miércoles, 4 de enero de 2023

Carora: Las luces del gomecismo (1908-1935)


Hace algún tiempo, en 1987, publica la historiadora Yolanda Segnini un libro bastante polémico y perturbador Las luces del gomecismo (Alfadil Ediciones), en el que destacaba los adelantos culturales de un gobierno al que se trataba siempre de brutal y bárbaro, como el del general Juan Vicente Gómez (1908-1935). *En esta investigación, la autora muestra que en los años del gomecismo (1908- 1935) Venezuela no fue una nación privada de luces ni aislada del acontecer intelectual del mundo. Aparece así una vida cultura compleja, con instituciones culturales relevantes y donde la censura asumió posiciones contradictorias.Con ello se contradecía la opinión de destacados intelectuales venezolanos que vieron en esos largos 27 años de dictadura una calamidad para la cultura, señaladamente Mariano Picón Salas cuando dijo “Venezuela entró al siglo XX en 1936.”

Si bien es cierto que Gómez cierra la Universidad de Caracas entre 1912 y 1925, un auténtico retroceso cultural, no debemos olvidar que la filosofía positivista llega a su periodo de esplendor en los comienzos del siglo XX con Lisandro Alvarado, José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, Pedro Emilio Coll, César Zumeta, entre otros. Se editan solamente en Caracas más de 100 publicaciones periódicas en un país donde el analfabetismo rondaba el 70%. La revista El Cojo Ilustrado y el diario El Universal son auténticos paladines culturales. Los planes de reformas y modernización educacional de Gil Fortoul, Felipe Guevara Rojas y Rubén González, ministros del ramo, son considerados los más avanzados del siglo XX, afirma Ramón J. Velázquez. En 1910 decreta Gómez la creación Comisión Científica y Exploradora de Occidente. El educador Rómulo Gallegos publica su inmortal novela Doña Bárbara en 1929 y Canaima en 1935. Teresa de la Parra escribe Ifigenia. El caraqueño Tito Salas se convierte en el pintor de lo nacional. La novela La casa de los Abila de José Rafael Pocaterra será de 1922.

Sin embargo, hay criterios sombríos de la cultura durante el gomecismo. José Luis Salcedo Bastardo (Historia fundamental de Venezuela) nos dice que será con gran retardo se conoce en Venezuela a Mendel, Claude Bernard, Zolá, Dickens, Kipling, Turgeniev, Tolstoi, Cézanne, Manet, Gauguin, Ibsen, Dostoievski, Brahms, Debussy, Rodin, Verlaine, Rimbaud, Chesterton, Shaw, Rilke, Croce, Pirandello, Chejov, Gorky, Unamuno, Ortega y Gasset. Que para el año final de Gómez, Venezuela posee nada más que 60 maestros titulares, en 1932 uno solo se gradúa en la nación. Durante el régimen de Gómez nunca hubo más de 125. 000 niños inscritos en el sistema escolar y que apenas había 2.157 escuelas, 188 cátedras de educación secundaria, dos únicas escuelas normales, tres liceos, 15 colegios con 1,100 asistentes, las dos universidades sobrevivientes, Caracas y Los Andes, suman 1.52 estudiantes (pág. 442 a 444)

 

Siguiendo esta idea de pensamiento de Yolanda Segnini, como se habrá  noyado muy diferente a la del Salcedo Bastardo, hemos adelantado una investigación sobre el estado de la cultura en la sociedad de Carora y el Distrito Torres durante el prolongado régimen del general andino. Quedaremos sorprendidos, pues no todo fue oscuridad, retroceso y atraso, como apresuradamente se afirma. Seguramente se deba aquel juicio contra el gobierno del general Gómez a nuestra propensión en América hispana a amar las generalizaciones y despreciar los hechos particulares, como nos advierte Octavio Paz. (Sor Juana Inés de la Cruz. Pág. 464)

 

Las luces del gomecismo en Carora.

 Esta remota y particular ciudad del semiárido larense contaba a principios del siglo XX con una población de 8.000 almas, en el vértice de la cual se hallaba la “godarria caroreña”, una clase social minoritaria que domina el comercio, está en proceso de crear los grandes latifundios ganaderos en el Distrito Torres y ejerce una hegemonía ideológica y cultural en esta urbe que vive de la artesanía, el comercio y la cría de ganado caprino y bovino.
Estos patricios caroreños, clase social endogámica, fiel a su pasado hispánico o insular canario, está compuesta por los apellidos Alvarez, Zubillaga, Riera, Meléndez, Gutiérrez, Montesdeoca, Herrera, Oropeza, Silva, Perera, los cuales han realizado a finalizar el siglo XIX una importante agitación socio-cultural: han creado distintos periódicos, el selecto y excluyente Club Torres (1898), el Colegio de secundaria La Esperanza (1890), dominan la vida religiosa, los cargos eclesiásticos, las cofradías y hermandades de la Iglesia, comienzan a instalar sus grandes haciendas ganaderas, monopolizan el comercio, son los profesionales liberales, abogados, médicos, farmaceutas. Y, sobre todo, su catolicismo es conservador, vivido de manera más o menos militante, con un fervor y pasión que deviene de nuestro pasado colonial y barroco.

La Encíclica Rerum Novarum.


A principios del siglo XX, dos sacerdotes pertenecientes a la “godarria caroreña”, influidos por el Concilio Vaticano I de 1869 y la Encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, 1891, los Pbros. Lisímaco Gutiérrez Meléndez y Dr. Carlos Zubillaga Perera, realizaron una pastoral social en donde la Iglesia católica se plantea la búsqueda de Dios entre los más pobres, y a tales efectos crearon un periódico El Amigo de los Pobres, fundaron el hospital San Antonio, una congregación de religiosas, escuelas nocturnas para obreros, un asilo, instituciones de ayuda a los menesterosos, una banda musical, todo ello bajo la orientación básica de que la Iglesia debe estar al servicio de los pobres. Catolicismo social, en suma. Fue, sin embargo una experiencia muy breve, pues sus propulsores fallecieron a los pocos años de iniciada esta pastoral social que ha sido calificada como antecedente de la Teología de la Liberación de la década de los 60 del siglo pasado. Sin embargo un hermano del padre Carlos, Cecilio Zubillaga Perera, le dio continuidad a la obra de redención social iniciada, pero agregando a su combate popular un elemento doctrinal nuevo por aquel entonces: el marxismo de signo soviético.

En la remota ciudad del semiárido occidental larense y venezolano, Carora, el gobierno del general Juan Vicente Gómez se vio con amplias y comprensibles simpatías después de los turbulentos años del gobierno de Cipriano Castro, el bloqueo de las costas por las potencias europeas, los pesados impuestos de guerra y a la exportación.

El joven periodista Cecilio Chío Zubillaga lo apoya a través de la Sociedad Patriótica Ezequiel Zamora que él crea para que Gómez fuera electo presidente por el Congreso para el periodo 1910-1014. Otro tanto hizo el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, quien buscaba que el gobierno nacional reabriera el Colegio Federal Carora que había sido clausurado por Cipriano Castro en 1900. En efecto, en 1911 fue reabierto el Colegio tras largos once años de dramático y prolongado cierre.

