
George Steiner:
Nostalgia del Absoluto.
Luis Eduardo Cortés Riera.
cronistadecarora@gmail.com
La innegable decadencia moral y espiritual que sufre
Occidente se debe al significativo retroceso que han sufrido contemporáneamente
las religiones. Es un vacío existencial que abraza a las sociedades
desarrolladas de Europa y Norteamérica. Las instituciones y los sistemas
religiosos dan marcha atrás. Pero como los humanos no podemos soportar tal vacío,
hemos creado mitologías sustitutivas. Es la tesis central de George Steiner, filósofo
y crítico literario, premio Príncipe de Asturias de Humanidades, fallecido en
2020. Con la típica ironía hebraica destaca los sustitutivos: la filosofía
política de Karl Marx, el psicoanálisis de Freud, la antropología estructural
de Lévi Strauss, la astrología, el ocultismo, la numerología mística y las
religiones orientales.
El libro que da nombre a esta nota aparece en 1974 y
recoge unas cinco conferencias dictadas en la Radio Canadiense por Steiner,
escritor hebreo, agnóstico y multilingüe, naturalizado en Estados Unidos.
Se trata, dice José de Segovia, de cuatro brillantes diatribas con las que
el autor fustiga lo que llama el relato de legitimación de la modernidad,
conformado por el marxismo, el psicoanálisis y la antropología
estructural. ′Tres grandes
mitologías, concebidas para explicar la historia del hombre, la naturaleza del
hombre y nuestro futuro. Las tres son mitologías racionales que pretenden tener
un carácter científico, normativo. Las tres arrancan de la metáfora del pecado
original. La de Marx termina en una promesa de redención; la de Freud en una
visión de regreso a casa con la muerte; la de Lévi-Strauss en un apocalipsis
originado por el mal humano. ′ (pág. 85). Ya que son teologías
substitutivas, visiones mesiánicas con pretensión de totalidad para satisfacer
el hambre de mitos y certezas, que es consustancial a la condición humana.
La cuarta conferencia de Steiner trata del auge de la superstición y la
irracionalidad que demuestra el interés esotérico de nuestro tiempo. Su lista
de fraudes y aberraciones excede a muchos compendios medievales de pretensiones
ocultistas. La credulidad que hay detrás de tanta tontería actual permite que
cosas como la astrología se presenten como una pseudociencia, en un mundo
fascinado por lo extraterrestre y paranormal. Pero las supercherías de muchos
supuestos tratamientos alternativos o la moda orientalista no son para Steiner
sino síntomas de un fracaso que expresa un sentimiento de impotencia, ante la
ausencia de fundamentos sobre los que basar nuestra vida. Frente a todas estas
mitologías queda otra alternativa, dice Steiner: la búsqueda de la verdad.
La gradual erosión de la religión organizada y de la teología
sistemática, especialmente de la religión cristiana de occidente, nos ha dejado
con una profunda e inquietante nostalgia de′, lo que él llama en
mayúsculas, ′el Absoluto′ (pág.
111). ′La verdad tiene futuro′,
dice Steiner al final de su libro, pero ′que lo tenga también el hombre está mucho menos claro′ (pág.
133). Pero la buena noticia, dice Jesús, es que la verdad nos hará libres. Por
lo que nuestro futuro está en esa Verdad hecha carne.
Respecto a Marx, dice Steiner, que a pesar de los millones de muertos
(regímenes totalitarios, gulags, torturas, genocidios…) que han supuesto las
prácticas marxistas, sigue teniendo sus defensores porque parece que lo
equivocado son los medios no el fin, porque lo que Marx ofrecía, a saber, la
redención, la libertad, la verdad, sigue siendo válido. Un mesianismo que lleva
aparejado las leyendas e iconografías asociados por ejemplo a figuras como
Lenin, Stalin y Mao.
En el caso de Freud afirma Steiner que lo que Freud propone no son verdades
universales, sino que “sus verdades son de un orden estético,
intuitivo, como las que encontramos en la filosofía y en la literatura”
y acaba el ensayo a este dedicado afirmando “gracias a la vida y la obra de
Freud, nosotros respiramos más libremente en nuestra existencia privada y en
nuestra existencia social”. Por el camino vemos el momento en el que
Freud y Jung se distancian cuando este último quiere “traer de nuevo a los antiguos dioses”.
Respecto al antropólogo Claude Lévi-Strauss expone Steiner el empeño de
este por la antropología entendida como “la ciencia del hombre”,
y visto el proceder humano siempre ligado a la aniquilación del hombre y de la
naturaleza acaba hablando más de entropología que de antropología. Una
entropología que sería “la ciencia de la extinción”.
