero sin embargo, aplaudió con firmeza la posición del Presidente Restaurador frente al bloqueo de nuestras costas por los barcos de guerra ingleses, alemanes y holandeses. Así hablaba Oropeza del caudillo andino:

"Hoy vela por los destinos de la patria, uno de esos caracteres superiores que sólo de centuria en centuria surgen del seno de las sociedades para pasmo del mundo, admiración de los siglos y beneficio de los pueblos."[319]

Continúa Pompilio en sus loas a "El Cabito" diciendo que "gracias a la energía de su temple y a su clara noción de la justicia, el extranjero se detiene ante los derechos de la patria"[320]. No escatima elogios y adjetivos para exaltar al hombrecito que se enfrenta al poderoso enemigo y a su desproporcionada manifestación de fuerza. Así dice el Dr. Oropeza: "cabeza, corazón y brazo que se suman en una sola individualidad gloriosa síntesis de la honra nacional:" Castro".[321]

Más compleja fue la relación del Dr. Pompilio con Juan Vicente Gómez. Hemos dicho que fue el caudillo andino quien ordenó reabrir el Colegio Federal Carora tras una larga clausura de once años desde 1900. Como diputado el Dr. Oropeza, ya hemos dicho, votó favorablemente por Gómez para que éste fuese nombrado Presidente Constitucional de Venezuela. Fue, pues, un intercambio de favores, favor que el maestro caroreño jamás olvidó. En 1932 se refería el Dr. Oropeza de la decisión del Presidente Gómez de reabrir el Colegio, en los siguientes términos:

"Nuestra juventud languidecía, pendiente de la bella esperanza y sólo se advertía el parpadeo de una llama que a esfuerzos particulares, pugnaba contra el aniquilamiento definitivo, el Presidente General Juan Vicente Gómez, en un gesto reparador; dispuso la reapertura y reorganización (del Colegio) en septiembre de 1911." [322]

El Dr. Oropeza y Juan Vicente Gómez transitaron por la vida durante periodos cronológicos semejantes. El maestro caroreño logró apenas observar el interesante período social y político que se inició tras la muerte del dictador en 1935. El gobierno del General López Contreras, le rindió un merecido homenaje al anciano educador larense. En el que fue su último discurso agradecía el Doctor Pompilio el gesto del Gobierno Nacional de la siguiente manera:

"Ahora dos intensos sentimientos se agigantan en mi ya cansado espíritu: eI de gratitud para el ciudadano Presidente de la República y su honorable Sr. Ministro de Instrucción quienes a solicitud de personas amigas (…) han tenido a bien concederme el beneficio que la Ley tiene para los prolongados servicios a la instrucción…[323]


Es una verdadera suerte, dice Simone de Seauvoir, que un viejo no abandone su trabajo habitual[324]. Este fue el caso de nuestro biografiado quien, incluso después de haber recibido su muy merecida jubilación; siguió dictando su cátedra de filosofía en el Colegio Federal hasta el año 1937[325]. Es propicia la ocasión para dedicar un examen a la faceta más importante del Dr. Pompilio, esto es, la de pedagogo y educador. A decir verdad, fue poco lo que escribió el Dr. Oropeza sobre el tema educativo. Tampoco escribió textos como sí lo hila su maestro, el Sr. Egidio Montesinos. Más bien fue un educador práctico que sin mucha teoría o especulación filosófica se dedicó por entero al magisterio en una remota ciudad del occidente venezolano.

Influido espiritualmente por Montesinos escribió Pompilio en 1882 un breve ensayo en donde expresa las ideas pedagógicas que le van a servir de guía hasta el final de su largo magisterio. Allí se encuentran algunas evocaciones socráticas que son el patrimonio por excelencia de Occidente en lo que se refiere al saber y a la sabiduría. Dice el joven Sr. Oropeza que: "Nada hay en la tierra que pueda proporcionar al hombre mayores bienes que la instrucción"[326]. Sentencia que equivale a decir con Sócrates que "el peor mal es no saber". El conocimiento, dice ingenuamente Oropeza, conduce a la verdad. Este es un rasgo específico de la teoría del conocimiento anterior a Kant o sea la llamada filosofía pre-crítica, filosofía dogmática que cree que al hombre le es dado conocer la verdad y que se inició en forma sistemática en Platón pero a la cual hizo añicos el "chino de Konigsberg" en su Crítica a la Razón Pura, obra publicada a fines del "siglo de las luces", el siglo XVIII.

El conocimiento es para Oropeza fundamentalmente una cosa: llegar a la ciencia, esto es, la ciencia natural. En su codificación cognoscitiva la ciencia natural ocupa la cúspide del saber humano. No habla para nada el joven bachiller caroreño de las ciencias sociales. El siglo XIX fue el siglo que vio nacer estas ciencias, pero ni una sola mención hace Pompilio de ellas.

Refiere los grandes científicos modernos: Galileo, Newton, Bacon, Descartes, Copérnico, Arquímedes, Colón y a Kepler. Pero para nada aparecen en su firmamento intelectual Comte, ni mucho menos Charles Darwin o Herbert Spencer.

Hay en el mismo discurso de Pompilio una curiosa reminiscencia platónica, más bien neoplatónica: el viaje espiritual. Dicho viaje que según la tradición que viene de Pitágoras y Empédocles, llegó a Platón y de Platón, en un largo y sinuoso trayecto que se confunde con la historia espiritual de Occidente llega hasta nosotros[327]. Sostiene que el alma es prisionera del cuerpo, idea que la Iglesia siempre vio con desconfianza y que nunca aprobó. Veamos cómo se expresaba esta idea en el joven Pompilio:

"Cuanta satisfacción experimenta el alma al contemplados! Entonces es que está, encontrándose, por decido asÍ, como indepen­dientemente de la materia que la encierra, se transporta con poderoso vuelo en las del placer a otras regiones, donde todo es luz, aromas, encantos y armonías; y allí, con la satisfacción del bien que se posee contempla en éxtasis arrobador; horizontes ilimitados del más precioso y halagüeño porvenir."


Se trata, pues, del mismo viaje que realizó el Dante en la Divina Comedia, el Somniun de Kepler, el Iter exstaticum de Atanasio Kircher y que en la tradición cultural hispanohablante se expresa con grandiosidad en el extenso poema Primero sueño de Sor Juana Inés de la Cruz[328]. El viaje del joven Oropeza es similar al de Sor Juana: ambos son viajes que buscan el conocimiento. Pero a diferencia del viaje de Sor Juana que busca en el viaje el saber, en Pompilio el viaje es el resultado, es la consecuencia de la búsqueda del conocimiento.

