domingo, 4 de octubre de 2020

20 urnas para Río Tocuyo


El día 26 de enero de 1960 pudo ocurrir una gran tragedia en el laborioso y pacífico poblado de Río Tocuyo, capital del Municipio Camacaro del entonces Distrito Torres. El subteniente de la Aviación Militar Venezolana Santiago Mujica Palencia, instructor de vuelo, sobrevoló a muy baja altura la población y la casa de la señora Chiriana de Morillo para que esta dama viera a su sobrino realizar tan atrevidas piruetas en el aire.


Al ver aquellas peligrosas acrobacias el pueblo salió a la calle al grito de  “ese hombre está loco, nos va a matar.” En fracciones de segundo se oyó una enorme explosión y las llamas se veían sobre las casas. La gente no sabía de qué manera reaccionar, los niños lloraban, las maestras de la Escuela Rafael Tobías Marquís, a punto de desmayarse, sacaron a los alumnos a la calle buscando protección.

El subteniente Santiago Rafael Mujica Palencia había hecho una muy arriesgada maniobra sobre el patio de la institución educativa, que consistía en bajar casi al ras de la tierra, pero al intentar ganar altura el avión de combate Bronco F86F salió disparado, dejando la cola enredada en la cerca perimetral, y dando tumbos fue a caer al solar de la casa de las Carrillo, lugar donde años después fue construido el Liceo Juan Oropesa.

Hombres y mujeres se llenaron de valor y queriendo salvar al piloto de entre las llamas cargaron tobos y latas de agua. Lograron apagar el fuego pero era ya tarde, pues el cuerpo del aviador estaba destrozado y tenía un aspecto irreconocible.

Por la calle Santiago venía una viejecita, quien llorando decía  “ese es mi muchachito Santiago Mujica, él me prometió hace unas semanas que vendría”. Cuando revisaron los bolsillos del militar siniestrado encontraron sus papeles de identidad que, para terrible sorpresa, corroboraron que eran del sub teniente riotocuyano.

Al saberse la terrible noticia en Carora, el Concejo Municipal, presidido por Pedro Domingo Oropeza Álvarez, dispuso el envío de un camión cargado, contentivo de unas tenebrosas veinte urnas, pues se pensó que la tragedia aérea había sido descomunal. Se pensó, en medio de caos y la confusión,  que el avión Bronco había caído sobre la escuela ocasionando una “gran muertazón.” Apenas hubo dos personas con quemaduras leves de primer grado.  

Luego del siniestro la Fuerza Aérea de Venezuela  resguardó el sitio del accidente, se lleva la chamuscada chatarra, y revisan las casas aledañas en busca de armamento y bolsas de munición.

El Maestro Técnico de la Aviación Humberto Segundo Túa, compañero de estudios del Mujica Palencia, recordó que este piloto tenía una gran pericia y que gracias a ella evita en sus últimos momentos de su vida una catástrofe gigantesca. De haber ocurrido ello no hubiera sido un camión con veinte urnas las que se mandaron a Río Tocuyo en tal ocasión, sino una hilera de camiones con un centenar de urnas para dar sepultura a un grueso de escolares y docentes que se hallaban en la escuela en el momento de la espantosa colisión aérea.

Unos meses después del luctuoso acontecimiento pude ver en el sitio algunas señales de aquel accidente, pues mi padre Expedito Cortés nos llevó a Río Tocuyo en su vieja camioneta Willys azul de dos puertas y narró aquel suceso. Los otros datos los he tomado del hermoso libro de la maestra normalista y profesora de castellano y literatura María Gregoria Oropeza de Suárez, titulado Río Tocuyo a grandes rasgos, que su amable autora nos regaló, a mi esposa Raiza Mujica y a mí, el 24 de agosto de 2008.

Amo entrañablemente a esta población del semiárido larense, la “pequeña Mesopotamia”, pues en su ambulatorio rural Dr. Pedro Nolasco Pereira realizó mi compañera de vida su ruralidad como médico cirujano en el año 2005, y a que allí, bajo un cielo estrellado, engendramos a mi querido hijo primogénito José Manuel Cortés Mujica.

Carora, 4 de septiembre de 2020

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

martes, 22 de septiembre de 2020

El nacimiento del Liceo Egidio Montesinos de Carora

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No se imaginaba el rico y acaudalado comerciante don Andrés Tiberio Álvarez, entonces primera riqueza del Distrito Torres,  que sus planes de abrir un Colegio de enseñanza secundaria de carácter particular o privado en Carora  en 1890 iba a tener tan inmensas consecuencias. La primera de ellas es la de que desde el Colegio La Esperanza, que tal fue el nombre que inicialmente se le dio al instituto,  nace al año siguiente, en 1891, el Colegio Federal de Segunda Categoría de Carora, y que en los días que corren ese centro educacional recibe el nombre de Liceo Egidio Montesinos, institución ésta heredera de las glorias de aquellas dos anteriores. Carora toda se debe a este par de notables instituciones educativas nacidas en el ya lejano y turbulento siglo XIX venezolano.

