miércoles, 25 de febrero de 2026

Los días en que nevó en San Juan de Puerto Rico

 

 

Los días en que nevó en

San Juan de Puerto Rico.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

Este insólito y surrealista evento comenzó a ocurrir en la isla de Borinquén en las navidades de 1952 hasta las de 1954. Puro realismo mágico.  Me enteré de ello gracias al escritor Luis Rafael Sánchez, autor de la celebrada novela La guaracha del Macho Camacho., una crítica feroz y cómica de la sociedad.

La nieve no llega a San Juan de Puerto Rico de manera natural, geológica. Fue la extravagante e inaudita decisión administrativa de la alcaldesa de San Juan doña Felisa Rincón de Gautier (1897-1994), doña Fela, como la nombraba el populacho y de cuidado porte teatral. Un acto de mimetismo cultural, dice la BBC, en el momento en que la isla pasaría a convertirse en Estado Libre Asociado de los Estados Unidos.

 

La aerolínea Eastern Airlines llevó nieve a Puerto Rico durante tres años, desde 1952. (MUSEO FELISA RINCÓN DE GAUTIER)

 

Fueron varios los envíos de nieve realizados desde el norteño estado de Vermont hasta la isla caribeña en aviones de la línea aérea Eastern Airlines. Fue un alto ejecutivo de esta empresa quien le ofrece un regalo, flores o un reloj, a la alcaldesa por su comparecencia en ese evento ocurrido en Miami. Doña Fela contestó de seguido “que le gustaría que le llevara nieve a sus muchachitos en Puerto Rico para que pudieran agarrar un mazo con sus propias manos.” Ella decía que quería que los niños puertorriqueños tuvieran de vivir la “fantasía” de una navidad blanca, algo que solo veían en las películas y tarjetas postales.

 

 

Una multitud se agolpa en el parque Sixto Escobar de San Juan a esperar los aviones cargados de toneladas de nieve real que hicieron un recorrido de 1.800 kilómetros desde Vermont, estado de la Unión limítrofe con Canadá hasta “la menor de las Antillas mayores”. Fueron trasportados en camiones refrigerados desde el aeropuerto hasta el parque donde fuera descargada por obreros armados de palas. Los chicos hicieron muñecos y protagonizan “atacazones”, pegarse a pelotazos de bolas de nieve antes de que el clima tropical deshiciera la nieve importada.

 

La iniciativa se realizó en un parque en San Juan, en donde miles de personas se reunieron y la nieve fue descargada de camiones con refrigeración. (MUSEO FELISA RINCÓN DE GAUTIER)

 

 Hasta un improvisado trineo observamos deslizarse en un video en blanco y negro de la época, al tiempo que gente de las clases humildes, niños, mujeres y policías arrojan hacia arriba bolas de nieve.  La alegría y el alborozo cundió entre niños y adultos en aquel pintoresco suceso que queda grabado hondamente en el imaginario popular boricua. Este evento tan icónico se menciona frecuentemente en la historia cultural de la isla e incluso ha inspirado cuentos y referencias en la literatura local.

 En la actualidad el evento ha sido recordado con una lluvia de espuma que evoca el acontecimiento ocurrido en la “era de doña Fela”. Con esa política centrada en los niños y pobres se mantuvo la alcaldesa en el cargo durante la eternidad de 23 años. Hoy lo llamaríamos populismo.  

El artista Antonio Martorell Cardona, nacido en Santurce en 1938, también recuerda el evento, pero lo ve como parte de la historia colonial de Puerto Rico con los Estados Unidos. Setenta años después Puerto Rico todavía está luchando por entender el espectáculo de la nieve.

El novelista Luis Alberto Sánchez dice “Y Puerto Rico, como un homenaje distante a la imaginación de Horacio Quiroga, continuaba a la deriva”. La nieve es metáfora de colonización y fantasía. Es la máxima expresión de la teatralidad puertorriqueña, en donde doña Fela el hada madrina.  

La nieve tropical boricua divide a los isleños. En memoria de doña Feli se ha creado la Casa Museo Felisa Rincón de Gautier en su memoria, la primera mujer alcaldesa de América Latina y la mujer que recrea la típica navidad estadounidense en una isla del Caribe de raíz cultural hispana.  Otros intelectuales e historiadores lo ven como un patético esfuerzo de americanizar el país.

