sábado, 17 de enero de 2026

 

 

Eric Roberston Dobbs.

Lo irracional griego.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecrora@gmail.com

Siempre hemos relacionado serena lógica y razón con los griegos de la Antigüedad, una como cumbre de la racionalidad. Desafiando los convencionalismos que nos han impuesto el mito de que los griegos fueron apolíneos, serenos, ciegos a toda manifestación irracional, escribió en 1951 el filólogo norirlandés Eric Roberston Dodds un fascinante libro: Lo irracional griego, un texto verdaderamente disruptivo con el que el arrogante racionalismo moderno resultaría poco menos que mal parado.  Es que desde el siglo XVIII hemos creído vanamente que lo racional, la diosa razón gobierna los actos humanos, una idea rechazada por los románticos alemanes y que llega a nuestros días en los potentes movimientos místicos y espirituales contemporáneos. Desde Nietzsche y El nacimiento de la tragedia, hasta el movimiento dadaísta, el surrealismo de Bretón y el teatro del absurdo se pueden mirar desde esta perspectiva.

 Una cara oculta de la mente griega aparece con Dobbs. La gran pregunta que se hace este erudito contemporáneo será: ¿Por qué deberíamos atribuir a los antiguos griegos una inmunidad de los modos de pensamiento 'primitivos' que no encontramos en ninguna sociedad abierta a nuestra observación directa? Los griegos no fueron- como suele creerse- una cultura completamente original, despegada de su entorno histórico, un nicho cultural autárquico. Tomaron de los fenicios el alfabeto fonético, con lo que un pueblo de comerciantes ilumina a un pueblo de pensadores; de los egipcios se nutrieron de su geometría y matemáticas sagradas; la práctica de la democracia se ilumina con la que ellos observaron en Cartago; astrología y ocultismo que abrevaron de mesopotámicos y persas; muchas de sus creencias mágicas como el orfismo y el culto a Dionisio derivan de sus vecinos bárbaros, los tracios, una fascinación mutua;  la escritura lineal A fue tomada de los minoicos. Grecia fue una esponja cultural que readapta las influencias a su medio y momento. 

Dobbs emplea para crear esta nueva y audaz visión de lo irracional griego las ideas de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, su creatura. Compara el inconsciente con el “yo subliminal” de F, W. H. Myers para explicar fenómenos psíquicos desde una perspectiva psicológica. De tal modo Dodds tendió puentes entre los estudios clásicos y la psicología del siglo XX, con lo cual legitima el estudio de lo irracional, sueños, estados alterados en la literatura antigua, un enfoque cercano a Freud. Emociones intensas, experiencias religiosas, sueños, locura y creencias sobrenaturales serán también objeto de estudios.

 La locura no era para los griegos enfermedad sino una forma de inspiración divina y la llamaban até, practicaban rituales de purificación y crearían en la trasmigración de las almas, en los místicos órficos, los pitagóricos ejecutaban rituales mágicos para conectarse con lo divino. El centro de tales liturgias era el consumo de vino, que no sólo era una bebida sino un medio de conexión con lo divino. Dionisio, dios del vino, era figura central en las festividades y rituales religiosos, abría la mente a lo trascendente, las ideas filosóficas se discutían en los banquetes o simposios, donde se exploraban estados alterados de conciencia. Se le consumía en exceso. El vino es símbolo sagrado, elemento central de sociabilidad, ofrenda a los dioses, héroes y personas muertas.

Los misterios de Eleusis eran prácticas iniciáticas de trasformación y renacimiento. Los helenos creían, como los israelíes, en sueños proféticos sobrenaturales. El chamanismo, mediación entre lo humano y lo divino, que hoy en día atribuimos a los estratos inferiores de la sociedad, estaba muy difundido en Grecia: el chamán era figura fascinante y estaba rodeado de gran autoridad al hablar de la inmortalidad del alma. Agamenón, personaje de la Ilíada, justifica sus actos crueles diciendo que fue poseído por una fuerza divina.  No era una excusa sino una explicación válida. Pitágoras, más allá del célebre teorema que lleva su nombre, difundía la idea de la reencarnación, la naturaleza mística de los números entre sus iniciados.

Estas alucinantes, fantasmagóricas ideas no se han cancelado con el paso de siglos y milenios. Nada qué ver. En la actualidad mucho de irracionalismo emerge con gran fuerza y autoridad, se ha incrustado en las redes sociales, donde se habla de absurdos negacionistas de vacunas y cambio climático, promesas como mágicas de enfermedades que aún no tienen cura, creencias histéricas, tal como las llama Neil J. Smelser. La tecnología nos ha hecho más tribales y menos críticos. Cosa verdaderamente lamentable. La superstición campea en todos lugares y hasta ha penetrado universidades e institutos de investigación científica, nos advierten el argentino Mario Bunge y el estadounidense Carl Sagan. Denuncian estos sabios, titanes del escepticismo contemporáneo, las supercherías de todo pelaje: parapsicología, la pantomima de los horóscopos, cátedras homeopáticas en universidades, chamanismo herborístico, la psicología evolutiva que pretende explicar todo lo social desde imaginarios biológicos, que el universo se originó de la nada, el posmodernismo que hace de todas las perspectivas igualmente válidas. Las supersticiones infectan las mentes tal que virus. En suma, ciencias fallidas que tienen enorme eco social. Es que la gente y las sociedades quieren creer.  

Los chamanes y psicoanalistas no recurren a la avaricia -afirma Bunge- sino al deseo de comprender la vida sin estudiarla seriamente. Como dijo Borges, los psicoanalistas explotan el narcisismo, en particular el concreto deseo de que alguien ajeno se ocupe de nuestros problemas personales. Desgraciadamente, la enorme mayoría de los creyentes en la homeopatía no saben que algunas de las diluciones que les venden como fármacos homeopáticos son del orden de una molécula por galaxia, lo que las hace totalmente ineficaces.

