sábado, 30 de abril de 2022

LA POESIA DEL ESTADO LARA EN VENEZUELA DE COMIENZOS DEL SIGLO XX: ROBERTO MONTESINOS BAUDELERIANO

A la memoria del profesor Obed Méndez,

 quien animó este ensayo.


En 1951 escribió uno de nuestros pocos críticos literarios del interior de Venezuela, el señor Hermann Garmendia, lo que llamó Mapa de una Poesía, un ensayo introductorio que pudo ser más meduloso y extenso, sobre los poetas larenses de los siglos XIX y XX. Afincándose en los críticos de la capital, Luis Correa, entre ellos, califica a nuestros liricos de la provincia como unos inacabados. Más adelante Garmendia los denomina expresión de su ámbito telúrico, mariposas sentimentales, románticos poetas en tono menor, que emplean el romanticismo como una puerta de evasión, casi vírgenes de influencias extranjeras. Ellos son, en orden cronológico: Simón A. Escovar, Gelasio Rivero, Hilario Luna y Luna, Ezequiel Bujanda, los hermanos Bracho de Carora, los cuales adquirieron una cultura fundamental de cepa humanística con aliños de enciclopedismo francés. (La poesía larense, 1951. p. 13).

En otra parte escribe Garmendia, uno de nuestros poquísimos críticos literarios de la provincia, que: Son liricos ocasionales, de vivac, que producían para su ocasión y entorno, no eran ningunos precursores ni innovadores, pues estaban atados a un aislamiento insular, en donde las palpitaciones de la cultura llegaban con sensible retraso, en un tiempo en que las comunicaciones son difíciles, agrega, la difusión de la cultura es lenta:“Si aparecen como marginados en relación con las corrientes literarias de su tiempo -con las más adelantadas-ello tuvo su causa en circunstancias sociológicas bastante conocidas.  (Idem, p.14).

Pero bien pronto hubo de producirse un cambio bastante radical en la sensibilidad de nuestros poetas larenses. Así precisará Garmendia que:

Con Roberto Montesinos se hace un alto, para oír una voz nueva, para sentir un aire poético renovado. Cuando Roberto Montesinos publica “La Lámpara Enigmática” -con prólogo de Lisandro Alvarado- una luz honda, de extracción francesa, nutrida de alucinante sustancia poética, hace brusca irrupción proyectando una luz firme en el panorama de nuestra literatura nacional (subrayado nuestro). No se trata de un poeta silvestre, del hombre de la improvisación en el corrillo, sino de un gran señor de las letras, lleno de los más enciclopédicos conocimientos, de un ágil cultura, de naturaleza mercurial, que se desplaza y se mete, como agua por entre las baldosas, por las más variadas parcelas del saber, haciendo su brusca y espontánea aparición a propósito de cualquier tema.

Son pues nuestros modernistas tardíos: Roberto Montesinos, Pío Tamayo los hermanos Losada, quienes al decir de Garmendia: “alcanzan su madurez cuando ya el modernismo de Darío despedía las últimas palomas de su palomar sonoro”. Estos bardos viven en una sociedad muy tradicional, fuertemente estamental y jerárquica como El Tocuyo, poblado colonial fundado en 1545, llamada la Ciudad Madre de Venezuela. Atados a un entorno de sembradíos de caña de azúcar, arquitectura barroca y una mentalidad atada al catolicismo más tradicional de conventos y lecciones de latín, producen sin embargo una literatura radicalmente opuesta a todo lo que desde siglos coloniales se había escrito allí.

Los modernistas tocuyanos -los hermanos Hedilio y Alcides Losada, Pío Tamayo, Ernesto Nordohof, Rafael Guédez, Rafael Elías Rodríguez, y el propio Montesinos -fundarán La Quincena Literaria, que apareció entre 1925 y 1929, animarán el estudio del marxismo en un círculo de iniciados llamado El Tonel de Diógenes, fundado precisamente cuando al otro lado del orbe nacía la Gran Revolución de Octubre de 1917, como la aurora de los nuevos tiempos.

El marxismo de inspiración soviética, la lucha contra el latifundismo y el régimen de J. V. Gómez que ha creado un ambiente de opresión y penuria espiritual los empujará a la acción política, y de tal manera irán a dar con sus huesos a las ergástulas del gomecismo los poetas Hedilio Losada y Pío Tamayo. Allí conseguirán la muerte a muy temprana edad. Son, en este sentido, “los raros” de lo profundo de la provincia venezolana. Guardan, pues, un asombroso parecido a los raros de los cuales había escrito años atrás Rubén Darío en 1896, y en particular al poeta cubano José Martí, muerto en combate por la libertad de su patria.

