jueves, 6 de octubre de 2022

La cultura del Japón y el hikikomori


Japón es un país lejano, insular y exótico que ha llamado mi atención obcecada y persistentemente desde la niñez. El imperdonable ataque nuclear ordenado por el presidente estadounidense Harry Truman a las indefensas ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945, así como el suicidio del poeta Yukio Mishima en 1970, fueron terribles acontecimientos que produjeron largas y fatigosas cavilaciones juveniles mías. Los rutilantes Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, a mis doce años de edad, me dijeron que ese país existía. Hogaño es Japón una realidad cultural de alcance planetario que nadie puede poner en duda, y de donde proceden los más asombrosos fenómenos sociales y culturales.  

 Hace algunos años le dediqué al célebre escritor Kenji Nakagami (1946-1992) un artículo subtitulado Ese otro Japón (2016) La represión que domina la vida en Japón la llama este literato nipón la “barrera invisible”, forjada por siglos de aprendizaje nacional que ha encerrado a cada japonés en un código represivo que les indica lo que debe hacerse y lo que no: El emperador es, se atreve a decir Nakagami, el símbolo de la esclavización. Las elites, dice este afamado novelista, desconfían de todo lo que venga del pueblo llano japonés. Prefieren inspirarse en el extranjero: Japón siempre ha importado. Es el caso del budismo que viene de China y Corea, la ciencia y la técnica de Estados Unidos, el Código Civil de Francia, el orden militar de Alemania. Y lo que es peor, Japón solo exporta a Occidente objetos, no contenido.

 Pero ha sido la reciente lectura del libro Belleza neurótica. Un extranjero observa Japón, (2015) del estadounidense e historiador de la cultura Morris Berman, residente en Cuernavaca, México, quien ha destapado de nuevo ese mi interés personal por el archipiélago nipón y su magnífica y milenaria cultura. Hablaremos de este interesante libro que podemos leer en internet en el presente ensayo.

Japón no es una cultura tan original como suele pensarse, pues es hija de la milenaria cultura china, así como la cultura nuestra es hija de la de España. Su escritura deriva de los caracteres continentales chinos. Practican el budismo, una religión nacida muy lejos de allí, en la India, así como el confucianismo chino. Una gigantesca tormenta salva a Japón de una masiva invasión continental mongola de Kublai Khan en 1274 que lo hubiera hecho cambiar radicalmente, sin duda. Permaneció el archipiélago cerrado al mundo por muchas centurias, hasta que a punta de cañonazos estadounidenses se incorpora a la cultura de Occidente en 1854. Comienza de tal manera una discordia radical entre tradición-modernidad que sufren hasta la actualidad los nipones.

Se moderniza violentamente Japón y asume la ciencia occidental en pocas décadas, un proceso que costó a Europa varios siglos. Ha llegado a ser lo que es, una gran potencia, gracias a su traumático vínculo con los Estados Unidos. La modernidad ha asumido extremos en Japón, dice Morris Berman, que Occidente jamás ha soñado: El culto a la tecnología, la patología consumista, la adicción al trabajo y el dinero, el ahorro y el hedonismo, encuentran en ese excepcional país de Oriente, su cénit. Pero no todo en Japón es así́. De hecho, aún en los restaurantes modernos, en las fábricas y en los gadgets, encontramos rasgos del Japón milenario: el cultivo de la paciencia, la disciplina, la noción de que el espíritu vale más que la materia y el grupo más que el individuo.

 En Belleza neurótica, Morris Berman (1945) estudia con minucia y admirable erudición la fascinante cultura japonesa, para comprender su lugar en el mundo actual, y como espejo en el que la propia cultura occidental ve reflejados sus más profundos miedos y obsesiones. A partir de una nueva interpretación de eventos cruciales como la bomba atómica detonada en Hiroshima y Nagasaki, así como anclado en un erudito repaso a la literatura de y sobre Japón, Berman recorre un amplio espectro que abarca la historia sociopolítica japonesa, su complicada psique, al igual que fenómenos culturales como los adolescentes que se encierran en sus habitaciones a lo largo de una década, el famoso fenómeno hikikomori. El resultado es una original mirada sobre una de las más emblemáticas culturas milenarias, que conduce a Berman a las primeras alternativas para las sociedades poscapitalistas que probablemente emergerán en los siglos venideros.

