lunes, 14 de mayo de 2012

La godarria caroreña Una singularidad social republicana.


La   godarria  caroreña
Una singularidad social republicana.

Luis Eduardo Cortés Riera
Doctor en Historia.




Resumen:

La godarria caroreña es una singularidad social que, tal como hoy la conocemos,es de naturaleza republicana y no colonial, como hasta entonces se había creído. En su proceso de conformación y estructuración ha tenido un papel de primer orden la Iglesia católica ,institución que por intermedio del generoso otorgamiento de numerosas  dispensas matrimoniales propició las uniones endogámicas entre este sector social minoritario y excluyente , que se asemeja a una casta, con lo cual se protegió la dispersión de fortunas , de hábitos sociales así como  de formas de pensamiento en esta ciudad levítica , asiento de numerosas cofradías. La godarria ejerció en Carora una verdadera hegemonía ideológica y cultural en los finales del siglo XIX y comienzos del XX y que en forma atenuada se ha extendido hasta el presente. Sólo que ,después de un brillante liderazgo social y cultural, ha tenido que vivir de las glorias de su pasado cuando en la actualidad transita por la globalización y el socialismo del siglo XXI acompañada de un cierto desconcierto.

Palabras claves: godarria caroreña ,Iglesia católica,cofradías, ciudad levítica,endogamia, singularidad social, hegemonía ideológica y cultural.




El fenómeno social de la llamada godarria caroreña tiene múltiples y variadas explicaciones, las que van desde las de naturaleza biológica, las económico- sociales  hasta las de orden cultural y religiosa.  Nosotros asumimos que es un fenómeno extremadamente complejo, difícil de desentrañar  si nos aferramos a concepciones teóricas y a métodos que por parciales resultan insuficientes.  A primera vista parece ser  la godarria determinada por lo económico-social, pero bien pronto entramos en cuenta  que esta es una explicación incompleta  de esta singularidad  social que aun  en los días que corren existe con relativa fuerza,  por que en ellas ha  faltado un elemento esencial y que ha sido determinante en nuestra formación como pueblo: la religión católica. Quien ignore esta realidad no podrá comprender en profundidad la historia del mundo hispánico, ha dicho Francois Chevalier.  La religión no es un mero agregado de la sociedad,  la religión con mucha frecuencia  organiza a la sociedad. A pesar de que el mundo se encuentra en un acelerado proceso de desencantamiento de las imágenes religiosas y metafísicas y que nos dirigimos a la estructuración  de una conciencia moderna, como escribió Max Weber, no es menos cierto que en la dialéctica tradición- modernidad, la Venezuela de hoy conserva rasgos muy marcados  de permanencia   de formas  ancladas  en sistemas de pensamiento que vienen del medievo y de  inicios de la modernidad.

El catolicismo es una religión universal, lo sabemos, que acompañó a los descubridores y conquistadores del siglo XVI, el siglo que quiere creer, según dijo Lucien Febvre, y con la cual se conformó en el Nuevo Mundo americano una “visión bíblica del mundo”, como ha mostrado Jacques Lafaye y que estuvo, además, muy ligada a la formación de nuestro estado  y de nuestra mentalidad en los tres largos e intensos siglos de coloniaje.Esta es una contundente realidad. No en balde Octavio Paz cita frecuentemente  a nuestro Mariano Picón Salas quien dijo: sufrimos aún los efectos del Concilio de Trento. El genésico siglo XVI estuvo dominado por ideas escatológicas del fin del mundo, la fe, el pecado original, la gracia divina, la fe , la veneración de los santos , sus imágenes, la educación del clero, los sacramentos: la Eucaristía, el bautismo, la confirmación. Es la llamada Contrarreforma católica, muro de contención de la Reforma  protestante, y de la cual España, esa “península metafísica”, fue  su portaestandarte más eficaz.


En  España y en la América hispana se desarrolló un fuerte movimiento que se convirtió en  un estilo nacional, el barroco, que es, dice Picón Salas, “un anti-Renacimiento y anti- Europa por que negaba o planteaba de otra manera los valores de la conciencia moderna”. Agrega el merideño que : “A pesar de de casi dos siglos de enciclopedismo y de crítica moderna  no nos evadimos  enteramente  aún  del laberinto barroco. Pesa en nuestra sensibilidad estética y en muchas formas complicadas de psicología colectiva”. De tal modo que nos atrevemos a decir siguiéndole los pasos a nuestro  don Mariano que es barroca nuestra mentalidad individual y colectiva”.

Barroca es nuestra idea de la vida  y de la  muerte, de las relaciones sociales ,  de la educación, de  la familia y del matrimonio. Ideas y concepciones difundidas y preservadas por una institución milenaria, clave en la comprensión de la cultura occidental: la Iglesia católica. En este momento estamos llegando  a un elemento esencial para la compresión de la endogamia entre los godos de Carora, esto es ,el matrimonio. Georges Duby ha dicho que : “ los ritos del matrimonio son instituidos para asegurar  dentro de un orden el reparto de las mujeres entre los hombres, para reglamentar en torno a ellas la competición masculina, para oficializar, para socializar la procreación… el matrimonio es la base de las relaciones de parentesco de  la sociedad  entera, forma la clave del edificio social.” Agrega este notable historiador francés que el matrimonio: “Se sitúa en la conjunción  de lo material y lo espiritual. Por él se ve regularizada la trasmisión de las riquezas de generación en generación, sostiene por consiguiente las  “infraestructuras”; no es disociable, y esto  hace que el papel de la institución matrimonial  varíe según el lugar que ocupa  en las relaciones de producción.”

Luego, Iglesia católica e institución del matrimonio explican la formación en el país  de lo que llama Vallenilla Lanz las oligarquías municipales, pues según explica este notable historiador positivista,  el Rey de España dio preferencia en los cabildos coloniales a los descendientes de los conquistadores y primeros pobladores. De esta manera se conformaron oligarquías municipales en Caracas, Mérida, San Carlos, Coro, El Tocuyo, Barquisimeto ,Cumaná, Barcelona, Trujillo, Maracaibo, y en nuestro caso en Carora. “ Todas ellas, agrega este brillante historiador , llenaban a cabalidad las funciones sociales de la élite, su papel de clase dirigente y protectora de la comunidad, fundando pueblos, erigiendo iglesias, casas consistoriales, puentes , mercados, fuentes públicas , cárceles, mataderos; velando por la seguridad pública, persiguiendo bandidos del llano, fomentando la agricultura, abriendo caminos, limpiando ríos.”(… )

En un extraordinario trabajo realizado en sus mocedades por Ambrosio Perera Historial genealógico de familias caroreñas ha establecido este historiador tardíamente positivista, pues nació en 1904, que las familias  “patricias” caroreñas son:

