martes, 22 de febrero de 2022

EL AMIGO DE LOS POBRES- CARORA, 1909

 


Con ese emblemático nombre, todo un programa de acción, funda el curarigüeño Pbro. Br. Lisímaco Arturo Gutiérrez Meléndez un pequeño periódico que verá la luz el primer número el 26 de octubre de 1900, Imprenta Sucre, en la ciudad de Carora, Estado Lara, Venezuela. Se inspira este extraordinario levita en San Antonio de Padua, el santo de los pobres y de los negros esclavos, en la inmortal Encíclica Rerum Novarum (1891) del papa León XIII para llevar adelante una auténtica iglesia social comprometida con los humildes, que se ha tomado (Luis Beltrán Guerrero dixit) como antecedente de la Teología de la Liberación latinoamericana de la década de 1960. Eran los tiempos del gobierno del general Cipriano Castro, quien había pasado por Carora en agosto de 1899 en fulgurante campaña militar que lo conduciría al poder.

El Amigo de los Pobres del 19 de agosto de 1909, su penúltimo año de vida, reseña que el Hospital San Antonio “fundado hace siete años y tres meses, 980 enfermos han sido amparados por las Hermanas y sostenidos con las limosnas de los fieles.”  En la actualidad esta noble institución eclesial ha sido reabierta con éxito, después de un absurdo cierre que propició la “Venezuela saudita” de fines de siglo pasado. Volvieron de manera rutilante las religiosas a hacer el bien entre las clases necesitadas de Carora.

Todo indica que el padre Gutiérrez era un enamorado de las estadísticas numéricas, pues más adelante refiere que 3.591 Acciones de Gracias por distintos favores concedidos por el Glorioso Taumaturgo San Antonio de Padua se han encontrado en el cepo provenientes de Carora, El Tocuyo, Barquisimeto, Duaca, Carache, Cuicas, Trujillo, Quíbor, Curarigua, Arenales, Aregue, Burere, San Francisco, San Felipe, Baragua, Siquisique, Pedregal, Barbacoas, San Pedro, Rio Tocuyo, Altagracia, Muñoz. Estas Acciones de Gracias venían acompañadas la mayor parte con dinero en bolívares, limosnas que tenían como destino invertirlos en el sostenimiento del Hospital San Antonio de Carora, fundado en 1902 con la colaboración entusiasta y decidida del Pbro. Dr. Carlos Zubillaga Perera, quien habrá de fallecer trágicamente, muy joven, en la población de Duaca en 1911, víctima de una cruel execración que lo aparta de su amada ciudad de Carora y de la Iglesia Social que fue de su coautoría.

.  Esta magnífica obra de caridad contaba con el apoyo decidido y entusiasta de las clases acomodadas de Carora. Eran tiempos en que la atención médica de los enfermos era tanto un asunto de la religión que de ciencia médica. No existían los ministerios del ramo médico asistencial. La ayuda en medicamentos provenía del “caritativo cuando generoso y decente señor Jacobo J. Curiel Bravo”, elemento de origen judío sefardita, dueño de la afamada Botica La Americana. Los servicios médicos provenían de los “filantrópicos doctores” Lucio Antonio Zubillaga Zubillaga e Ignacio Jasé Zubillaga Perera, médicos egresados de la Universidad de Caracas.

El Pbro. Br. Lisímaco Arturo Gutiérrez Meléndez funda para la atención de los enfermos y menesterosos, que eran muchísimos, una orden religiosa femenina, las Hijas de San Antonio, “quienes viven haciendo diariamente prodigios de abnegación y sacrificios, lo que no satisface esa gran necesidad debido a la exigüidad y mil más deficiencias del local donde funciona el Hospital San Antonio, que ni siquiera es propio (subrayado nuestro).