Los hikikomori.

Son muy variados los fenómenos refinados de la cultura japonesa: el suicidio y el jisei no ku o poema de despedida del suicida, el teatro noh, el ikebana o arreglo floral, los monólogos humorísticos rakugo, el origami o plegado de papel, el teatro kabuki, las marionetas bunraku, el laqueado japonés, los baños termales onsen, las damas de entretenimiento o geishas, los grabados ukiyo-e (que influyeron en el posimpresionismo europeo), el movimiento metabolista en arquitectura, la novela de Genji, las Sendas de Oku, que tanto admiró Octavio Paz. Pero nos referiremos esta vez a un curioso fenómeno socio cultural nuevo que destaca Morris Berman: los hikikomori.

            Los hikikomori, llamados los ermitaños del siglo XXI, fenómeno que comenzó en Japón desde los años 1990 y que se ha extendido más de lo que podríamos pensar, pues numerosos casos se han registrado en Asia continental, Corea del Sur, Hong Kong, Europa occidental, España, Alemania, Italia, Estados Unidos y ¡Venezuela! Se trata de jóvenes, en su mayoría varones, que se encierran en sus habitaciones por largos periodos de tiempo, abandonan la vida social, una como fobia social, y se refugian en los videojuegos e internet. Normalmente, dice Wikipedia, no tienen ningún amigo, y en su mayoría duermen a lo largo del día, y ven la televisión, navegan por internet o juegan videojuegos durante la noche. Todo esto hace de ellos un caso extremo de solteros parásitos (expresión japonesa para nombrar a aquellos que viven de las sopas instantáneas, viviendo en casa de sus padres para disfrutar de mayor comodidad).

El término hikikomori se refiere, dice la BBC de Londres, tanto a la condición como a quienes la padecen y fue acuñado por el psicólogo japonés Tamaki Saito en su libro Aislamiento social: una interminable adolescencia. (1998).  Las rígidas normas sociales, las altas expectativas de los padres y la cultura de la vergüenza hacen que la sociedad japonesa sea un caldo de cultivo de sentimientos de incompetencia y el deseo de que uno quiera esconderse del mundo", dice el psiquiatra Takahiro Kato. Intentar cumplir con las expectativas de la sociedad japonesa también se ha vuelto más difícil. Los exámenes de admisión en las universidades públicas son un verdadero infierno. El estancamiento económico desde 1990 y la globalización están haciendo que las tradiciones colectivistas y jerárquicas de Japón entren en conflicto con la visión más individualista y competitiva de Occidente, dice Kato.

Pero lo sorprendente es que el hikikomori está asociado al síndrome psiquiátrico taijin kyōfushō, endémico de Japón, un trastorno de ansiedad y fobia social muy marcado en el archipiélago nipón. Podría ser, opino yo, que el novedoso hikikomori no sea más que una prolongación en tiempos de globalización capitalista y de internet del ancestral Taijin kyōfushō. Existe desde principios del siglo pasado la Terapia Morita para combatirlo. En la actualidad, la ciencia de los medicamentos se emplea para tratar con algún éxito este mal. El milnaciprán, un inhibidor de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN), actualmente se utiliza en el tratamiento del taijin kyōfushō y ha demostrado ser eficaz también para el trastorno de ansiedad social.

De tal manera comprendo la reflexión del estadounidense e historiador de la cultura Morris Berman, cuando afirma que Japón es como espejo en el que la propia cultura occidental ve reflejados sus más profundos miedos y obsesiones. El suicidio y la fobia social son dos de ellos.