Aguinagalde ( extinguida a mediados del siglo XIX )
Antich  ( Extinguida)
Arrieche  (Extinguida )
Alvarez (Usagre, Castilla) arriban a la ciudad en 1628, es la más numerosa.
Ferrer (extinguida )
González Franco( Usagre, Castilla)  llegan a Carora en 1579
Gordón, de los fundadores de la ciudad  (extinguida )
Gutiérrez ( Coro) se establecen en la ciudad del Portillo en  1650.
Herrera( Islas Canarias) y arriban en 1776
Hoces  (extinguida)
Luna (  extinguida )
Meléndez (Asturias) arriban en 1673
Montes de Oca  (Las Palmas, Canarias) llegan a la ciudad en  1737
Oropeza ( La Orotava, Canarias ) se establecen en Carora en  1725
Pineda  (extinguida )
Perera (Tenerife, Canarias ) llegan a la ciudad del Portillo en 1753
Riera (Cataluña ) arriban a Carora en  1659
Salamanca, de los fundadores del Portillo de Carora  (extinguida )
Silva (Portugal) llegan en 1633
Torres, o de la Torre, canarios (extinguida)
Urrieta   ( extinguida  )
Yépez (Castilla) se establecen en Carora  en 1750
Zubillaga  (Provincias vascongadas) arriban en 1794.


Como se habrá notado esta es la base poblacional de la conquista y de la colonización temprana y tardía en la antigua y levítica ciudad de   San  Juan Bautista del Portillo de Carora fundada en 1569, y que con el transcurrir de las centurias conformará lo que Perera llamará el  “mantuanismo caroreño”, conocidos también como los “blancos de la plaza”, “caracoloradas”, “patricios caroreños”, los cuales  como sus pares de otras ciudades del país, “vivían  dominados por una preocupación, dice Brito Figueroa, la limpieza de  sangre, la que coincidía con sus intereses económicos de grupo social privilegiado , la endogamia, el origen étnico, el status jurídico y el monopolio de las instituciones coloniales estratificaron la clase de los terratenientes blancos en términos similares a los de una casta.”

Este grupo social minoritario ocupó la vieja cuadrícula de la ciudad, “una separación de castas total que bien podríamos llamar territorial, dice Ambrosio Perera, pues fuera de  tal rectángulo se levantaban las viviendas de aquellos que no enterraban sus raíces en el mantuanismo”.  Dice Cecilio “ Chío” Zubillaga que en 1768 se llevó a efecto un censo oficial en Carora que dio un resultado impresionante, pues 5.297 personas eran de las clases inferiores y apenas 233 de la otra, es decir, de la  principal…”  Perera, sostiene que esa “separación existía en Carora hasta muy avanzado el siglo (XX) y que, agrega, en los libros parroquiales de la iglesia de San Juan y desde el siglo XVIII eran por regla general los libros donde se asentaban las partidas  correspondientes a los blancos españoles… de aquellos destinados para las partidas de la gente común que comprendía a los negros ,mulatos ,pardos en general  y a veces a los indios y mestizos”.

A  Carora se le conoce como  “ciudad levítica”, pues es bien conocida  la gran cantidad de sacerdotes que han nacido en esta localidad. Debemos de aclarar que buena parte de estos religiosos se extraen del mantuanaje caroreño, pues este grupo social parecido  a una casta  ha presentado un rasgo muy indeleble e importante, su religiosidad militante, la cual le ha permitido copar los espacios de la institución eclesiástica  desde hace bastante tiempo. De los 120 levitas que ha dado la ciudad, bien podemos estimar que un crecido 70 por ciento procede  de las clases dominantes  hispano-criollas y de la godarria , de entre los cuales destacan  5 obispos. Este dominio  godo sobre los asuntos del altar han propiciado la formación de un imaginario de  importancia: la muy famosa “maldición del fraile”, en 1859,vísperas de la Guerra Federal, en tanto que en 1905 los mantuanos  de Carora expulsaron de la ciudad a un sacerdote de ideas avanzadas que bien podían calificarse como un antecedente  de la Teología de la liberación, el Pbro. Dr. Carlos Zubillaga. Ha sido proverbial la dificultad que representó para las diversas sectas protestantes afincar pie en la ciudad, y no lo lograron sino hasta la muerte de Juan Vicente Gómez, cuando un grupo de ellos proveniente de una semicolonia de los EEUU, Puerto Rico, erigió ,después de múltiples tropiezos atizados por la godarria, una casa de oración allí .En pleno siglo XX hubo un sacerdote de la godarria que fungía de líder moralista de la ciudad,Monseñor Pedro Felipe Montesdeoca, quien impidió se crease el Rotary Club, porque, según razonaba , era  un engendro comunista. Este levita administraba sus oficios religiosos de acuerdo a la procedencia social:  a las 5 am. Misa para las mujeres de servicio, a las 7 am. para los godos, en tanto que a las 8 am. para el colectivo de la ciudad. Como vemos, una gradación del rito por la escala social.

En nuestras investigaciones  sobre la religiosidad de los caroreños  hemos determinado que  en la conformación de esa atmósfera religiosa en la ciudad han jugado un papel  fundamental unas estructuras de solidaridad de base religiosa, como las  llama el historiador francés Michel  Vovelle: las cofradías y hermandades. Ellas son muy antiguas y ya se habían instituído en el medievo europeo entre los siglos  XI, XII y XIII. En España son aún en la actualidad, innumerables ,y se les ha estimado como un antecedente del seguro social, pues ayudaban  a los enfermos, a viudas y huérfanos, enterraban a los difuntos y garantizaban entierros con misas y oraciones para sacar el alma del purgatorio, una idea sin base bíblica ,como ha establecido Jacques Le Goff. Además eran una suerte de primitivas entidades bancarias y tenían cuantiosas  haciendas y hatos con abundante mano de obra esclava. En Carora  se les llamó haciendas de las cofradías “del Montón”, situadas al oeste de la ciudad, en la vía hacia el Lago de Maracaibo,una propiedad original de la Iglesia católica , que es el antecedente de la gran explotación ganadera y cañera de la actualidad.

Pues bien, estas hermandades han sido el centro de nuestro interés investigativo, ya que a su rededor se aglutinaron las clases altas y bajas de la Carora del siglo XVI hasta el presente, y a través de  ellas podremos  detectar los sutiles y complicados cambios que ha experimentado la estructura de la sociedad y su correspondiente modo de actuar y de pensar en la larga duración. Las cofradías no son todas coloniales pues las ha habido republicanas, pero la de mayor prestigio y alcance ha sido, a no dudar, la del Santísimo  Sacramento, fundada  por los conquistadores españoles en 1585, es decir 16 años después de la fundación de la ciudad. Esta hermandad agrupó sin exclusiones a blancos,criollos, indios, negros libres,esclavos, mestizos, mulatos y pardos, lo que niega la existencia en la ciudad de cofradías étnicas, como sí las tuvo la “ciudad madre”, El Tocuyo. La geografía no fue obstáculo para que recibiera hermanos de lugares distantes: Irlanda, Francia, España, Italia, las islas Canarias, Cuba, Santo Domingo, Reino de Santa Fe. Como provenientes de Venezuela están asentados en sus  folios y con elegantes caligrafías caraqueños, trujillanos, tocuyanos, barineses, sanfelipeños, valencianos, maracaiberos, nirguanos, corianos ,yaritagüeños, sancarlenses, merideños, y por supuesto un grueso número de locales. Oficios y ocupaciones que van desde oficiales, comisarios del santo oficio, profesores de medicina, alcaldes, monjas, organistas, mayordomos de las cofradías, carpinteros, plateros, curas ,licenciados, doctores… Gentes de los más disímiles apellidos de cualquier parte de la península y de Venezuela. Curiosos motes como Belmonte, Bambelle, de la Chica, Matheus, de la Fuente, Barrientos, Darmella, etc., y los más comunes como Bolívar  ( el Padre del Libertador ), Riera, Colina, Sánchez, Luna, Rodríguez, Chávez, Blanco y un largo etcétera.  Era como se habrá notado una hermandad bastante democrática e internacional.