El científico escéptico Carl Sagan (1934-1996) nos indica que cuando una nueva idea se plantea, esta debe ser sometida a consideración, para luego ser probada rigurosamente. El pensamiento escéptico da medios para construir, entender, razonar y reconocer ideas válidas o erróneas hasta donde la verificación sea posible. Sagan crea lo que llama “kit escéptico” que nos permite identificar verdades y timos, supersticiones y fraudes de todo tipo: brujas, objetos voladores no identificados (OVNIS), percepción extrasensorial o telepatía. Algunos de los fenómenos y prácticas más cuestionados por los escépticos son: la actividad de los psíquicos, la parapsicología, las apariciones marianas, las curaciones milagrosas, los estigmas, la astrología, diversas creencias religiosas, la homeopatía, las cartas del tarot, las abducciones y raptos de humanos por alienígenas, la percepción extrasensorial. Tales asuntos los escépticos califican de pseudociencia o carentes por completo de prueba contrastable.[

De este modo podemos considerar a Dobbs uno de los grandes escépticos de la modernidad tardía, la del siglo XX. Si los griegos crearon la razón y la duda escéptica, pero que también creían en brujas y aparecidos como dice él, ¿qué podemos esperar de nuestro tiempo presente colmado hasta el vértigo de fake news, rumores y posverdades de todo tipo que navegan a sus anchas, sin límites, en nuestros dispositivos electrónicos, creando estados alucinatorios y demenciales bajo efecto de drogas y estimulantes de todo tipo?

Debemos promover en todos los niveles de la educativos la investigación científica, la investigación crítica y el uso de la razón al examinar afirmaciones controvertidas y extraordinarias. Requerimos ya de un Emmanuel Kant para el tercer milenio. Necesitamos urgentemente, afirma Octavio Paz, de la crítica, la palabra racional, una suerte de higiene social.

Carora,

 Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

31 de julio de 2025.

 



 

 

La destreza manual del historiador.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

“Consideraba por lo pronto que tenía un rostro, manos,

 brazos, toda esta máquina compuesta de hueso y carne,

tal como se presenta un cadáver, al que yo designaba de nombre cuerpo”

Descartes

 

En tu cuerpo hay más inteligencia que en tu mente.

Nietzsche.

¡Qué pequeñas son mis manos…!

 En relación con todo lo que la vida ha querido darme.

Ramón J. Sénder

 

La felicidad viene con el trabajo con las manos.

Byung Chul Hal

 

Cuando cursé mis estudios históricos de posgrado, cuarto y quinto nivel en historia, en mi país, Venezuela, desde 1989 hasta 2003, me di cuenta de la enorme importancia de las habilidades y destrezas manuales, amén de otras destrezas intelectuales, que deben acompañar a un historiador y a otros profesionales de las innúmeras ramas del conocimiento.

Sucedió que debí enfrentarme a un repositorio o archivo de grandes dimensiones, el bien conservado Archivo de la Diócesis de Carora, contentivo de más de dos centenares de gruesos libros manuscritos, escritos pacientemente por curas, sacristanes, mayordomos y laicos comprometidos desde el siglo XVI hasta el presente, me centré en las famosas cofradías caroreñas, señaladamente la del Santísimo Sacramento, fundada en 1585 y que aún hoy tiene vida.

Debí revisar aquellos infolios y librotes estoicamente, sin aire acondicionado o ventiladores, poca luz, con infinitos cuidados, utilizando el método regresivo ideado por Marc Bloch, es decir investigar desde los más recientes libros hasta los más remotos, temporalmente hablando. No tenía a mi disposición hace 28 años fotocopiadoras, cámaras fotográficas o teléfonos inteligentes. Debí entonces copiar trabajosamente a mano algunos libros de cofradías o hermandades donde estaban anotados miles de hermanos desde el remoto 1585, año en que se funda la Cofradía del Santísimo Sacramento, y otras diez hermandades caroreñas, hasta un pasado reciente, cerca de 1970. Hacerlo a mano fue una bendición, pues realizarlo de esa manera me conectó directamente con los documentos, lo que no hubiese sucedido de haberlos fotografiado o fotocopiado. Una conexión directa mano-cerebro, como decía mi Maestro Federico Brito Figueroa.

Era necesario ese esfuerzo para edificar una historia de las sensibilidades religiosas, que era mi propósito siguiendo al historiador marxista francés de las mentalidades religiosas Michel Vovelle (1933-2018), a copiar, en consecuencia, muchísimos datos, quizás excesivos, para su construcción: nombre del hermano o cófrade, sexo, edad, procedencia geográfica, profesión, etnia, si entra vivo o muerto a la cofradía, persona que lo anota, sobrenombres o motes de las personas, dinero pagado para “entrar”, folio, año de entrada a la cofradía, si se le hizo misa al morir o no, observaciones, nombre del libro, folio, año, libro, etc., etc. , etc. A lo que se agrega que, sin disponer de un ordenador o computadora, debía sacar porcentajes, elaborar a mano 74 o más cuadros estadísticos, gráficos, mapas, revisar una abundante bibliografía en físico (unos 150 libros) y unos, muy pocos, de presentación digital, sacar fotocopias, revelar fotografías de placas mortuorias, viajar constantemente de Carora a Barquisimeto y viceversa, en mi automóvil europeo de dirección mecánica, sin el auxilio de un conductor o chofer auxiliar. Extenuantes jornadas, sin dudas.

Fue un esfuerzo enorme el que realicé durante años y que me condujo a un doloroso y traumático Síndrome del túnel carpiano en mi mano derecha, acompañado de una sintomatología de dolores e inflamaciones en la muñeca y codo, lo que me hizo acudir a un médico traumatólogo y realizarme unas resonancias magnéticas, aplicarme antinflamatorios esteroideos en una clínica particular de la ciudad de Barquisimeto, República Bolivariana de Venezuela. Es desde esta difícil y compleja experiencia donde nace la preocupación por comprender y darle una explicación científica y emocional a la relación existente entre habilidad manual y el “historiador de oficio”, como lo llama Marc Bloch.

Algunos antecedentes de consumadas habilidades manuales.

Karl Marx y El Capital.