 

 

 

jueves, 29 de septiembre de 2022

Biblioteca Salvat de Grandes Temas


Sucedió mientras estudiábamos con fervor en la ilustre Universidad de Los Andes de Mérida, Venezuela, cuando llegan a nuestras ávidas manos juveniles los primeros ejemplares de una magnífica y bien lograda colección, salida del libertario genio del inteligente y milenario pueblo catalán: Libros GT: La problemática del hombre actual en un conjunto, estructurado y coherente, tal como era su enunciativo subtítulo e intención. Una maravilla editorial semejante a la que apareció una década después y de mano de la misma gente: Biblioteca Científica Salvat, cuando laborábamos en el Liceo Egidio Montesinos de la ciudad de Carora.

Fue GT una idea extraordinaria en la cual se examinaban los temas más diversos y variados de las ciencias naturales y de las humanidades, en un lenguaje para la divulgación, pero que ello no suponía que los temas y problemas se simplificaran o sufrieran banalización. Desde los átomos a las utopías, el psicoanálisis y el mundo vegetal, el sistema solar y el origen del hombre, el teatro y la explosión demográfica, viajes espaciales y cine, las matemáticas y la protesta juvenil, todo el conocimiento humano parecía caber allí en 100 títulos aparecidos que deslumbrarían al mismo sabio barroco Atanasio Kircher, bellamente ilustrados y presentados.

Su éxito fue inmediato entre docentes, estudiantes, personal administrativo ¡y obrero! de la Facultad de Humanidades y Educación en la ciudad de Mérida. Los profesores Dr. Juan Astorga y Ernesto Pérez Baptista hicieron elogiosos y refrescantes comentarios de Grandes Temas en las aulas de aquella Facultad que parecía secuestrada por el simplismo mecanicista del marxismo soviético o del libro Los conceptos fundamentales del materialismo histórico.

Era GT una nueva óptica que venía -¡oh paradoja!- de un país que vivía los últimos momentos de la larga dictadura del franquismo, en tanto que nosotros, en un país democrático, éramos incapaces de asumir ideas planteamientos tan audaces y renovadores. Pero aquello cambió, necesario es decirlo, cuando al año siguiente,1974, nacería un concepto editorial venezolano inmenso y ambicioso:  Biblioteca Ayacucho, de la mano de Ángel Rama y José Ramón Medina.

Grandes Temas aparecía quincenalmente en hermosa y cuidada presentación de tapa dura y 15,5 X 29,5 centímetros. En su país de origen, España franquista, se la califica de antienciclopedia pop en tiempos de transición, pues eran los años de la gran rebelión juvenil y se asomaba la culminación de la larga dictadura peninsular.

Sus promotores eran gente de pensamiento de izquierda y asumían la realidad de la Patria Catalana, un viejo anhelo, según sostiene el hispanista francés Pierre Vilar. Participaron autores –muchos aún en la veintena de años– como el filósofo Eugenio Trías, el novelista Manuel Vázquez Montalbán, el historiador Josep Fontana, el escritor y político Francesc Vicens, el médico obstetra Santiago Dexeus, el político Raimon Obiols, el dramaturgo Alberto Miralles, el filósofo José María Carandell, el físico Amadeo Montoto o la crítica de teatro María José Ragué, entre otros.

En su consejo de redacción figuraban dos paisanos: el sabio profesor germano venezolano Ignacio Burk, docente del Instituto Pedagógico Caracas, y el filósofo fenomenólogo zuliano Ernesto Mayz Vallenilla, quien en muchos aspectos completa la filosofía de Edmund Husserl. Al profesor Burk le debo mi formación en psicología y filosofía, áreas del conocimiento que me acercaron a la historia de las mentalidades cultivada por los franceses maestros Marc Bloch y Lucien Fevbre y la Escuela de los Anales por ellos fundada. Con Mayz Vallenilla me acerqué a la fenomenología, corriente filosófica germana que me ayudó a comprender el fenómeno religioso.

Otras estrellas del pensamiento del consejo de redacción de Grandes Temas en 1973 eran: el guionista de tiras de colores mexicano Álvaro Gálvez y Fuentes, el médico, historiador falangista Pedro Laín Estralgo, el poeta Jacques Masui, Antonio Prevosti (genetista), el abogado y periodista Emilio Teixidot, Joaquín Marco, crítico literario y filólogo, como director editorial.