 

El presidente Gómez envía a la ciudad un simpático militar tachirense, el general Juan de Jesús Blanco, quien pronto estableció estrechos y cordiales vínculos con los godos o patricios caroreños, es admitido en el selecto Club Torres, inaugura el acueducto en 1914, la red telegráfica, el Parque Bolívar y contribuyó a reabrir el Colegio Federal de secundaria que tanta falta hacía a los patricios caroreños y sus hijos.

El diario El Impulso, 1904.

 Fundar un periódico de circulación diaria en una ciudad de 8.000 almas fue considerada una   insensatez. En la comarca venezolana que  recuerda más a Castilla se funda en un caserón del siglo XVII, el 1 de enero de 1904, una empresa de cultura extraordinaria por una familia: los Carmona. Nace el primer periódico de circulación diaria de Carora, toda una temeridad a la cual se le pronosticaban negros augurios. Un escenario de odio, pero también de humanismo ve nacer El Impulso, quien desde sus primeros momentos dio muestras de vigor y de empuje, lo que explicaría por qué aquel humilde origen daría lugar al Decano de la Prensa de Venezuela de nuestros días. Sus fortalezas serán: es empresa familiar, en donde participan la esposa de Federico, Francisca Figueroa, sus hijos, con la asesoría del Dr. Pedro Francisco Carmona. Es iniciativa particular que no espera dádivas de ningún César. Otra es su discurso universalista, a contracorriente del espíritu de campanario. Quiere comunicarnos con el mundo. Saluda aquel momento de paz, el de la pacificación de Venezuela bajo la tiranía de Castro y Gómez. Exalta al telégrafo, la electricidad, que nos comunican “con todos los puestos del globo, todas las lenguas, todas las razas, la gran familia humana”, como se lee en el Editorial que da inicios a su circulación, que es todo un programa de intenciones para tender puentes con “ideas ajenas y el perenne influjo de los extraños sentimientos”.

Dijo “Chío” Zubillaga: “El Impulso enseñó a leer a los caroreños”En esos 15 años que residió en Carora publicó a Baudelaire, Nicanor Bolet Peraza, Simón Bolívar, Eduardo Calcaño, Byron, Darío, Maupassant,  Pedro Emilio Coll, D´Annunzio, Manuel Díaz Rodríguez, José Echegaray, Tulio Febres Cordero, Dimas Franco Sosa, Bello, Benjamín Franklin, Víctor Hugo, Jorge Isaac, José Martí, Jesús Muñoz Tébar, Poe, José Asunción Silva, Pérez Bonalde, Tolstoi, Tourgueneff,  Vargas Vila, Zumeta, Polita de Lima, Arístides Rojas, Antonio Álamo, Stendhal, Lucio Antonio Zubillaga, Udón Pérez, Zolá, Goethe, Anatole France, Lombroso, Schopenhauer, Bécquer, Nervo, Chío Zubillaga, Lamartine, Blanco Fombona, Dumas, Shakespeare, Ramón Pompilio Oropeza, Nietszche, Alcides Losada, José Herrera Oropeza, Rodó. Un prodigio que una aislada ciudad se leyera tal florilegio de autores. El Impulso nos hizo entrar a la modernidad al crear el hábito de la lectura.Quien escribe da gracias por ser El Impulso el órgano periodístico que difunde nuestras letras.

 

El Semanario Labor, 1912.

Al calor de esta euforia por el nuevo gobierno que da estabilidad política al país, es fundado el Semanario Labor en 1912 por el bachiller José Herrera Oropeza con el poeta tocuyano Hedilio Lozada, cuando ya circulaba con éxito el diario El Impulso, fundado por el bachiller Federico Carmona y de quien dijo Chío Zubillaga que ese periódico había enseñado a los caroreños a leer. Circulara en Carora El Impulso hasta 1919, cuando decide Carmona trasladarse a Barquisimeto. Ese mismo año fundará el bachiller José Herrera Oropeza el Diario de Carora.

 

La primera sala cinematográfica fue fundada en 1914 con el nombre Cine Venecia. Proyectó en su inauguración las cintas Epopeya napoleónica, El memorial de Santa Elena y Médico de servicio. El célebre violinista chileno Luis Palma dio varios conciertos en la ciudad, nos dice el Semanario Labor, diciembre 20 de 1914.

 

En 1915, en plena guerra mundial europea, nacerá un instituto educacionista público de primaria o elemental, la Escuela Dr. Ezequiel Contreras.  Los fundadores fueron el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, Dr. Doctor en Agronomía Rafael Tobías Marquís Oropeza, doctor Lucio Antonio Zubillaga y el muy conservador Pbro. Dr. Pedro Felipe Montes de Oca, todos ellos muy ligados al Colegio Federal Carora. Su epónimo, el Dr. Contreras, fue médico egresado de la Universidad de Caracas (1855), educador y político del siglo XIX que fallece a temprana edad.

El Liceo Contreras para señoritas.1914.

Desde la naciente República de Panamá, anuncia el Doctor en Agronomía Rafael Tobías Marquís Oropeza la fundación del Liceo Contreras para la educación de señoritas en Carora para el año 1914. Allí se enseñaba a las damitas del patriciado caroreño según el método pedagógico concéntrico, toda una novedad entonces. Funda además una revista feminista con el nombre de la diosa griega Minerva. El instituto cerró sus puertas en 1934 cuando ya su fundador había fallecido en Valera, Estado Trujillo en 1922. Apenas tenia 40 años al morir este educador y científico caroreño que fue execrado de Carora por los patricios.

La enseñanza se impartía según el sistema concéntrico, o por capas, desde una más básica hasta una más compleja, siempre abarcando transversalmente los conocimientos y las aptitudes.  Consiste en examinar varias veces todo lo concerniente a un asunto, tema o a una disciplina. Cada vez se amplía y se profundiza el estudio anterior. Es un sistema que acusa una notable influencia del positivismo y el darwinismo evolucionista del siglo XIX. Hubo serios debates sobre este método, llamado también cíclico. La aritmética no puede ser enseñada bajo este método, pues ningún algoritmo es capa concéntrica de otro, señalaban sus detractores. Sus defensores sostienen que es un organizador grafico que presenta los contenidos de manera global, dando la sensación de todo, que mejora la comunicación oral y escrita y permite la interacción grupal en el aula. Es vieja discusión que nos llega hogaño, los inicios del tercer milenio. Marquís Oropeza sostiene que este sistema es el que mejores resultados ha producido en el mundo entero.

 

El Diario de Carora, 1919.

