domingo, 17 de mayo de 2026

Fin milagro alemán

 

 

Wolfgang Munchau:

 Kaput. El fin del milagro alemán.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

Cuando se dio la noticia de un golpe de estado fallido y apagado en Alemania en 2022, me dije: algo no camina bien en el país de Goethe y Einstein. Tal acontecimiento no me alegró de modo alguno, sino que me llena de incertidumbres y cavilaciones.  

Alemania es una nación a la cual debe mucho el mundo moderno tal como lo conocemos. Desde el siglo XIX Fitche plantea que su país tiene como misión culturizar a la humanidad. Muchos de los vocablos y expresiones con los que se construye la modernidad devienen de este país europeo, que logra tardíamente su unidad a fines del siglo XIX, en 1871 con la guerra Franco-Prusiana.

El año pasado le dediqué un ensayo titulado El silencio del mar, donde un culto oficial alemán siente una gran admiración y respeto por la cultura francesa durante la ocupación nazi germana de la nación de Descartes, Moliere y Marc Bloch.

Tuve el atrevimiento de escribir un ensayo comparativo de dos gigantes de la literatura universal, que intitulé Sor Juana y Goethe, del barroco al romanticismo, en el cual destaqué las inmensas similitudes creativas de ellos, dos figuras distanciadas por la geografía, el tiempo y la cultura, que sin embargo brillan en el firmamento de la literatura univer4sal, ella novohispana y él teutón alemán.

La República de Weimar (1918-1933) ha sido mi obsesión, he querido comprender cómo esta inestable y acosada nación que emerge débil, en bancarrota y con extremos de violencia después de la derrota del Imperio Alemán en la gran guerra de 1914 a 1918, sin embargo, nos entrega al mundo avances científicos y  culturales extraordinarios: el expresionismo y el dadaísmo, la Bauhaus, la estética de la Nueva Objetividad, a lo que debemos agregar figuras grandiosas como Bertolt Brech, Thomas Mann, Stefan Zweig, George Grosz, Albert Einstein, Heisenberg, Max Born, Fromm, Adorno, Marcuse, Cassirer, Husserl, Walter Benjamin, la mayoría de ellos huirán de su patria tras el ascenso de Hitler al poder en 1933. La Bauhaus de Walter Gropius y la Escuela de Frankfurt de Horkheimer desaparecen. La quema de libros está a la vuelta de la esquina con el ascenso de un paranoico llamado Adolf Hitler..  

Alemania, que sufre dos derrotas aplastantes en 1918 y 1945, emerge recuperándose con inusitada fortaleza de ambos conflictos. De todos es conocido el “milagro alemán” impulsado por el Plan Marshall estadounidense, encabezado por el canciller Konrad Adenauer en la República Federal Alemana, mientras la Alemania Democrática dirigida por la Unión Soviética se estanca. Japón, otro derrotado, logra cotas impresionantes de crecimiento económico en breve tiempo. La Alemania occidental capitalista es una orquesta desafinada que se sincroniza siguiendo las ideas de Ludwig Von Mises.

El milagro alemán.

Los oleoductos y los reactores nucleares eran los engranajes que impulsaban la economía alemana. Eran la fuerza vital de su modelo industrial. Fueron estos oleoductos los que más tarde darían a Alemania acceso al petróleo noruego y al gas ruso. Esa primera fase del milagro duró hasta bien entrada la década de 1970. El período de 1980 a 1990 fue más problemático porque la unificación de las dos Alemanias costó mucho dinero después de 1991. Pero en 2005 llegaría una segunda fase de la crisis, que duró hasta aproximadamente 2018.

El PIB del país germano no deja de crecer durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, a un impresionante 8 % anual. Sus grandes empresas son el motor de su pujante economía, líder en innovaciones: Volkswagen, Porsche, BASF, Mercedes Benz, Allianz Group, Siemens, Uniper, Deutsche Telekom, Deutsche Bank.  Alemania se convierte en la locomotora de la economía europea.

El milagro alemán ha terminado.

Pero esos años de bonanza y grandes expectativas han quedado atrás, sostiene Wolfgang Monchau, nacido en 1961, matemático, administrador de empresas, periodista, que propone la privatización de la banca, y la creación de una economía de mercados sin adjetivos, dice que la Reserva Federal de Estados Unidos es la causante de la crisis global, así como las políticas económicas del largo “reinado” de Ángela Merkel frenan la economía germana, es el autor del libro Kaput. El milagro alemán ha terminado (Herder, 2025), un gran éxito editorial. Kaput es una palabra de origen germánico que significa roto, descompuesto, destruido o inservible.

 El mundo que dominó Alemania, afirma Monchau, ya no existe.  Lo han arruinado los aranceles de Donald Trump en su segundo mandato, el colosal e indetenible ascenso de China, la guerra en Ucrania, el Brexit. La peor red de telefonía de Europa la tiene mi país, dice Monchau, quien agrega que aún se están empleando tecnologías superadas como el fax. Muchos comercios sólo reciben dinero en efectivo.

Los automóviles eléctricos fueron descalificados como “juguetes de niñas” por las grandes corporaciones automovilísticas germanas. Actualmente Estados Unidos y China lideran mundialmente la producción de ellos: Tesla, Chevrolet, Bolt, Aywais, Alibaba. Los alemanes se quedaron muy atrás.  

