miércoles, 25 de febrero de 2026

Gloria Andalzúa, la prieta

 

Gloria Evangelina Anzaldúa: La Prieta.

Lo que me faltaba de blancura,

tenía de inteligencia.

Luis Eduardo Cortés Riera

 cronistadecarora@gmail.com

 

Gloria Evangelina Anzaldúa nació en Texas en 1942 y tenía claros antecedentes étnicos indígenas mexicanos. Cuando viene a la vida su abuela Locha la revisa bien buscando la “mancha negra” que delata el origen aborigen mesoamericano, un estigma biológico social que la condena en aquel mundo anglo patriarcal, blanco y supremacista.

Valle del Río Grande, cerca del Golfo de México que hoy le quieren cambiar de nombre, justo en el borde, extremo sur de Texas, fue el cruel escenario de su infancia y adolescencia que eventualmente la impulsaría a ser académica, activista, poeta, feminista y filósofa de la chicanidad o cultura mexicoestadounidense, el 9% de la población de Estados Unidos, es decir unos 37 millones de personas.  

 Logró realizar con gran éxito una educación universitaria, a pesar del racismo, sexismo y otras formas de opresión que experimentó en su vida como tejana de séptima generación y guadalupana hasta la raíz. Recibió su grado en la Universidad de Texas-Panamericana y su maestría de la Universidad de Texas en Austin. Pero se había formado en la praxis definitiva del aula como maestra de educación primaria. Tejana de séptima generación que debió vencer múltiples obstáculos para lograr reconocimiento.

Poco antes de morir en Santa Cruz, California, en 2004, recibe su título de Doctora en literatura comparada, esta nieta de una curandera indígena, lesbiana de condición que escribió excelentes libros de cuentos para niños desde la herida de la frontera. Fototipo tres, tejana de séptima generación exhibía Gloria Evangelina, ni tan blanca ni tan oscura de piel, rasgo muy mestizo, mejor adaptado al clima de los trópicos.

Atraída por la libertad de pensamiento se muda a California, sigue escribiendo, consigue empleo en la Universidad Estatal de San Francisco, Universidad de California, y la Universidad Atlántica de Florida. Se le considera una de las teóricas de la Chicanidad, empleando el termino mestizaje. Una auténtica teoría chicana, su gran aporte a las ciencias sociales. Los chicanos no deben separarse del resto de la sociedad, sino integrarse a ella sin complejos, ideas que expresa magistralmente en La conciencia de la mestiza.

Hizo gran amistad con la escritora Cherríe Moraga, nacida en 1952, lesbiana como ella, y que escribió hermosos poemas lesbianos cargados de politización. Ambas aportaron ideas al feminismo poscolonial, un feminismo que va más allá de la mujer blanca de origen europeo y que alcanza a las mujeres negras, indígenas y chicanas. Un feminismo del tercer mundo. El separatismo de los chicanos debe ser combatido, argumentaban ellas con pasión.

Gloria fue capaz de retar el pensamiento binario de occidente. Creó nuevos ángulos de visión en medio de conflictos de identidad. Retó el pensamiento binario al crear un feminismo postcolonial: la New Mestiza. La trasformación del feminismo debe asumir la contradicción, la alteridad y la diferencia como fundamento del feminismo.  La forma que adopta el pensamiento occidental es binaria, es decir que se encuentra constituida por dos categorías exclusivas y excluyentes, por pares antagónicos, por polos opuestos. Binaria asimismo es la construcción de las identidades en Occidente, sean éstas identidades de género, de clase, étnicas o políticas. O los opuestos.

Gloria se coloca entre los autores que aportaron elementos para la deconstrucción del binarismo occidental, dice Eugenia Fraga. El teórico poscolonial indio Homi K. Bhabha, la antropóloga feminista argentina Rita Laura Segato, el feminismo paritario indígena andino de Rosalía Paiva, que delinearon, a nuestro entender, posibles salidas a esta cosmovisión identitaria, muy especialmente a través de sus conceptos clave de 'hibridez', pluricultura', 'paridad' y 'mestizaje'.

Gloria Evangelina Andalzúa invoca lo que llama la New Mestiza, una persona que conoce sus conflictos de identidad y usa nuevos ángulos de visión retando admirablemente el pensamiento binario de Occidente. Asumir la alteridad y la diferencia es el fundamento del feminismo: un feminismo postcolonial. Ella insistió hasta su deceso que el separatismo invocado por los chicanos no los ayudaba a mejorar, más bien ayudaba a mantener una odiosa división racial estancada en un mismo lugar.

 

Era una mujer muy espiritual en medio de un mundo materialista y blanco. Su abuela era curandera, siempre invocaba a la virgen mestiza, la virgen de Guadalupe. La espiritualidad debe acompañar a la política para lograr un cambio revolucionario, decía esta mujer que se ha convertido en referente del lesbianismo chicano.

“A todos los mexicanos a ambos lados de la frontera”, era su lema de trabajo intelectual. Gloria tuvo a deidades mesoamericanas como inspiración: Coatlicue, Chiualtlyotl y Malitzin como inspiradores de sus trabajos. Su concepto de autohistoria nace fuera de las aulas universitarias. Quiso hablar, como Carlos Fuentes, de la herida abierta que es el Río Bravo. Para ello se valió de la música de Los Tigres del Norte, y el cine de Ismael Rodríguez.

 

Fue ella una de las pocas lesbianas y escritoras que gana los premios Before Columbus Foundation American Book Award, The Lambda Lesbian Small Book Press Awaed, National Arts Fiction Award y National Endowment of the Arts Fiction Award. Es una de las escritoras olvidadas dentro de la Teoría Queer: la heterosexualidad no debe ser obligatoria.