Y sin personalizarlo en las tres figuras anteriores, Steiner plantea cómo
las sociedades occidentales tratan de colmar ese vacío con nuevos hábitos, a
saber, el yoga, la meditación y similares. Dice Steiner:
El
estudiante que pasa las cuentas de su rosario o contempla un koan zen mientras
vaga en una neblina melancólica, el ejecutivo apresurado que corre a su clase
de meditación o a la conferencia sobre el karma, están tratando de ingerir
elementos preenvasados, más o menos de moda, de culturas, rituales, disciplinas
filosóficas que son, en realidad, tremendamente remotas, distintas y de difícil
acceso. Pero está también, y esto es más importante, articulando una crítica consciente
o instintiva de sus propios valores, de su identidad histórica.
En el último ensayo comenta si es necesario llevar la verdad hasta sus
últimas consecuencias y lo ilustra con un ejemplo en el que se pregunta qué
sucedería si la ciencia, la genética, demostrara por ejemplo que unas razas
están mejor dotadas que otras. ¿Cómo manejaríamos este material inflamable?
Después de la segunda guerra mundial quedó claro que ese empeño por la pureza
racial o la creencia de algunos de sentirse superiores bañaron Europa de
sangre, así que esta cuestión está orillada, si bien vemos que la xenofobia es
un sentimiento que está ahí agazapado, tanto como la necesidad de las guerras,
pues según Steiner las guerras parece que actuaran como una especie de
mecanismo de equilibrio esencial para mantenernos en un estado de salud
dinámica.
Todos estos intentos sustitutivos han sido
fallidos. No existe una respuesta universal a la crisis de sentido
contemporánea.
Nostalgia del
Absoluto es considerado un ensayo profundo y provocador que invita a
reflexionar sobre el papel de la religión, la filosofía y la cultura en la
búsqueda de sentido en un mundo fragmentado y desencantado, tal como lo llama
Morris Berman. Steiner desafía al lector a explorar nuevas formas de comprender
la complejidad de la existencia humana y a aceptar la incertidumbre inherente a
la experiencia humana. Es una reflexión tan profunda como la que observamos con
El malestar en la cultura (1930) de Freud.
Este libro es recomendado para quienes desean profundizar
en la cultura occidental, la filosofía contemporánea y la historia de las
ideas, ofreciendo una visión crítica y perspicaz sobre la condición humana y la
búsqueda de significado.
Las ideas de Steiner cobran una actualidad sorprendente, pues el
supremacismo racial invade con ímpetu desgarrador a Europa y Estados Unidos,
excepción sea dicha en España del presidente Sánchez. El nazismo rebrota aquí y
acullá, las sectas religiosas fundamentalistas se multiplican hasta el delirio
en los Estados Unidos. El embustero canal History Channel tiene mucho más
seguidores que Discovery, un canal serio e ilustrativo. La gente prefiere que
les mientan con ovnis, extraterrestres, civilizaciones desaparecidas
inexistentes. Las burbujas ideológicas invaden las universidades, recintos
creados para búsqueda de la verdad. La mentira aplasta la verdad en las redes
sociales. Los gimnasios tienen mucho más usuarios que las bibliotecas. El
griterío apaga la reflexión serena y cerebral. Es la civilización del
espectáculo que tanto mortificó al escritor peruano Mario Vargas Llosa.
¿Qué pensaría Steiner de la asombrosa y sensacional noticia reciente que
dice que se ha creado una religión artificial gracias a la abrumadora presencia
de la inteligencia artificial, una temida tecnología sobre la cual ha advertido
repetidamente y con gran preocupación el papa estadounidense León XIV? ¿Será
una suerte de Esperanto religioso de base digital?.
Como reflexión final diremos que estos pensadores aludidos y comentados son
hebreos: Marx, Freud y Lévi Strauss fueron judíos no confesionales, a lo que
debemos agregar que Steiner también lo es. Dice Paul Johnson (La historia de los judíos, 1987), que todos
los grandes descubrimientos conceptuales del intelecto parecen obvios e
inevitables una vez revelados, pero se necesita un genio especial para
formularlos la primera vez. Los judíos tienen ese don. Los judíos siempre supieron,
que su sociedad está destinada a ser el
proyecto piloto de toda la raza humana. Los judíos han creído que eran un
pueblo especial, y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión, y durante
un periodo tan prolongado, que han llegado a ser precisamente eso. En efecto,
han tenido un papel porque lo crearon ellos mismos. Quizá ahí esté la clave de
su historia, concluye Johnson.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de Venezuela,
jueves 24 de abril de 2026.
