lunes, 1 de agosto de 2022

De Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora a San Juan Bautista del Portillo de Carora


La antigua ciudad de blancos de Carora ha tenido dos nombres en su ya larga historia de cuatro siglos y medio. Desde su fundación en septiembre de 1569 fue bautizada por el conquistador Juan del Tejo de manera mariana como Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora, pero este apelativo femenino tuvo poca suerte, pues apenas se mantuvo por tres cortos años hasta 1572. Este año fue rebautizada por Juan de Salamanca como San Juan Bautista del Portillo de Carora, una advocación masculina. Afortunadamente, en ambos casos conservó su denominación indígena de Carora, vocablo que significa cigarra o chicharra, lo cual puede que explique la antigua vocación cantarina y musical de la urbe.

No se sabe con precisión dónde estuvo el desgraciado primer asentamiento de la ciudad, que fue incendiado por los feroces aborígenes ajaguas. Ante esta eventualidad sale desde El Tocuyo el capitán español Juan de Salamanca con el encargo de refundar el poblado, pues es importante sitio de aprovisionamiento y descanso en una ruta significativa hacia el Lago de Maracaibo, Trujillo y Coro. Un puerto terrestre lo denomina el querido profesor Taylor Rodríguez García.

El cambio abrupto del nombre de la ciudad de Carora en el siglo XVI es un hecho significativo y de gran importancia, que requiere situarnos en las ideas de estos hombres que pensaban de manera muy distinta a nosotros, hombres del siglo XXI. Se requiere un esfuerzo de imaginación importante para comprender tal decisión tomada hace más de cuatro siglos, pues se corre el riego de cometer anacronismo.

Lo primero a tomar en cuenta es que este genésico siglo de nuestra nacionalidad venezolana está firmemente dominado por las creencias religiosas, como nos lo recuerda con insistencia el francés Lucien Febvre: “el siglo XVI es un siglo que quiere creer.”. En tal sentido, debemos situarnos en las coordenadas mentales de esos hombres que tenían unas razones no solamente económicas, sino profundamente espirituales para orientar sus vidas. En sus horizontes anímicos estaba la idea de expandir el cristianismo, una religión que ellos creían la única verdadera y que tenía una misión a la que creían estar destinados los cristianos españoles: la Evangelización.

De este modo creemos que la denominación primera de Carora fue cambiada por motivos religiosos. Se produce un cambio de una santa patrona a un santo patrón. Esta antigua palabra tiene por significados los de protector o guardián. Ya no es una divinidad femenina sino una masculina la que tiene el deber de proteger aquel asentamiento humano recién fundado.  Es posible que los repobladores se hayan sentido mejor protegidos y amparados por un santo patrón como Juan el Bautista que por la Madre de Dios, la virgen. Con una deidad femenina como protectora la ciudad primera sucumbió ante la ferocidad de los indígenas. Se esperaba que con san Juan Bautista tuviera mejor guardián la ciudad de blancos, cometido que cumple exitosamente este santo patrono.  Se convierte el Bautista en su efectivo “mito fundacional”, su sentido de identidad que crea una tradición y una comprensión del mundo. Mitos fundacionales tienen las ciudades en todas partes del mundo y justifican que una ciudad esté localizada en un lugar determinado: la diosa Atenea en Atenas, Rómulo y Remo en Roma, la serpiente en el tunal de México, para solo citar algunos ejemplos.

Se instala con san Juan en Carora el mito y rito cristiano del bautismo o inmersión en las aguas, un rito que convierte en cristianos a los indómitos aborígenes ajaguas, pobladores rebeldes del semiárido. La encomienda como institución en la que se ejerce una hegemonía se establece en Carora. Y lo mismo cabe decir de las cofradías o hermandades, de las cuales la más conocida por sus éxitos será de la del Santísimo Sacramento, fundada en 1585. Parece poco menos que increíble que ya en el siglo XVI había cinco sacerdotes ordenados nacidos en la ciudad. A principios del siglo XVII comenzará la edificación del templo de san Juan Bautista, uno de las edificaciones religiosas más significativas del país, se erigen nueve parroquias y siete doctrinas con sede ambulante, nos dice Reinaldo Rojas. Todo un proceso de cristianización forzada que se realiza bajo el amparo y protección de Juan el Bautista.