El 1925 va a ser una fecha muy especial para los efectos de nuestro ensayo histórico-literario, pues resulta una paradoja que en este preciso año aparecerán publicados dos libros contrapuestos. “Ya sabemos, dice Octavio Paz, que las relaciones realmente significativas no son las relaciones de afinidad sino las de oposición.” Tales obras son: Historia Crítica del Modernismo en la Literatura Castellana de Rafael Domingo Silva Uzcátegui publicado en Barcelona, España, en tanto que en Caracas, Venezuela, será impresa La Lámpara Enigmática, del poeta tocuyano, y larense como Silva Uzcátegui, profesor Roberto Montesinos (1887-1956), llamado significativamente “el poeta maldito.”

La Lámpara Enigmática produce un abrupto corte en la sensibilidad poética larense y venezolana. Y lo hace en un momento desolador para la cultura venezolana, “ambiente de opresión y penuria espiritual”, dirá Mariano Picón Salas. El solo hecho de haber sido prologado este poemario por el sabio Lisandro Alvarado, un historiador que convierte a la Psiquiatría en Ciencia auxiliar de la Historia y masón confeso, le da un relieve pocas veces visto a tan significativo poemario. Es Montesinos una suerte de Baudelaire del semiárido venezolano que asombró a sus lectores con un lenguaje agresivamente renovador.

Solo su título provocador insufla sentimientos encontrados y hasta opuestos. Una lámpara es sinónimo de luz y entendimiento. Es un instrumento que desbroza el camino de la episteme. Es el símbolo de la racionalidad moderna. Pero una lámpara enigmática parecerá un contrasentido notorio. Es una lámpara oscura. Con ello pareciera entroncar el poemario de Montesinos con la tradición esotérica hermética, alquímica y teosófica de finales del siglo XIX, presente en la cábala, el tarot y una astrología de trasfondo pitagórico en personajes como Madame Blavastky y el escritor modernista español Ramón del Valle Inclán y su libro La Lámpara Maravillosa. Ejercicios Espirituales. Es una clarísima reacción contra la filosofía positivista escéptica y fuertemente antimetafísica.

Del poemario del escritor tocuyano hemos tomado Los Poemas Malditos. Invitación. (Introducción a los Poemas Malditos), los que encontramos, dice Mariano Picón Salas, ingenuamente satánicos, donde menciona prostitutas, manicomios, medianoches, hostias negras, el cadáver de algún judío ladrón, el Gran Macho cabrío:

 

 “Yo amo la profunda hora de medianoche,

Cuando el Bajísimo hace su saturnal derroche

De pavorosas cosas.

Entonces los truhanes Salen de sus covachas,

lo mismo que los canes,

Y con llaves falsas,

en las calles oscuras,

Sin meter ruido abren honradas cerraduras”.

 

Y en otro tenebroso lugar del largo poema dirá el bardo tocuyano:

 

De la absurda hostia negra la maligna receta.

Las brujas la preparan con uñas recortadas

De rígido cadáver de algún judío ladrón.

 

 

Es pues clara la influencia de Baudelaire, poeta maldito, quien en Las flores del mal escribe:

Durante una noche junto a una horrible judía,

Como cadáver tendido,

Pensaba al lado de aquel cuerpo vendido,

En esta triste

Belleza de la cual mi deseo se priva.

 

Silva Uzcátegui no conoció estos poemas de Roberto Montesinos y jamás los hubiera calificado como producto de una mente sana, pues algún mal en el cerebro habría de haber afectado la sensibilidad del poeta tocuyano quien es su paisano larense y venezolano. Mencionar tumbas malditas, antros de vicio, plumas de búho quemadas, aquelarres, palacios trágicos donde viven los locos, las huellas del Enemigo Malo, el Infierno, significan inevitablemente que “es una literatura que no es sana, ni equilibrada, ni robusta; es enfermiza, desequilibrada i afeminada; es anormal, psiquiátrica, erotómana, falsamente mística, que junta lo más sagrado con lo más lascivo…inmoral i determinista.”

Seguramente Silva Uzcátegui conoció la producción lírica del poeta tocuyano tiempo después cuando en su ancianidad visitaba las librerías del centro de Caracas, ciudad a la que se mudó en la década de 1940. Hoy Roberto Montesinos figura como uno de nuestros más importantes líricos de todos los tiempos, muy a pesar de Silva Uzcátegui y Max Nordau, quienes lo hubiesen calificado prontamente de “degenerado”.

 

Pero no se crea que ambos escritores larenses estaban al tanto de lo que sucedía por aquellos años en Europa. No. Ambos estaban visiblemente retrasados frente a lo que en el arte y la literatura acontecía en Francia, Inglaterra, Alemania e Italia. Y es que ha sido una constante de Hispanoamérica no coincidir o estar a tono con la modernidad. Silva Uzcátegui es un “epígono tardío” de Max Nordau, un hombre del siglo XIX y quien moriría decepcionado del mundo en París en 1926. Y es que nuestro escritor larense optó por el pasado al plegarse servilmente al concepto psiquiátrico de “degenerados” de Nordau y Lombroso, y lo hizo de esa manera puesto que una verdadera crítica literaria no existe en Hispanoamérica. Ello se deberá a que carecemos de movimientos intelectuales originales, tal como ha sostenido Octavio Paz.