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En una tardía entrevista que le hiciera una vez el periodista Ruben Arrieta, de El Nuevo Día, ella siguió recordando con gran afecto aquellos años en que traía nieve: “Había que ver aquellas caras de los niños. Y los viejecitos se restregaban el rostro con la nieve. Aquella felicidad valía un millón”.

 

 

 

 

 

Ella, de clase alta, farmaceuta y modista que aprendió este oficio en New York, bautiza su política como “maternalismo benevolente”, distribuyó alimentos y calzados entre los niños pobres de la isla, construye asilos de ancianos y kindergarten que llamó Maternal Schools, ayuda a fundar la Escuela de Medicina en 1950. Doña Fela fue aliada firme del gobernador Luis Muñoz Marín y una ferviente defensora del estatus   de Estado Libre Asociado de Puerto Rico, uno delos principios fundacionales del Partido Popular Democrático. En sus inicios de vida había estado a favor de la independencia total de la isla, pero sus opiniones cambiaron y apoyó la Constitución de la Mancomunidad de Puerto Rico en 1952, el mismo año que ella importó nieve desde los Estados Unidos. Contribuyó de manera decisiva a otorgarle a las mujeres el voto femenino en 1932, fue la quinta dama de la isla en registrarse en el padrón electoral, pese a la oposición de su padre.

 

Doña Felisa Rincón de Gautier murió el 16 de septiembre de 1994 en el Hogar Nuestra Señora de la Providencia en Puerta de Tierra, San Juan, dejando en el imaginario colectivo boricua y continental opiniones adversas y encontradas, al

lado de las que la presentan como una dama que definió el perfil cultural y político de Borinquén.

 



Carora,

 Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

 febrero de 2026.

 

 

 

 

 


Lucien Febvre, legado historiográfico.

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Combates por la historia by Lucien Febvre | Goodreads

 

Lucien Febvre:

un inmenso legado historiográfico.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

 

Hace 70 años, el 25 de septiembre de 1956, falleció uno de los historiadores más prominentes y originales del siglo XX. Había nacido el 20 de julio de 1878. Tuvo un brillante discípulo, cosa que pocas veces se dice, en Marc Bloch, un joven judío francés con el que renueva las ciencias humanas y la historia. Una sólida amistad que no tuvo exenta de algunas discordias.

El historiador británico Peter Burke en su La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales (1929-1989), nos dice que:

 Una parte extraordinaria de los escritos históricos más innovadores y más significativos del siglo XX fue producida en Francia. Buena parte de esta historia es la obra de un determinado grupo de estudiosos vinculados con la revista fundada en 1929 y conocida como Annales. (Burke, 1990, p.11)

Esta revolución historiográfica tiene sus inicios en 1900 cuando el filósofo Henry Berr, fundador de Revue de Synthese Historique, publicación en donde propone la ampliación del objeto de la historia a la sociedad, la economía y la cultura. En América se inició una discusión parecida entre historiadores. Dos prominentes historiadores alemanes intervinieron en esta discusión teórica Heinrich Rickert y Karl Lamprecht, lo cual convirtió a la Revue en un foro internacional de discusión crítica (Georg Iggers, La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales.1998, p. 36)

Ese nuevo espíritu se observa en una obra temprana de Febvre que fue su tesis: Felipe II y el Franco-Condado, defendida en la Sorbona en 1911. Una perspectiva original logra al analizar todos los elementos de la región: ríos, molinos de trigo, minas, hornos, ingresos de los señoríos, la relación entre nobles y burgueses. Un enfoque detallado y meticuloso que echó las bases de un nuevo método histórico. Las magnitudes fijas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y la historia económica medieval del país del Mosela de Karl Lamprecht (Iggers, 1998, p. 48, 49 y 50)

 Después de este inmenso logro epistémico, Febvre obtuvo varias cátedras universitarias: Dijon y Estrasburgo. En esta última ciudad, un nudo cultural franco alemán, entra en contacto con grandes pensadores de la época: el psicólogo Charles Blondel; el historiador pionero de la sociología histórica de la religión Gabriel Le Bras, el medievalista Charles Edmon Perrin, y, sobre todo el medievalista Marc Bloch, su amigo cercano y compañero en la revolución historiográfica que rompe con una tradición dominante desde Ranke.

