viernes, 26 de mayo de 2023

Encuentro con el escritor larense Rafael Domingo Silva Uzcátegui (*)

En 1989, mientras iniciábamos nuestros estudios de postgrado en historia bajo la dirección de los doctores Federico Brito Figueroa (1921- 2000) y Reinaldo Rojas en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico Barquisimeto “Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa”, Venezuela, comenzó nuestra curiosidad por conocer a Rafael Domingo Silva Uzcátegui (1887-1980) colocado más allá de su archiconocida Enciclopedia Larense (1941). 

       El Dr. Reinaldo Rojas, mi mentor, nos advirtió de la existencia de otras obras casi desconocidas del escritor larense y venezolano. Mencionó nuestro mentor Psicopatología del soñador, recuerdo vivamente. De inmediato sentí una gran curiosidad por aquellas producciones, que, lamentablemente, no estaban al alcance nuestro. Era yo por aquel entonces docente del área de psicología y de filosofía, orientado por el magnífico docente, profesor germano-venezolano Ignacio Burk Wagner.  En el Liceo Egidio Montesinos de Carora, Venezuela, lo que se convirtió en una suerte de puente para mi incursión en la llamada “historia de las mentalidades”, postulada y cultivada por la Escuela de Los Anales francesa, fundada por los historiadores Marc Bloch y Lucien Fevbre en 1929, todo lo cual me acercó, felizmente, al escritor autodidacta caroreño que nos ocupa.

Han pasado largos años desde aquel encuentro inicial con Rafael Domingo Silva Uzcátegui para que felizmente se concretara mi deseo de conocer en profundidad y detalle tan interesante escritor curarigüeño, larense y venezolano. Sucedió que escribí para la prensa larense, los diarios El Impulso y El Caroreño, un artículo sobre el baile folklórico del Tamunangue o sones de negro, en el que R. D. Silva Uzcátegui hace interesantes observaciones sobre el origen hispánico y canario de esta danza venezolana. Se lo envié al Dr. Reinaldo Rojas, quien en un gesto de aprobación de mis ideas, me pidió que participara en encuentro de escritores promovido por la Asociación de Escritores Larenses (ASELA) y su presidente, el Maestro Alfonso Giménez en su hermosa residencia “La Casa de La Parra”, Barquisimeto, para conversar sobre tan conocido y a la vez desconocido autor. Toda una paradoja.

Allí, en este escenario tan cálido, atento e interesado, me referí a R.D. Silva Uzcátegui colocado más allá de la Enciclopedia Larense, obra que, como sabemos de sobra, es su obra más resaltante, voluminosa y ampliamente conocida. En tal sentido, hice una exposición sobre una polémica obra escrita por el escritor larense en 1925: Historia Crítica del Modernismo en la Literatura Castellana, que es un ataque furibundo y despiadado a esta corriente literaria de finales de siglo XIX y comienzos del XX. Encabezada por los “decadentes y degenerados”, según dice R. D. Silva Uzcátegui, poetas Edgar Allan Poe, Walt Whitman, los bardos franceses Baudelaire, Lautréamont, Mallarmé, Verlaine, Moreas y los hispano-americanos, Rubén Darío y Leopoldo Lugones, entre otros.

Sorprendente ¿no? Aquella conversación con nuestros pasmados y sorprendidos escritores vernáculos me dio la oportunidad de pensar en escribir un ensayo sobre ese escritor larense oculto tras la fama de su Enciclopedia Larense. Le comuniqué la idea al Dr. Reinaldo Rojas, a los profesores Carlos Giménez Lizarzado, Héctor Torres Mendoza, José Yeo Cruz (QEPD) y al Cronista de Curarigua, Bernardo Yépez, quien generosamente me facilitó en fotocopia Historia Crítica del Modernismo y otros trabajos de y sobre R.D. Silva Uzcátegui. Le quedo enormemente agradecido. Unánimemente, aprobaron mi proyecto que reflexioné que sería un verdadero desperdicio no llevarlo a la escritura.

Trabajo que en verdad se dificulta de alguna manera. Ello porque algunas de sus obras no se encuentran con facilidad, pues son unas rarezas, son casi unas incunables impresas en Barcelona, España, o en Buenos Aires, Argentina. Lo segundo es que poco se ha escrito sobre R.D. Silva Uzcátegui en Venezuela. Resalta la serie Candideces, en una de las cuales dedicó el escritor caroreño Luis Beltrán Guerrero, crítico literario, un ensayo de cuatro cuartillas  en el cual dice que “… La Historia Crítica del Modernismo en la Literatura Castellana, con cuyo enfoque general, de crítica psiquiátrica, atento a los lineamientos de Max Nordau, no ha estado ciertamente de acuerdo el cronista” [subrayado nuestro];  y una biografía publicada por el Centro de Historia Larense del escritor R. D. Silva Uzcátegui salido de las manos de la profesora larense y curarigüeña Carmen Yolanda Pereira de Torres, editado en 1992. El historiador y literato Dr. Guillermo Morón le dedica agudos comentarios en su columna periodística El Animal Histórico. Por su parte, R. J. Lovera De Sola, equivocadamente, como se verá después, dice que “fue el primer venezolano que aplicó su formación psicoanalítica, sin ser médico, a sus estudios de crítica literaria e histórica”. Su país de nacimiento ha sido poco atento al legado del escritor larense. Es un desconocido. Por ello que hemos subtitulado exprofeso este ensayo Más allá de la Enciclopedia Larense.

Pienso que sus hijos, el Dr. Carlos Rafael Silva, fundamentalmente, han debido reimprimir los libros olvidados de su padre. El ministro de Educación, que fue en la década de los 1970, ha podido aprovechar tan excelente oportunidad para desde tan eminente cargo ordenar la edición de las Obras Completas de su padre, quien para aquel entonces aún vivía, pues como sabemos R. D. Silva Uzcátegui falleció en 1980.

Pero estamos a tiempo. El gremio larense de escritores (ASELA) bien podría abocarse a tan importante y significativa empresa de cultura. Imprimir libros en el interior del país ya no es tan difícil, tal y como se quejaba el poeta y ensayista Hermann Garmendia hace ya varias décadas, ante lo que consideraba una dificultad enorme en la pueblerina Barquisimeto de hace cincuenta años.