A finales del siglo barroco, el siglo XVIII, comienza a reflejarse entre las personas que  “entran” a la del Santísimo la reiteración de un pequeño número de apellidos, los que con el tiempo habrían de conformar  la godarria caroreña, tal como la conocemos hoy en los albores del siglo XXI, pues es un fenómenos que se ha prolongado hasta el presente cuando ha desaparecido de otras ciudades del país. Estos son los apellidos del mantuanismo caroreño : Alvarez , el catalán Riera, Urrieta, Ferrer, Hoces,el canario Oropeza, Arriechi,Gonzalez, Crespo, Regalado. Es el tímido  arranque de una clase social con rasgos de casta y que se completará con estos otros apellidos : el vascuense Zubillaga,el isleño de la Torre, Meléndez,  Pero lo curioso de todo este cuadro de cosas  que hemos descubierto y por intermedio de los libros de cofradías, que la godarria no es tan colonial como se había pensado hasta  ahora, sino que ella es  un producto eclesiástico de los tiempos republicanos.

Esto merece, dada su complejidad, una explicación adicional. Sabemos que la Iglesia católica  propició las uniones matrimoniales entre personas con vínculos sanguíneos cercanos a través de las  llamadas dispensas matrimoniales  y sabemos que en Carora la Iglesia fue bastante generosa al expedir tales licencias, pero es el hecho que los legajos de dispensas desaparecieron del Archivo de la Diócesis de Carora desde hace bastante tiempo.  En vista de esta carencia documental debimos reconstruir el proceso de la endogamia espiritual y social  de la godarria a través y valiéndonos de los libros de entrada en las cofradías. Allí pudimos observar el intenso proceso de uniones matrimoniales entre los patricios caroreños que tiene por escenario temporal, no el siglo XVIII como en las ciudades del resto del país, sino el siglo XIX, a tal punto que podemos decir que es una élite social que se ha conformado tardíamente en tiempos republicanos. Esta es la singularidad  social que hemos descubierto y que Ambrosio Perera no captó o se cuidó de manifestarla, pues era una cuestión que le restaría linaje y alcurnia a un patriciado al cual se vanagloriaba de pertenecer.

La hermandad del Sacramentado recibió como cofrades entre 1853 y 1870 la cifra de 682 personas de entre las cuales 257 pertenecen  a la godarria, es decir un elevado 38  % de los inscritos, lo que pone en evidencia el acelerado proceso de entronización de los caracolorá en los espacios de las cofradías que se inició con el proceso republicano y que no se detendrá hasta el presente. En este período las uniones matrimoniales entre personas de este reducido y excluyente grupo  social son un hecho sin precedentes en la ciudad del Portillo. Así el apellido Alvarez lo encontramos mezclado con los apellidos Gutiérrez, Alvarez, Franco, Indave, Oropeza, Silva, Torres, Montes de Oca, Riera,Zubillaga y Meléndez.  El otro apellido godo es González el cual se mezcla con  Alvarez y con Gutiérrez.  Este último a su vez establece vínculos con González, Alvarez, Silva, Melendez.  El apellido de origen canario Herrera lo encontramos ligado a Meléndez y al recién llegado  de Coro ,el judío sefardita Curiel.

El apellido de prosapia asturiana Meléndez lo hallamos en enlaces con Meléndez, Riera, Gutiérrez, Torres, Oropeza.  El muy sonoro  y oriundo de Las Palmas Montes  de  Oca endogámicamente conectado  a Montes de Oca, Indave, Alvarez, Zubillaga, Perera. El apellido que más universitarios ha producido es el canario Oropeza y se mezcla con Meléndez, Riera, Alvarez, Oropeza, Herrera. Otro apellido godo es el emblemático Perera,de origen tenerifeño y que establecerá vínculos matrimoniales con los Perera, Montes de Oca,  Alvarez y el vascongado Zubillaga, en tanto que  el catalán Riera lo hará  a  su vez con Silva, Alvarez, Aguinagalde (hoy extinto), Gutiérrez, Perera Montes de  Oca.  El portugués Silva se mezclará  con Andueza, Riera y Oropeza. Y finalmente el apellido de los eternos mayordomos de la cofradía del Sacramentado, el vascuense Zubillaga, el cual aparece vinculado  a Perera y Herrera Perera.  He aquí como en este “refugio de la hispanidad”,tal como se le ha llamado a Carora, se produjo por efectos del aislamiento geográfico, de los factores  económico- sociales y religiosos la muy conocida godarria caroreña del presente y de la cual podemos dar crédito de que hogaño goza de relativa buena salud .

Entre los años 1837 y 1852 entraron a la hermandad del Santísimo cinco personas de apellido Aguinagalde, nueve de Alvarez,  17 de Alvarez con otros apellidos godos, del apellido canario Herrera ingresan  siete,  los Meléndez ascienden a cinco, Montes de Oca 11, en tanto que 8 son Oropeza, los Perera son 16, los Riera 13, Silva cinco, Torres seis  y finalmente el vascuense apellido Zubillaga  con dos, una esclava y el sr. Antonio María Zubillaga Perera, mayordomo de esta cofradía hasta su deceso en 1924.Entre esos años el proceso de apropiamiento de los espacios de esta y otras cofradías caroreñas irá in crescendo, pues  108 personas anotadas allí son de la godarria (58 %) y apenas  79 personas, un 42 %, de las otras clases. Estas últimos hermanos llevan apellidos que no hunden sus raíces en el mantuanismo caroreño y son los que siguen: Rivero, Pernalete, Ramos,Carrasco,López, Fernández, Arroyo,Romero, Cuevas,Chávez ,Gómez, Chirinos, Pérez, Mendoza. Estos son los años de la verdadera consolidación hegemónica de la godarria , pues son los de el secular aislamiento que sufrieron las regiones durante el siglo XIX y que si lo comparamos al siglo XVIII observaremos que las hermandades caroreñas eran en cierto modo cosmopolitas  en esta última centuria, como hemos destacado más atrás. Todo lo cual facilitó el predominio social, cultural y religioso de esta clase social minoritaria y excluyente.