Sucedió en abril de 1890, hace 130 años, al pie  del busto del General Pedro León Torres que se erigía en la Plaza Bolívar de Carora, cuando un grupo de “patricios caroreños” vio venir de la iglesia San Juan al joven abogado recién egresado de la Universidad de Caracas, Dr. Ramón Pompilio Oropeza. Le propusieron que tomara la rectoría  de un centro educativo de secundaria “para tanto joven que languidecía en la ignorancia”, pues ya habían desaparecido los Colegios San Andrés del Dr. Ezequiel Contreras en 1855, y el Colegio de La Paz del Dr. Lázaro Perera en 1886, a lo que debemos agregar que el Colegio de La Concordia del bachiller Egidio Montesinos se hallaba distante, pues funcionaba en la “ciudad madre” de El Tocuyo. En este grupo de notables de Carora se contaban el próspero comerciante Amenodoro Riera, don Adolfo Meléndez, don Andrés Tiberio Álvarez Urrieta y don Ignacio Álvarez. Estos caballeros pertenecían al “patriciado caroreño”, clase social dominante que aun hoy exhibe rasgos de casta, que era la única que era capaz de acometer aquella empresa de cultura, pues el carácter semiclásico y alejado de la práctica de tales estudios, constituía un escenario cerrado para la gente humilde y analfabeta. Era aquella una educación de castas y privilegio de unos muy pocos en aquella Venezuela pobre, enfermiza, analfabeta y en donde las diferencias de clases sociales eran muy profundas.

Es necesario destacar que en menos de un mes y sin la intervención del Ministerio de Instrucción, los padres y representantes lograran establecer un plantel de educación secundaria. La obra fundacional, eso sí, contó con el concurso del Concejo Municipal de Carora y también de los “patricios caroreños.” Fue la obra de la iniciativa ciudadana de una remota y aislada localidad del occidente de Venezuela como Carora, acostumbrada a resolver por sí misma sus propios problemas.

Así, convocan a un acto público para inaugurar el Colegio La Esperanza el 1° de mayo de 1890, en una antigua casa del siglo XVIII ubicada en la calle del Comercio. Preside el acto el general Federico Carmona, junto a Andrés Riera, Antonio María Zubillaga, Andrés Tiberio Álvarez, Ramón Pompilio Oropeza y Amenodoro Riera. Los alumnos instaladores fueron 22, todos varones, pues las mujeres no tenían acceso a la educación secundaria, ellos eran: Rafael Fidel Montesdeoca, Pedro Francisco Carmona, Heriberto Álvarez, Pablo José Álvarez, Rafael Lozada, Dionisio Álvarez, Florentino Santeliz, Pablo González, José María Zubillaga, Ignacio Zubillaga, Froilán Rafael Álvarez, Ernesto Álvarez, Ramón Riera, Juvenal Montesdeoca, Juan Bautista Franco, Fortunato Franco, Porfirio Álvarez, Ignacio Andrés Álvarez, Rafael Riera, Valerio Santeliz, Pedro Antonio Crespo. Firman el Acta de Instalación del Colegio La Esperanza: Federico  Carmona, Andrés Riera, Antonio María Zubillaga, Andrés Tiberio Álvarez, Dr. Ramón Pompilio Oropeza y Amenodoro Riera.

Los padres de familia fundadores recogieron una suma de dinero estimada en 9.000 bolívares para que La Esperanza funcionara durante un año como instituto privado o particular. El Colegio cobraba una mensualidad de 20 bolívares por cada alumno, el Rector ganaba un sueldo de 400 bolívares por mes, el Vicerrector 300, se pagaba alquiler a la municipalidad una suma de  80 bolívares mensuales. Como se ve, el instituto no poseía local propio, pues los gobiernos del siglo XIX no tenían una política sistemática de construcción de edificios escolares. Tampoco existían las pizarras, ni la tiza ni los pupitres.

