lunes, 22 de marzo de 2021

AL MAESTRO NORMALISTA HERNAN PRIETO CASTILLO


“Cuando hay educadores de primaria de verdad,

 hay ciudadanos dignos y capaces.”

Luis Beltrán Guerrero

Hace más de media centuria que me senté en los pupitres del aula de sexto grado sección “A” en el magnífico Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza de la ciudad de la antigua ciudad de Carora, recién llegado de los Andes que me vieron nacer. Algo extraordinario me aconteció entonces en aquella institución que era dirigida por mi padre, Expedito Cortés, y en donde residíamos, puesto que esa noble y hermosa planta física contaba con dos residencias familiares, una para el director y la otra para el subdirector, hogaño lamentablemente ocupadas en otras actividades.

 En 1964, sucede la hermosa historia que me aconteció con mi maestro de último año de primaria, el olvidado docente de primaria Hernán Prieto Castillo. Él llega desde Barquisimeto recién graduado de la Escuela Normal Miguel José Sanz, acompañado de su hermano menor, Carlos, a laborar llenos de entusiasmo en esa escuela que por entonces era centro piloto de la educación en el Distrito Torres. Causaron una conmoción este par de galantes y encantadores pedagogos “extranjeros” recién llegados. Fue un hecho sentimental y académico que deja fuerte impronta en mi memoria, lo que de seguro tenía relación con la extrema juventud de aquellos educadores, tan bisoños como entusiastas. Todos hablaba de ellos, de “los Prietos”, como se decía, tanto en el recinto escolar como en la pequeña y apacible ciudad de Carora de entonces. Eran los inicios de la democracia y se respiraba un aire de euforia libertaria en Venezuela.

Hernán era delgado, enjuto de carnes, y de una mirada inquisidora que inspiraba inmediato respeto. Por momentos entraba en largos mutismos que denotaban profundos pensamientos. Lucía impecable en el vestir y estaba siempre bien rasurada su cabellera negrísima. Nunca usaba camisas mangas largas, por lo que siempre mostraba sus delgados brazos y sus nerviosas y alargadas manos que me recuerdan las del pintor germano del Renacimiento Alberto Durero. Llegaba caminando y se marchaba de igual manera tras cumplir con el lamentablemente desaparecido doble turno escolar, que se acaba a fines de la década de 1970. No tenía vehículo automotor alguno, pero sabía conducirlos.

Bajo su magisterio le tomé un gran cariño y admiración a la lengua de Shakespeare y de Edgar Allan Poe, pues en algunas ocasiones nos enseñaba el significado de algunas palabras anglosajonas, lo cual no figuraba en los constreñidos y anestesiantes programas educativos de siempre. Y es que Hernán quería seguir estudios en esa lengua no romance en el recién instalado Pedagógico de Barquisimeto, aspiración que nunca logra concretar, pues debió quedarse hasta su jubilación en Carora. Su hermano Carlos tenía el mismo amor por los idiomas y logra coronarse como profesor en lenguas modernas. Hernán no lo logra y ello fue motivo de una cierta tristeza y frustración en tan inteligente educador que era mi maestro de fines de primaria.

Su genio se expresaba de distintas maneras, una de ellas era la de que era el autor de un periódico humorístico con caricaturas salidas de sus febriles y nerviosas manos. Era de un ácido humor aquel pasquín que llegó a inquietar a algunos docentes, incluido mi padre. Esto motivó mucho al muchacho que era yo entonces, pues vi aquello como un portento a ser imitado y que creo haber seguido hasta el presente.

Le daba mucha importancia mi maestro a las ilustraciones y a los dibujos, en tiempos en que aquellas provincianas escuelas no conocían de proyectores de diapositivas, ni de videos beams. Se comportaba Hernán como un contemporáneo Amos Comenius, como cuando se quedaba mirando nuestros dibujos con cierta admiración y asombro, tal como cuando cierta vez le mostré una composición que representaba un mundo primitivo de volcanes humeantes, feroces dinosauros y reptiles alados antidiluvianos, salidos de mi imaginación de preadolescente, bellamente coloreados con los excelentes e insuperables lápices de Prismacolor. Me puso veinte puntos y cada vez que había que hacer carteleras escolares me llamaba a mí de primerito.

Había en mi maestro de sexto grado otra cosa que me impresionaba y me impresiona hasta el presente: el armario o escaparate metálico de su aula de clases. Allí había una biblioteca pequeña de tamaño pero descomunal en contenidos, que contenía los más heteróclitos títulos: su majestad el Algebra de Baldor, el inmortal poemario Residencia en la tierra del chileno Pablo Neruda, el Libro Guiness de los récords, el paquidérmico volumen Venezuela y sus recursos del cubano Leví Marrero, La Constitución de Venezuela del año 1961, el Pequeño Larousse. A un lado se hallaban otros útiles escolares preciosos: un estuche con marcadores de alcohol, que eran novedad entonces, un termómetro de pared que siempre marcaba 26 °C, tizas de colores amarradas con una liguita, una impresionante regla de madera Pelikan que jamás usó para castigarnos, dos pelotas de softball nuevecitas y un guante de baseball marca Wilson.

