sábado, 7 de febrero de 2026

Fray Carlos Dovosick Pasco

 

 

Fray Carlos Dovosik Pascko:

Encuentro con lo Absoluto en La Otra Banda semiárida caroreña venezolana.

 

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

 

En medio de la infinita humildad de los habitantes mestizos del semiárido occidental larense venezolano, este fraile nativo de la atribulada nación croata se encuentra con lo Absoluto, un sentido trascendental y de significado del que carece, o ve en trance de morir Europa en los terribles años de la Segunda Guerra Mundial. La cultura de occidente parece desplomarse ante el que parece un indetenible avance del totalitarismo nazi fascista en el viejo continente. Una mitología racial supremacista que quiere acabar con las certezas que ha creado la cultura por milenios. Un vacío moral y emocional que no tenía precedentes en la humana historia. Croacia en aquellos terribles años se convierte en un estado autoritario, una marioneta al servicio de Adolfo Hitler.

 

Croacia es un país de conformación étnica eslava, pero de creencias mayoritariamente católicas. En esa condición le acompañan Polonia, Eslovenia, República Checa, Eslovaquia. El 87 % de la población de Croacia se declara seguidor del Papa de Roma. La iglesia ortodoxa griega cuenta allí con un 1,5 % de la población, y otro tanto los seguidores de Alá y su profeta Mahoma.

 

 Carlos Dovosik Pasco, que había nacido el 9 de enero de 1923 en la comarca de Verazdin, Croacia, frontera norte con Eslovenia y Hungría, decide salir al encuentro con el lugar de la Utopía en 1947: la Tierra de Gracia de Venezuela, luego de una breve pasantía por la Italia de Mussolini. Había estudiado filosofía y teología en Zagreb, capital croata, donde profundiza en el conocimiento de la humildad franciscana. Su lema y por el cual fue reconocido era “Dios salva”.  Se interna a nuestro país tropical y amable por la localidad de Araira, estado Miranda, Biscucuy en el estado Portuguesa, donde medio aprende la lengua de Cervantes. Como Humboldt dos siglos atrás, queda prendado definitivamente del trópico.

 

Los franciscanos habían establecido conventos en la Provincia de Venezuela, en El Tocuyo, Barquisimeto y Carora en tiempos coloniales, valiosas cátedras de latín, canto gregoriano, animaron el culto mariano a La Divina Pastora en el pueblo de indios de Santa Rosa del Cerrito, cercano a Barquisimeto, y la devoción a la virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue, otro poblado indígena cercano a la ciudad de blancos de Carora.  Fue el fraile Ildefonso Aguinagalde, “Papa Poncho”, protagonista de la “Maldición del fraile” en Carora en 1859, maldijo desde su posición de liberal a los godos conservadores “hasta la quinta generación.”. Es uno de nuestros imaginarios colectivos más potentes.

 

Es el obispo margariteño Críspulo Benítez Fonturvel quien recibe al joven y rubio fraile europeo en la Diócesis de Barquisimeto en 1949, y lo envía a la parroquia de La Pastora, en la ciudad del semiárido de Carora. Allí estuvo hasta 1951, año cuando asume la inmensa parroquia Montesdeoca, que comprendía los caseríos de Morroco, Palmarito, Quebrada Arriba, Altagracia y Pedernales. En esa inmensa geografía colindante con el Estado Zulia, se dio a conocer con su Toyota todo terreno color marrón, luenga barba blanca, y el hábito franciscano del mismo color, con un blanco cordel de tres nudos a la cintura, que nunca se quitaba. Igual admiración por el croata sentía el obispo de Barquisimeto Tulio Manuel Chirivella.

 

Con esa noble, poderosa máquina japonesa, visitaba enfermos, daba comuniones, responsos, y oficiaba misas en una lengua castellana con fonéticas y gramáticas croatas y eslavas de las cuales nunca logra desprenderse totalmente. Con su infaltable acordeón, me dice el profesor Alirio Martín Álvarez, acompañado de fogosos y ardientes tragos de agave cocuy, canta las canciones mexicanas de Pedro Infante y Javier Solís, las emblemáticas piezas musicales La cama de piedra y Payaso. El fraile Carlos era en ese sentido un auténtico cantor popular, un intermediario cultural, según Michel Vovelle, que se incrusta a los gustos melódicos de la gente del común.

 

 Cual un Quijote de La Mancha de las regiones equinocciales, tenía su espaldero y criado en la persona de Mamerto Mendoza, “el come papas”, quien le cargaba su acordeón, ayudaba en las misas y degustaban juntos la maravillosa bebida del semiárido extraída del agave cocuy trelease, mientras abordaban en el potente todoterreno las secas y espinosas sabanas de La Otra Banda caroreña.

 

 Era tal su confianza y certidumbre en Dios que se arrojaba temerariamente en aquella máquina de doble trasmisión a las enfurecidas aguas de las quebradas al grito de “Dios salva”, lo cual le permitía llegar a sus compromisos religiosos tras superar esas peligrosas aguas torrenciales que bien pudieron arrastrarlo mortalmente.