La lámpara enigmática, por su parte, se publicó cuando las vanguardias artísticas y literarias más notables del siglo XX hacían su espectacular aparición o eran ya cuestión del pasado. El cubismo y el expresionismo alemán lo hicieron en 1905, el dadaísmo en 1916, los poetas ultraístas en 1919, y el surrealismo de Breton y sus secuaces un año antes de la publicación del poemario de Montesinos, esto es, en 1924.Destaquemos las gigantes figuras literarias de la novela a de aquel entonces: A la búsqueda del tiempo perdido de Proust aparecerá justo al finalizar la Gran Guerra, o sea en 1918, las veinticuatro horas del Ulises, del irlandés James Joyce en 1922, y la novela de Kafka sobre un hombre sin apellido, El proceso, será publicada en 1925. A la par de ello se produjeron dos enormes y significativos hechos históricos que tuvieron resonancia planetaria: la Primera Guerra mundial y la Revolución Bolchevique de 1917, y a todo ello debemos agregar que los “camisas negras” del fascismo habían tomado el poder en la Italia de 1923.

Y en España son los años de ascensión de la fructífera Generación del 20, conectada a su vez con los grandes poetas latinoamericanos, en especial, César Vallejo, Pablo Neruda, y Vicente Huidobro, el fundador del movimiento creacionista. Y los años del oscuro trabajo poético del judío Fernando Pessoa, cuya poliforme personalidad enriquecerá y trasformará la literatura de habla portuguesa.

 

De modo pues que a Silva Uzcátegui y a su paisano Roberto Montesinos se les vino encima todo un mundo de espectaculares y delirantes movimientos literarios y artísticos de la vanguardia del siglo XX. Solo que el autor de La Lámpara Enigmática habría de haberlos disfrutado a plenitud y con gozo hasta su apacible muerte en 1956 en su Tocuyo natal, ciudad a la que bautizó “Ciudad de los Lagos Verdes”.

Estas “modas patológicas del arte” seguramente fueron el suplicio y tormento de Silva Uzcátegui hasta el final de sus días en la trepidante ciudad de Caracas de 1980. Sería sumamente interesante saber qué pensaba en su vejez el escritor curarigüeño de la poesía de Louis Aragón, la pintura de Dalí y el cine de Buñuel, artistas sumamente influenciados por los descubrimientos de las teorías del psicoanálisis freudiano a las que tanto rechazó, tal como hemos dicho más atrás.

Este pensamiento, en extremo conservador del venezolano le hará citar a personajes como el Doctor J. R. Ayala, quien en su Discurso sobre el modernismo, Caracas, Venezuela, 1923, escribe:

La historia no nos dejará mentir: el filosofismo engendra la revolución, la revolución produce la anarquía, la anarquía es la ruina del ideal. La revolución destrona toda autoridad; la anarquía entroniza la oclocracia; la ruina del ideal es la negación del arte. La autoridad destronada cae bajo la cuchilla del verdugo como el último de los Estuardos, Luis XVI y Nicolás II; la sociedad anarquizada se devora a sí misma como la Convención Francesa i el Bolsevismo (sic) Ruso; el arte sin ideal se niega a sí propio: por eso la literatura modernista culmina en el cubismo i en el incomparable dadaísmo.

El modernismo como corriente literaria comenzó a ser atacado muy tempranamente, en un proceso de negativización, pues algunos autores sostienen, Richard Cardwell entre ellos, que la invención de la generación del 98 en España fue un intento temprano de neutralizarlo. Amelina Correa Ramón nos dice que el escritor sevillano Manuel Machado, escribió en 1913 que:

La palabra Modernismo, que hoy denomina vagamente la última etapa de nuestra literatura, era entonces un dicterio complejo de toda clase de desprecios (…) más dura fue la lucha con los escritores, críticos y literatos que ocupaban por entonces las cumbres del parnaso español.

Los escritores españoles hacían burlas y rechiflas de la corriente modernista que venía de América y de Francia, usando para ello las páginas de los diarios Madrid Cómico, Gedeón y La Gran Vía.

Resulta curioso constatar que en exterior se ha escrito con mucha más frecuencia de Silva Uzcátegui que en su país natal, Venezuela. Bien pudieron hacerlo, por ejemplo, los críticos literarios larenses, sus paisanos y que de seguro conocieron sus escritos, Luis Beltrán Guerrero y Pascual Venegas Filardo quienes durante muchos años redactaron para el diario El Universal de Caracas sus crónicas sobre literatura. En otros países hemos hallado referencias muy críticas y otras no tanto a La historia crítica del modernismo en la Literatura Castellana, tales como las de Guillermo Díaz-Plaja, en 1951, Raimundo Lida, en 1967, Guillermo Carnero, en1987, Richard Cardwell, en 1996, y la propia Amelina Correa Ramón en 2002.