Él pertenecía al célebre equipo de pelota formado de educadores llamado Los Flacos, que se enfrentaba en el viejo estadium La Esperanza, situado en la avenida Francisco de Miranda, a los integrantes del otro equipo de educadores, que por su contextura rolliza se les llamaba Los Gordos. Las gradas eran un auténtico frenesí de maestras y alumnos de las distintas escuelas de Carora que animaban a sus respectivos equipos. Es que en Carora es el béisbol una suerte de segunda religión.

Sobre el techo de ese mágico mueble escolar, una especie de armario y biblioteca, se podían ver vasos y frascos de cristal, en donde en un experimento protagonizado por nosotros los alumnos, germinaban exuberantes granos de caraotas negras extendiendo sus ramitas hacia el elevadísimo techo de madera de aquella escuela que diseñara en estilo “neocolonial” el arquitecto Carlos Raúl Villanueva para el gobierno civilista del general Isaías Medina Angarita.

No le daba importancia al hecho de que quien escribe fuera el hijo del director de aquella deslumbrante y admirable institución educacionista que había sido inaugurada en 1949, y que el populacho llamaba La Concentración. No, su trato era igualitario y democrático entre aquellos alumnos que venían de sectores populares, la clase media baja de los barrios aledaños al plantel: el Trasandino, Pueblo Aparte, Santo Domingo-Brasil.

 

Una vez jubilado marcha Hernán a su ciudad natal, en donde daba rienda suelta a su decidida dromomanía, ataviado de gorras y zapatillas de goma atravesaba a pie la anchurosa ciudad de Barquisimeto de Este a Oeste. Me topé con él en las cercanías de la Biblioteca Pío Tamayo de Barquisimeto y me pregunta emocionado, con brillo en su mirada, por mis libros y escritos. Le dije que en la Sala Larense de la Pío Tamayo los podría encontrar, acto seguido nos fuimos a ese agradable recinto en donde revisa allí mi producción escritural impresa, y en la planta baja lo hace con mi blog Cronista de Carora en las computadoras. Al final me dio un conmovido abrazo que jamás podré olvidar.

En ocasión en que el doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa se lanza como candidato presidencial en 1968, en abierta disidencia con los adecos, funda el Movimiento Electoral del Pueblo, fue Hernán uno de los más entusiastas promotores de las aspiraciones de gobierno de este singular político y escritor margariteño, quien fue invitado a la Casa del Educador de Carora por mi padre, el profesor Expedito Cortés, a la sazón presidente de la Federación Venezolana de Maestros, seccional Torres.

 

Hernán era tan frugal en su alimentación que jamás se le podía ver en la cantina escolar. No le probaba alimentos sino a muy contadas personas. Era una suerte de Gargantúa al revés. Este rasgo de su personalidad, que chocaba en la opípara Carora de siempre, le acompaña hasta su fallecimiento en la ciudad de Barquisimeto en 2015. Cual Emmanuel Kant, no deja descendencia este extraordinario docente de aula que nunca ejerció cargos directivos y que laboraba dos turnos de primaria diurnos y un turno nocturno en la Escuela Cecilio “Chío” Zubillaga Perera, que no contrajo matrimonio, pero que no se despidió del mundo en estado célibe.  Fue de esos docentes que no conocieron internet, ni Google, ni teléfonos inteligentes, ni videos beams, pero que edificaron un sólido apostolado educativo a base de buen ejemplo ciudadano, puntualidad, pizarrón, tiza y saliva.

Paz a su alma.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

EL Acueducto de Carora, inaugurado el 19 de diciembre de 1914

Un libro escrito por la historiadora Yolanda Clemaride Segnini Sequera llamado Las luces del gomecismo trata de mostrar que no todo durante el largo gobierno de 27 años del presidente Juan Vicente Gómez Chacón fue atraso, oscurantismo y terror. No es así. Recordemos que fue gracias al presidente andino y por intermediación del general tachirense Juan de Jesús Blanco, que la ciudad de Carora ve la ansiada reapertura del Colegio Federal Carora en 1911, institución de educación secundaria fundada al calor del “patriciado caroreño” que fue clausurada en 1900 por el presidente Cipriano Castro y su ministro de instrucción, el célebre escritor Eduardo Blanco. En 1915 abre sus puertas el Liceo Contreras para señoritas, obra del doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza, y que en 1925 el Gobierno del Benemérito General Gómez crea la Escuela Torres para señoritas. A ello debemos agregar la fundación de la Biblioteca Pública Ildefonso Riera Aguinagalde por Cecilio Chío Zubillaga Perera en el ocaso de la dictadura, en 1934.