Con la llegada al poder del autócrata civilizador, el presidente Antonio Guzmán  Blanco y su política anticlerical , signada por el positivismo  cientificista, se puso  a prueba el espíritu de cuerpo del catolicismo    en Carora   y consecuencialmente el  de la godarria . Hasta ahora se pensaba erróneamente que tal política debilitó  a la Iglesia católica. Esto no es cierto en el caso particular que nos ocupa, pues los libros de cofradías revelan  que en esos años del guzmancismo la entrada  a las hermandades sufrió un proceso exponencial en cuanto  a las adscripciones en estas estructuras de solidaridad de base religiosa. En los años del más furibundo anticlericalismo de Guzmán Blanco ,1872 a 1875, las entradas  al Sacramentado se elevan  a 90 en 1872, 129 en 1873, 116 en 1874, 108 en 1875  cuando venían de una discreta adscripción de  27 en 1853 ,70 en 1858, 55 en 1863  y 44 en 1869. Cabe destacar que esta reacción antigubernamental de las cofradías fue liderizada por elementos fundamentalmente femeninos del patriciado caroreño.

En la levítica ciudad del Portillo se implantó una moralidad que hunde sus raíces la Biblia y en la interpretación que en la filosofía medieval  hizo Santo Tomás de Aquino a la Etica a Nicómaco  de Aristóteles, las virtudes teologales : fe, esperanza y caridad, la noción platónica del  alma que mantiene la cristiandad católica, es decir que el alma y el cuerpo no son dos substancias vinculadas,  que el centro de la religión bíblica está el concepto de  amor por los que pecan, y que lo temporal es un mero espejo de lo eterno. Es de destacar la enorme eficacia entre nosotros de una  idea-fuerza  sin base bíblica, el purgatorio,idea  que recibiera un tremendo  impulso durante el Concilio de Trento en el siglo XVI y que han llegado con notable fuerza hasta nosotros en  los días que corren. Biólogos y antropólogos han propuesto  que la transmisión cultural se podía describir , en cierta medida, de la misma manera que la herencia genética. El autor de El gen egoísta, el biólogo Richard Dawking ha descrito la cultura como una población de memes, que son  “programas de reproducción mimética” igual que los genes. Los memes son unidades de cultura, conceptos, valores, historias, etc. ,que llevan  a la gente a hablar  o actuar de manera que provocan que otras personas a su vez almacenen una réplica de estas unidades mentales.

Los godos de Carora tenían unas costumbres y usos sociales sociales muy arraigados, sus memes, que han tenido una prolongación y eficacia temporal admirable. Una de ellas  tiene que ver con los espacios sagrados, pues debemos tomar en cuenta   que no hay lugar de encuentro más importante  entre el hombre biológico y el hombre social que el espacio, nos dice Jacques Le Goff. En este sentido debemos destacar que algunos de los bancos de la iglesia de San Juan Bautista eran privados y de uso exclusivo de los patricios caroreños. Eran un total de 25 de tales muebles con los nombres de las familias godas grabados y que estaban colocados cerca del altar mayor, como dando a entender que ellos estaban más cerca de Dios que el resto de los mortales. Los difuntos de este grupo minoritario gozaban de un tratamiento especial, pues sus cuerpos eran tapiados en las gruesas paredes de la iglesia de San Juan, una costumbre que en los días de Guzmán Blanco enfrentó  a los godos con el gobierno, pues es sabido que por razones sanitarias  el  “ilustre americano” prohibió tales prácticas funerarias, como en su oportunidad lo hizo el médico y presidente de Venezuela, el Dr. José María Vargas.

Las hermandades y cofradías caroreñas eran plurales y aceptaban como miembros a cualquier persona, sin importar su condición étnico o social, como hemos visto, pero la dirección de estas corporaciones siempre pertenecía a un miembro destacado de la sociedad, una persona de cierto relieve social y de cierta notoriedad. Estos eran los mayordomos de las cofradías, quienes llevaban  con gran esmero y cuidado sus libros de registros de entradas, sus cuentas y  negocios. Queda claro que las clases dominantes hacían todo lo que estuviese a su alcance para apropiarse de la memoria, ellos decidían qué debía recordarse y qué no debía recordarse.

La memoria, la memoria. Ha sido la Iglesia la garante y resguardadora de la memoria de los pueblos en el Occidente cristiano , y lo ha hecho a través de la numerosa legión de levitas que ha producido, en el caso  que nos ocupa, la ciudad antigua del Portillo de Carora desde el genésico siglo XVI. De entre ellos debemos destacar que de los 120  levitas caroreños cinco han sido obispos, uno de ellos animado por la Encíclica Rerum Novarum (l891) , el Obispo  Mártir Salvador Montes de Oca, fusilado por los nazis en Italia en 1944, suena como candidato a ser elevado a los altares.


En nuestro trabajo investigativo sobre la educación secundaria en Carora, hemos puesto de relieve la hegemonía ideológica y cultural que ejercieron los godos a finales del siglo XIX y principios del XX, puesto que fundaron periódicos y revistas (El Impulso,1904 y El Diario, 1919), crearon el Colegio particular La Esperanza en 1890, sólo para varones y casi todos de la godarria, un colegio para señoritas, el Liceo Contreras en 1915, dirigían los asuntos eclesiásticos, las cofradías, organizaban los actos litúrgicos, procesiones y fiestas sagradas, a la par que manejaban el muy activo comercio local, y se apropiaron progresivamente de hatos, haciendas y cañamelares. Todo un proceso de concentración de la propiedad territorial que ,según Taylor Rodríguez, se inició en 1870  y que fue protagonizado por las familias godas Oropeza, Riera, Alvarez, Yépez y Herrera.

 Pero hay un símbolo inequívoco del sentido excluyente de esta clase que se asemeja  a una casta y no es otro que la fundación  de un club recreativo, a la manera inglesa , elitesco y excluyente, el Club Torres de Carora fundado por los más conspiscuos  representantes del patriciado  el 31 de julio de 1898, a la cabeza de los cuales estaba el médico con estudios en Francia,el Dr. José María Riera, quien murió en un enfrentamiento armado en 1900. Este polémico centro social excluyente y sexista se mantuvo cerrado para el grueso de la población caroreña hasta hace unos pocos años, cuando sus directivos más jóvenes y preparados para asumir los cambios que introdujo la economía de signo rentístico y petrolera,  notaron y advirtieron que aquello era un verdadero anacronismo y que como tal debía de dársele final. Fue una lucha  que en cierto modo inició Chío  Zubillaga  a comienzos del siglo pasado cuando renunció  a esta corporación por que –aducía- sus salones fueron utilizados para actos sociales y fundamentalmente, para el juego y la venta de licores. El Club se convirtió en una institución exclusiva de los godos. Otros, como el Dr. Pastor Oropeza tienen un concepto distinto del Club, pues dice que esa corporación fue la bolsa y el lugar donde se planificó el desarrollo agropecuario del inmenso Distrito Torres, entidad político-administrativa que, debemos aclarar, representa el 46 % del total del territorio del Estado Lara, por ello se le ha denominado “la Rusia del estado Lara”.