Tras la partida hacia Barquisimeto del diario El Impulso del bachiller Federico Carmona, decide el bachiller José Herrera Oropeza fundar en 1919 el Diario de Carora. Dice el Diccionario de Historia de Venezuela (1997) que fue Herrera Oropeza “Escritor y periodista. Inició su carrera literaria en las páginas de El Impulso, publicado entonces en Carora (1904-1907). En 1907, fundó el semanario literario Ensayos; y en 1912, el semanario de intereses generales, Labor (1912-1919), redactado por el poeta tocuyano Alcides Lozada. El 1 de septiembre de 1919, fundó en Carora el periódico El Diario, cuya dirección asumió hasta su muerte. Según la opinión de Rafael Domingo Silva Uzcátegui, El Diario de Carora «nunca ha descendido al mezquino terreno de la diatriba, ni de cuestiones personales, ni siquiera de rencillas parroquiales. Siempre ha sido tribuna de cultura y es digno de notarse que, aun en los tiempos de mayor tiranía, su lenguaje fue siempre austero y supo hacerse oír en bien del pueblo». Es urgente que la colección de este periódico caroreño regrese a su lar nativo, pues se encuentra en manos de los propietarios del diario El Impulso, en Barquisimeto. En las páginas de este culto periódico inicia el autor de estas letras su ejercicio escritural en 1972.

 

1922: Centenario de la Muerte del General Pedro León Torres.

En ocasión del Primer Centenario de la muerte del General de División Pedro León Torres en 1922 es organizada la Exposición Regional de 1922, planificadas por el Concejo Municipal, la Jefatura Civil, Diario de Carora, Club Torres y algunas casas comerciales, se transforma en lo sucesivo en Ferias de San Juan Bautista de Carora, un interesante y curioso proceso digno de enfatizar.  Lo primero que debemos destacar es que estamos asistiendo a la conformación de la Idea de Nación, la construcción de héroes, de patriotas y de ciudadanos. Sucede que el más querido héroe de la Patria de los caroreños es el desgraciado General de División Pedro León Torres, fallecido en 1822. Este patriota participa en la Campaña del Sur, liderada por el Libertador Simón Bolívar. Pero hay una coincidencia cronológica que es preciso destacar: es que el nacimiento del General Torres, el 25 de junio, coincide con la realización de las fiestas patronales de san Juan Bautista de Carora. Ello quiere decir que allí se produce, como dice Alejandro Barrios Piña, un sincretismo cultural que une la tradición religiosa católica a la tradición de la Patria en vías de conformación en los días del solsticio de verano boreal.

Es necesario e ineludible destacar una curiosa e interesante situación del bronce del héroe de Bomboná. Sucedió que el busto del General Pedro León Torres ocupó hasta 1930 el sitio que le correspondía al Padre de la Patria Simón Bolívar, esto es la Plaza Bolívar de Carora, pero cuando se conmemora con gran entusiasmo y boato el Primer Centenario de la muerte del Libertador en 1930, el busto del General Torres tendrá otro destino, pues se le construirá una plaza en su memoria a tres cuadras al Este de la Plaza Bolívar, en la calle principal de la ciudad de Carora, la calle Bolívar.

       De modo pues que las Ferias de San Juan Bautista de Carora del presente tendrán como inicio el evento patriótico y nacionalista que se vincula estrechamente a la tradición del catolicismo en la antigua ciudad de san Juan Bautista el Portillo de Carora. Se trata de lo que llama Reinaldo Rojas un universo simbólico de mitos y representaciones sociales en construcción.5, es el nacimiento de la “religión de la Patria” imbricada indisolublemente a la religión católica que implantó el español desde el siglo XVI en estas remotas geografías del semiárido occidental venezolano.

1923: Año Eje de la Cultura Caroreña.

Quien escribe ha llamado a 1923 Año Eje de la Cultura Caroreña, pues en esta fecha nacieron grandes y cimeras figuras de la cultura de nuestro solar nativo: el guitarrista universal Alirio Díaz Leal (La Candelaria,1923- Roma, 2016), descubierto por Chío Zubillaga,  es a no dudar el caroreño más universal del siglo XX, consagrado concertista, arreglista de aliento popular, escritor, dice  Alejandro Bruzual (La guitarra en Venezuela) que es considerado el más importante intérprete latinoamericano del instrumento luego de Agustín Barrios Mangoré, máximo exponente y difusor de la música venezolana en el exterior, ha dado conciertos en la Unión Soviética, Israel, Turquía, España, Italia e Irán. Fue su deseo que sus restos mortales fueran sepultados en Carora.

El compositor y arreglista para la guitarra Rodrigo Riera (Carora,1923- Barquisimeto,1999) quien por su enorme capacidad de improvisación ha sido comparado al pianista Chopin, ha sido colocado, dice Alejandro Bruzual, al lado de guitarristas como Atahualpa Yupanqui y Eduardo Falú, estuvo residenciado en Francia, enseña en New York y en Barquisimeto, director de cultura de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Doctor Honoris Causa, dicta cursos de perfeccionamiento a guitarristas como Álvaro Álvarez, Darío González, Roberto González, Valmore Nieves, Rafael Suarez , Efraín Silva y su hijo Rubén.   

El poeta, político y traductor Alí Lameda (San Francisco,1923- Caracas,1995), discípulo preferido de Chío Zubillaga, autor de la inmensa epopeya El corazón de Venezuela, El viajero enlutado, El gran cacique (Premio Casa de las Américas, Cuba) El juglar de las torres moradas, Los juncos resplandecientes: décimas al Vietnam heróico y mártir , perteneció al grupo literario Contrapunto, políglota, traductor de Valéry, Mallarmé, Rimbaud y Baudeaire al castellano, militante comunista, sufre siete años de injusta prisión en Corea del Norte, liberado por las diligencias de los presidentes  Nicolai Ceausescu y Carlos Andrés Pérez.

El educador, folklorista, político, animador cultural y ecologista, mi padre Expedito Cortés (Sanare, 1923- Barquisimeto, 2001), director del Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza, Carora, cofundador de la Casa de la Cultura de Carora con el Dr. Juan Martínez Herrera, del Frente Ecológico Regional Lara, de los Parques Nacionales Dinira en tierras altas y el del semiárido Saroche.

Y, finalmente, el compositor Valentín Carucí, (El Paso de Curarigua, 1923- Buenos Aires, 2019) autor de unas 300 piezas musicales populares entre las que destacan Palmaritales de Arauca, Romance en la Llanura, Tonada del becerrero, A la Orilla de un Jagüey, Ensoñación, Mire Comadre Mire., presidente de Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela, SACVEN. En 2005, Carucí fue electo Presidente del Comité Iberoamericano de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores.

 Carora se prepara con entusiasmo para celebrar por todo lo alto esta efeméride, cumbre de la cultura nacional y planetaria, que tiene como epicentro el semiárido occidental venezolano, caja de resonancia de un poderoso impulso cultural que se expresa fundamentalmente a través de la música y la literatura.

El psiquiatra Ricardo Álvarez.