El primero en llegar a mi mente es el de Karl Marx (1818-1883), quien durante 30 largos años investiga en el Museo Británico de Londres para dar forma, escribir y publicar el tomo primero de El Capital en 1867. Además de tener magnificas posaderas, debió conocer el fundador del socialismo científico los portentosos andamios de semejante biblioteca londinense, cargar pesados volúmenes, hojear miles de infolios, tomar infinitos apuntes, hacer centenares de bosquejos, croquis, esquemas, borrones y notas con su letra menuda, lo que denota una portentosa y pocas veces vista habilidad manual, sin duda, lo que no evita que Marx caiga en una larguísima procrastinación  que le hizo aplazar la publicación de su obra máxima en varias ocasiones, según sostiene Tristan Hunt (Federico Engels. El gentleman comunista, 2007). La muerte le impide a Marx ver los tomos segundo y tercero de su extenuante labor, obra que deja a su amigo Federico Engels, quien tras fatigoso esfuerzo al revisar los grundrisse, una enorme recopilación de anotaciones de su amigo difunto, publica los dos tomos que la muerte no deja ver a su amigo judío y alemán. Fue esta también otra grande proeza manual la de Federico Engels.

Fernand Braudel y El Mediterráneo…

El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II es una obra historiográfica inmensa y colosal de 1.600 páginas. Creo que soy una de las pocas personas que lo ha leído íntegro en mi país. Lo escribe el historiador francés Fernand Braudel (1902-1985) después de investigar en muchos y variados archivos de países y ciudades portuarias y continentales de la inmensa cuenca del Mediterráneo, una obra colosal, gigantesca, pues los países y ciudades ribereños de mare nostrum son muchos, y solamente con los de España serían suficientes para agotar y extenuar al más diligente.

Debió Braudel diseñar cartogramas, complejos cuadros de tasas de mortalidad, facsímiles, graficas de la relación oro-plata, discrepancias entre salarios y precios, revisar fotografías satelitales, dibujos de Génova, Amalfi, Marsella, Venecia, Amberes, Lisboa, Constantinopla, Cartagena de los siglos XV y XVI y otras ciudades. Para abreviar tan gigantesca labor empleó cámaras fotográficas y se hizo ayudar de copistas y amanuenses.  Un monumento historiográfico colosal donde las manos cobraron un protagonismo grandioso para producir un gran logro historiográfico: la larga duración o longue duré.

    Marc Bloch y la habilidad manual del historiador.

 Fue el gran historiador hebreo y francés Marc Bloch, escribe Dumoulin, quien dijo que el oficio del historiador es como una habilidad manual, que favorece la construcción paciente de las técnicas de la crítica. La destreza manual está asociada a la perfección académica. Pero, ¿por qué emplea Bloch la precisamente palabra oficio? Es palabra que tiene resonancias manuales, ligada a las llamadas artes mecánicas. Se asocia a la diligencia y a la eficacia. Bloch la emplea con gran humildad unida a las palabras banco de artesano.

            José Luis Romero dice que en circunstancias difíciles —casi trágicas—, el ilustre medievalista francés Marc Bloch decidió dedicar sus ocios a componer un pequeño libro que él definió con estas humildes palabras: “El memento de un artesano al que siempre le ha gustado meditar sobre su tarea cotidiana; el ‘carnet’ de un oficial que ha manejado durante muchos años la toesa y el nivel, sin creerse por eso matemático.

El medievalista francés Jacques Le Goff nos invita a estudiar la historia del cuerpo, a seguir lo que Marc Bloch llama la aventura del cuerpo. El cuerpo posee una dimensión simbólica y cultural inmensa nos dice en su obra Una historia del cuerpo en la Edad Media, donde antropología e historia se dan la mano. El cuerpo es el corazón de la Edad Media. No puedo dejar de pensar en Morris Berman (El crepúsculo de la cultura americana, 2004) y su idea del Nuevo Individuo Monástico (NIM) que salvará la cultura occidental de su ruina y declive. Es el hombre que rechaza la cultura chatarra en nombre de la verdadera civilización. Ese rechazo supone volver a la escritura manual de los copistas medievales que salvaron de la barbarie y el caos la civilización y cultura de la Antigüedad clásica greco-romana.  

¿Qué es la destreza manual?

             Me he percatado recientemente que es la habilidad o destreza manual de los historiadores un aspecto poco o casi no estudiado por los propios historiadores, dejándole la tarea a psicólogos y médicos. Pero, ¿qué es la destreza manual? La destreza manual se refiere a la habilidad para manipular objetos con las manos. Igualmente se ha definido como la sucesión de movimientos finos voluntarios utilizados para manipular objetos pequeños durante una tarea específica.  

Debe existir una excelente coordinación entre la mente y el cuerpo, viejo problema desde Descartes, para que haya una eficaz destreza manual. Se puede afirmar que el dominio de la mano es el triunfo de la cultura humana. La habilidad manual es la responsable de nuestras posibilidades de usar huesos como herramientas letales, hasta la de enviar al espacio una nave tripulada, como aparece al inicio de la excelente película de Stanley Kubrich 2001 Odisea del espacio.(1968)  

Las manos nos permiten orientarnos en el espacio, que es, según Kant, una forma de la sensibilidad, una capacidad que poseemos para diferenciar, por ejemplo, la izquierda de la derecha. La subjetividad no se puede entender sin su íntima conexión con el cuerpo y con las manos. Nuestro hemisferio derecho piensa en imágenes y aprende cinestésicamente a través del movimiento de nuestros cuerpos, dice la neurofisiologa Jill Bolte Taylor, quien agrega: ¿quiénes somos? Somos el poder de la fuerza vital del universo, con habilidad manual y dos mentes cognitivas.

El astrónomo recientemente fallecido Stephen Hawkins, postrado casi inmóvil en una silla de ruedas, se comunicaba con el exterior gracias a que conservaba cierta motilidad en una de sus manos, lo que le permitió escribir y dar a conocer sus audaces ideas sobre el big bang y los agujeros negros valiéndose de un artilugio electrónico made in California, USA.

            Fue el sabio alemán Goethe quien descubre el hueso hiodes, desde este fundamental hallazgo se plantea por vez primera la importancia de este hueso en la articulación del habla humana, y con ello de la cultura como creación lingüística, pero las manos son también responsables muy grandes de la hominización del hombre, tal como veremos de seguido.

La mano humana prehistórica.