Ha sido el historiador larense Reinaldo Rojas quien ha dicho que la godarria caroreña es en verdad regionalista, pero que es un regionalismo puesto al servicio de la Nación venezolana. Su ancestral  y telúrico apego a la tierruca no les ha impedido ponerse al servicio de las causas más nobles y patrióticas en todos los tiempos y lugares. Comencemos a decir que tres caroreños han ocupado el Rectorado de la Universidad de Caracas en distintos momentos, el Dr. Juan Agustín de la Torre en 1789,quien introdujo el pensamiento moderno de Hume, Descartes, Newton y Condillac a las aulas  dominadas por la Escolástica de la Real y Pontificia Universidad de Caracas; el Dr. José Manuel Oropeza ,  de convicciones realistas , que la dirigió en 1819, en tanto que en 1946  estuvo al frente de  nuestra alma mater el Dr. Juan Oropesa ,fundador del partido ORVE con Rómulo Betancourt, Alberto Adriani y Mariano Picón Salas, un magnífico y  olvidado escritor de la obra Cuatro siglos de historia.

En los días de la Emancipación  fue Carora generosa con la Patria y por ello le obsequió, entre otros, dos eminentes patriotas, el general Jacinto Lara, quien participó en 1824 en la batalla de Ayacucho, epónimo actual del estado, y el general Pedro León Torres, quien peleó en la batalla de Bomboná en 1822,epónimo del Municipio que lo vio nacer. En los difíciles momentos de la Federación fue la pluma del Dr. Ildefonso Riera Aguinagalde quien animó el grito libertario y de justicia social, fue uno de los primeros propagadores de la doctrina social de la Iglesia católica, fue famosa su polémica sobre las revoluciones con Cecilio Acosta.


 Se distinguió como educador y abogado un discípulo del Br. Egidio Montesinos en el Colegio de La Concordia de El Tocuyo, el doctor Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937) egresado de la Universidad Central de Venezuela , fundador del Colegio La Esperanza con el concurso de los godos de la época en 1890, instituto en donde se formaron los hijos de Federico Carmona, fundador del diario El Impulso en 1904,el humanista Luis Beltrán Guerrero “Cándido”,  el periodista de combate  que en ocasiones se acercó al marxismo Cecilio Zubillaga Perera ,“Chío”, el político ,defensor de la independencia de Puerto Rico , José Herrera Oropeza ,el jurista Ambrosio Oropeza, corredactor de las Constituciones de 1946 y 1961,el historiador Ambrosio Perera ,el Dr. Juan Oropesa, miembro fundador del partido ORVE, Rector de la UCV, el Pbro. Dr. Carlos Zubillaga, un adelantado de la Teología de la liberación, el Dr. Pastor Oropeza, padre de la pediatría en Venezuela y progenitor del periodista y escritor Héctor  Mujica, el pediatra Homero Alvarez, padre de nuestro embajador en los EEUU, Bernardo Alvarez.

Hemos dicho que en la ciudad se formó una verdadera elite cultural en Carora bajo la dirección del Dr. Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937), en una localidad que no fue beneficiada con la creación de su Colegio Nacional en tiempos de la oligarquía conservadora, pero que la labor educativa la asumieron los religiosos y los particulares, como es el caso del fraile Ildefonso Aguinagalde ,miembro de la Asamblea Nacional en 1863, el de la famosa maldición, y quien abrió una cátedra de latinidad, una lengua que había dejado de ser un idioma universal desde el siglo XVII, por muchos años desde 1829, el Dr. Ezequiel Contreras, fundador del efímero Colegio San Andrés (1855) y el Lic. Rafael Antonio Alvarez quien creó el Colegio de La Paz en 1864, esfuerzos educacionales  que no duraron mucho tiempo pero que contribuyeron  a fomentar el gusto por el conocimiento y el saber en Carora, una población que muy tardíamente vio llegar el instrumento difusor de la cultura por antonomasia, la imprenta, la cual fue recibida con gran regocijo  popular en 1875, cuando  un miembro de la comunidad sefardí, un verdadero “intermediario cultural” ,José Mármol Herrera la llevó allí y con la cual se imprimió el primer periódico caroreño y que lleva el sugerente nombre de La Patria.

Mucho más tardíamente  llegó la educación superior a la ciudad de Carora , pues la capital del estado , Barquisimeto , también sufrió largamente esta carencia,  su Colegio Federal de Primera Categoría fue cerrado por el presidente Cipriano Castro y su ministro de Instrucción, el escritor Eduardo Blanco en 1904 , y no fue sino bajo la presidencia del Rómulo Betancourt que se abrieron el Instituto Pedagógico Barquisimeto y   el Politécnico de Barquisimeto, hasta que al fin y luego de una presión popular se crearon en Carora sendos núcleos de la la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y de la Universidad Nacional Experimental Politécnica en la década de los ochenta del siglo XX.  Pero una ausencia notable se produjo en este movimiento por la educación superior en Carora y no es otro que el de la “godarria caroreña”, clase social que en el pasado motorizó  movimientos e instituciones de cultura y de saber. Ello se debió quizás a  que ellos tenían resuelto el problema de la educación de sus hijos al enviarlos  a la universidades de Los Andes, a la del Zulia, Carabobo, Central de Venezuela y a las diversas universidades privadas del país y del exterior, sobre todo en los EEUU. Pese a esta evidente ventaja formativa es un hecho notorio que las nuevas generaciones de godos no ha mantenido la preocupación por el saber de sus pares de otras generaciones. Un vacío intelectual sufre la godarria en el presente , ello pueda deberse a que se interesó más por la acumulación de capitales por un lado y a su extrañamiento de la ciudad por el otro.

He aquí  pues en donde nos hemos topado con otra de las actividades  emblemáticas de los godos de Carora, el mundo de los negocios. Es sabido que desde fines del siglo XIX son poseedores de inmensas haciendas ganaderas y en el presente cañeras, ubicadas en las zonas más privilegiadas del Municipio Torres y fuera de ésta entidad. Han fundado el hospital y la planta eléctrica, dos centrales azucareros, un matadero industrial,colegios privados y un equipote béisbol profesional, el Cardenales BBC  y el extinto Banco de Lara en sociedad con el capital nacional. Pero hay un portento  muy admirable y que ha sido creación maravillosa de los godos y no puede ser otro que el Ganado Tipo Carora, una feliz mezcla del llamado “ganado amarillo de Quebrada Arriba”, traído a estas tierras por los conquistadores españoles del siglo XVI con razas europeas y norteamericanas, proceso de selección genética un tanto empírico que  inició Teodoro Herrera,entre otros, en la década de 1930. Esta Raza, ahora Patrimonio Genético Nacional, un Pardo Suizo criado    y aclimatado , de gran rendimiento en el trópico, ha ido a parar a los lugares más remotos del planeta, Indonesia, Colombia, Centroamérica, Africa, para alivio de la pobreza de esas comunidades  preteridas del  llamado Tercer Mundo; pero que una paradoja un tanto cruel la acompaña, pues la Arcadia que la vio nacer hace ya 70 años se ha quedado sin el Ganado Tipo Carora, pues menos de 2500 vientres cuenta hogaño el Municipio Torres. Puede que ello sea parte también de la legendaria y un tanto mítica  Maldición del fraile (1859) y que ha condenado a la godarria caroreña  a vivir de las glorias de su brillante pasado cuando en el presente mundo globalizado ha dado escasas muestras de genio y de creatividad, las que a no dudarlo,  les ha faltado en el presente para afrontar la globalización económica y el mortal y fatídico viernes negro del 18 de febrero de 1983,suceso  que produjo descalabros notables entre los caracoloradas de Carora.