Debemos hacer otra consideración. Se trata del carácter histórico y no precisamente literario del presente ensayo, un mea culpa. Aunque Lucien Fevbre habría desaprobado mi posición al respecto, debo de reconocer mis enormes deficiencias literarias. Sé que mis lecturas de crítica literaria son limitadas y a veces hechas con cierta displicencia y cierta despreocupación; sin embargo, la redacción de este trabajo me ha hecho tomar un vivo interés por las cuestiones de la versificación, la métrica y el ritmo en la poesía, y otras cuestiones, como la inspiración y la revelación poética, como diría Octavio Paz, tienen en mi sensibilidad otra connotación, nueva y renovada.

Debo dar las gracias al doctor Reinaldo Rojas y a los profesores Héctor Torres Mendoza y Carlos Giménez Lizarzado, miembros de la casa de pensamiento que es la Fundación Buría, Barquisimeto, por haber leído el borrador de este ensayo de crítica histórico literaria y hacerle interesantes y agudas observaciones que de otra manera no se me hubiesen ocurrido. Les quedo altamente agradecido.

* Introducción al ensayo Rafael Domingo Silva Uzcátegui, más allá de la Enciclopedia Larense. Psiquiatría y literatura modernista. 2014, con el cual me hice merecedor del Premio Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez. Fue publicado por La Casa de las Letras, Andrés Bello, Caracas, 2017.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

Carora, Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela.

Sábado 20 de mayo de 2023.

 

 


jueves, 18 de mayo de 2023

Guillermo Morón, un legado

Fue gracias al afable periodista José Numa Rojas Espinoza, como conocí al eminente historiador y literato de ficción Doctor Guillermo Ernesto Morón Montero. Lo llevó a mi casa en el Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza de Carora hace como más de medio siglo. El profesor Expedito Cortés, mi padre y director de esa casa de estudios, lo recibe con la afabilidad que era su característica. Era yo un adolescente y creo que esa visita del ya entonces reconocido historiador marca mi carrera hacia las humanidades y la historia.

En lo sucesivo tuve varios encuentros con él, en Caracas, Barquisimeto y Carora, la ciudad de su adopción. Y digo con énfasis adopción pues no era Guillermo Morón caroreño como suele decirse, pues nació en Cuicas, poblado al norte de vecino Estado Trujillo. Tenía la sangre repartida, pues su madre, Rosario Montero de Morón, era caroreña y su padre un humilde agricultor cuiquense. Se le acusará de tener “doble nacionalidad”, según la ocasión.

  Su relación con la antigua ciudad del semiárido de Carora comenzará cuando su tío, Alfonso Montero, lo inscribe a sus 15 años a estudiar nuestro tradicional bachillerato con sabor decimonónico en el Colegio Federal Carora en 1941, cuando ya el Doctor Ramon Pompilio Oropeza Álvarez había fallecido en 1937, pero es la figura singularísima de Cecilio Zubillaga Perera, un intermediario cultural caroreño y de raigambre goda, quien le imprime honda y perdurable impronta. Le persuade “Chío” Zubillaga a no estudiar derecho como era la costumbre, y le sugiere inscribirse en el recién creado Instituto Pedagógico de Caracas para que se convierta en educador como su mamá.

A pesar de que forma su imagen del mundo en el regazo de Chío Zubillaga, hombre cercano al marxismo de tinte soviético, Morón será hombre de pensamiento conservador, lo que da pie a pensar que Chío no atornillaba a sus discípulos a una determinada ideología. Cosa semejante ocurre con el humanista de Venezuela, el Doctor Luis Beltrán Guerrero, una persona de brillante y olvidada pluma cercano al pensamiento socialcristiano.

  Viajará Morón a España, tras pasantía docente en el Liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto, a continuar sus estudios en Valladolid y sus inmensos archivos históricos, conducido por el Doctor Demetrio Ramos Pérez, un eminente americanista al cual conocí en 1980 en Caracas. Nacen allí los cinco tomos de su Historia de Venezuela, inmensa obra que ha sido soslayada de nuestras universidades autónomas y sus escuelas de historia. Es momento de revisarla con ojos ajenos a la pasión ideológica que ciega hasta los más sabios. Una sana revisión de la obra de Morón se la debemos al Doctor Reinaldo Rojas, quien en nuestros estudios de quinto nivel nos enseñó a valorar tan importante bibliografía moroniana.

Mi amigo Doctor Juan Hildemar Querales Álvarez tuvo un gran acierto al fundar en el barrio Pueblo Aparte el Ateneo de Carora Doctor Guillermo Morón. Ha sido el Ateneo un baluarte de la cultura en esta zona popular de Carora ubicado en la calle Camacaro con Lídice. El epónimo de la institución hizo innúmeras visitas a esta noble institución creada con su nombre y le imprimió un prestigio grande con su presencia.

 En vísperas de cumplir el diario El Impulso su primer centenario en 2004, dirige el Dr. Morón una muy juiciosa investigación histórica de este diario que nace en Carora de la mano del Br. Federico Carmona y su familia en 1904, tiempos de “El Cabito”. Allí afirma Morón que los estudios históricos en Barquisimeto son una verdadera escuela de pensamiento de la mano de los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas, difusores de las posibilidades de objeto y método de la Escuela de los Anales fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre en Francia.

   Humilde muchacho de provincia, hijo de humilde maestra de escuela primaria en tiempos de la larga dictadura gomecista, Guillermo Morón escala hasta los más altos escenarios de la República de las Letras: Director de la Academia Nacional de la Historia y Escritor del Año en 1980. Como Director de la Academia Nacional de la Historia hizo posible que fueran editados centenares de libros por espacio de varias décadas, un esfuerzo notabilísimo en un país de pocos y contados lectores.

 Tuvo el enorme privilegio de enterarse de que su novela El gallo de las espuelas de oro fuese enviada a la pira para ser reducida a cenizas en la plaza Bolívar de Carora. Y digo privilegio porque son los libros conducidos a la hoguera por los intolerantes los que llegan a mayor número de expectantes lectores. Los libros del poeta Heinrich Heine, Segismundo Freud y Mario Bunge son ejemplos contundentes. Los libros arden mal.

 Se retira de la vida Guillermo Morón un 19 de noviembre de 2021 a la provecta edad de 95 años, dejándonos un inmenso legado escritural que será, a no dudar, rexaminado y visto con ojos diferentes por las futuras generaciones.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

Santa Rita, Carora,

República Bolivariana de Venezuela.