El británico Richard Cardwell nos dice que ha sido una manipulación ideológica en donde el modernismo queda claramente invalidado:

 

El discurso privilegia lo nacional, lo patriótico, lo español, (especialmente lo castellano) frente a lo cosmopolita, lo parisino, lo europeo. Establece un sistema de binarios: normal/anormal, sano/enfermizo/; altruista/egoísta; atento al destino nacional / alienado y escapista; masculino/femenino y, al fin y al cabo, auténticamente español/auténticamente afrancesado.

De tal modo del poeta castellano Gabriel y Galán, quien se aparta del modernismo, defienden la tradición, el dogma católico y la vida campesina, dirá el escritor larense que:

No hubo menester Gabriel y Galán ir a beber inspiración en las fuentes corrompidas i malsana de un Baudelaire o de un Verlaine. Despreció eso; lo consideró digno de los cucos i de los loritos reales. I sin embargo, dificilillo es encontrar en todo el repertorio modernista algo que por la armonía, la espontaneidad, el sentimiento i la maestría de los versos que a Gabriel i Galán le inspiran los campos de Castilla i el amor de los suyos.

De la manera parecida a como emplea el positivismo y el darwinismo decimonónico para caracterizar a la sociedad larense como un organismo vivo, Silva Uzcátegui compara los movimientos literarios con las distintas etapas por las cuales transita un ser vivo: la mocedad suelta i bulliciosa (del romanticismo); la madurez de la sentada edad (del realismo); i la caducidad pueril de la vejez (el modernismo).

El ya mencionado Cardwell nos dice también que el escritor venezolano emplea discursos ajenos a lo estrictamente literario y se deja llevar por otros tales como el discurso religioso: los modernistas se refugian en diversas sectas abiertamente paganas. El discurso patriótico: tendencia al escapismo de los modernistas que para nada les ocupa lo nacional. Insensibilidad ante la lengua castellana y sus tesoros. Discurso social: los modernistas no escriben para las muchedumbres (como lo hizo Gabriel y Galán), sino para una minoría compuesta de refinados. Discurso moral: los modernistas son viciosos y degenerados que han dado que  hacer a la policía y a los tribunales. Discurso sexual: el arte modernista es afeminado y decadente. Discurso de la naturaleza: los modernistas prefieren lo artificial y aborrecen lo natural, como Baudelaire. Discurso médico psicológico: que es el más predominante en la escritura silvauzcateguiana cuando elabora una crítica literaria fundamentado en la criminalística italiana de Lombroso, y en forma extrema en las ideas de “degeneración” del médico húngaro Max Nordau, publicada en alemán en 1892, como hemos visto. La obra de este médico húngaro y sionista fue traducida rápidamente a la lengua castellana, y ya para 1902 circulaba ampliamente entre los lectores peninsulares. De tal modo Silva Uzcátegui será su epígono tardío, pues glosó al médico húngaro Max Nordau después de 33 largos años de publicado su polémica obra Degenerados. 

 

 

domingo, 17 de abril de 2022

Precursores


Pese a la creencia de la página en blanco,

siempre escribimos sobre lo escrito.

Michael de Certeau, 1996
 

Introducción

En Venezuela, mi país, la palabra precursor tiene un sentido patriótico y libertario. Se emplea para adjetivar al “blanco de orilla” Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez (Caracas, 1750-Cádiz, 1814) a quien se le tilda Precursor de la Independencia continental y suramericana. Es una palabra que resuena en los oídos de niños y adultos suramericanos. Sin Miranda precursor no habrá Bolívar ni independencia suramericana.

Otro insigne precursor venezolano, que ha sido considerado el más completo intelectual hispanoamericano del siglo XIX, el caraqueño Andrés Bello (1781-1865) a quien se le considera un pionero, un anunciador de la lingüística que fundaría años después de su muerte el suizo Ferdinand de Saussure. Si Bello hubiese sido escocés o francés, su nombre figuraría en las historias de las filosofías universal, como uno más, en pie de igualdad con los de Dugal Steward y de Brown, de Royer Collard y de Iouffroy, sino incluso con los de Reid y de Cousin. Es preciso, dice el filósofo francés Alan Guy, reparar esta injusticia y acordarle al filósofo venezolano-chileno el rango eminente que se le debe.

El respetado y famoso Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a los precursores como aquellas personas que inician o introducen ideas o teorías que se desarrollaran en el tiempo futuro. Pionero es otro de los sinónimos de esta palabra que deriva del latín praecursorem: el que va adelante. Parece ser que deriva del uso que se le daba a la palabra en las tropas del ejército, en razón de que Roma fue un imperio militarista. De allí deriva también avanzada, un grupo de soldados que se adelanta.  Por ello se dice que un precursor es un avanzado, un adelantado en las ideas. La derivación castrense del termino es evidente.

En todas las actividades humanas y en todas las culturas existen precursores y no creo que ninguna está ausente de ellos. Existen precursores fortuitos, que al descubrir algo de manera dictada por el azar se constituyen en precursores absolutos.