 El general Juan de Jesús Blanco, progresista militar andino, afincado emocionalmente en la ciudad, fungía como Jefe Civil y a él le debemos el Parque (Plaza) Bolívar, la red de telegrafía de nuestro extenso Distrito, y el nuevo Acueducto que fue inaugurado el 19 de diciembre de 1914. Esta obra sanitaria iba a sustituir la llamada Cisterna Guzmán Blanco, obra construida por el Ilustre Americano durante el Septenio, 1870-1877. Estaba ubicada al lado del Hospital San Antonio que fundaran los presbíteros Carlos Zubillaga Perera y Lisímaco Antonio Gutiérrez Meléndez, y se nutría de una pequeña y corta quebrada que bajaba paralela a la calle Lara y que ya no existe, tal como me dijo mi padre, el ecologista profesor Expedito Cortés.

El nuevo acueducto de Carora fue construido, dice el Dr. Ramón Pompilio Oropeza Álvarez en 1921, bajo la dirección técnica del bachiller Rafael Lozada, nativo de Siquisique, alumno y fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890, y quien obtuvo el título de Agrimensor Público en tal Colegio en 1896. Se encargó como preceptor de la escuela de primaria anexa al Colegio Federal. Fue además miembro fundador del selecto Club Recreativo Torres.

 En octubre de 1913 esta obra sanitaria estaba paralizada, cuando ya estaba construida la caja y se esperaba la maquinaria para instalarla, según refiere el Semanario Labor de José Alejandro de Jesús Herrera Oropeza. La obra costó al Gobierno unos 60,000 bolívares, dinero con el cual se cubre el importe del edificio, la construcción de la caja o depósito, de la maquinaria y el transporte de ésta. Faltan, agrega Labor, unos 12.000 bolívares para comprar los tubos galvanizados para garantizar su permanencia. Esta cantidad, que hogaño nos parece insignificante, era poco menos que una fortuna, y por ello fue “reunida por los hijos de Carora, nunca zagueros (últimos) en ofrecer sus esfuerzos para toda obra que se emprenda para el progreso de su tierra”.

Se convoca para tales fines a una reunión con “las personas pudientes de esta sociedad, con el objeto de organizar una recolecta entre todos nuestros capitalistas, a los que seguirá el pueblo en general”. Entre estos capitalistas estaban “la primera riqueza de Carora” Andrés Tiberio Álvarez Urrieta, Flavio Antonio Herrera Oropeza, Amenodoro Riera, el socio de La Rosa de Oro, Miguel Ángel González Herrera, Aníbal Aldazoro Crespo., entre otros.

Agrega don José Alejandro de Jesús Herrera Oropeza que “Esta obra es muy necesaria, por lo exiguo del río Morere, las constantes sequías que se sufren en esta calurosa región, y la relativa poca durabilidad de la existencia de agua en la Cisterna Guzmán Blanco, hacen que la población continuamente se vea expuesta al martirio de la sed.” Y más adelante dice: “Recientemente ocurrió este caso: presentados todos los inconvenientes citados, vino a complicar la situación el hecho de que, habiendo llovido en las cabeceras del río Morere, el agua que este traía era horrorosamente revuelta, próxima casi a coagularse en barro, (esto sucede aquí con harta frecuencia); en tan angustiante caso, no hubo más recurso que mandar por agua a los campos, agotar la de los pozos, y, en fin, resignarse a pasar largos ratos de sed por parte de las personas más pobres.”

El muy ingenuo José Alejandro de Jesús Herrera Oropeza escribirá de seguido en su Semanario Labor, que es antecedente del Diario de Carora: “A nadie se escapará que, una vez terminado el acueducto, no volverá Carora a verse en tales apuros.” En los inicios del tercer milenio sufrimos consuetudinariamente la falta de tan elemental líquido los caroreños, teniendo a nuestra disposición dos represas gigantescas: Los Quediches y Atarigua. Toda una paradoja que habría desconcertado al director del Semanario Labor.

La Junta del Acueducto que se forma para impulsar la obra sanitaria, aclara que no hace falta la recolección de dinero que se había anunciado, porque la Junta pedirá al Gobierno la cantidad que falta. Un lujoso programa se imprime en los talleres del Semanario Labor de José Herrera Oropeza para la inauguración de la obra en 19 de diciembre de 1914, que coincide con los 11 años de la Rehabilitación Nacional, suceso que ocurre en 1908 y en el cual Juan Vicente Gómez le arrebata el poder a su compadre general Cipriano Castro quien en viaje de salud estaba en Alemania.