Siendo estudiante de medicina, el joven caroreño Ricardo Álvarez dirige la Sociedad de Estudiantes de Medicina, y en 1924 cuando cursaba el Quinto año de Ciencias Médicas, asiste por primera vez al Asilo de Enajenados de Caracas (siendo Director el doctor José Francisco Torrealba 1924 - 1927). El Dr. Gustavo Andrade refiere que “durante dos años de trabajo en el Asilo mostró Álvarez gran interés por el enfermo mental y fruto de esa primera experiencia fue su tesis doctoral”. Culmina sus estudios en 1926, en la Universidad Central de Venezuela, presentando una magnífica Tesis Doctoral en 1927, intitulada “La Demencia Precoz. Contribución al estudio de la Enajenación Mental en Venezuela”, mereciendo elogios de un magnífico Jurado examinador compuesto por los doctores Diego Carbonell, Emilio Conde Flores y Miguel Jiménez. Se le ha considerado uno de los fundadores de la psiquiatría en Venezuela. Escribió La psiquiatría en Venezuela desde la época precolombina hasta nuestros días, 1942.

Rafael Domingo Silva Uzcátegui.

Un joven bachiller curarigueño, autodidacta médico, Rafael Domingo Silva Uzcátegui (1887-1980), escribirá dos libros que merecen ser recordados: Historia crítica de la literatura modernista castellana, en 1925, obra con la cual gana premio de la Academia de la Lengua en España en 1927. El otro será Psicopatología del soñador, 1931. En ellos adelanta una crítica literaria desde la ciencia natural y la Psiquiatría, basándose en la obra de Max Nordau titulada Degenerados (1892) y la psiquiatría francesa del siglo XX, herramientas con las que condena ferozmente por degenerados a Edgard Allan Poe, Lautréamont, Mallarmé, Verlaine, Whitman, Baudelaire, y a los latinoamericanos Rubén Darío y Leopoldo Lugones, quienes han creado una literatura desequilibrada, afeminada, anormal, psiquiátrica completamente antiamericana.  Silva Uzcátegui es el autor de la célebre y reconocida Enciclopedia Larense (1948)

Tres años luego de la muerte del Dr. Rafael Tobías Marquís, una de sus alumnas, la señorita Carmen Elena Montesdeoca, junto al Dr. Ramón Pompilio Oropeza y el general Roberto Riera, fundan el 5 de julio de 1925 la Escuela General Pedro León Torres, nombre del héroe epónimo del Distrito, destinada a satisfacer la demanda educativa de los sectores humildes de la ciudad. Fue desde sus inicios un plantel educacionista para niñas y funcionó en la casa de familia de su fundadora con unas 80 niñas humildes.

Historial genealógico de familias caroreñas.

En la Tipografía Arte de Caracas verá la luz en 1933 una portentosa obra historiográfica en dos volúmenes: Historial genealógico de familias caroreñas, una minuciosa y cuidada investigación adelantada por un joven médico egresado de la Universidad de Caracas, Ambrosio Perera Meléndez (1904-1977). Contará con la colaboración de Cecilio Chío Zubillaga en las biografías anexas. Entre sus obras más notable tenemos Historia orgánica de Venezuela (1943) e Historia de la organización de los pueblos antiguos de Venezuela, en 3 volúmenes (1964). Fue diputado, embajador e Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia.

Esta monumental obra de Perera, reditada en 1967, contribuyó de manera notable a quien escribe a comprender la singularidad histórica de los “patricios caroreños”, clase social que se asemeja a una casta y que ha ejercido una notable hegemonía cultural en Carora desde hace varias centurias.

Don Ismael Silva Montañés, prócer de la cultura.

 En 1934, cuando llegaba a su fin la oscurantista dictadura de Juan Vicente Gómez Chacón, un caroreño enamorado de la cultura y el saber publicó lo que llamó “Unidad, revista mensual de cultura larense”. Era ese hombre Ismael Silva Montañés, quien era dueño de la Tipografía El Arte, que tenía sus talleres en Carora, la “ciudad levítica” de Venezuela. El propósito de la Revista era el de “poner a disposición de los hombres de letras en la región larense una publicación (  ) que se preste a conservar para lo porvenir el fruto de sus capacidades intelectuales”. En otro lado dice que “su carácter es exclusivamente científico-literario, dejando las otras actividades de la prensa a los periódicos de diferente índole”. Antes de la Revista Unidad había fundado Don Ismael el periódico “Unidad” que circuló entre 1931 y 1935; en 1933 editó un opúsculo: “Imprentas y periódicos caroreños”, y fue además un defensor de las ideas de la Democracia cristiana, inspirado en las Encíclicas papales Rerum Novarum de León XIII, así como el derecho a la mujer a incursionar en el mundo intelectual y a liberarlas de ese mal latinoamericano, el machismo. Al final de su vida se dedicó a la empresa más ambiciosa: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano, publicada en cuatro tomos por la Academia Nacional de la Historia en 1983.

 El magisterio socrático de Chío Zubillaga en Carora.

Cosa maravillosa ocurrió alrededor de la figura socrática de Cecilio “Chío” Zubillaga Perera (1887-1948), un pensador de hamaca y zaguán, a cuya habitación concurrían los muchachos ávidos de cultura en la Carora que salía de la noche gomecista. Se trata de un auténtico intermediario cultural (Michel Vovelle) que convirtió su casa solariega en una verdadera universidad popular. Para escuchar al Maestro se daban cita allí Luis Beltrán Guerrero, Alí Lameda, Guillermo Morón, Elisio Jiménez Sierra, Alirio Díaz Leal, Ambrosio Oropeza, Héctor Mujica, Rodrigo Riera, Juan Oropesa (sic), Eddie Morales Crespo, José Herrera Oropeza, Francisco Manuel Mármol, Lino Coronel, Federico Álvarez, Antonio Herrera Oropeza, el Catire Timaure. De formación autodidacta, como la de Rafael Domingo Silva Uzcátegui, enfrentó a su clase social, los godos o patricios de Carora, desde el periódico de denuncia y combate del latifundismo: Cantaclaro. Lo he considerado un adelantado o precursor de la Teología de la Liberación latinoamericana de la década de 1960, pues en su corazón había lugar para Jesucristo y también para Lenin, líder de la Revolución Bolchevique. Su jesuscristismo, palabra que él acuñó, se basó en la iglesia social de su hermano presbítero doctor Carlos Zubillaga, el padre Lisímaco Gutiérrez y la Encíclica Reum Novarum del papa León XIII.  Es de destacar que los brillantes discípulos de Chío Zubillaga no siguieron en su totalidad las ideas que hoy llamaríamos de izquierda, lo que lo enaltece al propiciar el pensamiento plural y divergente: Luis Beltrán Guerrero, Guillermo Morón y Juan Oropesa serían ellos. Otros abrazarán el marxismo soviético y sufrirán cárcel y exilio, tal como aconteció amargamente a su discípulo preferido, el poeta Alí Lameda en las lejanas y gélidas mazmorras de Corea del Norte. Su cuarto-biblioteca no era de modo alguno cárcel de pensamiento, pues propició el pensamiento plural

El béisbol es una suerte de segunda religión entre los caroreños. En 1932 iniciará actividades el equipo Buenos Airres BBC, en el popular sector Barrio Nuevo, donde se instala una casa como su sede, dotada de biblioteca, se enseñaba a leer a los jugadores analfabetos. Esta iniciativa es digna de destacar pues brotará de los sectores que no hunden sus raíces en el patriciado caroreño. Es la cultura popular que comienza a organizarse al calor del deporte de las cuatro esquinas.