Luego de este curioso pasaje neoplatónico, el joven Oropeza, vuelve, por así decirlo, a encuadrarse en la tradición cristiana que le ha transmitido su maestro tocuyano, el Br. Montesinos quien afirma tajantemente que "el individuo no puede ser feliz sin religión"[329]. Conducido por esta orientación moral de su maestro dice el joven caroreño que:

"el hombre, a la par que se instruya debe procurar que su instrucción descanse sobre sólidas e indestructibles bases de la religión y la moral, y tener siempre presente en todas sus investigaciones esta deidad sublime: la fe." [330]

Luego instrucción, moral y religión forman un triángulo indisoluble; unidad que al mantenerse en forma equilibrada conduce al más preciado anhelo humano: la felicidad. Pero, eso sí, la felicidad de los buenos. Sin religión y moral la instrucción, afirma rotundamente el joven Pompilio:

"Se convierte en fuente perenne de innumerables males (...) desaparece todo lo bello, todo lo noble, todo lo laudable, quedando en su lugar los vicios que horrorizan y mil absurdos más, que son pendientes rápidas que conducen al profundo y degradante abismo de la perdición."[331]

No sólo el individuo se pierde cuando no hay religión ni fe. La instrucción, sin la creencia en Dios, expone a la sociedad, dice Oropeza:

"a sufrir profundas conmociones en su seno mismo, la verdadera civilización decae y el hombre no es más que un ser que pudo ser feliz; pero que, saliéndose de la órbita que le señaló el Creador para sus investigaciones se ha hecho el ser más desgraciado."[332]

El credo pedagógico del Dr. Oropeza es más bien sencillo, brota del quehacer diario y práctico. En 1936, después de muchos años de labor educativa decía sin vacilar que lo único que había hecho en los 46 años que tenía al servicio del Instituto era "trabajar, trabajar mucho con buena fe, pureza de intenciones"[333]. Era aquel Colegio un discreto instituto de educación secundaria en un apartado lugar de la provincia venezolana sin mayores presunciones intelectuales. El mismo Dr. Pompilio lo decía así:

"Algunas generaciones han pasado por aquí (...) esas generaciones, si no han encontrado aquí el apetecido acopio de doctrina, han hallado al menos honradez en los propósitos, noble empeño, voces de aliento, buen consejo y sano ejemplo."[334]
Conmovedoras y sencillas son las palabras que brotan de los labios del educador caroreño. Ellas fueron la expresión de una manera realista de ver el mundo. Su credo austero y más bien simple se contenta con la breve doctrina de que "el hombre no ha de ser sólo para él"[335]. Máxima que el Dr. Oropeza profesó como un verdadero dogma, inspirado, claro está, en Cristo y "su bellísima doctrina que sólo puede ser enseñada en toda su pureza por aquel que se dio todo al hombre por amor. "[336]

En una ocasión, cuando el Colegio había sido clausurado por el Presidente Cipriano Castro, un nutrido grupo de "patricios caroreños" le despide, pues se dirige el maestro a Barquisimeto a presidir la Corte Suprema (de Justicia). En una comunicación que le enviaron sus amigos y ex-alumnos le llaman "el muy amado maestro"[337] y como muestra de reconocimiento a su labor educativa dicen en el mismo documento que: "Carora intelectual se debe toda al Dr. Oropeza".[338]

Este elogio lo recibió el maestro cuando apenas contaba con 48 años de edad. Al Dr. Oropeza le tocó vivir, padecer y gozar en una extremadamente difícil época de nuestra vida republicana, en "tierra de desordenados": como dijera Picón Salas[339], luchando contra todo tipo de adversidades: clima, desdén e incomprensión, guerras civiles, epidemias. A todo este cuadro de miserias e incurias se agregaban las concepciones arcaicas de nuestra instrucción pública[340]; pese a todo esto el "Catón caroreño", junto a su amigo el Dr. Lucio Antonio Zubillaga, formaron una generación de intelectuales que bien merece el calificativo de brillante, quizá de las mejores que produjo la provincia venezolana en la última década del siglo XIX y el primer tercio del actual siglo XX. Murió el Dr. Oropeza como Sócrates, rodeado de discípulos y sin perder la lucidez, el Domingo de Ramos, día 21 de marzo de 1937, después de casi medio siglo de fecundo magisterio.
Dr. Lucio Antonio Zubillaga, el más grande colaborador de la obra pedagógica del Dr. Ramón Pompilio Oropeza.
CONSIDERACIONES FINALES


a. El Colegio La Esperanza y Federal Carora contribuyeron a darle a la clase de los "mantuanos caroreños" una mayor coherencia social así como una más nítida conciencia de clase social excluyente y que, en este sentido, se asemejaba a una casta.

b. Los valores culturales, las ideas y nociones que el Colegio impartió no pusieron en entredicho o criticaron a la sociedad imperante, sino que más bien la reforzaron, dándole justificación.

c. Los Colegios La Esperanza y Federal Carora fueron, en gran medida, el núcleo en donde se formó una verdadera "élite cultural" compuesta casi en su totalidad por personas que procedían socialmente de la clase del "patriciado caroreño".

d. El sentido "semiaristocrático" del Colegio Federal Carora llegó a su máxima expresión durante el prolongado período de gobierno del Presidente Juan Vicente Gómez. Después de 1935 y fundamentalmente durante y después de 1945 esta característica fue desvaneciéndose paulatinamente por razones que conocemos y que no son objeto de estudio de este trabajo, tales como la revolución educativa que se inició después del golpe del 18 de octubre de 1945, liderada por el partido Acción Democrática y una logia militar.

e. Por último debemos dejar bien claro que el carácter privilegiado que tenía el Colegio Federal Carora no era un fenómeno social exclusivo de esta institución sino que era también una característica de toda la educación secundaria de Venezuela durante el período estudiado. Sólo que, como ya hemos visto, la persistencia social del "mantuanismo" en Carora coadyuvó a darle a este rasgo una calidad mucho más acentuada que en el resto de Venezuela.
ANEXO

LA FORTUNA DE
ANDRÉS TIBERIO AlVAREZ (*)
El Mecenas de La Esperanza


Sólo en 1890, año en que fue fundado el Colegio La Esperanza, Andrés Tiberio hizo los siguientes negocios:

¨ 28-02-1890: Recibe de Nicolás López Bs. 8.000, valor de la hacienda de café en San Salvador. Churuguara.

¨ 28-02-1890: Vende a los hermanos Silva Andueza la posesión Ojo de Agua en Curarigua por Bs. 4.720.

¨ 12-03-1890: Recibe de María Luisa Alvarez Bs. 10.000 por la hacienda de caña El Paují situada en Arenales, Distrito Torres.

¨ 14-07-1890: Vende a su sobrino Augusto Alvarez una casa en la calle Bruzual de Carora en Bs. 8.000.

¨ 21-10-1890: Recibe de Adolfo Meléndez Bs. 24.000 en rescate de una finca en el Municipio Zamora del distrito Torres.

¨ 31-10-1890: Recibe de Adolfo Meléndez Bs. 16.000 en rescate de una casa en Carora.

¨ 27-11-1890: Vende a Mariana Hurtado de Perdomo una casa en La Cañada de Carora por Bs. 900.

¨ 16-12-1890: Recibe de Antonio Gutiérrez Bs. 16.000 en rescate de su casa de comercio que compró en 1887, ubicada en el Municipio Zamora.

¨ 22-12-1890: Vende a Adolfo Meléndez una casa en el Municipio Zamora por Bs. 24.000.

¨ 23-12-1890: Recibe de Apeles Riera de Barquisimeto Bs. 12.000 en rescate de la hacienda Santa Rita situada en Arenales.

¨ 29-12-1890: Recibe de Patrona Dudamel Bs. 8.000 en rescate de las haciendas Durán y El Balsillar ubicadas en Arenales.