Hay lo que he llamado precursores secundarios, es decir de aquellos que toman ideas de otras personas, las enlazan y de esta manera se convierten en precursores o pioneros. Los griegos antiguos son precursores de una gigantesca novedad, el pensamiento racional, lo que indica que existen pioneros colectivos. Pero los griegos tomaron muchas ideas de los antiguos imperios de la antigüedad, Egipto y Mesopotamia. Pensamiento racional hubo -cosa poco admitida- en la milenaria cultura de la India.

La seripindia.

 Los precursores absolutos son víctimas de la seripindia, fenómeno epistemológico del cual Umberto Eco ha escrito delicias en A paso de cangrejo, 2006.  La casualidad y la fortuna guiaron a Alexander Fleming descubrir la penicilina de manera accidental al dejar una ventana abierta de su laboratorio por donde entra el hongo penicilium, y al español Francis Mojica, que es el pionero de la “edición genética” o CRISPR, descubrimiento sensacional por el cual ha debido otorgársele el Premio Nobel de Medicina en 2020.

Albert Einstein, ¡quién iba a creer!, tuvo sus precursores que pocos recuerdan: el filósofo austriaco Ernest Mach (1838-1916), el matemático francés Henry Poincaré (1854-1912). Mach afirma que el tiempo no es más que una creación humana, y Poincaré escribe en 1902 que rechaza la noción de tiempo y espacio absolutos.

Precursores celestes 

El astrónomo inglés Isaac Newton siempre decía que sus logros se debieron a que se montó sobre hombros de gigantes. El astrónomo germano Johan Kepler fue uno de ellos. La ley de la gravedad está casi como en ciernes en la enredada prosa barroca de su libro Astronomía nova, 1609  que Newton completará en 1687 al publicar Filosofía Natural Principia Matemática.

Y ahora que hablamos de este astrónomo tudesco, no debemos olvidar que Kepler es precursor de la literatura de ciencia ficción que hogaño cautiva y hace de las delicias de niños y adultos. El sueño o astronomía de la Luna, su novela concisa de corte fantástico se publica en 1608. Kepler es entonces un doble precursor: de la teoría de la gravitación universal y de la literatura de anticipación. Escritores de este género tan popular como Julio Verne, H. G Wells, Isaac Asimov y Arthur Clarke, así como filmes 2001 Odisea del espacio y la muy famosa Blade Runner son como una continuación de lo que en forma pionera inicia el astrónomo Kepler hace cuatro largas centurias.

Precursores de la revolución industrial

Hay pueblos que se creen precursores absolutos. Los ingleses se llenan la boca cuando se refieren a su revolución industrial en el siglo XVIII. El sociólogo estadounidense Lewis Mumford (Técnica y civilización, 1934) lo desmiente categóricamente: la revolución industrial se prepara cuando menos siete siglos antes, esto es, el siglo X de nuestra era con la invención del molino de agua, el reloj mecánico, la pólvora y el papel. En 1100 se abre la primera institución de educación universitaria en la ciudad italiana de Bolonia. Sin tales antecedentes la revolución industrial inglesa no hubiese sido posible. La arrogancia de la Pérfida Albión, que se expresa de manera palmaria en el reciente proceso del Brexit, debería tomar estos precedentes continentales en cuenta y ser, en consecuencia, más humildes y modestos.

El científico y sinólogo inglés Joseph Needham (1900-1995) sostiene que cuatro inventos chinos hicieron posible el descubrimiento de América y la revolución industrial en Europa: brújula, papel, imprenta y pólvora. Leamos de este bioquímico británico su inmensa obra Ciencia y civilización en China, 1954. Quedaremos asombrados.

Precursor de la sociedad de la información

El gran precursor de los medios de comunicación, un visionario de la sociedad de la información, ha sido a no dudar el filósofo y profesor de literatura canadiense Herbert Marshall McLuhan (1911-1980) quien acuña un término que tendrá enorme repercusión: “aldea global”. Eran sus libros de lectura obligada en mis años universitarios merideños. Con ironía entonces se decía que Mc Luhan había escrito un libro para vaticinar el final de los libros impresos. La galaxia Gutenberg fue uno de ellos, obra que pude adquirir con mi beca de 400 bolívares mensuales otorgada por la Universidad de Los Andes. Las comunidades virtuales, un nuevo tribalismo que profetizó hace casi medio siglo, hogaño son una firme realidad: Wasap, Faceboock, Twitter, Instagram, You Tube y Google. La Nueva Jerusalén está hogaño en Silicón Valley, California. Los seres humanos somos animales que eventualmente podemos ser hackeados, dice el israelí Yubal Harari.