Este moderno Acueducto, construido con iniciativa y talento caroreño, lo que es digno destacar, estaba ubicado en la calle Bolívar, esquina de la calle Falcón, a una cuadra del Puente Bolívar, sus ruinas podían verse aun en la década de 1970. Se nutría de las aguas del “hilo de miel”, nuestro río Morere, hogaño convertido en gigantesca y nauseabunda cloaca, funcionó hasta que fue sustituido por las perforaciones del Puente de La Miel, situadas en la carretera Lara-Zulia y que nos proporcionaron un agua subterránea salobre y gris.

La ciudad de Carora era por aquel entonces la capital del Distrito Torres y tenía una pequeña población de 10 mil habitantes, una sociedad en cuyo vértice se hallaba el “Patriciado caroreño”, clase social que ejercía una verdadera hegemonía ideológica y cultural, hablando en términos de Gramsci. El general tachirense Juan de Jesús Blanco congenió de buena manera con los godos y con el populacho. Se hizo miembro del selecto Club Torres. En la sala de sesiones del Concejo Municipal fue colocado el 19 de diciembre de 1914, solemne Día de la Rehabilitación, un retrato suyo que fue pintado al óleo por Julio Teodoro Arze, en reconocimiento a los desinteresados servicios prestados a la ciudad y al Distrito Torres. Después de entregar el poder se residenció Blanco en el pueblo de Río Tocuyo, funda allí una hacienda a la que coloca el nombre de Montenegro, en homenaje a la pequeña y sufrida nación de los Balcanes. Tuvo descendencia acá y entre ellos destaca el simpático músico, locutor, comerciante, humorista y político Nelson Pérez, fundador de Los Trovadores Caroreños y militante comunista de gratísimo recuerdo.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

viernes, 5 de marzo de 2021

El Liceo Contreras del Doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza, Carora 1914

CRONISTA OFICIAL DE CARORA: Doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza 1882-1922

INTRODUCCION.

A comienzos del siglo XX el país comienza a vivir una época de estabilidad y de paz, luego del cruel y violento siglo XIX. En 1904 fue derrotada la última insurrección armada, la Revolución Libertadora. El viejo liberalismo fallecerá para siempre. Venezuela sufre del bloqueo de Alemania e Inglaterra, que con gran dignidad enfrenta Cipriano Castro. Cuando “El Cabito” viaja a Europa a practicarse una cirugía de próstata, su compadre Juan Vicente Gómez, lo aparta del poder en 1908. La población aplaude al nuevo gobernante y se inaugura un periodo de confianza y de expectativas en el nuevo régimen. Es la Luna de Miel” del gobierno, pues la terrorífica dictadura andina abrirá sus fauces después.

En Carora recibe el presidente Juan Vicente Gómez el apoyo de Chío Zubillaga y del Dr. Ramón Pompilio Oropeza para su aspiración de ser relegido presidente hasta 1914. El Jefe Civil del nuevo gobierno, general Juan de Jesús Blanco, le cae bien a los caroreños, se hará miembro del selecto Club Recreativo Torres y comienza a realizar importantes obras de interés público: en 1914 inaugura el nuevo acueducto que sustituye a la Cisterna Guzmán Blanco, el Parque Bolívar, la red telegráfica y la seguridad de que el Colegio Federal Carora, reabierto en 1911 tras una prolongada clausura sufrida desde 1900, siguiera descansando sobre la columna del Presupuesto Nacional.

Son los comienzos de la explotación petrolera en Venezuela, en tanto que en Europa el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, será el detonante de la más cruenta guerra sufrida por el género humano hasta entonces.

En la recoleta y muy católica ciudad de Carora, enclavada en el semiárido larense venezolano, recibe el bachiller José Herrera Oropeza, director del Semanario Labor, una correspondencia particular procedente de la novísima República de Panamá, en donde el brillante y destacado educador y agrónomo Rafael Tobías Marquís Oropeza anuncia el “plausible propósito” de establecer en Carora un Colegio para niñas. Para publicitar tal proyecto, el “ilustrado educacionista” caroreño lo anuncia a página completa en el Semanario Labor, el día 28 de septiembre de 1913, lo que de seguido analizamos y comentaremos después de un siglo de haberse anunciado tan importante iniciativa pedagógica destinada a la educación femenina.

POR QUÉ LICEO CONTRERAS.

La ciudad de Carora tuvo varios institutos de educación superior o de media durante nuestro turbulento siglo XIX. En 1890 nace al calor del “patriciado caroreño” el Colegio La Esperanza o Federal Carora, dirigido por el rector Dr. Ramón Pompilio Oropeza. En 1864 el licenciado Rafael Antonio Álvarez funda el Colegio de La Paz.