La Psicología Analítica de Carl Gustav Jung (El hombre y sus símbolos) y sus arquetipos nos ayudan a comprender la significación simbólica del bautismo y del agua como componentes básicos de la psicología colectiva, concepto por él creado. Los arquetipos son dinamismos psíquicos muy antiguos que modelan la conducta humana. El agua y el bautismo son dos arquetipos muy importantes de esta psicología creada por el psicólogo suizo. El bautismo es un rito iniciático y el agua simboliza renacimiento, lo que nos indica que la ciudad de Carora que fue quemada en 1569, se prepara para su renacer bajo la protección del Bautista. El agua es fuente de vida y el bautismo lava el pecado. De tal manera que la ciudad refundada en el semiárido tiene una suerte de segundo renacimiento de la mano de Juan el Bautista.

Otro arquetipo Jung es el arquetipo del cruce, que se puede interpretar como una transición de una situación agotada, la presente, y el comienzo de una nueva situación. Carora deja atrás una etapa de tres años que fue agotada por la furia de los aborígenes ajaguas, y avanza hacia una nueva etapa y en un nuevo lugar geográfico bajo el firme patrocinio de “la voz que clama en el desierto”, Juan el Bautista.

Este personaje, el Bautista, que es la culminación del Viejo Testamento e inicio del Nuevo Testamento, es una figura arquetipal que da a la ciudad reconstruida unos modos de vida: la frugalidad y el ascetismo. Carora necesitaba de ellos para sobrevivir en aquellos espinares y largos veranos del estío. Le da Juan el Bautista, entereza y dinamismo a la psique de estos hombres del siglo XVI que se asientan en una realidad geográfica dura, áspera, difícil y desconocida. 

El bautismo es un ritual del cristianismo que contribuyó de manera muy destacada a la implantación firme del catolicismo del Concilio de Trento del siglo XVI entre nosotros. La vocación ecumenista de la iglesia católica se expresa en el bautismo, rito que hace de todos los seres humanos, sin distinción de raza o nacionalidad, hermanos en Cristo. Sacramento que se menciona en los libros sagrados, textos que contribuyeron a crear una “visión bíblica del mundo” con el que los hombres del siglo XVI interpretaron la realidad del Nuevo Mundo americano.

Pero no se crea que el marianismo quedaba ausente con la implantación del Bautista en Carora. El culto a la mujer tiene profundas raíces en Hispanoamérica y es un rasgo marcado de la conquista y la colonización desde México al Perú en la virgen de Guadalupe y Santa Rosa de Lima. En la ciudad del Portillo se estableció como patrona la Virgen del Rosario, a quien los españoles responsabilizaron del triunfo de la Gran Armada sobre los turcos en la célebre batalla naval de Lepanto en siete de octubre de 1571, encuentro armado que se produjo un año antes de la repoblación de Carora en 1572 por el capitán Juan de Salamanca.  

 Al siglo siguiente, cerca de 1650, se establecerá en Aregue, poblado indígena al noroeste de Carora, la devoción a la virgen del Rosario de la Chiquinquirá de Aregue, deidad femenina americana e indígena proveniente del Nuevo Reino de Granada, Colombia. En la actualidad es la virgen india de Aregue la patrona del Municipio General de División Pedro León Torres Arriechi y tiene entusiastas y fervorosos cultores en los estados vecinos de Falcón, Zulia y Trujillo. Es una festividad que se ha remozado y ha tomado nuevos ímpetus venciendo las dificultades del presente: pandemia, crisis económica, polarización política. Es que Venezuela ha sido siempre marianista, tal como descubre fascinado el Hermano lasallista francés Nectario María, el “Apóstol de la Coromoto”.

 

Luis Eduardo Cortés Riera

 cronistadecarora@gmail.com

Henry Vargas Ávila

hvargasavila@gmail.com  

jueves, 14 de julio de 2022

El sacerdote jesuita Hermann González Oropeza y el Colegio Federal Carora,1935-1939 (En el Centenario de su nacimiento)

 

Escribo estas líneas en ocasión de estarse celebrando en Carora, Estado Lara, República Bolivariana de Venezuela, el Centenario del nacimiento del sacerdote jesuita Hermann González Oropeza (1922-1998), que coincide con otro memorable Centenario: el de la ordenación sacerdotal en 1922 del Obispo Mártir Salvador Montesdeoca, asesinado por los nazis en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Es nuestro Oscar Arnulfo Romero venezolano.