La linterna mágica fue un invento de la edad barroca que salió de la fértil y desbordada imaginación del sacerdote jesuita alemán del siglo XVII Atanasio Kircher, artilugio al que se le considera hogaño precursora del cinematógrafo de Tomas Alba Edison. En Nueva España colonial, la linterna mágica tuvo un admirador en la religiosa sor Juana Inés de la Cruz, cumbre de nuestras letras. Precursora de la linterna mágica de Kircher serán las sombras chinas y hasta se cree que inspira a Platón a elaborar su archiconocido Mito de la Caverna.

En la Edad Media el filósofo Roger Bacon construye curiosos objetos para hacer magia con las sombras. En el Hospital de Salpetrié de París el doctor Charcot los empleaba como primitivos video beam para tratar casos de histeria, los que llamaron poderosamente la atención de un avispado joven médico judío allí presente: Seguismund Freud.

Precursores literarios

En literatura los precursores han creado una polémica casi inagotable, una disputa sin pausa. El gran Jorge Luis Borges sostuvo una vez que “El hecho es que cada escritor crea sus precursores”, Kafka los tiene en la célebre paradoja de Zenón contra el movimiento, así como en las parábolas religiosas del danés Sören Kierkergaard. Y no se queda atrás el recientemente fallecido crítico Harold Bloom, quien en El canon occidental (1994) nos habla de las “angustias de las influencias”: hay una ambigüedad de todo creador frente a sus precursores. Este judío estadounidense se atreve afirmar que el psicoanálisis lo creó Seguismund Freud luego de leer las obras teatrales de William Shakespeare escritas cuatro siglos antes.

El mexicano Octavio Paz escribe (In/Mediaciones,1979) que la literatura de Occidente es un tejido de relaciones, todos los grandes movimientos literarios han sido la consecuencia -a veces la réplica- de otras obras: Reiteración y metamorfosis. Corneille leyó con provecho a Juan Ruiz de Alarcón y Shakespeare a Montaigne.  En otro lugar dice el mexicano que “Sin Kant tal vez Coleridge no habría escrito sus reflexiones sobre la imaginación poética; sin Saussure y Jakobson no tendríamos hoy la nueva crítica”. Cada escritor elije su precursor o precursores, como ha dicho Jorge Luis Borges, uno de nuestros más lúcidos críticos literarios latinoamericanos en su conocida obra Kafka y sus precursores. Otras inquisiciones.

Tirante el Blanco, una novela de caballería de 1490, Gustave Flaubert, William Faulkner, son algunos de los indiscutidos precursores del peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010. Él no lo niega. Lo reconoce abiertamente en su ensayo La orgía perpetua de Madame Bovary, pequeña gran obra que he degustado con enorme placer a pesar de la gran cantidad de citas en francés, lengua que no manejo bien. Ojalá que en ediciones por venir se le ocurra al ahora hispano-peruano y esposo de Isabel Preysler, hacer las consiguientes traducciones de tan numerosas citas francesas al castellano.

Precursores pictóricos

El cubismo es el gran acontecimiento artístico de principios del siglo pasado. Se da inicio al exponer Pablo Picasso un polémico óleo titulado Las señoritas de Avignon en 1907, una verdadera revolución pictórica que acabó con la tradición visual que venía desde el Renacimiento. Sin embargo el pintor malagüeño, como Einstein, tuvo sus precursores. Ellos son las negroides figuras africanas, las figuras humanas que rompen al canon de belleza de Policleto que se observa en los personajes de El Greco; pero la influencia más notable en Picasso será la del pintor francés Paul Cézanne (1839-1906). “Fue mi único Maestro”, solía decir Picasso. Como sabemos, el pintor francés no emplea la perspectiva visual de Occidente y trataba de reducir los objetos a tres figuras geométricas: la esfera, el cono y el cubo. Este solitario y retraído pintor es, en consecuencia, el verdadero precursor del cubismo y del arte moderno del siglo que nos deja atrás.

Y como hemos hablado del Renacimiento pictórico de los siglos XV y XVI, debemos recordar que este extraordinario movimiento artístico que no sé por qué aún no se ha repetido, encuentra entre sus precursores al pintor florentino Cimabue (1240-1302), sin Cimabue no habrá Giotto ni Massaccio ni Donatellos. Es un portentoso cambio de mentalidad que inicia el Cimabue, lo que E. H. Gombrich llama “La conquista de la realidad.”

Precursores en ciencias sociales

Notable precursor de la sociología clásica ha sido Alexis de Tocqueville (1805-1859) autor de La democracia en América. Con Saint Simon (1760-1825), este pensador francés echó las bases de lo que luego Augusto Comte (1798-1857) nombrará como sociología, una física social. Se ha acusado a Comte de haber plagiado con desfachatez las ideas de Saint Simon, pues fue su amanuense durante varios años. Saint Simon fue uno de los primeros en llegar a pensar, en oposición a la metafísica de su tiempo, que la sociedad se podía estudiar de manera científica, aplicando para tal propósito los mismos métodos de las ciencias naturales: una fisiología social. Hogaño estas ideas han sido acusadas deterministas en extremo.