 

 En la anchísima y pedregosa Quebrada del Oro ocurrió, nos dice Eloy Armao, que luego de intenso aguacero arrastraba un caudal de agua marrón, remolinos, piedras y troncos. En una vieja camioneta y acompañado de unas damas, Carmen Rivero y doña Cristobalina, la cajuela full de hombres, se arroja el religioso croata al rugiente caudal quebradil al grito “Dios salva.” Pisa a fondo el acelerador y se abalanza a la quebrada sin oír las advertencias de sus asustados compañeros, quienes logran ponerse a salvo cuando el poderoso torrente de agua arrastró la camioneta, dejando milagrosamente al religioso y acompañantes en la orilla de la quebrada. La vieja camioneta desapareció de la vista de los aterrorizados paisanos del vasto erial caroreño.

 

La señora Carmen La Huerta lo ayudaba con la catequesis y alimentación de los niños en una casa contigua a la iglesia parroquial, la Ciudad de los Muchachos. Esta dama sufría de una suerte de ciclofrenia en tiempos de Luna. Cierta vez ella montó en una carretilla a varios chamos e intentó arrojarlos a la quebrada crecida contigua al poblado de San Francisco, irracional acción que evita el fraile Carlos al último momento con gritos desesperados.

 

Era su modo de vivir el Evangelio muy particular, en sus homilías se refería fray Carlos a las lluvias, la vegetación y a las cosechas, cantaba y bailaba con sus feligreses que lo adoraban. Era su muy genuina manera de interpretar a San Francisco de Asís, fundador de la orden de los franciscanos en el siglo XIII, de quien dice la tradición tenía gran cariño e inclinación por la música. Su hábito de franciscano mostraba su apego a la tierra reseca, pues los múltiples cadillos amarillentos adheridos hacían contraste con el hondo marrón de su infaltable indumentaria religiosa.  

 

El solar de su iglesia parroquial deja de ser un paraje estéril y yermo. Gracias a sus fuertes manos de agricultor sembró nuestro fraile europeo hortalizas, árboles frutales y flores, lo cual fue un maravilloso momento en aquellas soleadas tierras de La Otra Banda caroreña.  Yo mismo, en compañía de Gerardo Pérez González, vi ese prodigioso experimento agricultor en el vientre del secano larense, por allá en los años 80. Recibimos de regalo de sus nerviosas manos y penetrante y azulada mirada, cebolla en rama, recuerdo.  

 

 Los niños lo seguían encantados, cual Flautista de Hamelín, pues siempre cargaba en sus alforjas caramelos y chucherías para obsequiar a los infantes, simple pero poderoso gesto simbólico, nos dice Eloy Armao. Al visitar el caserío de La Candelaria, lugar del nacimiento del guitarrista universal Alirio Díaz, los niños lo iban a recibir a la entrada del pueblo. Traía limones, cerezos y parchitas de su parcela, y caramelos, me dice la educadora Judith Verde, quien recuerda su infaltable y emblemático pañuelo con cuatro nudos en su anciana calvicie, sus intensos ojos azules “como metras”, su porte de santo que agregaba gran intensidad emotiva a sus visitas.

 

Judith Verde, colega educadora, nos dice que fray Carlos nunca superó sus problemas con la lengua castellana. En cierta ocasión en La Candelaria, durante las fiestas patronales en julio, quiso decir “El que cree en Dios no morirá para siempre”. Al notar que no podía decir idea tan metafísica y compleja en castellano, de inmediato expresó: “Al resucitar todos vendrán en un camión más grande que Carora.”, ocurrencia con la cual ocasiona gran hilaridad en la capilla candelarense.

 

Acompañaba las procesiones con el acordeón en sus manos, bailaba al son de la música al tiempo que su hábito de franciscano y cordón de San Francisco se movían rítmicamente de derecha a izquierda. Después de los opíparos almuerzos consistentes en mondongo de chivo e incandescentes arepas cocinadas en fogones de leña, se echaba a descansar plácidamente en una hamaca que le colgaban los vecinos en la sacristía. A eso de las 4 o 5 de la tarde volvía a San Pancho conduciendo su Toyota techo duro dejando una estela de polvo amarillento.

 

   

Una extraña e insólita huelga acontece en San Pancho hace unas décadas atrás. Sucedió que la Diócesis de Carora intentó trasladar al rubicundo fraile croata a otra localidad del extenso Municipio Torres, al pueblo colonial de Río Tocuyo, lo que ocasiona que las gentes se negaron a jopear sus chivos, las mujeres a encender los fogones y enviar a sus niños a la escuela. Tres días dura aquel curioso paro laboral hasta que el obispo Eduardo Herrera Riera da marcha atrás al traslado del fraile Dovosick Pascko. Su paisano croata Félix Fierik, desde la vecina Quebrada Arriba, lo acompaña en esta legitima protesta.

 

Sintiéndose muy avanzado de edad vuelve fray Carlos a la parroquia Montesdeoca, su adoptivo terruño entrañable que lo asume como uno de los suyos durante varias décadas. La familia Armao Mosquera en el sector sanfranciscano de El Cerro le dieron hospitalidad, cariños y cuidados en su ancianidad, hasta que fallece cristiana y sosegadamente el 6 de enero de 2013. Tenía 90 años de edad cuando pide ser sepultado en las resecas y áridas tierras otrabandinas.