En su Tesis Doctoral, presentada días antes de su muerte en 2004, nos dice que existen ocho variedades diferentes de lenguas habladas por los chicanos/os, incluyendo:

1.  Inglés estándar

2.  Inglés obrero y de jerga

3.  Español estándar

4.  Español mexicano estándar

5.  Dialecto del español del norte de México

6.  Chicano español (Texas, Nuevo México, Arizona y California tienen variaciones regionales)

7.  Tex-Mex

8.  Pachuco (llamado caló)

 

Y fue la lectura ocasional de una novelita de vaqueros del autor español Marcial Lafuente Estefanía, como descubre una otredad esencial:

“Un día cuando tenía siete u ocho años, mi papá dejó caer en mi regazo una novelita de vaqueros del oeste de 25 centavos, el único tipo de libro que él podía conseguir en la botica. El acto de leer me cambió para siempre. En las novelas de vaqueros que leía, todos los empleados, los villanos y las cantineras eran mexicanos. Pero yo sabía que los primeros vaqueros fueron mexicanos, que en Tejas éramos más numerosos que los anglos, que las estancias de mi abuela fueron robadas por el anglo voraz. Sin embargo, entre las páginas de estos libros, tanto el mexicano como el indio eran bichos. El racismo que después reconocí en mis maestros y jamás podría ignorar, lo encontré en la primera novela de vaqueros que leí.”

Desde muy joven, siendo huérfana de padre y prieta de color, nos dice:

 "Machona, india ladina" me llamaba mi mamá porque no me comportaba como una buena chicanita se debe comportar: después, con el mismo aliento me alababa y me regañaba, a menudo por la misma cosa -ser marimacho y andar con botas, no tener miedo de las víboras ni de las navajas, demostrar mi desdén hacia los roles de las mujeres, partir para la universidad, no hacer hogar ni casarme, ser una política, estar del lado de los campesinos.' Aun a pesar de que ella trataba de corregir mis humores más agresivos, mi madre secretamente estaba orgullosa de mi terquedad. (Algo que nunca admitirá.) Orgullosa de que había trabajado para asistir a la universidad. Secretamente orgullosa de mis pinturas, de mi escritura, aunque mientras tanto se quejaba porque yo no ganaba dinero con eso.”

Poco a poco comienza a descubrirse muy inteligente y poseedora de una identidad sexual “rara”, diferente:

“A través de los años, los confines de la vida agraria y ranchera empezaron a enfadarme. El rol tradicional de la mujer era una silla de montar que yo no me quería poner. Los conceptos "pasividad" y "obediencia" rastreaban sobre mi piel como espuelas y "matrimonio" e "hijos" me hacían embestir más rápido que las serpientes de cascabel o los coyotes. Empecé a usar botas y pantalones de mezclilla de hombre y andar con la cabeza llena de visiones, con hambre de más palabras y más palabras. Despacio, dejé de andar cabizbaja, rechacé mi herencia y empecé a desafiar las circunstancias. Pero he pasado más de treinta años desaprendiendo la creencia inculcada en mí que ser blanco es mejor que ser moreno -algo que alguna gente de color nunca desaprenderá. Y es apenas ahora, que el odio de mí misma, el que pasé cultivando durante la mayor parte de mi adolescencia, se convierte en amor.”

 

 

Una cruel enfermedad asociada a la diabetes va minando su preciosa vida lentamente:

“Como le doy la espalda a este viaje infernal por el cual la enfermedad me ha hecho pasar, las noches alquímicas del alma. Desgarrada de pies y cabeza, apuñalada, asaltada, golpeada. Me arrancaron la lengua (español) de la boca, y me dejaron sin voz. Me robaron mi nombre. Me chingaron las entrañas con el cuchillo de cirujano, y echaron el útero y ovarios en la basura. Castrada. Me apartaron de los míos, me aislaron. Me chuparon la sangre-vida por mi papel de mujer criadora -la última forma del canibalismo.”

Y observen la manera como se define a sí misma la “Prieta” Gloria Evangelina Anzaldúa:

“¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentarán y a cada pequeño pedazo le pondrán una etiqueta. ¿Me dices que mi nombre es la ambivalencia?”

De esta manera se refiere ella a la psicología borderline, los que no son de allá ni de aquí, una psique repartida entre John Wayne y Pedro Infante:

“Somos los grupos raros, la gente que no pertenece a ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura. Todos juntos abarcamos tantas opresiones. Pero la opresión abruma dora es el hecho colectivo que no cuadramos, y porque no cuadramos somos una amenaza. No todos tenemos las mismas opresiones, pero tenemos empatía y nos identificamos con las opresiones de cada uno. No tenemos la misma ideología, ni llegamos a soluciones semejantes. Algunos de nosotros somos izquierdistas, algunos somos practicantes de la magia. Algunos de nosotros somos ambos. Pero estas afinidades distintas no se oponen. En el mundo zurdo yo con mis propias afinidades, y mi gente con las suyas, podemos vivir juntos y transformar al planeta.”

Y con estas palabras que pretenden como derribar el muro fronterizo entre México y los “anglos”, exclama:

“Esos movimientos de rebeldía que tenemos en la sangre nosotros los mexicanos surgen como ríos desbocanados en mis venas. Esos movimientos rebeldes que nosotros, los mexicanos, tenemos en la sangre, recorren mis venas como ríos desbordados.” 

Apenas es necesario decir que el fértil y muy original pensamiento de Gloria Evangelina Anzaldúa está cruzado por las ideas de dos eminentes mexicanos: el filósofo Samuel Ramos y el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz. Es continuación crítica de dos de sus obras: Perfil del hombre y la cultura en México (1934) de Ramos, y también El laberinto de la soledad (1950) de Octavio Paz. Yo agregaría que en el pecho de Gloria Evangelina anida perfectamente el “principio de compartimentación” del antropólogo francés Roger Bastide (1898-1974), pues su psique está repartida entre la Virgen de Guadalupe y Karl Marx.     

 

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

 15 de febrero de 2026.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Lucien Febvre, legado historiográfico

 

Combates por la historia by Lucien Febvre | Goodreads

 

Lucien Febvre:

un inmenso legado historiográfico.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

 

Hace 70 años, el 25 de septiembre de 1956, falleció uno de los historiadores más prominentes y originales del siglo XX. Había nacido el 20 de julio de 1878. Tuvo un brillante discípulo, cosa que pocas veces se dice, en Marc Bloch, un joven judío francés con el que renueva las ciencias humanas y la historia. Una sólida amistad que no tuvo exenta de algunas discordias.