(*) Fuente: Libro de Protocolos del Distrito Torres 1890. Folios 8 a 39.
FUENTES DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

A) DOCUMENTALES

Archivo del Liceo Egidio Montesinos:
Libro de Actas del Colegio La Esperanza 1890.
Libro de Actas de Exámenes del Colegio Federal Carora, 1894-1917.
Libro de Actas de Grado del Colegio Federal Carora 1894-1914.
Libro Copiador 1891-1937.
Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora 1891-1937.
Registro Subalterno de Municipio Torres:
Libro de Protocolos Torres 1890.

B) IMPRESAS

Gaceta de Barquisimeto Nº 2, 15-01-1842; Nº 158, 10-11-1851; Nº 262, 15-10-1854, No.464, 02-11-1896.

Memoria del Secretario de Estado Lara. No. 32 Barquisimeto, noviembre de 1891; No 17, 15-02-1897.

Ministerio de Educación. Memoria de 100 Años. Recopilación y notas de Rafael Fernández Heres. 9 Vols.

Presidencia de la República. Actas de la Dirección de Instrucción Pública 1830-1848 Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, 1986. 2 Vols.

C) BIBLIOGRÁFICAS

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ZUBILLAGA PERERA, Cecilio. Obras Completas. Estudios Históricos. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1988. 4 Vols.

ÍNDICE GENERAL


ÍNDICE


Pág.

Prólogo: Luis Eduardo Cortés Riera y la historia de la educación caroreño……………
Por Reinaldo Rojas

Introducción……………………………………………………………………………..

Capítulo I. Historia social de la educación, aspectos teóricos y de métodos……………

Capítulo II. Visión geográfica, social y religiosa de Carora en el siglo XIX……………

Capítulo III. Historia de la educación en Carora: Educación primaria y
secundaria. Fundación del Colegio La Esperanza………………………………

Capítulo IV. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937……….

Capítulo V. Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937). Esbozo biográfico y
apostolado de un maestro de la provincia venezolana………………………….

Consideraciones finales …………………………………………………………………

Anexo: La fortuna de Andrés Tiberio Alvarez………………………………………….

Fuentes documentales y bibliográficas………………………………………………….


[1] Cf. Bloch, Marc: Apología de la Historia. Febvre, Lucien: Combates por la Historia. Vílar, Pierre: Iniciación al Vocabulario del Análisis Histórico. Bloch y Febvre, los más grandes historiadores franceses fundaron en 1929 la afamada Escuela de los Anales, escuela que inspira y guía la presente investigación.
[2] Bloch. Marc, Ibíd, p. 67.
[3] Ibíd. p. 68.
[4] lbídem.
[5] Febvre, Lucien. Combates por la Historia. "Vivir la historia". Conferencia dictada en 1941. p. 38
[6] Ibíd. p. 41.
[7] Ibíd. p. 56.
[8] Citado por: Cardoso, Ciro y Pérez Brignoli, Héctor, en Introducción al Trabajo de la Investigación Histórica. p. 99
[9] Vilar Pierre. Ibíd. p. 43. No debemos olvidar que el eje central de la presente investigación la constituye una institución, el Colegio La Esperanza fundado en 1890, instituto de educación secundaria que un año más tarde se convirtió en el Colegio Federal Carora.
[10] Cf. Cardoso, Pérez Brignoli. Los Métodos de la Historia. p. 332. Pierre Vilar nos advierte que “todo historiador que quiere ser "total" bien tiene que enfrentarse un día con la historia del pensamiento. Vilar Pierre. Economía, derecho, historia. p. 108
[11] Ibíd. p. 336 (Subrayado nuestro)
[12] Ibídem.
[13] Ibídem.
[14] Vilar, Pierre. Ibíd. p. 42.
[15] Cf, Pierre. lbíd. p. 42.
[16] Ibíd. p. 73.
[17] Brito Figueroa. Federico. Presentación al estudio Historia de la Universidad Central de Venezuela de Idelfonso Leal.
[18] Vilar, Pierre. Ibíd. p. 43. Lorenzo Luzuriaga ha dicho "Estudiar la historia de la educación pública es recorrer la historia de cada una de las naciones”. Cf. Historia de la Educación Pública. p. 10.

[19] Rojas, Reinaldo. El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto Colonial. p. 73
[20] Ministerio de Obras Públicas. Carora, Estudio Preliminar de los Servicios Públicos. p. 14.
[21] Codazzi. Agustín. Resumen de la Geografía de Venezuela. p. 88.
[22] Vila. Marco Aurelio. Conceptos de Geografía Histórica de Venezuela. p. 208.
[23] Martí, Mariano. Documentos Relativos a su Visita Pastoral a la Diócesis de Caracas. T.I. p. 332.