 

Este memorable y popular personaje, que vive a mitad de camino entre realidad y ficción, nos confesó en una oportunidad que su auténtico, genuino encuentro con el Creador había sucedido en los inmensos y desolados playones de La Otra Banda caroreña, alumbrado apenas con las titilantes luces de las estrellas madrugadoras, las tímidas luciérnagas y el lejano canto de gallos y guacharacas. Lo que el Seminario de Zagreb, allá en su nativa y lejana Croacia, le proporciona de manera formal y académica, lo encontrará de manera palpitante y viva fray Carlos en su encuentro con lo Absoluto en las soledades secas y calenturientas del semiárido occidental larense venezolano.  

 

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El presente trabajo sobre fray Carlos Dovosick Pascko (Verazdin,1923- El Cerrón, 2013) se ha nutrido de los aportes de la maestra normalista Judith Verde, vecina de La Candelaria, el profesor Alirio Martín Álvarez Díaz, sobrino del maestro Alirio Díaz, el señor Eloy Armao, vecino del sector El Cerro de San Francisco, el profesor Edecio Riera, natural de San Francisco, la señora Raquel Lameda y su padre Ramón Lameda, habitantes de Campo Alegre, el reverendo padre Juan Bautista Briceño, su cordial amigo, la señora Emérita Madrid, quien con mi padre Expedito Cortés, realizaron el Festival Folclórico de San Francisco  durante muchos años, a los sabios Yi Fu Tuam y Pedro Cunill Grau, creadores de la geografía de la sensibilidad y la emoción, y, finalmente,  al fascinante libro de George Steiner Nostalgia de lo Absoluto (2011) que me da la maravillosa idea de escribir sobre el franciscano europeo de ojos azules que se imbrica a nuestra amarillenta tierra hasta el final de los tiempos.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 viernes 6 de enero de 2026.

 

 

 

 

 

 

   .


martes, 27 de enero de 2026

Perfección de las matemáticas

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Perfección de las matemáticas.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

En una de las clases de Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, en el Pedagógico de Barquisimeto, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, un inteligente y preparado profesor de matemáticas, egresado de esa misma institución formadora de docentes del Estado Lara, República Bolivariana de Venezuela, y del cual desgraciadamente olvidé su nombre, hizo una afirmación que me dejó sorprendido. Mirándome a los ojos de manera penetrante me dijo: “profesor, las matemáticas son perfectas.”  No quise entrar en discusión con ese docente, pues creí que aquel no era precisamente escenario adecuado para tal disputa, pues la asignatura a mi cargo es la de Manifestaciones religiosas, un discurso muy distante, casi opuesto al de los cálculos, algebras y geometrías.

Pensé decirle por instantes al profesor, mi apreciado discípulo, que Kurt Godel (1906-1978), uno de los lógicos más importantes de todos los tiempos, a la altura de Frege y Russell, habría desmentido esa afirmación tan categórica suya, pues este matemático austriaco demostró entre 1929 y 1931, durante la Gran Depresión del capitalismo y la caída de Wall Street, que   existen enunciados que no se pueden probar ni refutar. Se trata de los dos Teoremas de la Incompletud que elaboró este brillante matemático, que fue amigo de Albert Einstein en Pricenton, Estados Unidos. Los Teoremas de Incompletitud de Gödel son uno de los grandes avances de la lógica matemática, y supusieron —según la mayoría de la comunidad matemática— una respuesta negativa al segundo problema de Hilbert. Los teoremas implican que los sistemas axiomáticos de primer orden tienen severas limitaciones para fundamentar las matemáticas, y supusieron un duro golpe para el llamado programa de Hilbert para la fundamentación de las matemáticas. Por otra parte, durante algún tiempo ni Hilbert, quien fallece en 1943, ni otros de sus colaboradores fueron conscientes de la importancia del trabajo de Gödel para su programa.

David Hilbert, en la cúspide de su prestigio, dejó para la posteridad en el año 1900 unos 23 problemas abiertos y no resueltos que han repercutido de manera crucial en el desarrollo de las matemáticas en los decenios siguientes. Años atrás, en 1888, Hilbert realizó un trabajo llamado Teorema de la Existencia, el cual fue rechazado por los expertos, uno de los cuales, un tal Gordan, afirmó “Esto es teología, ¡no matemática!” Más adelante, cuando la utilidad del método de Hilbert había sido reconocida universalmente, el propio Gordan diría: «He de admitir que incluso la teología tiene sus méritos».

Bueno, los 23 problemas no resueltos de Hilbert fueron tomadas como formulaciones canónicas en el Segundo Congreso Internacional de Matemáticos celebrado en París en 1900. Hilbert quería que la matemática fuese formulada sobre unas bases sólidas y completamente lógicas. Los axiomas de la aritmética son compatibles, concluía. Rechazaba el ignorabimus, esto es, de que hay un límite en el entendimiento humano de la Naturaleza, una expresión del eminente fisiólogo Emil du Bois-Reymond (1818-1896).

Todo sucumbió en un estrepitoso e inesperado fracaso. Hizo su aparición Godel, quien demostró, cuando apenas tenía ¡23 años de edad!, que no se podía demostrar la completitud de ningún sistema formal no contradictorio que fuera suficientemente amplio para incluir al menos la aritmética, solo mediante sus propios axiomas. En 1931 su teorema de la incompletitud mostró que el ambicioso plan de Hilbert era imposible tal como se planteaba. El segundo requisito no podía combinarse con el primero de forma razonable, mientras el sistema axiomático sea genuinamente finito.

