viernes, 10 de abril de 2026

LEÓN fESTINGER. disonancia COGNITIVA, AUTOENGAÑO

León Festinger:

La Disonancia Cognoscitiva o autoengaño.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

León Festinger, que era de origen judío ruso, nace en New York en 1919, mostrando una tendencia precoz hacia la psicología, una actividad científica que le ocupará medio siglo. Sus publicaciones son de enorme interés. A los 31 años publica su Teoría de la comunicación social informal (1950), a los 35 su influyente Teoría de la comparación social (1954) y a los 38 la teoría más famosa de la psicología social: Teoría de la disonancia cognoscitiva (1957). Los rumores también captaron su atención: Un estudio del rumor (1948) trabajo que es semilla de la Disonancia Cognoscitiva, y que se nutre de Georges Lefebvre y su clásico El gran miedo de 1789 (1932).

 Festinger fue discípulo del eminente psicólogo judío alemán Kurt Lewin (1890-1947) en la Universidad de Iowa desde 1939. Lewin, que formó parte de la escuela de la Gestalt, crea la Teoría del Campo, la cual sostiene que la conducta ha de deducirse de una totalidad de hechos coexistentes. Estudió en los grupos el concepto de distancia social, los judíos americanos que intentaban pasar a la “sociedad gentil”. Creó el concepto de Dinámica de Grupos. Acuñó por primera vez el termino Investigación–Acción (1944). Concibió la distinción cultural Melocotón (India, Estados Unidos, sur de Europa, Latinoamérica) y Coco (China, Rusia). Es autor de Una teoría dinámica de la personalidad (1935) y Resolución de conflictos sociales (1948). Se le considera uno de los padres fundadores de los estudios de los medios de comunicación de masas. Es considerado el 18º psicólogo más influyente del siglo XX. Fue una influencia decisiva y capital para Festinger.

La Comparación Social de Festinger (1957)

En mis años de estudiante secundario, había una chica que me decía mirándome fijamente: “si Luis Eduardo pasó matemática, cómo no lo haré yo.” En otra ocasión, un muchacho, mayor que yo, me dijo casi como burlándose frente a otros chicos: “Estos muchachitos así son los que no pelan en febrero”, en referencia a la expulsión en ese fatídico mes de los estudiantes de bajísimo rendimiento académico. El presidente de Estados Unidos descalifica por su dislexia al gobernador de California. Estas experiencias iluminan la Teoría de la Comparación Social, elaborada en 1954 por el psicólogo social judío estadounidense León Festinger (New York,1919 - New York,1989). Tras Freud, Skinner, Piaget y Bandura, es el quinto psicólogo más citado del siglo XX.

 Esta Teoría se puede resumir así: Las personas evalúan sus opiniones y habilidades comparándose con otros para reducir la incertidumbre y aprender a definir el yo. Compararse socialmente con los demás es una forma de medición y autoevaluación para identificar en qué posición se sitúa un individuo según su propio conjunto de estándares y emociones sobre sí mismo. Tal Teoría fue elaborada en 1954.

En mis estudios de pregrado en la Universidad de Los Andes, y en los de Maestría y Doctorado en la Ciencia de la Historia en Caracas, Venezuela, experimenté en carne propia tales comparaciones, algunas casi rozando deshonestidad, hostilidad y menosprecio de compañeros de curso, ¡y aun de algunos docentes! Unos compañeros mejoraron su rendimiento académico autoevaluándose positivamente, produciéndose un proceso de emulación estimulante; otros, en cambio, abandonaron el escenario de la universidad, unos lamentables casos de comparación descendente.

La Disonancia Cognoscitiva.

Fue en 1957 cuando León Festinger elabora la extraordinaria idea de la Disonancia Cognoscitiva, que enfrenta con éxito a la dominante psicología conductista de John Watson (1878-1958), es decir “la insuficiencia de sus explicaciones del condicionamiento estímulo-respuesta”. Pero no abandona la experimentación de laboratorio en psicología social. Se interesa tardíamente en tal campo, y trabaja en la naciente dinámica de grupos en el MIT. La psicología social, si bien es fenómeno norteamericano, no sería posible sin gente como Kurt Lewin, Kohler, Katona, Lazarfeld, Heider, Wertheimer. En Alemania Hitler había vaciado a Europa de todo lo que olía a filosofía y psicología social (Escuela de Frankfurt, Círculo de Viena, Escuela de la Bauhaus). Los emigrantes no retornaron a Europa tras el fin de la guerra, salvo contadas excepciones.

La Disonancia Cognoscitiva puede enunciarse como un fenómeno mental en que las personas, sin tener plena conciencia de ello, sostienen cogniciones fundamentalmente contradictorias. Acciones, creencias, sentimientos, valores y hasta objetos físicos de las personas son elementos relevantes de este fenómeno que le proporciona a Festinger reconocimiento mundial hasta el presente. Las personas albergan simultáneamente cogniciones contradictorias y opuestas. La búsqueda de coherencia es sustancial al espíritu humano, una necesidad inherente para superar la Disonancia. Es una motivación tan elemental como el hambre o la sed. Existe algo irracional en nuestro ser que desdice el optimismo racionalista del siglo XVIII. El pensamiento lógico es aplastado por la emocionalidad.

 Los procesos cognitivos están imbricados a la conducta social, constituyen su dinámica subyacente. Toda cognición tiene origen social. Cognición es sinónimo de opinión, creencia y actitud. Festinger estudió mediante la observación participante a grupos religiosos fundamentalistas en Chicago que creían firmemente en la llegada inminente de un diluvio, del que solo ellos sobrevivirían, cual Noés del siglo XX. En el día prefijado del diluvio no ocurrió nada anormal. Los miembros del grupo no abandonaron sus creencias dilúvicas, sino que crearon una nueva cognición: su fe y oraciones los había salvado. Esta justificación extrema sirvió para preservar su sistema de creencias.

