miércoles, 25 de febrero de 2026

Gloria Andalzúa, la prieta

 

Gloria Evangelina Anzaldúa: La Prieta.

Lo que me faltaba de blancura,

tenía de inteligencia.

Luis Eduardo Cortés Riera

 cronistadecarora@gmail.com

 

Gloria Evangelina Anzaldúa nació en Texas en 1942 y tenía claros antecedentes étnicos indígenas mexicanos. Cuando viene a la vida su abuela Locha la revisa bien buscando la “mancha negra” que delata el origen aborigen mesoamericano, un estigma biológico social que la condena en aquel mundo anglo patriarcal, blanco y supremacista.

Valle del Río Grande, cerca del Golfo de México que hoy le quieren cambiar de nombre, justo en el borde, extremo sur de Texas, fue el cruel escenario de su infancia y adolescencia que eventualmente la impulsaría a ser académica, activista, poeta, feminista y filósofa de la chicanidad o cultura mexicoestadounidense, el 9% de la población de Estados Unidos, es decir unos 37 millones de personas.  

 Logró realizar con gran éxito una educación universitaria, a pesar del racismo, sexismo y otras formas de opresión que experimentó en su vida como tejana de séptima generación y guadalupana hasta la raíz. Recibió su grado en la Universidad de Texas-Panamericana y su maestría de la Universidad de Texas en Austin. Pero se había formado en la praxis definitiva del aula como maestra de educación primaria. Tejana de séptima generación que debió vencer múltiples obstáculos para lograr reconocimiento.

Poco antes de morir en Santa Cruz, California, en 2004, recibe su título de Doctora en literatura comparada, esta nieta de una curandera indígena, lesbiana de condición que escribió excelentes libros de cuentos para niños desde la herida de la frontera. Fototipo tres, tejana de séptima generación exhibía Gloria Evangelina, ni tan blanca ni tan oscura de piel, rasgo muy mestizo, mejor adaptado al clima de los trópicos.

Atraída por la libertad de pensamiento se muda a California, sigue escribiendo, consigue empleo en la Universidad Estatal de San Francisco, Universidad de California, y la Universidad Atlántica de Florida. Se le considera una de las teóricas de la Chicanidad, empleando el termino mestizaje. Una auténtica teoría chicana, su gran aporte a las ciencias sociales. Los chicanos no deben separarse del resto de la sociedad, sino integrarse a ella sin complejos, ideas que expresa magistralmente en La conciencia de la mestiza.

Hizo gran amistad con la escritora Cherríe Moraga, nacida en 1952, lesbiana como ella, y que escribió hermosos poemas lesbianos cargados de politización. Ambas aportaron ideas al feminismo poscolonial, un feminismo que va más allá de la mujer blanca de origen europeo y que alcanza a las mujeres negras, indígenas y chicanas. Un feminismo del tercer mundo. El separatismo de los chicanos debe ser combatido, argumentaban ellas con pasión.

Gloria fue capaz de retar el pensamiento binario de occidente. Creó nuevos ángulos de visión en medio de conflictos de identidad. Retó el pensamiento binario al crear un feminismo postcolonial: la New Mestiza. La trasformación del feminismo debe asumir la contradicción, la alteridad y la diferencia como fundamento del feminismo.  La forma que adopta el pensamiento occidental es binaria, es decir que se encuentra constituida por dos categorías exclusivas y excluyentes, por pares antagónicos, por polos opuestos. Binaria asimismo es la construcción de las identidades en Occidente, sean éstas identidades de género, de clase, étnicas o políticas. O los opuestos.

Gloria se coloca entre los autores que aportaron elementos para la deconstrucción del binarismo occidental, dice Eugenia Fraga. El teórico poscolonial indio Homi K. Bhabha, la antropóloga feminista argentina Rita Laura Segato, el feminismo paritario indígena andino de Rosalía Paiva, que delinearon, a nuestro entender, posibles salidas a esta cosmovisión identitaria, muy especialmente a través de sus conceptos clave de 'hibridez', pluricultura', 'paridad' y 'mestizaje'.