El descubrimiento de un hueso en una antigua tumba en Kenia, África, data el origen de la destreza manual del hombre más de 500.000 antes de lo que se pensaba. El fósil de 1,4 millones de años fue identificado como hueso metacarpiano tercero y constituye la evidencia más antigua de la evolución humana que permitió a los homínidos primitivos desarrollar destrezas manuales para fabricar y utilizar herramientas.

La pieza hallada presenta una protuberancia que se conoce como apófisis estiloide, que es lo que engancha los dedos a la muñeca y permite realizar movimientos manuales más fuertes y muy precisos. Este descubrimiento sugiere que la mano humana moderna se desarrolló más de 600.000 años de lo que se suponía, probablemente en tiempos del Homo erectus. Nuestras diestras manos especializadas han estado con nosotros la mayor parte de la historia evolutiva de nuestro género, Homo. Son, y lo han sido por casi 1,5 millones de años, fundamentales para nuestra supervivencia como especie.

Qué dice la neurociencia de la habilidad manual.

El prestigioso neurólogo portugués Antonio R. Damasio, del Salk Institute for Biological Studies y la Universidad de Iowa, Estados Unidos, autor de la fértil idea “el cerebro centrado en el cuerpo” y que se puede expresar de esta otra manera: Si no hay cuerpo no hay mente, idea que nos ayuda a comprender la íntima e indisoluble relación de las manos, el cuerpo y la mente humana.

            Cerebro y cuerpo están indisociablemente integrados mediante circuitos bioquímicos que se conectan mutuamente. Sustancias químicas procedentes de la actividad del cuerpo (y de las manos) pueden llegar al cerebro a través del torrente sanguíneo e influir sobre la operación del cerebro (Damasio, El error de Descartes,2001, p. 90-91). El cuerpo (y las manos, agrego yo) proporciona(n) una base de referencia para la mente, agrega Damasio, (p. 208).

 La representación de la tercera dimensión, por ejemplo, se engendraría en el cerebro, sobre la base de la anatomía del cuerpo y de las pautas de movimiento en el ambiente (p. 218.) No existe una separación absoluta de mente y cuerpo, afirma Damasio, lo que constituye el “error de Descartes.” Somos y luego pensamos, afirma el neurocientífico del siglo XXI, y no “Pienso, luego soy”, como dijo el filósofo francés Descartes. Es conocida la afirmación esotérica de Descartes de que la glándula pineal es el punto de unión del alma con el cuerpo.

La consciencia, apunta Damasio, surge a partir de lo que sentimos con el sistema nervioso y con los cinco sentidos. Cómo se siente el cuerpo es el comienzo de la consciencia.

Y es que esa conexión entre la boca y las manos se remonta a nuestros orígenes, y por más evolucionados que creamos ser, lo que aprendimos en ese entonces sigue presente. Aunque hace falta más investigación sobre el tema, "la que tenemos indica que cuando éramos criaturas primitivas, cuando las manos tomaban la comida, la boca estaba preparada para recibirla. Así que si agarrabas algo grande, así que al mover tus manos cuando hablas, no sólo ayudas a los otros sino también a ti mismo a entenderte. La boca sabía que tenía que abrirse de par en par, y si era pequeño, no tanto". "Es realmente un conocimiento que tienen encapsulado en las manos". Nuestras manos y pies son maravillas biomecánicas. Más que cualquier otra pieza de la anatomía, son las que nos han hecho una especie tan exitosa. Nos permitieron salir de África para colonizar el planeta y dominar el mundo natural. La capacidad de caminar erguidos significó que los primeros humanos pudieron cubrir grandes distancias eficientemente, aunque también les dejó las manos libres para desarrollar su anatomía y capacidades únicas.

La mano, extraña y maravillosa. La mano es una de las piezas más complejas y bellas de la ingeniería natural en el cuerpo humano. Nos da un poderoso agarre, pero también nos permite manipular objetos pequeños con gran precisión. Esta versatilidad nos distingue de todas las demás criaturas del planeta. La mano tiene una de las disposiciones musculares más extrañas del cuerpo. Tanto la mano como el pie del ser humano representan un triunfo de ingeniería compleja, exquisitamente evolucionada para ejecutar una serie de tareas.

 

La mano que piensa.   

Todo esto se ve confirmado en el análisis que hace en su libro La mano que piensa, el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa (1936) sobre la conexión entre la mano y la mente. Dice éste arquitecto escandinavo que “la mano no es solo un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades propias”, mientras se queja con razón de que la modernidad ha estado obsesionada por la visión (sobre todo el positivismo) y ha suprimido el tacto”.

Esta idea me encanta por su poder gráfico: “El ojo y la mano colaboran constantemente; el ojo lleva a la mano a grandes distancias, y la mano informa al ojo en la escala íntima”. Es cierto, creo que no es difícil sentir eso tal como lo describe Pallasmaa: “Normalmente no nos damos cuenta de que existe una experiencia táctil inconsciente en la visión. Cuando miramos, el ojo toca y, antes de ver un objeto, ya lo hemos tocado y hemos juzgado su peso, su temperatura y su textura superficial”.

Siempre me he preguntado si hay alguna diferencia significativa en la capacidad creativa entre escribir un texto a mano a si se hace con un ordenador o una máquina de escribir. Juhani Pallasmaa considera que el propio proceso táctil es una fuente de inspiración, y reivindica el papel de la vaguedad natural, la riqueza expresiva y la vacilación innata de lo hecho a mano, frente a la fría precisión del ordenador.

 

Ahora en “La Mano que piensa” analiza Pallasmaa la esencia de la mano y su papel crucial en la evolución de las destrezas, la inteligencia y las capacidades conceptuales del hombre. La mano no es solo un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que tiene intencionalidad y habilidades propias. El arquitecto Juhani Pallasmaa, hace hincapié en los procesos relativamente autónomos e inconscientes del pensamiento y el obrar en la escritura, la artesanía o en la producción de arte y arquitectura. Organizado en ocho capítulos, este libro explora el entendimiento silencioso que yace oculto en la parte existencial de la condición humana y sus modos de ser y experimentar específicos. En último término, su objetivo es ayudar a sacudir los cimientos del paradigma de conocimiento conceptual, intelectual y verbal, hegemónico en la esfera de la arquitectura en aras de otro conocimiento: el táctico y no conceptual de nuestros procesos corporales.