Poco antes de fundar Annales, publica Febvre una biografía: Martín Lutero. Un destino. (1928) Un religioso dominico que nace en una Alemania despreciada por Europa, que sufre en su interior conflictos personales y persistentes miedos a la condenación eterna, lo que muchos historiadores daban por entendido. Febvre se atreve a traspasar los límites del idioma y de la nacionalidad. Lutero es presentado más como una personalidad religiosa sino una personalidad política, nos dice Leopoldo Cervantes Ortiz. (Lutero según Lucien Febvre: un destino reformador alemán según una mirada francesa).

En 1924 vio la luz un magnífico trabajo del joven Marc Bloch y que sería base fundacional de la historia de las mentalidades: Los reyes taumaturgos. Se trata de un estudio sobre el tacto real que curaba las escrófulas, influenciado por los antropólogos Lévi Bruhl y Marcel Mauss, el psicólogo social Charles Blondel y las ideas de Maurice Halbwachs sobre la estructura social de la memoria, publicado en 1925, que produjo profunda impresión en Bloch. Afirma Burke (1990, p.24) que “No parece fantástico sugerir que la idea de George Lefebvre del “gran temor de 1789” contenida en su famoso estudio debe algo al anterior estudio sobre los rumores compuesto por Marc Bloch.

 

 Sacar la historia de la rutina, abrir ir nuevas perspectivas, experiencias, métodos, derribar las barreras que separaban la historia de la antropología, sociología, lingüística, geografía. Su propósito era superar la historia centrada en los grandes personajes políticos, enfoque muy afín al positivismo decimonónico, y crear la historia de las mentalidades colectivas para superar la historia “historizante”, la que se basaba en unas aspiraciones de certeza absoluta que campeaban en las ciencias naturales y sociales del siglo XIX, un mundo conceptual que se estaba derrumbando apresuradamente entonces.

Annales, dice Iggers, (1998, p. 49) modifica el concepto de tiempo, que ya no es considerado un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Marx y Weber. Persiguen una historia cultural. Encarnan un sprit (espíritu) que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, pero que no es ninguna doctrina.

La Revista Annales, (Burke, 1990, p. 28) estuvo a punto de ser fundada poco después de terminada la Primera Guerra y se le ofreció Henry Pirenne dirigirla, quien no aceptó. En 1928 el joven Bloch retoma la idea, pero como una revista francesa. Pirenne volvió a declinar la idea de que asumiera la dirección.  De esta manera Febvre y Bloch se convierten en directores asociados.

Dice Burke, (1990 p. 28) que Annales d” histoire économique et sociale, como se llamó primero según el modelo de Annales de géographie de Vidal de la Blanche, fue planeada desde un principio para ser algo más que otra publicación histórica. Aspiraba a ser la guía intelectual de los campos de historia económica y de la historia social. La revista fue un verdadero vocero de las aspiraciones de los editores que abogaban por un nuevo enfoque interdisciplinario de la historia. El comité de redacción incluía no sólo historiadores de historia antigua y moderna sino también a un geógrafo (Albert Demangeon), a un sociólogo de la memoria ((Maurice Halbwachs), a un economista (Charles Rits), y a un especialista en ciencia política (André Siegfried, un exalumno de Paul Vidal de la Blanche)  

Burke nos dice que en el centro del grupo de Annales están Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie. Cerca del borde se encuentran Ernest Labrousse, Pierre Vilar, Maurice Alguhon, y Michel Vovelle, cuatro distinguidos historiadores cuyo compromiso con un enfoque marxista de la historia-particularmente fuerte en el caso de Pierre Vilar- los coloca fuera de su círculo interior. En el borde o más allá del borde, están Roland Mousnier y Michel Foucault. (Burke, 1990, p. 11)  

Los primeros colaboradores del primer número de la que iba a ser célebre revista, aparece en 15 de enero de 1929, son verdaderamente excepcionales: el medievalista belga Henry Pirenne (1862-1935), un intermediario importante entre la historiografía social alemana y la francesa, escribe sobre la instrucción de los mercaderes medievales; el historiador sueco Eli Heckscher, autor de un famoso estudio sobre el mercantilismo; y el estadounidense Earl Hamilton (1899-1989) , más conocido por su obra sobre el tesoro americano y la revolución de los precios producida en España, la primera gran inflación conocida en la historia.  