[24] Guevara. César. Geografía de la Región Centro Occidental. p. 51.
[25] Cisneros. Joseph Luis. Descripción Exacta de la Provincia de Venezuela. p. 110.
[26] Vila, Pablo. El Obispo Martí. p. 237
[27] Simón, Fray Pedro. Noticias Historiales de Venezuela. T.II. p. 671.
[28] Rojas, Reinaldo. Ibíd. p. 78.
[29] Vila, Pablo. Geografía de Venezuela. p. 211.
[30] Relaciones Geográficas de la Gobernación de Venezuela. p. 159.
[31] Codazzi, Agustín. Ibíd. p. 88.
[32] Cárdenas, Antonio Luis. Geografía de Venezuela. T. II. p. 295.
[33] Depons, Francisco. Viaje a la Parte Oriental de Tierra Firme. p. 426 .
[34] Depons, Francisco. lbíd. p. 426.
[35] Cunill Grau. Geografía del Poblamiento Venezolano del Siglo XIX. T. II. p. 1384.
[36] Cunill, Grau. Ibíd. p. 1389.
[37] Perera, Ambrosio. Citado por el Ministerio de Obras Públicas. Ibíd. p. 11
[38] Cf. Mac Pherson. Diccionario del Estado Lara. p. 120
[39] Cf. Rojas Reinaldo. Contribución a la Historia Social de la “Región Barquisimeto” en el Tiempo Histórico Colonial nos refiere que el perfil artesanal de la ciudad es evidente. p.p. 356 - 358.
[40] Apuntes Estadísticos de Barauisimeto 1876. p.323 en Cunill Grau. Ibíd. p. 1388
[41] Ibíd.
[42] Rojas, Reinaldo. La Economía de Lara en Cinco Siglos. (En imprenta). p. 67
[43] Zubillaga Perera, Cecilio. La Voz del Común. p.p. 110-111.
[44] Mac Pherson. Ibíd. p. 120.
[45] Rodríguez Taylor. Historia Económica y Social de Carora Siglo XIX. (Mimeografiado). p.p. 393-395.
[46] Cunill Grau. Ibíd. p. 240.
[47] Brito Figueroa. Federico. Historia Económica y Social de Venezuela. T.1. p. 293.
[48] Rodríguez, Taylor. Ibíd. p. 187
[49] Vilar, Pierre. Ibíd. Capítulo: "Las Clases Sociales". p. 116-117.
[50] Vallenilla Lanz, Laureano. Disgregación e Integración. T.II. p. 189.
[51] Vallenilla Lanz. Laureano. Ibíd. p.p. 191-192.
[52] Ibíd.
[53] Ibíd.
[54] Brito Figueroa, Federico. Ibíd. T. I. P. 170.
[55] Perera, Ambrosio. Historial Genealógico de Familias Caroreñas. T.I. p. XXV.
(*) Fuente: Perera, Ambrosio. Historial genealógico da familias caroreñas. Tomo I. De este cuadro hemos omitido los nombres de otras familias por estar éstas extinguidas, tal es el caso da las familias Antich, Arrieche, Gordon, Hoces, Luna, Pineda, Salamanca, Urrieta, etc. las familias que aquí se mencionan no sólo existen todavía sino que, de alguna manera u otra, están ligadas íntimamente al proceso de la educación secundaria en Carora del siglo XIX y principios del actual.
[56] Carmona. Juan. Nuestra Carora del 900. p. 12.
[57] Perera, Ambrosio. Ibíd.
[58] Zubillaga Perera, Cecilio. Estudios Históricos. T. I. p. 74.
[59] Véase más adelante su obra pedagógica desarrollada en Carora. Inicia desde 1829 los estudios de latinidad en el Convento de Santa Lucía. verdadero comienzo de los estudios de educación secundaria en esta ciudad.
[60] Oropeza Vásquez, Luis. La Maldición del Fraile. p. 26.
[61] Zubillaga Perera. Ibíd. T. II. p. 251.
[62] El Cantón Carora tenía en 1851 los siguientes Jefes políticos: José A. Franco, Juan B. Alvarez y Ambrosio Oropeza. Gaceta de Barquisimeto. No. 158, del 1 0-11-1851. En 1854 los asambleístas que votaron por José Tadeo Monagas eran: Pbro. José M. Tirado, Comandantes Andrés M. Riera y Miguel Oropeza; Juan B. Aguinagalde, Ambrosio Oropeza. Gaceta de Barquisimeto. No. 262 del 15-10-1854. Los Concejales del Distrito en 1896 son: Generales Pío Zalazar, y J. J. Alvarez, Coronel Juan B. Gallardo, Jacobo Curiel, Juan Bautista Franco, Ramón Zubillaga, Julio Suárez, Pedro Teófano Montera, Br. Rafael Lozada, Coronel Agustín Bracho, General Bernabé Aponte. Gaceta de Barquisimeto. No. 464, 2-11-1896.
[63] Graduado en Ciencias Médicas de la Universidad Central, fue amigo y condiscípulo del Dr. Ramón Pompilio Oropeza, fundador éste del Colegio La Esperanza. El Dr. Riera fundó, en compañía de un grupo de "patricios caroreños", el Club Torres en 1898. Véase más adelante. (Capítulo IV)
[64] Cf. Brito Figueroa, Federico. Ibíd. T. I. p. 170.
[65] Brito Figueroa. Ibíd.
[66] Ibíd.
[67] Ibíd. p. 171.
[68] Zubillaga Perera, Cecilio. Ibíd. T. II. p. 346.
[69] Perera, Ambrosio. Ibíd. T. I. p. XXI.
[70] Ibíd.
[71] Ibíd. p. XXVI
[72] Cf. Páez Ávila, Juan. Chío Zubillaga Caroreño Universal. El doctor Carlos Zubillaga fue alumno del Colegio La Esperanza que dirigía el Dr. Ramón Pompilio Oropeza. Se doctoró en la Universidad de Caracas con la tesis La Iglesia y la Civilización, trabajo éste que aún espera su justiciera publicación. Véase el Capítulo IV del presente trabajo.
[73] Zubillaga Perera, Cecilio. Ibíd. T. I. p. 219.
[75] En: Mac Pherson, Telasco. Diccionario del Estado Lara. p. 115.
[76] Cf. Fernández Heres, Rafael, quien hace un interesante estudio de las ideas educativas del Obispo Martí en el Suplemento Cultural de Ultimas Noticias. 12-2-89. p. 6.
[77] Palacio Afard, Vicente. Los Españoles de la Ilustración. p.p. 147-153.
[78] Vila, Pablo. El Obispo Martí. p. 13.
[79] Zubillaga Perera, Cecilio. Estudios Históricos. T. II. p. 162.
[80] Silva Uzcátegui. R. D. Enciclopedia Larense. T. II. p. 14.
[81] Acta de la Dirección General de Instrucción. Sesión XLIV (20-01-1834). p. p. 113-114. T. I.
[82] Ibíd. T. II. p. 117.
[83] Govea de Carpio, Dilia. Educación Popular y Formación Docente. p. 13.
[84] Grisanti, Ángel. Resumen Histórico de la Instrucción Pública en Venezuela. p.125.
[85] Zubillaga Perera. Cecilio. Ibíd. T.II. p. p. 170 a 187
[86] Cunill Grau. Geografía del Poblamiento Venezolano en el Siglo XIX. T. II. p. 1389.
[87] Algo semejante sucedió en El Tocuyo cuando el Dr. Pedro Manuel Yépez (1741-1799) abrió allí una escuela latina. Véase al respecto: Felice Cardot, Carlos. Décadas de una Cultura. p. 20.
[88] Mudarra, Miguel Ángel. Historia de la Legislación Escolar Contemporánea de Venezuela. p. 34.
[89] Actas de la Dirección General de Instrucción Pública. T.I. (1838-1840). p. 178.
[90] Para un estudio más detallado del Colegio San Andrés véase: Zubillaga Perera, Cecilio. Ibíd. T. II. p. p.188 a 195. Crespo Meléndez, Antonio. "El Colegio San Andrés" en El Diario del 8 de septiembre de 1979, y Silva Uzcátegui, R. D. Enciclopedia Larense. T. II. p. 26.
[91] Zubillaga Perera. Ibíd. T. II. p. 196 y ss.
[92] Ibíd. p.p. 202 a 204.
[93] Zubillaga Perera, Cecilio. Ibíd. T. II. p. 206. De haberse trasladado el Colegio La Concordia a Carora quizás nunca hubiese nacido nuestro Colegio La Esperanza en 1890.
[94] Zubillaga Perera. Ibíd. p. 207.
[95] El Colegio Federal de Primera Categoría de Barquisimeto fue instalado el 16 de septiembre de 1884. Estos colegios eran como primitivas y muy deficientes universidades sin merecer llevar tal nombre. Cf. Felice Cardot, Carlos. Noticias sobre los Estudios Superiores en Barquisimeto en el Siglo XIX. p. 22.
[96] Cf. Felice Cardot, Carlos. Décadas de una Cultura.
[97] Zubillaga Perera, Ibíd. p. 210.
[98] Cf. Arcila Farías, Eduardo. Centenario del MOP. p. 149. Dice el autor que entre los años 1896-1891 ingresaron a la Tesorería Nacional 93.854.000 Bs.
[99] Zubillaga Perera. Ibíd. p.210.
[100] Alvarez Gutiérrez, Alberto. Biografía del Dr. Ramón Pompilio Oropeza. (Mimeografiado). p. 31.
[101] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 32.
[102] Esta era la idea deformada que se tenía en Carora de la filosofía positiva y que hacía furor entre el estudiantado de la Universidad de Caracas. Ver la biografía del Dr. Oropeza al final del presente trabajo.
[103] Alvarez. Alberto. Ibíd. p. 25.
[104] Rodríguez Gallad, Irene. Venezuela entre el Ascenso y la Calda de la Restauración Liberal. p. p. 66-67.
[105] Valero Lara. Antonio."Por la agricultura". El Tiempo, Caracas 13-6-1900. Citado por Rodríguez Gallad, Irene. Ibídem.
[106] Gaceta Oficial de los Estados Unidos de Venezuela. No. 8127. Caracas 09-01-1901. Citado por Rodríguez Gallad, Irene. Ibíd. p.67.
[107] Perera, Cecilio. Ibíd. p. 273. El Colegio La Concordia funcionaba con alguna regularidad desde su fundación en 1863.
[108] Grisanti, Ángel. Resumen Histórico de la Instrucción Pública en Venezuela. p. 121.
[109] Fernández Heres. Ibíd. T.1I1. p. 434.
[110] Ibíd. p. 378 (Subrayado nuestro).
[111] Carta de Jacobo Haím Curiel a su hijo Salomón del 1º de abril de 1890. Citado por Zubillaga Perera, Cecilio. Ibíd. T. II. p. 210.

