miércoles, 17 de febrero de 2021

El profesor Zanahoria


Cuando en 1977 empecé a laborar muy emocionado la docencia en el Liceo Egidio Montesinos de Carora, me encontré con un personaje singular, el profesor Fausto Pérez, un tocuyano a quien los chamos habían bautizado con el remoquete de Zanahoria por lo del subido color de piel. Era un albino delgado y bajito, de unos 50 años entonces y que libraba una guerra permanente con los futuros bachilleres. Ese enfrentamiento fue tan permanente que el director del instituto, profesor Gilberto Agüero, debió hacer todas las artimañas legales para dejarlo sin horas docentes, es decir que le quitó el contacto directo con los muchachos.

A pesar de ser egresado del Pedagógico de Caracas en la mención biología, era un hombre de sólida formación humanística, un adelantado de la teoría de la complejidad. En las conversaciones que tuvimos en los días de huelga magisterial -que eran muchos- me di cuenta de que era un marxista y que procedía del estado Barinas, donde los adecos le hicieron la vida imposible. Logra cambio para Carora con ciertas reservas, pues es una ciudad de godos aristócratas, decía él. Llega a la ciudad a mediodía un 12 de septiembre de 1969 y consigue que no hay acá ninguna alma. A las horas comienza a ver gente por las calles y pregunta por aquella desolación meridiana. Alguien le dice: estábamos echando un sueñito.

No tomaba licor ni fumaba y tenía una dieta especial vegetariana que apenas permitía el pollo y el pescado, pues su sistema digestivo era muy frágil. El pelo completamente cano y su cara enjuta calzaban siempre unos lentes oscuros. “Soy albino, me decía, de una manera particular pues mis ojos no bailan de derecha a izquierda como los del copeyano Abdón Vivas Terán”.

Recién llegado a Carora se asentó con su familia en el popular y dicharachero barrio Torrellas. Cierta vez fue el estudiante Ricardo Díaz Rodríguez a buscarle para hacerle unas consultas relacionadas con su asignatura y no daba con su paradero. Pregunta a unas niñas, quienes le dicen no conocerlo. Ricardo les dice a las chamas: Sí, es un pelo blanco que le dicen Zanahoria. Fausto, que estaba detrás de la celosía de la ventana próxima lo oye y acto seguido espeta: Zanahoria será el c… de tu madre.

Jesús Expedito es el cuarto de mis hermanos y era estudiante destacado, por no decir brillante. Sin embargo repara una asignatura en quinto año, en un tris de graduarse liso sin reparar jamás en todo el bachillerato. Repara en septiembre “Chús” Cortés la asignatura biología, pues fue una forma de venganza de Fausto con las tremenduras cometidas por Jesús, quien le gritaba por las calles de Carora al verlo conduciendo su Opel de dos puertas: Zanahoria, Zanahoria.

Con el pasar del tiempo Fausto le coge gusto a la ciudad del Portillo y decide construir su morada entre nosotros. Escoge un lugar al lado de una de nuestras múltiples quebradas, al final de la calle Coromoto, cerquita del Parque Exposición Teodoro Herrera. Cierta vez se detiene una camioneta frente a la casa de nuestro querido profesor y se bajan dos tipos. Uno de ellos dice: vamos a botar este perro muerto aquí, pues ese viejito no ve nada, a lo que responde Fausto desde el porche de su casa: no veo nada, pero huelo, c… de sus madres, vayan a botar su perro en otra parte, bien lejos de aquí.

Su misma constitución física lo hacía coger rabias innecesarias, era parte de su carácter. El Liceo tenía o sufría de una enorme gotera cercana a la dirección del instituto. Unos ingenieros de FEDES llegaron por la tarde y fueron recibidos por Fausto investido con el cargo de subdirector, quien les muestra la enorme grieta por donde en época de lluvias se desparramaban enormes chorros de agua. Uno de los ingenieros saca su cámara fotográfica y cuando apunta la grieta de marras le dice Zanahoria: “Qué riñones tenés vos, tomando fotos, trae arena, cemento y tela metálica, asfalto, que es lo que necesita esa tronera, no que le tomes fotos…!”