Los catedráticos o docentes eran apenas dos: el bachiller Mariano Álvarez, quien dictaba las clases de Geografía y Cosmografía, Aritmética, en tanto que el Dr. Ramón Pompilio Oropeza se encarga de las de Gramática Castellana, Etimología y Sintaxis, Latinidad, Griego. Como se podrá observar, era un plan de estudios bastante anacrónico, que ya estaba superado en Europa y Norteamérica, donde dominaban las Humanidades Clásicas sobre la Ciencia Natural. Era una enseñanza libresca y muy teórica, no existían laboratorios para realizar experimentos en Física o Química.  Otras asignaturas del Colegio y que hogaño nos parecen una rareza eran: Retórica, Cosmografía, Etimología, Prosodia, Astronomía, Cronología. A estas heteróclitas y extrañas asignaturas agreguemos las más conocidas: Física Experimental, Aritmética, Francés, Latín, Gramática Castellana, Pedagogía.

Once meses luego de fundado el Colegio La Esperanza, el instituto fue colocado en el presupuesto de la nación en 1891 por el breve gobierno del presidente de Venezuela Dr. Raimundo Andueza Palacio y su Ministro de Instrucción, el novelista Eduardo Blanco. Pasó desde entonces el instituto a llamarse Colegio Federal Carora, se le anexa una escuela de Agrimensura, y  una escuela primaria,  dirigida por Rafael Lozada.

Los primeros bachilleres en Ciencias Filosóficas egresados del Colegio en 1894 fueron Ignacio Zubillaga, Beltrán Perdomo Hurtado, Pedro Francisco Carmona Ramón Riera Álvarez, Pablo Álvarez Riera y Rafael Márquez. Lograron su título luego de cursar en “trienio filosófico” de nuestra semiprivilegiada, semiclásica y semiaristocrática educación secundaria del siglo XIX. Esta condición de privilegio educativo no solo era exclusiva de Carora, pues así también sucedía en el resto de Venezuela e Hispanoamérica.

En 1895 el instituto sufrió un conato de cierre durante el gobierno del general Joaquín Crespo, presidente que funda el Colegio Federal de Carabobo, un doloroso hecho que era insólitamente frecuente en aquella Venezuela de montoneras y golpes de estado y que no termina sino cuando el general Cipriano castro derrota la Revolución Libertadora en 1904, nuestra última guerra civil.

Hasta el año 1898 egresaron del Colegio 28 jóvenes bachilleres en “Ciencias Filosóficas”, entre los que destacan Dimas Franco Sosa, Juan Bautista Franco, Rafael Lozada, Rafael Tobías Marquis, Carlos Zubillaga Perera, Miguel Ángel Gutiérrez Oropesa. En 1899 no hubo clases por causa de la guerra.

 En 1900 el presidente Cipriano Castro y su Ministro de Instrucción Dr. Félix Quintero suprimen la institución toda, el Colegio de secundaria, la Escuela de Agrimensura y la Escuela primaria anexa. Lo mismo sucede en 1903 cuando el ministro de Instrucción Dr. Eduardo Blanco decreta la supresión de las universidades del Zulia, Carabobo, el Colegio Superior de Guayana, todo lo cual dice Mariano Picón Salas, será “Una constante perniciosa de nuestra historia republicana. Una dolencia profunda que no era tan sólo de la Educación, sino de todo nuestro organismo histórico.”

 En septiembre de 1900 los doctores Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga reabren la institución con su antiguo nombre de Colegio La Esperanza, pero como particular o privada, tal como había nacido en 1890. Este cierre como Colegio Federal se prolonga por largos 11 años, hasta que el nuevo presidente de Venezuela, el general Juan Vicente Gómez y su Ministro de Instrucción Dr. José Gil Fortoul, reabren el Colegio Federal Carora al situarlo de nuevo en el presupuesto nacional. 

 

El 16 de septiembre de 1911 se reabre el Colegio Federal Carora en un acto solemne presidido por Ramón Pompilio Oropeza, Lucio Antonio Zubillaga y Rafael Lozada. Los alumnos que se incorporan son Felipe Alcalde, José María Aldazoro, Ramón José Álvarez, Ricardo Álvarez, Federico José Carmona, Fenelón Perera, Roberto Montero, Carlos y José Clemente Montesdeoca, Pastor Oropeza, Juan Bautista Gallardo y José Franco.   Venezuela respira un aire de tranquilidad, pues el viejo caudillismo del siglo XIX estaba derrotado para siempre y la estabilidad económica aparece con los inicios de la actividad petrolera y la llegada de las compañías norteamericanas al suelo patrio.

