jueves, 4 de noviembre de 2021

Tres eminentes hombres de Curarigua, La Candelaria y AtariguaTres eminentes hombres de Curarigua, La Candelaria y Atarigua

Un raigal apego que se presenta como una devoción a la tierra de nacimiento, es uno de los pilares en que se asienta el ethos de los pueblos del semiárido del occidente venezolano. Es un rasgo notorio entre caroreños y larenses en general, que sorprende por su fervor y pasión a muchos. Creo que en este vínculo espiritual a la tierruca, un fenómeno psicológico no totalmente comprendido pero por ello no menos real, se afinca lo que he llamado “genio de los pueblos del semiárido larense venezolano.” Este apego vitalmente telúrico deja maravillado al eminente filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero, quien daba cuenta de este inusual fenómeno en sus últimos años de vida.

La extremada sensibilidad del sacerdote Carlos Zubillaga Perera, hermano mayor de Chío, le hizo perder la razón al ser extrañado de Carora en 1911, y morir de manera cruel y trágica como perseguido por un tigre imaginario en Duaca. Otro espíritu melancólico y sentimental, que sufre de semejante y doloroso destierro al del levita Carlos, fue el doctor en agronomía y pedagogo Rafael Tobías Marquís Oropeza, quien incomprendido y calumniado por sus paisanos, godos intolerantes, deja su Liceo Contreras y se marcha a Valera, algo así como a morir desengañado y triste en 1922.

Tres portentos y maravillosos larenses se han distinguido por su proverbial identificación a sus solares nativos. Me refiero al prolífico y autodidacta escritor Rafael Domingo Silva Uzcátegui, al poeta y crítico literario Elisio Jiménez Sierra y al Maestro Universal de la guitarra Alirio Díaz Leal. Indígenas los tres de la árida tierra larense. Es un trío de notables que han hecho extraordinarios aportes a la sensibilidad y cultura venezolana y que nunca dejaron de amar a sus humildes aldeas larenses.

La Curarigua de Rafael Domingo Silva Uzcátegui

Rafael Domingo Silva Uzcátegui vio la luz en el pueblo de fisonomía andina, pero ubicado en el semiárido larense llamado Curarigua, en 1887. A pesar de que lo abandona a los diez años de edad no dejará de visitar su villorio hasta muy entrado en años. Morirá en Caracas a la provecta edad de 93 años. Es el autor de la monumental Enciclopedia Larense, editada en 1942, Historia biológica del Libertador, Historia Crítica del Modernismo en la Literatura Castellana. 1925. Psicopatología del soñador, 1931, A la Luz del Psicoanálisis. Estudios de Crítica Científica. 1968. Historia del Estado Portuguesa.

  Hizo su bachillerato en Caracas y quiso estudiar medicina en su Universidad Central, e intenta hacerlo en la Ciudad Luz, París, pero siempre regresaba a su amada Curarigua. Morirá en 1980 en Caracas sin obtener el ansiado título de médico cirujano, pero se convertirá en un psiquiatra autodidacta increíblemente dotado para la crítica literaria.

Un ensayo le he dedicado a este espléndido escritor con el que me hice merecedor de premio de la Segunda Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez en 2014, con el título Rafael Domingo Silva Uzcátegui. Más allá de la Enciclopedia Larense. Psiquiatría y literatura modernista. Un ataque feroz y despiadado a los poetas Rubén Darío y Leopoldo Lugones.

 Recientemente he propuesto que la producción ensayística y literaria de este genial escritor larense debe ser publicada íntegramente. Es obra de cultura que debe ser asumida por la Asociación de Escritores Larenses y la Biblioteca Ayacucho. Eso espera la cultura venezolana.

 Atarigua, la Aldea Sumergida de Elisio Jiménez Sierra.