Laboraba infatigable Zanahoria de día y de noche. En el Liceo nocturno atendía a personas adultas de las barriadas populares de Carora. Una vez y por insinuación nuestra, se inscribe allí La Chinqui, una muchacha que atendía el sabroso y económico Restaurant de Juan Bejuco, en Barrio Nuevo, donde almorzábamos y cenábamos un bojote de profesores. En una clase Fausto le pregunta a la joven: A ver tú, ¿por qué no podemos dormir con plantas en las habitaciones? A lo que responde de seguido La Chiquin: ¡porque podemos chocar con los porrones!”. No era mamadera de gallo, como razonó Fausto, aquella respuesta de la chica, era su ingenua y poco académica manera de pensar.

Era un hombre que amaba el conocimiento y era apasionado lector. Recuerdo que íbamos a la estación de servicio de Sabaneta a adquirir unos magníficos libros de divulgación científica en el carro del profesor de matemáticas Orlando Meléndez, tales como El gen egoísta de Richard Dawkins o también El universo debocado de Paúl Davies. Al llegar al Liceo Egidio Montesinos nos sentábamos a leer y a comentar con el viejo Maestro que era Fausto, aquellos asombrosos textos que vieron nuestros ojos admirados en la década de 1980.

Después de 35 años, seis meses y tres días de servicio en la docencia en educación media, se retira Fausto Pérez a descansar después de tanta fatiga, alegrías y malhumor. Un familiar se lo lleva para una hacienda ubicada en un agradable clima cerca de Palmarito, vía Lara-Zulia. Allí fuimos años después a visitarle en mi Toyota todo terreno en el caserío Agua Linda, pero con tan mala suerte que no dimos con la finca donde Zanahoria pasaba sus postreros años sembrando rosas y dalias y amansando unas mansas ovejas, aquel sencillo ser humano que hacía gala de su nombre por aquello del “anhelo fáustico” de Goethe. Poco después, estando yo en Barquisimeto en la Zona Educativa y en el Pedagógico, me entero con pesar que este magnífico y sin igual docente de biología, que tenía una gran sensibilidad musical y pictórica, era tributario de la Tierra.

 Paz a su alma esclarecida.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

 

martes, 9 de febrero de 2021

Caroreños en la Batalla de Carabobo, 24 de junio de 1821


En medio de grandes dificultades, el pertinaz enfrentamiento político, la crisis económica y la pandemia de la Covid19, Venezuela se prepara para conmemorar con entusiasmo y alegría este encuentro armado con el que el camino de la Libertad venezolana y de Sudamérica queda abierto. La segunda Batalla de Carabobo de 1821 fue una acción bélica crucial en la que el Libertador Simón Bolívar derrota al Mariscal de Campo Miguel de la Torre, y que resulta decisiva para la liberación de Caracas y el resto del territorio de Venezuela.

Pocos días después de Carabobo y en su paso para la Nueva Granada, en agosto de 1821, el Libertador pernoctará por tres días en la ciudad de Carora, donde fue agasajado en la Casa del Balcón de los Álvarez, frente a la Plaza Mayor o Bolívar. Allí sufre, después del baile, fuertes dolores abdominales, por lo que sus edecanes pensaron erróneamente que Su Excelencia había sido envenenada con resbaladera, una bebida muy caroreña, elaborada por una hermana de Los Siete Macabeos de la Independencia, los hermanos Torres. Debieron pedir disculpas los edecanes por aquel malentendido.

La expulsión definitiva de los españoles de nuestro país se producirá años después, en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, el 24 de julio de 1823.

Los hijos de Carora, “Ciudad Procera de Venezuela”, y de su jurisdicción, que se suman a la Gesta de Independencia y participan en la gloriosa e inmortal Batalla de Carabobo del 24 de junio de 1821, son los que a continuación mencionamos:

Teniente Coronel /Francisco José del Rosario de la Torre y Arriechi (1790/1850)

Nace en Carora el 10 de noviembre de 1790 y fallece en Valencia en 1850, este prócer, de los Siete Macabeos de la Independencia. Desde muy joven se alista junto a sus hermanos a las filas republicanas. Estuvo en la Campaña Admirable de 1813 y en la de 1814. Fue de los expedicionarios de Los Cayos, y desde Ocumare hasta Los Alacranes, con el escocés Gregorio Mc Gregor y Carlos Soublette, hizo la famosa expedición de los seiscientos. Estuvo bajo órdenes del Libertador en el Batallón Bravos de Apure, la división que lideraba el General de División José Antonio Páez y que se cubre de gloria en la Batalla de Carabobo. Hizo la campaña de coro en 1822 y forma el Estado Mayor del General Páez, en el asalto y toma de Puerto Cabello en noviembre de 1823. El Libertador lo asciende al grado de Coronel. Al finalizar la Guerra Magna se retira a Valencia, ciudad donde fallece pobre y sin bienes de fortuna.