 “La Sociedad de San Dionisio Areopagita, sigue diciendo El Amigo de los Pobres, ha acordado la construcción o adquisición de un edificio apropiado para tal fin, a tal efecto ha nombrado una Junta Benéfico Patriota, presidida por el Pbro. Br. Lisímaco Gutiérrez, Primer Vicepresidente General A. Montañez, Segundo Vicepresidente Jacobo J. Curiel, Tesorero Br. Rafael Lozada, Secretario Br. José Herrera Oropeza (quien fundaría el impreso Diario de Carora en 1919), Sub Secretario Antonio Lameda, Vocales: Pbro. José María Nieles, Lisímaco Oropeza, Br. Federico Carmona (fundador del diario El Impulso en 1904), Pedro R. Espinoza, Br. Ramón Riera Álvarez, General F. Bracho Pérez, el poeta Marco Aurelio Rojas, Dr. Ignacio Zubillaga”.

 El Pbro. Carlos Zubillaga Perera, hermano mayor del futuro defensor de los pobres, Cecilio “Chío” Zubillaga Perera, funda una obra piadosa llamada Pan de los Pobres, el 22 de julio de 1900, en la santa iglesia del Calvario. Distribuyó este levita “desde el atrio pan á los pobres y pan bendito a los fieles”. Con el producto de esta piadosa institución “se han sostenido durante siete años la cantidad de 980 enfermos en el Hospicio de San Antonio de Padua y los muchos heridos que quedaron después de la Batalla de El Cascajo (Carora, 25 de octubre de 1901), y que recogidos por el capellán del Hospicio (Pbro. Lisímaco Gutiérrez) fueron socorridos y curados allí.”

El fraile Ramón García Muñoz, Comisario de la Tierra Santa, erigió en la iglesia o capilla del Calvario de Carora una piadosa institución llamada Pía Unión de San Antonio de Padua, ocurrida el 13 de junio de 1906. “Ella se enriquece con innumerables indulgencias otorgadas por los Sumos Pontífices romanos. Se inscribieron en esta obra pía 262 personas de Carora y se deben agregar otras de Aregue, Arenales, Atarigua, Quíbor. Se comisionó a la señora Albina de Jesús Martínez para recoger las limosnas que ella solicita por los lugares de la Otra Banda”, inmenso territorio del semiárido larense, al oeste del río Morere.

Eran los años del Primer Centenario de la Independencia de Venezuela y estaba vivo aún el recuerdo del bloqueo de las costas del país por naves de guerra alemanas, italianas e inglesas entre los años 1902-1903, así como la derrota que sufriera la Revolución Libertadora en Ciudad Bolívar en 1903 de mano de las tropas del general Juan Vicente Gómez. Para ese año venidero de 1910 se anuncia, dice el periódico de los Pbros. Lisímaco Gutiérrez y Carlos Zubillaga, “agenciar los medios para dar a los pobres una casa propia, un Hospital”.

En ese mismo año de 1910 se celebrarán las bodas de plata sacerdotales del Pbro. Br. Lisímaco Gutiérrez Meléndez, quien había estudiado bachillerato en el Colegio particular de La Concordia, instituto dirigido por el Br. Egidio Montesinos en El Tocuyo, que luego toma el hábito sacerdotal de las manos del padre Juan Pablo Wohnsielder (1846-1897) en el semiclandestino Seminario San Agustín de Barquisimeto en los duros años del gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, quien inspirado en la filosofía positivista y la masonería  cerró seminarios y expulsó jerarcas sacerdotales del país. Un luminoso y esclarecido hacer eclesiástico que merece nuestra honra y afectos.

Cabe destacar que esta breve e inmensa obra de redención social de los reverendos Lisímaco Gutiérrez y Carlos Zubillaga, llevada a cabo con frenesí e intensidad entre los años 1900 y 1911, se realiza en tiempos sumamente difíciles para el país y para nuestra ciudad. En esos años iniciales del siglo XX la antigua ciudad de Carora cuenta con una población cercana a los 9.000 habitantes y es la capital del extenso Distrito Torres. Es una ciudad con un fuerte movimiento comercial y una intensa actividad artesanal. Los godos o patricios de Carora, clase social minoritaria con rasgos de casta, ocupan el vértice de la pirámide social. Y a ella pertenecen, oh paradoja, estos dos esclarecidos sacerdotes que protagonizan esta experiencia de Iglesia Social entre nosotros.