Febvre es autor de uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en este siglo XX: El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais (1942) Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Marc Bloch inspiran la historia de las mentalidades, perspectiva de análisis que hará eclosión en la década de 1960.

 Febvre, que era muy irritable, se molesta mucho al escuchar decir al historiador Abel Lefran que Francoise Rabelais, autor de Pantagruel y Gargantúa (1532) era un confeso ateo que quería con sus escritos socavar el cristianismo. Febvre responde que era una interpretación equivocada y anacrónica. La incredulidad era un pensamiento que no estaba al alcance de los hombres del siglo XVI, pues estos seres humanos no tenían las herramientas conceptuales ni científicas para negar la existencia de Dios. Era un siglo que quería creer.  

El libro es una gran lección de método, una lección de prudencia: “jamás tenemos convicciones absolutas cuando se trata de hechos históricos…El historiador no es el que sabe. Es el que investiga.”  También advierte sobre el mayor de los pecados, el más imperdonable que puede cometer un historiador: el anacronismo. El libro es, dice Iggers, (1998, p. 101) un ejemplo de cómo es posible aproximarse a los razonamientos de una época mediante el análisis de su lenguaje, el cual constituye su “herramienta mental” (outil mental).

Debemos penetrar, escribe Iggers, (1998, p. 56, 57) hasta las estructuras de pensamiento ocultas en el subconsciente colectivo. Esta corriente de investigación vio allanado su camino por la obra de Febvre publicada en 1942. Para responder, por ejemplo, a la pregunta de si Rabelais fue ateo o no, no son decisivas las ideas explicitas, sino el instrumental lingüístico con el que pensaban los hombres de la época. La prioridad de la lengua ya fue formulada en la obra de Ferdinand de Saussure, Fundamentos de lingüística general, publicada póstumamente en 1916.

La segunda guerra mundial distanció a Febvre y Bloch, pues Alemania nazi había invadido a Francia. Febvre quería seguir publicando Annales bajo la ocupación, a lo que se niega rotundamente Bloch, quien se alista en el ejército. Tras la derrota se une a la resistencia hasta que la Gestapo lo detiene y asesina en 1944. En esos terribles años escribe dos trabajos señeros: Extraña derrota, una relación de un testigo ocular del colapso francés, y cada vez más aislado y ansioso por las futuras perspectivas de su familia, de sus amigos y de su país, escribe un ensayo sobre el oficio del historiador, una introducción lúcida y moderada y sensata a ese tema -y continúa siendo la mejor contribución que tenemos- afirma Peter Burke, (1998, p. 33). La primera edición venezolana en 1986, con el título Apología de la historia o el oficio del historiador, se la debemos a la Fundación Buría, por feliz iniciativa de los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas.

Luego de la guerra Annales se institucionaliza. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución de la sexta sección de la École Practique des Hautes Études, institución dedicada exclusivamente a la investigación ya la formación de investigadores, que incorpora no sólo las ciencias sociales que habían sido importantes para los Annales en los primeros años, a saber, la economía, la sociología y la antropología, sino también la lingüística, la semiótica, las ciencias de la literatura y del arte y el psicoanálisis. (Iggers, 1998, p. 52)

Mientras antes de 1939 los miembros del circulo de Annales eran unos marginados, con la creación d esta nueva institución, la École des Hautes Études en Sciences Sociales, apoyada con fondos del consejo nacional francés de investigaciones científicas (CNRS), llegaron a ejercer una gran influencia en la investigación y en la asignación de plazas. (Iggers, ibíd.)

Annales, dice Burke (p. 37) había comenzado siendo la publicación de una secta herética.” Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en su conferencia inaugural Oportet haereses ese. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica de Francia. El heredero de este poder será Fernand Braudel, autor de la ciclópea obra de 600 mil palabras: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, publicada por primera vez en francés en 1949. La primera edición en castellano se la debemos al Fondo de Cultura Económica, México, 1953. La dedicatoria de Braudel dice así:

A Lucien Febvre,

siempre presente,

en prueba

de reconocimiento

y afecto filial.