El historiador británico Peter Burke en su La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales (1929-1989), nos dice que:

 Una parte extraordinaria de los escritos históricos más innovadores y más significativos del siglo XX fue producida en Francia. Buena parte de esta historia es la obra de un determinado grupo de estudiosos vinculados con la revista fundada en 1929 y conocida como Annales. (Burke, 1990, p.11)

Esta revolución historiográfica tiene sus inicios en 1900 cuando el filósofo Henry Berr, fundador de Revue de Synthese Historique, publicación en donde propone la ampliación del objeto de la historia a la sociedad, la economía y la cultura. En América se inició una discusión parecida entre historiadores. Dos prominentes historiadores alemanes intervinieron en esta discusión teórica Heinrich Rickert y Karl Lamprecht, lo cual convirtió a la Revue en un foro internacional de discusión crítica (Georg Iggers, La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales.1998, p. 36)

Ese nuevo espíritu se observa en una obra temprana de Febvre que fue su tesis: Felipe II y el Franco-Condado, defendida en la Sorbona en 1911. Una perspectiva original logra al analizar todos los elementos de la región: ríos, molinos de trigo, minas, hornos, ingresos de los señoríos, la relación entre nobles y burgueses. Un enfoque detallado y meticuloso que echó las bases de un nuevo método histórico. Las magnitudes fijas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y la historia económica medieval del país del Mosela de Karl Lamprecht (Iggers, 1998, p. 48, 49 y 50)

 Después de este inmenso logro epistémico, Febvre obtuvo varias cátedras universitarias: Dijon y Estrasburgo. En esta última ciudad, un nudo cultural franco alemán, entra en contacto con grandes pensadores de la época: el psicólogo Charles Blondel; el historiador pionero de la sociología histórica de la religión Gabriel Le Bras, el medievalista Charles Edmon Perrin, y, sobre todo el medievalista Marc Bloch, su amigo cercano y compañero en la revolución historiográfica que rompe con una tradición dominante desde Ranke.

Poco antes de fundar Annales, publica Febvre una biografía: Martín Lutero. Un destino. (1928) Un religioso dominico que nace en una Alemania despreciada por Europa, que sufre en su interior conflictos personales y persistentes miedos a la condenación eterna, lo que muchos historiadores daban por entendido. Febvre se atreve a traspasar los límites del idioma y de la nacionalidad. Lutero es presentado más como una personalidad religiosa sino una personalidad política, nos dice Leopoldo Cervantes Ortiz. (Lutero según Lucien Febvre: un destino reformador alemán según una mirada francesa).

En 1924 vio la luz un magnífico trabajo del joven Marc Bloch y que sería base fundacional de la historia de las mentalidades: Los reyes taumaturgos. Se trata de un estudio sobre el tacto real que curaba las escrófulas, influenciado por los antropólogos Lévi Bruhl y Marcel Mauss, el psicólogo social Charles Blondel y las ideas de Maurice Halbwachs sobre la estructura social de la memoria, publicado en 1925, que produjo profunda impresión en Bloch. Afirma Burke (1990, p.24) que “No parece fantástico sugerir que la idea de George Lefebvre del “gran temor de 1789” contenida en su famoso estudio debe algo al anterior estudio sobre los rumores compuesto por Marc Bloch.

 

 Sacar la historia de la rutina, abrir ir nuevas perspectivas, experiencias, métodos, derribar las barreras que separaban la historia de la antropología, sociología, lingüística, geografía. Su propósito era superar la historia centrada en los grandes personajes políticos, enfoque muy afín al positivismo decimonónico, y crear la historia de las mentalidades colectivas para superar la historia “historizante”, la que se basaba en unas aspiraciones de certeza absoluta que campeaban en las ciencias naturales y sociales del siglo XIX, un mundo conceptual que se estaba derrumbando apresuradamente entonces.

Annales, dice Iggers, (1998, p. 49) modifica el concepto de tiempo, que ya no es considerado un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Marx y Weber. Persiguen una historia cultural. Encarnan un sprit (espíritu) que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, pero que no es ninguna doctrina.

La Revista Annales, (Burke, 1990, p. 28) estuvo a punto de ser fundada poco después de terminada la Primera Guerra y se le ofreció Henry Pirenne dirigirla, quien no aceptó. En 1928 el joven Bloch retoma la idea, pero como una revista francesa. Pirenne volvió a declinar la idea de que asumiera la dirección.  De esta manera Febvre y Bloch se convierten en directores asociados.

Dice Burke, (1990 p. 28) que Annales d” histoire économique et sociale, como se llamó primero según el modelo de Annales de géographie de Vidal de la Blanche, fue planeada desde un principio para ser algo más que otra publicación histórica. Aspiraba a ser la guía intelectual de los campos de historia económica y de la historia social. La revista fue un verdadero vocero de las aspiraciones de los editores que abogaban por un nuevo enfoque interdisciplinario de la historia. El comité de redacción incluía no sólo historiadores de historia antigua y moderna sino también a un geógrafo (Albert Demangeon), a un sociólogo de la memoria ((Maurice Halbwachs), a un economista (Charles Rits), y a un especialista en ciencia política (André Siegfried, un exalumno de Paul Vidal de la Blanche)  

Burke nos dice que en el centro del grupo de Annales están Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie. Cerca del borde se encuentran Ernest Labrousse, Pierre Vilar, Maurice Alguhon, y Michel Vovelle, cuatro distinguidos historiadores cuyo compromiso con un enfoque marxista de la historia-particularmente fuerte en el caso de Pierre Vilar- los coloca fuera de su círculo interior. En el borde o más allá del borde, están Roland Mousnier y Michel Foucault. (Burke, 1990, p. 11)  

Los primeros colaboradores del primer número de la que iba a ser célebre revista, aparece en 15 de enero de 1929, son verdaderamente excepcionales: el medievalista belga Henry Pirenne (1862-1935), un intermediario importante entre la historiografía social alemana y la francesa, escribe sobre la instrucción de los mercaderes medievales; el historiador sueco Eli Heckscher, autor de un famoso estudio sobre el mercantilismo; y el estadounidense Earl Hamilton (1899-1989) , más conocido por su obra sobre el tesoro americano y la revolución de los precios producida en España, la primera gran inflación conocida en la historia.  

Febvre es autor de uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en este siglo XX: El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais (1942) Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Marc Bloch inspiran la historia de las mentalidades, perspectiva de análisis que hará eclosión en la década de 1960.