Debo felicitar por estas magnificas celebraciones a mis amigos Obispo de la Diócesis de Carora Carlos Curiel, Pbro. Alberto Álvarez Gutiérrez, licenciado José Álvarez Yépez, profesora Pura Lozada, licenciada-abogada Danny Gómez Timaure por haber resaltado con pasión y orgullo de ser caroreños, las vidas de estos egregios sacerdotes caroreños, que han seguido la senda imborrable de los sacerdotes Br. Lisímaco Gutiérrez y Dr. Carlos Zubillaga, iniciadores de una iglesia para los pobres en estas tierras del semiárido occidental venezolano a principios de la centuria que dejamos atrás.

Jesuitas: bolcheviques de la Iglesia.

Los jesuitas fueron llamados por el mexicano Octavio Paz los “bolcheviques de la Iglesia Católica.” Este apelativo se lo han ganado claramente, puesto que han sido estos eminentes sacerdotes unos verdaderos revolucionarios dentro de la pesada y conservadora estructura de la Iglesia de Roma. Su reconocible y sólida estructura militar deriva del hecho de que su fundador en 1534, el español Ignacio de Loyola era, en efecto, un militar. Fueron ellos los responsables de la renovación de la Escolástica en España del siglo XVI, una filosofía que se extinguía en el resto de Europa. Controlaban la cultura y la educación universitaria en el inmenso Imperio español de entonces.

Su figura cimera será el pensador Francisco Suárez (1548-1617), en su pensamiento ocupa un lugar destacado la reflexión jurídica y política. Negó el derecho divino de los reyes: la autoridad del monarca viene del pueblo y el Estado es la expresión del consenso social. Rechazó también la idea de Aristóteles que consideraba a la esclavitud como parte de la ley natural: no hay esclavos por naturaleza y todos los hombres nacen libres. Asimismo, puso en entredicho el derecho de conquista fundado en la evangelización, fundamento de la dominación española en el Nuevo Mundo.

Fue el ilustrado rey Carlos III quien expulsa de sus reinos a los jesuitas en 1767, al acusarlos de ser los instigadores de los motines populares del año anterior.  Una verdadera catástrofe social ocasionará la decisión real, sobre todo en México y Paraguay. Regresarán a principios del siglo XIX, pero en Venezuela será el dictador Juan Vicente Gómez quien permite su entrada en 1916.

La Compañía de Jesús y las ciencias naturales y humanas.

Un eminente lugar en la búsqueda del conocimiento y del saber distingue a la Compañía de Jesús desde sus inicios. Recordemos la Ratio Studiorum o plan de estudios de los jesuitas establecido en 1599, que por su rigor y métodos explica la brillantez y la audacia de la pedagogía jesuítica hasta el presente. Debemos recordar que fue el jesuita Papebroeck el fundador de la hagiografía científica y que fue Atanasio Kircher un inmenso escritor jesuita alemán que quería saberlo todo, literalmente hablando.

Los jesuitas, dice la Enciclopedia Libre Wikipediahan hecho numerosas contribuciones significativas al desarrollo de la ciencia. Por ejemplo, históricamente se han dedicado al estudio de los terremotos, y en ocasiones la sismología ha sido descrita como "la ciencia jesuita". También han sido descritos como "el principal contribuyente a la física experimental en el siglo XVII." Según Jonathan Wright en su libro titulado Soldados de Dios, en el siglo XVIII los jesuitas habían "contribuido al desarrollo de relojes de péndulo, pantógrafos, barómetros, telescopios de reflexión y microscopios; y a campos científicos tan variados como el magnetismo, la óptica y la electricidad. Observaron, en algunos casos antes que cualquier otro, las bandas coloreadas sobre la superficie de Júpiter, la nebulosa de Andrómeda y los anillos de Saturno. Formularon teorías acerca de la circulación de la sangre (independientemente de Harvey), sobre la posibilidad teórica del vuelo, sobre la manera en que la Luna afecta a las mareas, y sobre la naturaleza ondulatoria de la luz."

El padre Hermann González Oropeza.

Este afable e inteligente sacerdote nacerá en Carora el soleado mes de julio, día tercero, año de 1922, hijo del próspero comerciante Miguel Ángel González y de María Sofía Oropeza. Era patricio o godo por los dos lados. Tuve el placer de conocerlo en Caracas cuando cursaba mi Maestría en Historia en la Universidad José María Vargas en1992. En mi Tesis Doctoral sobre la Iglesia Católica caroreña (2003) fue un agrado enorme citarlo muchas veces de su monumental investigación Iglesia y Estado en Venezuela (1977). Esta extraordinaria obra me permite comprender las difíciles y complicadas relaciones del Estado venezolano con la Iglesia Católica nuestra.