La educación para la mujer tuvo en el Dr. Ramón Pompilio Oropeza un defensor decidido y entusiasta. En 1931 egresaron del Colegio Federal Carora que este viejo Maestro dirigía desde su fundación en 1890, las primeras flamantes bachilleras: María Luisa Rodríguez, Eva Teresa Acosta, Emérita Acosta, Sacramento Suárez y Leoncia Castañeda. Queda de tal manera vencido el prejuicio de que la mujer tiene como destino único los oficios del hogar y el cuidado de los infantes, en aquella sociedad patriarcal y católica en extremo que ha sido Carora.

Un año antes del deceso del presidente Gómez, un grupo de caroreños liderados por Chío Zubillaga fundan la Biblioteca Pública Dr. Ildefonso Riera Aguinagalde. Se conoció, a través de investigaciones realizadas por el profesor Freddy Angulo, que el primer director de la biblioteca fue Rafael Oropeza. Le sucedieron Antonio Oropeza, Chío Zubillaga Perera, Dr. Pablo Álvarez Yépez, Agustín Oropeza, el historiador Dr. Ambrosio Perera y Antonio Crespo Meléndez, personas que como denotan sus apellidos, pertenecían al patriciado caroreño. Esta Biblioteca abre sucursales en distintos barrios y sectores de la ciudad.

El Archivo Zubillaga, lugar de la memoria.

Dice Francisco Zambrano Gómez que este Archivo comenzó a ser una realidad a finales del siglo XVIII. Más adelante agrega que “En 1924 cuando Antonio María Zubillaga Perera muere, revisaron los papeles que dejó y encontraron esta carta para Chío Zubillaga Perera dentro del baúl del viejo Agustín. Cuando a Chío le entregan esta carta se negó a abrirla y comenzó a sufrir por primera vez del corazón. No quiso saber nada de la carta ni del Archivo Zubillaga durante los siguientes siete años, hasta que por amor a los papeles viejos acepta la custodia del arca vasca. El problema es que cada vez que Chío veía la carta se le disparaba la tensión arterial y tenía que salir huyendo para su finca El Fraile, por allá por los lados de Jabón, bien lejos del Archivo y de la carta. Por más que escondía la carta, el día menos esperado aparecía sobre la mesa, en la hamaca, dentro de un libro o en cualquier rincón. Cuando el 25 de julio de 1948 Chío se decidió a abrir la carta, su corazón no soportó la emoción y estalló. Su hermana Carolina lo encontró muerto con la carta estrujada en una de sus manos; tomó la misiva y la guardó dentro del viejo arcón. Muchos familiares e investigadores han encontrado la carta, pero por respeto, se han negado a abrirla. Me da miedo ser yo la que rompa el sello que la protege, pero se me ocurre que tu si puedes tener valor para hacerlo.”

Este extraordinario Archivo, lugar de la memoria (Pierre Nora), ha sido ordenado y digitalizado en este año 2022 por iniciativa del ingeniero Cruz Mario Zubillaga y del Cantón Carora. Ocupa unos salones de la Diócesis de Carora, una gentileza del Obispo Dr. Carlos Curiel, una persona amante de la cultura. Está este magnífico repositorio documental abierto a los investigadores. Su celadora es nuestra exalumna abogada e historiadora por la Universidad de Los Andes Danny Gómez Timaure. Hemos dicho que nuevos aspectos de la historia de Carora y de Venezuela saldrán a la luz entonces.

El Dr. Pastor Oropeza Riera.

El medico con estudios doctorales en Francia, Pastor Oropeza, escribe en Carora una obra cardinal de la ciencia en Venezuela: El Niño,1935, obra con la cual se fundan los estudios de Pediatría en Venezuela. Durante 10 años será médico pediatra en su ciudad natal. Esta experiencia in situ le permitirá obtener una visión concreta de las terribles condiciones de salud de los neonatos en el semiárido occidental venezolano. En 1935, año de la muerte de Gómez, publica El Niño, un libro señero en la medicina venezolana y que llamará la atención del médico y político Dr. Enrique Tejera, Ministro de Sanidad del gobierno del general Eleazar López Contreras, quien deslumbrado por lo que lee allí, lo invita a incorporarse al recién creado despacho. Nace de esta manera y con esta oportuna publicación el que será llamado Padre de la Pediatría en Venezuela.

Consideraciones finales.

Como hemos notado, son los sectores dominantes caroreños los que exhiben un protagonismo en los asuntos de la cultura. Se trata del traslado y continuación al siglo XX de una hegemonía ideológica y cultural (Antonio Gramsci) ejercida por los godos o patricios de Carora desde finales del siglo XVIII colonial, y que quien escribe destaca en sus investigaciones la manera de cómo se manifiesta tal hegemonía a finales del siglo XIX y comienzos del XX (Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937). Será esta clase social con rasgos de casta, los patricios caroreños quienes fundan las instituciones educativas, los periódicos y revistas, los clubes y asociaciones, dominan los asuntos del altar, cuando ya predominan en el activo comercio local y son los dueños territoriales, fincas y haciendas, del extenso Distrito Torres. A lo que habría que agregar que estos sectores dominantes sostienen firme alianza con la dictadura gomecista.

Tras la muerte de Gómez, con sus sucesores, el general Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, asistimos a un renacimiento cívico, una recuperación venezolana, se elimina la odiosa censura de prensa, se legaliza los partidos políticos, fundará López Contreras el Pedagógico Nacional con ayuda de la Misión Chilena que trajo al país Mariano Picón Salas. El analfabetismo se redujo en un 50%, 250.000 alumnos asistirán a las escuelas y se fundan 24 escuelas normalistas durante el gobierno de Medina Angarita. Después de 1945, con el ascenso de Acción Democrática al poder, otra época de la cultura nacerá en Venezuela. La educación se hará popular con las ideas pedagógicas de Luis Beltrán Prieto Figueroa, los salarios de los educadores son significativamente mejorados, es reabierta la Universidad del Zulia, un novelista laureado como Rómulo Gallegos será presidente de Venezuela en 1948.

 

Referencias.

Bruzual, Alejandro. La guitarra en Venezuela. Desde sus orígenes hasta nuestros días. Banco Central de Venezuela. Caracas, República Bolivariana de Venezuela.2012.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937.Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fondo Editorial Buría. Carora, Venezuela, 1997.

-----------------------Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI al XIX. Universidad Santa María, Caracas, República Bolivariana de Venezuela, 2003. En internet.

-----------------------Rafael Domingo Silva Uzcátegui. Más allá de la Enciclopedia Larense. Psiquiatría y literatura modernista. Cada de las Letras Andrés Bello, Caracas, República Bolivariana de Venezuela, 2017.

Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas, Venezuela, 1997.

Oropeza Pernalete, Pedro Domingo. La Carora de ayer, de hoy y de siempre. Contribución a la historia documental del Municipio Torres. Producciones Karol C. A. Mérida, República Bolivariana de Venezuela, 2006.