18 de mayo de 2023.




 

 

 

 

    

 

 


martes, 16 de mayo de 2023

La historia del culto a Virgen María es sin duda uno de los fenómenos más interesantes y extraordinarios del cristianismo, nos dicen los mexicanos Solange Alberro, el Nobel de literatura Octavio Paz y el ecuatoriano Bolívar Echeverría, autores y pensadores que me motivan para intentar comprender el inmenso fervor mariano en las tierras del semiárido larense venezolano y su mayor manifestación: la gigantesca procesión de la Virgen Divina Pastora que ocurre todos los 14 de enero, sin apenas pausas, desde 1856.

       Después de haber sido por mucho tiempo un tema tradicional y predilecto de hagiografía, se ha convertido en objeto de estudios de sociólogos, antropólogos e historiadores, que ven en la esfera de lo religioso un inmenso terreno de observación aun poco reconocido y, menos aún, explorado. La historia de América Latina - dice el historiador francés Francois Chevalier- no se podrá comprender sin el elemento religioso católico.

Porque ¿cómo no admirarse  de que una mujer de perfiles apenas esbozados en los evangelios sea, afirma la historiadora mexicana Solange Alberro, unos siglos después de los acontecimientos que la llevaron al escenario histórico, entronizada como madre de Dios- Theotokos en el Concilio de Éfeso, año 431- posición  a partir de la cual emprendió una carrera asombrosa que desembocó en pleno siglo XX en su consagración como soberana del mundo y madre universal y, finalmente, si el Vaticano atiende al reclamo de numerosos devotos suyos, en “co-redentora”, lo que la colocaría de hecho en el mismo plano que su divino hijo? (El águila y la cruz. Orígenes religiosos de la conciencia criolla. México, siglos XVI-XVII, pág. 120).

El desaparecido filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría (Modernidad y blanquitud, Era, México,2010) se atreve anunciar una escisión del catolicismo gracias a la devoción a la mujer en América Latina: “El culto a María es una religión que no se atreve a decir su nombre.” Es posible, digo yo, que alrededor de la devoción a la mujer nazca en este lado del Atlántico una Nueva Roma. Veamos lo que dice Bolívar

Echeverría:

El cielo o panteón cristiano ha sufrido en el catolicismo mariano un recentramiento sustancial. La figura determinante, es decir, dominante, así no lo sea en términos absolutos como Dios Padre, sino sólo en términos “de excepción”, ha pasado a ser la figura de la Virgen María. Diosa central mientras dura una “coyuntura” indefinida que, de tanto serlo, resulta a fin de cuentas un estado permanente, María es la “emperatriz del cielo.”

 En otra parte afirma Bolívar Echeverría: “Cuando el papa Juan Pablo II exclamó en uno de sus tantos viajes a México: “México, semper fidelis”, no hacía otra cosa que redundar en una verdad oficial mil veces documentable: la religión del pueblo mexicano es la católica, apostólica y romana. Los dogmas de fe de esta religión, su doctrina, su ceremonial, su organización eclesial, tienen una vigencia y una vitalidad incuestionables, más allá de ciertos datos estadísticos alarmantes que puedan mostrarlos un tanto disminuidos. Sin embargo, y sin necesidad de acudir a constatarlo, el 12 de diciembre ante la basílica del Tepeyac, el santuario de la virgen de Guadalupe, es suficiente acercarse a los usos religiosos cotidianos de los creyentes católicos de México para distinguir no sólo una discrepancia, sino una distancia muchas veces abismal entre lo que consta formalmente como el catolicismo mexicano —ese del que se congratulaba el papa— y el catolicismo que practican de manera informal, pero efectiva, los creyentes mexicanos.”

En el semiárido, vasto erial larense venezolano, el culto a la virgen María se expresa de maravillosa manera en tres escenarios privilegiados: las poblaciones de raigambre aborigen de Quíbor, Municipio Jiménez, con la virgen de Altagracia o La Caimana, en Aregue, Municipio Torres, con la virgen india de la Chiquinquirá, que es anterior a la de Maracaibo y procede del Nuevo Reino de Granada, Colombia, y, finalmente, en Santa Rosa-Barquisimeto, Municipio Iribarren, con el inmenso y descomunal culto, que no deja de aumentar cada año, a la virgen Divina Pastora. Tres poblaciones- como se habrá notado- originalmente fundadas en el siglo XVII como pueblos de indios.

Devoción a la mujer que he llamado “Culto amniótico.”, conceptualización que aclararé en otra oportuna ocasión, que es responsable de muchas admirables formas de sociabilidad y cultura en nuestras tierras larenses, tal como lo he expresado en el Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, UPEL, Instituto Pedagógico Barquisimeto, Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, dirigido por el Dr. Jorge Pérez Valera.

¿Se convertirá el culto y devoción a la virgen María en nuestras tierras semiáridas larenses en Otra religión, como dice el filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría? Solo el tiempo lo dirá…

 

Santa Rita, Carora, Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

viernes 12 de mayo de 2023.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 



lunes, 10 de abril de 2023

Nilo y sus Estrellas y la cultura popular

La inmensa y colorida cultura popular caroreña y venezolana tiene en Víctor Verde una de sus mayores eminencias musicales y bailables. Nació hace 74 años en el tradicional y melódico Barrio Nuevo de Carora, Estado Lara, el mismo arrabal que vio nacer al guitarrista mundial Rodrigo Riera, al folklórico Negro Tino Carrasco, al Maestro Juancho Querales y a Min Suárez, La Alondra de El Morere, que bautiza de tal manera Chío Zubillaga. Acá vive desde siempre Nilo Verde, a tal punto que la Plaza Juan José Bracho ha sido rebautizada Plaza Los Verdes. “Carora sin Barrio Nuevo es una guitarra sin cuerdas”, musita Nilo mientras lo entrevisto en mi Oficina del Cronista de Carora unos días antes de la Semana Mayor del catolicismo romano.

Un acordeón barato.