Cada vez que paso por la plaza Bolívar de Carora, calle Comercio, observo con pesar y desolación las ruinas de la que fue su hermosa casa solariega. Tras 55 años de servicio en la Compañía de Jesús fallecerá el 10 de febrero de 1998 este extraordinario investigador que tuvo el atrevimiento de meterse en los archivos de la Gran Bretaña para demostrar el arrogante despojo realizado por la “Pérfida Albión” de nuestra Guayana Esequiba. La ciencia de la fronterología fue su gran pasión. Para gran sorpresa nuestra, demostró con fehacientes pruebas documentales que nuestra ciudad poseía en el Lago de Maracaibo lo que se llamó Puerto Carora hasta finales del siglo XVIII. Sufrió de cárcel al oponerse a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

 Dice Manuel Donís que el padre Hermann dejó una larga obra publicada. He aquí algunos de sus títulos: La fundación de Maturín y la cartografía del Guarapiche, (1957) (Coautor con Pablo Ojer Celigueta). La frontera de la Guayana Esequiba, (1958). «Memoria sobre los límites entre las Guayanas inglesa y venezolana» en: Rafael María Baralt. Obras Completas, (1960). La liberación de la Iglesia venezolana del Patronato Eclesiástico, (1968 y 1988). Iglesia y Estado en Venezuela, (1977 y 1997). Fe cristiana y marxismo. Documentos, (1978). Atlas de la historia cartográfica de Venezuela, (1983 y 1987). Historia del Estado Monagas, (1985). El Seminario Santa Rosa de Lima entre los años 1856-1915, (1986). Historia de las fronteras de Venezuela, (1989), (Coautor con Manuel Donís Ríos). Vida religiosa en la Venezuela republicana, (1990). La Iglesia en la Venezuela hispánica, (1991). La capilla del Calvario de Carora, (1994). Todo esto sin contar con su colaboración para el Diccionario de Historia de la Fundación Polar, (1988 y 1997), además de un número significativo de artículos de prensa, ponencias, discursos y algunas obras no impresas. Quien escribe le conoce por sus escritos en el desaparecido Diario de Carora.

Hermann González en el Colegio Federal Carora (1935-1939).

Dos años antes de la muerte del fundador del Colegio Federal Carora, Dr. Ramón Pompilio Oropeza, es decir en 1935, será inscrito por su padre el muchacho de 13 años para cursar el elitesco bachillerato de nuestra educación. Cursará Hermann González en primer año las asignaturas Aritmética Razonada, Castellano, Francés, Geografía, Historia Universal, Botánica, Latín y Dibujo. Sus compañeros de clases en ese viejo Colegio caroreño fundado en 1890 al calor del patriciado caroreño, eran: el futuro poeta comunista, nativo de San Francisco Alí Lameda, el eminente médico Homero Álvarez, Otto Herrera, Dimas Franco, Ricardo Perera, Margarita Riera, Ana Luisa Suárez, Carmen Barrios, Carmen América Vásquez, Enrique Álvarez, José Ramón Marrufo, procedente de Churuguara, Oscar Villanueva, Roque Julio Rosales, natural de Cúcuta, Francisco Manuel Jiménez, natural de Boconó. En ese mismo Colegio estudiaban en otra sección, de tercer año, los siguientes muchachos: el quiboreño José Antonio Arráiz, Lulio Chávez, Gustavo Leal, Ambrosio Juárez, Luis Rosas, José Enrique Mendoza, procedente de Jabón.

En 1936, cuando se iniciaba el gobierno del general Eleazar López Contreras, el joven Hermann González Oropeza pasó a cursar su segundo año de bachillerato. Cursa las asignaturas Algebra, Literatura, Francés, Latín, Raíces Griegas, Geografía e Historia Universales y en especial de Venezuela y América, Zoología y Química Mineral. En 1937, año de la muerte del Dr. Ramón Pompilio Oropeza, Rector y fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890, cursará Hermann González, de 15 años de edad, las asignaturas Geometría, Inglés, Literatura General, Filosofía, Mineralogía y Geología, Física, Química Orgánica. Ese año, con tres lustros de edad, decide hacerse sacerdote gracias a un sacerdote jesuita llamado Narciso Irala, quien le anima a ordenarse durante un Congreso Mariano realizado en Carora. En el año escolar 1938-1939, cuando los tambores de guerra repican en Europa, cursará el joven Hermann González sus últimas asignaturas de bachillerato: Trigonometría y Topografía, Inglés, Filosofía, Biología, Cosmología y Cronología, Física. Al terminar la secundaria y en Carora, decide Hermann hacerse sacerdote.