Un acontecimiento en extremo doloroso marcará la vida de Elisio Jiménez Sierra, “Exquisito personero de la nostalgia”, quien nace en Atarigua en 1919, población ribereña del Río Tocuyo que fue sepultada por el agua de la Represa Cuatricentenaria en 1978, aguas que no respetaron ni las tejas ni las osamentas de su antiguo camposanto.

             En 1940 se muda a Barquisimeto y entraba amistad con la motivadora de la cultura Casta J. Riera. Publica en 1942 su ópera prima con prólogo de Hermann Garmendia: Archipiélago doliente. Su poemario Sonata de los sueños verá la luz en 1950, en tanto que El peregrino de la nave anclada lo hará en 1958. Psicografía del Padre Borges es de 1971, La venus venezolana (1971), Los puertos de la última bohemia, Exploración de la selva oscura. Ensayos sobre Dante y Petrarca (2000) La aldea sumergida (2007). El premio Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz tuvo palabras de elogio para este sinigual poeta del semiárido larense.

En los días que el agua estaba a punto de sepultar su aldea, la fue a visitar tras años de ausencia en Caraballeda, San Felipe y Caracas. Otro tanto hizo cuando un movimiento telúrico azotó este sufrido conglomerado humano del semiárido larense, que, paradójicamente, fue ahogado por millones de toneladas de agua de la Represa, tragedia humana que motiva a Juan Páez Ávila escribir su maravilloso cuento Atarigua 3.

En ocasión del Centenario de su nacimiento, acompañé a sus hijos Ennio y Gabriel Jiménez Emán al pueblo artificial de Atarigua La Nueva, en un lúcido y cálido homenaje que le fue tributado a su padre en el auditorio repleto de niños y adultos de su escuela en 2019.

La Candelaria de Alirio Díaz Leal

 Una madrugada y a hurtadillas de su padre, huye del caserío de La Candelaria un muchacho flaco y bastante moreno, quien con el pasar de los años se convertirá en el mejor guitarrista del mundo: Alirio Martín Díaz Leal. El Maestro Alirio es un amigo que heredé de mi padre Expedito Cortés y debo decir con orgullo que visitó mi casa en Barquisimeto y que en ocasiones lo llevé en mi todo terreno japonés al caserío que lo ve nacer en 1923.

 Hogaño es La Candelaria es un pueblo fantasma que ve cerrada su escuela de primaria por falta de matrícula. Antaño rebosaba de vida y era una suerte de aldea musical bajo el cielo estrellado del semiárido. La casa paterna de Alirio es un portento de la cultura popular, fue hecha por una técnica casi en trance de ser olvidada: el techo fue construido con barro y fibras de divive, hebras recortadas del altivo cardón de la tierra seca.

 Las fiestas patronales de La Candelaria eran hechura y giraban en torno al Sol que era el Maestro universal de la guitarra en esos festivos días de julio. Un arcaico nacimiento presidía la sala de su casa de barro y tierra apisonada y pasábamos las tardes cantándole bajo la dirección del Maestro.  Daba conciertos bajo sombra de cujíes a sus paisanos, humildes criadores de marranos y caprinos como él mismo lo fue hasta que, mozalbete, escapa de su casa para caer en manos del maestro de juventudes Chío Zubillaga Perera.

“Vengo a cargar las pilas”, decía cuando lo íbamos a recibir al aeropuerto de la ciudad crepuscular. Inmediatamente pedía en los restaurantes de la terminal aérea “Una colita Marbel, el mejor refresco del mundo.” Una vez instalado en su aldea natal, sus paisanos se esmeraban en que rocolas y tocadiscos bajaran volumen a los vallenatos y raspacanillas para no herir el oído absoluto del “Faraón de la guitarra.”

 En los años otoñales de su larga existencia, tuve el honroso privilegio de acompañarle en el hogar de su sobrina, la profesora Haydee Álvarez Díaz y su esposo, el licenciado en historia Alejandro Barrios Piña, en los días festivos de diciembre. Para mi sorpresa, había leído mis ensayos sobre el Colegio La Esperanza y Federal Carora y el doctor Ramón Pompilio Oropeza, diciéndome que eran magistrales.