Bien se puede afirmar que el producto más acabado de la Iglesia católica en Carora ha sido en efecto, la godarria caroreña y que por resultado de una maldición de orden teológico y bíblica, la ya mencionada Maldición del fraile, ha condenado a la godarria del presente  a transitar por uno de los más dilatados eclipses por la que ha transcurrido en su existencia esta singularidad social excluyente que aún pervive con relativa fuerza en el presente Las incesantes uniones matrimoniales  entre los miembros de lo que llamó Ambrosio Perera “ patricios caroreños”  ha ocasionado un resultado esperado y temido por los godos, las enfermedades hereditarias, las que han sido y son comunes y frecuentes entre este grupo social: retraso mental, síndrome de Dawn, esquizofrenia y enfermedades autosómicas recesivas de todo tipo. Es de capital importancia hacer notar que la endogamia no es sólo biológica sino religiosa y que los patricios de Carora han desarrollado unos curiosos nichos semánticos y fonéticos fáciles de percibir por el extraño, componente lingüístico que les da cierta coherencia interna y que aún espera de un estudio científico.
 En medio de los enormes cambios políticos y sociales del presente y que han tenido como protagonista principalísimo al presidente Hugo Chávez Frías han tenido ,con contadas excepciones ,dificultades y hasta enfrentamientos con la administración de gobierno nacional y en el Municipio  han perdido toda representatividad en la Alcaldía del Municipio Bolivariano General de División Pedro León Torres. Hay quienes afirman que la godarria sufrió una especie de bifurcación, pues una de sus partes se quedó atada  a su sustento secular ,la tierra y a una forma tradicional y conservadora de pensamiento; en tanto que  otro grupo salió de la levítica ciudad y se instaló en centros de mucho mayor dinamismo económico, social y cultural, tales como Barquisimeto y Caracas ,lugares en donde emprende exitosos negocios en el concierto de una Venezuela que se abre al gran capital internacional y asume una forma cosmopolita de vida que asombraría a sus pares quedados en la vieja y pacata ciudad de Carora. Es el caso de la familia Zubillaga quien en la década de los cincuenta del siglo pasado emprendió un exódo bastante notable a Caracas , en donde estableció vínculos matrimoniales  con los más elevados apellidos de los “amos del valle”, según se puede observar en las páginas sociales de los diarios capitalinos.


Parece ser ,y estamos conjeturando , que los godos de Carora carecen de un liderazgo que los guíe en los cambiantes e inesperados  momentos que vive el país y el mundo hogaño. En el siglo XIX tal guía como “influyentes locales” la ejercían los sacerdotes y los mayordomos de las cofradías y hermandades, y cuando los dirigentes laicos hacen su aparición, lo  hacen  los educadores como los doctores Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga cuando asumen ese tan necesario liderazgo entresiglos, el cual fue retomado desde principios del siglo XX por Cecilio “Chío Zubillaga y más recientemente por el Dr. Ambrosio Oropeza, el constitucionalista, y mucho más recientemente el odontólogo formado en Brasil en la década de los 50 del siglo pasado, Domingo Perera Riera, ex gobernador del Estado Lara durante la presidencia de Jaime Lusinchi. Desde  ese momento hasta el presente la oquedad en el liderazgo  mantiene a los godos en permanente sobresalto y temor frente a los anuncios del Alcalde del Municipio , nuestro exalumno en las aulas del centenario Liceo Egidio Montesinos, el Ingeniero electrónico Julio Chávez Meléndez y del reelecto presidente Teniente Coronel del Ejército Hugo Chávez Frías de establecer en Venezuela el llamado Socialismo del siglo XXI, ideas que han resultado en un despertar repentino del letargo que sufrieron las clases subalternas   y que se expresa de múltiples maneras en  Carora ,antigua ciudad del siglo XVI que se enrumba ,dejando atrás al liderazgo y la preeminencia de los godos, hacia el tercer milenio.











Fuentes consultadas.

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Brito Figueroa, Federico. Historia económica y social de Venezuela. 1996.  Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela.Tomos I y III.


Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937. 1997. Fondo Editorial de la Alcaldía de Torres, Fondo Editorial Buría.Carora. P. 166
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HUGO CHAVEZ FRIAS: DEL MESIANISMO, EL BOLIVARIANISMO AL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI.


HUGO CHAVEZ FRIAS: DEL MESIANISMO, EL BOLIVARIANISMO AL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI.

Autor: Luis Eduardo Cortés Riera.
Fundación Buría.
Barquisimeto-Venenezuela.


RESUMEN.

            El antropólogo francés Jacques Lafaye se preguntó, allá por los años 80 del siglo pasado, acerca de quién iba a superar el actual cortocircuito en América Latina,¿los militares o  la casta de los licenciados?, una pregunta que resultó profética en el caso de venezolano, pues desde 1998 gobierna un “caudillo-mesías” extraído del mundo militar llamado Hugo Chávez Frías. De esta forma ha sido comprendido y asumido por el pueblo venezolano y latinoamericano este hombre,  en un continente en el que han convergido tres tipos de mesianismos: el judáico, el cristiano y el islámico. Después de asumir el poder en 1998, tras un fallido golpe militar, ha emprendido una revolución antiimperialista y nacionalista bastante sui géneris, en la cual convergen la tradición judeo-cristiana, el Bolivarianismo y el llamado Socialismo del siglo XXI.

Palabras claves: Mesianismo, Bolivarianismo, Socialismo del siglo XXI.