Coronel /Miguel María Lara Meléndez (1766/

Nace en Carora, 1776 y fallece en Araure. Hijo de Miguel Lara y de Juana Paula Meléndez, hermano del prócer de la Independencia General de División Juan Jacinto Lara Meléndez. Participa en la batalla de Las Queseras del Medio, 1819, al mando del General José Antonio Páez Herrera. Forma parte del ejército que lleva a cabo el Paso de los Andes en 1819 con el objeto de liberar la Nueva Granada. Participa en las acciones de Bonza, Pantano de Vargas y Boyacá, 1819. En 1821, ya en Venezuela, se bate en la inmortal Batalla de Carabobo.

Coronel: Manuel Morillo

Capitán del batallón Bravos de Páez, participa en las más gloriosas campañas de Venezuela y Nueva Granada. Desde Los Horcones hasta Bomboná, pasando por el Pantano de Vargas, Boyacá y Carabobo fue un combatir sin tregua. Cayó sin vida en Bomboná, en 1822, al clavar la bandera en la cumbre del Pasto, y allí cayó también el General Pedro León Torres.

Teniente: José Manuel Samuel

En 1815 se incorpora al Ejército de Apure, bajo el mando de José Antonio Páez Herrera hasta 1819, año en que pasa a las órdenes de Simón Bolívar en la Batalla de Boyacá. Asistió a la segunda Batalla de Carabobo en 1821, y bajo las órdenes de su cuñado el Coronel Cala en el asalto y toma de la plaza de Puerto Cabello. Al terminar la guerra se retira a vivir en Apure.

Teniente: José de la Cruz Samuel 

 Todos los integrantes de la familia Samuel, como también lo hicieron los Torres, abrazaron la causa de la libertad. En Niquitao y Los Horcones recibe su bautismo de fuego. Milita en los llanos bajo las órdenes del legendario “Catire” Páez, y como sargento en el ejército de Apure, cosecha el lauro inmortal de Carabobo. Muere muy joven en la ciudad de Barinas.

Teniente: Juan López Samuel

En 1812 sirve bajo las órdenes del Marqués del Toro en la fracasada Campaña de Coro. En 1813 está en las batallas de Niquitao y Los Horcones. Se pone bajo el mando del general Páez en 1815. En 1819 está con los de Boyácá, Nueva Granada. En 1821 asiste a liberar a Venezuela en la inmortal sabana de Carabobo. En 1823 va a Coro con González, donde muere.

Coronel: José María Camacaro

Nació en Río Tocuyo, pueblo de indios cercano a Carora. Actúa en la Campaña de Coro con el Marqués del Toro. En las de 1813 y 1814 está bajo el mando de Simón Bolívar. En 1816 está en compañía del General Páez en la batalla de la Mata de la Miel, Las Mucuritas, El Yabal. En Las Queseras del Medio fue indómito centauro. Después en Bonza, Pantano de Vargas, Boyacá y luego Carabobo.

En 1822 parte a la Campaña del Sur de Colombia, Ecuador y Perú. Participa en las batallas de Junín, Ayacucho y el puerto de El Callao, Perú, último vestigio español en Suramérica.

Fue el Libertador quien le otorga el grado de Coronel.  Con el Mariscal Antonio José Francisco de Sucre Alcalá estuvo en el Portete de Tarquí, Ecuador, donde consigue la muerte en 1829.  

