Gloria Evangelina Anzaldúa: La Prieta.
Lo que me faltaba de blancura,
tenía de inteligencia.
Luis Eduardo Cortés Riera
cronistadecarora@gmail.com
Gloria Evangelina Anzaldúa nació en Texas en 1942 y tenía
claros antecedentes étnicos indígenas mexicanos. Cuando viene a la vida su
abuela Locha la revisa bien buscando la “mancha negra” que delata el origen
aborigen mesoamericano, un estigma biológico social que la condena en aquel
mundo anglo patriarcal, blanco y supremacista.
Valle del Río Grande, cerca del Golfo de México que hoy
le quieren cambiar de nombre, justo en el borde, extremo sur de Texas, fue el
cruel escenario de su infancia y adolescencia que eventualmente la impulsaría a
ser académica, activista, poeta, feminista y filósofa de la chicanidad o
cultura mexicoestadounidense, el 9% de la población de Estados Unidos, es decir
unos 37 millones de personas.
Logró realizar con gran éxito una
educación universitaria, a pesar del racismo, sexismo y otras formas de
opresión que experimentó en su vida como tejana de séptima generación y
guadalupana hasta la raíz. Recibió su grado en la Universidad de Texas-Panamericana y su maestría de la Universidad de
Texas en Austin. Pero se había formado en la praxis
definitiva del aula como maestra de educación primaria. Tejana de séptima
generación que debió vencer múltiples obstáculos para lograr reconocimiento.
Poco antes de morir en
Santa Cruz, California, en 2004, recibe su título de Doctora en literatura
comparada, esta nieta de una curandera indígena, lesbiana de condición que
escribió excelentes libros de cuentos para niños desde la herida de la frontera.
Fototipo tres, tejana de séptima generación exhibía Gloria Evangelina, ni tan
blanca ni tan oscura de piel, rasgo muy mestizo, mejor adaptado al clima de los
trópicos.
Atraída por la libertad de
pensamiento se muda a California, sigue escribiendo, consigue empleo en la Universidad
Estatal de San Francisco, Universidad de California, y la Universidad Atlántica
de Florida. Se le considera una de las teóricas de la Chicanidad, empleando el
termino mestizaje. Una auténtica teoría chicana, su gran aporte a las ciencias
sociales. Los chicanos no deben separarse del resto de la sociedad, sino integrarse
a ella sin complejos, ideas que expresa magistralmente en La conciencia de la mestiza.
Hizo gran amistad con la escritora
Cherríe Moraga, nacida en 1952, lesbiana como ella, y que escribió hermosos
poemas lesbianos cargados de politización. Ambas aportaron ideas al feminismo poscolonial,
un feminismo que va más allá de la mujer blanca de origen europeo y que alcanza
a las mujeres negras, indígenas y chicanas. Un feminismo del tercer mundo. El
separatismo de los chicanos debe ser combatido, argumentaban ellas con pasión.
Gloria fue capaz de retar
el pensamiento binario de occidente. Creó nuevos ángulos de visión en medio de
conflictos de identidad. Retó el pensamiento binario al crear un feminismo
postcolonial: la New Mestiza. La trasformación del feminismo debe asumir la contradicción,
la alteridad y la diferencia como fundamento del feminismo. La forma que adopta el pensamiento occidental
es binaria, es decir que se encuentra constituida por dos categorías exclusivas
y excluyentes, por pares antagónicos, por polos opuestos. Binaria asimismo es
la construcción de las identidades en Occidente, sean éstas identidades de
género, de clase, étnicas o políticas. O los opuestos.
Gloria se coloca entre los
autores que aportaron elementos para la deconstrucción del binarismo occidental,
dice Eugenia Fraga. El teórico poscolonial indio Homi K. Bhabha, la antropóloga
feminista argentina Rita Laura Segato, el feminismo paritario indígena andino
de Rosalía Paiva, que delinearon, a nuestro entender, posibles salidas a esta
cosmovisión identitaria, muy especialmente a través de sus conceptos clave de
'hibridez', pluricultura', 'paridad' y 'mestizaje'.