 Pero es el Dr. Ezequiel Contreras, médico egresado de la Universidad de Caracas y fundador del Colegio San Andrés en 1855, “Prócer de la Instrucción y de la Ciencia”, quien le da nombre al instituto del Dr. Marquís Oropeza creado en 1914. El Dr. Ezequiel Contreras morirá en Valencia en 1858 y con ese suceso luctuoso desaparece para siempre el Colegio por él fundado. Hogaño una de las calles principales de Carora lleva su nombre, así como una escuela primaria fundada en 1912.

CURRICULUM VITAE DEL DR. RAFAEL TOBÍAS MARQUÍS OROPEZA.

Abrió sus puertas el Liceo Contreras para la educación femenina, plantel de carácter particular o privado para la Educación Superior del “Segundo Sexo” en Carora el 6 de enero de 1914. Su Director y fundador fue el caroreño, Doctor en Agronomía, Rafael Tobías Marquís Oropeza, quien había egresado del Colegio Federal Carora el 13 de julio de 1898, al haber obtenido el título de Bachiller en Ciencias Filosóficas, y que luego fue a Caracas a estudiar agronomía en el Instituto Agrario, plantel fundado en 1904 por el trujillano Dr. Enrique Luppi, y posteriormente fue a trabajar como agrónomo y docente en colegios para señoritas en la recién instalada República de Panamá. Obtiene el título de Doctor en Agronomía en la ciudad de Nueva York en 1907 con una Tesis sobre la palmera industrial en el Istmo de Panamá. Su otro gran apasionamiento, como veremos, fue la educación y la pedagogía para las féminas, una herencia que viene de su madre Francisca Oropeza, directora del Colegio Santa Teresa para señoritas en 1896.

ANUNCIO DESDE PANAMÁ.

 Hace su anuncio el Dr. Marquís Oropeza de la apertura del instituto escolar en Carora desde la República de Panamá, en carta que envía a José Herrera Oropeza, director del periódico Labor, órgano impreso que contaba como Redactor al poeta tocuyano Alcides Losada, y como Administrador a Miguel Ángel González, tabloide que había nacido en 1911 en la ciudad de Carora y que convivía con un periódico diario llamado El Impulso, fundado en 1904 por el bachiller Federico Carmona.

Como buen hijo de su tierra, que luego lo decepcionaría, como veremos luego, el Dr. Marquís Oropeza regresa a su lar nativo, un rasgo muy caroreño, y anuncia por medio de la prensa, el Semanario Labor, la apertura de un Colegio para señoritas en un medio social marcadamente católico, machista y patriarcal.

LA PLANTA FÍSICA.

 El local destinado para aquel propósito educacionista del Dr. Marquís Oropeza fue la casa “cómoda y capaz” que acaba de construir Jacobo J. Curiel en la calle San Juan, miembro este caballero de la pequeña pero notable colonia sefardita asentada en la ciudad luego de los disturbios antijudíos que tuvieron lugar en la ciudad de Coro a mediados del siglo XIX. Como se habrá notado ni la educación oficial ni la particular tenían edificaciones adecuadas y destinadas para los fines educacionistas. Fue el presidente Cipriano Castro (1899-1908) quien dio inicio en Venezuela un plan sistemático de construcción de edificaciones escolares por parte del Estado.

ORIENTACIÓN FILOSÓFICA.

El fin principal del instituto a inaugurarse era “educar e instruir a la mujer para la vida práctica”, puesto que los altos conocimientos de tipo teórico y filosófico eran dictados en el Colegio La Esperanza o Federal Carora, instituto que era exclusivo para el sexo masculino. Era la llamada razón patriarcal que se expresaba de aquélla manera, que entendía que la mujer no tenía competencia para las ideas más elevadas del espíritu humano, como había establecido con certeza experimental la ciencia positivista del siglo XIX con y a través de una pseudociencia llamada craneometría,  quien demostró, según escribe Estephen Jay Gould, con base experimental la minusvalía intelectual femenina.

EL SISTEMA DE ENSEÑANZA CONCÉNTRICO.

 La enseñanza se impartía según el sistema concéntrico, o por capas, desde una más básica hasta una más compleja, siempre abarcando transversalmente los conocimientos y las aptitudes.  Consiste en examinar varias veces todo lo concerniente a un asunto, tema o a una disciplina. Cada vez se amplía y se profundiza el estudio anterior. Es un sistema que acusa una notable influencia del positivismo y el darwinismo evolucionista del siglo XIX. Hubo serios debates sobre este método, llamado también cíclico. La aritmética no puede ser enseñada bajo este método, pues ningún algoritmo es capa concéntrica de otro, señalaban sus detractores. Sus defensores sostienen que es un organizador grafico que presenta los contenidos de manera global, dando la sensación de todo, que mejora la comunicación oral y escrita y permite la interacción grupal en el aula. Es vieja discusión que nos llega hogaño, los inicios del tercer milenio. Marquís Oropeza sostiene que este sistema es el que mejores resultados ha producido en el mundo entero.