Sorprendente será constatar que su grupo musical, el muy popular Nilo y sus Estrellas, está cumpliendo 55 años de haber sido fundado y que todo comenzó cuando un italiano le vende a su padre, el bandolinista Jesús Verde, un acordeón por 70 bolívares. “Un Hohner 120 bajo que papá le compra al dueño de la Heladería La Mariucha, planta baja del Teatro Salamanca”. Tenía apenas 15 años cuando comienza a ejecutar aquel instrumento alemán y europeo, centro melódico del vallenato colombiano, que lo catapultará a la fama y el reconocimiento en Venezuela y fuera de ella.

Lo conocí en la Escuela de Municipal de Música de Carora, allá en la década lejana ya de 1960, cuando la dirigía el profesor Joaquín Pérez Zavarce en su sede de la calle Lara, sector El Trasandino. Con este extraordinario pedagogo y trompetista duaqueño ejecuta el piano y aprende solfeo musical. “Fue él, dice Nilo, quien le da el nombre al grupo musical el 10 de enero de 1968”, el que por entonces daba sus primeros pininos ensayando en la Escuela de Música. Allí enseñaba también otro músico popular y docente de inglés en el Liceo Egidio Montesinos: Silvio Gaona. Era el sitio de reunión de los aspirantes a músicos: Armando Oropeza, el de Los Antaños de Carora, Ricardo Díaz “Vaya Vaya”, charrasquero del grupo Central Boys, el bolerista Félix Rojas, William Ávila, el de la batería, entre otros destacados músicos.

El estreno.

El primer baile que anima Nilo Verde, con acordeón en manos, ocurre el 12 de febrero de 1968.  Fue en el Club de Desempleados, calle Carabobo con Camacaro, en la época que lo dirigía el recordado sindicalista adeco y ciclista Pablo Guerra.

Su tránsito del acordeón al órgano de teclados se produce cuando adquirió un órgano eléctrico Yamaha YC30 a la Orquesta Siboney. Un cambio notable experimenta desde entonces el grupo musical de Nilo, quien populariza piezas como Pajarito Montañero, su mayor éxito vocalizado por Edgar Rodríguez.

Siempre han cuidado de su indumentaria, sacos coloridos y trajes de gala para sus numerosas presentaciones. Me cuenta Nilo Verde en tono afable y cordial que ellos salían de las mágicas tijeras y agujas del magnífico sastre don Teodoro Lameda, de su taller en la calle Comercio antes de la gran inundación de 1973: la Sastrería Imperial.

Su pegajosa y reconocible música tiene antecedentes claros en las conocidas piezas bailables El Cable y El Atlántico, un 45 rpm del ítalo maracucho Mario Carniello que se baila demasiado en la Carora de fines de la década de 1960, Tulio Enrique León, Damirón y su banda, la Billo´s Caracas Boys, en los grupos musicales de Maracaibo Los Masters, Los Imperials. La rivalidad no se hizo esperar y el grupo Los Masters intentó demanda por plagio contra Nilo y sus Estrellas sin lograrlo.

Me dice entusiasmado que sus mayores llenos ocurrieron en los bulevares plenos de la Avenida Miranda de Carora, en tiempos del primer quinquenio del presidente Rafael Caldera y el liderazgo construido al enfrentar a los godos de Carora del diputado socialcristiano y nativo del Estado Falcón Jesús Morillo Gómez. Otros éxitos notables se produjeron el Centro Lara, dirigido por mi padre Expedito Cortés, la Sociedad de Artesanos San José, la Casa del Educador. “Morillo Gómez -me comenta Nilo- tenía planes de llevarnos al Palacio de Miraflores cuando gobernaba Caldera.” Acto seguido me cuenta que su grupo fue el primero en tener un Club de Fans, que se ha instalado recientemente en Instagram y YouTube. Ha grabado seis largas duraciones (LP), cuatro Compact Disc (CD), unas 80 canciones, todos éxitos grandes.

Comenzó el combo de Nilo con siete integrantes, hogaño serán 14, la mayoría tan barrionovenses como el Buenos Aires BBC, El Rinconcito Arrabalero, el sector Lomo e´ Perro. La mayoría lee música aprendida en la Casa de la Cultura de Carora en la época del Dr. Juan Martínez Herrera. En ese recinto ejecuta Nilo el elegante y augusto piano Steinway con el padre del Maestro Felipe, el mexicano Eduardo Izcaray.

Ha alternado en las presentaciones, como manda la ley, con el sonero Oscar D´ León, el tachirense Orlando y su combo, Los Masters de Maracaibo, Los Mundiales de Cabimas, Tonino y su combo. Sus vocalistas han sido muchos, destacándose su hermano Simón Verde, Edgar Piña, Edgar Túa.  Sus éxitos más sonados serán Pajarito montañero, El relajao, Deseos de un borracho, de don Pío Alvarado,

 Me dice que en la actualidad cobra 500 dólares por presentación, que nunca ha salido a presentarse fuera del país y que también ha incursionado en la Gaita zuliana, que grabó junto al malogrado baladista Roberto Lutti en Maracaibo.

El Raspacanillas.

A mi pregunta de quién le da nombre al popularísimo ritmo del Raspacanillas, tan interpretado como bailado en el occidente de Venezuela, me responde Nilo Verde que se lo debemos al inclasificable y genial locutor Carlos José González, propietario de la emisora am Radio Carora. “Fue él, dice Nilo, quien por las ondas hertzianas decía al colocar música bailable: “A raspar canillas y a pulir hebillas.”

Según me dice William “Tuister” Piña, el agregado de “Canillas”, quien sumado al original “raspa” del ítalo maracucho Carniello dio lugar al interesante nuevo vocablo “raspacanillas”, se le dio en los estudios de Radio Carora, en Venezuela, teniéndose como protagonista de tal ingenio semántico al propio “Tuister” Piña, locutor de esta vieja emisora del estado Lara. En esta ciudad del semiárido venezolano han destacado diversos grupos raspacanillas, tales como Nilo y sus Estrellas fundado en 1968 y Rafa y sus Diamantes, quien se inicia en 1974. Nilo o Danilo Verde, grabará el Raspacanillas Número 1, un LP en compañía de otros grupos, tales como el Microcombo Dabajuro y Los Continentales. La historia del ritmo Raspacanillas está por hacerse, digo yo.

Nilo comerciante.