 

En 1925 fallece el Sub Director del Colegio, Dr. Lucio Antonio Zubillaga, en tanto que su fundador, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza muere en 1937, después de casi medio siglo de fecundo magisterio, venciendo enormes dificultades: incomprensión, guerras civiles, epidemias, obsolescencia académica, cierres intempestivos de la institución. Pese a todo este cuadro de miserias e incurias el Dr. Ramón Pompilio Oropeza y el Dr. Lucio Antonio Zubillaga formaron una de las generaciones intelectuales más  brillantes de Venezuela de la primera mitad del siglo XX.

 

 

Estos fueron los inicios de los Colegios La Esperanza y Federal Carora, instituciones donde se formó una verdadera elite cultural compuesta en su mayoría por elementos que se extraen del “patriciado caroreño”. Entre ellos podemos destacar al Dr. Pastor Oropeza, al Pbro. Dr. Carlos Zubillaga, Juan Bautista Franco, Dr. Rafael Tobías Marquís, Dr. Ricardo Álvarez, Federico José Carmona, Cecilio Zubillaga Perera, Dr. Ambrosio Oropeza, Br. Rafael Lozada, Dr. José Herrera Oropeza, Dimas Franco Sosa, Dr. Luis Beltrán Guerrero,  Miguel Ángel Meléndez, Dr. Ambrosio Perera, Dr. Juan Oropesa (sic), Pablo Álvarez. José Herrera Oropeza, Antonio Herrera Oropeza, Alí Lameda, Elisio Jiménez Sierra, Dr. Guillermo Morón, Dr. Eddie Morales Crespo, Dr. Agustín Zubillaga, Dr. Gustavo Leal, Dr. Carlos Gil Yépez, Dr. Juan Sequera Cardot, Dr. Pablo Álvarez Yépez, Dr. Luis Rosas, Dr. Homero Álvarez, Luis Oropeza Vásquez, Dr. Carlos César Rodríguez,  Dres. José Elías, Salomón y Jacobo Curiel Bravo, Obispo Eduardo Herrera Riera, Dr. Lulio Chávez, Dr. Hermes Chávez Crespo, entre otros.

También cursaron estudios secundarios en el Colegio Federal Carora prósperos hombres de negocios y propietarios de haciendas ganaderas como Flavio Herrera,  Teodoro Herrera, Gonzalo González, José Alejandro Riera, Octaviano Herrera, Pablo Riera, Germán Herrera, Leopoldo Perera, Carlos Herrera, Ricardo Meléndez Silva, Mario Oropeza.

El sexo femenino se incorpora muy tardíamente a la educación secundaria en Carora. En 1931 el Dr. Oropeza recibe a las primeras alumnas en el Colegio Federal: ellas son María Luisa Rodríguez, Eva Teresa Acosta, Emérita Acosta, Sacramento Suárez, Leoncia Castañeda.  La primera bachiller en obtener su título fue la señorita Sacramento Suarez, en 1935.

 Como hemos podido observar, la educación era un privilegio al cual tenían acceso contadas personas. Esta desigual situación se fue disolviendo paulatinamente y la “educación de castas” que dominaba dio paso a la “educación de masas”, como acertadamente escribió el Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa.

En el año 1949, cuando mandaba manu militari al país la Junta Militar de Gobierno, el Colegio Federal Carora pasa a llamarse, siguiendo el modelo francés, Liceo Egidio Montesinos, en honor al maestro tocuyano del joven Ramón Pompilio Oropeza, quien recibió su título de bachiller en el Colegio de La Concordia de las manos de este insigne educador larense y venezolano en 1886.

 

Este ensayo se alimenta de las siguientes fuentes:

Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937. Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fundación Buría. Carora, 1997. Trabajo de Grado de Maestría tutorado por el Dr. Reinaldo Rojas, y fueron jurados el Dr. Rafael Fernández Heres y el Dr. Federico Brito Figueroa. 

Mora Santana. Luis Eduardo. Del Colegio Federal Carora al Liceo Egidio Montesinos, 1911-1969. Trabajo de Grado de Maestría tutorado por el Dr. Luis Eduardo Cortés Riera, los jurados fueron la Profesora, Magíster en Educación Neffer Álvarez, y el Profesor, Magíster en Historia Taylor Rodríguez García. UPEL, Barquisimeto, 2005.

 

Carora, septiembre de 2020.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

viernes, 18 de septiembre de 2020

Carora en 1969 - A la memoria de Víctor Julio Ávila

   Ese año ha quedado como fijación permanente en mi memoria por haber ocurrido tres hechos trascendentales entonces: la llegada del hombre a la Luna, el Cuatricentenario de Carora y mi graduación de bachiller en el Liceo Egidio Montesinos. Habría que agregar la disolución de la banda rockera británica de Los Beatles y el allanamiento manu militari de la Universidad Central de Venezuela por el Dr. Rafael Caldera I.