 

El Nobel de medicina 2021 Ardem Patapoutian hace la observación de que el tacto es el único sentido basado en la traducción de una señal física, como la presión, al lenguaje químico que comprende el cuerpo. “Al investigar sobre los nervios que nos hacen sentir el tacto y el dolor, nos dimos cuenta de que hacen algo insólito: son capaces de percibir fuerzas físicas, como las fuerzas mecánicas y como la temperatura. Realmente se sabe muy poco sobre cómo el cuerpo traduce estas señales físicas al lenguaje químico”.  Patapoutian identificó el canal Piezo1, una proteína sensitiva a la presión. Esta molécula responde al tocar la membrana celular, generando un cambio eléctrico que el cerebro interpreta como tacto. Ha nacido una nueva ciencia que valora en su justa dimensión tacto y manos.

 

Palabras finales entre dos épocas.

Cuando realizamos nuestros trabajos de grado de Maestría en historia (1995) y tesis de doctorado en historia (2003) sobre la educación secundaria del siglo XIX y la Iglesia Católica caroreña respectivamente, se produjo en ese ínterin un sensacional cambio tecnológico al hacer aparición internet. Estuvimos trabajando nuestras investigaciones mientras se producía un cambio de época, sociedad y cultura.  Me tocó, en consecuencia, navegar entre dos aguas. Realice la redacción de ambos trabajos a mano y sin ninguna consulta a internet o a una inteligencia artificial que no existía aún. Mi mesa de trabajo estaba repleta de papeles cuadernos, marcadores, lápices y libros.  

Sin embargo, la transcripción desde los gruesos manuscritos salidos de mis manos durante meses, fue realizado en ordenador o computadora por la competente secretaria Mirtha Meza. Los numerosos cuadros, gráficos, los muchos cálculos estadísticos fueron realizados a mano, con regla, escuadra, transportador, compás, sacapuntas, calculadora de mano, lápiz de creyón y goma de borrar. Estuvimos repartidos entre la galaxia Gutenberg y la galaxia Faraday macluhanianas.

Pienso que si yo hubiese hecho la transcripción en ordenador o computadora el texto final es posible que resultara un tanto diferente. Después de todo, como dijo George Steiner, quien se sienta frente a un ordenador está aceptando una gramática anglosajona. Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer”. Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo…

El rutinario y exigente trabajo de archivo en la Diócesis de Carora me trasportó a los siglos genésicos de nuestra cultura de habla castellana y creencias impulsadas por ya lejano Concilio de Trento del siglo XVI. Tocar y oler aquellos vetustos libros de cofradías fue un viaje en el tiempo en aquella provecta casa colonial de la calle San Juan. La piel y el tacto obraron aquella maravilla que me trasportó a unas sensibilidades religiosas que ya en el tercer milenio nos asombran. El tacto es memoria afectiva, conexión emotiva que se genera por la hormona llamada oxitocina. Amor altruismo y cooperación son estimulados por esa sustancia que produce el hipotálamo y sin la cual serían imposibles mutualismos y auxilios cofrádicos estimulados por la Iglesia Católica.

De este modo y a través del tacto y al tocar aquellos venerables y antiguos libros donde se anotaban las “entradas” a las cofradías, así como sentir manualmente bancos y reclinatorios, crucifijos de lata o cobre, el esquilón de la muerte, lápidas mortuorias, incienso, experimentamos por gratísimos momentos la atmósfera espiritual de Carora y Venezuela de los siglos anteriores a la Gesta Magna y la Venezuela republicana. Fue como darle un abrazo a aquellos seres humanos que deseaban sinceramente disfrutar de una vida posterior a la terrena.   

Referencias.

Bloch, Marc. (1986) Apología de la historia o el oficio del historiador. Fondo Editorial Lola de Fuenmayor, Fundación Buría. Caracas, Barquisimeto. Venezuela.

Braudel, Fernand.(1992) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. México.

Cortés Riera, Luis Eduardo (1997). Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora. Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fundación Buría. Carora, Barquisimeto, Venezuela. 

Cortés Riera, Luis Eduardo. (2003) Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI a XIX. Llave del Reino de los Cielos. Editorial Académica Española. Alemania.

Cubo Ugarte, Oscar (2009). CORPORALIDAD Y VIDA EN LA FILOSOFÍA CRÍTICA DE KANT.  Universidad Nacional de Educación a Distancia -Madrid, España.

Damasio, Antonio. (1998) El error de Descartes. La razón de las emociones. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile.

Dumoulin, Olivier. (2003) Marc Bloch o el compromiso del historiador. Universidad de Valencia, España.

Le Goff, Jacques y Troung, Nicolás (2015) Historia del cuerpo en la Edad Media. Grupo Planeta, España.

Marx, Karl. El Capital. Crítica de la economía política. Siglo XXI Editores. Madrid, España.

Mc Luhan, Marshall. (1962) La galaxia Gutenberg. Génesis del homo tipográfico. Editorial digital Lestrobe. 

Pallasmaa, Juhani. (2009) La mano que piensa. Sabiduría existencial y corporal en arquitectura. Editorial Gustavo Gili. Barcelona.

Vovelle, Michel. (1995) Ideologías y mentalidades. Ariel, Barcelona, España.

 

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

12 de enero de 2026

 

 



viernes, 9 de enero de 2026

Dr. Ramon Pompilio Oropeza, 1860-1937

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RAMÓN POMPILIO OROPEZA

 

EDUCADORES LARENSES:

El Dr. Ramón Pompilio Oropeza.