Nilo Verde se ha distinguido también como próspero comerciante. El Taller Mi Casa de la década de los años 1970 llegó a vender a crédito hasta dos motocicletas diarias durante muchos años. Era concesionario exclusivo para el Distrito Torres de la afamadas casas japonesas Yamaha, Suzuki, Honda. Este negocio ubicado enfrente a la Plaza Independencia fue producto de una “vaca” familiar de los ocho hermanos y los padres de Nilo. Tenía sucursales en Quebrada Arriba y El Venado. Seguía Nilo dictando clases de órgano musical en su negocio con los teclados Yamaha.  Pero llegó a su final por efectos del terrible “Viernes Negro” de 1983, tiempos del presidente Dr. Luis Herrera Campins. “El diputado copeyano Jesús Morillo Gómez intentó ayudarnos, pero fue inútil -me dice con cierta congoja- pues la crisis económica fue muy profunda en esos días.”

Antes del fatídico año 1983, para ser más exactos en 1980, tiempos del “Tá barato, dame dos”, nuestro amigo Nilo Verde trajo, asociado al malogrado locutor César Mejías, a la ciudad de Carora al por entonces sensacional Grupo Menudo de la isla de Puerto Rico, pero el aforo en el Estadio Antonio Herrera Oropeza no dio buenos resultados. “Hubo que sacar plata de mi negocio para pagarles a Los Menudos.”

Hogaño es Nilo Verde hermano cristiano desde hace tres lustros, no conduce automóviles y no ha tenido vicios, no pronuncia groserías. Proviene de una familia de tradición musical barrionovense. Es propietario de unas fincas en Aguas Calientes, Montevideo, parcelas en Villa Araure. Sus hijas estudian órgano, una es ingeniera química y la otra ingeniera electrónica. Sus nietas también llevan fibra musical. Son estas muchachas quienes lo han animado abrazar el Señor Jesucristo. Su residencia-que es lugar de ensayos también- no se ha movido de su casa paterna en Barrio Nuevo.

Nilo Verde es un genuino representante de la cultura popular venezolana, lo cual es obligante decirlo y aclamarlo como tal, pues no toda la música tendrá que ser por obligación académica.




Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

Carora, Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela.

Jueves 5 de abril de 2023.

 


lunes, 3 de abril de 2023

El logo de UNESCO

     Después que examiné con mucho interés la portentosa y original obra del antropólogo inglés Jack Goody (1919-2015), sobre todo su maravilloso libro El robo de la historia (Akal,2006), largo trabajo polémico sobre cómo Europa impuso el relato del pasado al resto del mundo, no volví a pensar de la misma manera sobre la inmensa y valiosa tradición cultural que Europa derramó sobre el planeta.

       Los cuatro inventos con los que Europa se adueña casi del planeta entero desde el siglo XV hasta el presente, ¡son invenciones chinas!: brújula, papel, imprenta y pólvora. Sin brújula de los chinos Cristóbal Colón no hubiese llegado hasta la ignota América jamás; los turcos sin pólvora no hubiesen asaltado Constantinopla y de tal manera remecido la historia que se hizo global desde entonces; sin imprenta el monje dominico Martín Lutero, el reformador religioso, habría pasado casi desapercibido; sin papel el viajero veneciano Marco Polo del siglo XII no habría escrito El millón, primer manifiesto humanista europeo.  Griegos y romanos no conocieron el cero, noción matemática que introdujeron los árabes al viejo continente europeo en la Edad Media; togas y birretes universitarios, “mugre medieval”, fueron invención islámica; el amor romántico no es exclusivo de Europa, pues en 1022 en lengua árabe se había escrito El collar de la paloma. Se trata de un libro de reflexiones sobre la verdadera esencia del amor intentando descubrir lo que tiene de común e inmutable a través de los siglos y las civilizaciones. Hollywood no lo reconoce como tal portento que es.

El primer libro impreso no salió del taller de Gutenberg en Alemania. No, el primer libro impreso vio la luz muy lejos de Maguncia, en la lejana China y se llamó El Sutra de diamante. ¿Su fecha de impresión?: 11 de mayo de 868 después de Cristo, noveno año de la era Xiantong de la dinastía Tang. Lo que quiere decir que El Sutra fue impreso casi 600 años antes que la Biblia de Gutenberg, es decir que tiene El Sutra 1.153 años de haber sido impreso.

       La llamada “alta cocina” no es sólo francesa o italiana, su patrimonio exclusivo. India y China también disfrutaron de su “alta cocina”, tan sofisticada y refinada como la de París, valora el británico Jack Goody. El único ideal de belleza no es la Venus de Milo, belleza sublime existe también en el arte budista de Tailandia o Japón. La democracia no fue forma de gobierno exclusiva de los griegos de la Antigüedad, pues democracia hubo en Cartago antiguo y en las actuales tribus de Gana africana. Y lo más extraordinario que argumenta Goody: el pensamiento racional no es exclusivo de la Grecia clásica, pues pensamiento escéptico sin dios ni dioses los hubo en India y China. De modo pues que el logo de UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) u Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la ciencia y la Cultura, está visiblemente y totalmente equivocado. Un templo griego nunca será epitome de cultura del planeta todo, de los 195 estados y ocho miembros asociados de UNESCO. La cultura y la ciencia no derivan en su totalidad de la Grecia clásica.

        Audrey Azoulay, directora general de esta institución que nació cuando se apagaron los cañones de la guerra en 1945, es muestra evidente de la diversidad cultural extra europea, pues ella es de origen judío marroquí y habla francés, inglés, árabe y yiddish. UNESCO es dirigida desde 2017 por una dama de origen africano casada con un francés, que ha combatido el racismo de Jean Marie Le Pen y admira a la sobreviviente del holocausto Simone Veil, y de Jean Zay, político judío y ministro de educación asesinado por los colaboracionistas nazis en Francia.

                                                 No pido que se elimine el Partenón griego como su logo, no. Lo que pido desde esta minúscula partícula del orbe que es la ciudad de Carora, Venezuela, es que el nuevo logo de UNESCO sea creación colectiva de la humanidad.  Sería muy motivante para los niños y escolares del planeta todo, desde Filipinas, Escocia, Zaire y Guatemala, concursar para que el nuevo logo del tercer milenio sea escogido para que simbolice el anhelo universal de paz y de conocimientos. “El trabajo de la UNESCO es clave para reforzar los lazos de la herencia común de la humanidad ante las fuerzas del odio y la división”, afirmó Irina Bokova, directora saliente de la institución.

