domingo, 17 de mayo de 2026

Fin milagro alemán

 

 

Wolfgang Munchau:

 Kaput. El fin del milagro alemán.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

Cuando se dio la noticia de un golpe de estado fallido y apagado en Alemania en 2022, me dije: algo no camina bien en el país de Goethe y Einstein. Tal acontecimiento no me alegró de modo alguno, sino que me llena de incertidumbres y cavilaciones.  

Alemania es una nación a la cual debe mucho el mundo moderno tal como lo conocemos. Desde el siglo XIX Fitche plantea que su país tiene como misión culturizar a la humanidad. Muchos de los vocablos y expresiones con los que se construye la modernidad devienen de este país europeo, que logra tardíamente su unidad a fines del siglo XIX, en 1871 con la guerra Franco-Prusiana.

El año pasado le dediqué un ensayo titulado El silencio del mar, donde un culto oficial alemán siente una gran admiración y respeto por la cultura francesa durante la ocupación nazi germana de la nación de Descartes, Moliere y Marc Bloch.

Tuve el atrevimiento de escribir un ensayo comparativo de dos gigantes de la literatura universal, que intitulé Sor Juana y Goethe, del barroco al romanticismo, en el cual destaqué las inmensas similitudes creativas de ellos, dos figuras distanciadas por la geografía, el tiempo y la cultura, que sin embargo brillan en el firmamento de la literatura univer4sal, ella novohispana y él teutón alemán.

La República de Weimar (1918-1933) ha sido mi obsesión, he querido comprender cómo esta inestable y acosada nación que emerge débil, en bancarrota y con extremos de violencia después de la derrota del Imperio Alemán en la gran guerra de 1914 a 1918, sin embargo, nos entrega al mundo avances científicos y  culturales extraordinarios: el expresionismo y el dadaísmo, la Bauhaus, la estética de la Nueva Objetividad, a lo que debemos agregar figuras grandiosas como Bertolt Brech, Thomas Mann, Stefan Zweig, George Grosz, Albert Einstein, Heisenberg, Max Born, Fromm, Adorno, Marcuse, Cassirer, Husserl, Walter Benjamin, la mayoría de ellos huirán de su patria tras el ascenso de Hitler al poder en 1933. La Bauhaus de Walter Gropius y la Escuela de Frankfurt de Horkheimer desaparecen. La quema de libros está a la vuelta de la esquina con el ascenso de un paranoico llamado Adolf Hitler..  

Alemania, que sufre dos derrotas aplastantes en 1918 y 1945, emerge recuperándose con inusitada fortaleza de ambos conflictos. De todos es conocido el “milagro alemán” impulsado por el Plan Marshall estadounidense, encabezado por el canciller Konrad Adenauer en la República Federal Alemana, mientras la Alemania Democrática dirigida por la Unión Soviética se estanca. Japón, otro derrotado, logra cotas impresionantes de crecimiento económico en breve tiempo. La Alemania occidental capitalista es una orquesta desafinada que se sincroniza siguiendo las ideas de Ludwig Von Mises.

El milagro alemán.

Los oleoductos y los reactores nucleares eran los engranajes que impulsaban la economía alemana. Eran la fuerza vital de su modelo industrial. Fueron estos oleoductos los que más tarde darían a Alemania acceso al petróleo noruego y al gas ruso. Esa primera fase del milagro duró hasta bien entrada la década de 1970. El período de 1980 a 1990 fue más problemático porque la unificación de las dos Alemanias costó mucho dinero después de 1991. Pero en 2005 llegaría una segunda fase de la crisis, que duró hasta aproximadamente 2018.

El PIB del país germano no deja de crecer durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, a un impresionante 8 % anual. Sus grandes empresas son el motor de su pujante economía, líder en innovaciones: Volkswagen, Porsche, BASF, Mercedes Benz, Allianz Group, Siemens, Uniper, Deutsche Telekom, Deutsche Bank.  Alemania se convierte en la locomotora de la economía europea.

El milagro alemán ha terminado.

Pero esos años de bonanza y grandes expectativas han quedado atrás, sostiene Wolfgang Monchau, nacido en 1961, matemático, administrador de empresas, periodista, que propone la privatización de la banca, y la creación de una economía de mercados sin adjetivos, dice que la Reserva Federal de Estados Unidos es la causante de la crisis global, así como las políticas económicas del largo “reinado” de Ángela Merkel frenan la economía germana, es el autor del libro Kaput. El milagro alemán ha terminado (Herder, 2025), un gran éxito editorial. Kaput es una palabra de origen germánico que significa roto, descompuesto, destruido o inservible.

 El mundo que dominó Alemania, afirma Monchau, ya no existe.  Lo han arruinado los aranceles de Donald Trump en su segundo mandato, el colosal e indetenible ascenso de China, la guerra en Ucrania, el Brexit. La peor red de telefonía de Europa la tiene mi país, dice Monchau, quien agrega que aún se están empleando tecnologías superadas como el fax. Muchos comercios sólo reciben dinero en efectivo.

Los automóviles eléctricos fueron descalificados como “juguetes de niñas” por las grandes corporaciones automovilísticas germanas. Actualmente Estados Unidos y China lideran mundialmente la producción de ellos: Tesla, Chevrolet, Bolt, Aywais, Alibaba. Los alemanes se quedaron muy atrás.  

La colosal industria teutona se movía eficientemente gracias al gas ruso muy abundante y barato, lo que se vio interrumpido por la guerra en Ucrania desde 2022. Una amarga dependencia de un recurso traído desde el exterior desde 1991, visible de modo dramático al prohibir Ucrania el transito del gas y petróleo por su territorio. La Unión Europea de igual modo sufre de tal interrupción de la energía fósil y depende ahora del carísimo gas que viene de Estados Unidos y Noruega.