 

En 1953 publica Febvre uno de sus últimos trabajos: Combates por la historia. Allí nos habla de un examen de conciencia de una historia y de un historiador. La historia no debe limitarse a estudiar el pasado, sino que tiene como objetivo comprender el presente y proyectarse hacia el futuro.

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Carora,

 Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

24 de febrero de 2026.

 

 

 

 

 

 

   

Edecio Riera, geografía sentimental semiárido larense venezolano

 

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/72/Monarch_butterfly_male_%2852341%29.jpg/250px-Monarch_butterfly_male_%2852341%29.jpg

 

Edecio Riera y la geografía sentimental del semiárido larense venezolano. (*)

 

Tengo entre mis manos un libro de relatos del curtido docente y animador de la cultura Edecio Riera, quien me los hace llegar para que lo prologue, un reto que asumo con inmenso gozo y placer. Tiene un título admirable: La metamorfosis y sus travesuras, una novela corta dividida en varias partes.

Se trata de un maravilloso viaje por la memoria individual y colectiva de los seres humanos que habitan el semiárido larense venezolano que tiene varios hilos conductores que van de la realidad a la ficción.

El primero es la geografía del semiárido larense, un lugar de la memoria llamado La Otra Banda, de donde es originario Edecio Riera, docente de educación `primaria. Tierra semiárida, hosca y difícil, que ha hecho a sus moradores ingeniosos en el trabajo de la supervivencia con escasas humedades y aguas. Es una particular geografía que ha propiciado lo que he llamado “genio de los pueblos del semiárido.”

Le sigue como conexión el vuelo de las mariposas, que son unos hermosos insectos migratorios que nos llevan a recorrer esa tierra mágica otrabandina, posándonos con ellas y despegando a la búsqueda de nuevos asentamientos humanos con curiosos nombres indígenas. Creo que es la más original propuesta literaria de mi amigo y colega.

Estos coloridos lepidópteros encarnan la imaginación creativa del escritor y nos conducen a parajes con nombres que rayan en lo insólito: El Collón, El Cardonalito, El Papayo, Jebe Tuerto, La Majada, El Alemán, La Candelaria. El polen y la música del inmortal Ludwig Van Beethoven alzan su vuelo en las patas de estos magníficos insectos, que son responsables en gran medida de la resurrección del semiárido, un ciclo eterno en clave de Sol anterior a los seres humanos y que nos sobrevivirá. En alas de ellas hacemos un fantástico recorrido por el “vasto erial caroreño”, tal como lo nombra Chío Zubillaga, y sus inmensidades de estío que han alumbrado a Venezuela y el mundo con su genésica y profunda genialidad.

Esta migración de los gráciles lepidópteros la traslada ingeniosamente Edecio a una migración humana poco estudiada, la que se produjo en Venezuela a principios de la centuria pasada cuando del vientre de la tierra emergió una descomunal riqueza petrolera que despobló a caseríos y pueblos agrícolas del país.

 La pedagogía de aula y de sus entornos conduce la narración. No podía ser de otra forma, pues su autor es un curtido docente de escuelas primarias en el medio rural del Municipio Torres. Tuvo la increíble audacia de inventar un método para enseñar a leer de manera lúdica y entretenida a los infantes hace unas décadas. La narración sale y entra del estrecho recinto escolar para desplazarse y recorrer una geografía difícil y calenturienta salpicada de héroes mitológicos y leyendas ficcionales y mágicas. Todo cabe en esa interesante propuesta pedagógica y literaria, desde la sequía, Simón Rodríguez, el folklore, Alirio Díaz, hasta la Escuela Artesanal Raimundo Pernalete y sus docentes, el Libertador Simón Bolívar. Es la fecunda metamorfosis, una migración del recuerdo y la memoria del escritor y docente que habitan en un mismo pecho.

El maravilloso proceso natural de la metamorfosis continua en el relato de Edecio y va a parar a las aulas de clases de la Escuela Artesanal Raimundo Pernalete de Carora. Allí nos enseña “Decho” que la metamorfosis es palabra polisémica y de usos múltiples: todo cambia, todo se transforma, un proceso sin fin que envuelve a la naturaleza y el pensamiento humano. Ya en la Antigüedad Heráclito la ve como ley fundamental del Universo, y hace un siglo, Franz Kafka le da dimensión literaria a su cuento más famoso cuando Gregorio Samsa despierta convertido en un insecto.