 

Precursor lejanísimo de la sociología decimonónica ha sido considerado el filósofo e historiador, antropólogo de la cultura islámica Ibn Jaldún (Túnez, 1332- El Cairo,1406). Según este notable pensador de origen andalús español, existe un conflicto entre el desierto y la ciudad. El hombre del desierto pierde su ímpetu y arrojo al conquistar la ciudad, un ciclo que se repite de manera incesante.  Es el precursor de la sociología histórica y de la ciencia de la sociedad, por él llamada Ilm al-iytimaa. Creó también un interesantísimo precedente en filosofía de la historia. Juan Martos Quesada afirma que Jaldún ha creado una historia social que cinco siglos más tarde propusieron los Annales de Bloch, Fevbre y Braudel. Es Jaldún lo que he llamado un precursor absoluto, pues todo parece sacado de su fondo personal, sin maestro o escuela que le precediera. Algunos autores afirman que la historia que cultiva Jaldun es una historia social como la que cinco siglos después construirá la escuela Annalista de Bloch, Febvre y Braudel. La colosal obra de Fernand  Braudel sobre el Mediterráneo, se nutre de muchas observaciones comparativas hechas por el sabio magrebí sobre los modos de vida de las poblaciones aledañas y alejadas del Mare Nostrum.

Precursor aeronáutico

Ahora que estamos en la civilización árabe y musulmana, de la cual Occidente tiene una enorme deuda que muchas veces no reconoce, me viene a la memoria otro precursor y pionero de la aviación, el sabio andalús Ibn Firnas, quien logra vencer la gravedad por algunos segundos piloteando él mismo un planeador en el año 857 d.C. lanzándose desde un minarete en las afueras de Córdoba, España. Esta proeza se realiza mucho antes de que Leonardo Da Vinci proyectara su aeroplano y su helicóptero, artefactos que no llegan a despegar del suelo. Y como si fuera poco, Firnas logra amortiguar su caída gracias a que inventa un antecedente de lo que hogaño llamamos paracaídas.

Precursores en geopolítica.

¿Conocen ustedes a Igor Panarin? Mientras redacto estas líneas se produce un hecho verdaderamente insólito y preocupante: los partidarios del presidente Donald Trump asaltan el parlamento en Washington el 6 de enero de 2021 para impedir el nombramiento formal de Joe Biden como nuevo presidente de los Estados Unidos. Este catedrático ruso advirtió hace dos décadas el quiebre del orden constitucional en este país que, además, tiene una moneda que no tiene valor alguno y que sufre de una aguda crisis económica. En 1998 habló Panarin de la posibilidad de una guerra civil que conducirá al desmoronamiento del gigante del norte y la conformación de seis estados independientes. La tesis Igor Panarin me hace recordar la de “choque de civilizaciones” del profesor Samuel Huntington, lanzada al mundo en 1993 y que se vio como corroborada tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en New York y otros sitios de Estados Unidos: el Islam enfrentado al Cristianismo.

Precursor de Chávez

El presidente de Venezuela, hasta su deceso en 2013, teniente coronel Hugo Chávez Frías, tiene como precursor al militar africano Thomas Sankara, asesinado en 1987, quien en su país, Alto Volta, nación a la que rebautiza como Burkina Faso, gobierna desde 1984 y comienza una serie de reformas como la nacionalización de tierras, rompe con el FMI, inicia una campaña nacional de alfabetización, vacunó a tres millones de niños, acomete un ambicioso plan ferrocarrilero y de carreteras, siembra 10 millones de árboles, prohíbe la mutilación genital de niñas, vende la flota de Mercedes Benz del gobierno, desafía el neoliberalismo y al colonialismo francés. Como si fuera poco, estaba dotado Sankara de un extraordinario icónico carisma como el que acompaña al muchacho venezolano de Sabaneta.

De este modo concluimos, por los momentos, una fértil línea de investigación que parece casi inagotable.

 Continuará.

Referencias.

Bloom, Harold. El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas. Editorial Anagrama. Barcelona, 2006. 585 págs.

Eco, Umberto. A paso de cangrejo.  Debate.  Editorial Melvin C.A. Caracas, 2006. 389 págs.

Gombrich, Ernst Hans. Historia del arte.  Ediciones Garriga S.A. Barcelona, 1975. 532 págs.

González Uresti, Luz Araceli, Zeraoui, Zidane. Ibm Jaldún: Precursor de la sociología histórica. Revista de Relaciones Internacionales. Universidad de Costa Rica, número 91.1. Enero-junio 2018- Págs. 1 a 24.

Guy, Alan.  Panorama de la filosofía Iberoamericana: Desde el siglo XVI hasta nuestros días. Universidad Católica Cecilio Acosta. Maracaibo, Venezuela, 2002. 281 págs.

McLuhan, Marshall. La Galaxia Gutenberg. Editorial Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2004. 1380 págs.

Mumford, Lewis. Técnica y civilización. Alianza Editorial. Madrid, 1971. 522 págs.