 Coronel: Andrés María Álvarez Armas (1795/

Nace en Carora en 1795. Muy joven es reclutado y obligado a enrolarse en las filas del Rey. Sirvió con el Indio Reyes Vargas en los llanos, pero pronto se pasa a las filas de José Antonio Páez. Fue elegido Edecán por el Libertador, encontrándose a su lado en la segunda Batalla de Carabobo. Hizo la Campaña del Sur de Colombia, y en la hecatombe de Bomboná luchó valerosamente. Estuvo con Bolívar en la gloriosa tarde de Junín.

Concluida la guerra en el Perú pensó alistarse en las divisiones colombianas que pensaban libertar a la Perla de las Antillas, la isla de Cuba. Cuando en 1828 y 1829 conspiraban contra el Padre y fundador de cinco repúblicas se puso a sus órdenes, exigiéndole que le avise para estar a su lado.

Fue el primer Cónsul General de Venezuela en el Perú. Al quedar inválido le fue otorgada una justa pensión por el Gobierno de su Patria. Murió en la Ciudad de los Virreyes, Lima, en 1854. 

Coronel: José de los Reyes Oliveros (1792/

Nace en Curarigua de Leal en 1792. Estuvo en la campaña de Guayana bajo el mando del desgraciado General Piar. Se bate en la batalla de San Félix, donde resulta herido. Con San Félix se conquista la Guayana. Estuvo en Carabobo y en la campaña de Coro. Después de la guerra se retira a Atarigua. En 1830 acompaña a Castañeda en su oposición a que se desintegrase la Gran Colombia. Forma parte del Partido Liberal en 1835, y fiel a esta causa falleció.

Teniente: Luciano de Samuel y  Baños

Era hijo del comandante José de la Trinidad Samuel Pernalete. Estuvo con Ribas en Niquitao y Los Horcones y en la Campaña de 1814. En 1815 milita en las legiones de Apure del general Páez y bajo su mando asiste a la Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821. Fue uno de los cien lanceros apureños del coronel Elorza, que guiados por Páez, dieron el asalto a Puerto Cabello, último bastión realista en Venezuela.

Terminada la guerra se radica en Barinas, donde funda el Partido Liberal en 1846. Fue gobernador de Apure y Comandante de Armas de Barquisimeto. Durante la Guerra Federal estuvo al lado del General Ezequiel Zamora Correa. Murió en Barinas como General de la Federación Venezolana.

Como dato resaltante es necesario destacar que ninguno de los héroes epónimos de la Ciudad Procera de Carora, el General de División Juan Jacinto Lara Meléndez y el General de División Pedro León Torres no participan en la Batalla de Carabobo, puesto que en 1821 luchaban ambos patriotas caroreños por la libertad de Nueva Granada, Colombia. Juan Jacinto Lara Meléndez se encontraba en las operaciones de Santa Marta, Riohacha y Valledupar, al mando del Coronel Mariano  Montilla y Díaz Padrón. El General Pedro León Torres Arriechi estaba en territorio neogranadino bajo las órdenes del Libertador, en lo que se conoce como Campaña del Cauca, participando en las Batallas de Pitayó de 1820 y en la de Geno en 1821. Al año siguiente, el 22 de agosto de 1822, morirá Torres a los 34 años de edad, tras recibir mortales heridas en la Batalla de Bomboná este portentoso soldado de la libertad suramericana y que espera ver repatriado sus restos mortales a Venezuela.

Referencias.

Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas, Venezuela, 1995. 4 volúmenes.

Zubillaga Perera, José María. Procerato caroreño, segunda edición. Tipografía El Impulso. Barquisimeto, Venezuela, 1941. 172 páginas.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

martes, 19 de enero de 2021

Por qué fue quemado vivo Giordano Bruno


En el año 1600 fue quemado vivo el filósofo neoplatónico, teólogo, poeta y astrónomo italiano  Giordano Bruno  (1548-1600) en una plaza pública, el Campo de las Flores, en la Ciudad Eterna, Roma. Fue juzgado por la Iglesia Católica y ejecutada tan bárbara acción que aun hoy lamentamos, por el temible Tribunal de la Santa Inquisición, a pesar de ser él mismo miembro de la Orden de los Dominicos.