 


El papa León XIII y la Encíclica Rerum Novarum (1891)

En 1891 la Iglesia Católica produjo uno de los documentos más importantes y trascendentales en su larga y accidentada historia: la Encíclica Rerum Novarum. Sobre la cuestión obrera, gran acontecimiento ocurrido en tiempos del dilatado y progresista pontificado del papa León XIII. Su largo y eminente pontificado de veinticinco años de duración, se desarrolló entre los años 1878 y 1903. Le toca vivir a este excepcional pontífice en el “siglo largo XIX”, una centuria que se extiende desde la Revolución Francesa de 1789 y culmina con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, un siglo de 125 años, según sostiene Eric Hobswawm.

 Avanzado en la cuestión social, este papa italiano cuyo verdadero nombre era Vincenzo Pecci (1810-1903), sin embargo, experimentaba visiones con los demonios, “sus crujidos, burlas y blasfemias”, censuraba y prohibía libros, fue el primer papa sin poder temporal sino solamente con autoridad espiritual, publicó 86 encíclicas en un largo pontificado que se extendió por 25 años desde 1878 hasta su muerte en 1903, la más conocida de todas a no dudar la Rerum Novarum de 1891.

Esta Encíclica se hará muy famosa y polémica por ser la primera que aborda la candente cuestión social de su época, se enfrenta al capitalismo de la libre concurrencia y al materialismo socialista de Marx y Engels y el anarquismo de Bakunin y Proudhon, es decir se pone a tono con la modernidad capitalista e industrial. Tal documento se elabora durante el relevante periodo que vive la Iglesia después de que se realiza el Concilio Vaticano I en 1869, conclave que tendrá ecos en el Concilio Vaticano II de 1962 y, consecuencialmente, en la Teología de la Liberación latinoamericana.

Rerum Novarum es más bien una Encíclica de pequeñas dimensiones, unas 60 y apretadas páginas. Comienza con una introducción en la que aborda la cuestión obrera. Luego, en el siguiente aparte, ataca las doctrinas socialistas, “un remedio perjudicial para el obrero”. Le sigue Una solución propuesta por la Iglesia, que condena la lucha de clases marxista. Inculca a los ricos sus deberes de justicia y caridad, y aboga por la creación de obras de caridad. En la Parte II, aconseja la Iglesia al Estado promover y defender el bien del obrero, propone la creación de organizaciones obreras católicas. El Epílogo de la Rerum Novarum dice enfáticamente: “Aplíquese cada uno a la parte que le toca, y prontísimamente; no sea que con el retraso de la medicina se haga incurable el mal, que es ya tan grande. Den leyes y ordenanzas previsoras los que gobiernan los Estados; tengan presentes sus deberes los ricos y los amos; esfuércense, como es razón, los proletarios: suya es la causa; y puesto que la Religión, como al principio dijimos, es la única que puede arrancar de raíz el mal, pongan todos la mira principalmente en restaurar las costumbres cristianas, sin las cuales esas mismas armas de la prudencia, que se piensa son muy idóneas, valdrán muy poco para alcanzar el bien deseado.”

 

 En 1891 León XIII publicó la Encíclica Rerum Novarum (Cosa Nueva). En ella se trazaron las líneas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia con cierto retraso y algunos anacronismos, condenando con acritud los excesos del capitalismo y la burguesía, pero también la lucha de clases marxista y el anarquismo de Bakunin. Se defendía la existencia, en una defensa a ultranza, de la propiedad privada y se rechazaba el socialismo de Marx y Engels porque era considerado erróneo y materialista. León XIII calificó al socialismo de “un cáncer que pretendía destruir los fundamentos mismos de la sociedad moderna”. Recordemos que en el siglo XIX triunfa la filosofía cientista, anti metafísica y materialista del positivismo de Comte, Haeckel y Spencer, Darwin publica El origen de las especies en 1859, el famoso Manifiesto Comunista estremeció al mundo en 1848 con sus palabras iniciales: Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo, a lo que se agrega que El Capital ve la luz en 1867, Renan publicará su controvertida Vida de Jesús en 1863, y que el sangriento 1° de Mayo ocurre en Chicago en 1886.

La Encíclica pretendía que se alcanzase la convivencia social a través de la justicia y la caridad como medios para solucionar los conflictos. En feliz intuición prevé que el Estado debía garantizar los derechos de los más desfavorecidos, proteger el trabajo y promover una legislación social. Pero, además, la Iglesia promovió la creación de asociaciones y sindicatos católicos. Rerum Novarum cambió la Iglesia Católica para siempre, abriendo una Tercera Vía distinta al capitalismo y el socialismo, como cuando dice:   “Efectivamente, los aumentos recientes de la industria y los nuevos caminos por los que van las artes, el cambio obrado en las relaciones mutuas de amos y jornaleros, el haberse acumulado las riquezas en unos pocos y empobrecido la multitud, y en los obreros la mayor opinión que de su propio valor y poder han concedido, y la unión más estrecha con que unos a otros se han juntado y, finalmente, la corrupción de las costumbres, han hecho estallar la guerra.” (Página 8)

El teórico marxista italiano Antonio Gramsci decía en 1930 que la acción social de la Iglesia Católica, la argumentación central de la Rerum Novarum,  se basa en cuatro principios: Primero: La propiedad privada como derecho natural, aunque subordinada al bien común; Segundo: las diferencias sociales de clase como disposiciones de Dios; Tercero: la limosna y la caridad como deber cristiano; Cuarto: la cuestión social como problema eminentemente moral y religioso a ser resuelto a través y consecuencialmente de la caridad cristiana.

En una acerba crítica de la Encíclica, José Antonio Ullate Fabo sostiene que el concepto de propiedad privada de la Rerum Novarum no se desprende, como León XIII pretende, ni del Evangelio ni de la razón natural o filosofía del sentido común de Santo Tomás de Aquino, sino que existe una conexión del pensamiento del papa Pecci en lo relativo a la propiedad con la filosofía empirista de John Locke (1632-1704). En su esencia la propiedad de León XIII es la propiedad santa e inviolable del liberalismo y de la burguesa Revolución Francesa.

El famoso sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-2020) dice que, si Marx hubiera leído los escritos de los cristianos, y si León XIII hubiera leído a Marx, no existiría hoy este conflicto entre marxismo y cristianismo. Pero ni a Marx le interesaba la Iglesia, ni a León XIII le interesaba Marx. A pesar de ser él tan culto, escribió la Rerum Novarum sin haber leído El Capital que por aquel entonces ya tenía 30 años de publicado.

