Wolfgang Munchau:
Kaput. El fin del milagro alemán.
Luis Eduardo Cortés Riera.
cronistadecarora@gmail.com
Cuando se dio la noticia de un golpe de estado fallido y apagado
en Alemania en 2022, me dije: algo no camina bien en el país de Goethe y
Einstein. Tal acontecimiento no me alegró de modo alguno, sino que me llena de
incertidumbres y cavilaciones.
Alemania es una nación a la cual debe mucho el mundo
moderno tal como lo conocemos. Desde el siglo XIX Fitche plantea que su país
tiene como misión culturizar a la humanidad. Muchos de los vocablos y
expresiones con los que se construye la modernidad devienen de este país
europeo, que logra tardíamente su unidad a fines del siglo XIX, en 1871 con la
guerra Franco-Prusiana.
El año pasado le dediqué un ensayo titulado El silencio del mar, donde un culto
oficial alemán siente una gran admiración y respeto por la cultura francesa
durante la ocupación nazi germana de la nación de Descartes, Moliere y Marc
Bloch.
Tuve el atrevimiento de escribir un ensayo comparativo de
dos gigantes de la literatura universal, que intitulé Sor Juana y Goethe, del barroco al romanticismo, en el cual
destaqué las inmensas similitudes creativas de ellos, dos figuras distanciadas
por la geografía, el tiempo y la cultura, que sin embargo brillan en el
firmamento de la literatura univer4sal, ella novohispana y él teutón alemán.
La República de Weimar (1918-1933) ha sido mi obsesión,
he querido comprender cómo esta inestable y acosada nación que emerge débil, en
bancarrota y con extremos de violencia después de la derrota del Imperio Alemán
en la gran guerra de 1914 a 1918, sin embargo, nos entrega al mundo avances científicos
y culturales extraordinarios: el
expresionismo y el dadaísmo, la Bauhaus, la estética de la Nueva Objetividad, a
lo que debemos agregar figuras grandiosas como Bertolt Brech, Thomas Mann,
Stefan Zweig, George Grosz, Albert Einstein, Heisenberg, Max Born, Fromm,
Adorno, Marcuse, Cassirer, Husserl, Walter Benjamin, la mayoría de ellos huirán
de su patria tras el ascenso de Hitler al poder en 1933. La Bauhaus de Walter Gropius
y la Escuela de Frankfurt de Horkheimer desaparecen. La quema de libros está a
la vuelta de la esquina con el ascenso de un paranoico llamado Adolf Hitler..
Alemania, que sufre dos derrotas aplastantes en 1918 y
1945, emerge recuperándose con inusitada fortaleza de ambos conflictos. De
todos es conocido el “milagro alemán” impulsado por el Plan Marshall
estadounidense, encabezado por el canciller Konrad Adenauer en la República Federal
Alemana, mientras la Alemania Democrática dirigida por la Unión Soviética se
estanca. Japón, otro derrotado, logra cotas impresionantes de crecimiento
económico en breve tiempo. La Alemania occidental capitalista es una orquesta
desafinada que se sincroniza siguiendo las ideas de Ludwig Von Mises.
El milagro alemán.
Los
oleoductos y los reactores nucleares eran los engranajes que impulsaban la
economía alemana. Eran la fuerza vital de su modelo industrial. Fueron estos
oleoductos los que más tarde darían a Alemania acceso al petróleo noruego y al
gas ruso. Esa primera fase del milagro duró hasta bien entrada la década de
1970. El período de 1980 a 1990 fue más problemático porque la unificación de
las dos Alemanias costó mucho dinero después de 1991. Pero en 2005 llegaría una
segunda fase de la crisis, que duró hasta aproximadamente 2018.
El PIB del país germano no deja de crecer durante las
décadas de 1950, 1960 y 1970, a un impresionante 8 % anual. Sus grandes empresas
son el motor de su pujante economía, líder en innovaciones: Volkswagen,
Porsche, BASF, Mercedes Benz, Allianz Group, Siemens, Uniper, Deutsche Telekom,
Deutsche Bank. Alemania se convierte en
la locomotora de la economía europea.
El
milagro alemán ha terminado.
Pero esos años de bonanza y grandes expectativas han
quedado atrás, sostiene Wolfgang Monchau,
nacido en 1961, matemático, administrador de empresas, periodista, que propone
la privatización de la banca, y la creación de una economía de mercados sin
adjetivos, dice que la Reserva Federal de Estados Unidos es la causante de la
crisis global, así como las políticas económicas del largo “reinado” de Ángela
Merkel frenan la economía germana, es el autor del libro Kaput. El milagro alemán ha
terminado (Herder, 2025), un gran éxito editorial. Kaput es una palabra de origen germánico que significa roto,
descompuesto, destruido o inservible.
El mundo que
dominó Alemania, afirma Monchau, ya no existe. Lo han arruinado los aranceles de Donald Trump
en su segundo mandato, el colosal e indetenible ascenso de China, la guerra en
Ucrania, el Brexit. La peor red de telefonía de Europa la tiene mi país, dice
Monchau, quien agrega que aún se están empleando tecnologías superadas como el
fax. Muchos comercios sólo reciben dinero en efectivo.
Los automóviles eléctricos fueron descalificados como
“juguetes de niñas” por las grandes corporaciones automovilísticas germanas.
Actualmente Estados Unidos y China lideran mundialmente la producción de ellos:
Tesla, Chevrolet, Bolt, Aywais, Alibaba. Los alemanes se quedaron muy atrás.