DESARROLLO

En 1980 escribió en francés el antropólogo Jacques Lafaye una obra  que tituló Mesías, cruzadas, utopías, con el subtítulo El judeo-cristianismo en las sociedades ibéricas.([1]) En esta extraordinaria obra se preguntaba: “Pero ¿quién va a guiar  a América Latina por la senda resbaladiza de su destino? ; ¿ quién va a superar el cortocircuito actual?; ¿ la clase militar o la casta de los licenciados?; ¿la Iglesia o el partido?” Y  agregaba en forma profética: “En todo caso, nuevos líderes carismáticos harán su papel y tendrán su hora, como la han tenido en anteriores decenios Getulio Vargas y Juan Perón, Lázaro Cárdenas y Fidel Castro”. Y en 1992, 4 de febrero, le tocó el turno a un oscuro y desconocido teniente coronel del ejército venezolano llamado Hugo Chávez Frías, un humilde muchacho de la provincia e hijo de maestros de escuela primaria, de lenguaje llano, moreno y de pelo rizado quien se ha convertido en toda America Latina y allende a los mares, en una suerte de lo que Lafaye ha llamado un “caudillo-mesías”.  “La realidad latinoamericana, dice este autor, simboliza la antítesis de la teoría que elaboró Lukács respecto al héroe colectivo; el radical personalismo hispánico es causa de que  la conciencia y la proeza colectiva sólo llegan a cuajar donde hay un héroe  individual que las despierte y las sepa encabezar y cifrar en su inspirada personalidad” ([2])

Ahora bien, ¿en qué se basa Lafaye para hacer estas interesantes observaciones?, ¿cuál es su punto de vista de la realidad de America Latina?, es lo que a continuación  vamos a responder. En primer lugar debemos destacar, dice nuestro autor, que “en la Península ibérica  y en el mundo ibérico, el mesianismo cristiano, el marabutismo islámico y sobre todo el mesianismo judaico han producido en diferentes épocas, en virtud de un efecto acumulativo, la aparición de movimientos mesiánicos de importancia muy desigual”([3]). Este movimiento mesiánico pervive hasta el presente en América Latina por una razón de orden intelectual y moral: no tuvimos Ilustración. El gran movimiento emancipador de la autoridad de la Iglesia no tuvo en este continente la fuerza y la profundidad para lograr una descristianización como la que se  produjo en Francia en tiempos de la Revolución de 1789. América Latina es el continente de la fe. Si Octavio Paz ha dicho que tenemos fiestas porque no tuvimos ilustración ([4]), nosotros decimos que tenemos líderes mesiánicos porque no tuvimos ilustración. Es por ello que resulta pertinente resaltar las particularidades del cristianismo original, del que España fue heredera directa, así dice Lafaye que: la fe religiosa de las poblaciones de América Latina es cuestión social  más que individual, de ritos y de sacramentos más que de meditación. Y sobre todo, la gran brecha entre el acto de fe y el pensamiento discursivo, que caracteriza a la filosofía moderna en general, no se produjo a menudo ([5]).  Es lo que explica que entre nosotros, en nuestros corazones alberguemos aún en la actualidad profundas esperanzas mesiánicas, las que han pervivido a pesar de dos siglos de Enciclopedismo, otro de positivismo, al que debemos agregar otro período para el marxismo, filosofía materialista que llegó a nuestro continente a fines del siglo XIX. Ninguna de estas modas filosóficas han podido remover la contextura profunda del pensamiento religioso de los latinoamericanos.

Existe una correlación positiva entre los  movimientos  mesiánicos con la privación, dicen los sociólogos anglosajones en su jerga funcionalista ([6]). Una privación, entendemos nosotros, no es otra cosa que una sensación de abandono que se produce en una sociedad que se siente amenazada en su integridad, en su destino como pueblo. Es la esperanza de un salvador ungido por Dios la que vivía el pueblo de Israel cuando gemía bajo el yugo del faraón en Egipto, una representación mental que se prolonga hasta alcanzarnos. A la que debemos agregar la fe de los pueblos islámicos en el “hombre providencial” que heredó España después de siete siglos de dominación. Allí esta el Cid Campeador recorriendo la ancha Castilla que varios siglos después andará el Quijote de la Mancha. Allá Sandino y sus pobres campesinos armados repeliendo la invasión norteamericana, más allá Zapata pidiendo volver a una sociedad original y sin privilegios. Una sociedad amenazada, un pueblo que ya no confía en las elites tradicionales, un brutal desencanto  después de  décadas de un consenso casi unánime, fue lo que se produjo en aquellos terribles días de febrero de 1989 cuando la locura neoliberal agredió sin aviso a la sociedad venezolana durante largas y sangrientos jornadas. Fueron oprobiosos momentos en los que el individualismo y la razón instrumental de los anglosajones creyó posible incorporar a estos pueblos en la gran corriente de la modernidad que ellos protagonizan. Estaban profundamente equivocados.

Aquel paquete de medidas neoliberales, pensadas por tecnócratas sin alma ni corazón, ejecutadas sin sentido histórico, sin apelar a la consulta o al diálogo, produjo un abismo en la conciencia de los venezolanos, quienes al ver frustradas sus aspiraciones más sentidas, al ver roto el vínculo de la representatividad y con las elites, apelaron a lo más hondo de su conciencia, a la hechura más primordial de su ser y de su existencia, una búsqueda ontológica que los reinsertara en la sociedad y en el mundo. Es en tan dramático estado de conciencia cuando aparece en la Venezuela petrolera y mayamera un sentimiento que se creía desaparecido de nuestro universo mental: el mesianismo, la fe en el hombre providencial, un capital de esperanza depositado en la figura de un hombre.

Y fue en las redes de un producto de la tecnología más sofisticada, en la televisión, cuando aquél insignificante soldado produjo en febrero de 1992 en la conciencia colectiva de los venezolanos una conexión del pasado bíblico más remoto  con el sentimiento de orfandad que los embargaba desde 1989. Acaso se pueda parangonar aquel suceso a lo ocurrido con las cintas grabadas de los discursos y proclamas del Ayatola Komeini que circulaban en el Irán del régimen tiránico y pro norteamericano del Sha en 1979. La tecnología logró conectar aquel remoto utillaje mental, para usar la expresión de Lucien Fevbre ([7]), con las condiciones adversas, de pérdida de sentido de los venezolanos de finales de siglo XX. Así nació la leyenda de  clara inspiración mesiánica de Hugo Chávez Frías. En el cruce de todas las grandes vías hispánicas encontramos, radiante u oculta, la imagen del  Mesías, dice Lafaye. No nos extrañe que aquello sucedió en el país más colonizado por la cultura norteamericana, el modo americano de vida, el violento cambio que produjo en la población, su modo de vida tradicional y agrícola la insospechada aparición del petróleo, un maná de gigantescas proporciones que cambió en muchos aspectos la faz desolada y tristona de aquel país de comienzos de siglo XX. Pero muy por debajo de tales cambios, fantásticos y violentos, estaba la conciencia de un país antiguo, de cinco siglos de lentísima fragua que se había modelado, como el resto de Latinoamérica, en creencias muy profundas , casi inconmovibles, tales como la del Mesías, el Reino Milenario, la Parusía (la segunda venida de Jesucristo), el Milenio (advenimiento definitivo de una sociedad justa y feliz), el Anticristo, la tribulación, el Apocalipsis (el final de los tiempos y el triunfo de la Iglesia), la salvación.