            La necesidad de entender el trabajo de Gödel llevó entonces al desarrollo de la teoría de la computabilidad y después de la lógica matemática como disciplina autónoma en la década de 1930–1940. De este 'debate' nació directamente la base para la informática teórica del estadounidense Alonzo Church, creador de la base de la computación lógica, y del británico Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y a quien se le debe la decodificación del código secreto de los nazis, la máquina Enigma, durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual fue decisivo para el triunfo aliado sobre la bestia parda nazi fascista.

Otros genios de la física y la matemática también fueron impactados por las asombrosas afirmaciones de Godel: el matemático húngaro-estadounidense John Von Neumann, creador de la Teoría de los Juegos, uno de los padres de la bomba atómica, el físico y filósofo germano Werner Heisenberg, creador del asombroso Principio de Incertidumbre. Este paradójico principio afirma que no podemos medir exactamente la posición y la velocidad de una partícula en el mismo instante. Las consecuencias científicas y filosóficas de tal Principio nos sorprenden aun en la actualidad. Con este avance científico queda definitivamente enterrado el determinismo científico positivista del siglo XIX, al tiempo que se establece que el observador modifica y cambia la realidad que estudia, y lo que es más desconcertante aún: la realidad objetiva quedó evaporada, como el mismo Heisenberg sentenció.  

            Irónicamente, el día antes de que Hilbert pronunciase la frase “Debemos saber, sabremos” y que es el epitafio de su tumba, Kurt Gödel presentaba su tesis, que contenía el famoso teorema de incompletitud: hay cosas que sabemos que son ciertas, pero que no podemos probar. Además, y como si fuera poco, Godel crea la Lógica intuicionista, la que elimina el principio del tercero excluido. Hilbert declara al enterarse de tal portento: "Quitar el Principio del tercero excluido a un matemático, sería lo mismo que quitar un telescopio a un astrónomo o los guantes a un boxeador. Prohibir la existencia a enunciados y el principio de exclusión es equivalente a renunciar a toda la ciencia de las matemáticas."

Como Einstein y muchos otros genios europeos, Godel del huyó de Alemania con el ascenso de los nazis al poder en 1933. De joven se interesa en la curiosa teoría de los colores de Goethe, la filosofía crítica de Kant, y las teorías de Newton. Asistió a las reuniones del Círculo de Viena, que fue desmantelado por Hitler por estar constituido por judíos. En Estados Unidos siguió con sus trabajos sobre el axioma de elección y a la hipótesis del continuo, cree la posibilidad de los viajes en el tiempo con su teoría de los “universos rotatorios” que asombró al mismísimo Einstein, propuso una Demostración Ontológica de la Existencia de Dios, contrae matrimonio en 1938 con Adele, una bailarina divorciada y mayor que él, lo cual fue reprobado por sus padres, comenzó a sufrir severas depresiones.

En sus últimos años, Gödel sufrió de períodos de inestabilidad y enfermedad mental. Tenía temores obsesivos a ser envenenado, y no comía a menos que su esposa Adele preparara su comida. A finales de 1977, Adele fue hospitalizada durante seis meses y no pudo continuar preparándole la comida. En su ausencia, Gödel rehusó comer, hasta el punto de dejarse morir de hambre. En el momento de su muerte pesaba unos 30 kilogramos. El certificado de defunción en el Hospital de Princeton, el 14 de enero de 1978, dice que murió de «desnutrición e inanición causadas por perturbaciones en la personalidad». De esta manera tan terrible como dramática falleció “el descubridor de la verdad matemática más significativa del siglo», tal como lo calificó la ilustre Universidad de Harvard.

 

Carora,

República Bolivariana de Venezuela,

10 de abril de 2025.


Pequeña teología de la lentitud.

 

Pílulas Litúrgicas: Fotos da Ordenação Episcopal de Dom José Tolentino ...

 

Pequeña teología de la lentitud.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

Ahora que ha fallecido el progresista papa Francisco, resuena vivamente por su talento literario, carisma, origen geográfico, juventud, el cardenal José Tolentino de Mendonça, de apenas 59 años de edad, para suceder al papa de los sin voz y los excluidos que recién nos abandona físicamente. Nace en las Islas Azores en1965, conoce de la vida terrible de las excolonias portuguesas en Angola, la guerra anticolonial, se le reconoce como una de las voces más originales de la literatura moderna en lengua portuguesa y que como crítico literario es un profundo conocedor de la poesía del genio inmortal de Fernando Pessoa, Blaise Pascal y de la ucraniana y judía brasileña Clarice Lispector. Es un eminente intelectual católico cercano a las ideas del pontífice argentino recién ido.

En 1990 publica su primer libro de poemas Os días contados, un éxito en el mundo de habla portuguesa. Doctor en Teología Bíblica en 2004, ha establecido las relaciones entre la cultura y el cristianismo bajo un enfoque novedoso: Religión y razón pública. Sus fuertes vínculos con Brasil y Latinoamérica y sus universidades lo hacen favorito papable. El conservador Benedicto XVI lo designa consultor del Pontificio Consejo de la Cultura, creado en 1982 por el papa polaco Karol Wojtyla.  El Consejo promueve el encuentro entre el mensaje salvífico del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por la no creencia y la indiferencia religiosa, a fin de que se abran cada vez más a la fe cristiana, creadora de cultura y fuente inspiradora de ciencias, letras y artes (Carta apostólica, Inde a Pontificatus, art. 1.) Un diálogo entre fe y cultura, Evangelio y cultura. Ha apoyado Tolentino el Festival Internacional de Cine Católico, celebrado en Roma en 2010 y ha sido merecedor de varios doctorados honoris causa.