 Febvre, que era muy irritable, se molesta mucho al escuchar decir al historiador Abel Lefran que Francoise Rabelais, autor de Pantagruel y Gargantúa (1532) era un confeso ateo que quería con sus escritos socavar el cristianismo. Febvre responde que era una interpretación equivocada y anacrónica. La incredulidad era un pensamiento que no estaba al alcance de los hombres del siglo XVI, pues estos seres humanos no tenían las herramientas conceptuales ni científicas para negar la existencia de Dios. Era un siglo que quería creer.  

El libro es una gran lección de método, una lección de prudencia: “jamás tenemos convicciones absolutas cuando se trata de hechos históricos…El historiador no es el que sabe. Es el que investiga.”  También advierte sobre el mayor de los pecados, el más imperdonable que puede cometer un historiador: el anacronismo. El libro es, dice Iggers, (1998, p. 101) un ejemplo de cómo es posible aproximarse a los razonamientos de una época mediante el análisis de su lenguaje, el cual constituye su “herramienta mental” (outil mental).

Debemos penetrar, escribe Iggers, (1998, p. 56, 57) hasta las estructuras de pensamiento ocultas en el subconsciente colectivo. Esta corriente de investigación vio allanado su camino por la obra de Febvre publicada en 1942. Para responder, por ejemplo, a la pregunta de si Rabelais fue ateo o no, no son decisivas las ideas explicitas, sino el instrumental lingüístico con el que pensaban los hombres de la época. La prioridad de la lengua ya fue formulada en la obra de Ferdinand de Saussure, Fundamentos de lingüística general, publicada póstumamente en 1916.

La segunda guerra mundial distanció a Febvre y Bloch, pues Alemania nazi había invadido a Francia. Febvre quería seguir publicando Annales bajo la ocupación, a lo que se niega rotundamente Bloch, quien se alista en el ejército. Tras la derrota se une a la resistencia hasta que la Gestapo lo detiene y asesina en 1944. En esos terribles años escribe dos trabajos señeros: Extraña derrota, una relación de un testigo ocular del colapso francés, y cada vez más aislado y ansioso por las futuras perspectivas de su familia, de sus amigos y de su país, escribe un ensayo sobre el oficio del historiador, una introducción lúcida y moderada y sensata a ese tema -y continúa siendo la mejor contribución que tenemos- afirma Peter Burke, (1998, p. 33). La primera edición venezolana en 1986, con el título Apología de la historia o el oficio del historiador, se la debemos a la Fundación Buría, por feliz iniciativa de los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas.

Luego de la guerra Annales se institucionaliza. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución de la sexta sección de la École Practique des Hautes Études, institución dedicada exclusivamente a la investigación ya la formación de investigadores, que incorpora no sólo las ciencias sociales que habían sido importantes para los Annales en los primeros años, a saber, la economía, la sociología y la antropología, sino también la lingüística, la semiótica, las ciencias de la literatura y del arte y el psicoanálisis. (Iggers, 1998, p. 52)

Mientras antes de 1939 los miembros del circulo de Annales eran unos marginados, con la creación d esta nueva institución, la École des Hautes Études en Sciences Sociales, apoyada con fondos del consejo nacional francés de investigaciones científicas (CNRS), llegaron a ejercer una gran influencia en la investigación y en la asignación de plazas. (Iggers, ibíd.)

Annales, dice Burke (p. 37) había comenzado siendo la publicación de una secta herética.” Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en su conferencia inaugural Oportet haereses ese. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica de Francia. El heredero de este poder será Fernand Braudel, autor de la ciclópea obra de 600 mil palabras: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, publicada por primera vez en francés en 1949. La primera edición en castellano se la debemos al Fondo de Cultura Económica, México, 1953. La dedicatoria de Braudel dice así:

A Lucien Febvre,

siempre presente,

en prueba

de reconocimiento

y afecto filial.

 

En 1953 publica Febvre uno de sus últimos trabajos: Combates por la historia. Allí nos habla de un examen de conciencia de una historia y de un historiador. La historia no debe limitarse a estudiar el pasado, sino que tiene como objetivo comprender el presente y proyectarse hacia el futuro.

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Carora,

 Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

24 de febrero de 2026.

 

 

 

 

 

 

   


sábado, 7 de febrero de 2026

Fray Carlos Dovosick Pasco

 

 

Fray Carlos Dovosik Pascko:

Encuentro con lo Absoluto en La Otra Banda semiárida caroreña venezolana.

 

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

 

En medio de la infinita humildad de los habitantes mestizos del semiárido occidental larense venezolano, este fraile nativo de la atribulada nación croata se encuentra con lo Absoluto, un sentido trascendental y de significado del que carece, o ve en trance de morir Europa en los terribles años de la Segunda Guerra Mundial. La cultura de occidente parece desplomarse ante el que parece un indetenible avance del totalitarismo nazi fascista en el viejo continente. Una mitología racial supremacista que quiere acabar con las certezas que ha creado la cultura por milenios. Un vacío moral y emocional que no tenía precedentes en la humana historia. Croacia en aquellos terribles años se convierte en un estado autoritario, una marioneta al servicio de Adolfo Hitler.

 

Croacia es un país de conformación étnica eslava, pero de creencias mayoritariamente católicas. En esa condición le acompañan Polonia, Eslovenia, República Checa, Eslovaquia. El 87 % de la población de Croacia se declara seguidor del Papa de Roma. La iglesia ortodoxa griega cuenta allí con un 1,5 % de la población, y otro tanto los seguidores de Alá y su profeta Mahoma.

 

 Carlos Dovosik Pasco, que había nacido el 9 de enero de 1923 en la comarca de Verazdin, Croacia, frontera norte con Eslovenia y Hungría, decide salir al encuentro con el lugar de la Utopía en 1947: la Tierra de Gracia de Venezuela, luego de una breve pasantía por la Italia de Mussolini. Había estudiado filosofía y teología en Zagreb, capital croata, donde profundiza en el conocimiento de la humildad franciscana. Su lema y por el cual fue reconocido era “Dios salva”.  Se interna a nuestro país tropical y amable por la localidad de Araira, estado Miranda, Biscucuy en el estado Portuguesa, donde medio aprende la lengua de Cervantes. Como Humboldt dos siglos atrás, queda prendado definitivamente del trópico.