Cada uno de los 100 números de GT contenía una minuciosa entrevista a eminentes figuras del pensamiento en diversas áreas del saber, algunos de los cuales aún viven, de entre las cuales recuerdo al historiador británico, especialista en la Rusia Soviética Edward H. Carr, al filósofo de la Escuela de Frankfurt Jurgen Habermas, que es entrevistado por Emilio Lledó, el estudioso de los cómics Claude Moliterni, Jacques Lacan, Burrhuos Skinner quien se refiere a las utopías, Roman Jacobson, Karlheim Stockhausen, el antropólogo estructuralista Claude Levi Strauss, el sociólogo de la pobreza Richard Meier.

sábado, 17 de septiembre de 2022

LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DE LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA DEL PORTILLO DE CARORA


Este hecho religioso magnífico que fue la fundación de la Cofradía del Santísimo Sacramento en 1585, tiene una gran significación para la catolicidad en Carora y en buena parte de la Provincia de Venezuela y más allá, pues fue una cofradía conocida en lugares tan distantes como en la muy católico Reino de Irlanda, Francia, los distintos reinos de España, islas Canarias, Santo Domingo, Nuevo Reino de Granada. Fue animada por la indeclinable misión evangelizadora de España y el importantísimo Concilio de Trento del siglo XVI. 1

 Los fundadores de esta extraordinaria y connotada cofradía o hermandad caroreña en 1585, finales del genésico siglo XVI venezolano, responsable del fuerte ethos o identidad caroreña, fueron los siguientes hombres:

  “Reverendo Sor Henrique bello, Cura y vicario de la dcha Ciudad y los Srs El Capn Juan de Salamanca, y Francisco Mateos, y Bartolomé Martín del Real, Alcaldes ordinarios pr su Majestad en dcha Ciudad, y Juan Gallego, y Pedro Gordón y Pedro González, y Alonso Marguez, todos vecinos de esta Ciudad, trataron qe pr cuanto gosa de presente el Ilmo Sor Arcediano Don Antonio de los Rios, Juez visitador della en la visita qe hiso en esta Ciudad en la Sta Iglesia Mayor de ella, el Smo Sacramento, y es necesario nombrar Mayordomo qe tenga con prober de las cosas necesarias pa el culto divino…” 2

 Esta notable cofradía y otras 12 hermandades más, son las responsables de que en la ciudad de blancos de Carora se haya conformado una sólida atmósfera religiosa que nos llega hasta el presente siglo XXI. Eran las cofradías o hermandades unas estructuras de solidaridad de base religiosa, como las llama el historiador francés Michel Vovelle, y que como tal aseguraban a sus miembros o hermanos de cualquier etnia y sin discriminación alguna, amparo y protección en caso de enfermedad, indigencia o muerte. Prestaban dinero a interés y poseían unas grandes haciendas con mano de obra esclava, unos 80 negros de la etnia africana de los tare, las llamadas Cofradías del Montón de Carora.3 Gracias a estas haciendas del Montón funda el preilustrado obispo Mariano Martí en 1776 las escuelas de primeras letras para niños y paga salarios a los docentes en la ciudad del Portillo, antecedente primero de nuestra educación formal y planificada.

 Pero también tenían estas hermandades o cofradías otra misión no menos importante y que era de orden religioso y metafísico: sacar el alma de los cofrades difuntos del Purgatorio, un tercer lugar distinto al cielo y el infierno, como lo llama Martín Lutero, y que no tiene base escritural.3 Una modificación de la “geografía del más allá”. Las misas cantadas o no, las oraciones, las velas encendidas y el incienso consumiéndose para lograr este cometido se hicieron entonces infinitos a lo largo de tres siglos de colonialismo y más allá, la Republica de Venezuela. Fue una forma de acumulación de capital muy importante por parte de la Iglesia Católica en Hispanoamérica, pues estos oficios religiosos tenían un costo en dinero.