Gloria Evangelina Andalzúa
invoca lo que llama la New Mestiza, una persona que conoce sus conflictos de
identidad y usa nuevos ángulos de visión retando admirablemente el pensamiento
binario de Occidente. Asumir la alteridad y la diferencia es el fundamento del
feminismo: un feminismo postcolonial. Ella insistió hasta su deceso que el
separatismo invocado por los chicanos no los ayudaba a mejorar, más bien
ayudaba a mantener una odiosa división racial estancada en un mismo lugar.
Era una mujer muy
espiritual en medio de un mundo materialista y blanco. Su abuela era curandera,
siempre invocaba a la virgen mestiza, la virgen de Guadalupe. La espiritualidad
debe acompañar a la política para lograr un cambio revolucionario, decía esta
mujer que se ha convertido en referente del lesbianismo chicano.
“A todos los mexicanos a
ambos lados de la frontera”, era su lema de trabajo intelectual. Gloria tuvo a deidades
mesoamericanas como inspiración: Coatlicue, Chiualtlyotl y Malitzin como
inspiradores de sus trabajos. Su concepto de autohistoria nace fuera de las
aulas universitarias. Quiso hablar, como Carlos Fuentes, de la herida abierta
que es el Río Bravo. Para ello se valió de la música de Los Tigres del Norte, y
el cine de Ismael Rodríguez.
Fue
ella una de las pocas lesbianas y escritoras que gana los premios Before
Columbus Foundation American Book Award, The Lambda Lesbian Small Book Press
Awaed, National Arts Fiction Award y National Endowment of the Arts Fiction
Award. Es una de las escritoras olvidadas
dentro de la Teoría Queer: la heterosexualidad no debe ser obligatoria.
En su Tesis Doctoral, presentada días antes de su muerte
en 2004, nos dice que existen ocho variedades diferentes de lenguas habladas por los
chicanos/os, incluyendo:
1. Inglés estándar
2. Inglés obrero y de jerga
3. Español estándar
4. Español mexicano estándar
5. Dialecto del español del
norte de México
6. Chicano español (Texas,
Nuevo México, Arizona y California tienen variaciones regionales)
7. Tex-Mex
8. Pachuco (llamado caló)
Y fue la lectura ocasional
de una novelita de vaqueros del autor español Marcial Lafuente Estefanía, como
descubre una otredad esencial:
“Un día cuando tenía siete u ocho años, mi papá dejó caer
en mi regazo una novelita de vaqueros del oeste de 25 centavos, el único tipo
de libro que él podía conseguir en la botica. El acto de leer me cambió para
siempre. En las novelas de vaqueros que leía, todos los empleados, los villanos
y las cantineras eran mexicanos. Pero yo sabía que los primeros vaqueros fueron
mexicanos, que en Tejas éramos más numerosos que los anglos, que las estancias
de mi abuela fueron robadas por el anglo voraz. Sin embargo, entre las páginas
de estos libros, tanto el mexicano como el indio eran bichos. El racismo que
después reconocí en mis maestros y jamás podría ignorar, lo encontré en la
primera novela de vaqueros que leí.”
Desde muy joven, siendo huérfana de padre y prieta de color,
nos dice:
"Machona,
india ladina" me llamaba mi mamá porque no me comportaba como una buena
chicanita se debe comportar: después, con el mismo aliento me alababa y me
regañaba, a menudo por la misma cosa -ser marimacho y andar con botas, no tener
miedo de las víboras ni de las navajas, demostrar mi desdén hacia los roles de
las mujeres, partir para la universidad, no hacer hogar ni casarme, ser una
política, estar del lado de los campesinos.' Aun a pesar de que ella trataba de
corregir mis humores más agresivos, mi madre secretamente estaba orgullosa de
mi terquedad. (Algo que nunca admitirá.) Orgullosa de que había trabajado para
asistir a la universidad. Secretamente orgullosa de mis pinturas, de mi
escritura, aunque mientras tanto se quejaba porque yo no ganaba dinero con eso.”