Le toca vivir a Giordano  Bruno en una época de transición de la Edad Media a la modernidad como a Galileo Galilei, Descartes y Kepler. El peso de la superstición medieval era tal que la ciencia moderna que estaba por nacer vacilaba y a veces retrocedía. Es una terrible paradoja en la historia del pensamiento que Bruno fuera llevado a la pira el mismo año en que se inicia lo que más tarde habrá de llamarse el Siglo de la Revolución Científica, esto es, el siglo XVII. Un mundo conceptual que fue construido por los físicos y su más excepcional creación:  el método científico que se abría entonces camino en medio de enormes dificultades a vencer. Bruno es indiscutido precursor de tan importante siglo que es como partero de la modernidad.

Bruno militaba en lo que se llamaba hermetismo renacentista neoplatónico. Allí estaban Ficino, Pico de la Mirándola, Agrippa, Campanella y Bruno. Este movimiento, escribe el mexicano Octavio Paz, se expande por Europa, inspira a las Academias francesas, al mágico isabelino John Dee, y a los rosacruces de Alemania. A través de las sectas ocultistas y libertinas esta corriente entronca con el movimiento socialista, Fourier, y con el pensamiento poético moderno, de los románticos a la poesía contemporánea. La religión de los astros de Bruno y Campanella es el origen común del socialismo y la teoría de la correspondencia universal sostenida por los primeros románticos alemanes e ingleses, Nerval y Baudelaire, los simbolistas, Yeats y los surrealistas de Breton. La sociedad de los astros es el doble arquetipo de la sociedad política y de la sociedad del lenguaje.

En el hermetismo neoplatónico renacentista había una mezcla de platonismo e ideas del antiguo Corpus Hermeticum y la Cábala de la tradición judía. Había una visión mágica que convivía con la nueva ciencia de la astronomía, la física y la alquimia. Ciencia y magia estaban tan imbricadas que resulta imposible separarlas. El empirismo y la manipulación de la materia de la alquimia preparó la ciencia moderna.

Bruno hace suyas las ideas del polaco Copérnico y les da por primera vez una formulación filosófica. Al mismo tiempo se vale de la nueva astronomía y de la nueva física para justificar a la magia. Además, hay un pacto entre hermetismo y egipcianismo.  Bruno dice: Egipto la gran monarquía de las letras y la nobleza, es el padre de nuestras fábulas, metáforas y doctrinas. Los jeroglíficos son el lenguaje de los dioses. Bruno, Pico y Ficino creían que el cristianismo se había apropiado de los antiguos ritos y símbolos de la antigua religión de los astros y los había deformado, creencia que le costó la vida a Bruno. La egiptomanía es una de las enfermedades intelectuales del siglo XVII. Una obsesión que llega al iluminismo del siglo XVIII y el romanticismo del XIX. A ella le debemos La flauta mágica de Mozart.

El humanismo renacentista descubrió a Platón, Plotino y al Corpues Hermeticum, escrito en griego antiguo. También desenterró a otros filósofos y ofreció a la conciencia europea una nueva y más veraz imagen de estoicos, epicúreos y escépticos. La resurrección de Lucrecio, que deslumbró a al sabio venezolano Lisandro Alvarado, y el descubrimiento del atomismo de Demócrito y Leucipo, que maravillaron al físico germano Werner Heisenberg, fueron determinantes en la evolución intelectual de Galileo y de Bruno, asienta Octavio Paz.

El hermetismo de Bruno era anticristiano: Bruno quería regresar a la antigua religión de los astros, creía que los cristianos se habían apoderado, sin decirlo, de un poderoso talismán de los egipcios, el signo de la cruz estaba grabado en el pecho de la diosa Isis y que los cristianos se lo habían robado. El signo de la cruz era más antiguo que el cristianismo. Para bruno la verdadera cruz era la crux ansata y tenía poderes mágicos, una creencia que consumó su perdición.