 La Ciudad Eterna, Roma, será el escenario de sus postreros alientos. Quería despedirse de la humana y terrenal existencia en la ciudad del Portillo, pero fue trasladado a Italia donde podía ser mejor atendido. Una vez que se entrega a la eternidad de manera plácida y sosegada, sus restos mortales son repatriados y reposan en el Cementerio Municipal de Carora, donde cada año y en su fecha natal se dan cita melódica sus admiradores y amigos.

Coda.

Tres laureados y reconocidos hombres de esa maravilla de la cultura y del saber que son los pueblos del semiárido del occidente de Venezuela, que nos dan una gran lección de sabiduría y humildad. La universalidad comienza en la aldea. En las aldeas y pueblos más humildes viven ciudadanos ejemplares y de allí salen a desempeñar su papel en el mundo hombres y mujeres con una concepción universal y una visión humanista de la vida.

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Entrada del Teléfono en Carora en 1913


Se ha dicho hasta la saciedad que el invento del teléfono es el mejor negocio del mundo, y más aún cuando han aparecido los llamados teléfonos celulares y los teléfonos inteligentes, una tecnología que no pudo sospechar el escocés Alexander Graham Bell, quien le roba la invención del teléfono al italiano Antonio Meucci, un inmigrante que no tuvo dinero para registrar la patente de su genial invento en 1854, al que llamó teletrófono, o sea ¡22 años antes de que lo hiciera Graham Bell! Y no fue sino hasta el año 2002 cuando el Congreso de los Estados Unidos reconoce que el verdadero inventor del teléfono fue Antonio Meucci.


Primera Conexión Telefónica en Venezuela

¿Cuándo se Realizó la Primera Llamada Telefónica en Venezuela? Para el año de 1882, el telegrafista Gerardo Borges, instala una línea telefónica entre La Guaira y Caracas. Luego Guillermo Golding, monta una pequeña empresa que proporcionaba tres aparatos de teléfono, uno en Macuto, otro en Maiquetía y otro en La Guaira, luego comienzan a expandirse los primeros hilos metálicos sobre las casas de Caracas.


En 1883, el presidente Antonio Guzmán Blanco, firma un contrato con la Compañía Internacional de Teléfonos de New Jersey, Estados Unidos, para iniciar la primera instalación a gran escala de una red telefónica en la ciudad de Caracas. En 1930, poco antes de morir el tirano Juan Vicente Gómez Chacón, se crea la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV), hasta ahora, el mayor proveedor de servicios de telefonía fija e internet en Venezuela.

 El teléfono en Carora

 En Carora, remota ciudad del semiárido larense, el prodigioso invento de Antonio Meucci llega mucho después que el del telégrafo, un invento que deslumbra a los venezolanos, dice Elías Pino Iturrieta, cuando es introducido poco antes de la sangrienta Guerra Federal, es decir en 1856.

El teléfono llega tardíamente a la ciudad del Portillo de Carora, pues no será hasta 1913 cuando comienza a estudiarse la posibilidad de instalarlo acá. La iniciativa la toman los particulares y no el Estado venezolano, un rasgo muy destacado de los emprendedores caroreños. Y tenía que ser un descendiente hebreo el que toma la iniciativa en tiempos iniciales de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Me refiero al caballero Julio Mármol Herrera, un judío sefardita cuya familia paterna venía de la ciudad de Coro y su madre era caroreña. Don Julio fue hermano de José Mármol Herrera, fundador del La Patria, primer periódico caroreño, nacido el 7 de octubre de 1875, y que lo encontramos como administrador del periódico caroreño Ño Morian en 1892, y como miembro del selecto y excluyente Club Recreativo Torres en 1913.