 

Los franciscanos habían establecido conventos en la Provincia de Venezuela, en El Tocuyo, Barquisimeto y Carora en tiempos coloniales, valiosas cátedras de latín, canto gregoriano, animaron el culto mariano a La Divina Pastora en el pueblo de indios de Santa Rosa del Cerrito, cercano a Barquisimeto, y la devoción a la virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue, otro poblado indígena cercano a la ciudad de blancos de Carora.  Fue el fraile Ildefonso Aguinagalde, “Papa Poncho”, protagonista de la “Maldición del fraile” en Carora en 1859, maldijo desde su posición de liberal a los godos conservadores “hasta la quinta generación.”. Es uno de nuestros imaginarios colectivos más potentes.

 

Es el obispo margariteño Críspulo Benítez Fonturvel quien recibe al joven y rubio fraile europeo en la Diócesis de Barquisimeto en 1949, y lo envía a la parroquia de La Pastora, en la ciudad del semiárido de Carora. Allí estuvo hasta 1951, año cuando asume la inmensa parroquia Montesdeoca, que comprendía los caseríos de Morroco, Palmarito, Quebrada Arriba, Altagracia y Pedernales. En esa inmensa geografía colindante con el Estado Zulia, se dio a conocer con su Toyota todo terreno color marrón, luenga barba blanca, y el hábito franciscano del mismo color, con un blanco cordel de tres nudos a la cintura, que nunca se quitaba. Igual admiración por el croata sentía el obispo de Barquisimeto Tulio Manuel Chirivella.

 

Con esa noble, poderosa máquina japonesa, visitaba enfermos, daba comuniones, responsos, y oficiaba misas en una lengua castellana con fonéticas y gramáticas croatas y eslavas de las cuales nunca logra desprenderse totalmente. Con su infaltable acordeón, me dice el profesor Alirio Martín Álvarez, acompañado de fogosos y ardientes tragos de agave cocuy, canta las canciones mexicanas de Pedro Infante y Javier Solís, las emblemáticas piezas musicales La cama de piedra y Payaso. El fraile Carlos era en ese sentido un auténtico cantor popular, un intermediario cultural, según Michel Vovelle, que se incrusta a los gustos melódicos de la gente del común.

 

 Cual un Quijote de La Mancha de las regiones equinocciales, tenía su espaldero y criado en la persona de Mamerto Mendoza, “el come papas”, quien le cargaba su acordeón, ayudaba en las misas y degustaban juntos la maravillosa bebida del semiárido extraída del agave cocuy trelease, mientras abordaban en el potente todoterreno las secas y espinosas sabanas de La Otra Banda caroreña.

 

 Era tal su confianza y certidumbre en Dios que se arrojaba temerariamente en aquella máquina de doble trasmisión a las enfurecidas aguas de las quebradas al grito de “Dios salva”, lo cual le permitía llegar a sus compromisos religiosos tras superar esas peligrosas aguas torrenciales que bien pudieron arrastrarlo mortalmente.

 

 En la anchísima y pedregosa Quebrada del Oro ocurrió, nos dice Eloy Armao, que luego de intenso aguacero arrastraba un caudal de agua marrón, remolinos, piedras y troncos. En una vieja camioneta y acompañado de unas damas, Carmen Rivero y doña Cristobalina, la cajuela full de hombres, se arroja el religioso croata al rugiente caudal quebradil al grito “Dios salva.” Pisa a fondo el acelerador y se abalanza a la quebrada sin oír las advertencias de sus asustados compañeros, quienes logran ponerse a salvo cuando el poderoso torrente de agua arrastró la camioneta, dejando milagrosamente al religioso y acompañantes en la orilla de la quebrada. La vieja camioneta desapareció de la vista de los aterrorizados paisanos del vasto erial caroreño.

 

La señora Carmen La Huerta lo ayudaba con la catequesis y alimentación de los niños en una casa contigua a la iglesia parroquial, la Ciudad de los Muchachos. Esta dama sufría de una suerte de ciclofrenia en tiempos de Luna. Cierta vez ella montó en una carretilla a varios chamos e intentó arrojarlos a la quebrada crecida contigua al poblado de San Francisco, irracional acción que evita el fraile Carlos al último momento con gritos desesperados.

 

Era su modo de vivir el Evangelio muy particular, en sus homilías se refería fray Carlos a las lluvias, la vegetación y a las cosechas, cantaba y bailaba con sus feligreses que lo adoraban. Era su muy genuina manera de interpretar a San Francisco de Asís, fundador de la orden de los franciscanos en el siglo XIII, de quien dice la tradición tenía gran cariño e inclinación por la música. Su hábito de franciscano mostraba su apego a la tierra reseca, pues los múltiples cadillos amarillentos adheridos hacían contraste con el hondo marrón de su infaltable indumentaria religiosa.  

 

El solar de su iglesia parroquial deja de ser un paraje estéril y yermo. Gracias a sus fuertes manos de agricultor sembró nuestro fraile europeo hortalizas, árboles frutales y flores, lo cual fue un maravilloso momento en aquellas soleadas tierras de La Otra Banda caroreña.  Yo mismo, en compañía de Gerardo Pérez González, vi ese prodigioso experimento agricultor en el vientre del secano larense, por allá en los años 80. Recibimos de regalo de sus nerviosas manos y penetrante y azulada mirada, cebolla en rama, recuerdo.  

 

 Los niños lo seguían encantados, cual Flautista de Hamelín, pues siempre cargaba en sus alforjas caramelos y chucherías para obsequiar a los infantes, simple pero poderoso gesto simbólico, nos dice Eloy Armao. Al visitar el caserío de La Candelaria, lugar del nacimiento del guitarrista universal Alirio Díaz, los niños lo iban a recibir a la entrada del pueblo. Traía limones, cerezos y parchitas de su parcela, y caramelos, me dice la educadora Judith Verde, quien recuerda su infaltable y emblemático pañuelo con cuatro nudos en su anciana calvicie, sus intensos ojos azules “como metras”, su porte de santo que agregaba gran intensidad emotiva a sus visitas.

 

Judith Verde, colega educadora, nos dice que fray Carlos nunca superó sus problemas con la lengua castellana. En cierta ocasión en La Candelaria, durante las fiestas patronales en julio, quiso decir “El que cree en Dios no morirá para siempre”. Al notar que no podía decir idea tan metafísica y compleja en castellano, de inmediato expresó: “Al resucitar todos vendrán en un camión más grande que Carora.”, ocurrencia con la cual ocasiona gran hilaridad en la capilla candelarense.