La colosal industria teutona se movía eficientemente gracias
al gas ruso muy abundante y barato, lo que se vio interrumpido por la guerra en
Ucrania desde 2022. Una amarga dependencia de un recurso traído desde el
exterior desde 1991, visible de modo dramático al prohibir Ucrania el transito
del gas y petróleo por su territorio. La Unión Europea de igual modo sufre de
tal interrupción de la energía fósil y depende ahora del carísimo gas que viene
de Estados Unidos y Noruega.
Volkswagen, el mayor empleador privado, símbolo del
milagro alemán de posguerra, amenaza con cerrar varias de sus plantas después
de casi 90 años de existencia. El país se volvió demasiado dependiente de la
industria automotriz, lo cual fue grave error.
El desarrollo de plantas nucleares ha sido cancelado, un
apagón nuclear desde abril de 2020, un temor a que se repita Fukushima, mientras
Francia y Rusia han logrado avances significativos con la energía atómica. En
todo el planeta se están construyendo 65 plantas nucleares, ninguna en suelo
germano. Alemania tiene la tecnología para fabricar los futuros reactores
nucleares, pero no los construirá.
Los productos que Alemania ofrece son obsoletos en los
días que corren, tecnologías superadas, que ya no están a la vanguardia como
solían estarlo tradicionalmente, una asombrosa paradoja. No logró adaptar la
tecnología digital a los dispositivos mecánicos, una suerte de aversión a la
digitalización. El despliegue de la fibra óptica ha sufrido un retraso muy grande.
La
ansiedad germánica.
La sociedad
alemana, dice Monchau, es tecnofóbica: dinero electrónico y tarjetas de crédito
no son bien vistos, son objeto de rechazo masivo. Los gigantes tecnológicos,
Big Tech, las Siete Magnificas, Google, Amazon, Apple, Baidu, Alibaba, Xiaomi,
Tencent, son estadounidenses o chinas, ninguna es alemana o ni siquiera europea.
La fobia alemana a la tecnología no es un fenómeno
médico, sino un rasgo sociocultural que ellos mismos llaman German Angst: “angustia o ansiedad
germana”. Fenómeno promovido por la preferencia a la privacidad, aversión al
riesgo, escepticismo por la innovación tecnológica, rechazo por el altísimo
consumo energético de la IA, gusto por el anonimato del dinero en efectivo, repulsa
al escaneo masivo de mensajes privados (Chat Control), la política de soberanía
de datos es muy intensa, se piensa que la Inteligencia Artificial (IA) no debe
intervenir en decisiones críticas, hay zonas que no tienen acceso a internet,
una auténtica brecha digital.
Después
del eclipse alemán qué.
Los indicadores económicos predicen una recesión y
contracción económica alemana prolongada, la más grave de la posguerra, que
amenaza su estatus como motor indiscutible de Europa. Esta notable debilidad hace temblar a todo el
entramado económico europeo en una era de hiperglobalización.
Tal vez el mayor
shock vino de la tecnología y la ausencia de planificación a largo plazo, nos dice
Monchau. Fue en 2018 cuando la crisis comienza a crujir cuando se nota la excesiva
dependencia de la economía de dos productos: el automóvil y los químicos. Alemania
no entendió que las economías de occidente se basan en los servicios y no en la
producción. Alemania se perdió en el siglo XXI en términos de la revolución
digital. Hay buenas empresas
alemanas, pero los grandes beneficios no se obtienen ahora en ingeniería, como
solía ser el caso, sino que ahora se obtienen en inteligencia artificial y
tecnologías digitales.
Para superar la crisis
alemana se plantea reducir las trabas burocráticas, digitalizar la administración,
flexibilizar el mercado laboral, fomentar la competencia, bajar los costes
laborales. Sin embargo, el descenso de 0,2 % del PIB en 2025, una recesión
incipiente, mantiene en tensión al país.
En política, Alemania se
distancia de Estados Unidos y de la OTAN. El canciller alemán, Friedrich Merz,
dice enfáticamente que Irán está humillando a Estados Unidos, y que este país
no tomó en cuenta a sus aliados europeos, algo impensable dos años atrás. El
rearme alemán parece que es una salida económica y geopolítica. Ha destinado
más de 100 millones de euros a la defensa nacional recortando el gasto social.
El país parece
inclinarse a la derecha supremacista y antinmigrante: Alternativa por Alemania (AfD) podría consolidarse como
la principal fuerza política en las próximas elecciones federales. El malestar social crece y la población envejece
aceleradamente. El escepticismo es moneda corriente. Friedrich Merz quiere que Alemania
resucite y se convierta en un actor ambicioso, que busca solución a los
problemas mundiales. El tiempo dirá si sus políticas económicas revitalizarán
el país.
¿Y qué sucedió con el golpe
de estado fallido del 2022 con el que iniciamos esta nota? Me inclino a pensar
que es la punta del iceberg de un malestar más profundo e impredecible en el
cuerpo social teutón. Son los nostálgicos del Reich de mil años, una ideología
complotista y extremista que lamentablemente progresa en el país.
Esperamos que las instituciones democrático
liberales y su liderazgo sepan neutralizar a la brevedad y con tino esta seria
y compleja amenaza, que Alemania vuelva a ser una economía boyante, creativa, y
que la nación acoja sin complejos, sea asiento de magnificas manifestaciones
culturales híbridas, robustas y hermosas, venidas de cualquier parte del mundo.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de
Venezuela,
17 de mayo de 2026.
. .