El Semanario Labor, órgano periodístico del bachiller José Herrera Oropeza da cuenta de esta iniciativa comunicacional privada en su edición del 27 de julio de 1913 de la siguiente manera:

 “Empresa de Teléfonos

El martes por la tarde llegaron procedentes de Maracaibo, estado Zulia, 20 bultos conteniendo alambres y accesorios para la empresa telefónica que unirá a esta ciudad de Carora con las poblaciones de Muñoz, San Francisco, Altagracia, Aregue, Ríotocuyo (sic) y Curarigua.

Nos informa nuestro estimado amigo don Julio Mármol Herrera, entusiasta colaborador de la empresa, y por cuyo órgano y dirección se hicieron los pedidos a los Estados Unidos, y que en todo este mes deben llegar los cincuenta más bultos restantes.

Tiempo es que se proceda a poner en actividad todo lo concerniente a los trabajos para la instalación de las líneas.

 "Bien por el progreso de Carora.”

De modo parecido a como fue introducida la imprenta en Carora en 1875, la que procedía de Maracaibo, de manera semejante llegaron a la ciudad también procedentes de Maracaibo los rollos de alambre y los accesorios para instalar le empresa telefónica de carácter particular.

Obsérvese que las líneas telefónicas habrán de conectar preferentemente con poblados del semiárido del extenso Distrito Torres: el pueblo de Muñoz contaba entonces con unos 5.000 habitantes, San Francisco era habitada por unas 3.000 personas, Río Tocuyo con 8.000 almas, Altagracia con 2.000, Aregue con 3.000 almas, y Curarigua con 5.000. Como hemos notado, los planificadores de la empresa telefónica no tomaron en cuenta para su expansión los poblados del hemisferio húmedo y lluvioso del Distrito Torres, tales como El Empedrado, el caserío de Quebrada Arriba, los pueblos andinos de El Jabón y San Pedro, que tenía 2.000 habitantes. Obviaron también a los poblados del semiárido torrense como Burere y Arenales y sus 3.000 lugareños cada uno.

 A falta de datos podemos inferir que el equipo para instalar la telefonía en el Distrito Torres procedía de las compañías estadounidenses Bell Telephone Company y la Nueva England Telephone, creadas en 1877 por Graham Bell y que cubría a las ciudades de New York y Chicago. En 1889 se inventa la primera central automática de teléfonos, y en 1915 se produce la primera llamada telefónica transcontinental desde New York a San Francisco.

En 1903 la ciudad de Caracas era servida por la Venezuela Telephone & Appliances Company. En la ciudad de Mérida existía en 1911 una Compañía Anónima de Teléfonos del Estado Mérida, en tanto que en Carúpano se establece la Compañía Bermúdez Arismendi Benítez. Y Carora no quería quedar atrás en la idea del progreso de la filosofía positivista de entonces.

 Solo nos resta decir que los particulares tenían más iniciativa que el endeble Estado liberal anterior al aparecimiento del petróleo, y que fueron los “godos o patricios caroreños” los que llevan adelante la iniciativa telefónica como la que de manera similar dará nacimiento a la Compañía Eléctrica en 1920. Es que los “godos” han ejercido una verdadera hegemonía ideológica y cultural en Carora, como la pensó Antonio Gramsci, pues ellos fundaron colegios de primaria y secundaria, clubes y asociaciones, dominaban los asuntos eclesiásticos, fundaron periódicos y revistas, crearon la Raza Carora y establecieron las grandes haciendas ganaderas en el suroeste del Distrito Torres.

El teléfono en el siglo XXI

El español Ignacio Ramonet plantea que el teléfono inteligente se ha transformado en la principal herramienta de las personas para estar conectadas e informarse de lo que sucede a su alrededor, contexto al que los periodistas y los medios de comunicación han tenido que adaptarse modificando sus contenidos, estructuras y, en general, la relación con sus audiencias.