 

Acompañaba las procesiones con el acordeón en sus manos, bailaba al son de la música al tiempo que su hábito de franciscano y cordón de San Francisco se movían rítmicamente de derecha a izquierda. Después de los opíparos almuerzos consistentes en mondongo de chivo e incandescentes arepas cocinadas en fogones de leña, se echaba a descansar plácidamente en una hamaca que le colgaban los vecinos en la sacristía. A eso de las 4 o 5 de la tarde volvía a San Pancho conduciendo su Toyota techo duro dejando una estela de polvo amarillento.

 

   

Una extraña e insólita huelga acontece en San Pancho hace unas décadas atrás. Sucedió que la Diócesis de Carora intentó trasladar al rubicundo fraile croata a otra localidad del extenso Municipio Torres, al pueblo colonial de Río Tocuyo, lo que ocasiona que las gentes se negaron a jopear sus chivos, las mujeres a encender los fogones y enviar a sus niños a la escuela. Tres días dura aquel curioso paro laboral hasta que el obispo Eduardo Herrera Riera da marcha atrás al traslado del fraile Dovosick Pascko. Su paisano croata Félix Fierik, desde la vecina Quebrada Arriba, lo acompaña en esta legitima protesta.

 

Sintiéndose muy avanzado de edad vuelve fray Carlos a la parroquia Montesdeoca, su adoptivo terruño entrañable que lo asume como uno de los suyos durante varias décadas. La familia Armao Mosquera en el sector sanfranciscano de El Cerro le dieron hospitalidad, cariños y cuidados en su ancianidad, hasta que fallece cristiana y sosegadamente el 6 de enero de 2013. Tenía 90 años de edad cuando pide ser sepultado en las resecas y áridas tierras otrabandinas.

 

Este memorable y popular personaje, que vive a mitad de camino entre realidad y ficción, nos confesó en una oportunidad que su auténtico, genuino encuentro con el Creador había sucedido en los inmensos y desolados playones de La Otra Banda caroreña, alumbrado apenas con las titilantes luces de las estrellas madrugadoras, las tímidas luciérnagas y el lejano canto de gallos y guacharacas. Lo que el Seminario de Zagreb, allá en su nativa y lejana Croacia, le proporciona de manera formal y académica, lo encontrará de manera palpitante y viva fray Carlos en su encuentro con lo Absoluto en las soledades secas y calenturientas del semiárido occidental larense venezolano.  

 

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El presente trabajo sobre fray Carlos Dovosick Pascko (Verazdin,1923- El Cerrón, 2013) se ha nutrido de los aportes de la maestra normalista Judith Verde, vecina de La Candelaria, el profesor Alirio Martín Álvarez Díaz, sobrino del maestro Alirio Díaz, el señor Eloy Armao, vecino del sector El Cerro de San Francisco, el profesor Edecio Riera, natural de San Francisco, la señora Raquel Lameda y su padre Ramón Lameda, habitantes de Campo Alegre, el reverendo padre Juan Bautista Briceño, su cordial amigo, la señora Emérita Madrid, quien con mi padre Expedito Cortés, realizaron el Festival Folclórico de San Francisco  durante muchos años, a los sabios Yi Fu Tuam y Pedro Cunill Grau, creadores de la geografía de la sensibilidad y la emoción, y, finalmente,  al fascinante libro de George Steiner Nostalgia de lo Absoluto (2011) que me da la maravillosa idea de escribir sobre el franciscano europeo de ojos azules que se imbrica a nuestra amarillenta tierra hasta el final de los tiempos.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 viernes 6 de enero de 2026.

 

 

 

 

 

 

   .


martes, 27 de enero de 2026

Perfección de las matemáticas

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Perfección de las matemáticas.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

En una de las clases de Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, en el Pedagógico de Barquisimeto, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, un inteligente y preparado profesor de matemáticas, egresado de esa misma institución formadora de docentes del Estado Lara, República Bolivariana de Venezuela, y del cual desgraciadamente olvidé su nombre, hizo una afirmación que me dejó sorprendido. Mirándome a los ojos de manera penetrante me dijo: “profesor, las matemáticas son perfectas.”  No quise entrar en discusión con ese docente, pues creí que aquel no era precisamente escenario adecuado para tal disputa, pues la asignatura a mi cargo es la de Manifestaciones religiosas, un discurso muy distante, casi opuesto al de los cálculos, algebras y geometrías.

Pensé decirle por instantes al profesor, mi apreciado discípulo, que Kurt Godel (1906-1978), uno de los lógicos más importantes de todos los tiempos, a la altura de Frege y Russell, habría desmentido esa afirmación tan categórica suya, pues este matemático austriaco demostró entre 1929 y 1931, durante la Gran Depresión del capitalismo y la caída de Wall Street, que   existen enunciados que no se pueden probar ni refutar. Se trata de los dos Teoremas de la Incompletud que elaboró este brillante matemático, que fue amigo de Albert Einstein en Pricenton, Estados Unidos. Los Teoremas de Incompletitud de Gödel son uno de los grandes avances de la lógica matemática, y supusieron —según la mayoría de la comunidad matemática— una respuesta negativa al segundo problema de Hilbert. Los teoremas implican que los sistemas axiomáticos de primer orden tienen severas limitaciones para fundamentar las matemáticas, y supusieron un duro golpe para el llamado programa de Hilbert para la fundamentación de las matemáticas. Por otra parte, durante algún tiempo ni Hilbert, quien fallece en 1943, ni otros de sus colaboradores fueron conscientes de la importancia del trabajo de Gödel para su programa.

David Hilbert, en la cúspide de su prestigio, dejó para la posteridad en el año 1900 unos 23 problemas abiertos y no resueltos que han repercutido de manera crucial en el desarrollo de las matemáticas en los decenios siguientes. Años atrás, en 1888, Hilbert realizó un trabajo llamado Teorema de la Existencia, el cual fue rechazado por los expertos, uno de los cuales, un tal Gordan, afirmó “Esto es teología, ¡no matemática!” Más adelante, cuando la utilidad del método de Hilbert había sido reconocida universalmente, el propio Gordan diría: «He de admitir que incluso la teología tiene sus méritos».