Gloria Evangelina Andalzúa invoca lo que llama la New Mestiza, una persona que conoce sus conflictos de identidad y usa nuevos ángulos de visión retando admirablemente el pensamiento binario de Occidente. Asumir la alteridad y la diferencia es el fundamento del feminismo: un feminismo postcolonial. Ella insistió hasta su deceso que el separatismo invocado por los chicanos no los ayudaba a mejorar, más bien ayudaba a mantener una odiosa división racial estancada en un mismo lugar.

 

Era una mujer muy espiritual en medio de un mundo materialista y blanco. Su abuela era curandera, siempre invocaba a la virgen mestiza, la virgen de Guadalupe. La espiritualidad debe acompañar a la política para lograr un cambio revolucionario, decía esta mujer que se ha convertido en referente del lesbianismo chicano.

“A todos los mexicanos a ambos lados de la frontera”, era su lema de trabajo intelectual. Gloria tuvo a deidades mesoamericanas como inspiración: Coatlicue, Chiualtlyotl y Malitzin como inspiradores de sus trabajos. Su concepto de autohistoria nace fuera de las aulas universitarias. Quiso hablar, como Carlos Fuentes, de la herida abierta que es el Río Bravo. Para ello se valió de la música de Los Tigres del Norte, y el cine de Ismael Rodríguez.

 

Fue ella una de las pocas lesbianas y escritoras que gana los premios Before Columbus Foundation American Book Award, The Lambda Lesbian Small Book Press Awaed, National Arts Fiction Award y National Endowment of the Arts Fiction Award. Es una de las escritoras olvidadas dentro de la Teoría Queer: la heterosexualidad no debe ser obligatoria.

En su Tesis Doctoral, presentada días antes de su muerte en 2004, nos dice que existen ocho variedades diferentes de lenguas habladas por los chicanos/os, incluyendo:

1.  Inglés estándar

2.  Inglés obrero y de jerga

3.  Español estándar

4.  Español mexicano estándar

5.  Dialecto del español del norte de México

6.  Chicano español (Texas, Nuevo México, Arizona y California tienen variaciones regionales)

7.  Tex-Mex

8.  Pachuco (llamado caló)

 

Y fue la lectura ocasional de una novelita de vaqueros del autor español Marcial Lafuente Estefanía, como descubre una otredad esencial:

“Un día cuando tenía siete u ocho años, mi papá dejó caer en mi regazo una novelita de vaqueros del oeste de 25 centavos, el único tipo de libro que él podía conseguir en la botica. El acto de leer me cambió para siempre. En las novelas de vaqueros que leía, todos los empleados, los villanos y las cantineras eran mexicanos. Pero yo sabía que los primeros vaqueros fueron mexicanos, que en Tejas éramos más numerosos que los anglos, que las estancias de mi abuela fueron robadas por el anglo voraz. Sin embargo, entre las páginas de estos libros, tanto el mexicano como el indio eran bichos. El racismo que después reconocí en mis maestros y jamás podría ignorar, lo encontré en la primera novela de vaqueros que leí.”

Desde muy joven, siendo huérfana de padre y prieta de color, nos dice:

 "Machona, india ladina" me llamaba mi mamá porque no me comportaba como una buena chicanita se debe comportar: después, con el mismo aliento me alababa y me regañaba, a menudo por la misma cosa -ser marimacho y andar con botas, no tener miedo de las víboras ni de las navajas, demostrar mi desdén hacia los roles de las mujeres, partir para la universidad, no hacer hogar ni casarme, ser una política, estar del lado de los campesinos.' Aun a pesar de que ella trataba de corregir mis humores más agresivos, mi madre secretamente estaba orgullosa de mi terquedad. (Algo que nunca admitirá.) Orgullosa de que había trabajado para asistir a la universidad. Secretamente orgullosa de mis pinturas, de mi escritura, aunque mientras tanto se quejaba porque yo no ganaba dinero con eso.”