Paz, Octavio. In/mediaciones. Seix Barral Biblioteca Breve. Barcelona, 1990.  265 págs.

Vargas Llosa, Mario. La orgía perpetua de Madame Bovary. Editorial Brugera S.A. Barcelona, España, 1975. 277 págs.  

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

lunes, 11 de abril de 2022

La tercera herida narcisista


Los humanos hemos sido siempre narcisistas, y más aún esta parte de la humanidad que se autodenomina arrogantemente occidental cristiana. El mito griego de Narciso se ha apropiado profundamente de la psiquis de europeos y americanos: Nos amamos demasiado a nosotros mismos. Nos hemos ahogado en muchas oportunidades, como Narciso al tratar de besarse en el espejo del agua. Se trata entonces de una conducta que colinda con la patología. ¿Será acaso nuestro narcisismo colectivo síntoma de nuestra baja autoestima oculta tras máscara arrogante?

I

Occidente ha sufrido de tres descomunales heridas narcisistas, ocasionadas por el mismo Occidente. Existen otras lastimadas, pero ocupémonos acá de las tres de las más importantes. La primera la ocasiona un oscuro monje polaco llamado Nicolás Copérnico, un astrónomo de tiempos renacentistas que se atreve afirmar que la Tierra, nuestro hábitat, no es el centro del Universo. Con esta afirmación tan grave e inmensa le estaba restando enorme autoridad a la Iglesia Católica y a los textos sagrados. Ocasiona Nicolás Copérnico una afrenta de naturaleza cosmológica, que más tarde será responsable de la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, defensor de las ideas del polaco. Copérnico que sabía de tales peligros abroquelados en la ortodoxia religiosa, muere sin ver publicado su De revolutionibus orbium coelestium, 1543. El sistema cosmológico de Ptolomeo, que la Iglesia admitía y defendía, llega su estruendoso final sin pena ni gloria. Ni la Inquisición ni el Índex lograrán detener tan portentosas ideas.

II

La segunda herida al recurrente narcisismo occidental, tan o más mortal que la anterior, la produce un hijo de la Pérfida Albión en el siglo XIX, Charles Darwin. Su consorte, Emma Wedgood, profundamente religiosa, le rogaba a su empeñoso primo y marido no publicara el resultado de sus investigaciones, que comenzaron con el viaje en el Beagle a la Patagonia y a las remotas islas Galápagos ecuatorianas. Este enfermo crónico, religioso arrepentido, poseedor de un extremo pensamiento analítico que era Darwin, estremece a la humanidad en 1859 al publicar El origen de las especies, publicación apresurada, sí, puesto que un tal Alfred Russel Wallace estaba llegando a parecidas conclusiones que él.

Estas revolucionarias ideas las trae a Venezuela el alemán Adolf Ernst en 1863, quien las inocula a la Universidad de Caracas, donde la juventud deseosa de conocer la filosofía positiva, se apiñaba a escucharle. Darwin, que evitaba hablar de religión, mereció entonces acre respuesta de la Iglesia Católica en Venezuela. Como dato muy curioso, fue un clérigo, John Henslow, quien anima al joven Darwin embarcarse en el Beagle, nave a vela que lo conducirá a la inmortalidad.  

III

Y tenía que ser un hebreo el ocasionador de la tercera herida narcisista que recibe y sufre Occidente: el médico vienés Seguismund Freud, tan escéptico como el barbudo coleccionista de coleópteros británico. Sin basarse en el método científico, al que conoce, crea Freud uno de los atolladeros epistémicos más grandes de la centuria que queda atrás. Una enfermedad intelectual del siglo XX, diría Octavio Paz: el psicoanálisis.

El cascarrabias filósofo argentino Mario Bunge se atreve afirmar que el psicoanálisis y otras pseudociencias son dañinos. Pero nadie lo oye, la Argentina se convierte en rehén del diván del psicoanalista, método vicariante que hasta la realeza inglesa solicita del médico judío. Después de Freud los humanos no somos dueños de nuestros actos y decisiones, sino de un etéreo inconsciente, una palabreja que vine de la literatura romántica germana. La diosa Razón del iluminismo se va de vacaciones desde entonces. Triunfa el dios instinto.

Freud morirá en el exilio londinense en 1939, sus persecutores nazis se han adueñado de la nación más culta del continente: la Alemania de Fichte, Kant y Einstein. El insensato mito de raza aria propalado como verdad científica por el fuhrer Adolf Hitler y sus afiebrados y resentidos secuaces, lo persiguen hasta la tumba.

Coda

¿Se acercarán otras heridas narcisistas en el horizonte de sucesos de Occidente? Es lo más seguro. Una de ellas golpea nuestro sentido de certeza y de confianza heredado quizá del lejano Euclides, que se vio abatido por el asombroso Principio de Incertidumbre de la mecánica cuántica del germano Werner Eisenberg en 1927, hace casi una centuria. Cosas veredes.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

   

 

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