El positivismo y pragmatismo estadounidenses condujeron a Festinger y sus colaboradores a elaborar cuidados experimentos para validar sus teorías de la disonancia. El más conocido es el estudio de la “tarea aburrida” o experimento de la compensación insuficiente. Se les pide a los participantes realizar tareas aburridas, luego se les pide mentir a los siguientes grupos diciendo que la tarea era interesante. A un grupo se le pagó un dólar por mentir, y al otro se les pagó 20 dólares por mentir. Los que recibieron un dólar experimentaron disonancia alta, en tanto que los que recibieron 20 dólares experimentaron baja disonancia. Mentir por una suma de dinero insignificante creó alta disonancia, malestar psicológico.

El autoengaño.

Esta fascinante y desconcertante conducta mental es frecuente entre individuos, hombres y mujeres. Preferimos olvidar e ignorar las verdades incomodas. El fumador que sabe que ese vicio está asociado al temible cáncer dirá: mi abuelo era fumador y falleció a los 96 años. La fábula de Esopo La zorra y las uvas, nos dice que el animal al no poder alcanzar las frutas dice que ellas estaban muy ácidas. Una como justificación de su fracaso. La “paradoja de la carne” enfrenta a los consumidores de carne que aman a los vacunos. Algunas personas se creen más competentes de lo que en realidad son, fenómeno narcisista que ahora se le conoce como Efecto Dunning-Kruger, dado a conocer en 1999.

Colectividades y países se autoengañan. Alemania tras ser derrotada en 1918 se justifica al decir que fue una puñalada por la espalda la causa de su humillante derrota, idea autocomplaciente que emplea con maestría años después el gran demagogo que fue Adolfo Hitler. Los fundamentalistas estadounidenses Testigos de Jehová anunciaban el inminente fin del mundo en 1914, una profecía fallida que alivia la disonancia cognoscitiva el “oportuno” estallido de la Primera Guerra Mundial. Un evidente reacomodo de ideas y valores.   

 

La extinta Unión Soviética se creyó experiencia socialista casi como eterna, estaba como blindada. Había derrotado a los nazis, se convirtió en potencia nuclear en 1949, ganaba la carrera espacial, sus universidades brillaban, pero en 1989 el autoengaño de su grandeza llegó a su fin implosionando. En 1991 se disolvió la inmensa y poderosa nación euroasiática, poniendo fin a la Guerra Fría, una como tercera guerra mundial, dijo Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX).

 La excepcionalidad de los Estados Unidos comenzó a incubarse gracias a Alexis de Tocqueville, quien vio en 1840 (La democracia en América) rasgos únicos en aquella nación separada, protegida por los océanos, que emergía como gran potencia. El ideario positivista triunfa en el país de las barras y las estrellas. En el siglo XX irrumpe poderosa, casi intacta de las dos guerras mundiales, dirige los destinos del planeta, dándole como razón a la excepcionalidad gringa.

En los días que corren, la derrota de Vietnam, el asalto al capitolio en 2022, la gigantesca deuda acumulada, el abandono del patrón oro, el escándalo Epstein, sus eminentes universidades superadas por las chinas, afirma TNYT, supremacismo, abuso de fentanilo, los muy angostos 38 kilómetros del estrecho de Ormuz, yugular energética planetaria en tensa situación, nos hacen pensar en otro desenlace que puede resultar en una colosal disonancia cognoscitiva, un formidable autoengaño.

León Festinger y los historiadores de oficio.

La Escuela de los Anales, corriente historiográfica de mi adscripción, recomienda desde su nacimiento en 1929, a los historiadores a la multidisciplinareidad. Lucien Febvre nos insta a ser geógrafos, historiadores, juristas, sociólogos, psicólogos. Las ideas de Festinger nos recuerdan con Edward P. Thompson, que es dañino definir al hombre como completamente económico…el auténtico silencio en Marx, que afecta a lo que los antropólogos llamarían sistema de valores.

Festinger nos ayuda a comprender los personajes históricos y sus contradicciones (Lutero, Hitler), la resistencia al cambio de algunas sociedades (Los amish en Estados Unidos), los compartimientos irracionales (Los cristeros mexicanos), profecías fallidas (el Armagedón), rumores recurrentes y creíbles (El gran miedo de 1789), distorsiones de la realidad (El Árbol de Cracovia), ignorancia de las propias dudas (negacionistas del COVID 19) y decisiones ilógicas (Operación Barbarroja en 1941).

Este psicólogo social estadounidense tiene mucho que decirnos aun después de más de medio siglo. Su Teoría de la Disonancia Cognoscitiva es más relevante que nunca, pues incomodidad mental, incoherencia e irracionalidad son una constante, una de las facetas más intrigantes de la mente de los seres humanos. El racionalismo del siglo XVIII se equivoca al pronosticar en el futuro cercano una Edad de la Razón.

 La Teoría de la Disonancia Cognoscitiva puede ser un lente poderoso para entender el mundo actual, plagado de tribus y burbujas ideológicas que conducen a una mayor y dañina polarización, magnificadas hasta la psicopatía en las redes sociales e Inteligencia Artificial. Es misión central de nosotros los historiadores evitar la disonancia cognoscitiva entre el presente y el pasado, con el empleo ajustado y contundente de la crítica, pues sólo ella, dice Octavio Paz, puede crear el espacio -físico, social, moral- donde se despliegan el arte, la literatura y la política.

 

 

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

 Miércoles 8 de abril de 2026.

 

 

 

 

 

 


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