 De este modo podemos afirmar que la parroquia de San Juan Bautista, sus numerosas cofradías con miles de hermanos que en ellas “entraban”, que en su seno se conformaron a través de los siglos, sus muy numerosos sacerdotes y obispos que en ella ejercieron su pastoral, son los nítidos responsables de que la ciudad por su marcado fervor religioso haya sido llamada por el padre Carlos Borges a principios del siglo pasado “Ciudad levítica de Venezuela”, y que además a su abrigo se hallan conformado dos potentes imaginarios colectivos religiosos: la muy popular Leyenda del Diablo de Carora en el siglo XVIII, y la conocida Maldición del Fraile Aguinagalde en el siglo XIX.

Las cofradías o hermandades fueron en su momento una suerte de primitivo seguro social que protegía a los hermanos de las contingencias de la vida, enfermedad, muerte, indigencia, protegían a viudas y huérfanos. Hogaño estas magnificas estructuras religiosas han perdido el esplendor del cual gozaron hasta hace más o menos un siglo.  Ha contribuido a ello el aparecimiento de instituciones del Estado que se encargan de salud o educación, así como el abrupto aparecimiento de la enorme y descomunal riqueza petrolera que desarticuló nuestros eficientes entramados y filigranas sociales que venían desde la Colonia. 

  Opino que este sentido de solidaridad cultivado con gran esmero por la Iglesia Católica tan extraordinario debe ser retomado y reconstruido, para lograr una sociedad más fraterna e igualitaria en la Venezuela del tercer milenio, azotada por desarticuladoras pandemias y crisis económicas.

  1 Cortés Riera, Luis. Iglesia católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX. Tesis Doctoral, Universidad Santa María, Caracas, República Bolivariana de Venezuela, 2003. Págs. 121 y siguientes.

 2 “Constituciones y ordenanzas fechas pr los hermanos del Smo. Sacramento en esta Ciudad de Portillo de Carora. Documento suelto, 1912.

 3 Troconis de Veracoechea, Ermila. Las cofradías del Montón de Carora. Academia Nacional de la Historia, Caracas, Venezuela, 1978.

4 Le Goff, Jacques. El nacimiento del Purgatorio. Taurus, Barcelona, España,1987.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Luis Eduardo Cortez Riera

 (Resumen Curricular)


Venezolano, nació en Cubiro, Estado Lara, 1952. Doctor en Historia, 2003. Magíster en Historia, UJMV, 1995, Licenciado en Historia, ULA, Mérida, 1976. Cronista Oficial del Municipio G. D. Pedro León Torres, 2008. Docente del Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, UPEL, Barquisimeto, jubilado del Ministerio de Educación, 2003. Tutor de Trabajos de Grado de Maestría y de Tesis Doctorales en UBA, UPEL, UCLA, UCV. Autor: Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937, 1997. Iglesia Católica, Cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX, 2003, Explorando al Estado Lara (Enciclopedia) 2007, Ocho pecados capitales del historiador, 2007, Rafael Domingo Silva Uzcátegui, psiquiatría y literatura modernista (Ensayo ganador II Bienal Nacional de Literatura, 2014), La gallarda serpentina de El Negro Tino Carrasco, 2017, Sor Juana y Goethe: del barroco al romanticismo, Editorial Académica Española, 2020, Columnista de los diarios El Impulso, El Caroreño, El Diario de Carora. Colaborador de revistas Tierra Firme, Archipiélago, UNAM, México, Clases Historia, España, Saber ULA, Mérida, Letralia, Aragua, Carohana, Lara, La Revista, Policlínica Carora, Cine y Literatura, Chile, Enlace Científico, IUETAEB, Correo de Lara, En Prospectiva, UNY, Aldea Educativa Magazine, 2022, Memoria Educativa Venezolana, UCV, CISCUVE, UCV, Agulha, Revista de Cultura, Brasil. Miembro de la Fundación Buría, Casado con la médico dermatóloga Raíza María Mujica, hijos: José Manuel, Luis Manuel, María Fernanda. Reside: calle Catuca, esquina Calle Las Veras, S. N., Santa Rita, Carora.

 

Carora, Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

5 de septiembre de 2022.

Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...