La pobreza y las enfermedades campean en la ciudad del Portillo de Carora, el analfabetismo supera el 80% de la población y casi no hay dinero circulante, horroroso saldo de las guerras fratricidas que asolaron a Venezuela entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. “Sin alumbrado público, noches oscuras, muchos guapos, muchos descontentos, muchos revólveres, muchos garrotes y mucha mala intención. Los cuadrúpedos, marranos y perros, abundan en las calles de Carora y hasta se les han encontrado dentro de la Iglesia de San Juan. Las armas de fuego y revólveres se llevan al cinto y en las faltriqueras, se hace alarde de ellos como si fueran prendas de lujo. Viejos, jóvenes y adultos los llevan a las visitas, paseos y hasta en la Santa Casa de Dios”, se lamenta amargamente El Amigo de los Pobres, en su número inaugural de 1900. A todo este saldo dramático habría que agregar la terrible y lamentable clausura que sufrió el Colegio La Esperanza o Federal Carora, institución dirigida por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, desde 1900 hasta 1911, sumiendo a la ciudad en la la ignorancia y la oscuridad por inaudita y cruel decisión del presidente Cipriano Castro y su Ministro de Instrucción Dr. Félix F. Quintero.

De tal modo pues que podemos afirmar que estos dos eminentes levitas caroreños fueron unos titanes del hacer y el compromiso social de una Iglesia que se distancia de la ampulosidad y afectación de las ceremonias y protocolos eclesiásticos, que salieron a la búsqueda de Dios entre los más pobres y menesterosos,   que enfrentaron una de las realidades sociales más terribles sufridas por Venezuela en su historia reciente, valiéndose para ello de la inmortal palabra de la fe católica, cuerpo de creencias que, como dice Francoise Chevalier, sin ellas no se puede entender la América hispana. 

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

  Santa Rita de Carora, Venezuela,

 22 de febrero de 2022.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Bicentenario del Fallecimiento del General de División Pedro León Torres Arriechi


“Con la muerte de Pedro León Torres hemos perdido un compañero digno de nuestro amor; el Ejército un soldado de gran mérito y la República, uno de sus hijos de esperanzas para el día de la paz”

Simón Bolívar, 1822

 

       El día jueves,  22 de agosto de 1822 murió en un hospital de campaña español, en Yacuanquer, Nuevo Reino de Granada, Colombia, el Héroe de la Independencia de Suramérica, General de División Pedro León Torres Arriechi, tras recibir heridas mortales en la Batalla de Bomboná, campaña liderada por el Libertador Simón Bolívar. Apenas tenía 34 años de edad este prócer, de los Siete Macabeos de la Independencia.  Desde ese entonces sus restos mortales reposan en la iglesia de esta localidad del Sur de Nueva Granada, Colombia.

En este presente año de 2022, Venezuela toda tiene el compromiso histórico, patriótico y justiciero de repatriar la osamenta de tan ilustre connacional, para que reposen a la brevedad en el sitio que le ha sido hasta ahora esquivo: El Panteón Nacional de Venezuela.

Para tales efectos, se ha constituido una Comisión Binacional para la Conmemoración del Fallecimiento del General de División Pedro León Torres, en la que figuran la Vicepresidenta Ejecutiva de Venezuela Delcy Eloina Rodríguez Gómez, Jorge Jesús Rodríguez Gómez, presidente de la Asamblea Nacional, General, Adolfo Pereira, Gobernador del Estado Lara,  Francisco Javier Oropeza Álvarez, Alcalde del Municipio General de División Pedro León Torres, Francisco Daniel Santacruz Pantoja, Alcalde de Yacuanquer, Colombia, Reinaldo Rojas, de la Academia Nacional de la Historia, Luis Eduardo Cortés Riera, Cronista Oficial del Municipio General de División Pedro León Torres, quienes ha mostrado vivo y decidido interés patriótico en lograr la repatriación a la brevedad de la osamenta de tan ilustre venezolano para que repose en el lugar que por justicia  le corresponde: El Panteón Nacional de Venezuela.