Volkswagen, el mayor empleador privado, símbolo del milagro alemán de posguerra, amenaza con cerrar varias de sus plantas después de casi 90 años de existencia. El país se volvió demasiado dependiente de la industria automotriz, lo cual fue grave error.

El desarrollo de plantas nucleares ha sido cancelado, un apagón nuclear desde abril de 2020, un temor a que se repita Fukushima, mientras Francia y Rusia han logrado avances significativos con la energía atómica. En todo el planeta se están construyendo 65 plantas nucleares, ninguna en suelo germano. Alemania tiene la tecnología para fabricar los futuros reactores nucleares, pero no los construirá.

Los productos que Alemania ofrece son obsoletos en los días que corren, tecnologías superadas, que ya no están a la vanguardia como solían estarlo tradicionalmente, una asombrosa paradoja. No logró adaptar la tecnología digital a los dispositivos mecánicos, una suerte de aversión a la digitalización. El despliegue de la fibra óptica ha sufrido un retraso muy grande.

La ansiedad germánica.

 La sociedad alemana, dice Monchau, es tecnofóbica: dinero electrónico y tarjetas de crédito no son bien vistos, son objeto de rechazo masivo. Los gigantes tecnológicos, Big Tech, las Siete Magnificas, Google, Amazon, Apple, Baidu, Alibaba, Xiaomi, Tencent, son estadounidenses o chinas, ninguna es alemana o ni siquiera europea.

La fobia alemana a la tecnología no es un fenómeno médico, sino un rasgo sociocultural que ellos mismos llaman German Angst: “angustia o ansiedad germana”. Fenómeno promovido por la preferencia a la privacidad, aversión al riesgo, escepticismo por la innovación tecnológica, rechazo por el altísimo consumo energético de la IA, gusto por el anonimato del dinero en efectivo, repulsa al escaneo masivo de mensajes privados (Chat Control), la política de soberanía de datos es muy intensa, se piensa que la Inteligencia Artificial (IA) no debe intervenir en decisiones críticas, hay zonas que no tienen acceso a internet, una auténtica brecha digital.

Después del eclipse alemán qué.

Los indicadores económicos predicen una recesión y contracción económica alemana prolongada, la más grave de la posguerra, que amenaza su estatus como motor indiscutible de Europa.  Esta notable debilidad hace temblar a todo el entramado económico europeo en una era de hiperglobalización.

 Tal vez el mayor shock vino de la tecnología y la ausencia de planificación a largo plazo, nos dice Monchau. Fue en 2018 cuando la crisis comienza a crujir cuando se nota la excesiva dependencia de la economía de dos productos: el automóvil y los químicos. Alemania no entendió que las economías de occidente se basan en los servicios y no en la producción. Alemania se perdió en el siglo XXI en términos de la revolución digital. Hay buenas empresas alemanas, pero los grandes beneficios no se obtienen ahora en ingeniería, como solía ser el caso, sino que ahora se obtienen en inteligencia artificial y tecnologías digitales.

Para superar la crisis alemana se plantea reducir las trabas burocráticas, digitalizar la administración, flexibilizar el mercado laboral, fomentar la competencia, bajar los costes laborales. Sin embargo, el descenso de 0,2 % del PIB en 2025, una recesión incipiente, mantiene en tensión al país.

En política, Alemania se distancia de Estados Unidos y de la OTAN. El canciller alemán, Friedrich Merz, dice enfáticamente que Irán está humillando a Estados Unidos, y que este país no tomó en cuenta a sus aliados europeos, algo impensable dos años atrás. El rearme alemán parece que es una salida económica y geopolítica. Ha destinado más de 100 millones de euros a la defensa nacional recortando el gasto social.

El país parece inclinarse a la derecha supremacista y antinmigrante: Alternativa por Alemania (AfD) podría consolidarse como la principal fuerza política en las próximas elecciones federales. El malestar social crece y la población envejece aceleradamente. El escepticismo es moneda corriente.  Friedrich Merz quiere que Alemania resucite y se convierta en un actor ambicioso, que busca solución a los problemas mundiales. El tiempo dirá si sus políticas económicas revitalizarán el país. 

¿Y qué sucedió con el golpe de estado fallido del 2022 con el que iniciamos esta nota? Me inclino a pensar que es la punta del iceberg de un malestar más profundo e impredecible en el cuerpo social teutón. Son los nostálgicos del Reich de mil años, una ideología complotista y extremista que lamentablemente progresa en el país.

 Esperamos que las instituciones democrático liberales y su liderazgo sepan neutralizar a la brevedad y con tino esta seria y compleja amenaza, que Alemania vuelva a ser una economía boyante, creativa, y que la nación acoja sin complejos, sea asiento de magnificas manifestaciones culturales híbridas, robustas y hermosas, venidas de cualquier parte del mundo.        

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

17 de mayo de 2026.

  

 

 

 

 

 

 

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jueves, 14 de mayo de 2026

 

El materialismo cultural de Marvin Harris:

¿Por qué los hindúes no comen carne de vaca?

 

Dedicado al Dr. Nelson Fréitez.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 Marvin Harris (Brooklyn, New York, 18 de agosto de 1927–Gainesville, Florida, 25 de octubre de 2001) fue un antropólogo estadounidense conocido por ser el creador y figura principal del materialismo cultural, corriente teórica que trata de explicar las diferencias y similitudes socioculturales dando prioridad a las condiciones materiales de la existencia humana. Realizó trabajos de campo en el nordeste seco y árido de Brasil, Ecuador, Mozambique, India y East Harlem, Nueva York.