La colosal industria teutona se movía eficientemente gracias al gas ruso muy abundante y barato, lo que se vio interrumpido por la guerra en Ucrania desde 2022. Una amarga dependencia de un recurso traído desde el exterior desde 1991, visible de modo dramático al prohibir Ucrania el transito del gas y petróleo por su territorio. La Unión Europea de igual modo sufre de tal interrupción de la energía fósil y depende ahora del carísimo gas que viene de Estados Unidos y Noruega.

Volkswagen, el mayor empleador privado, símbolo del milagro alemán de posguerra, amenaza con cerrar varias de sus plantas después de casi 90 años de existencia. El país se volvió demasiado dependiente de la industria automotriz, lo cual fue grave error.

El desarrollo de plantas nucleares ha sido cancelado, un apagón nuclear desde abril de 2020, un temor a que se repita Fukushima, mientras Francia y Rusia han logrado avances significativos con la energía atómica. En todo el planeta se están construyendo 65 plantas nucleares, ninguna en suelo germano. Alemania tiene la tecnología para fabricar los futuros reactores nucleares, pero no los construirá.

Los productos que Alemania ofrece son obsoletos en los días que corren, tecnologías superadas, que ya no están a la vanguardia como solían estarlo tradicionalmente, una asombrosa paradoja. No logró adaptar la tecnología digital a los dispositivos mecánicos, una suerte de aversión a la digitalización. El despliegue de la fibra óptica ha sufrido un retraso muy grande.

La ansiedad germánica.

 La sociedad alemana, dice Monchau, es tecnofóbica: dinero electrónico y tarjetas de crédito no son bien vistos, son objeto de rechazo masivo. Los gigantes tecnológicos, Big Tech, las Siete Magnificas, Google, Amazon, Apple, Baidu, Alibaba, Xiaomi, Tencent, son estadounidenses o chinas, ninguna es alemana o ni siquiera europea.

La fobia alemana a la tecnología no es un fenómeno médico, sino un rasgo sociocultural que ellos mismos llaman German Angst: “angustia o ansiedad germana”. Fenómeno promovido por la preferencia a la privacidad, aversión al riesgo, escepticismo por la innovación tecnológica, rechazo por el altísimo consumo energético de la IA, gusto por el anonimato del dinero en efectivo, repulsa al escaneo masivo de mensajes privados (Chat Control), la política de soberanía de datos es muy intensa, se piensa que la Inteligencia Artificial (IA) no debe intervenir en decisiones críticas, hay zonas que no tienen acceso a internet, una auténtica brecha digital.

Después del eclipse alemán qué.

Los indicadores económicos predicen una recesión y contracción económica alemana prolongada, la más grave de la posguerra, que amenaza su estatus como motor indiscutible de Europa.  Esta notable debilidad hace temblar a todo el entramado económico europeo en una era de hiperglobalización.

 Tal vez el mayor shock vino de la tecnología y la ausencia de planificación a largo plazo, nos dice Monchau. Fue en 2018 cuando la crisis comienza a crujir cuando se nota la excesiva dependencia de la economía de dos productos: el automóvil y los químicos. Alemania no entendió que las economías de occidente se basan en los servicios y no en la producción. Alemania se perdió en el siglo XXI en términos de la revolución digital. Hay buenas empresas alemanas, pero los grandes beneficios no se obtienen ahora en ingeniería, como solía ser el caso, sino que ahora se obtienen en inteligencia artificial y tecnologías digitales.

Para superar la crisis alemana se plantea reducir las trabas burocráticas, digitalizar la administración, flexibilizar el mercado laboral, fomentar la competencia, bajar los costes laborales. Sin embargo, el descenso de 0,2 % del PIB en 2025, una recesión incipiente, mantiene en tensión al país.

En política, Alemania se distancia de Estados Unidos y de la OTAN. El canciller alemán, Friedrich Merz, dice enfáticamente que Irán está humillando a Estados Unidos, y que este país no tomó en cuenta a sus aliados europeos, algo impensable dos años atrás. El rearme alemán parece que es una salida económica y geopolítica. Ha destinado más de 100 millones de euros a la defensa nacional recortando el gasto social.

El país parece inclinarse a la derecha supremacista y antinmigrante: Alternativa por Alemania (AfD) podría consolidarse como la principal fuerza política en las próximas elecciones federales. El malestar social crece y la población envejece aceleradamente. El escepticismo es moneda corriente.  Friedrich Merz quiere que Alemania resucite y se convierta en un actor ambicioso, que busca solución a los problemas mundiales. El tiempo dirá si sus políticas económicas revitalizarán el país. 

¿Y qué sucedió con el golpe de estado fallido del 2022 con el que iniciamos esta nota? Me inclino a pensar que es la punta del iceberg de un malestar más profundo e impredecible en el cuerpo social teutón. Son los nostálgicos del Reich de mil años, una ideología complotista y extremista que lamentablemente progresa en el país.

 Esperamos que las instituciones democrático liberales y su liderazgo sepan neutralizar a la brevedad y con tino esta seria y compleja amenaza, que Alemania vuelva a ser una economía boyante, creativa, y que la nación acoja sin complejos, sea asiento de magnificas manifestaciones culturales híbridas, robustas y hermosas, venidas de cualquier parte del mundo.        

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

17 de mayo de 2026.

  

 

 

 

 

 

 

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Fin milagro alemán

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