Mi amigo, el profesor Mg. Sc. en Historia, Taylor Rodríguez García dice que el fundador del Liceo Contreras introdujo las ideas de la Escuela Nueva de John Dewey (1859-1952) en Carora, pues las había conocido durante su estadía en Nueva York cuando se iniciaba el siglo XX.

LOS DOCENTES ESCOGIDOS.

Los docentes, “escogidos entre lo más honorable de nuestra sociedad”, que atendían a las señoritas y niñas de entre 12 y 20 años, en la modalidad internas y seminternas, eran el muy conservador reverendo padre Pedro Felipe Montesdeoca, el doctor en abogacía Ramón Pompilio Oropeza, director del Colegio Federal Carora, el bachiller, nativo de Siquisique, Rafael Lozada, señora Doña Felipa B. de Yépez, señorita Virginia Silva, señor Don Juan A. Arapé, señorita María Perera, señorita María Leonor Herrera.

El Colegio tendrá tres secciones, se anuncia en el periódico Labor de José Herrera Oropeza: kindergarten, Preparatoria y Curso Superior o de secundaria. Tenía un reglamento interno, del que no hemos conseguido un ejemplar.  Era una empresa de carácter privada o particular y cobraba una mensualidad de 20 bolívares para la secundaria, tres bolívares para el Kindergartin y cinco bolívares para la Escuela Preparatoria. El internado era atendido por la familia del Dr. Marquís Oropeza.

Había cierta renuencia de los padres de familia de aquella conservadora y ultracatólica ciudad para inscribir a sus muchachas en el Liceo Contreras, pero una vez que se distribuyó el Reglamento Interno de la institución los temores se apaciguan.  Sin embargo tenemos en nuestras manos un documento precioso que apareció en el Semanario Labor, el 28 de septiembre de 1913 y que nos ayuda a comprender el sentido de la educación femenina en la Venezuela de hace más de una centuria:

PROYECTO DE UN COLEGIO PARA SEÑORITAS.

EL Dr. Marquís Oropeza se presenta como profesor titulado, con ocho años de experiencia, pues había laborado la docencia para señoritas en la ciudad de Panamá. Dice tener los más modernos principios de la pedagogía. Se compromete a impartir una enseñanza cónsona con las necesidades del medio social, que no eran otros que los de la clase del “patriciado caroreño”, clase social con rasgos de casta que ha ejercido una verdadera hegemonía ideológica y cultural en esta remota ciudad del semiárido del occidente venezolano.

Sin embargo, dice el Dr. Marquís Oropeza, que “impartirá conocimientos científicos, literarios y artísticos que ponga a las señoritas en capacidad de ejercer las funciones de la vida práctica”, es decir la vida de hogar y al completo servicio de su esposo y de la educación de su prole. Las mujeres no tenían otra opción en aquella Venezuela machista y violenta que entregarse a la vida doméstica o monjil por el resto de sus vidas.

EL COMPROMISO DEL DR. MARQUÍS OROPEZA.

Se compromete el Dr. Marquís Oropeza a servir en la dirección del Colegio un tiempo no menor de tres años, al cabo de los cuales garantiza que las niñas habrán terminado su educación.  Pide para cumplir este compromiso que sea un mínimo de 25 niñas las que se inscriban a 20 bolívares cada una y que permanezcan en el Colegio dos años por lo menos. Para ingresar al instituto sólo se requieren los conocimientos que se adquieren en una escuela elemental. En ese entonces estaban en funcionamiento 11 escuelas en Carora, de las cuales dos eran exclusivas para niñas. Es notable que con unas 8.500 habitantes tuviera esa ciudad tan importante número de centros educacionistas.

Anexos al Colegio se fundarán una Escuela Preparatoria y un Kindergartin (sic) o jardín de infancia, los cuales estarán bajo la inmediata vigilancia del Director. Y, cosa casi increíble, se compromete Marquís adquirir los útiles escolares a través de un fondo con parte del dinero que produzca la institución. Las obras didácticas y de enseñanza, propiedad del Dr. Marquís Oropeza, estarán al servicio del Colegio.

 “La duración del curso superior será de tres años, al cabo de los cuales las alumnas que hayan pasado todas las asignaturas, recibirán un certificado de competencia que se someterá a la aprobación de la autoridad respectiva”.

Cada alumna tendrá un boletín de calificaciones mensuales. Más adelante dice el Proyecto: “Aunque la pedagogía moderna no recomienda mucho la práctica de los exámenes como medida de estímulo para las alumnas tendrá lugar al fin de cada año escolar un examen público que versara sobre cada una de las asignaturas. Dichos exámenes serán orales y escritos.