A tales efectos, invitamos a incorporarse a este memorable Bicentenario al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, ciudadano Nicolás Maduro Moros, Embajada del Reino de España, Ministerio del Poder Popular para la Educación Básica, Ministerio del Poder Popular de Educación Universitaria, Sociedad Bolivariana de Venezuela, Fundación Centro Nacional de Historia, Centro de Historia Larense, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC, Colegio Nacional de Periodistas, Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela, Fundación Polar, diarios El Impulso, El Informador, La Prensa de Lara, El Caroreño, El Informante, Promar Televisión, Sociedad Civil Cantón Carora, así como al valeroso pueblo de Venezuela, heredero de las glorias de los hombres y mujeres que forjaron con enormes sacrificios la Emancipación de Venezuela y Suramérica.

Las reuniones preparatorias del Bicentenario del Fallecimiento del General de División Pedro León Torres Arriechi, se realizan todos los viernes a las 9 de la mañana en la sede de Librería del Sur, avenida Francisco de Miranda, al lado del Banco de Venezuela, Carora Estado Lara, República Bolivariana de Venezuela. Su carácter plural y democrático es nuestra mayor fortaleza. Están todos los patriotas invitados a esta magnífica conmemoración.

Luis Eduardo Cortés Riera,

cronistadecarora@gmail.com

Santa Rita de Carora,

17 de febrero de 2022.

jueves, 27 de enero de 2022

CLEOPATRA Y NEUTRÓN-LA MÁQUINA DEL TIEMPO Y EL ANACRONISMO

 

En la década de los años 1960 los “comics” de papel mexicanos y estadounidenses gozaban de una popularidad enorme, un fenómeno hogaño estudiado por la sociología de la lectura, los franceses Claude Moliterni y Roman Gubern quizás sean los más conocidos de los estudiosos de esta literatura de la imagen. El antropólogo estadounidense Oscar Lewis hace mención de ellos en sus investigaciones antropológicas en México de los años 1940. Hogaño pareciera que la imagen sepultará al texto escrito. Vivimos una gigantesca era barroca de la mano del cine, la televisión y los teléfonos inteligentes.

En mi Carora natal, Venezuela, se les llamaba “Cuentos” a las tiras cómicas, y eran coleccionados por personas de cualquier edad. Cambiar “Cuentos” era una especie de ceremonia, usual entre los jóvenes de mi edad. Eran famosos los Cuentos venidos de México:  Santo, el Enmascarado de Plata, creación de José G. Cruz, Chanoc, Memín Pinguín, El Charrito de Oro, Tawa, el hombre gacela, Neutrón, el enmascarado negro. Son algunos de ellos superhéroes de inspiración norteamericana, sin duda, pero que al cruzar el Río Grande se mexicanizan, hablan en correcto mexicano y son, usando una expresión de Samuel Ramos, unos “peladitos” aztecas.

 Determinadas características les diferencian, dice el Blog Ausente, de los superhéroes USA, Superman, Batman, El Hombre Araña, La Mujer Maravilla, Aquaman. En ocasiones tienen poderes extra-humanos, otras deben recurrir a artificios de ciencia ficción o a la colaboración —en el cómic— de magos y nigromantes amigos suyos. Parece como si, falto de Kryptonita o elemento similar, en determinadas aventuras se viesen obligados a actuar como el resto de los mortales. Trabajan en unos laboratorios muy sencillos, casi ascéticos, ocultos en su mansión, con aparatos elementales, estando siempre en estrecho contacto con la policía, a la que ayudan incondicionalmente. En esta relación policía-héroe, insólita en un país donde es tradicional el tomarse la justicia por su mano, el «Santo, el enmascarado de plata» es una excepción.