Este Consejo se coloca a años luz de distancia del retrógrado Índice de Libros Prohibidos, con el cual la Iglesia Católica condena desde el siglo XVI la lectura de las obras maestras de la literatura y la filosofía de autores como Erasmo, Zola, Sartre, Descartes y Kant, entre otros.  Es muy seguro que Tolentino ha leído la extraordinaria novela Madame Bovary de Gustave Flaubert, un escándalo en su tiempo ya ido. “Los escritores son a menudo guías espirituales”, dice a menudo el cardenal Tolentino, quien ha organizado el Pabellón Vaticano para la Bienal de Venecia en 2024.

Pequeña Teología de la Lentitud.

En esta singular reflexión sobre el vórtice temporal de la modernidad dice: “Pasamos por las cosas sin habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información en la que no llegaremos a profundizar. Todo transcurre a un galope ruidoso, vehemente y efímero. La velocidad a la que vivimos nos impide vivir. Precisamos de una lentitud que nos proteja de las precipitaciones mecánicas, de los gestos ciegamente compulsivos, de las palabras repetidas y banales. Necesitamos reaprender el aquí y ahora de la presencia, necesitamos reaprender lo entero, lo intacto, lo concentrado, lo atento y lo uno.”

El purpurado José Tolentino nos invita a explorar la lentitud, el agradecimiento, el perdón, la espera, el arte de cuidar y habitar, la perseverancia, la compasión, la alegría, el deseo y el arte de no saber. El autor expresa su anhelo con respecto al futuro de la humanidad: que habitemos, contemplemos y nos asombremos de cada uno de nuestros actos.

Pareciera que nuestro cardenal portugués se inspirara en las lecturas de Zygmunt Bauman, autor de la renombrada Modernidad Líquida, donde nos advierte este sociólogo polaco de la naturaleza cambiante e inestable de la vida moderna. Incertidumbre, fugacidad y falta de estabilidad a la que opone Tolentino la calma y la tranquilidad que fue su refugio en la remota y apacible isla de las Azores madeirenses de su niñez. Se le considera como "un hombre que ama los libros, las librerías y las bibliotecas", un biblista y un "ensayista, teólogo o místico". "El cardenal nos recuerda que las lágrimas son una forma de rezar, y al mismo tiempo nos regala su sonrisa", 

Dice José Tolentino de Mendonça, que “Vivimos en un tiempo que no solo es un tiempo con muchos cambios, sino que es un cambio de tiempo y un cambio de época. Mi palabra a las nuevas generaciones es una palabra de esperanza. Esto es como un parto, un nuevo mundo está naciendo".  Y sobre su vocación de poeta y escritor afirma "La poesía es el lenguaje de Dios, porque Dios nos habla indirectamente, y la poesía y la literatura también nos hablan indirectamente con metáforas, parábolas y símbolos", contestó el cardenal. 

            "Este mes, el Papa Francisco escribió una carta muy hermosa, en la que habla de la importancia de la literatura en su formación y en la formación de todas las personas, y cita a (Jorge Luis) Borges. La literatura es una escuela de escucha, para la mirada, para nuestra sensibilidad porque nos abre a muchos otros mundos. Cuando leemos, el horizonte de nuestro mundo se alarga", rememoró José Tolentino de Mendonça ocasión en la que afirmó: "Las dos vocaciones, la poética y la sacerdotal, al final son la misma".

En una conferencia en Argentina dijo "La responsabilidad por la palabra es una cosa que está muy presenta en el cristianismo. Un día me preguntaron cuál fue la más grande invención humana, yo respondí: la palabra. Nosotros inventamos las palabras para pasar información. Otra teoría dice que las inventamos para orientarnos a nosotros mismos. Una lingüista americana defiende que las inventamos cuando éramos niños, y que las palabras en ese momento eran sonidos". Al respecto, afirmó que adhiere a esta última teoría: "La palabra es la garantía de que no estamos solos". 

Sobre la labor de los periodistas ha dicho que "Los comunicadores tienen un papel fundamental, ustedes están comprometidos a contar la verdad y la realidad en un tiempo de fake news y posverdad. Como tenemos hambre de pan, tenemos hambre de historias", dijo, y señaló que el rol del periodismo es clave "para retirar del anonimato las vidas de los pobres, darles dignidad, contar sus historias".

"Es importante reconocer el papel de los profesores, su papel social, su dignidad, su gran contribución al desarrollo de nuestras humanidades", aseveró de Mendonça, quien enfatizó que las facultades de teología "son el corazón de la universidad, deben estar en las universidades y ayudar a las otras ciencias. La teología es una lente, nos da tanto conocimiento de la ciencia y de la vida".  "En una universidad pontificia, agrega, la presencia de la Teología es verdaderamente esencial, está en el corazón de la universidad, y gracia a Dios esto acontece en la Universidad Católica Argentina, UCA". 

En México dijo el papable portugués "Vivimos en un entorno fragmentado propio de una cultura posmoderna; una auténtica crisis antropológica, en la que se privilegian de manera unilateral perspectivas económicas, políticas o científicas sin mirar con amplitud la naturaleza humana, su dignidad, su trascendencia, entre otros factores [...] no podemos ignorar la crisis antropológica, cultural y ética que define el actual cambio de época. Nos encontramos en un momento histórico donde los valores fundamentales del ser humano se ven desdibujados y debilitados por una cultura de la autorreferencialidad y el relativismo”.