De la misma manera, estas transformaciones tienen un impacto en la política. “Los periodistas no son más los intermediarios entre los representantes y los ciudadanos (…) Gracias a las redes sociales, un presidente le habla directamente a las personas, al menos es lo que pareciera”, dice, y propone que este realidad cambia completamente el vínculo entre ciudadanos y sus representantes.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Jean Starobinsky: La transparencia y el obstáculo en Rousseau.


Cuando entré a la espléndida librería El Ateneo de Buenos Aires posé mi mirada en un libro excepcional del estadounidense Robert Darnton, titulado El beso de Lamourette. Reflexiones sobre historia cultural, Fondo de Cultura Económica, 2008. Contiene una serie de ensayos notables sobre la cultura de habla francesa, pero hubo uno que me atrajo irresistiblemente: Historia y literatura, que comienza con esta inquietante pregunta: ¿Qué sucede cuando un libro se vuelve un clásico? A la que agrega otras preguntas de igual tono: ¿Por medio de qué proceso un texto se aparta de todos los demás clamando atención? ¿Cómo sobrevive la temporada literaria, se metamorfosea de edición en edición, reaparece en ediciones rústicas y en tiendas de segunda mano, y se acomoda por fin en los anaqueles reservados para los libros que llegaron para quedarse?

Se refiere este aclamado periodista e historiador estadounidense a la obra Jean Jacques Rousseau: la transparencia y el obstáculo, del médico y literato suizo de origen judío-polaco Jean Starobinsky (1920-2019), un texto que se destaca como un clásico de la moderna crítica literaria, que fue presentada como tesis doctoral en la Universidad de Ginebra en 1957. Después de la lectura de este ensayo de Darnton, quedé definitivamente prendado de este extraordinario médico y literato de ascendencia hebrea que acaba de fallecer a la provecta edad de 98 primaveras el año antepasado (4 de marzo de 2019).


Como toda persona genial, desde su infancia en Ginebra forma su imagen del mundo en varias lenguas: francés, alemán, polaco, yiddist, latín. Se doctora en dos disciplinas del conocimiento casi antitéticas: medicina y filología, se interesaba por la medicina, música, literatura, historia, psiquiatría, filología, psicoanálisis, filosofía, semiótica. Su pasión iba de las humanidades a la ciencia. Fue un verdadero espíritu enciclopédico.

Con el fallecimiento de Jean Starobinsky, ya son tres las cimas del pensamiento de origen hebráico que nos dejan recientemente y que han dejado obras de verdadera trascendencia: el estadounidense Harold Bloom (El canon Occidental, La religión americana), y el francés George Steiner (Gramáticas de la creación, Nostalgia del absoluto, La muerte de la tragedia), pero a decir verdad fue Starobinsky menos conocido que ellos. La gran pasión que acompaña a los tres judíos fue la literatura, sólo que Starobinsky tenía, como dijimos, formación médica. Fue por esta razón que explora en la o desde la literatura europea un mal de la cultura de occidente: la melancolía, la languidez y el pesimismo.

El suizo Juan Jacobo Rousseau entendió la escritura como una confrontación existencial con el lenguaje, y Starobinsky trata de mostrar que un tema maestro existe en el pensador ginebrino: el afán por la transparencia, la lucha contra el obstáculo, recorre toda su obra, cohesionándola como un todo coherente. Rousseau ubica la transparencia a veces  en un pasado imaginario (Discurso sobre el origen de la desigualdad, Ensayo sobre el origen del lenguaje), a veces en una utopía futura o ahistórica (El contrato social), a veces en la ficción (Julia o la nueva Eloisa), a veces en un estado presocializado de infancia (Emilio), a veces en la festividad espontánea de la gente llana (Carta a D´ Alembert), a veces a una comunicación extasiada con la naturaleza (Las ensoñaciones de un paseante solitario) y siempre en la contemplación de su propia alma (Confesiones).