Páez Ávila, Juan. Dos guitarras de Carora y del mundo. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto. 1988.

Salcedo Bastardo, José Luis. Historia fundamental de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca. Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela, 1979.

Segnini, Yolanda. Las luces del gomecismo. Alfadil. Caracas, Venezuela, 1987.

Silva Uzcátegui, Rafael Domingo. Enciclopedia Larense. Educación, música popular y fokclórica. Leyendas folklóricas. Provincianismos. Biblioteca de Autores Larenses. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, Venezuela. 1981.

 

Carora, Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela.

31 de diciembre de 2022.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Planeta de los Simios (1968)

 Introducción


Se trata El planeta de los simios de una cinta que marca un antes y un después en el cine de ciencia-ficción. El tema de simios y monos y su relación tirante con los humanos había sido abordado por un film realmente fabuloso: Kin Kong (1932), un gorila gigantesco que se enamora de una chica. Pero no hay relación de comunidad de genes entre gorilas y nosotros en ese casi centenaria película. En el film que nos ocupa, en cambio, queda siempre la pregunta insidiosa e intrigante del compartimiento genético entre monos y humanos. Viejo problema, pues, iniciado por Charles Darwin en 1859 al publicar El origen de las especies.

Es El planeta de los simios sin duda una película inteligente, pues explora la posibilidad de los viajes en el tiempo, la hibernación de los astronautas, la posibilidad de un conflicto nuclear, que, hogaño, con la guerra en Ucrania, se coloca de nuevo como posibilidad, rebrota ominosamente. Tiene además el mérito inmenso de haber sido rodada apenas un año antes del viaje del estadounidense Apolo XI a la Luna en 1969, cuando los Estados Unidos gana la carrera espacial que iniciara la Unión Soviética con el Sputnik de 1957.  

 

Novela de autor francés.

Este interesante film estadounidense de ciencia ficción, basado en la novela del francés Pierre Boulle La planéte des singes, escrita originalmente en 1963 por el también autor de la novela llevada al cine El puente sobre el río Kwai, (1952) explora las polémicas y nunca bien entendidas relaciones genéticas entre simios y humanos. Nuestra especie humana del género homo, como el resto de las especies, afirma Stephen Jay Gould, es una ramita más en un gigantesco arbusto evolutivo. Compartimos con los simios, querámoslo o no, más del 98 % de los genes.

El film divide a sus espectadores entre creacionistas y evolucionistas, y más en los Estados Unidos, país donde el darwinismo científico es negado por mucha gente y hasta ha sido perseguido judicialmente: el “juicio del mono” del año 1925, donde un docente, John Thomas Scopes, fue condenado por el Estado de Tennesse a prisión por hablarle de Charles Darwin a sus alumnos. Fue esposado en el aula de clases frente a sus alumnos sorprendidos. Cabe señalar que la enseñanza del darwinismo sigue siendo un tema a debate en EEUU. El periódico USA Today señaló en un artículo que en Estados Unidos 1,5 millones de alumnos estudia ciencias con libros que no mencionan la evolución. La Butler Act con la que se condena a Scopes fue anulada en 1967.Una interminable batalla entre la fe y la ciencia en un país, dice Harold Bloom (Religión americana, 2009), enloquecido por la religión.

Dirigió para la Century Fox el director Franklin J. Schaffner, fue protagonizada por Charlton Heston (Coronel George Taylor), Roddy McDowall (Cornelius, simio doctor), Kim Hunter (Doctora Zira, simia), Maurice Evans (Doctor Zaius), y James Whitmore (Presidente de la Asamblea de simios), Linda Harrison (La bella humana muda Nova). Su presupuesto fue de 5.400.000 dólares y tuvo una recaudación muy buena de 33.400.000 dólares en los EEUU y Canadá.

Hogaño es El planeta de los simios una muy jugosa franquicia de la Century Fox y Disney que ha recaudado unos 2.000.000 de dólares. Allí se incluyen los filmes: El planeta de los simios (1968), Beneath the Planetaof the Apes (1970), Escape from Planet of the Apes (1971), Conquest of Planet of Apes (1972), Rise of the Planet of apes (2011), Dawn of the Planet of Simios (2014), War of the Planet of Apes (2017), la serie de televisión Planeta de los simios, Retorno al Planeta de los simios.

 En el año 2001, la película fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. Se trata de un verdadero film de culto en el género ciencia-ficción, tan importante como 2001 Odisea del espacio (1968), Blade Runner (1982), El hombre bicentenario (1999), y la más reciente Avatar (2009), que se ha convertido en la película más taquillera de la historia.

EL VIAJE INTERGALÁCTICO

Viajando a velocidades cercanas a la luz, como previó Albert Einstein, 3978 es el año al que llega la nave espacial terrícola a un planeta en parte desértico (zona prohibida oriental) y con enclaves de vegetación, dominado por violentos simios parlantes que mantienen esclavizados a unos seres humanos carentes de lenguaje. Un espejo invertido de nuestro mundo terrícola actual y que nos recuerda los pogromos nazis.

La nave espacial, curiosamente parecida al Concorde anglo-francés, viaja tripulada por cuatro personas, tres hombres y una mujer. El capitán (Charlton Heston) la tripula mientras sus acompañantes hibernan, sistema que falla para la dama, quien muere y aparece horriblemente momificada. Se frustra así la “Nueva Eva” destinada a poblar con descendientes humanos caucásicos el cosmos.

Por obra del azar, caen en un lago y deben abandonar la nave en balsas inflables. La atmósfera es apta para la vida, y comienzan una exploración por aquel mundo desolado y sin vegetación, la cual va apareciendo tímidamente a medida que avanzan. Aparecen los primeros signos de vida inteligente, unas grandes como equis que parecen indicar una advertencia para los intrusos. Desde lo alto de los imponentes riscos son vigilados por unas ágiles figuras humanoides apenas perceptibles.

Se topan con unas cataratas y un lago, al cual se lanzan edénicamente desnudos los viajeros siderales. Unas manos roban sus trajes espaciales. Persiguen a los ladrones y dan con una multitud de seres humanos que no hablan y que visten ropas primitivas, haciendo como vida arborícola y de recolección de alimentos en un maizal, que no perecen sorprenderse ante la presencia de los tres astronautas de los Estados Unidos. Aparece allí por vez primera la bella humana sin habla a la que Taylor bautizará como Nova.

CAPTURA DE LOS ASTRONAUTAS 

       De repente, aparecen unos simios negros galopando briosos corceles que los persiguen con armas de fuego y unas redes, terrícolas parlantes incluidos. Brutalmente los capturan y son conducidos al pueblo como de terracota de los simios. El afroamericano muere en la refriega y el capitán recibe un disparo en la nuca que le impide hablar. Ha sobrevivido milagrosamente. El tercer astronauta yanqui ha desaparecido.

Es conducido el capitán Taylor a una suerte de laboratorio donde una amable pareja de jóvenes simios doctorados, macho y hembra, le hacen curas , una transfusión de sangre incluida. Logran salvarlo. Después de varios días logra el capitán Taylor comunicarse por escrito en inglés con los simios, una gran sorpresa para la hembra simia.