 Las primeras obras de Harris siguieron la tradición antropológica de Franz Boas (1848-1952) de trabajo de campo descriptivo, pero su experiencia en Mozambique le llevó a cambiar su enfoque inicial particularista−relativista. Desde entonces Harris empezó a desarrollar un paradigma positivista y materialista para las ciencias sociales a partir del trabajo de varios autores: «el materialismo básico de Karl Marx y B. F. Skinner y su condicionamiento operante; el evolucionismo de Leslie White, la cultura evoluciona a medida que aumenta la energía captada per cápita y la eficiencia de su uso que se expresa en la Ley de White; y el enfoque demográfico y ambiental, ecología cultural, de Julián Steward y el alemán Karl Wittfogel y sus ideas sobre las obras de riego, las estructuras burocráticas para administrarlas y su relación con el despotismo oriental (pero en última instancia proveniente de Charles Darwin y Robert Malthus).

En 1968 lanza por primera vez lo que llamará “materialismo cultural” en una obra llamada El desarrollo de la Teoría Antropológica. Un análisis crítico de diferentes corrientes antropológicas con la intención de crear una corriente generalizadora o nomotética. Viable y basada en principios científicos sobre las causas de la evolución social y cultural humana.

 Un método de investigación distintivo en la antropología es la observación participante que consiste en pasar largas temporadas entre la gente e involucrarse en sus actividades cotidianas. Harris considera que la meta del investigador es obtener conocimiento tanto de los aspectos mentales como de los del comportamiento. Los aspectos mentales corresponderían con las ideas, pensamientos, sentimientos de las personas. El comportamiento correspondería con lo que hacen; las actividades y sucesos que tienen lugar en esa cultura. Además, estos dos aspectos se pueden estudiar desde dos perspectivas, la de los participantes y la de los observadores.

El antropólogo estadounidense Marvin Harris, siempre tan audaz como polémico, advertía que la función social global de toda esa investigación (el superespecializado establishment científico) es impedir que la gente comprenda las causas de su vida social. 

Para ello propone lo que llama Materialismo Cultural en 1979, una radical ruptura epistemológica en la antropología, tal como la que significó la Antropología Estructural de Claude Lévi–Strauss (1908-2009) en Francia, con su búsqueda de las estructuras mentales inconscientes entre los pueblos primitivos.  

Para Harris el materialismo cultural, la lucha por una ciencia de la cultura, «está basado en la simple premisa de que la vida social humana es una respuesta a los problemas prácticos de la existencia terrenal». Su meta principal es dar explicaciones científicas causales sobre las diferencias y similitudes en el pensamiento y comportamiento que hay entre los grupos humanos. Harris sostiene que esta tarea se alcanza mejor si se estudian las limitaciones y oportunidades materiales que parten de la necesidad de producir alimentos, cobijo, herramientas y máquinas, y de reproducir las poblaciones humanas dentro de unos límites establecidos por la biología y el medio ambiente.

Harris describe los sistemas socioculturales en tres categorías: infraestructura, dividida en modo de producción y reproducción, y que comprende un conjunto de variables demográficas, económicas, tecnológicas y ambientales; estructura, la organización doméstica y política; y superestructura que comprende las ideas, símbolos y valores (en especial los valores simbólicos).

El materialismo cultural propone que la principal causa de selección sociocultural proviene de la infraestructura (por ejemplo, del ecosistema en el cual se desarrolla una sociedad humana) aunque admite que los tres sectores se retroalimentan entre sí. Antropología basada en la ciencia.

Harris expuso teorías sobre las causas de estilos de vida aparentemente irracionales e inexplicables dando prioridad a explicaciones prácticas y materiales como las condiciones ecológicas y tecnológicas frente a las espirituales o mitológicas, idealismos culturales.

Se hizo muy conocido por su explicación sobre tabúes alimentarios. Para entender la prohibición de cierto alimento, Harris considera los costes y beneficios que proporciona ese alimento y si hay alternativas más eficientes. El caso de la prohibición del consumo de cerdo entre los israelitas y musulmanes lo explica sobre la base de que los cerdos necesitan sombra y humedad para regular su temperatura y, aparte de la carne, no proporcionan otros servicios como animal de tracción, ni dan leche, y no se pueden alimentar de hierba como los rumiantes. Con la progresiva deforestación y desertificación de Oriente Medio y el continuo crecimiento de la población se hizo muy caro e ineficiente criar cerdos por su carne, y para evitar la tentación se instituyó su tabú como precepto religioso.

Otra explicación muy famosa fue sobre la prohibición de matar y alimentarse de ganado vacuno en la India. Las vacas son más valiosas vivas que muertas ya que proporcionan importantes servicios: progenitoras de bueyes (toro que ha sido castrado), que son animales de tiro. Además, dan leche y su bosta se usa como combustible, fertilizante y revestimiento del suelo. La tentación de matarlas durante épocas de sequía y hambrunas se evita mejor a través de un tabú religioso fuerte. Como bien dice Harris: "Un agricultor que posee una vaca posee una factoría para producir bueyes.”

Harris propuso junto a Willian Divale (1942-2020) que la presión demográfica y la escasez de recursos son los principales causantes de las guerras en sociedades no estatales. Como ejemplo expuso el caso de los yanomamo o yanomami de Venezuela y Brasil, contradiciendo la explicación sociobiológica del etnógrafo de la Universidad de Misuri, Napoleón Chagnon (1938-2019) basada en una agresividad innata masculina de los humanos.