Estas extravagantes ideas de Bruno y los hermetistas son poco conocidas. El juicio y muerte de Bruno en la hoguera han llegado hasta nuestros días por otras de sus creencias: postular un Universo infinito y la pluralidad de mundos habitados, ideas que habrán de recibir el aplauso de Stephen Hawking. Es esta una nueva concepción que se atribuye a Copérnico, Galileo, Kepler y otros. Es cierto solo en parte. La verdad es que según historiadores modernos, Arthur Lovejoy entre ellos,  el neoplatonismo fue el verdadero responsable del cambio. Esta corriente filosófica y espiritual que había sido reprimida durante toda la Edad Media pero a fines del siglo XV regresó con extraordinario vigor y conquistó a las mejores mentes del siglo XVI. Al negar a la Escolástica, dibujó otra idea del mundo que se enlazó con la nueva ciencia física y cosmográfica. Los grandes iniciadores científicos estaban muy influidos por el neoplatonismo. Ahora bien, lo que distingue a la imagen del mundo que desplazó al universo ptolemaico finito no fue tanto el heliocentrismo de Copérnico, adoptado más bien tarde, cuanto ciertas proposiciones que no eran, estrictamente, consecuencias y deducciones de la nueva ciencia: la infinitud del universo, la ausencia de centro del cosmos, la pluralidad de mundos habitados. Sin embargo, debemos aclarar que Bruno no postuló un universo infinito por razones que hogaño llamaríamos científicas sino ontológicas, morales y temperamentales, es una idea que contiene un eco de Platón: Todo lo que es, aun lo malo, es bueno.

Estas extraordinarias ideas tuvieron eco en el Nuevo Mundo Americano, la monja novohispana sor Juana Inés de la Cruz las conocía a través del jesuita alemán Atanasio Kircher, un alucinante escritor barroco del siglo XVII que sufría de un egiptomanía incurable. Sor Juana seguramente conoció del juicio a Bruno y Galileo, pero callaba. “No quiero ruidos con la Inquisición”, solía decir esta magnífica poetisa mexicana del siglo XVII.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Los ovarios de Madame Bovary - A la memoria de Freddy Castillo Castellanos


Sibilítico es sin duda el título de este ensayo. Sin embargo toda persona medianamente culta conoce a esta famosa mujer francesa, la antiheroína de ficción  inmortalizada por el gran escritor realista Gustave Flaubert en el pacato siglo XIX. La publicación de esta novela con título de Madame Bovary fue todo un escándalo en 1856, a tal punto que la Iglesia Católica la coloca de inmediato en el Índice de Libros Prohibidos, para hacer compañía allí a Émile Zolá, Honoré de Balzac y Jean Paul Sartre, para solo mencionar escritores galos.

Pero otros genios de la literatura la alabaron hasta el frenesí: Marcel Proust, Milan Kundera y el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. El peruano escribe La orgía perpetua de Madame Bovary, un breve y delicioso ensayo que no ceso de revisar. Esta gigantesca obra literaria hasta creó una palabra de uso psiquiátrico: bovarismo, es decir el síndrome que sufren algunas personas al desprenderse de la realidad por la ilusión que provoca la lectura de obras literarias. Por eso se dice que la bella joven Emma Bovary es el Quijote francés: una huella cervantina en Flaubert.

La novela se llama Madame Bovary y tiene un argumento bastante simple, pero el tratamiento que le da el autor hará de ella uno de los monumentos literarios del siglo XIX: es poema en prosa. Emma Bovary es una bella chica provinciana lectora voraz de novelas románticas tiene enormes expectativas vitales, romances, viajes, aventuras. Contrae matrimonio llena de expectativas e ilusiones con un médico viudo, Charles Bovary, que resulta ser un simplón y rutinario hombre que no llena sus expectativas. Ella le es infiel con hombres, Léon y Rodolphe. Sufre enormemente por ellos hasta enfermarse de gravedad, se endeuda de manera impagable para conservarlos a su lado, arruinando con ello a su familia. Es abandonada por sus  amantes, y en un acto desesperado se suicida con arsénico, dejando a una niña huérfana y a un marido enamorado de su recuerdo sumido en la pobreza.

Esta extraordinaria novela ha sido objeto de muchos estudios, uno de los cuales leí varias veces: La orgía perpetua de Madame Bovary, escrita por el ahora Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. En 1972 Jean Paul Sartre le dedica a Flaubert un voluminoso ensayo titulado El idiota de la familia. Son ensayos críticos de la literatura hechos por literatos.