Bueno, los 23 problemas no resueltos de Hilbert fueron tomadas como formulaciones canónicas en el Segundo Congreso Internacional de Matemáticos celebrado en París en 1900. Hilbert quería que la matemática fuese formulada sobre unas bases sólidas y completamente lógicas. Los axiomas de la aritmética son compatibles, concluía. Rechazaba el ignorabimus, esto es, de que hay un límite en el entendimiento humano de la Naturaleza, una expresión del eminente fisiólogo Emil du Bois-Reymond (1818-1896).

Todo sucumbió en un estrepitoso e inesperado fracaso. Hizo su aparición Godel, quien demostró, cuando apenas tenía ¡23 años de edad!, que no se podía demostrar la completitud de ningún sistema formal no contradictorio que fuera suficientemente amplio para incluir al menos la aritmética, solo mediante sus propios axiomas. En 1931 su teorema de la incompletitud mostró que el ambicioso plan de Hilbert era imposible tal como se planteaba. El segundo requisito no podía combinarse con el primero de forma razonable, mientras el sistema axiomático sea genuinamente finito.

            La necesidad de entender el trabajo de Gödel llevó entonces al desarrollo de la teoría de la computabilidad y después de la lógica matemática como disciplina autónoma en la década de 1930–1940. De este 'debate' nació directamente la base para la informática teórica del estadounidense Alonzo Church, creador de la base de la computación lógica, y del británico Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y a quien se le debe la decodificación del código secreto de los nazis, la máquina Enigma, durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual fue decisivo para el triunfo aliado sobre la bestia parda nazi fascista.

Otros genios de la física y la matemática también fueron impactados por las asombrosas afirmaciones de Godel: el matemático húngaro-estadounidense John Von Neumann, creador de la Teoría de los Juegos, uno de los padres de la bomba atómica, el físico y filósofo germano Werner Heisenberg, creador del asombroso Principio de Incertidumbre. Este paradójico principio afirma que no podemos medir exactamente la posición y la velocidad de una partícula en el mismo instante. Las consecuencias científicas y filosóficas de tal Principio nos sorprenden aun en la actualidad. Con este avance científico queda definitivamente enterrado el determinismo científico positivista del siglo XIX, al tiempo que se establece que el observador modifica y cambia la realidad que estudia, y lo que es más desconcertante aún: la realidad objetiva quedó evaporada, como el mismo Heisenberg sentenció.  

            Irónicamente, el día antes de que Hilbert pronunciase la frase “Debemos saber, sabremos” y que es el epitafio de su tumba, Kurt Gödel presentaba su tesis, que contenía el famoso teorema de incompletitud: hay cosas que sabemos que son ciertas, pero que no podemos probar. Además, y como si fuera poco, Godel crea la Lógica intuicionista, la que elimina el principio del tercero excluido. Hilbert declara al enterarse de tal portento: "Quitar el Principio del tercero excluido a un matemático, sería lo mismo que quitar un telescopio a un astrónomo o los guantes a un boxeador. Prohibir la existencia a enunciados y el principio de exclusión es equivalente a renunciar a toda la ciencia de las matemáticas."

Como Einstein y muchos otros genios europeos, Godel del huyó de Alemania con el ascenso de los nazis al poder en 1933. De joven se interesa en la curiosa teoría de los colores de Goethe, la filosofía crítica de Kant, y las teorías de Newton. Asistió a las reuniones del Círculo de Viena, que fue desmantelado por Hitler por estar constituido por judíos. En Estados Unidos siguió con sus trabajos sobre el axioma de elección y a la hipótesis del continuo, cree la posibilidad de los viajes en el tiempo con su teoría de los “universos rotatorios” que asombró al mismísimo Einstein, propuso una Demostración Ontológica de la Existencia de Dios, contrae matrimonio en 1938 con Adele, una bailarina divorciada y mayor que él, lo cual fue reprobado por sus padres, comenzó a sufrir severas depresiones.

En sus últimos años, Gödel sufrió de períodos de inestabilidad y enfermedad mental. Tenía temores obsesivos a ser envenenado, y no comía a menos que su esposa Adele preparara su comida. A finales de 1977, Adele fue hospitalizada durante seis meses y no pudo continuar preparándole la comida. En su ausencia, Gödel rehusó comer, hasta el punto de dejarse morir de hambre. En el momento de su muerte pesaba unos 30 kilogramos. El certificado de defunción en el Hospital de Princeton, el 14 de enero de 1978, dice que murió de «desnutrición e inanición causadas por perturbaciones en la personalidad». De esta manera tan terrible como dramática falleció “el descubridor de la verdad matemática más significativa del siglo», tal como lo calificó la ilustre Universidad de Harvard.

 

Carora,

República Bolivariana de Venezuela,

10 de abril de 2025.


Pequeña teología de la lentitud.

 

Pílulas Litúrgicas: Fotos da Ordenação Episcopal de Dom José Tolentino ...

 

Pequeña teología de la lentitud.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

Ahora que ha fallecido el progresista papa Francisco, resuena vivamente por su talento literario, carisma, origen geográfico, juventud, el cardenal José Tolentino de Mendonça, de apenas 59 años de edad, para suceder al papa de los sin voz y los excluidos que recién nos abandona físicamente. Nace en las Islas Azores en1965, conoce de la vida terrible de las excolonias portuguesas en Angola, la guerra anticolonial, se le reconoce como una de las voces más originales de la literatura moderna en lengua portuguesa y que como crítico literario es un profundo conocedor de la poesía del genio inmortal de Fernando Pessoa, Blaise Pascal y de la ucraniana y judía brasileña Clarice Lispector. Es un eminente intelectual católico cercano a las ideas del pontífice argentino recién ido.

En 1990 publica su primer libro de poemas Os días contados, un éxito en el mundo de habla portuguesa. Doctor en Teología Bíblica en 2004, ha establecido las relaciones entre la cultura y el cristianismo bajo un enfoque novedoso: Religión y razón pública. Sus fuertes vínculos con Brasil y Latinoamérica y sus universidades lo hacen favorito papable. El conservador Benedicto XVI lo designa consultor del Pontificio Consejo de la Cultura, creado en 1982 por el papa polaco Karol Wojtyla.  El Consejo promueve el encuentro entre el mensaje salvífico del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por la no creencia y la indiferencia religiosa, a fin de que se abran cada vez más a la fe cristiana, creadora de cultura y fuente inspiradora de ciencias, letras y artes (Carta apostólica, Inde a Pontificatus, art. 1.) Un diálogo entre fe y cultura, Evangelio y cultura. Ha apoyado Tolentino el Festival Internacional de Cine Católico, celebrado en Roma en 2010 y ha sido merecedor de varios doctorados honoris causa.