Hizo Harris estudios de campo en el nordeste árido y seco de Brasil, lo cual ha permitido a quien escribe elaborar analógicamente la teoría de El genio de los pueblos del semiárido occidental larense venezolano. Las sociedades humanas se estructuran y adaptan a la escasez de agua, las estructuras familiares son extensas por motivos de cooperación en la búsqueda y almacenamiento del agua dulce, la economía se fundamenta en los rebaños caprinos y los “conucos”, una unidad agrícola heredada de los aborígenes, explotada comunitariamente, pequeña y sostenible agroecológicamente, las creencias religiosas son movidas por factores climáticos de pluviosidad. La Iglesia Católica instituye festividades religiosas propiciatorias de las lluvias: San Isidro Labrador, fiestas a la Virgen de la Chiquinquirá en octubre en el pueblo de Aregue, la Danza de Las Turas, un ritual de plegarias por las lluvias.

Rechazó Harris por anticientíficas las ideas del antropólogo Carlos Castaneda, (Las enseñanzas de Don Juan, 1968) quien afirmaba que se trasformó en un chamán nahual tras largo e intenso tratamiento de cambio de conciencia y percepción. De igual modo atacó duramente la sociobiología de Edward O. Wilson, y su descendiente la psicología evolucionista, un neodarwinismo: agresión y altruismo, son adaptaciones evolutivas que aumentan el éxito genético. También señala las limitaciones de la teoría de la evolución cultural de Karl Marx por rechazar el trabajo de Robert Malthus (1776-1834), dejando de lado el elemento demográfico que Marvin Harris incluye en la infraestructura.

 

 La ciencia, afirma Harris como su paisano estadounidense Carl Sagan, es el mejor sistema descubierto hasta el momento para reducir los sesgos, errores, falsedades, mentiras y fraudes subjetivos. En estos turbulentos días de negacionismo científico, desinformación científica motivada por ideologías, religiones y política, es urgente atacar las pseudociencias y las fake news que mesmerizan y seducen a cada día mas seres humanos.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

mayo de 2026.

 

Nelson Fréitez Amaro.

El sociólogo de la Universidad de El Manteco.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

Se fue Nelson a despedirse de la transitoriedad de la existencia humana en un país lejano, repleto de mitos y leyendas, antiguos celtas y gnomos verdes, grandes escritores. Que los gigantes de las letras Oscar Wilde y James Joyce te reciban en ese ascenso laico tuyo hacia los cielos que emprendes, hombre de maravillosas iniciativas sociales, inusual y espigada estatura corpórea, sonrisa permanente.

Su larensidad se trasparenta en sus dos apellidos tan occidentales como los crepúsculos y las infinitas hileras de sisal. Su fino olfato sociológico se forma al calor del viejo mercado de El Manteco, un gentío incrustado firmemente y renacido en la ciudad de las cinco vocales: Barquisimeto. Su infancia y adolescencia se conformaron al calor del apacible Barquisimeto de Casta J. Riera, Don Raúl Azparren, los Hermanos Gómez y Mercedes Lobatón, cuando El Obelisco estaba aún retirado de la urbe y la ululante sirena de la Galletera El Ávila retumbaba sin falta mañanera y vespertina.

Lo conocí en las filas del Movimiento Al Socialismo, MAS, por allá en la época de la candidatura del catire Teodoro Petkoff y la visita obligada al Palacio de los hermanos Segura en la Avenida 20. Vehemente buen orador, le poníamos atención a sus magníficas digresiones sobre eurocomunismo, Gorbachov y el socialismo democrático en Venezuela. Luego, durante la caída del muro de Berlín, coincidimos en la Fundación Buría de Reinaldo Rojas y Federico Brito Figueroa, prodigioso escenario de ideas y motivaciones.

Fue Nelson un discípulo de Marx, Wright Mills, Weber y Durkheim que nunca deja de mirar el pasado para comprender la contemporaneidad.

“La sociología es la historia del presente”, me decía, dando de tal manera como por sentado con firmeza que el oficio de Marc Bloch y Lucien Febvre preside toda comprensión de la humana sociedad. Fue Nelson quien descubre que mis cofradías o hermandades coloniales son el remoto antecedente del poderoso movimiento cooperativista que iniciaron los sacerdotes jesuitas en el Estado Lara hace unos 60 años.

Fue para mí fue un shock muy agradable aquella observación tan aguda y pertinente del sociólogo egresado de la Universidad Central, y que era dos años menor que yo. Nelson Fréitez Amaro me hizo entender que la investigación histórica ramifica necesariamente hacia el presente, iluminándolo y ampliándolo. Una acendrada motivación afiliativa construida por la Iglesia Católica pacientemente a través de las centurias, que emerge para dar piso sólido y firme a las iniciativas sociales solidarias y cooperativas del presente.

Para su enorme alegría le confesé que mis ideas sobre El genio de los pueblos del semiárido larense venezolano, brotó de un primoroso texto suyo en Lo bello y lo útil de Lara, editado en 2004.  Estas eran las animadas conversaciones que vía WhatsApp sosteníamos mientras su cuerpo lacerado se lo permitía.  “Quiero leerte, sí, pero me duele la espalda y a veces no puedo sostener mi teléfono en mis manos”. Poco a poco se fueron distanciando aquellos estimulantes contactos donde parecía coger un segundo aliento vital.

Desde el otro lado del océano se deslumbraba Nelson como niño cuando le dije que había cófrades irlandeses asentados como hermanos en los vetustos libros de la Hermandad caroreña del Santísimo Sacramento en el ya lejano siglo XVIII. ¡Un correo trasatlántico para abrir las llaves el Reino de los Cielos! Particularísima atención prestó al gigantesco marianismo larense al cual califiqué de “divinopastorismo”, una palabra de mi creación que repetía encantado desde Cork, en la muy católica Irlanda, lugar donde exhala hace poco su postrer aliento.