Estamos entonces en la magnífica presencia de un hombre de la Iglesia que nos recuerda por analogía al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal y al brasileño Leonardo Boff, quienes han establecido un fecundo e inaplazable diálogo entre ciencia y fe. Ojalá, Dios mediante, se convierta José Tolentino en el 267 papa de la Iglesia Católica, una venerable institución necesitada de montarse sin complejos y con audacia en la ola de la posmodernidad, tras siglos de inútil y estéril conservadurismo.

 

 

 

 


China y el azúcar artificial

 

 

China: Azúcar artificial.

¿Fin del hambre y la contaminación en el mundo?

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

La civilización más antigua del orbe es sin duda alguna China. Son más de 5.000 años de historia continuada y sin fracturas, lo que no se vio en Egipto antiguo, el Imperio Romano, la Rusia de los zares, el Imperio Español, civilizaciones que solo son recuerdo.

Hasta el siglo XVII la ciencia y la técnica de China e India estaba tan avanzada o superaban la de Europa, afirma el británico Joseph Nedham en Ciencia y civilización en China, 1954. Pero sucedió que después vinieron dos siglos de colonialismo occidental que obstaculizaron el desarrollo de la ciencia en Asia. Pudo iniciarse la revolución industrial en China antes que en Inglaterra del siglo XVIII.

En la actualidad la ciencia ha tenido un vertiginoso e indetenible avance en el país del dragón. Las universidades chinas se han colocado en el ranquin de las mejores del mundo, dice recientemente The New York Times del mes de enero de 2026, amenazando la hegemonía de las tradicionales Harvard, Instituto Tecnológico de Massachusetts, Cambridge y Oxford.

Una verdadera revolución en la química verde supone la transformación del dióxido de carbono de la atmósfera en azúcar. Un antes y un después de la industria alimentaria. Habrá alimentos para la humanidad sin necesidad de tierra, agua o cultivos. Este gigantesco logro se ha producido en la Academia de Ciencias de China, Instituto de Biotecnología Industrial de Tianjin, que podría dejar al lado la agricultura de arados, tractores, pesticidas y bueyes, resolver graves y urgentes problemas de contaminación. Es un sistema de biotransformación que no depende de la caña de azúcar del trópico ni de la remolacha azucarera de las regiones templadas.  Supera las limitaciones de la fotosíntesis de estas plantas, evita la degradación y escasez de tierras.

El metanol es convertido en sacarosa o azúcar común en un sistema de biotransformación in vitro, en una síntesis total precisa. La inmensa hegemonía de la caña de azúcar, que nos llegó de la India milenaria, parece que tiene sus días contados. El terrible efecto invernadero tendrá también verá reducidos sus tóxicos gases neutralizando el carbono. La tasa de conversión de dióxido de carbono implica un bajo costo de energía que llega al asombroso 86%. Con la ayuda de catalizadores químicos y catalizadores enzimáticos obtuvieron los científicos chinos cuatro tipos de azucares: glucosa, alulosa, tagatosa y manosa.

El estudio no se queda en la sacarosa, sino que incluye la fructosa, celooligosacáridos y el almidón, todos ellos con aplicaciones en la industria alimentaria, farmacéutica y química. Un futuro sin plantas para alimentos y sin plantas para medicamentos.

China, que importa anualmente 5 millones de toneladas azúcar dejará a la brevedad de depender de este rubro, del cual es el tercer productor mundial después de India y Brasil con 108 millones de toneladas. Las grandes preguntas que nos hacemos son dramáticas: ¿qué pasará con la antigua dulcería china que se remonta a la dinastía Tang del siglo VIII dC, con los inmensos sembradíos de caña de azúcar chinos, unos 1,67 millones de hectáreas hasta 2023 en las provincias meridionales?, ¿qué sucederá con la inmensa mano de obra cesante y con los centenares ingenios azucareros parados en todo el planeta si progresa y se hace viable la tecnología del azúcar artificial extraído del dióxido de carbono?

En occidente, sin embargo, la situación es más dramática aun, puesto que la enorme industria farmacéutica tendrá que replantearse muy hondo sus propósitos. ¿Cuál será la profunda modificación que experimentarán los gigantes Pfizer, Novartis, Johnson & Johnson? Y cuando la agricultura no necesite fertilizante, agroquímicos y desfoliantes, qué sucederá con Monsanto y Bayer.  

Apenas es necesario preguntarse por el gigantesco impacto que tendrá esta tecnología china en los países del llamado Sur Global, y la manera en que fortalecerá a los países BRICS, una agrupación de países creada en 2006. Un colosal remezón geopolítico en ciernes que pondrá en entredicho la hegemonía de occidente que hasta hace poco nadie ponía en duda. Asia, África y América Latina serán los grandes beneficiarios de la transformación del temible dióxido de carbono en nutritiva azúcar para apaciguar el hambre y la desnutrición endémicas.

 Pero es una empresa que produce un producto no esencial, la gigantesca compañía Coca Cola, quien planea seguir el método chino en occidente. Coca-Cola Europacific Partners (CCEP) se ha embarcado en un proyecto con el que busca transformar el CO₂ en azúcar para incorporarla a su cadena de suministro, eliminándolo de la atmósfera y reutilizándolo, que le permitirá reducir las emisiones y a avanzar hacia la descarbonización de la economía, según ha informado en un comunicado.