(Carora, provincia de Barquisimeto, 1860 / Carora, edo. Lara, 1937) (*)

 

Nació en una familia “patricia”, pues el primer Oropeza llegó a tierras venezolanas en 1725 y entre los ascendientes de Ramón Pompilio hubo militares, abogados y profesores universitarios. Estudió en el Colegio La Concordia, regentado por don Egidio Montesinos en El Tocuyo, y egresó como bachiller en 1883. Luego se hizo abogado en Caracas, en la Universidad Central, en 1890. Mientras estudiaba Derecho impartió clases de Gramática Castellana en los colegios Venezuela y Las Mercedes; y de Física, en el Seminario Metropolitano. Al graduarse, recibió ofertas para quedarse en la capital: la de ser profesor en la universidad y algún cargo en el sistema judicial. Pero como lo expresó Ambrosio Oropeza, él dio “la espalda a un mundo de mucha figuración y mucho ruido por venirse a enseñar y educar a este desierto caroreño”. Carora, según el censo de 1891, contaba con 8 366 habitantes y había tenido dos antecedentes de educación secundaria en su historia republicana, según lo describió Cecilio Chío Zubillaga en sus escritos. El primero, el Colegio San Andrés, fundado en 1855 por el Dr. Ezequiel Contreras, extinguido en 1858. El siguiente, el Colegio de La Paz, creado en 1864 por el Licenciado Rafael Antonio Álvarez, cerró sus puertas en 1869. Desde entonces, los jóvenes caroreños de familias pudientes que pretendiesen educarse debían ir a El Tocuyo o a Barquisimeto. Así que para 1890, hacendados y comerciantes, entre los que destacan Andrés Tiberio Álvarez y Amenodoro Riera, acordaron abrir un plantel secundario privado y encargaron de tal tarea a Ramón Pompilio Oropeza.

 El Colegio La Esperanza comenzó con 22 alumnos y dos profesores. Ramón Pompilio fue su Rector, además de impartir Gramática Castellana I y II, Latín y Griego. Ya para el curso siguiente, en 1891-1892, eran 46 los inscritos en el 155 plantel, de los cuales –como muestra de la cerrada estructura social en esa localidad– 25 tenían entre sí algún parentesco familiar, como estableció el historiador Dr. Luis Eduardo Cortés Riera. Para 1891, los “patricios” de la ciudad lograron que el gobierno nacional elevase a la categoría de Colegio Federal al Colegio La Esperanza. Se mantuvo Ramón Pompilio Oropeza de director de la institución, pero ella fue suprimida en 1900 por Cipriano Castro, quien se destacó por el cierre de varios colegios federales y por la clausura de las universidades del Zulia y Carabobo, ambas en 1904. Intentó Oropeza reabrir la institución como colegio particular, pero esta vez apenas pudo contar con cuatro o cinco alumnos. Y para el curso 1903-1904, a pesar de tener ya 11 estudiantes ninguno de ellos pudo presentar sus exámenes finales por causa de la guerra civil que vivía el país, la sedicente Revolución Libertadora. Para 1904 ni siquiera se abrieron inscripciones y Oropeza debió dedicarse a otras actividades. Así, asumió la presidencia del Club Torres en 1906 y, en 1908, aceptó el cargo de presidente de la Alta Corte Superior de Barquisimeto. Pero para ese mismo año regresó a Carora y reabrió el Colegio La Esperanza y, además, fundó el Colegio Las Mercedes, para señoritas. Cuando advino Juan Vicente Gómez al poder, comenzó una nueva etapa para este colegio.

Recordemos que Gómez tuvo un inicio prometedor: eliminó impuestos; se redujo el período presidencial de siete a cuatro años, prohibiéndose la reelección; y se rodeó de un conjunto de venezolanos eminentes, muchos de ellos de la tercera generación de positivistas. Por eso, entre tantísimos intelectuales que lo apoyaron inicialmente, también estuvieron Rómulo Gallegos, Chío Zubillaga y Ramón Pompilio Oropeza. De hecho, tanto Zubillaga como Oropeza fueron designados diputados ante la Asamblea Constituyente del estado Lara. Desde allí apoyaron el nombramiento de Juan Vicente Gómez como Presidente Provisional de Venezuela hasta 1911. Justo ese año, el entonces ministro de Instrucción Pública, José Gil Fortoul, también graduado en el Colegio La Concordia, reconvirtió a La Esperanza en colegio federal, nombrando a Ramón Pompilio como su director. En tal rol se mantuvo hasta su muerte, en 1937. Entretanto, en la etapa de la pax gomecista, el plantel creció en estudiantes y profesores y se equipó con gabinetes de física, química e historia natural traídos desde Francia. Además, desde 1931 se aplicó en él la coeducación y se admitieron mujeres. Tal como Rómulo Gallegos, a quien el gomecismo tuvo como director del Liceo Andrés Bello y luego le ofreció el cargo de senador, también a Ramón Pompilio Oropeza le ofrecieron ser senador. Al igual que Gallegos, Oropeza rechazó esa posibilidad. Tampoco se sumó al credo positivista dominante en lo ideológico.

 Tal como señala Cortés Riera, del maestro Montesinos había asimilado Oropeza “rasgos indelebles de su personalidad; ferviente catolicismo, dedicación a la enseñanza y amor al terruño natal”. Para él, “La enseñanza es redención y toda redención implica un supremo heroísmo y una vía de dolores”. También sostenía que “(...) el hombre, a la par que se instruya debe procurar que su instrucción descanse sobre sólidas e indestructibles bases de la religión y la moral”. En síntesis, su credo religioso y cívico podría resumirse en la densa frase formulada por él: “El hombre no ha de ser sólo para él”.

 Bibliografía: • Luis Oropeza Vásquez. “Ramón Pompilio Oropeza”, en: Varios. Educadores venezolanos, (Oscar Sambrano Urdaneta, coordinador), Meneven, Caracas, 1981, pp. 99-102. • Carlos Felice Cardot. Décadas de una cultura, Italgráfica, Caracas, 1974. • Luis Eduardo Cortés Riera. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora (1890-1937), Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres / Fondo Editorial Buría, Carora, Venezuela, 1997.

(*) Leonardo Carvajal, 2016. (Coordinador): 200 educadores venezolanos. Siglos xviii al xxi, Fundación Empresas Polar. Universidad Católica Andrés Bello Ediciones, pp. 157.

Debemos recordar que desde 1949 el Colegio Federal Carora pasa a denominarse Liceo Egidio Montesinos, según el modelo francés, decisión tomada por la Junta Militar de Gobierno presidida por el presidente Carlos Delgado Chalbaud. (Nota de Luis Eduardo Cortés Riera, Cronista Oficial del Municipio Torres, Carora.)