 Congenian y la pareja lo sienta a la mesa. Discuten sobre temas “científicos”, la posibilidad de volar entre ellos. Flotar en el aire es una posibilidad que niegan otros descreídos científicos simios rubios. Carentes del método experimental destruye uno de ellos un avioncito de papel confeccionado por el terrícola yanqui que prueba la posibilidad de volar.

       Niega Taylor sea un “eslabón perdido”, una paradoja viviente, pues tiene el doctor Cornelio, el simio científico, una hipótesis o teoría de que ellos, los simios, descienden de los seres humanos, una orden inferior de primates, pues ha descubierto rastros de una cultura humana antigua, pero tiene muchas dudas sobre sus hipótesis, las que su prometida, la doctora Zira, trata de disipar persuadiéndolo valientemente con evidencias científicas objetivas de su verdad. “Los escritos sagrados tal vez no valgan”, dice Zira. Lucha, pues, entre religión y ciencia, en la que la doctora simia combate con ardor- más que su prometido Cornelio- las convicciones de la fe y sus dogmas en esa “civilización patas arriba”. Serán la pareja acusados de herejía en una situación que nos recuerda al Santo Oficio de la Inquisición. Pereciera que estamos en un escenario en lo que en la historia humana se conoce como ciencia premoderna del siglo XVI y en la aurora del XVII, a medio camino de la certeza y la superstición que el novelista francés recrea.  

Ante el anuncio de una castración sexual por un simio veterinario, noticia que oye mientras dormita con su bella pareja Nova (Linda Harrison) escapa, y tras una persecución entra a un templo donde congregados los simios oyen una alocución donde se exalta a una figura mitológica, un gorila plagado de bondades y sabiduría que aparece como una hierática estatua de cuerpo completo con unos documentos a las manos. Prosigue en su escape el capitán Taylor y va a dar a un museo donde se exhiben escenas de vidas humanas primitivas. Como en una escena sacada de la Biblia es apedreado por una turba de simios y finalmente capturado.

 EL ENJUICIAMIENTO

Lo conducen a una audiencia, un tribunal reglamentado a la europea, donde un jurado de la Academia Nacional discute la naturaleza del “acusado” que no puede ser defendido por la ley simia por no ser simio. Acusan a la pareja de jóvenes doctores simios de ser unos escépticos, científicos pervertidos, que insisten en promulgar la “insidiosa teoría llamada evolución”. La doctora Zira dice que los humanos piensan y son capaces de razonar. Los simios creen en un Dios como hebraico que los ha hecho a su imagen y semejanza, profesan una suerte de simiocentrismo. Niegan que los humanos tengan alma, en un debate semejante al del padre Bartolomé de Las Casas a propósito de los indios americanos en el siglo XVI.

       Suspenden la audiencia y se van a inspeccionar a los humanos sobrevivientes de la cacería y allí consiguen al tercer astronauta desaparecido, al cual le han sido extirpados de su cerebro las partes razonantes pues ha sido lobotomizado.

El Dr. Zaius, rubio, y miembro de la Audiencia, lleva a Taylor su casa pidiendo que revele su origen y que declare dónde se encuentra el nido de los mutantes al que, según él, pertenece Taylor; pero por más explicaciones que da el astronauta, el conservador simio Zaius no le da crédito. Dice que Cornelio y Zira irán a juicio por herejía.  Amenaza a Taylor de castración y de extirparle los centros vocales de su cerebro, sacarle información mediante cirugía. Una especie de muerte en vida. Dice a Taylor que el lugar de procedencia suyo es una “comunidad mítica”, que ocupa un lugar subalterno a la cultura simia.

HACIA LA ZONA PROHIBIDA

Los simios amigos de los humanos parlantes, Cornelio y Zira, el astronauta Taylor y la bellísima Nova, luego de escapar, deciden ir a la zona prohibida oriental, pues el doctor Cornelio la ha visitado antes sin permiso de las autoridades. Se considera por tradición que en ella no puede existir vida. Pero ha conseguido una antiquísima cultura, anterior al tiempo en que se redactaron las sagradas escrituras simias.  Se trata de una cultura humana.

Una comisión de simios encabezada por el Dr. Zauis sale a darles captura. Se queda con ellos y despide a la comisión. No hay contradicción entre la fe y la ciencia, la verdadera ciencia, dice Zaius al terrícola. Suben a la escarpada cueva donde Cornelio ha encontrado Otras culturas anteriores a la cultura simia, de unos 1.300 y de 700 años de antigüedad respectivamente. Pero sucede una paradoja: la cultura más reciente es más atrasada que la más antigua.

Como por obra de la casualidad la humana sin habla, la bella Nova, manipula una muñeca de juguete encontrada en el nivel antiguo de la cueva, que de repente comienza a hablar. El doctor Zaius la manipula y descreídamente la deja caer. Taylor le dice que él, guardián de la fe, sabía de la existencia de una civilización humana anterior y a la cual los simios deben sus conocimientos, su ciencia. Lo sabía -dice el simio- porque las antiguas escrituras advertían de la maldad de los humanos.

Taylor y Nova montan a caballo y se disponen a bordear la playa de la zona prohibida. Invitan a sus amigos simios, quienes se niegan. Taylor besa en la boca a la simia Zira y ella le dice que es muy feo de apariencia. Cornelio afirma que cultura humana y simia son una misma cosa. Taylor y Nova montan a caballo y se disponen a bordear la playa de la zona prohibida, que según Zaius fue un paraíso que ha sido destruido, desbastado por los humanos. “Tal vez no te guste lo que encuentres” dice Zaius a Taylor, quien ordena colocar explosivos en la cueva y destruir así la evidencia de una cultura humana anterior a la de los primates que hablan, un acto comparable al de los seres humanos del siglo XXI que ordenasen dinamitar las cuevas de Altamira.

LA ESTATUA DE LA LIBERTAD

Después de cabalgar por unos días, Taylor y Nova se topan con una estructura gigantesca y antropomorfa, una como inclinada Estatua de la Libertad de la bahía de New York. Al percatarse de ello grita él que siempre estuvo en su planeta Tierra, al tiempo que maldice y manda al diablo a los hombres que destruyeron el planeta. No dice si fue catástrofe nuclear u otra cosa. Queda en suspenso la explicación.  Recordemos que cuando se rodó el film en 1968, la posibilidad de un holocausto nuclear estaba muy cercano, que la crisis de los misiles atómicos en la Cuba de Fidel Castro acababa de suceder en octubre de1962. Fueron días espantosos donde la vida toda del planeta estuvo a punto de sucumbir producto de la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

PALABRAS FINALES

El planeta de los simios refleja de algún modo la concepción judeo-cristiana de un Dios que ha hecho a los simios a su imagen y semejanza, tal como a nosotros los humanos. Recrea el tema de la pareja primordial, Adán y Eva, cuando al morir la astronauta gringa, el capitán Taylor entabla una relación amorosa con Nova, la humana desprovista de verbo, pero que eventualmente será el inicio de una nueva progenie a poblar el mundo de humanos dotados de palabra, aunque queda la posibilidad de una relación amorosa cruzada cuando el astronauta gringo besa a la simia y científica Zira al final del film.