La última vez que lo vi en físico, fue acá en la ciudad del Portillo de Carora y su Casa de la Cultura, el año antepasado. Presidía una delegación que venía desde la capital larense a comprender y eventualmente solucionar el viejo problema de la como eterna sed de los caroreños. El agua es un Derecho Humano fundamental y básico, decía Nelson con grave y eléctrica voz en un auditorio repleto y ansioso de aquella mañana caroreña.

Hizo llamados a la reconciliación de los venezolanos, a evitar las extremas polarizaciones, buscar el diálogo fecundo, crear mecanismos de encuentro, que, lamentablemente, no existen casi, decía con cierta pesadumbre. Paradoja fue que esa misma confrontación a la que quería aliviar con sinceridad, motiva su exilio noratlántico en donde fue a buscar paz, sosiego y salud junto a su familia.

Se retira de la humana existencia Nelson Fréitez Amaro, un lasallista que la palmeta y el devocionario no doblegaron en aquellos rígidos pupitres barquisimetanos. Rebeldía que ocasionalmente fortalecieron los jesuitas, bolcheviques de la Iglesia, en la Universidad Católica Andrés Bello, que termina de solidificarse en la bulliciosa Escuela de Sociología de la Universidad Central.

 Amó con pasión el deslumbrante semiárido que nos abraza, descubriendo que ese hábitat seco y fallo de humedad modela profundamente la conducta y las motivaciones de nosotros los larenses. Una conexión telúrica, crepuscular, una como geosensibilidad que me hermanó profundamente con él hasta que su poderoso pulso vital se detuvo allá en la brumosa isla de Irlanda, retirado del iridiscente sol occidental venezolano que iluminó su cálida y sincera sonrisa.

 

 Paz a su alma.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 martes 12 de mayo de 2026.

 

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sábado, 2 de mayo de 2026

Steiner, nostalgia del absoluto

 

S/T | Nostalgia del Absoluto

 

George Steiner:

Nostalgia del Absoluto.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

La innegable decadencia moral y espiritual que sufre Occidente se debe al significativo retroceso que han sufrido contemporáneamente las religiones. Es un vacío existencial que abraza a las sociedades desarrolladas de Europa y Norteamérica. Las instituciones y los sistemas religiosos dan marcha atrás. Pero como los humanos no podemos soportar tal vacío, hemos creado mitologías sustitutivas. Es la tesis central de George Steiner, filósofo y crítico literario, premio Príncipe de Asturias de Humanidades, fallecido en 2020. Con la típica ironía hebraica destaca los sustitutivos: la filosofía política de Karl Marx, el psicoanálisis de Freud, la antropología estructural de Lévi Strauss, la astrología, el ocultismo, la numerología mística y las religiones orientales.

El libro que da nombre a esta nota aparece en 1974 y recoge unas cinco conferencias dictadas en la Radio Canadiense por Steiner, escritor hebreo, agnóstico y multilingüe, naturalizado en Estados Unidos.

Se trata, dice José de Segovia, de cuatro brillantes diatribas con las que el autor fustiga lo que llama el relato de legitimación de la modernidad, conformado por el marxismo, el psicoanálisis y la antropología estructural. ′Tres grandes mitologías, concebidas para explicar la historia del hombre, la naturaleza del hombre y nuestro futuro. Las tres son mitologías racionales que pretenden tener un carácter científico, normativo. Las tres arrancan de la metáfora del pecado original. La de Marx termina en una promesa de redención; la de Freud en una visión de regreso a casa con la muerte; la de Lévi-Strauss en un apocalipsis originado por el mal humano. ′ (pág. 85). Ya que son teologías substitutivas, visiones mesiánicas con pretensión de totalidad para satisfacer el hambre de mitos y certezas, que es consustancial a la condición humana.

La cuarta conferencia de Steiner trata del auge de la superstición y la irracionalidad que demuestra el interés esotérico de nuestro tiempo. Su lista de fraudes y aberraciones excede a muchos compendios medievales de pretensiones ocultistas. La credulidad que hay detrás de tanta tontería actual permite que cosas como la astrología se presenten como una pseudociencia, en un mundo fascinado por lo extraterrestre y paranormal. Pero las supercherías de muchos supuestos tratamientos alternativos o la moda orientalista no son para Steiner sino síntomas de un fracaso que expresa un sentimiento de impotencia, ante la ausencia de fundamentos sobre los que basar nuestra vida. Frente a todas estas mitologías queda otra alternativa, dice Steiner: la búsqueda de la verdad.

La gradual erosión de la religión organizada y de la teología sistemática, especialmente de la religión cristiana de occidente, nos ha dejado con una profunda e inquietante nostalgia de′, lo que él llama en mayúsculas, ′el Absoluto′ (pág. 111). ′La verdad tiene futuro′, dice Steiner al final de su libro, pero ′que lo tenga también el hombre está mucho menos claro′ (pág. 133). Pero la buena noticia, dice Jesús, es que la verdad nos hará libres. Por lo que nuestro futuro está en esa Verdad hecha carne.

Respecto a Marx, dice Steiner, que a pesar de los millones de muertos (regímenes totalitarios, gulags, torturas, genocidios…) que han supuesto las prácticas marxistas, sigue teniendo sus defensores porque parece que lo equivocado son los medios no el fin, porque lo que Marx ofrecía, a saber, la redención, la libertad, la verdad, sigue siendo válido. Un mesianismo que lleva aparejado las leyendas e iconografías asociados por ejemplo a figuras como Lenin, Stalin y Mao.