Carora, Venezuela, 1919

 

6 × 467 Carora en 1919:

“La densa niebla de la monotonía habitual

de la parroquia.”

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

Acababa de terminar en Europa la horrorosa primera guerra mundial, Alemania es humillada en Versalles en 1919, la fatídica Gripe Española comienza su esperado retroceso, tímidamente se inicia la industria petrolera en Venezuela, el general Juan Vicente Gómez sufre un conato de golpe en enero, en junio fallece el médico Dr. José Gregorio Hernández, el diario El Impulso de Federico Carmona y familia decide mudarse desde Carora, su lugar de nacimiento el 1º de enero de 1904, a la pujante ciudad de Barquisimeto, ocasión cuando el bachiller José Herrera Oropeza (1885-1935) resuelve llenar ese hueco informático fundando el Diario de Carora el 1º de septiembre de 1919 con el quijotesco editorial Por las llanuras manchegas. El periódico pronto se convierte en refugio de la elite cultural con figuras como Cecilio “Chío” Zubillaga, Agustín Oropeza, Francisco Manuel Mármol, Dionisio Oviedo G. y el propio José Herrera Oropeza.

 Es un diario con evidentes inclinaciones literarias, pues su primer número inicia con un poema del mexicano Amado Nervo, recién fallecido en mayo de 1919, titulado Primera Página, donde se expresa la lucha y la búsqueda de la vida. En esta obra el poeta invita a la lectura a través de una invitación a subir a un Arcano, simbolizando la búsqueda de la espiritualidad y la conexión con lo divino. La letra destaca la belleza y la oscuridad de la naturaleza, reflejando la dualidad de la vida y la muerte.

 Entrega el novel periódico en los siguientes números del mes de septiembre diversos cuentos: Dos muertos de un tal ABC, El héroe, La Tumba, Muerte de Galba, de Luis de Oteyza, Un buen juez, un mal matrimonio, de Verville, El Milagro, Los tres espejos, Muerte de Salomé de Rubén Darío, De guardia en la prisión, De cómo “All raight , resulta a veces “All wrong”, El legado del suegro, Unas bodas de oro, un poema de Francisco Villaespesa El poema del desierto, de José Santos Chocano Senos de Reina, El gran siglo de Felipe Sassone,

El nuevo periódico caroreño “De intereses generales”, tal como se autocalifica El Diario -cosa sorprendente que deberían imitar los periódicos actuales- parece más una revista literaria que otra cosa o un vulgar pasquín.

 Pero merece destacado lugar la novela Robinson Crusoe de Daniel Defoe, editada en 1719 en el Reino Unido, presentada por entregas en una reducción (resumen) de Dionisio Herrera. La empresa editora Tipografía del Comercio de El Diario la imprime en presentación de folletín.

 La isla es poderosa metáfora del aislamiento y la manera en que el náufrago resuelve y afronta problemas, tal como la ciudad de Carora en su secular recogimiento en el semiárido larense venezolano soluciona sus problemas en relativa soledad. La ciudad se mira a sí misma en la poderosa narrativa de Defoe. En un vasto erial colocada la urbe desde el siglo XVI, ciudad de blancos que logra admirar y levantar elogios a Oviedo y Baños, José Luis de Cisneros, al Obispo Martí y a nuestro contemporáneo Mariano Picón Salas, quienes observan que Carora ha creado un hábitat favorable para la civilización y la cultura en medio de una geografía imposible: intenso calor, la “depresión de un calor inmisericorde”, abrasadora sed, a lo cual debemos agregar que es una sociedad esquiva, con un mantuanaje en su vértice, fiel a su pasado hispano o canario,  que elude a extraños y viajeros, abroquelándose como una celosa casta orgullosa de su pasado colonial. Ellos se han apropiado de la memoria y ejercen una hegemonía ideológica y cultural. Carora es una suerte de isla rodeada de tierra por todas partes. Carora es un Robinson Crusoe al borde de una geografía imposible.

En la columna Ecos y Glosas de El Diario de Carora de fecha viernes 12 de septiembre de 1919, hay una queja sobre el hecho de que las retretas habían desaparecido y que lo mismo estaba por suceder en septiembre: “¿Por qué se han acabado las retretas? Nadie lo sabe. Se acabaron de golpe, sin que hayamos podido saber la causa. Y es una lástima. Las retretas hacen mucha falta. Son unas horas de grato esparcimiento en las noches dominicales. La belleza de nuestras mujeres en el Parque (Plaza Torres o Bolívar) y las notas de la música, disipaban, siquiera por breve tiempo, “la densa niebla de la monotonía habitual de la parroquia.”

¿Por qué razón se expresa de tal manera El Diario de la ciudad que le sirve de sede y que acoge el nuevo impreso tras la mudada del diario El Impulso a Barquisimeto? Es un ejercicio de psicología social comprenderlo y darle sentido.

Lo que asalta es el reciente paso de la mortal plaga de la Gripe Española en 1918, pandemia que ocasiona unas 25.000 víctimas mortales en Venezuela. “El mayor cataclismo nacional, afirmó el Dr. Luis Razetti, desde el terremoto de 1812 y el cólera de 1855.”  La esperanza de vida era apenas de 45 años, hubo brotes recurrentes de paludismo, fiebre amarilla, peste bubónica, tifus, cólera, disentería y lepra. Cortejos fúnebres y numerosos cuerpos aparecían en las calles. La gente se recogía temprano por las noches rezando una oración a la Divina Pastora. Reunirse festivamente en la Plaza Bolívar para una retreta era un verdadero riesgo de contagio. El Hospicio de San Antonio de Carora estaba a reventar de enfermos. La Botica del Carmen de Rafael Zubillaga hacía múltiples despachos de medicinas, fórmulas médicas y drogas las 24 horas del día.  El Colegio Federal Carora, dirigido por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, cierra sus puertas por varias semanas el 17 de febrero de 1919.   