Estos magníficos insectos que son las mariposas inspirarán una película española extraordinariamente sensible: La lengua de las mariposas (1999). Un anciano docente enseña a su discípulo infantil los cambios de la madre naturaleza, film que me vino a la memoria mientras leo las páginas del relato del músico y docente que es Edecio que hace de los lepidópteros la trama argumental del desarrollo de su narrativa, la que no deja de producirnos evocaciones macondianas, y que nos conectan con el folklore venezolano plagado de evocaciones de tan hermosos insectos tropicales.  

Las mariposas, y otro insecto igual de matamorfoseador, las cigarras cantarinas, le dan nombre a la antigua ciudad del semiárido venezolano llamada desde el genésico siglo XVI Carora. Este insecto permanece dormido durante años en una suerte de hibernación tropical a la espera de una oportunidad para rencontrarse con la vida del vasto erial, una intensa metáfora que nos domina.

Edecio nos muestra excelentemente en su relato pedagógico y mariposil, un encuentro feliz con lo que recientemente se ha dado en llamar una geografía del sentimiento, una geografía cálida y sentimental donde el paisaje es una referencia emocional de primer orden, nos dicen Yi Fu Tuam y Pedro Cunill Grau. Esa calenturienta porción del territorio de Venezuela es colocada a vuelo de mariposas en el corazón de sus discípulos y alumnos del semiárido, un aprendizaje indeleble y permanente.

La “dormancia” de los seres vivos, vegetales y animales, en un eterno renacimiento que tiene lugar en ese fantástico “lugar de la memoria” que es La Otra Banda caroreña, sitio de escasas vegetaciones, aguas y nubes, pero que ha poblado desde sus tunales, aljibes y casas de torta a la nación venezolana de inmensos referentes culturales que van de la primordial alfarería de Camay prehispánico hasta los versos de Alí Lameda, la prosa de Juan Páez Ávila y las estrofas rítmicas de Alirio Díaz.     

Mi amigo y colega educador Edecio Riera ha dicho de forma magistral de otra manera la misma idea que me corroe desde hace algunos años: el genio de los pueblos del semiárido larense venezolano. Establecer la manera cómo una geografía difícil, de una tierra agria y sin jugo, ha impulsado y ha creado a una comunidad humana que ha sabido domar la naturaleza y producir un prodigioso talento literario y musical sin parangón en nuestro país.

Mis felicitaciones al docente de aula, músico y animador cultural que es Edecio Riera, al ver impresas sus meditaciones sobre la “intrahistoria” de un mundo colocado al borde de la insolación y la sed, pero que ha sabido renacer incesantemente desde los albores de la historia, una renovación que no tendrá término jamás, un Absoluto en la cual entró en contacto el sacerdote croata Carlos Dovocik Pascko en esas yermas, desoladas y silentes tierras semiáridas occidentales venezolanas.  

 

 

(*) Luis Eduardo Cortés Riera. Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, UPEL, Barquisimeto, Venezuela. Cronista de Carora. Miembro de la Fundación Buría.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

2 de febrero de 2026.

 

  


Annales, un sprit, una actitud

 

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Annales, una actitud, un sprit.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

No somos una escuela, dicen los annalistas, somos una actitud, un sprit, un espíritu. Fundada en 1929 la revista Annales en Estrasburgo, Francia, por Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929, con ellos se modifica el hacer histórico que dominaba desde Leopold Von Ranke. Su origen debe buscarse, dice Georges Iggers, en una obra escrita 17 años antes que la fundación de la revista Annales: El Franco Condado bajo Felipe II, que sale de la pluma de Febvre en 1912. Se trata de una historia exhaustiva de una región basándose en el análisis cuidadoso de fuentes no solo políticas, sino también económicas, religiosas, literarias y artísticas. Fue influido por Vidal de la Blanche e introduce el peso de las representaciones mentales, un matiz innovador que conducirá a Annales a perseguir una historia cultural, con lo cual se colocan más allá de la historia social moderna.

Los antecedentes de Annales pueden rastrearse al año 1900 cuando hubo una intensa discusión sobre el método en la Revista de Ciencia Histórica, liderada por el filósofo Henry Beer. Las magnitudes físicas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo, un enfoque antropológico que incluye toda la población, no como estilo ideológico y estético de una alta capa social.