En el caso de Freud afirma Steiner que lo que Freud propone no son verdades universales, sino que “sus verdades son de un orden estético, intuitivo, como las que encontramos en la filosofía y en la literatura” y acaba el ensayo a este dedicado afirmando “gracias a la vida y la obra de Freud, nosotros respiramos más libremente en nuestra existencia privada y en nuestra existencia social”. Por el camino vemos el momento en el que Freud y Jung se distancian cuando este último quiere “traer de nuevo a los antiguos dioses”.

Respecto al antropólogo Claude Lévi-Strauss expone Steiner el empeño de este por la antropología entendida como “la ciencia del hombre”, y visto el proceder humano siempre ligado a la aniquilación del hombre y de la naturaleza acaba hablando más de entropología que de antropología. Una entropología que sería “la ciencia de la extinción”.

Y sin personalizarlo en las tres figuras anteriores, Steiner plantea cómo las sociedades occidentales tratan de colmar ese vacío con nuevos hábitos, a saber, el yoga, la meditación y similares. Dice Steiner: 

El estudiante que pasa las cuentas de su rosario o contempla un koan zen mientras vaga en una neblina melancólica, el ejecutivo apresurado que corre a su clase de meditación o a la conferencia sobre el karma, están tratando de ingerir elementos preenvasados, más o menos de moda, de culturas, rituales, disciplinas filosóficas que son, en realidad, tremendamente remotas, distintas y de difícil acceso. Pero está también, y esto es más importante, articulando una crítica consciente o instintiva de sus propios valores, de su identidad histórica.

En el último ensayo comenta si es necesario llevar la verdad hasta sus últimas consecuencias y lo ilustra con un ejemplo en el que se pregunta qué sucedería si la ciencia, la genética, demostrara por ejemplo que unas razas están mejor dotadas que otras. ¿Cómo manejaríamos este material inflamable? Después de la segunda guerra mundial quedó claro que ese empeño por la pureza racial o la creencia de algunos de sentirse superiores bañaron Europa de sangre, así que esta cuestión está orillada, si bien vemos que la xenofobia es un sentimiento que está ahí agazapado, tanto como la necesidad de las guerras, pues según Steiner las guerras parece que actuaran como una especie de mecanismo de equilibrio esencial para mantenernos en un estado de salud dinámica.

Todos estos intentos sustitutivos han sido fallidos. No existe una respuesta universal a la crisis de sentido contemporánea.

 

 

 

Nostalgia del Absoluto es considerado un ensayo profundo y provocador que invita a reflexionar sobre el papel de la religión, la filosofía y la cultura en la búsqueda de sentido en un mundo fragmentado y desencantado, tal como lo llama Morris Berman. Steiner desafía al lector a explorar nuevas formas de comprender la complejidad de la existencia humana y a aceptar la incertidumbre inherente a la experiencia humana. Es una reflexión tan profunda como la que observamos con El malestar en la cultura (1930) de Freud.

 

Este libro es recomendado para quienes desean profundizar en la cultura occidental, la filosofía contemporánea y la historia de las ideas, ofreciendo una visión crítica y perspicaz sobre la condición humana y la búsqueda de significado.

Las ideas de Steiner cobran una actualidad sorprendente, pues el supremacismo racial invade con ímpetu desgarrador a Europa y Estados Unidos, excepción sea dicha en España del presidente Sánchez. El nazismo rebrota aquí y acullá, las sectas religiosas fundamentalistas se multiplican hasta el delirio en los Estados Unidos. El embustero canal History Channel tiene mucho más seguidores que Discovery, un canal serio e ilustrativo. La gente prefiere que les mientan con ovnis, extraterrestres, civilizaciones desaparecidas inexistentes. Las burbujas ideológicas invaden las universidades, recintos creados para búsqueda de la verdad. La mentira aplasta la verdad en las redes sociales. Los gimnasios tienen mucho más usuarios que las bibliotecas. El griterío apaga la reflexión serena y cerebral. Es la civilización del espectáculo que tanto mortificó al escritor peruano Mario Vargas Llosa.

¿Qué pensaría Steiner de la asombrosa y sensacional noticia reciente que dice que se ha creado una religión artificial gracias a la abrumadora presencia de la inteligencia artificial, una temida tecnología sobre la cual ha advertido repetidamente y con gran preocupación el papa estadounidense León XIV? ¿Será una suerte de Esperanto religioso de base digital?.

Como reflexión final diremos que estos pensadores aludidos y comentados son hebreos: Marx, Freud y Lévi Strauss fueron judíos no confesionales, a lo que debemos agregar que Steiner también lo es. Dice Paul Johnson (La historia de los judíos, 1987), que todos los grandes descubrimientos conceptuales del intelecto parecen obvios e inevitables una vez revelados, pero se necesita un genio especial para formularlos la primera vez. Los judíos tienen ese don. Los judíos siempre supieron, que su sociedad está destinada   a ser el proyecto piloto de toda la raza humana. Los judíos han creído que eran un pueblo especial, y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión, y durante un periodo tan prolongado, que han llegado a ser precisamente eso. En efecto, han tenido un papel porque lo crearon ellos mismos. Quizá ahí esté la clave de su historia, concluye Johnson.

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

jueves 24 de abril de 2026.

 


Castoriadis Cornelius Imaginarios

 

Cornelius Castoriadis - EcuRed

Cornelius Castoriadis:

¿Por qué los franceses comen ranas y caracoles?

 

Dedicado al profesor

 Héctor Felipe Torres Mendoza.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

Venía desde el marxismo que creía agotado y del trotskismo al que renuncia, este filósofo greco-francés que se llamó Cornelius Castoriadis (Estambul,1922- París,1997). Se distancia del marxismo ortodoxo soviético, del trotskismo, del Partido Comunista griego, y comienza a entender a las sociedades y su historia desde otros sistemas de pensamiento, Dilthey, Simmel, Freud, Lacan. Un salto epistemológico radical que se inicia en 1964 cuando se hizo miembro de la Escuela Freudiana de París. Las propuestas más relevantes de Castorioadis han surgido a contrapelo del marxismo y de una lectura radical de Freud.