Poco a poco comienza a descubrirse muy inteligente y
poseedora de una identidad sexual “rara”, diferente:
“A través de los años, los confines de la vida agraria y
ranchera empezaron a enfadarme. El rol tradicional de la mujer era una silla de
montar que yo no me quería poner. Los conceptos "pasividad" y
"obediencia" rastreaban sobre mi piel como espuelas y
"matrimonio" e "hijos" me hacían embestir más rápido que
las serpientes de cascabel o los coyotes. Empecé a usar botas y pantalones de
mezclilla de hombre y andar con la cabeza llena de visiones, con hambre de más
palabras y más palabras. Despacio, dejé de andar cabizbaja, rechacé mi herencia
y empecé a desafiar las circunstancias. Pero he pasado más de treinta años
desaprendiendo la creencia inculcada en mí que ser blanco es mejor que ser
moreno -algo que alguna gente de color nunca desaprenderá. Y es apenas ahora,
que el odio de mí misma, el que pasé cultivando durante la mayor parte de mi
adolescencia, se convierte en amor.”
Una cruel enfermedad asociada a la diabetes va minando su
preciosa vida lentamente:
“Como le doy la espalda a este viaje infernal por el cual
la enfermedad me ha hecho pasar, las noches alquímicas del alma. Desgarrada de pies y cabeza,
apuñalada, asaltada, golpeada. Me arrancaron la lengua (español) de la boca, y
me dejaron sin voz. Me robaron mi nombre. Me chingaron las entrañas con el
cuchillo de cirujano, y echaron el útero y ovarios en la basura. Castrada. Me
apartaron de los míos, me aislaron. Me chuparon la sangre-vida por mi papel de
mujer criadora -la última forma del canibalismo.”
Y observen la manera como se define a sí misma la
“Prieta” Gloria Evangelina Anzaldúa:
“¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista
inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentarán y a cada pequeño pedazo
le pondrán una etiqueta. ¿Me dices que mi nombre es la ambivalencia?”
De esta manera se refiere ella
a la psicología borderline, los que
no son de allá ni de aquí, una psique repartida entre John Wayne y Pedro
Infante:
“Somos los grupos raros, la gente que no pertenece a
ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura.
Todos juntos abarcamos tantas opresiones. Pero la opresión abruma dora es el
hecho colectivo que no cuadramos, y porque no cuadramos somos una amenaza. No
todos tenemos las mismas opresiones, pero tenemos empatía y nos identificamos
con las opresiones de cada uno. No tenemos la misma ideología, ni llegamos a
soluciones semejantes. Algunos de nosotros somos izquierdistas, algunos somos
practicantes de la magia. Algunos de nosotros somos ambos. Pero estas
afinidades distintas no se oponen. En el mundo zurdo yo con mis propias
afinidades, y mi gente con las suyas, podemos vivir juntos y transformar al
planeta.”
Y con estas palabras que
pretenden como derribar el muro fronterizo entre México y los “anglos”,
exclama:
“Esos movimientos de
rebeldía que tenemos en la sangre nosotros los mexicanos surgen como ríos
desbocanados en mis venas. Esos movimientos rebeldes que nosotros, los
mexicanos, tenemos en la sangre, recorren mis venas como ríos desbordados.”
Apenas es necesario decir
que el fértil y muy original pensamiento de Gloria Evangelina Anzaldúa está
cruzado por las ideas de dos eminentes mexicanos: el filósofo Samuel Ramos y el
Premio Nobel de Literatura Octavio Paz. Es continuación crítica de dos de sus
obras: Perfil del hombre y la cultura en
México (1934) de Ramos, y también El
laberinto de la soledad (1950) de Octavio Paz. Yo agregaría que en el pecho
de Gloria Evangelina anida perfectamente el “principio de compartimentación”
del antropólogo francés Roger Bastide (1898-1974), pues su psique está
repartida entre la Virgen de Guadalupe y Karl Marx.
Carora,
Estado Lara,
República Bolivariana de Venezuela,
15 de febrero de 2026.