 

Ellos modifican radicalmente el concepto de tiempo, el que ya no es considerado como un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Karl Marx y Max Weber. Esta modificación radical de la temporalidad se la debemos a la influencia de los físicos Max Plank y Albert Einstein, quienes volvieron añicos y para siempre la temporalidad newtoniana a comienzos del siglo XX.

“No somos escuela, sino un sprit que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, sin conformar una doctrina”. La praxis prevalece claramente sobre la teoría, pero la praxis incluye importantes presupuestos teóricos: la historia social, historia de las mentalidades, la larga duración braudeliana, estructura y coyuntura.

Lucien Febvre y Marc Bloch, agrega Iggers, han seguido atentamente la historiografía social y económica alemana. Bloch estudió en 1908 y 1909 en ese país. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y el país de Mosela de Lamprecht: a ambos interesaban los modos de pensar y de comportarse dentro de una determinada región, evitando el determinismo geográfico, siguiendo a Vidal de la Blanche.    

          Annales debe mucho a la sociología de Durkheim, quien quería transformar a la sociología en una ciencia rigurosa, lo que significaba matematización.  La conciencia colectiva es el objeto central de una ciencia de la sociedad: normas, costumbres, religión. Bloch y febvre conceden gran importancia a las estructuras anónimas, la vida sentimental, la mentalidad colectiva, con lo cual construyen una antropología histórica. Este novedoso enfoque se observa en El Franco Condado (1912) de Febvre y en Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch, referido a las artes curativas de los reyes ingleses y franceses durante un largo periodo temporal.

Este par de magníficos historiadores, protagonistas de la Revolución historiográfica francesa, nunca pusieron en duda de que la historia es la ciencia central del hombre. Para ello anularon los límites entre las disciplinas parciales, esto es antropología, lingüística, sociología, psicología, semiótica, psicoanálisis, ciencias de la literatura y el arte, economía, “los pequeños jardines.”.

Ellos, desde sus cátedras de Estrasburgo se enfrentaron a la Sorbona en París y su modo tradicional de hacer la historia que representaban Charles Seignobos y Charles Langlois, autores de una obra de marcado carácter positivista: Introducción a los estudios históricos, una historia lineal y política de los grandes hombres. Annales nace enfrentando a este tipo de historia que silencia las mayorías, el pueblo.

Más tarde las cosas cambiaron por completo con las grandes obras de Bloch, Febvre, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie, Robert Mandru, Michel Vovelle, Francoise Furet. Estos autores lograron, escribe Iggers, lo que otros autores alemanes y franceses no conseguían, a saber, el unir la cientificidad rigurosa con la buena literatura y ganarse la aceptación de un amplio público. 

 

 Después de ser unos rebeldes, Annales se institucionaliza al finalizar la segunda guerra mundial. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución francesa: la Escuela Práctica de Altos Estudios, institución fundada en 1868 que no ofrecía carreras normales, sino que estaba dedicada exclusivamente a la investigación y a la formación de investigadores, algo parecido al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Estados Unidos.

 

Esta institucionalización tuvo resultados contradictorios, dice Iggers. Favoreció la investigación interdisciplinar y, con ello, una nueva receptividad. Hizo posible el trabajo en equipo y proyectos coordinados con la ayuda de medios electrónicos en el tratamiento de los datos, que le conferían un matiz de cientificidad.

Annales había comenzado, escribe Peter Burke, siendo una publicación de una secta herética. “Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en sus conferencias. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica oficial en Francia.

El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, escrito en 1948 por Febvre, es, afirma Burke, uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en el siglo XX. Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch y el artículo de Lefebvre sobre las multitudes: El gran miedo de 1789, (1932), este trabajo inspiró la historia de las mentalidades colectivas a la que tantos historiadores franceses se entregaron a partir de la década de 1960.

 

          Después de la guerra, Febvre tuvo su oportunidad. Fue invitado a organizar una de las principales instituciones del sistema francés de educación superior: la Escula Practica de Altos Estudios, también fue delegado de su país en UNESCO, encargado de la organización de un multivolumen: Historia Científica y Cultural de la Humanidad. Todas estas actividades le impidieron realizar uno de sus más ambiciosos proyectos: Pensamiento y creencias occidentales desde 1400 hasta 1800, la Historia del libro impreso y sus efectos en la cultura del Renacimiento y la Reforma, El Ensayo de psicología histórica, Introducción a la Francia moderna, que fueron terminados por sus discípulos. El heredero de este poder será el “hijo” de Febvre, el joven Fernand Braudel.