Después de terminada la guerra se instala en Francia en 1946, donde entra en contacto con pensadores extraordinarios como Edgar Morín (Pensamiento complejo), Henry Lefebvre, Jaen Francoise Lyotard (La condición posmoderna), Gérard Genette, Guy Debord. Tuvo contactos con Gastón Bachelard, Jacques Lacan y Paul Ricoeur. Fue crítico del estructuralismo de Michael Foucault, Roland Barthes, Louis Althusser, Gilles Deleuze, y Félix Guattari, así como del método y posturas lacanianas.

 Además de filósofo también fue economista, abogado, sociólogo y psicoanalista, por lo que ha sido considerado un auténtico polimata, una persona que tiene conocimientos profundos en varias disciplinas, sean humanísticas o científicas.

Se le ha considerado inspirador, como Herbert Marcuse, del famoso Mayo Francés de 1968, por aquello de la célebre consigna “La imaginación al poder.”, movimiento estudiantil que saca al general De Gaulle del poder por unos días. Tal revuelta influyó mucho en el pensamiento posterior de Castoriadis., el cual tenía como banderas dejar entrar a la vida la espontaneidad, el azar, la creatividad.

Su obra cumbre, La institución imaginaria de la sociedad fue publicada en 1975, cuando él tenía 54 años de edad, allí expone ideas muy distintas a las concepciones de Lacan (Teoría del espejo), Gilbert Durand (Las estructuras antropológicas del imaginario) o Jean Paul Sartre (Psicología de la imaginación). Su atención teórica, dice Sánchez Capdequí, se va a dirigir al imaginario, al grado cero del lenguaje y del pensamiento, a los magmas simbólicos que alientan y estimulan la acción humana al margen de causas y razones de carácter puramente lógico. Va a explorar lo imprevisible de un sentido humano que estalla al albur de semejanzas, analogías y asociaciones metafóricas. Si hasta ahora había personificado en el proletariado el poder renovador de la vida social, a partir de estos momentos empezará a diseñar una idea de acción transformadora sin pensar en un sujeto o conciencia concreto.

Las significaciones sociales se nidifican de acuerdo a las necesidades de un momento histórico, social, político y económico determinado. Aparecen nuevas significaciones que provienen del ser histórico social, del imaginario social radical. Adviene así una nueva significación que entonces organiza   distinto ese escenario. El ser humano modifica y crea su entorno para cubrir las necesidades tanto individuales como sociales en el proceso de la vida y estas modificaciones están íntimamente ligadas a una época y cultura determinada.

Algunos ejemplos de instituciones imaginarias.

Por esta razón nos parecen muy repugnantes que los franceses coman ancas de rana y caracoles, que los británicos agreguen mermelada a los corderos, una discusión entre árabes o chinos nos disgusta por sus sonidos guturales o chillones, en occidente de Venezuela nos parece una barbaridad agregarle azúcar a la sopa de caraotas como gustan en oriente de tal país. Los muy severos castigos de cortarle las manos a los ladrones en Arabia Saudita nos llenan de repulsa en occidente.

Un ejemplo que examina Castoriadis con detenimiento es el candelabro hebreo o menorá de siete brazos y cuatro mil años de antigüedad. ¿por qué siete y no tres o nueve brazos? El siete constituye la frontera imaginaria no determinista. El candelabro se usaba para iluminar lugares sagrados y por ello se asoció a lo sagrado. Con el número adjudicado siete ese objeto deja de ser profano simplemente, una simple lámpara para convertirse en un objeto de enorme carga simbólica. Cada brazo significa un día de la creación, el brazo central el Shabat, día de descanso del judaísmo. No existe un determinismo materialista e histórico. Es la potencia de imaginar de los pueblos.

Para Castoriadis Dios es una representación imaginativa que se ha constituido en institución social de enorme arraigo global. De igual manera la familia es un imaginario que en Occidente se ha constituido en institución. Estado y ciudadano son ideas que están firmemente imbricadas, son representaciones imaginativas que son parte constitutiva de la cultura y la historia humana.

En la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, citado por Deibar René Hurtado Herrera, podemos captar claramente el juego de los imaginarios y de la forma en que son trasmitidos y entendidos:

Como Aureliano tenía en esa época nociones muy confusas sobre las diferencias entre conservadores y liberales, su suegro le daba lecciones esquemáticas. Los liberales, le decía, eran masones; gente de mala índole, partidaria de ahorcar a los curas, de implantar el matrimonio civil y el divorcio, de reconocer iguales derechos a los hijos naturales que a los legítimos, y de despedazar el país en un sistema federal que despojara de poderes a la autoridad suprema. Los conservadores, en cambio, que habían recibido el poder directamente de Dios, propugnaban por la estabilidad del orden público y la moral familiar, eran defensores de la fe de Cristo, del principio de autoridad, y no estaban dispuestos a que el país fuera descuartizado en entidades autónomas. Por sentimientos humanitarios, Aureliano simpatizaba con la actitud liberal respecto a los derechos de los hijos naturales, pero de todos modos no entendía cómo se llegaba a una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos.

Mozart y Beethoven en la visión de Castoriadis.

Todos conocemos de la breve, genial y desgraciada vida de Mozart, y de la triunfante y reconocida de Beethoven. Dos geniales músicos casi contemporáneos que sin embargo debieron enfrentar a una realidad histórico social en rápida trasformación. ¿Por qué Beethoven logra el pináculo del reconocimiento y Mozart muere en la pobreza y olvidado?