PLAN DE ESTUDIOS:

Obsérvese que en este Plan de Estudios del Liceo Contreras no aparecen las asignaturas que dominan en la enseñanza secundaria masculina que se dictaban en el Colegio Federal Carora, tales como Latín, Griego, Filosofía Elemental, Retórica, pues se consideraban propias y adecuadas a la mentalidad masculina.

Castellano Gramática, Lectura, Composición y Dictado. 5 horas semanales.

Matemáticas. Aritmética y Nociones de Algebra y Geometría. 4 horas semanales.

Ciencias Naturales. 2 horas semanales.

Física y Química, dos horas semanales.

Historia. Una hora semanal.

Geografía y Cosmografía. Una hora semanal.

Gimnasia. Dos horas semanales.

Dibujo. Dos horas semanales.

Canto. Dos horas semanales.

Francés o Inglés. 1 hora semanal.

Economía Doméstica. Una hora semanal.

Fisiología e Higiene. Una hora semanal.

Pedagogía. Una hora semanal.

Todas las asignaturas, a excepción de las Matemáticas, serán dictadas por el Dr. Marquís Oropeza. Los docentes de Kindergartin y de la Escuela Preparatoria serán servidos por profesores escogidos por el Director con la aprobación de los padres o encargados de las niñas.

FUNCIONAMIENTO DEL COLEGIO:

Los días lectivos serán los lunes, martes, miércoles, viernes y sábados por la mañana. Las clases comenzaran a las 7 am. Y se suspenderán a las 11 am. Para reanudar a las 2 pm, terminando a las 4 pm. Entre una clase y otra habrá un intervalo de 19 minutos de receso.  “No se exigirá a las alumnas libros de texto, sino tan solo una libreta o cuaderno, un plumario (sic) y un lápiz. El Director cederá de su propia biblioteca las obras que a su juicio sean útiles a las niñas como obras de consulta, pero en ningún caso permitirá que se usen para aprenderlos de memoria”, advierte el Dr. Marquís Oropeza. Parece que el “caletre” es un antiguo y pernicioso hábito, muy común entre párvulos y docentes de Venezuela y de la cultura de habla castellana.  Habría que rastrear cómo se comienza a utilizar entre nosotros esta palabreja tan utilizada en nuestros medios académicos.

EVALUACIONES.

Habrá dos clases de calificaciones: de conducta y de aprovechamiento. Las de conducta serán comunicadas a los padres o encargados al fin de cada semana, y las de aprovechamiento el último de cada mes. Las evaluaciones eran numéricas e iban del uno al veinte.

El Dr. Marquís Oropeza deseaba que la comunidad se involucrara en el proceso de enseñanza-aprendizaje e invitaba a que asistiesen a las clases las “personas capaces” a fiscalizarlo siempre que vayan “movidos por sana intención”. También invitaba a padres y ascendientes para que con la mayor frecuencia posible visiten el plantel y aprecien por sí mismos el adelantamiento de las alumnas. ¡Qué lecciones para el presente nos da nuestro olvidado pasado educativo!

Y ya para finalizar, el Proyecto del Colegio para Señoritas dice: “El Colegio celebrará con la mayor frecuencia actos literarios y otras fiestas escolares, propias para despertar en las educandas estímulos y hábitos de sociedad”. El famoso Manual Carreño (1853) era entonces texto fundamental para formar ciudadanía y buenos hábitos en sociedad. Y todavía lo es, no sólo en Venezuela sino en Hispanoamérica.

LAS ALUMNAS DEL LICEO CONTRERAS.

Las señoritas que se inscriben en la institución pertenecen en su mayoría al “patriciado caroreño” son María Perera Álvarez, Rosa María Perera Álvarez, María Auxiliadora Álvarez, Atala Oropeza Riera, Carmen Elena Montesdeoca,

En 1928, ya fallecido el Dr. Marquís Oropeza en Valera, Estado Trujillo, como veremos más adelante, encontramos cursando estudios a  las “damitas de la sociedad” Margot Álvarez, Elisa Zubillaga, Lucila Álvarez, petra Mercedes Álvarez, josefina Pérez Riera, emérita Acosta, Josefina Herrera Oropeza, Flor Demartini, leoncia Castañeda, Sara Arispe, Dora Marquís Herrera, Blanca Victoria Fajardo, María Álvarez Yépez.

LA REVISTA MINERVA.

Resulta maravilloso que el Liceo Contreras haya tenido un órgano informativo: Minerva. Revista Científico Literaria, que nace el 9 de enero de 1914 y tiene una orientación feminista, lo que resulta sorprendente en una tierra dominada por el patriarcado y el machismo. Simone de Beauvoir se habría sentido deslumbrada de haberla conocido. Su junta administradora estaba constituida por féminas. Recordemos que Minerva es la diosa griega de la sabiduría y el conocimiento. Allí aparecen los primeros escritos de quien más tarde habría de ser nuestro gran ensayista, el merideño Mariano Picón Salas.