En esta ocasión me referiré a Neutrón, el enmascarado negro, una creación de Federico Curiel del año 1960. Neutrón, el enmascarado negro (1960) nació en el boom del cine de luchadores de los años 60 y se mantuvo vivo para tres entregas más: Neutrón vs. los Autómatas (1960) Neutrón vs. Doctor Caronte (1960) y Neutrón vs. los asesinos del karate (1964). La lucha libre y la ciencia ficción se dan la mano en este personaje de ficción mexicano.

Veamos una breve sinopsis de Los autómatas de la muerte:  El doctor Caronte, su archienemigo, al que se daba por muerto, ha construido un ejército de autómatas con el que planea dominar el mundo. En paralelo amenaza con la detonación de un artefacto explosivo en el caso de que las naciones se niegan a satisfacer sus demandas. Neutrón deberá enfrentarse al villano y salvar al mundo de sus garras. Como se habrá notado, los guionistas mexicanos de esta zaga tienen una muy fértil imaginación que la hace una de las filmografías fantásticas más vastas del mundo, tanto por su tamaño como por su riqueza en cuanto a temáticas y enfoques.

EL ENMASCARADO NEUTRÓN Y LA REINA CLEOPATRA

Calculo que fue en 1964 o 1965 cuando tuve en mis manos una fantástica historieta de Neutrón que siempre recuerdo por su increíble contenido y trama. En un laboratorio de electrónica, que supongo situado en Ciudad de México, unos científicos construyen un aparato capaz de viajar en el tiempo. Nuestro héroe se embarca en ella y hace un viaje de 2.000 años hacia el pasado hasta situarse en tiempos de la reina Cleopatra, soberana de Egipto que nace en Alejandría en el 69 a.C. Nuestro héroe del siglo XX entabla una cálida amistad con la última soberana de la dinastía de los ptolomeos. Conversan animadamente y él le revela con naturalidad que es un viajero del tiempo, lo que a ella no parece asombrar. Neutrón la conduce al sitio donde se encuentra el artilugio que le permite viajar en el tiempo, comienza a explicarle la forma y manera que funciona tal aparato. Para mi enorme sorpresa las viñetas dicen que Cleopatra entendió muy bien la explicación que le da el enmascarado.

¿Sera posible que la mentalidad de Cleopatra haya entendido el viaje en el tiempo, una posibilidad que solo se cree y admite posible en el siglo XX con la teoría de la relatividad de Einstein y los agujeros de gusano? ¿Será acaso que Federico Curiel y Alfredo Ruanova, los guionistas de la historieta y el film hayan cometido un mayúsculo anacronismo? Me inclino por lo segundo, esto es, que los guionistas mexicanos cometen un imperdonable anacronismo al modernizar el pasado, ver con ojos del presente un remoto y alejado pretérito, un pecado imperdonable como decía Lucien Febvre. “Es como darle un paraguas a un Diógenes o una metralleta a Marte”, colocaba como ejemplo este gran historiador francés.

Pues bien, nuestro héroe enmascarado no entrega a la soberana egipcia un paraguas o una metralleta, le está entregando a Cleopatra nada más y nada menos que la posibilidad de que ella pueda hacer tal viaje por los milenios y las centurias. Tendría así la posibilidad de hacer cambios en la historia, evitar encontrarse y no enamorarse de los invasores romanos Julio César y Marco Antonio, relación amorosa que la condujo a su perdición por suicidio haciéndose morder por una venenosa serpiente.

 ¿Pero era su notable intelecto, su erudición y no su proverbial belleza (lo de Elizabeth Taylor es otro anacronismo) lo que pudo hacer posible que ella comprendiera lo de la máquina viajera? Creo que por muy inteligente que fuera, como se ha establecido recientemente, es muy remotamente probable o casi imposible que ella entendiera el artilugio electrónico del siglo XX. Su mentalidad anclada en una tradición de 4 mil y más años se lo impediría. Egipto conoció una ciencia, pero era una ciencia de la geometría y la astrología aplicadas a la arquitectura, pero que carecía de un elemento esencial con el cual se edifica la ciencia moderna: el método experimental.