La saga de los simios en el cine y la televisión que hogaño nos inunda, tuvo como inicio este memorable film de 1968, estrenado durante la gran rebelión juvenil, y que se ha ido adaptando desde entonces a los nuevos escenarios que ciencia y política plantean: monos transgénicos, clonación, guerra nuclear. He allí su fortaleza.

 


Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 13 de diciembre de 2022

La Orden Benedictina y los relojes mecánicos fundan el capitalismo moderno


Fue el sociólogo, historiador y economista germano Werner Sombart (1863-1941) quien considera a la orden de monjes trabajadores de la Edad Media, la Orden de los Benedictinos, como fundadores originales del capitalismo moderno (Lewis Mumford Técnica y civilización. Alianza Universidad, Pág. 30 y sgtes.).

 La noción de “espíritu” fue creada por Sombart y su colega Max Weber (1864-1920) para estudiar la mentalidad capitalista, que no se reduce a la estructura económica, como pensaban los marxistas, aferrados al perjudicial determinismo de la economía. Véase de estos autores: Werner Sombart: El apogeo del capitalismo, 2 vols., Fondo de Cultura Eco-nómica, México D. F. El burgués, Alianza Editorial, Madrid. Y de Max Weber su siempre polémico y clásico La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Weber ha sido calificado como el “Marx burgués.”

La regla de la Orden Benedictina, fundada en 529 d.C. por el monje Benito de Nursia, iniciador de la vida monástica, le arrancó la maldición al trabajo y sus enérgicas empresas de ingeniería quizá le hayan robado incluso a la guerra algo de su hechizo. Fueron los Benedictinos en su mejor momento unos 40.000 hombres, los que bajo la regla de la Orden que fundara San Benito, ayudaron a dar a la empresa humana el latido y el ritmo regulares colectivos de la máquina. Una rutina metódica, el hábito del orden mismo y de la regulación formal de la sucesión del tiempo, se convirtió en una segunda naturaleza en el monasterio, a resguardo del caos y la irregularidad reinante entonces. El monasterio fue la sede de una vida regular, y un instrumento para dar las horas a intervalos o para recordar al campanero que era hora de tocar las campanas es un producto casi inevitable de esta vida.

      En el remoto siglo VI San Benito, venerado como santo por católicos, ortodoxos y luteranos, establece las Horas Canónigas dentro de los monasterios, las que crearon una nueva realidad temporal al dividir al día en siete partes, como ordena el Libro de Salmos de la Biblia. Maitines, laudes, tercias, nonas, vísperas, sexta (de donde deriva la palabra siesta), completas, eran las siete horas canónigas. Es como un lejano antecedente de la división del día en las 24 horas que conocemos hogaño.

Los relojes mecánicos.

Los relojes de agua (clepsidra) y de sol que venían de la Antigüedad fueron el primer momento sincronizador de las acciones humanas dentro de monasterios y abadías, medición del tiempo que la venidera civilización capitalista daría buena cuenta. Una irónica paradoja, valora Mumford.

Hacia el siglo XIII aparece un formidable y decisivo invento en Europa medieval: el reloj mecánico. Nada volverá a ser igual desde entonces. Las nubes que podían paralizar el reloj de sol, el hielo que podía detener el reloj de agua en una noche de invierno, no eran ya obstáculos para medir el tiempo. Verano o invierno, de día o de noche, se daba uno cuenta del rítmico sonar del reloj.

El reloj mecánico pronto se extendió fuera del monasterio; y el sonido regular de las campanas trajo una nueva regularidad a la vida del trabajador y del comerciante. Las campanas del reloj de la torre casi determinaban la existencia urbana. La medición del tiempo pasó al servicio del tiempo, al recuento del tiempo y al racionamiento del tiempo. Al ocurrir esto, agrega Mumford, la eternidad dejó poco a poco de servir como medida y foco de las acciones humanas.

El reloj mecánico, no la máquina de vapor, como establecieron los marxistas, es la máquina-clave de la moderna edad industrial. En cada fase de su desarrollo el reloj es a la vez el hecho sobresaliente y el símbolo típico de la maquina: incluso hoy ninguna maquina es tan omnipresente. Hubo antes del reloj diversos tipos de autómatas encantadoramente asombrosos que divertían a algún califa musulmán, pero ahora teníamos una nueva especie de máquina, en la que la fuente de energía y la transmisión eran de tal naturaleza que aseguraban el flujo regular de la energía en los trabajos y hacían posible la producción regular y productos estandarizados.

 

El reloj, además, es una maquina productora de energía cuyo “producto” es segundos y minutos: por su naturaleza esencial disocia el tiempo de los acontecimientos humanos y ayuda a crear la creencia en un mundo independiente de secuencias matemáticamente mesurables: el mundo especial de la ciencia. Será esto el antecedente de la gran revolución de la ciencia del siglo XVII con Galileo, Kepler y Newton.

Alrededor del año 1345 la división de las horas en 60 minutos y los minutos en 60 segundos era ya corriente. A principios del siglo XVI un joven mecánico de Núremberg, Peter Henlein, inventó relojes con muchas ruedas con pequeños pedazos de hierro. A finales de tal siglo el relojito doméstico fue introducido en Inglaterra y Holanda. Como ocurrió con el automóvil y el avión, las clases más ricas fueron las que adoptaron primero el nuevo mecanismo y lo popularizaron: en parte porque sólo ellas podían permitírselo, en parte porque la nueva burguesía fue la primera en descubrir que como Benjamín Franklin dijo más tarde, “el tiempo es oro”. Ser tan regular “como un reloj” fue el ideal burgués, y el poseer un reloj fue durante mucho tiempo un inequívoco signo de éxito. El ritmo creciente de la civilización llevó a la exigencia de mayor poder: y a su vez el poder aceleró el ritmo.

Ahora bien, la ordenada vida puntual que primeramente tomó forma en los monasterios de los Benedictinos no es connatural a la humanidad, aunque ya hoy los pueblos occidentales están tan completamente reglamentados por el reloj que constituye una “segunda naturaleza”, considerando su observancia un hecho natural.

Contra el reloj.

El tiempo ha triturado nuestros huesos y músculos en aras de una creciente competitividad y productividad capitalista que no muestra pausas. En los Estados Unidos ha nacido un potente movimiento antisistema que pregona volver al descanso, predica el Evangelio del Descanso. Lo lidera una afrodescendiente originaria del Deep South, Tricia Hersey, quien ha fundado el Ministerio de la Siesta y se ha autoproclamado Obispa de la Siesta. Sus seguidores son legión en tiempos de pandemia, al grito de “No a la cultura del trajín”, que aconseja el sabático digital y la sabrosa siesta hispana. Capitalismo y supremacismo blanco, afirma la Obispo de la Siesta, son los responsables de los males que sufre la sociedad al sacralizar el trabajo hasta la extenuación, en una insensata lucha contra el reloj.

 

 

 

Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...