 Las instituciones de gobierno en la Carora de hace medio siglo eran once y empleaban a 538 personas. Hogaño habrá que multiplicar esta cifra por 10. Lejos estábamos del monstruoso crecimiento del Estado, de lo que llama Octavio Paz el “ogro filantrópico”. El Censo de población arroja en ese tiempo la cantidad de 31.934 almas en aquella ciudad pueblerina y cordial que era Carora.

En ese entonces contábamos apenas con siete alojamientos: Hotel del Comercio, Hotel Parrilla Italia, Hotel Familia, Hotel Lara, Hotel Victoria, Hotel Bologna de Livio Martinengo, Hotel Mara. El líder político más resonante por su atrabiliario léxico  era el falconiano Jesús Morillo Gómez, dirigente del partido social cristiano Copei, quien llega a la ciudad del Portillo a trabajar en los Silos de Adagro de la avenida Miranda.

Las instituciones  de gobierno que empleaban a más personas eran el Ministerio de Educación con 132 empleados, a todos los cuales se les cancelaba Bs. 161.500,00 cada mes; la otra era el Concejo Municipal con 132 empleados (hogaño somos 824) que devengaban, entre todos, Bs.165.000,00 mensualmente.

La Oficina de Identificación y Extranjería, “La Cédula”, que estaba ubicada en la calle Lara, era atendida por cinco funcionarios, el más emblemático de ellos era el popular y dicharachero Blas Meléndez, los salarios montaban a Bs. 14.521,00 mensuales; la Zona 4 del Instituto Agrario Nacional (IAN) daba trabajo a cinco personas cuyos sueldos mensuales ascendían a Bs. 5.450,00; tres ciudadanos atendían el Ministerio del Trabajo, la Comisionaduría, quienes ganaban globalmente Bs. 2.144,00 cada mes; el Ministerio de Obras Públicas (MOP) laboraban cinco personas, quienes ganaban Bs. 6.030,00 mensuales; en “la” INOS o Instituto Nacional de Obras Sanitarias trabajaban 36 ciudadanos, los cuales devengaban globalmente Bs. 38.145,55, salarios que ganaban para extraer y distribuir  un agua de alto contenido de hierro y salitre sacada de los pozos subterráneos de La Miel, ubicados en la vía Lara-Zulia.

En el Ministerio de Comunicaciones se ganaban el pan 62 personas, 14 en Tránsito Terrestre, ubicado al lado del Centro Lara, 40 en la Oficina de Correos, calle Lara, esquina calle Sucre, ocho en la Oficina de Telégrafos en la calle Bolívar, todo ese personal ganaba Bs. 33.171.80 cada mes; 26 personas trabajaban en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, ubicado entonces en la calle Lara, los cuales percibían Bs. 33.292,40 cada 30 días; el Ministerio de Justicia daba empleo a 38 ciudadanos, seis en el Registro Subalterno, donde descollaba el amable y gentil escritor don Antonio Crespo Meléndez, tres en la Medicatura Forense, cinco en el Juzgado del Distrito, allí brillaba la eminente Doctora Lida Álvarez de Briceño Canelón, en tanto que en el Consejo Venezolano del Niño (CVN) lo hacían 24 personas, uno de ellos ni amigo Profesor Gerardo Armao Vásquez, todas esas personan recibían salarios que montaban los Bs. 23.068,00 mensuales; y finalmente en el MAC o Ministerio de Agricultura y Cría, Región 3, cuyas oficinas se situaban en la avenida Miranda, empleaba a 41 venezolanos,  quienes devengaban cada 30 días salarios que sumaban Bs. 48.635,oo; no dispongo de datos de la Comandancia de Policía, que funcionaba en la calle Comercio, en la casona donde nace el Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890, hogaño frente a la Casa de la Cultura, eminente obra  ésta del odontólogo caraqueño Dr. Juan Martínez Herrera, quien casado con la caroreña y también odontóloga  Teresita Yépez de Martínez se vino a vivir a nuestra ciudad en 1963.

Tres años antes  hacía otro tanto quien escribe, pues el 15 de septiembre de 1960 llegamos desde la hermosa población andina de Humocaro Alto del Distrito Morán, la familia de mi padre Expedito y Claver de Cortés, nos instalamos en la residencia del Director del Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza, instituto donde vivimos hasta 1981, año en que mi papá recibe su merecida jubilación después de rutilante y luminoso magisterio al frente de ese instituto de primaria que fue fundado en 1949 con el nombre popular de “La Concentración Escolar.”.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com


Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...