Durante esos años fue nuestro joven Hermann discípulo de docentes muy destacados y eminentes, tales como el abogado por la Universidad de Caracas Dr. Ramón Pompilio Oropeza (jubilado el 1° de mayo de 1936), el futuro constitucionalista Dr. Ambrosio Oropeza Coronel, el médico y educador Dr. Pablo Álvarez Yépez (quien fue docente de quien escribe en 1968), Br. Miguel Ángel Meléndez, el fundador de la Pediatría en Venezuela Dr. Pastor Oropeza, Ramón José Álvarez.

Su formación sacerdotal y científica.

 En 1939 entra, refiere Adrián Jimenez, en el Seminario Interdiocesano de Caracas, y allí comenzó sus estudios de Filosofía para convertirse en futuro sacerdote diocesano. Durante este tiempo surgió en él la “decisión irrevocable de ser jesuita” y el 05 de enero de 1943 ingresó en el Noviciado San José Pignatelli, en Los Chorros. Su Maestro de novicios fue el P. Fernando Bilbao, S.J. Luego fue enviado a Colombia para realizar sus estudios de Humanidades. La Filosofía la realizó en España y en 1948 regresó a Venezuela para cumplir con su etapa de Magisterio dando clases en el Seminario Interdiocesano de Caracas y el Colegio San José de Mérida. En 1951 es enviado a Londres, para realizar sus estudios de Teología en el Heythrop College de Oxon.

 Una simpática anécdota.

Para finalizar, una curiosa anécdota del padre Hermann proporcionada por Adrián Jiménez, que nos ilumina sobre su indeclinable vocación sacerdotal: “Mi mamá decía que yo nací prácticamente muerto y que me tuvieron que dar respiración artificial a través de un pedúnculo (tallo) de lechosa. Ante las circunstancias, mi mamá me ofreció a Dios para sacerdote”. Y esta promesa terminó por convertirse en realidad muchas años después. Creció y se formó con profundos valores cristianos en Carora, Ciudad levítica de Venezuela.

Gloria eterna para este magnífico sacerdote jesuita caroreño, al cual la profundidad de la Ciencia Natural no lo extraña sino que lo acerca más al Dios creador.

Referencias.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI a XIX. Llave del Reino de los Cielos. Universidad Santa María, Caracas, Venezuela, 2003.

------------------Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937. Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fondo Editorial Buría, Barquisimeto-Carora, 1997.

Donís, Manuel. La historia por Manuel Donís. De un pupilo para un maestro. Un chorrito para el padre Hermann. Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela, s.f.

Libro de Matrícula del Colegio La Esperanza y Colegio Federal Carora.1890-1944.

Wikipedia, Enciclopedia Libre. Jesuitas científicos.

 Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

Carora, Estado Lara.

República Bolivariana de Venezuela,

14 de julio de 20022.

 

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martes, 12 de julio de 2022

El nacimiento de las Ferias de San Juan Bautista de Carora en 1922


Luis Eduardo Cortés Riera

Como hemos dicho en otras ocasiones, las Ferias de San Juan Bautista de Carora nacieron en 1922, durante la larga dictadura del general Juan Vicente Gómez, pero no con el nombre del santo patrono de la ciudad, Juan el Bautista. Se llamaron tales eventos de principios del siglo XX Exposición Regional de 1922, en Homenaje al Primer Centenario de la Muerte del General Pedro León Torres. Como se ve, el nombre de San Juan no aparece aun en este momento, pero será esta Exposición Regional de 1922 el germen e inicio de lo que se constituiría en las Ferias de San Juan Bautista de Carora en lo sucesivo, hasta llegar con tal denominación al siglo XXI.1