La transparencia y el obstáculo, dice Darnton, lleva las marcas del tiempo en que fue escrito: Estudio del tiempo humano (1950), de George Poulet; Fenomenología de la percepción (1945), de Maurice Merleau-Ponty; Génesis y estructura de la Fenomenología del espíritu de Hegel (1946), de Jean Hippolite; De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad (1932), de Jaques Lacan, ideas que toma Starobinsky de estos autores para comprender a Rousseau.

La idea de alienación de Hegel resultó la más útil de todas para Starobinsky, que tiene sus antecedentes en un Rousseau desconocido que puede verse como el padre del existencialismo. La caída del hombre del estado natural es una pérdida de transparencia, los artificios sociales y culturales que abrieron el camino a la civilización, pero cerraron el alma al mundo exterior. La historia es para el pensador ginebrino una trampa psíquica, pues mientras mayor es nuestra inversión en el refinamiento de las artes y las ciencias, mayor es la pérdida de contacto con el núcleo de nuestro propio ser. La negación de la naturaleza por parte de la cultura, pensamiento central roussoniano, es idea que tomaron posteriormente Hegel y Federico Engels para los procesos de la historia, Kant y Cassirer la adaptaron a un sistema de ética y estética, el antropólogo Lévi-Strauss califica al pensador ginebrino como padre de la antropología.

 

Pero, ¿de qué manera se convierte Rousseau en un gigante del pensamiento en el que abrevaron desde Karl Marx, el filósofo Derrida, el antropólogo Lévi-Strauss y el gigantesco y cruel genocida camboyano Pol Pot? ¿Cuáles fueron los inicios de este ´pensador que ha sido considerado padre de la Revolución Francesa de 1789?

Starobinsky se vale de Freud y de Lacan para adelantarnos una explicación: el traumatismo infantil, piedra angular del psicoanálisis. Rousseau era hijo adoptivo de la familia Lambercier en Ginebra, un hogar que constituía un mundo edénico de comunicación perfecta, que se vio roto repentinamente cuando fue obligado a confesar un crimen que no cometió: un peine dejado en la cocina que fue roto y todo apuntaba a que fue Juan Jacobo quien lo hizo. Recibe entonces una paliza. El mundo del muchacho se desmorona y al experimentar la injusticia aprendió a medir la disparidad entre las cosas como son en la realidad y las cosas como aparentan ser, una pérdida de la inocencia.

Se dio cuenta, dice Darnton, del estado de opacidad en el que las conciencias avanzan como barcos en la noche. Todo lo cual lo obliga a un forcejeo constante con el lenguaje, pues sólo podía ser él mismo al encontrar las palabras que liberaran su voz interna, es el afán de la “transparencia” y la lucha contra el “obstáculo” que recorre toda la obra de Rousseau. La caída del mundo en la cocina de los Lambercier puso en movimiento el mismo proceso que la caída del hombre del estado natural: el buen salvaje que pierde su inocencia.

Este acontecimiento en la vida del ginebrino me hizo recordar una traumática experiencia vivida por quien escribe. Fui expulsado del Liceo Egidio Montesinos de Carora por una larguísima semana por un crimen que no cometí. En el laboratorio de biología de segundo año un compañero de estudios toma un órgano sexual masculino de plástico y lo coloca en la cara a una de las chicas del curso. Ambos somos expulsados por el director del instituto, el profesor y abogado Rigoberto Valenzuela. Lloré amargamente por aquella injusticia que nadie trata de desmontar. Era una verdad de corbata y paltó que ocasiona en mi psiquis largas noches de insomnio y pesadillas. Desde ese terrible mes de marzo de 1965 no volví a ser el mismo, algo se había roto en mi relación con el mundo de lo social. Enmudecí y me hice parco al hablar, lo que me condujo a buscar otra vía de expresión: la transparencia de la escritura.

 

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gtmail.com

 

 

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Fin milagro alemán

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