En 1891 la Iglesia Católica produjo uno de los documentos más importantes y trascendentales en su larga y accidentada historia: la Encíclica Rerum Novarum. Sobre la cuestión obrera, gran acontecimiento ocurrido en tiempos del dilatado y progresista pontificado del papa León XIII. Su largo y eminente pontificado de veinticinco años de duración, se desarrolló entre los años 1878 y 1903. Le toca vivir a este excepcional pontífice en el “siglo largo XIX”, una centuria que se extiende desde la Revolución Francesa de 1789 y culmina con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, un siglo de 125 años, según sostiene Eric Hobsbawm.

 

 Avanzado en la cuestión social, este papa italiano cuyo verdadero nombre era Vincenzo Pecci (1810-1903), experimentaba visiones con los demonios, “sus crujidos, burlas y blasfemias”, censuraba y prohibía libros, fue el primer papa sin poder temporal sino solamente con autoridad espiritual, publicó 86 encíclicas en un largo pontificado que se extendió por 25 años desde 1878 hasta su muerte en 1903, la más conocida de todas a no dudar la Rerum Novarum de 1891.

Esta Encíclica se hará muy famosa y polémica por ser la primera que aborda la candente cuestión social de su época, se enfrenta al capitalismo de la libre concurrencia y al materialismo socialista de Marx y Engels y el anarquismo de Bakunin, es decir se pone a tono con la modernidad. Tal documento se elabora durante el relevante periodo que vive la Iglesia después de que se realiza el Concilio Vaticano I en 1869, conclave que tendrá ecos en el Concilio Vaticano II de 1962 y, consecuencialmente, en la Teología de la Liberación latinoamericana.

Rerum Novarum es más bien una Encíclica de pequeñas dimensiones, unas 60 y apretadas páginas. Comienza con una introducción en la que aborda la cuestión obrera. Luego, en el siguiente aparte, ataca las doctrinas socialistas, “un remedio perjudicial para el obrero”. Le sigue Una solución propuesta por la Iglesia, que condena la lucha de clases marxista. Inculca a los ricos sus deberes de justicia y caridad, y aboga por la creación de obras de caridad. En la Parte II, aconseja la Iglesia al Estado promover y defender el bien del obrero, propone la creación de organizaciones obreras católicas. El Epílogo de la Rerum Novarum dice enfáticamente: “Aplíquese cada uno a la parte que le toca, y prontísimamente; no sea que con el retraso de la medicina se haga incurable el mal, que es ya tan grande. Den leyes y ordenanzas previsoras los que gobiernan los Estados; tengan presentes sus deberes los ricos y los amos; esfuércense, como es razón, los proletarios: suya es la causa; y puesto que la Religión, como al principio dijimos, es la única que puede arrancar de raíz el mal, pongan todos la mira principalmente en restaurar las costumbres cristianas, sin las cuales esas mismas armas de la prudencia, que se piensa son muy idóneas, valdrán muy poco para alcanzar el bien deseado.”

 En 1891 León XIII publicó la Encíclica Rerum Novarum (Cosa Nueva). En ella se trazaron las líneas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia con cierto retraso y algunos anacronismos, condenando con acritud los excesos del capitalismo y la burguesía, pero también la lucha de clases marxista y el anarquismo de Bakunin. Se defendía la existencia, en una defensa a ultranza, de la propiedad privada y se rechazaba el socialismo de Marx y Engels porque era considerado erróneo y materialista. León XIII calificó al socialismo de “un cáncer que pretendía destruir los fundamentos mismos de la sociedad moderna”. Recordemos que en el siglo XIX triunfa la filosofía cientista, anti metafísica y materialista del positivismo de Comte, Haeckel y Spencer, Darwin publica El origen de las especies en 1859, el famoso Manifiesto Comunista estremeció al mundo en 1848 con sus palabras iniciales: Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo, a lo que se agrega que El Capital ve la luz en 1867, Renan publicará su controvertida Vida de Jesús en 1863, y que el sangriento 1° de Mayo ocurre en Chicago, Estados Unidos, en 1886.

 

La Encíclica pretendía que se alcanzase la convivencia social a través de la justicia y la caridad como medios para solucionar los conflictos. En feliz intuición prevé que el Estado debía garantizar los derechos de los más desfavorecidos, proteger el trabajo y promover una legislación social. Pero, además, la Iglesia promovió la creación de asociaciones y sindicatos católicos. Rerum Novarum cambió la Iglesia Católica para siempre, abriendo una Tercera Vía distinta al capitalismo y el socialismo, como cuando dice:   “Efectivamente, los aumentos recientes de la industria y los nuevos caminos por los que van las artes, el cambio obrado en las relaciones mutuas de amos y jornaleros, el haberse acumulado las riquezas en unos pocos y empobrecido la multitud, y en los obreros la mayor opinión que de su propio valor y poder han concedido, y la unión más estrecha con que unos a otros se han juntado y, finalmente, la corrupción de las costumbres, han hecho estallar la guerra.” (Página 8)

El eminente teórico marxista italiano Antonio Gramsci decía en 1930 que la acción social de la Iglesia Católica, la argumentación central de la Rerum Novarum,  se basa en cuatro principios: Primero: La propiedad privada como derecho natural, aunque subordinada al bien común; Segundo: las diferencias sociales de clase como disposiciones de Dios; Tercero: la limosna y la caridad como deber cristiano; Cuarto: la cuestión social como problema eminentemente moral y religioso a ser resuelto a través y consecuencialmente de la caridad cristiana.

En una acerba crítica de la Encíclica, José Antonio Ullate Fabo sostiene que el concepto de propiedad privada de la Rerum Novarum no se desprende, como León XIII pretende, ni del Evangelio ni de la razón natural o filosofía del sentido común de Santo Tomás de Aquino, sino que existe una conexión del pensamiento del papa Pecci en lo relativo a la propiedad con la filosofía empirista de John Locke (1632-1704). En su esencia la propiedad de León XIII es la propiedad santa e inviolable del liberalismo y de la burguesa Revolución Francesa de 1789.