Veamos de qué manera la Exposición Regional de 1922, organizadas por el Concejo Municipal, la Jefatura Civil, Diario de Carora, Club Torres y algunas casas comerciales, se transforma en lo sucesivo en Ferias de San Juan Bautista de Carora, un interesante y curioso proceso digno de enfatizar.  Lo primero que debemos destacar es que estamos asistiendo a la conformación de la Idea de Nación, la construcción de héroes, de patriotas y de ciudadanos 2. Sucede que el más querido héroe de la Patria de los caroreños es el desgraciado General de División Pedro León Torres, fallecido en 22 de agosto de 1822 en Yacuanquer, Nuevo Reino de Granada, Colombia, tras recibir terribles heridas mortales en la dificilísima y cruel Batalla de Bomboná en 7 de abril de 1822. Este patriota participa en la Campaña del Sur, liderada por el Libertador Simón Bolívar. En ella participa otro notable patriota caroreño, el General de División Jacinto Lara (1777-1859), pero es el General Torres quien atrapa un sentimiento muy marcado del pueblo que lo vio nacer en 1788. Ello se debe a su sinigual coraje y valor de soldado, como a su trágica muerte acontecida tras larga agonía de 54 días, cuando apenas contaba con 34 años de existencia, y debemos agregar el hecho de que sus restos mortales aún no han sido repatriados a Venezuela y su Panteón Nacional 3. Pero hay una coincidencia cronológica que es preciso destacar: es que el nacimiento del General Torres, el 25 de junio, coincide con la realización de las fiestas patronales de san Juan Bautista de Carora. Ello quiere decir que allí se produce, como dice Alejandro Barrios Piña, un sincretismo cultural 4 que une la tradición religiosa católica a la tradición de la Patria en vías de conformación en los días del solsticio de verano boreal.

Es necesario e ineludible destacar una curiosa e interesante situación del bronce del héroe de Bomboná. Sucedió que el busto del General Pedro León Torres ocupó hasta 1930 el sitio que le correspondía al Padre de la Patria Simón Bolívar, esto es la Plaza Bolívar de Carora, pero cuando se conmemora con gran entusiasmo y boato el Primer Centenario de la muerte del Libertador en 1930, el busto del General Torres tendrá otro destino, pues se le construirá una plaza en su memoria a tres cuadras al Este de la Plaza Bolívar, en la calle principal de la ciudad de Carora, la calle Bolívar.

       De modo pues que las Ferias de San Juan Bautista de Carora tendrán como inicio el evento patriótico y nacionalista que se vincula estrechamente a la tradición del catolicismo en la antigua ciudad de san Juan Bautista el Portillo de Carora. Se trata de lo que llama Reinaldo Rojas un universo simbólico de mitos y representaciones sociales en construcción.5, es el nacimiento de la “religión de la Patria” imbricada indisolublemente a la religión católica que implantó el español desde el siglo XVI en estas remotas geografías del semiárido occidental venezolano.

Queda de tal manera abierto el camino para realizar las segundas jornadas expositivas caroreñas en 1943. Se les llamó Primera Feria Exposición Ganadera del Distrito Torres, y se realizan en tiempos del gobierno del civilista general Isaías Medina Angarita y de la horrorosa Segunda Guerra Mundial. Realizadas durante el solsticio de verano y próximas a los festejos del santo patrón, comenzaron a ser llamadas Ferias de San Juan Bautista de Carora hasta los días de hoy. Hace su aparición en estas segundas ferias de Carora su majestad el ganado bovino, renglón agropecuario que distingue nacional e internacionalmente al Municipio Torres con su insignia y bandera: el Ganado Raza Carora, único en el trópico y que además muestra un doble propósito excepcional: carne y leche. Una maravilla genética lograda por cruce del  antiguo “ganado amarillo de Quebrada Arriba” y la noble raza Pardo Suizo, iniciada por Teodoro Herrera Zubillaga y sus hasta ahora anónimos ayudantes capesinos, en este empeño que le ha dado fama universal a esta ciudad del semiárido larense venezolano.

Luego de siete años de suspenso, las 41° Ferias de San Juan Bautista de Carora se realizan con brillo y entusiasmo este mes de junio de 2022, un logro del Alcalde Javier Oropeza y los sectores económicos del agro que lo respaldaron. Estas Ferias son, en este sentido, un capital simbólico (Pierre Bourdieu) de los “patricios caroreños” y otros representantes de la boyante economía agropecuaria de nuestro Municipio Torres.

 

 

1 Barrios Piña, Alejandro. Crónicas de la comarca caroreña, pág. 75.

2 Véase el interesante trabajo de Reinaldo Rojas: Venezuela: Fiesta, imaginario político y nación. 2011.

3 La repatriación de los restos mortales del Héroe de Bomboná ha sido una aspiración imperdonablemente fallida hasta el presente, cuando redactamos este trabajo (julio de 2022).

4 Barrios Piña, Alejandro. Óp. Cit. Pág. 76.

5 Rojas, Reinaldo. Op. Cit. Prólogo. Págs. 9 y siguientes.

 

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