Aníbal Gauna Peralta nos dice que Mozart intenta sin logarlo independizarse de la tutela de la corte imperial y de la Iglesia Católica, todo lo cual logra con éxito Beethoven. Un cambio radical en la institución de la música ha acontecido en menos de una generación. Mozart anticipa una independencia del mecenazgo pero no logra insertarse en las exigencias del naciente mercado editorial.  Mozart reta a la nobleza arrancándole con cierto éxito su monopolio musical. Música y nobleza eran en Viena rasgos de identificación, privilegio y de poder. Es el imaginario social cortesano, espacio simbolico construido sobre una batalla por el gusto musical con la Iglesia. La nobleza ejerce el poder a través de la música en el siglo XVIII.

Beethoven, en cambio, observa un trastocamiento radical de la institución musical: un desplazamiento de sentido hondo, profundo. El compositor no es captado como un sirviente de la corte, acepta el mecenazgo, vende su música a un editor, se alía a un empresario, hace conciertos en su propio beneficio. Es el paso del mecenazgo al artista libre que vende sus obras al mercado. La orquesta cortesana da paso a la orquesta pública financiada por el municipio. Él da uso orquestal al piano. El gusto musical se democratiza, el espacio musical cortesano pierde importancia. Las partituras se pueden comprar por suscripciones. La composición musical toma la calle y el vecindario. Beethoven se convierte en ídolo de la emergente clase media, la clase burguesa liberal y nacionalista hacia 1800. Una sensibilidad con intención extramusical. Fue el primer escalón hacia su popularidad internacional.   

Castoriadis y Marvin Harris: el materialismo cultural.

Esta posición de Castoriadis es concomitante con la del antropólogo estadounidense Marvin Harris (1927-2001), creador del concepto de “materialismo cultural”: las vacas no son sagradas en sí mismas en la India, sino que son más útiles vivas que comidas. La prohibición de comer cerdo de judíos y musulmanes es de igual tenor. La cultura no es completamente ideacional, tiene por el contrario base material objetiva.  

Como Harris, Castoriadis establece una relación estrecha entre lo imaginario y la praxis social que elaboran los individuos mediante acciones. El imaginario social alude a una ficción vivida y no a un espacio ideal, una mera ficción o a un ámbito mental creado por un discurso oficial, Iglesia, Estado.

Castoriadis fundamenta su investigación, dice Esteban Oliva, en la praxis, la creación, la contingencia, el azar. Su propuesta es que el vínculo entre lo imaginario y la imaginación producen la realidad, porque la psique y la sociedad constituyen un binomio indisoluble. Este binomio es generador de las instituciones donde la potencialidad de lo imaginario está representada en el hacer, la acción, la potencialidad de crear un nuevo proyecto de futuro donde la cotidianidad y la lucha por la vida real son fundamentales.

En palabras de Castoriadis “El tiempo es emergencia de figuras distintas. El tiempo es alteridad, la condición que permite constituir cambios en la formas o modelos dados, la dimensión que ofrece la posibilidad de que lo establecido pueda transformarse en otra situación.

La Imaginación radical de Castoriadis.

Para Castoriadis es central su idea de la imaginación radical, lo causal y determinista no explica enteramente a las sociedades históricas concretas. Existe algo de espontaneidad y de autocreación, donde interviene lo indefinible, la pasión, el azar, el hallazgo y lo contingente. La imaginación es la facultad humana que permite a individuos y sociedades crear nuevas formas institucionales, sociales, históricas. Un magma de representaciones, magma de magmas.  La psique es «ola o flujo incesante de representaciones, de deseos y de afectos. Esta ola es emergencia ininterrumpida». Creamos lo que nos gusta.

Jurgen Habermas, recién fallecido filósofo alemán, dijo que Castoriadis ha emprendido la tentativa más original, ambiciosa y reflexiva de pensar de nuevo como praxis la emancipadora mediación de historia, sociedad, naturaleza interna y naturaleza externa. (Discurso filosófico de la modernidad, Excurso C)

 

En la tumba de Castoriadis en el cementerio Montparnasse, está inscrito en griego y en francés una cita del lejano Heráclito:

No encontramos caminando los confines del alma, aun recorriendo todo el camino, tan profundo es su principio.

 

Referencias.

Cisneros Araujo, María Elena. (2012) Individuo e imaginario en la obra de Cornelius Castoriadis. Saber, UCV. Repositorio Institucional. Universidad Central de Venezuela. Caracas, República Bolivariana de Venezuela.

Castoriadis, Cornelius. (2003). La institución imaginaria de la sociedad. Título original: L'institution imaginaire de la société. Traducción del francés al español de Antoni Vicens y Marco Aurelio Galmarini. (2ª reimpresión). Buenos Aires Argentina: Fábula TusQuets Editores.

Gauna Peralta, Aníbal Francisco (2020) Alcance y problemas de la propuesta de Cornelius Castoriadis sobre los Imaginarios sociales y el Cambio Social. Utopia y Praxis Latinoamericana, vol. 25, núm. 90, pp. 189-203. Universidad del Zulia. República Bolivariana de Venezuela.

Hurtado Herrera, Deibar René. (2008). La configuración: un recurso para comprender los entramados de las significaciones imaginarias*Rev.latinoam.cienc.soc.niñez juv v.6 n.1 Manizales ene./jun. 2008

Oliva, Esteban. (2016) El imaginario social: Reflexión con Cornelius Castoriadis. Revista Educare, volumen 20, número 3, septiembre-diciembre 2016. UPEL, Barquisimeto.

Sánchez Capdequí, Celso (2025) La (Re) institución imaginaria de la sociedad. Editorial Catarata. Madrid, España.

 

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