En concreto, CCEP Ventures, la plataforma de inversión en innovación de CCEP, se ha aliado con Peidong Yang Research Group, un consorcio chino-estadounidense que trabaja en la Universidad de California, en Berkeley, para desarrollar métodos que permitan convertir a nivel industrial el CO₂ en azúcar.

 

La humana historia no deja de producir paradojas alucinantes. Una empresa que elabora esa “agua industrial sin alma”, como llamó el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri a la Coca Cola, y que ha tenido ganancias de 45 mil millones de dólares, emplea a 87 mil personas y que tiene alcances planetarios, esté en estos momentos liderando con gran éxito la inaplazable y urgente descontaminación de la atmósfera terráquea.

Creo que mi país, Venezuela, está casi completamente ajeno a estos vertiginosos cambios, lo cual es en grado sumo preocupante.

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 martes 20 de enero de 2026.


Annales, un espíritu

 

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Annales, una actitud, un sprit.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

No somos una escuela, dicen los annalistas, somos una actitud, un sprit, un espíritu. Fundada en 1929 la revista Annales en Estrasburgo, Francia, por Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929, con ellos se modifica el hacer histórico que dominaba desde Leopold Von Ranke. Su origen debe buscarse, dice Georges Iggers, en una obra escrita 17 años antes que la fundación de la revista Annales: El Franco Condado bajo Felipe II, que sale de la pluma de Febvre en 1912. Se trata de una historia exhaustiva de una región basándose en el análisis cuidadoso de fuentes no solo políticas, sino también económicas, religiosas, literarias y artísticas. Fue influido por Vidal de la Blanche e introduce el peso de las representaciones mentales, un matiz innovador que conducirá a Annales a perseguir una historia cultural, con lo cual se colocan más allá de la historia social moderna.

Los antecedentes de Annales pueden rastrearse al año 1900 cuando hubo una intensa discusión sobre el método en la Revista de Ciencia Histórica, liderada por el filósofo Henry Beer. Las magnitudes físicas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo, un enfoque antropológico que incluye toda la población, no como estilo ideológico y estético de una alta capa social.

 

Ellos modifican radicalmente el concepto de tiempo, el que ya no es considerado como un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Karl Marx y Max Weber. Esta modificación radical de la temporalidad se la debemos a la influencia de los físicos Max Plank y Albert Einstein, quienes volvieron añicos y para siempre la temporalidad newtoniana a comienzos del siglo XX.

“No somos escuela, sino un sprit que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, sin conformar una doctrina”. La praxis prevalece claramente sobre la teoría, pero la praxis incluye importantes presupuestos teóricos: la historia social, historia de las mentalidades, la larga duración braudeliana, estructura y coyuntura.

Lucien Febvre y Marc Bloch, agrega Iggers, han seguido atentamente la historiografía social y económica alemana. Bloch estudió en 1908 y 1909 en ese país. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y el país de Mosela de Lamprecht: a ambos interesaban los modos de pensar y de comportarse dentro de una determinada región, evitando el determinismo geográfico, siguiendo a Vidal de la Blanche.    

          Annales debe mucho a la sociología de Durkheim, quien quería transformar a la sociología en una ciencia rigurosa, lo que significaba matematización.  La conciencia colectiva es el objeto central de una ciencia de la sociedad: normas, costumbres, religión. Bloch y febvre conceden gran importancia a las estructuras anónimas, la vida sentimental, la mentalidad colectiva, con lo cual construyen una antropología histórica. Este novedoso enfoque se observa en El Franco Condado (1912) de Febvre y en Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch, referido a las artes curativas de los reyes ingleses y franceses durante un largo periodo temporal.

Este par de magníficos historiadores, protagonistas de la Revolución historiográfica francesa, nunca pusieron en duda de que la historia es la ciencia central del hombre. Para ello anularon los límites entre las disciplinas parciales, esto es antropología, lingüística, sociología, psicología, semiótica, psicoanálisis, ciencias de la literatura y el arte, economía, “los pequeños jardines.”.

Ellos, desde sus cátedras de Estrasburgo se enfrentaron a la Sorbona en París y su modo tradicional de hacer la historia que representaban Charles Seignobos y Charles Langlois, autores de una obra de marcado carácter positivista: Introducción a los estudios históricos, una historia lineal y política de los grandes hombres. Annales nace enfrentando a este tipo de historia que silencia las mayorías, el pueblo.

Más tarde las cosas cambiaron por completo con las grandes obras de Bloch, Febvre, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie, Robert Mandru, Michel Vovelle, Francoise Furet. Estos autores lograron, escribe Iggers, lo que otros autores alemanes y franceses no conseguían, a saber, el unir la cientificidad rigurosa con la buena literatura y ganarse la aceptación de un amplio público. 

 

 Después de ser unos rebeldes, Annales se institucionaliza al finalizar la segunda guerra mundial. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución francesa: la Escuela Práctica de Altos Estudios, institución fundada en 1868 que no ofrecía carreras normales, sino que estaba dedicada exclusivamente a la investigación y a la formación de investigadores, algo parecido al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Estados Unidos.