Este Consejo se coloca a años luz de distancia del retrógrado Índice de Libros Prohibidos, con el cual la Iglesia Católica condena desde el siglo XVI la lectura de las obras maestras de la literatura y la filosofía de autores como Erasmo, Zola, Sartre, Descartes y Kant, entre otros.  Es muy seguro que Tolentino ha leído la extraordinaria novela Madame Bovary de Gustave Flaubert, un escándalo en su tiempo ya ido. “Los escritores son a menudo guías espirituales”, dice a menudo el cardenal Tolentino, quien ha organizado el Pabellón Vaticano para la Bienal de Venecia en 2024.

Pequeña Teología de la Lentitud.

En esta singular reflexión sobre el vórtice temporal de la modernidad dice: “Pasamos por las cosas sin habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información en la que no llegaremos a profundizar. Todo transcurre a un galope ruidoso, vehemente y efímero. La velocidad a la que vivimos nos impide vivir. Precisamos de una lentitud que nos proteja de las precipitaciones mecánicas, de los gestos ciegamente compulsivos, de las palabras repetidas y banales. Necesitamos reaprender el aquí y ahora de la presencia, necesitamos reaprender lo entero, lo intacto, lo concentrado, lo atento y lo uno.”

El purpurado José Tolentino nos invita a explorar la lentitud, el agradecimiento, el perdón, la espera, el arte de cuidar y habitar, la perseverancia, la compasión, la alegría, el deseo y el arte de no saber. El autor expresa su anhelo con respecto al futuro de la humanidad: que habitemos, contemplemos y nos asombremos de cada uno de nuestros actos.

Pareciera que nuestro cardenal portugués se inspirara en las lecturas de Zygmunt Bauman, autor de la renombrada Modernidad Líquida, donde nos advierte este sociólogo polaco de la naturaleza cambiante e inestable de la vida moderna. Incertidumbre, fugacidad y falta de estabilidad a la que opone Tolentino la calma y la tranquilidad que fue su refugio en la remota y apacible isla de las Azores madeirenses de su niñez. Se le considera como "un hombre que ama los libros, las librerías y las bibliotecas", un biblista y un "ensayista, teólogo o místico". "El cardenal nos recuerda que las lágrimas son una forma de rezar, y al mismo tiempo nos regala su sonrisa", 

Dice José Tolentino de Mendonça, que “Vivimos en un tiempo que no solo es un tiempo con muchos cambios, sino que es un cambio de tiempo y un cambio de época. Mi palabra a las nuevas generaciones es una palabra de esperanza. Esto es como un parto, un nuevo mundo está naciendo".  Y sobre su vocación de poeta y escritor afirma "La poesía es el lenguaje de Dios, porque Dios nos habla indirectamente, y la poesía y la literatura también nos hablan indirectamente con metáforas, parábolas y símbolos", contestó el cardenal. 

            "Este mes, el Papa Francisco escribió una carta muy hermosa, en la que habla de la importancia de la literatura en su formación y en la formación de todas las personas, y cita a (Jorge Luis) Borges. La literatura es una escuela de escucha, para la mirada, para nuestra sensibilidad porque nos abre a muchos otros mundos. Cuando leemos, el horizonte de nuestro mundo se alarga", rememoró José Tolentino de Mendonça ocasión en la que afirmó: "Las dos vocaciones, la poética y la sacerdotal, al final son la misma".

En una conferencia en Argentina dijo "La responsabilidad por la palabra es una cosa que está muy presenta en el cristianismo. Un día me preguntaron cuál fue la más grande invención humana, yo respondí: la palabra. Nosotros inventamos las palabras para pasar información. Otra teoría dice que las inventamos para orientarnos a nosotros mismos. Una lingüista americana defiende que las inventamos cuando éramos niños, y que las palabras en ese momento eran sonidos". Al respecto, afirmó que adhiere a esta última teoría: "La palabra es la garantía de que no estamos solos". 

Sobre la labor de los periodistas ha dicho que "Los comunicadores tienen un papel fundamental, ustedes están comprometidos a contar la verdad y la realidad en un tiempo de fake news y posverdad. Como tenemos hambre de pan, tenemos hambre de historias", dijo, y señaló que el rol del periodismo es clave "para retirar del anonimato las vidas de los pobres, darles dignidad, contar sus historias".

"Es importante reconocer el papel de los profesores, su papel social, su dignidad, su gran contribución al desarrollo de nuestras humanidades", aseveró de Mendonça, quien enfatizó que las facultades de teología "son el corazón de la universidad, deben estar en las universidades y ayudar a las otras ciencias. La teología es una lente, nos da tanto conocimiento de la ciencia y de la vida".  "En una universidad pontificia, agrega, la presencia de la Teología es verdaderamente esencial, está en el corazón de la universidad, y gracia a Dios esto acontece en la Universidad Católica Argentina, UCA". 

En México dijo el papable portugués "Vivimos en un entorno fragmentado propio de una cultura posmoderna; una auténtica crisis antropológica, en la que se privilegian de manera unilateral perspectivas económicas, políticas o científicas sin mirar con amplitud la naturaleza humana, su dignidad, su trascendencia, entre otros factores [...] no podemos ignorar la crisis antropológica, cultural y ética que define el actual cambio de época. Nos encontramos en un momento histórico donde los valores fundamentales del ser humano se ven desdibujados y debilitados por una cultura de la autorreferencialidad y el relativismo”.

Estamos entonces en la magnífica presencia de un hombre de la Iglesia que nos recuerda por analogía al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal y al brasileño Leonardo Boff, quienes han establecido un fecundo e inaplazable diálogo entre ciencia y fe. Ojalá, Dios mediante, se convierta José Tolentino en el 267 papa de la Iglesia Católica, una venerable institución necesitada de montarse sin complejos y con audacia en la ola de la posmodernidad, tras siglos de inútil y estéril conservadurismo.

 

 

 

 


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