[112] Cf. Bloch, Marc. Apología de la Historia. "Ensayo de una lógica del método crítico" allí nos advierte Bloch: “La crítica del testimonio, que trabaja sobre realidades psíquicas, será siempre un arte lleno de sutilezas. Para ello no existe libros de recetas”. p. 126.
[113] Fernández Heres, Rafael. Memoria de 100 Años. T.II. p. 437. El subrayado es nuestro.
[114] Ibíd. p. 438.
[115] Ibíd. La autorización para leer el “trienio filosófico” del Colegio La Esperanza llegó un año después de su fundación, o sea en 1891 (véase más adelante)
[116] Ibídem.
[117] Libro Copiador del Colegio la Esperanza 1892. Folio No. 1.
[118] Cf. Alvarez, Alberto. Op. cit. p. 37. Se trata del Oficio No. 450 del Ministro Eduardo Blanco otorgando tal autorización.
[119] Fernández Heres, Rafael. Ibíd. Memoria del Ministro Eduardo Blanco. T. II. p. 479.
[120] Véase más adelante lo relativo a los gastos de sostenimiento del Colegio La Esperanza.
[121] Perera, Ambrosio. Historial Genealógico de Familias Caroreñas. T. II. p. 158.
[122] Vila, Pablo. El Obispo Martí. p. 240.

[123] Zubillaga Perera. Ibíd. T. II. p. 110.
[124] Oropeza, Ramón Pompilio. “Conferencia pronunciada en aniversario del Colegio La Esperanza”. En: Discursos del Dr. Ramón Pompilio Oropeza. p.57.
[125] Perera, Ambrosio. Historial Genealógico... T.I. p. 75.
[126] Ibid. p. p. 75 a 89.
[127] Ibíd. T. II. p. 28.
[128] Ibíd. T. II. p. 257.
[129] Cf. Páez Ávila. Juan. Chío Zubillaga, Caroreño Universal. 2 Vols.
[130] Grisanti, Ángel. El Máximo Problema Educativo de Venezuela. Caracas, 1925.

[131] Rodríguez García, Taylor. Ibíd. p. 314.
[132] Liceo Egidio Montesinos. Programa Invitación del Centenario. Carora 1990.
[133] "Memoria del Ministro de Instrucción Pública 1907", en Fernández Heres. Ibíd. T. II. p. 828.
[134] Ibídem.
[135] Ibíd. p. 518
[136] Memoria del Secretario de Estado. (Lara) No. 17 Estadística, 1897.
[137] Libro Copiador del Colegio La Esperanza. 1892. F. 1-2
[138] Cálculos propios.
[139] Cálculos propios.
[140] Libro Copiador 1892. Oficio No. 1. Folio 1.
[141] Memoria del Ministro de Instrucción Pública 1892, en Fernández Heres, Op Cit. T.III. p. 518.
[142] Libro copiador. Oficio No. 4 del 12 de abril de 1892. Folio No. 2.
[143] Fernández Heres. Op cit. T.III. p.p. 518-519.
[144] Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1891. En Fernández Heres. Op cit. T. III. p.p. 479-480.

[145] Libro de Actas del Colegio La Esperanza 1892. Folios 12 a 16.
[146] Ibíd.
[147] Memoria del Ministerio de Interior y Justicia al Congreso de los Estados Unidos de Venezuela en 1874. Instrucción Pública. En Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 386.
[149] Guerrero, Luis Beltrán. Prosa Crítica. El Problema de las Humanidades. p. p. 15-26. Véase más adelante el Capítulo III: Orientación filosófica del bachillerato en Ciencias Filosóficas del Siglo XIX.

[150] Harwich Vallenilla. Nikita. "El Modelo Económico del Liberalismo". En Política y Economía en Venezuela 1810-1911. p. 216.
[151] Perera Ambrosio. Ibíd. T. II. p. 232.
[152] Perera. Ambrosio. Ibíd. T. II. p. 146.
[153] El Dr. Hurtado participó activamente en las gestiones para elevar a Colegio Federal de Segunda Categoría a la Esperanza. Véase capítulo siguiente.
[154] Zubillaga Perera. Ibíd. T. II. p. 214.
[155] Cf. Zubillaga Perera Cecilio. Estudios Históricos. T. II. p. 159-215.
[156] Ibíd. p. 211.
[157] Ibíd. p. p. 188-196. Muchos jóvenes caroreños debieron viajar a El Tocuyo a rendir allí sus exámenes para obtener el Título de Bachiller.
[158] Felice Cardot, Carlos. Décadas de una Cultura. "El Colegio La Concordia de El Tocuyo". p. 230
[159] Zubillaga Perera. Ibíd. p. 212
[160] Ibídem.
[161] Arcila Farías, Eduardo. Centenario del Ministerio de Obras Públicas. p. 150.
[162] Destaca entre ellos la inauguración del Ferrocarril El Hacha a Barquisimeto el 18 de enero de 1891. Véase: Silva Uzcátegui, R. D. Enciclopedia Larense. T.I. p. 101.
[163] Ibíd. p. 149.
[164] Ibíd. p.152
[165] Memoria que presentó el Ministro de Instrucción Pública al Congreso de los Estados Unidos de Venezuela en 1891. En Fernández Heres. Memoria de 100 Años. T. III. p. 398. Las asignaciones correspondientes al presupuesto de Instrucción Pública en el año 1890-1891 fueron de Bs. 3.758.696,75; el mayor porcentaje respecto al Presupuesto Nacional. con 10,71 %. Cf. Mudarra, Miguel Ángel. Historia de la Legislación Escolar Contemporánea en Venezuela. p .77.
[166] Memoria que presenta al Congreso de los Estados Unidos de Venezuela el Ministro de Instrucción Pública en 1892. Cf. Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 460.
[167] Ibíd. p. 476.
[168] Memoria del Ministro de Instrucción Pública, 1893. En Fernández Heres. Op. cit. T.III. p. 511.
[169] Mac Pherson, Telasco. Diccionario del Estado Lara. p.p. 238-240.
[170] Zubillaga Perera. Ibíd. p. 212.
[171] Memoria del Ministerio de Instrucción Pública 1891. En Fernández Heres. Ibíd. p. 435.
[172] Memoria del Ministro de Instrucción Pública en 1882. En Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 36.
[173] En la misma Memoria de 1892, el Ministro Blanco atacó duramente a estas escuelas anexas. Opinaba de tales institutos el laureado escritor: “juzgo indispensable que se derogue la disposición legal que establece una escuela federal anexa en cada uno de los Colegios de Segunda Categoría (...) suelen algunos colegios de 2da. Categoría convertirse (…) en establecimientos de primeras letras, por falta del número de alumnos que la ley exige”. Ibíd. p.435.
[174] Rincón Maldonado, Imelda. La Universidad del Zulia en el Proceso Histórico de la Región Zuliana. T. I. p. p. 312-313. Dice la autora que: "como puede verse, en esta disposici6n se refleja el modelo educativo napoleónico, donde las instituciones de menor jerarquía estaban subordinadas a las de mayor jerarquía. (…) Parece ser; que el objetivo de anexar una Escuela a cada Colegio, era el de garantizar su población estudiantil, y pervivencia".
[175] Libro de Actas de Exámenes del Colegio Federal. 1892. s.f.
[176] Libro de Grados del Colego Federal Carora. Folios 51 a 54.