Este conjunto de ideas y de pensamientos se implantó con una gran fuerza y eficacia en los largos tres siglos de dominación colonial hispana y se ha proyectado hasta el presente, como ha sostenido Mariano Picón Salas ([8]). Misión que le tocó cumplir a la Iglesia católica a través de sus múltiples organizaciones, unas de las cuales han sido las cofradías y hermandades, estructuras de solidaridad de base religiosa, como las ha tipificado Michel Vovelle ([9]). La Iglesia  empleó para tales fines una lengua sagrada, el latín, con el que se construyó una concepción del mundo basada en la Escritura ([10]). De este modo podemos afirmar que la religión ha tenido un papel definitorio en la formación de nuestra  nacionalidad, pero que lo sigue teniendo aún en la actualidad, dado a las condiciones específicas que ha vivió en su historia Latinoamérica, como lo hemos venido esbozando. Se trata de una cultura de signo colonial, católica y barroca que se proyecta hasta la actualidad.

A principios del siglo XIX se  produce en Hispanoamérica un hecho singularísimo, pues las comunidades  criollas concibieron en época temprana la idea de su nacionalidad, mucho antes que la mayor parte de Europa, según sostiene             Anderson ([11]). En este período, entre 1811 y 1830, va a tomar cuerpo el gran mito fundacional venezolano en la figura del Libertador Simón Bolívar, personaje que dará lugar a lo que Pascual Mora García ha llamado un “imaginario social bolivariano” ([12]). De tal modo podemos decir que el proceso de transformaciones radicales que vive Venezuela desde 1998, con Hugo Chávez Frías a la cabeza, se inserta en dos tradiciones, una, la del judeo-cristianismo, y la otra en el gran mito, la gran idea-fuerza del Padre de la Patria, Simón  Bolívar. No es gratuito que a Chávez se le vea como a un verdadero hombre providencial, que ha sabido insertarse con tino y suma intuición en el mito bolivariano que comparte el pueblo venezolano y buena parte de Latinoamérica.

De allí que el presidente Chávez, ratificado en 2006 con el abrumador 63 % de los votos, se identifique de forma reiterativa con las figuras arquetípicas de Cristo y de Bolívar. No es casual que el éxito de su gobierno se deba a las llamadas Misiones de salud, educativas y otras, una de las cuales, y que le ha dado popularidad continental, se llame en efecto Misión Milagro, en tanto que ha dicho que todas las Misiones convergerán en una sola, única y final, la Misión Cristo, a lo que se debe agregar que bajo la inspiración del Libertador y bajo su guía se transforma la educación, la salud, la economía en la ahora República Bolivariana de Venezuela, bajo el signo de un poderoso movimiento nacionalista y un orgullo por lo nacional ([13]) que languidecía  y estaba como ausente en los pasados decenios en el país.

Pero hay una notable omisión en el discurso de la Revolución Bolivariana y de su conductor, Hugo Chávez, y es lo referente a otra de las grandes ideas- fuerzas en la metahistoria de América Latina: el arquetipo femenino de la Virgen, la Madre de Dios. América Latina es un continente marianista, en donde países como México o Colombia tienen en la virgen un símbolo central de la nacionalidad ([14]). El marianismo es en el catolicismo latinoamericano una idea-fuerza tanto o más importante que la de Cristo o la del santoral masculino. Esta omisión podría deberse a dos circunstancias; la primera tiene que ver con la particular situación de la fe mariana en Venezuela, una nación en donde no existe unanimidad en torno a la virgen. Existe una Patrona de Venezuela, la Virgen de Coromoto, pero es una imagen que no tiene cobertura nacional. De nombrarla de forma preferencial produciría resquemores entre los zulianos afectos a la Chiquinquirá, o entre los orientales amantes y adoradores de la Virgen del Valle; y lo segundo podría deberse al hecho de que las iglesias reformadas, sectas protestantes, Testigos de Jehová, Iglesia Mormona, entre ellos, han aumentado su número e influencia de forma espectacular en las últimas décadas. Como sabemos, estos cristianos aborrecen y hasta niegan la figura de María; de tal forma que  la Revolución Bolivariana de utilizarla en sus oratorias supondría la secesión de un buen número de venezolanos que apoyan incondicionalmente su gobierno, a lo que debemos agregar que altos funcionarios de gobierno-civiles y militares-son personas que profesan en distintas  creencias derivadas de la Reforma protestante del siglo XVI.

Así avanza la nacionalista y antiimperialista Revolución Bolivariana en Venezuela, con una fuerte resistencia de la jerarquía eclesiástica, los sectores empresariales y los medios de comunicación, pero con un firme piso político y una influencia en diversos países, desde México, Cuba, Nicaragua, Costa Rica, las islas del Caribe, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil ,Argentina y Chile. Ha establecido estrechos vínculos con China , el Irán islámico, Rusia, entre otros, y después de sortear el golpe de abril de 2002 y el paro petrolero de 2002-2003 propone la construcción del llamado Socialismo del siglo XXI, un socialismo no marxista, pero con una estrecha relación con el cristianismo. Ello puede deberse a la flexibilidad fundamental del mensaje cristiano que ha digerido a la filosofía griega, al cartesianismo, en contraste a la rigidez de marxismo-leninismo, una ideología oficial de Estados totalitarios. Recordemos que fue acá en América Latina donde nació esa aporía metafísica, dice Lafaye, llamada Teología de la Liberación, la que sólo ha sido posible en este continente de profunda raigambre cristiana, en donde ningún poder político puede eliminarlo ni mantenerse duraderamente sin beneficiarse al menos con su neutralidad, nos dice  este antropólogo francés.([15])

































([1]) Editada por el Fondo de Cultura Económica. México. Primera edición en español 1984. P. 211.
([2])  Lafaye, Jacques. Mesías, cruzadas, utopías. El judeo-cristianismo en las sociedades ibéricas. 1884. FCE. México. P. 24 y 25.
([3])  Op. cit. P. 34.
([4])  Cfr. El laberinto de la soledad. Postdata. Vuelta a El laberinto de la soledad.1994. Fondo de Cultura Económica. México. P. 351.
([5])  Lafaye. Op. cit. P. 200.
([6])  Smelser, Neil J. Teoría del comportamiento colectivo.1996. Fondo de Cultura Económica. México. P. 25.
([7]) Febvre, Lucien. El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais.1993. Akal Ediciones S. A. Madrid. P. 362.
([8])  Picón Salas, Mariano. De la conquista a la Independencia y otros estudios. 1990. Monte Avila Editores. Caracas.P. 309.
([9])  Vovelle, Michel. Ideologías y mentalidades.1985. Crítica , Barcelona.p. 326.
([10])  Anderson, Benedict. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo. 2000. Fondo de Cultura Económica. México. p. 35
([11])  Op. Cit.
([12])  Mora García, José Pascual. Imaginario social bolivariano. 2006.Fondo Editorial Simón Rodríguez. Táchira, Venezuela. P. 300.
([13])  Internacional Journal of  Public Opinion. Vol. 18. Nº 1, 2006.
([14])  Lafaye,Jacques. Quetzacóatl. La formación de la conciencia nacional en México. 1977. Fondo de Cultura Económico. México. P. 483.
([15]) Lafaye. Mesías,cruzadas, utopías. P. 207.

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