Poco a poco comienza a descubrirse muy inteligente y poseedora de una identidad sexual “rara”, diferente:

“A través de los años, los confines de la vida agraria y ranchera empezaron a enfadarme. El rol tradicional de la mujer era una silla de montar que yo no me quería poner. Los conceptos "pasividad" y "obediencia" rastreaban sobre mi piel como espuelas y "matrimonio" e "hijos" me hacían embestir más rápido que las serpientes de cascabel o los coyotes. Empecé a usar botas y pantalones de mezclilla de hombre y andar con la cabeza llena de visiones, con hambre de más palabras y más palabras. Despacio, dejé de andar cabizbaja, rechacé mi herencia y empecé a desafiar las circunstancias. Pero he pasado más de treinta años desaprendiendo la creencia inculcada en mí que ser blanco es mejor que ser moreno -algo que alguna gente de color nunca desaprenderá. Y es apenas ahora, que el odio de mí misma, el que pasé cultivando durante la mayor parte de mi adolescencia, se convierte en amor.”

 

 

Una cruel enfermedad asociada a la diabetes va minando su preciosa vida lentamente:

“Como le doy la espalda a este viaje infernal por el cual la enfermedad me ha hecho pasar, las noches alquímicas del alma. Desgarrada de pies y cabeza, apuñalada, asaltada, golpeada. Me arrancaron la lengua (español) de la boca, y me dejaron sin voz. Me robaron mi nombre. Me chingaron las entrañas con el cuchillo de cirujano, y echaron el útero y ovarios en la basura. Castrada. Me apartaron de los míos, me aislaron. Me chuparon la sangre-vida por mi papel de mujer criadora -la última forma del canibalismo.”

Y observen la manera como se define a sí misma la “Prieta” Gloria Evangelina Anzaldúa:

“¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentarán y a cada pequeño pedazo le pondrán una etiqueta. ¿Me dices que mi nombre es la ambivalencia?”

De esta manera se refiere ella a la psicología borderline, los que no son de allá ni de aquí, una psique repartida entre John Wayne y Pedro Infante:

“Somos los grupos raros, la gente que no pertenece a ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura. Todos juntos abarcamos tantas opresiones. Pero la opresión abruma dora es el hecho colectivo que no cuadramos, y porque no cuadramos somos una amenaza. No todos tenemos las mismas opresiones, pero tenemos empatía y nos identificamos con las opresiones de cada uno. No tenemos la misma ideología, ni llegamos a soluciones semejantes. Algunos de nosotros somos izquierdistas, algunos somos practicantes de la magia. Algunos de nosotros somos ambos. Pero estas afinidades distintas no se oponen. En el mundo zurdo yo con mis propias afinidades, y mi gente con las suyas, podemos vivir juntos y transformar al planeta.”

Y con estas palabras que pretenden como derribar el muro fronterizo entre México y los “anglos”, exclama:

“Esos movimientos de rebeldía que tenemos en la sangre nosotros los mexicanos surgen como ríos desbocanados en mis venas. Esos movimientos rebeldes que nosotros, los mexicanos, tenemos en la sangre, recorren mis venas como ríos desbordados.” 

Apenas es necesario decir que el fértil y muy original pensamiento de Gloria Evangelina Anzaldúa está cruzado por las ideas de dos eminentes mexicanos: el filósofo Samuel Ramos y el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz. Es continuación crítica de dos de sus obras: Perfil del hombre y la cultura en México (1934) de Ramos, y también El laberinto de la soledad (1950) de Octavio Paz. Yo agregaría que en el pecho de Gloria Evangelina anida perfectamente el “principio de compartimentación” del antropólogo francés Roger Bastide (1898-1974), pues su psique está repartida entre la Virgen de Guadalupe y Karl Marx.     

 

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

 15 de febrero de 2026.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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