[177] Libro de Actas de Grado del Colegio Federal Carora. Folio 1 al 80.

[178] Burk, Ignacio. Filosofía. p. 184
[179] Habermas, Jürgen. la Filosofía Hoy. p. 15. Agrega este filósofo alemán que, incluso, "Antes de Hegel (1770-1831), nunca se había puesto en tela de juicio el principio de la unidad de la filosofía y de la ciencia".
[180] Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz o las Trampas de la Fe. p. 425.
[181] Maza Zavala, Domingo Felipe. Tratado Moderno de Economía. p. 35.
[182] Ortega y Gasset, José. Correspondencia. p. 17.
[183] Paz. Octavio. Ibíd. p. 340.
[184] Fernández Heres. Rafael. Ibíd. T. I. p. 51. Se trata del juicio que se le siguió al doctor Baltazar de los Santos Marrero, docente de la Universidad de Caracas a fines del siglo XVIII, véase también: Picón Febres, Gonzalo. Nacimiento de Venezuela Intelectual. T. I. Vol. II. p. 67.
[185] Fernández Heres. Ibíd. T. II. p. 256.
[186] Ibídem. P. 254. Agregaba Jacinto Gutiérrez en esta descarnada crítica de nuestro sistema de instrucción del siglo pasado que: "puede decirse. sin ninguna hipérbole, que la juventud, esperanza de la patria, hoy no tiene carrera".
[187] Ibíd. T. II. p. 216.
[188] Ibídem.
[189] Ibíd. T. II. p. 262.
[190] Ibíd. T. II. p. 263.
[191] Fernández Heres, Rafael. Cultural de Últimas Noticias. 17 de abril de 1994. p. 22.
[193] Montesinos, Egidio. Obras Selectas. "Tratado de Propiedad de los Cuerpos" (estudio preliminar de Ignacio Burk). p. 171.
[194] Mudarra, Miguel Ángel. Historia de la legislación Escolar Contemporánea en Venezuela. p. 43.
[195] Paz, Octavio. Hombres en su Siglo. p. 13.
[196] Lledo, Emilio. La Filosofía Hoy. p. 97.
[197] Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz. p. 247.
[198] Memoria del Ministro de Instrucción Pública General Ignacio Andrade. 1893, en Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 498.
[199] Hurtado, Iván."La Universidad Republicana de Carabobo" en Suplemento Cultural de Ultimas Noticias, 22­-11-1992. p. 50.
[200] Alvarez, Alberto. Biografía del Dr. Ramón Pompilio Oropeza. p. 39.
[201] Memoria del Ministro de Instrucción. 1895. Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 604
[202] Alvarez. Alberto. Ibíd.
[203] Cf. Velásquez. Ramón J. la Caída del liberalismo Amarillo. p. 107.
[204] Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora 1899. Folios 27 a 29.
[205] Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz. p. 317.
[206] Libro de Actas de Exámenes del Colegio Federal Carora. Folio 57.
[207] Ibíd. Folios 53 y 54.
[208] Frisch, Otto Robert. La Nueva Física. p. 143.
[209] Memoria del Ministerio de Instrucción Pública 1892. En Fernández Heres. Ibíd. T. III.
[210] Memoria del Ministerio de Instrucción Pública 1892. En Fernández Heres. Ibíd. T. III. 667.
[211] Libro de Matricula p. 28
[212] Cf. Rodríguez Campos, Manuel. Situación Fiscal de Venezuela 1900-1902. p. 77. Harwich Vallenilla, Nikita. El Modelo Económico del Liberalismo Amarillo: Historia de un Fracaso. p. 232.
[213] Zubillaga Perera, Cecilio. Estudios Históricos. T. I. p. 212
[214] Fernández Heres. Op. cit. T. III. p. CLIX.
[215] Alcalde, Felipe. Cincuentenario del Club Torres. p. 35.
[216] La medida abarcó también el Colegio Federal de Primera Categoría de Barquisimeto. Sus cátedras de educación superior desaparecieron aquel año. Cf. Felice Cardot, Carlos. Noticias Sobre los Estudios Superiores en Barquisimeto en el Siglo XIX. p. 29.
[217] Cf. La Memoria del Ministro Blanco al Congreso en 1904 es un florilegio de superficialidades y loas a Castro. En Fernández Heres. Ibíd. T. III. p. 799.
[218] Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora. Folios 29 a 34.
[219] Ibíd. Folio 35.
[220] Libro de Actas del Colegio Federal Carora. s.f.
[221] En efecto, por miedo a la recluta los jóvenes abandonaron las aulas de clases. Así sucedió con Chío Zubillaga, tal como lo relata Juan Páez Ávila en: Chío Zubillaga Caroreño Universal. p. 14.
[222] Cf. Silva Uzcátegui, R. D. Enciclopedia Larense. T. II. p. 368·389.
[223] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 46.
[224] Ibíd.
[225] Ibíd. p. 50.
[226] Libro de Actas de Exámenes del Colegio La Esperanza. s.f.
[227] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 50. Allí estudiaron, entre otras. Rosario Montera (de Morón), Atala Oropeza (hija del Dr. Pompilio y María Perera.
[228] Sullivan, William. "Situación económica y política durante el periodo de Juan Vicente Gómez". En: Política y Economía en Venezuela 1810-1991. p. 253.
[229] Cf. Sosa, Arturo. El Pensamiento Político Positivista Venezolano, p. 205.