Los antiguos egipcios tampoco conocieron y fueron incapaces de crear el conocimiento racional, por lo que la reina egipcia entendió la explicación del musculoso héroe mexicano de manera mágica o de manera religiosa. Ella misma se vestía como la diosa Isis en las ceremonias centrales de su imperio. Cleopatra vivía –empleando palabras de Max Weber- en un mundo encantado. La supremacía de lo mágico haría improbable que ella entendiera la máquina de Neutrón como producto tecnológico que es del pensamiento secularizado de la modernidad. El desencantamiento del mundo hizo posible a Planck, Einstein o Heisenberg, padres de la física cuántica.

Habría que agregar que Egipto no era la tierra de la electricidad, una energía que comenzó a ser descrita por el genio griego. Fue Tales de Mileto en el siglo VII a.C. quien hace las primeras observaciones sobre una fibra vegetal (Elektrón) que atrae hebras de su ropa.  Ese conocimiento nunca llega a conocerse en la Civilización del Nilo, de manera semejante como Jesucristo ignoró la medicina racional de Hipócrates. Para la reina de Egipto la electricidad no era un fenómeno doméstico, sino un suceso atmosférico lejano e inaprensible. Ese desconocimiento esencial le cierra la posibilidad de comprender el artefacto donde viaja Neutrón venciendo la temporalidad.

Otra cuestión complica aún más el panorama. ¿En qué lengua se entendieron el luchador azteca y la soberana ptolemáica? Ella hablaba unas lenguas ya desaparecidas, el demótico y el copto y quizás conociera algo de la lengua de sus abuelos griegos. Neutrón conversó en el castellano de México salpicado de vocablos náhuatl, lo cual complica aún más el panorama.  Uno no siente más que una apabullante confusión babélica que habría llamado la atención a George Steiner (Después de Babel).

¿Y la medida del tiempo? El viajero del tiempo del siglo XX tiene una idea de la temporalidad distinta a la de la soberana del Nilo. El tiempo es para Neutrón una dimensión lineal que tiene un comienzo y tendrá un final en el Dios de los hebreos. La idea del círculo y la repetición por ciclos define la temporalidad en Egipto de la Antigüedad, como las crecidas y reflujos del río Nilo. Cleopatra estaba atrapada, como Buda y Heráclito, en un interminable ciclo de comienzos y de finales repetidos al infinito: una repetición cósmica. Son dos temporalidades en conflicto e irreconciliables. Aunque hogaño en literatura (Flaubert, Kundera) y en ciencia económica hablamos de ciclos y repeticiones, nos dice Reinhard Koselleck.

En el presente el viaje en el tiempo es objeto de intenso debate. Stephen Hawking negaba la posibilidad de realizarlo. Sin embargo, también sostuvo que la teoría de la relatividad general de Albert Einstein abría la posibilidad de que se pudiera deformar el espacio-tiempo al punto de permitir viajar al pasado. Otros físicos dicen que en la física cuántica todo es posible, incluso el viaje en el tiempo. Los agujeros de gusano son puertas abiertas a los viajes en el tiempo y existen en estado natural muy alejados de nuestro planeta. Cabe la posibilidad que ulteriormente se puedan reproducir artificialmente con nuestra tecnología futura.

De este modo podemos concluir que Cleopatra sufría de una suerte de “Autismo epistémico”, una muralla insalvable que le obstaculizó de manera rotunda, categórica, darle sentido a la máquina del tiempo del viajero azteca. Hay sin embargo una lejana analogía entre Cleopatra y nuestro presente: ella vivió en un ambiente totalmente distinto al nuestro y sin embargo la recordamos, no como curiosidad arqueológica sino como una mujer que teniendo sangre griega en sus venas amaba profundamente y se sacrificó por su Egipto.