La diosa Minerva fue un arquetipo que escogieron los feministas de hace una centuria en los países anglosajones para orientar sus aspiraciones emancipatorias y la lucha contra el androcentrismo: el derecho al voto y a la propiedad, igualdad en el matrimonio. Estas ideas que el Dr. Marquís Oropeza asimila durante su estadía en los Estados Unidos y la ciudad de New York, habrían de levantar en la recoleta ciudad del Carora los más virulentos comentarios.

MARQUÍS OROPEZA ABANDONA CARORA:

Toda una serie de incomprensiones y comentarios adversos, malintencionados, determinan que el director del Liceo Contreras dejara la ciudad en 1921 y se dirigiera a la localidad de Valera, ciudad donde abre un instituto similar al que bautiza Colegio Padre Rosario, Instituto Superior de Educación Femenina, con educación normalista y pedagogía, pero la muerte le sorprende en 1922 cuando apenas contaba con 40 años. Cecilio Zubillaga Perera dice que fue un error garrafal y supino dejar que el Dr. Marquís Oropeza, un incondicional de la cultura y de la emancipación de la mujer, nos abandonara. En 1923 sus restos mortales fueron traídos a Carora, donde el pueblo le rinde emocionada gratitud a su obra y memoria.

SE EXTINGUE EL LICEO CONTRERAS.

Cuando el Dr. Marquís Oropeza abandona la “levítica ciudad de Carora” en 1921, deja en otras manos su plantel de educación secundaria, el cual ahora, sin su timonel y fundador, continua sus labores hasta que expira definitivamente en1935, el mismo año en que muere el dictador Juan Vicente Gómez. Apenas pudo sobrevivir este instituto particular 20 años, y que en su corta existencia no consigue apoyo del gobierno del sátrapa andino. Pero no todo fue infortunio pues del Liceo Contreras se desprenderán dos planteles: La Escuela Marquís para varones dirigida por María Auxiliadora Álvarez, y la Escuela Contreras para niñas dirigida por Dora Marquís, a lo que debemos agregar que el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, maestro de Marquís Oropeza, abre la oportunidad de que el “segundo sexo” curse estudios secundarios en el Colegio Federal Carora en 1931. No fue en vano, pues, el esfuerzo emancipador de las féminas del Dr. Marquís Oropeza.

CODA

La heteróclita ciudad de Carora tiene un rasgo singular, y es que expulsa de su seno a las personas que  resultan incomodas a la “godarria  o patricios caroreños”: en 1859 es sacado a lomo de burro y en posición invertida el fraile Aguinagalde, el de la maldición que lleva su nombre. A comienzos de siglo XX, en 1911, fue extrañado de la ciudad del Portillo el presbítero doctor Carlos Zubillaga, un adelantado de la Teología de la Liberación. El puertorriqueño Edmundo Jordán se ve conminado salir de Carora en 1948 por su condición de evangélico y protestante en una ciudad gobernada en el siglo XX por las ordenanzas del Concilio de Trento del siglo XVI.

Al Dr. Marquís Oropeza le toca igual destino al tratar de introducir en nuestro medio conservador y pacato ideas que harán eclosión más tarde, en la década  de los años 1960, la emancipación de la mujer acompañada de las píldoras anticonceptivas, a lo que debemos agregar que enseña en su plantel las teorías darwinianas y evolucionistas del positivismo y las teorías pedagógicas de la Escuela Nueva de John Dewey. No era el escenario adecuado y propicio para tan audaces ideas, las que vinieron a imponerse décadas después, con lo que queda claro que nuestro tiempo hispanoamericano no coincide con el tiempo del mundo anglosajón y protestante europeo y norteamericano, según sostiene Octavio Paz.

REFERENCIAS.

Bibliográficas:

Beauvoir, Simone. El segundo sexo. Editorial Cátedra. Madrid, España, 2017.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937. Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fondo Editorial Buría. Carora, 1997.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza, 1882-1922, científico, educador y feminista caroreño. Carora, Venezuela, 2016. Disponible en internet.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX. Universidad Santa María, Caracas,2003.

Gould, Stephen Jay. La falsa medida del hombre. Ediciones Orbis, S. A. 2007.

Rodríguez García, Taylor Tone. Rafael Tobías Marquís Oropeza, 1882-1922. Meritorio y talentoso joven maestro al servicio de la cultura larense. Barquisimeto, Venezuela, 1997.

Hemerográficas.

Semanario Labor. Año II. Mes VIII. Carora, Estado Lara, Venezuela. Septiembre 28 de 1913.

Testimoniales.

Lic. M E Luis Eduardo Mora Santana. 2008.

Abog. Gerardo Pérez González. 2009.

Lic. M E Irene Zerpa Gimón. 1999.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

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