[230] Gaceta Oficial del Estado Lara. 4 de noviembre de 1909.
[231] Páez Ávila, Juan. Cecilio Zubillaga. p. 30.
[232] Purroy, Manuel Ignacio. Estado e Industrialización en Venezuela. p. 28.
[233] Sullivan. William. Op. cit. p. 257.
[234] CERPE. Consolidación y Organización del Sistema Educativo. p. 29. A finales de la dictadura de Gómez este porcentaje se redujo a la mitad. (4.08 %1).
[235] Memoria que presenta el Ministro de Instrucción Pública al Congreso en sus sesiones de 1912. En Fernández Heres. Ibíd. T. IV. Vol. I. p. XLVII. (Estudio Introductorio).
[236] Ibíd. p. XI.
[237] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 62.
[238] Zubillaga Perera. Ibíd. T. I. p. 213.
[239] Alvarez. Alberto. lbíd. p. 52. También dispuso el Ministro Gil Fortoul de la creación de muchas escuelas primarias en todo el país. En fecha 20-11-1911 se creó una de ellas en Muñoz. Estado Lara. Cf. Polanco Alcántara. Tomás. Gil Fortoul: Una luz en la sombra. p.178.
[240] Libro de Actas del Colegio Federal Carora, s.f.
[241] Fernández Heres, Rafael. Referencias para el Estudio de la Ideas Educativas. p. 42. 242
[242] Fuente: Libro de Actas de Exámenes del Colegio Federal Carora. s.f.
[243] Libro de Matrícula. Folios 40 a 47.
[244] La responsabilidad de que esto sucediera se debió al esfuerzo de los positivistas venezolanos que comenzaron a elaborar una historia científica del país: José Gil Fortoul. Rafael Villavicencio. Arístides Rojas y Lisandro Alvarado.
[245] Esta pervivencia de los idiomas muertos en nuestros planes de estudios secundarios y universitarios revela la enorme influencia que ellos han tenido en la conformación de la mentalidad de las élites en los países de Hispanoamérica. Se trata de una estructura psicológica de larga duración, pues sus orígenes deben buscarse en la Edad Media Europea. Véase: Ribeiro, Darcy. El Dilema de América Latina. "El Patrimonialismo Político". p. 170 y ss. Picón Salas, Mariano. Formación y Proceso de la Literatura Venezolana. "Los Escritores y la Circunstancia Venezolana". p. 283-287.
[246] Fevbre, Lucién. Combates por la Historia. p. 58.
[247] Cf.. Grisanti, Ángel. El Máximo Problema Educativo de Venezuela. p. XII y Prieto Figueroa, Luis Beltrán. De una Educación de Castas a una Educación de Masas. p.p. 37-39.
[248] Libro de Actas de Exámenes. Julio de 1912. s.n. y Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora. Folios 62 a 80. Obsérvese la aparición del Alemán (subrayado nuestro) como lengua moderna, justamente en el año en que iba a iniciarse la Primera Guerra Mundial, protagonizada, entre otros, por la potencia germana.
[249] Libro Copiador del Colegio Federal Carora. Oficio No. 162 dirigido al Ministro de Instrucción Pública el 15­02-1917.
[250] Libro Copiador. Oficio No. 205 del 5 de abril de 1918. s.f.
[251] Libro Copiador. Oficio No. 11 de 17 de febrero de 1919.
[252] Libro Copiador. Oficio No. 1036
[253] Memoria del Ministro de Instrucción Pública 1920. En Fernández Heres. Ibíd. T. IV. Vol. II. p. 865.
[254] Memoria del Ministerio de Instrucción Pública. 1922. En Fernández Heres. Ibíd. p.906. (El subrayado es nuestro).
[255] Libro Copiador. Oficio No. 212. 23-07-1922.
[256] Libro de Matrícula. Folio 136.
[257] Silva Uzcátegui. R. D. Enciclopedia Larense. T. II. p. 37.
[258] Libro de Matricula. Folios 38 a 144. Cálculos propios.
[259] Ibíd. Folios 146-147.
[260] Cf. Rosenblat. Ángel. Las Buenas y las Malas Palabras. T. I. p. 137.
[261] Club Recreativo (Torres), Acta de Instalación (31-07-1898). En: Alcalde. Felipe. El Cincuentenario del Club Torres. p. 21.
[262] Ibíd. p. 19.
[263] Ibíd. p. 14.
[264] Ibíd. p. 33 a 36 Es importante destacar esta actitud nacionalista del doctor Oropeza: ella significaba un apoyo al Presidente Castro, el mismo Presidente que habla ordenado, tres años antes, la clausura del Colegio Federal Carora.
[265] Ibíd. p.p. 51 y 61.
[266] Fuente: Perera, Ambrosio. Historial Genealógico de familias caroreñas, Querales, Ramón. Bibliografía y Hemerografía del Estado Lara. Silva Montañés, Ismael: "La Imprenta y el Periodismo en Carora", en: A Través de Lara. p.p. 17-19.
[267] Fuentes: Perera, Ramón José. Datos para la historia del Colegio La Esperanza. Caracas 1932. Oropeza, Ramón Pompilio. Discursos. (Mimeo). 1994. Libro de Matrícula del Colegio Federal Carora. Folios 1 al 146.
[268] Oropeza. Ramón Pompilio. "Conferencia pronunciada el 1º de mayo de 1921 con motivo del XXXI Aniversario del Colegio La Esperanza". En El Diario. Carora. 3 de mayo de 1921.
[269] Ibídem.