Fue en un campo de concentración nazi donde a Braudel se le ocurre la idea de la larga duración, uno de sus conceptos clave. Una vez terminada la guerra escribe su obra fundamental en dos gruesos volúmenes:  El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, fue editada en francés en 1949. En el prólogo a la primera edición francesa nos dice Braudel:

“El Mediterráneo no es siquiera un mar; es un complejo de mares; y de mares salpicados de islas, cortados por penínsulas, rodeado de costas ramificadas. Su vida se haya mesclada a la tierra, su poesía tiene mucho de rústica, sus marinos son, cuando llega la hora, campesinos como hombres de mar.” 

Esta gigantesca obra braudeliana tiene una estructura tripartita: «cada una de las partes es un intento de explicación de conjunto»: la primera parte es una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones con el medio que le rodea, historia lenta en fluir y transformarse, una historia casi situada fuera del tiempo. No es una de las tradicionales introducciones geográficas de los estudios de historia.

Por encima de esta historia inmóvil se alza una historia de ritmo lento, parte segunda: la historia estructural, una historia social, la historia de los grupos y las agrupaciones humanas, un estudio de las economías, los Estados, las sociedades y civilizaciones, fuerzas profundas que entran en acción en los complejos dominios de la guerra.

Finalmente, una tercera parte, la de la historia tradicional, cortada a la medida del individuo, la historia de los acontecimientos, la agitación de la superficie, una historia de las oscilaciones breves, rápidas y nerviosas, la más apasionante y rica en humanidad, y también la más peligrosa.

Así, es una obra estructurada en la dialéctica espacio-tiempo (historia-geografía), una historia a cámara lenta que permite descubrir rasgos permanentes, que es la justificación original del libro, toda una novedad, con escasísimos antecedentes dignos de hacer mención.

Es una labor de síntesis que provoca una nueva ola de investigaciones especializadas, tales como Jean Delumeau, Pierre Vilar, Emmanuel Le Roy Ladurie, Vicens Vives, Alphonse Dupront, Pierre Chaunu, Julio Caro Baroja, Jacques Heers, Ruggiero Romano, Iorjo Tadic, Carlo Cipolla, Frank Spooner, entre otros.

Braudel es sin duda, escribe el mexicano Carlos Aguirre Rojas, una referencia obligada cuando se abordan temas relativos al desarrollo de la ciencia histórica de los tiempos actuales. Su copiosa y profunda huella en el quehacer profesional de los historiadores, hacen de su nombre un paradigma que desde hace medio siglo está impactando a las ciencias sociales, antropólogos y desde luego, para los historiadores.

Dice Georg Iggers que “pese a la atención que han recibido en el ámbito internacional, los Annales no ha dejado nunca de ser un fenómeno específicamente francés, profundamente arraigado en las tradiciones científicas francesas. Pero como modelo a seguir para hallar nuevos caminos en la investigación histórica de la cultura y de la sociedad han ejercido una gran influencia internacional.”

En Venezuela, mi país, han sido mis mentores, Dr. Federico Brito Figueroa y Dr. Reinaldo Rojas, quienes, en el interior del país, en Barquisimeto, han creado una comunidad de discurso en torno a la Escuela de Annales, única en su tipo, que ha dado muestras palmarias de un impulso investigativo formidable. Me precio gratamente de pertenecer a esta fértil comunidad de pensamiento nucleada alrededor de la Fundación Buría.  

 

Referencias:

Aguirre Rojas, Carlos. (1997) Braudel a debate. Fondo Editorial Tropikos, Fondo Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, Venezuela.

Braudel, Fernand (1987) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. México. Dos tomos.

Burke, Peter. (1990) La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales: 1929-1989. Gedisa, Editorial. Barcelona.

Iggers, Georg. (1997) La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales. Idea Books, S. A. Barcelona.

 

Carora,

Estado Lara,

 República bolivariana de Venezuela,

domingo 25 de enero de 2026.

 

 

 


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