 

Santa Rita, Carora, Venezuela, 26 de enero de 2022.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 21 de enero de 2022

DOCTOR CHENO VÁSQUEZ, BARROCO MÉDICO VETERINARIO CAROREÑO

      


Fue muy conocido en Carora de los años 1950 y 1960 el Médico veterinario Caroreño “Cheno” Vásquez, quien cursa estudios en el Colegio Federal Carora y estudios veterinarios en la Universidad Central de Venezuela, núcleo Maracay.  Conocido es por nosotros por su florido y barroco discurso. Es una suerte de Góngora del trópico en el siglo XX, que ha quedado en el imaginario de los caroreños de manera permanente. El pueblo repite las alucinantes sentencias suyas que nos hacen reír y hasta nos causan sorpresa. Fue un trapecista del lenguaje, si cabe la metáfora. 


 

 HE AQUÍ ALGUNAS DE ELLAS:

Un obrero de su hacienda ante una dificultad le dice: Doctor, morrocoy no sube palo ni que le metan horqueta. A lo que responde de seguido Cheno: Oh, querrás decir “Quelonio no asciende arbusto ni que lo auxilie rama bifurcada.”

Donde su barroquismo se hace más evidente y exuberante es en esta sentencia. Alguien le dice Doctor Cheno “Zamuro come bailando.” A lo que de inmediato y sin pensarlo mucho exclama el médico veterinario: Oh, querrás decir “Ave rapaz de negro plumaje ingiere restos putrefactos de desventurado herbívoro al compás del Terpsícore.”

Una oscura madrugada se asoma por la ventana y observa que viene una persona sospechosa entrando por el jardín de su residencia. En baja voz dice a su esposa: Oh, Jovita, querida cónyuge, dirige tus silenciosos pasos a la alacena y consígueme el arma de fuego para abatir el inmundo caco que por la estancia se acerca.

Cierta vez lo salva de morir ahogado en nuestro río Morere, durante una enorme creciente un personaje popular al cual llamaban Caballo de Palo. Arriesgando su vida este humilde hombre logra quitárselo a la fuerte y traicionera corriente de agua. Jadeante y en la orilla exclama Cheno Vásquez: “Oh, si no ha sido por la rápida y oportuna intervención del Corcel de Madera fallezco por inmersión en las procelosas aguas del hilo de miel de perezoso curso.”

El Doctor Cheno era hermano de Lucrecia Vásquez, esposa del simpático bodeguero de la calle Contreras Lucio Lucena, conocida sobadora de miembros dislocados y de unas ocurrencias extraordinarias. Cheno tenía un hermano que fue coronel de la Fuerza Aérea de Venezuela, que se hizo conocido nacionalmente por haber conducido el avión Hércules C-130 que se estrelló en las Islas Azores portuguesas en 1976, donde resultaron muertos los 52 integrantes del Orfeón de la Universidad Central de Venezuela. Un sobrino suyo, Jacobo Lucena Vásquez, siguió la senda de su tío y gradúa de médico veterinario en la hermana República de Perú.

Esta breve crónica sobre Cheno Vásquez no es exhaustiva ni mucho menos. Podrá ser ampliada con otras ocurrencias e ingeniosidades de este excéntrico, extravagante profesional de la salud animal. La que mis lectores tienen en sus manos la escribí de forma apresurada y sin mucha pesquisa por amable insinuación de mi apreciado colega educador Edecio “Decho” Riera a las puertas de mi Oficina del Cronista, cerrada temporalmente por la pandemia, quien se ha animado en buena hora incorporar al Doctor Cheno a la literatura torrense cuando escribe sus sabrosos cuentos y crónicas que tienen como marco a la mítica y fantástica Otra Banda caroreña.

 

Santa Rita de Carora, 21 de enero de 2022.

Luis Eduardo Cortes Riera,

 cronistadecarora@gmail.com

 

 

Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...