[270] Alvarez. Alberto. Biografía de Ramón Pompilio Oropeza. (Mimeografiada). p. 5.
[271] Ibíd. 6.
[272] Oropeza, Ramón Pompilio. "A mi nieto Joel en su Primera Comunión". Carora, junio 21 de 1934. En Discursos del Dr. Ramón Pompilio Oropeza (Mimeografiado). Recopilación y notas de Jesús Arispe y Taylor Rodríguez.
[273] Alvarez, Alberto. Op citp. p. 10. En ese célebre Colegio, fueron sus condiscípulos en las clases de filosofía del Sr. Montesinos los jóvenes Ricardo Gil, Jesús Gil, Federico Yépez, Pedro Montesinos, Gregorio Limardo, J. de J. Montesinos, Hilario Luna, Ramón Piñero, Leandro Colmenárez, José Hilario Luna, Hipólito Lucena, J. José Jiménez, Rafael Linárez, Rafael Rodríguez H., Luis Lucena, Felipe R. Alvarado, Leonidas Blanco, M. Rodríguez G., Juan Antonio Gil, Francisco Lucena, Rafael M. Garmendia, José María Riera, Jesús Lucena, Pompilio Murillo, Cf. Perera, José Ramón. Datos para la Historia del Colegio La Esperanza. p 16.
[274] Oropeza, Ramón Pompilio. "Discurso de Gracias pronunciado en el Colegio La Concordia el 17 de junio de 1883, día en que se me confirió el grado de Bachiller en Filosofía". El Tocuyo, junio de 1883. Op cit. p. 17.
[275] Ibíd.
[276] Ibíd.
[278] Oropeza, Ramón Pompilio. Ibíd. p. 17.
[279] Cf. Cappelletti, Ángel. Positivismo y Evolucionismo en Venezuela. p. 74. El filósofo argentino encuentra también influencia del sacerdote español Jaime Balmes en los discursos que leyeron en su oportunidad los jóvenes bachilleres egresados de La Concordia. Lisandro Alvarado y José Gil Fortoul A Balmes se le considera un renovador del escolasticismo en el siglo XIX. Su libro El Criterio tuvo una enorme difusión e influencia en España y América.
[280] Oropeza, Ramón Pompilio. Ibídem.
[281] Cappelletti, Ángel. Ibíd. p. 229. Montesinos, Egidio. Obras Selectas. Comentarios Críticos de Ignacio Burle. p.p. 51-52.
[282] Cf. Cappelletti. Ibíd. p. 73 Las concepciones de Montesinos se vieron reforzadas por el hecho de que era un hombre apegado a su tierra y gracias a que poco se alejó de su ciudad natal. Sus ideas se forjaron al abrigo de una sociedad que como la tocuyana, se había labrado pacientemente desde el siglo XVI.
[283] Ibídem.
[284] Ibídem.
[285] Prigogine, Ilya. La Nueva Alianza, Metamorfosis de la Ciencia. p. 13.
[286] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 17.
[287] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 19. Zubillaga Perera, Cecilio. Estudios Históricos. T. II. p. 203.
[288] Velásquez, Ramón J. La Caída del liberalismo Amarillo. p. 32.
[289] Díaz Sánchez, Ramón. Diez Rostros de Venezuela. p. 229.
[290] Capelleti, Ángel. Ibíd. p. 39.
[291] Ibíd. p. 75. El Dr. Rafael Fernández Heres no avala la afirmación de Cappelleni pues considera que el positivismo venezolano se debe más a Augusto Comte que a Heriberto Spencer. Conversación sostenida por el autor con el Dr. Fernández Heres el 16-10-95.
[292] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 24. Plaza. Elena. José Gil Fortoul. Esta sociedad no tuvo la relevancia que otras. Fue fundada en 1886 y contó entre sus miembros honorarios a Gil Fortoul quien la denominó "centro" científico-literario. p. 31.
[293] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 24.
[294] Ibíd. p. 25.
[295] Ibíd. p. 26.
[296] Ibíd. p. 33.
[297] Conferencia dictada por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza el 1º de mayo de 1921 con motivo del XXXI aniversario del Colegio La Esperanza. Discursos. p. 39.
[298] Ibíd. Véase el capítulo III: La Fundación del Colegio La Esperanza.
[299] Ibíd.
[300] Romero García, Manuel Vicente. Peonía. (Novela). p. 163.
[301] Ibíd. p. 183.
[302] Ibíd. p. 162.
[303] Ibíd. p. 185.
[304] "Discurso pronunciado por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza en el Acto de Inauguración del Cementerio Nuevo de Carora". El 5 de mayo de 1895. Ibíd. p. 15.
[305] Ibíd. p. 18.
[306] Ibídem.
[307] Discurso pronunciado con motivo de la entrada en Carora del Presidente del Gran Estado Lara General Aquilino Juáres en octubre de 1896. Ibíd. p. 21.
[308] "Palabras pronunciadas en la velada del Club Torres en honor del Dr. Ezequiel Contreras". 23 de noviembre de 1913. Ibíd. P.37.
[309] Discurso de orden pronunciado en la velada literaria celebrada en el Teatro Salamanca para la clausura de las Fiestas Centenarias de Pedro León Torres el 24 de agosto de 1922. Ibíd. p. 59.
[310] "Palabras pronunciadas al ofrecer a los ilustrísimos y Reverendísimos Obispos de Barquisimeto y de Valencia un Banquete en su honor. Carora 1927. Ibíd. p. 77.
[311] Oropeza, Ramón Pompilio. "Pariter Gaudeo". Ibíd. p. 109.
[312] Guerrero; Luis Beltrán, en: Rosenblat, Ángel. Buenas y malas palabras. T.I. p. 346.
[313] Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz. p. 321.
[314] "Discurso pronunciado por el Dr. Oropeza en la inauguración del Cementerio Nuevo de Carora. 05-05-1895. En: El Diario. 21-03-1938.
[315] Ibíd.
[316] "José Herrera Oropeza (Mi oblación)". En: Discursos. Carora, febrero de 1936. p. 133.
[317] El Presidente Juan Vicente Gómez ofreció al Dr. Oropeza en tres oportunidades la Senaduría por el Estado Lara, la cual rechazó. Información oral de Alberto Alvarez, autor de la biografía del educador caroreño que hemos citado constantemente en este trabajo.
[318] "Discurso pronunciado por el Dr. Oropeza con motivo de la entrada a Carora en visita oficial en el mes de octubre de 1896 del Presidente del Gran Estado Lara, General Aquilino Juáres". Ibíd. p. 21.
[319] "Discurso pronunciado en la velada que se efectuó el 27 de mayo de 1906 con motivo de la clausura de la Exposición Industrial del Estado Lara". Ibíd. p.25.
[320] Recuérdese que en ocasión del Bloqueo pronunció el Dr. Oropeza otro encendido y patriótico discurso en el Club Torres de Carora. El discurso en cuestión fue pronunciado por Ramón Pompilio junto a otras piezas oratorias del Dr. Julio Segundo Alvarez y del General F. N. Giménez el 03-02-1903. Al final del acto se firmó un Acuerdo de Protesta. Alcalde. Felipe. Cincuentenario del Club Torres. p. 32.
[321] Ibíd. p. 27.
[322] "Discurso pronunciado por el Dr. Oropeza en la velada verificada en su honor en el Teatro Salamanca la noche del 1º de mayo de 1932". Ibíd. p. 85.
[323] "Discurso pronunciado por el Dr. Oropeza el día de su jubilación". 1° de mayo de 1936. Ibíd. p. 90.
[324] Beauvoir, Simone. La Vejez. p. 305.
[325] Libro de Actas de Exámenes del Colegio Federal N° 2. A las 9 de la mañana del día 13 de marzo de 1937 efectuó el Dr. Oropeza un examen de filosofía, exactamente ocho días antes de su muerte.
[326] Oropeza, Ramón Pompilio. "La Instrucción". Carora, julio de 1882. Ibíd. p. 91.
[327] Paz, Octavio. Sor Juana Inés de la Cruz. pp. 472-473.
[328] Paz, Octavio. Ibíd. Dice el autor mexicano que a pesar de la censura eclesiástica "la influencia del platonismo fue tal que esta creencia jamás desapareció del todo y figura en formas más o menos atenuadas en muchos místicos y filósofos cristianos". p.p. 473-474.
[329] Montesinos, Egidio. Obras Selectas. p. 147.
[330] Oropeza, Ramón Pompilio. Ibíd. p. 93.
[331] Ibídem.
[332] Ibíd. p. 93.
[333] "Discurso pronunciado por el Dr. Oropeza el día de su jubilación (01-05-1936). Ibíd. p. 89.
[334] Ibíd. (El subrayado es nuestro). Se refería el Dr. Oropeza a las grandes corrientes del pensamiento de la época, en especial del positivismo. Filosofía que tuvo una enorme influencia en el quehacer intelectual de Venezuela en esos años. Véase más atrás nuestro análisis de la orientación filosófica del bachillerato en el siglo XIX, Capítulo IV.
[335] Ibíd. p. 89.
[336] Ibídem.
[337] Alvarez, Alberto. Ibíd. p. 47.
[338] Ibídem.
[339] Picón Salas, Mariano. Formación y Proceso de la Literatura Venezolana. p. 284.
[340] Dos historiadores de nuestra cultura y de nuestra educación ¾para no mencionar otros más¾ apoyan este criterio: Mariano Picón Salas y Ángel Grisanti.