El famoso sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (1925-2020) dice que, si Karl Marx hubiera leído los escritos de los cristianos, y si León XIII hubiera leído a Marx, no existiría hoy este conflicto entre marxismo y cristianismo. Pero ni a Marx le interesaba la Iglesia, ni a León XIII le interesaba Marx. A pesar de ser él tan culto, escribió la Rerum Novarum sin haber leído El Capital, obra señera que por aquel entonces ya tenía 30 años de publicado.

Hogaño es Rerum Novarum un documento capital de la Iglesia de Roma y del cual hablaremos en próximas entregas.

 

Carora, Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

lunes 3 de abril de 2023.


martes, 21 de marzo de 2023

LA PROMESA BALFOUR

En el ya lejano año 1970 esperaba en una larga cola que emitieran mi carnet de estudiante de la Universidad Central de Venezuela en la magnífica Plaza del Rectorado de esa eminente casa de estudios. Contaba con 17 años de edad y procedía de Carora, remota ciudad del semiárido occidental larense venezolano.

De pronto vi venir un trio de jóvenes apuestos y bien vestidos que entregaban con cierta decencia unas hojas impresas en rudimentario multígrafa titulada: La Promesa Balfour. La leí con interés por su llamativo y curioso título. En ella se daba cuenta de los orígenes históricos del Estado de Israel en 1948, pero retrocedía hasta el emblemático año 1917 cuando el Ministro de Exteriores británico Arthur Balfour (1848-1930) ofrecía a los judíos de la diáspora un hogar nacional para el pueblo hebreo.

Eran apenas 67 palabras las contenidas en esta Declaración Belfort y que su mismo autor no podía medir las inmensas consecuencias que ellas han tenido. Estas poquísimas letras son las primigenias responsables del terrible y largo conflicto entre israelíes y palestinos que nos alcanza hasta el presente con extrema virulencia.

Es un documento clave para comprender el siglo XX y también el siglo XXI. Los hebreos ven en él su partida de nacimiento como Estado, en tanto que los palestinos lo califican de “gran traición”. Inglaterra era la primera potencia mundial en 1917 y dio respaldo al recién creado movimiento sionista para darle a los judíos un territorio que por entonces estaba en manos del decadente Imperio Turco.

Eran los terribles años de la Primera Guerra Mundial y Alemania daba signos de una inminente derrota en 1918. En Rusia los Bolcheviques toman el poder en un incruento golpe de estado planificado por Lenin y sus secuaces. Es en consecuencia 1917 un año clave que explicaría buena parte de la historia global en lo sucesivo.

 

La Declaración Balfour, firmada el 2 de noviembre de 1917, es demasiado breve y está por consiguiente llena de ambigüedades: ¿Qué es un hogar nacional? Una pregunta que nos acecha y que hasta el mismo teórico de la nación Benedict Anderson vio con recelo y desconfianza. El texto señalaba específicamente que "no debía hacerse nada que pudiera dañar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina".

Pero ha sucedido todo lo contrario. El pueblo judío que acababa de sufrir el holocausto ordenado por Hitler la cargó de manera inmisericorde contra el sufrido pueblo palestino y ha creado el más gigantesco programa de la historia: la inhumana y terrible Franja de Gaza.

Pero volvamos a mis años de estudiante en la UCV. Me sorprendió la audacia de aquellos jóvenes hebreos que repartían La Promesa Balfour en aquella universidad tomada por la izquierda pro soviética y pro cubana e insurreccional, que acababa de acogerse a la pacificación ofrecida por el presidente Dr. Rafael Caldera en su primer gobierno (1968-1973). La universidad acababa de ser allanada militarmente en 1969 y volvería a sufrir una segunda intervención militar en 1970.

Era frecuente ver en nuestra alma mater, dirigida entonces por el Rector Dr. Jesús María Bianco, arengas, carteles y pintas contra el presidente estadounidense: Juicio a Richard Nixon, la horrible guerra de Vietnam, la invasión a Camboya, y a favor de la errática Revolución Cultural de Mao Tse Tung, la Revolución cubana de Castro y el Ché Guevara, el nacionalismo panárabe de Nasser, la Renovación Universitaria inspirada en el Mayo francés de 1968.

El muchacho imberbe y provinciano que era yo no podía entender y digerir aquellas complicadas y espinosas situaciones que me rodeaban. Debí, forzado, abandonar ese escenario de conflictos tras el segundo allanamiento de la UCV en noviembre de 1970 e irme a refugiar a la Universidad de Los Andes merideña del Rector Pedro Rincón Gutiérrez, casa de estudios que se mantuvo abierta.

 

 En esta eminente universidad serrana y su flamante Escuela de Historia entendí que los judíos, la descendencia de Abraham, son judíos para siempre, cualesquiera que sean los pasaportes que lleven o las lenguas que hablen o lean, según escribe Anderson. Que ellos son en buena medida artífices del moderno capitalismo, como valora Werner Sombart. Y que son los fundadores del Hollywood californiano, lugar que asumieron como la “tierra prometida”, al decir de Paul Johnson.

 Rememoraba en Mérida, años después, el episodio con los jóvenes hebreos de la UCV y me preguntaba por el origen de ellos. ¿Eran askenazis o sefarditas? Concluí que eren lo primero, es decir hebreos venidos de la Europa nórdica, quizás polacos o lituanos. Que no eran precisamente sionistas, condición que era anatema y condenación para los furibundos “ñángaras” de la UCV, y que mi propio apellido -Cortés- es de prosapia y linaje sefardita español.

Como soy historiador de oficio a la manera blocheana y docente en todos los niveles de la educación venezolana, les presento a ustedes la escueta y lacónica Declaración Balfour que los muchachos hebreos de Caracas escribieron como Promesa Balfour, para que saquen ustedes sus propias conclusiones:

 

 Estimado Lord Rothschild.

 

Tengo gran placer en enviarle a usted, en nombre del gobierno de su Majestad, la siguiente declaración de apoyo a las aspiraciones de los judíos sionistas que ha sido remitida al gabinete y aprobada por el mismo.

'El gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo, quedando claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político que disfrutan los judíos en cualquier otro país'.

Estaré agradecido si usted hace esta declaración del conocimiento de la Federación Sionista.

 

Arthur Balfour

 

 Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

Carora,

República Bolivariana de Venezuela,

 martes 21 de marzo de 2023.

 

 

 

 

 

 


Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...