Pero de lo que ahora se trata es que la crítica literaria no se hace desde la literatura, sino que se apoya en otras ciencias. Quien escribe examinó a un autor autodidacta venezolano, Rafael Domingo Silva Uzcátegui, quien desde la psiquiatría del siglo XIX del criminalista  Lombroso y el médico judío Max Nordau y su polémico libro Degenerados (1892) ataca de forma desconsiderada e inclemente a los poetas Fin de Siglo: Edgar Allan Poe, Baudelaire, Withman, Mallarmé, Lautrémont, y a los hispanoamericanos  y modernistas Rubén Darío y Leopoldo Lugones, a quienes considera unos degenerados, alcohólicos, enfermos mentales que han producido una literatura anormal, psiquiátrica, desequilibrada, afeminada y completamente antiamericana. 

Otra crítica literaria, esta vez mixta, es la del psiquiatra venezolano Francisco Herrera Luque, quien desde la ciencia de la genética de los años 1960 y la filosofía fenomenológica de Wilhelm Dilthey y Edmund Husserl, examina la literatura hispanoamericana, para desde allí determinar la enorme carga psicopática y criminal de los conquistadores españoles del siglo XVI que aun en la actualidad observamos en Hispanoamérica. Nos referimos a su muy polémica y discutible obra Los viajeros de Indias, editada en 1962 y a quien le dediqué un ensayo crítico en 1992.  

Gracias a otra ciencia, recién conformada en los años 1930, la etología, del Nobel en Medicina Konrad Lorenz, pude comprender y analizar las actitudes altruistas de los miembros de las cofradías o hermandades religiosas coloniales caroreñas y venezolanas en un largo período temporal de cuatro siglos. Es la ciencia natural que se pone al servicio de la ciencia de la historia como lo postula Lucien Fevbre, fundador con Marc Bloch de la Escuela de Anales en 1929.

Pero la pseudociencia (Mario Bunge) que ha tenido formidable éxito en la crítica de la literatura ha sido a no dudar el psicoanálisis freudiano. Desde que aparece  La Interpretación de los sueños a principios del siglo XX hasta las obras de la madurez de  Sigmund Freud (1858-1939), la herramienta psicoanalítica no ha tenido pausas en su utilización por los críticos  de la literatura de cualquier parte del globo. ¿Quién no ha oído hablar del complejo de Edipo freudiano? Es más, Harold Bloom se atreve afirmar que el médico vienés se apropia de la literatura de Shakespeare para edificar su psicoanálisis.

Ahora le toca el turno a la crítica literaria desde la óptica de otro gigante del pensamiento decimonónico:  el naturalista inglés Charles Darwin y su aceptada teoría de la evolución de las especies que se da a conocer para conmoción universal en 1859. Hizo entonces Darwin una profecía: si se conociera el árbol genealógico de los grupos humanos, se podría extraer de él el de las lenguas.  Y son dos estadounidenses, David Barash y su hija Nanelle Barash, quienes en 2005 editaron la obra que da título al presente ensayo: Los ovarios de Madame Bovary: una visión darwiniana de la literatura.

 David Barash es Doctor en Zoología y psicología evolutiva, labora en la Universidad de Washington, Seatle, es autor de un libro que llegó tempranamente a Venezuela: La liebre y la tortuga: el conflicto entre biología en los asuntos humanos (1986). Más recientemente aparecerá: Fuera del Edén: las sorprendentes consecuencias de la poligamia (2016) Biología budista: la sabiduría oriental antigua se encuentra con la ciencia occidental moderna (2013), conjuntamente con la psiquiatra Judith Lipton escribirá El mito de la monogamia: fidelidad e infidelidad en animales y personas (2001) entre otros polémicos y desconcertantes ensayos. Estos pasmosos títulos de estas obras son singularmente sorprendentes y chocan con nuestras tradicionales y enraizadas maneras de pensar y actuar en sociedad, ancladas acá en Hispanoamérica y aun en el tercer milenio, en las ordenanzas del santo Concilio de Trento, cónclave convocado por la Iglesia Católica en el XVI. De haber existido aun el Index de libros prohibidos de la Iglesia romana, hubiese proscripto y condenado de una buena vez los libros y ensayos del doctor David Barash, su hija, sus colaboradores.