Carora se estaba reponiendo entonces de la trágica muerte en Duaca en 1911 del presbítero doctor Carlos Zubillaga, doloroso hecho que enluta los corazones. En 1914 una afligida sociedad le erige una estatua de cuerpo completo en la Plaza Aguinagalde, al este de la ciudad. Este notable levita había sido fundador, junto al padre Lisímaco Gutiérrez, del Hospital San Antonio de Padua, imprimieron un quincenario El Amigo de los Pobres en 1900, crearon escuelas nocturnas para obreros, una congregación de religiosas, una banda de música, implementaron ollas comunitarias. Se ha considerado a Zubillaga y Gutiérrez unos precursores de la Teología de la Liberación Latinoamericana del presente. Fue una pérdida irreparable para la ciudad la muerte de Zubillaga a los 31 años de existencia, a lo que debemos agregar la muerte de Gutiérrez en 1919. Dos extraordinarios varones que hicieron realidad momentánea la Encíclica Rerum Novarum (1891), del progresista papa León XIII: la búsqueda de Dios entre los pobres.

Otro levita, el conservador padre Pedro Felipe Montesdeoca, mantenía a raya los excesos lúbricos y voluptuosos, reclamaba a los ricos por negarse ayudar a los pobres, “los que les dan tres cambures podridos o un pedazo de pan roído por las ratas por salirles más barato.”, era un moralista a todo trance, que sumió a la ciudad en los rígidos preceptos del Concilio de Trento del siglo XVI: La fe sin obras es cosa vacía, moralidad y frugalidad.  Una ciudad que con viejo espíritu devoto se desvela por los misterios de la fe y el terror a las pailas del infierno. Sus días eran iguales a sus días, continuo y monótono repique de campanas en San Juan, la capilla del Calvario y San Dionisio, rosario en familia todas las tardes y al anochecer, el sonido del esquilón de la muerte. Los libros de cofradías de la Iglesia Católica eran una suerte de prisión de tinta y papel. Los varones del patriciado caroreño se refugiaban en los salones de aristocrático Club Recreativo Torres, vedado a las féminas y a todos aquellos que no hundían sus raíces en el patriciado local, el mantuanismo. Una sociedad cuadrada en sus pautas ciudadanas que conducían a una monotonía tiránica. Un poco de Comala en su rutina circular donde vivos y muertos coexisten, un poco de Macondo por su marcada endogamia entre los patricios.

En esos años la dictadura de Juan Vicente Gómez cierra sus fauces. Queda atrás la luna de miel iniciada en 1908 y que se expresa en las presidencias interinas del larense José Gil Fortoul (1913 – 1914), y Victoriano Márquez Bustillos (1914-1922), y que en Carora tendrá su en carnación en el simpático general Juan de Jesús Blanco, aceptado por la sociedad y hasta miembro del selecto Club Torres, pues era un jefe civil de consenso. Había inaugurado el acueducto en 1914, remozó el Parque Bolívar, extendió la red telegráfica en el extenso Distrito Torres, pero sobre todo fue artífice, junto con Chío Zubillaga, de la reapertura del Colegio Federal Carora en 1911, institución que había sido clausurada por el general Cipriano Castro en 1900. Luego fue abierta una escuela de primaria en 1915 con el nombre del médico Dr. Ezequiel Contreras. Chío Zubillaga y el Dr. Ramón Pompilio Oropeza apoyan al general Juan Vicente Gómez en su deseo de elegirse presidente en 1910.

Carora se sume en el tedio y la rutina de sus horarios previsibles, menos opciones de ocio, entretenimientos escasos. Los novios no pueden entrar a casa de sus novias, y si lo hacen pueden ser objeto de multas por parte de la Iglesia Católica. Luego del matrimonio la esposa era entregada a su marido diez días después de la boda.  La baraja y la bebida se adueña de la urbe a tal punto que alarmado el Dr. Ramón Pompilio Oropeza crea una clase de antialcholismo en el Colegio Federal. La monotonía se afinca aún más con el calendario litúrgico, la repetición de los rituales año a año, Adviento, Cuaresma, Semana Santa Corpus Christi, primeras comuniones, cada estación trae las mismas celebraciones casi sin variantes, las mismas oraciones, los mismos cantos, trasmitidos de generación en generación, lo que refuerza la sensación de rutina y monotonía. Solo el granizo caído luego del vendaval era una rareza y motivo de sorpresa, “fue la nota alegre y mejor.”

 

¿Quién escribía estas observaciones tan mordaces y a veces irónicas en El Diario de Carora en 1919? Me inclino a creer que eran las plumas de Chío Zubillaga y José Herrera Oropeza. Chío y no otro fue capaz de escribir que “hay que ridiculizar esos fatuos pujos aristocráticos…que desde 1789 la aristocracia está en descrédito, que la limpieza de sangre es un contrasentido hoy.” (martes 9 de septiembre de 1919). Aquí en germen tenemos al Chío Zubillaga que va a enfrentar a su misma clase social, los godos de Carora, con una retórica antilatifundista, en defensa de los pobres y los mas humildes. Un auténtico “intermediario cultural”, un mediador entre las elites patricias y el pueblo alpargatudo y analfabeto, basado en la Encíclica Rerum Novarum del papa León XIII y la Revolución Bolchevique sucedida dos años antes en 1917. Lenin y Jesucristo estaban albergados en un mismo pecho.

 

Sorprende que, en un medio tan conservador, como escribe César Humberto Soto, “una ciudad silenciosa amodorrada en la canícula de su clima tropical y veía trascurrir su vida mansa como la corriente terrosa del río Morere”, alternen en El Diario de Carora plumas tan disímiles y hasta opuestas. Fue un carácter pluralista el que observamos con satisfacción en ese humilde periódico del semiárido larense en el que pueden escribir figuras antitéticas como el padre Pedro Felipe Montesdeoca, Chío Zubillaga, Don Agustín Oropeza, Dr. Francisco Manuel Mármol. Esa magnífica condición editorial refuerza aún más nuestro ensayo que titulamos en 2023: Carora: las luces del gomecismo. No todo fue oscuridad bajo la bota de los andinos.

 

Este ensayo se basó en la edición facsimilar de la colección del mes de septiembre de 1919 de El Diario de Carora, homenaje al Cuatricentenario de la ciudad de Carora, ediciones de la Presidencia de la Republica. Caracas, Venezuela, 1969. Era presidente de Venezuela el Dr. Rafael Caldera.

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

martes 6 de enero de 2026.

 


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