 

Esta institucionalización tuvo resultados contradictorios, dice Iggers. Favoreció la investigación interdisciplinar y, con ello, una nueva receptividad. Hizo posible el trabajo en equipo y proyectos coordinados con la ayuda de medios electrónicos en el tratamiento de los datos, que le conferían un matiz de cientificidad.

Annales había comenzado, escribe Peter Burke, siendo una publicación de una secta herética. “Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en sus conferencias. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica oficial en Francia.

El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, escrito en 1948 por Febvre, es, afirma Burke, uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en el siglo XX. Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch y el artículo de Lefebvre sobre las multitudes: El gran miedo de 1789, (1932), este trabajo inspiró la historia de las mentalidades colectivas a la que tantos historiadores franceses se entregaron a partir de la década de 1960.

 

          Después de la guerra, Febvre tuvo su oportunidad. Fue invitado a organizar una de las principales instituciones del sistema francés de educación superior: la Escula Practica de Altos Estudios, también fue delegado de su país en UNESCO, encargado de la organización de un multivolumen: Historia Científica y Cultural de la Humanidad. Todas estas actividades le impidieron realizar uno de sus más ambiciosos proyectos: Pensamiento y creencias occidentales desde 1400 hasta 1800, la Historia del libro impreso y sus efectos en la cultura del Renacimiento y la Reforma, El Ensayo de psicología histórica, Introducción a la Francia moderna, que fueron terminados por sus discípulos. El heredero de este poder será el “hijo” de Febvre, el joven Fernand Braudel.

Fue en un campo de concentración nazi donde a Braudel se le ocurre la idea de la larga duración, uno de sus conceptos clave. Una vez terminada la guerra escribe su obra fundamental en dos gruesos volúmenes:  El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, fue editada en francés en 1949. En el prólogo a la primera edición francesa nos dice Braudel:

“El Mediterráneo no es siquiera un mar; es un complejo de mares; y de mares salpicados de islas, cortados por penínsulas, rodeado de costas ramificadas. Su vida se haya mesclada a la tierra, su poesía tiene mucho de rústica, sus marinos son, cuando llega la hora, campesinos como hombres de mar.” 

Esta gigantesca obra braudeliana tiene una estructura tripartita: «cada una de las partes es un intento de explicación de conjunto»: la primera parte es una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones con el medio que le rodea, historia lenta en fluir y transformarse, una historia casi situada fuera del tiempo. No es una de las tradicionales introducciones geográficas de los estudios de historia.

Por encima de esta historia inmóvil se alza una historia de ritmo lento, parte segunda: la historia estructural, una historia social, la historia de los grupos y las agrupaciones humanas, un estudio de las economías, los Estados, las sociedades y civilizaciones, fuerzas profundas que entran en acción en los complejos dominios de la guerra.

Finalmente, una tercera parte, la de la historia tradicional, cortada a la medida del individuo, la historia de los acontecimientos, la agitación de la superficie, una historia de las oscilaciones breves, rápidas y nerviosas, la más apasionante y rica en humanidad, y también la más peligrosa.

Así, es una obra estructurada en la dialéctica espacio-tiempo (historia-geografía), una historia a cámara lenta que permite descubrir rasgos permanentes, que es la justificación original del libro, toda una novedad, con escasísimos antecedentes dignos de hacer mención.

Es una labor de síntesis que provoca una nueva ola de investigaciones especializadas, tales como Jean Delumeau, Pierre Vilar, Emmanuel Le Roy Ladurie, Vicens Vives, Alphonse Dupront, Pierre Chaunu, Julio Caro Baroja, Jacques Heers, Ruggiero Romano, Iorjo Tadic, Carlo Cipolla, Frank Spooner, entre otros.

Braudel es sin duda, escribe el mexicano Carlos Aguirre Rojas, una referencia obligada cuando se abordan temas relativos al desarrollo de la ciencia histórica de los tiempos actuales. Su copiosa y profunda huella en el quehacer profesional de los historiadores, hacen de su nombre un paradigma que desde hace medio siglo está impactando a las ciencias sociales, antropólogos y desde luego, para los historiadores.

Dice Georg Iggers que “pese a la atención que han recibido en el ámbito internacional, los Annales no ha dejado nunca de ser un fenómeno específicamente francés, profundamente arraigado en las tradiciones científicas francesas. Pero como modelo a seguir para hallar nuevos caminos en la investigación histórica de la cultura y de la sociedad han ejercido una gran influencia internacional.”

En Venezuela, mi país, han sido mis mentores, Dr. Federico Brito Figueroa y Dr. Reinaldo Rojas, quienes, en el interior del país, en Barquisimeto, han creado una comunidad de discurso en torno a la Escuela de Annales, única en su tipo, que ha dado muestras palmarias de un impulso investigativo formidable. Me precio gratamente de pertenecer a esta fértil comunidad de pensamiento nucleada alrededor de la Fundación Buría.  

 

Referencias:

Aguirre Rojas, Carlos. (1997) Braudel a debate. Fondo Editorial Tropikos, Fondo Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, Venezuela.

Braudel, Fernand (1987) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. México. Dos tomos.

Burke, Peter. (1990) La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales: 1929-1989. Gedisa, Editorial. Barcelona.

Iggers, Georg. (1997) La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales. Idea Books, S. A. Barcelona.

 

Carora,

Estado Lara,

 República bolivariana de Venezuela,

domingo 25 de enero de 2026.

 

 

 


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