Las ideas de los Barash son fáciles de comprender: las infidelidades matrimoniales de la señora Emma Bovary (y de otras señoras), si bien son hechos que la cultura de Occidente abomina y aborrece, sin embargo son conductas filogenéticas primordiales muy antiguas. La hembra de nuestra especie buscará afanosamente la pareja que le dará mejores resultados en el acto de apareamiento: protección, resguardo, y por ello busca al macho mejor dotado y que esté dotado de mejores genes. Sus óvulos son un tesoro muy escaso que deben estar en consecuencia a buen resguardo. Esta conducta reprobada por las religiones monoteístas, será, empero, la que garantice el éxito de la especie humana.

El varón de la especie humana tiene, de manera semejante a la hembra, inclinaciones hacia la poligamia poligínica antidiluvianas. Produce millones de espermatozoides todos los días y todos los años, por lo que su afán de mejor repartirlos no conoce desaliento. El ser humano es en consecuencia contrario a la monogamia que pregonan judaísmo y cristianismo. La evidencia indica que no ha evolucionado para mantener únicamente relacionas monógamas. La ficción literaria está repleta de conductas similares a todos los seres humanos, que son competencia y selección sexual, búsqueda de recursos reproductivos relevantes, para emplear el argot darwiniano.

El recientemente fallecido crítico literario estadounidense Harold Bloom no incluyó etología y psicología evolutiva en su ultrapolémico libro El canon occidental, lo cual me hace pensar que era refractario y antagónico a todo escenario de “darwinismo literario”.

 

Los ovarios de Madame Bovary es el único libro que tenemos a la disposición los hablantes del castellano, y que maliciosamente fue cambiado su título al del mucho menos atractivo de Zorros, ciencia, erizos y literatura. El darwinismo, dicen algunos, es un hecho probado por la ciencia empírica que será más útil que las incompresibles jugarretas de palabras de un Derrida, el deconstruccionalismo y el posestructuralismo francés. La biología ha tomado por asalto a las humanidades, lo que habrá de reconciliar “las dos culturas” de las cuales se refirió en célebre conferencia el profesor estadounidense C.P. Snow en 1959.

Siguiendo esta línea de pensamiento podemos inferir con el científico cognitivo canadiense Steve Pinker, que el lenguaje fue creado como una adaptación muy necesaria para nuestra supervivencia, pero que la literatura no es sino un simple accidente evolutivo que no garantiza la trasmisión de nuestros genes. Lo cierto es que un nuevo enfoque de la literatura está en ciernes. Descubrimientos muy recientes como los del neurobiólogo italiano Giacomo Rizzalotti y las “neuronas espejo” son apenas la punta del iceberg que se nos viene encima. La crítica bio-literaria está ya con nosotros y la biología del adulterio de los Barash es una muestra de ello. El viejo conflicto entre naturaleza y cultura tiene desde ahora nueva lectura. Mientras él se resuelve, si es que alguna vez se resuelve, disfrutemos de la lectura de las dos adúlteras más famosas de la literatura universal: Ana Karenina y Madame Bovary.

Referencias.

Barash, David y Nanelle Barash. Los óvulos de Madame Bovary. Este libro, que tiene el título original en otras lenguas de la obra de los Barash, ha sido torpemente cambiado al de Zorros, ciencia, erizos y literatura, no existe en traducción en lengua castellana.

Barash, David y Nanelle Barash. Zorros, ciencia, erizos y literatura. Grupo Editorial Norma,  Editorial Belacqva. Barcelona, 2008. 288 págs.

Bloch, Marc, Apología de la historia o el oficio del historiador. Fondo Editorial Lola de Fuenmayor, Fondo Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, Venezuela, 1986. 232 págs.

Bloom, Harold. El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas. Editorial Anagrama, Barcelona, 2006. 585 Págs..

Cortés Riera, Luis Eduardo. Análisis crítico de Los viajeros de Indias de Francisco Herrera Luque. Barquisimeto, Venezuela, 1992.

Fevbre, Lucien. Combates por la historia. Editorial Península, Barcelona, 1992. 136 págs.

Flaubert, Gustave. Madame Bovary. Editorial Austral, Buenos Aires, Argentina, 2009. 392 págs.

Freud, Seguismund. La interpretación de los

 sueños. Alianza Editorial. Madrid, España, 2008. 432 págs.

Vargas Llosa, Mario. La orgía perpetua de Madame Bovary. Editorial Bruguera S.A. Barcelona, España, 1975. 277 págs.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

Fin milagro alemán

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