domingo, 17 de abril de 2022

Precursores


Pese a la creencia de la página en blanco,

siempre escribimos sobre lo escrito.

Michael de Certeau, 1996
 

Introducción

En Venezuela, mi país, la palabra precursor tiene un sentido patriótico y libertario. Se emplea para adjetivar al “blanco de orilla” Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez (Caracas, 1750-Cádiz, 1814) a quien se le tilda Precursor de la Independencia continental y suramericana. Es una palabra que resuena en los oídos de niños y adultos suramericanos. Sin Miranda precursor no habrá Bolívar ni independencia suramericana.

Otro insigne precursor venezolano, que ha sido considerado el más completo intelectual hispanoamericano del siglo XIX, el caraqueño Andrés Bello (1781-1865) a quien se le considera un pionero, un anunciador de la lingüística que fundaría años después de su muerte el suizo Ferdinand de Saussure. Si Bello hubiese sido escocés o francés, su nombre figuraría en las historias de las filosofías universal, como uno más, en pie de igualdad con los de Dugal Steward y de Brown, de Royer Collard y de Iouffroy, sino incluso con los de Reid y de Cousin. Es preciso, dice el filósofo francés Alan Guy, reparar esta injusticia y acordarle al filósofo venezolano-chileno el rango eminente que se le debe.

El respetado y famoso Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a los precursores como aquellas personas que inician o introducen ideas o teorías que se desarrollaran en el tiempo futuro. Pionero es otro de los sinónimos de esta palabra que deriva del latín praecursorem: el que va adelante. Parece ser que deriva del uso que se le daba a la palabra en las tropas del ejército, en razón de que Roma fue un imperio militarista. De allí deriva también avanzada, un grupo de soldados que se adelanta.  Por ello se dice que un precursor es un avanzado, un adelantado en las ideas. La derivación castrense del termino es evidente.

En todas las actividades humanas y en todas las culturas existen precursores y no creo que ninguna está ausente de ellos. Existen precursores fortuitos, que al descubrir algo de manera dictada por el azar se constituyen en precursores absolutos.

Hay lo que he llamado precursores secundarios, es decir de aquellos que toman ideas de otras personas, las enlazan y de esta manera se convierten en precursores o pioneros. Los griegos antiguos son precursores de una gigantesca novedad, el pensamiento racional, lo que indica que existen pioneros colectivos. Pero los griegos tomaron muchas ideas de los antiguos imperios de la antigüedad, Egipto y Mesopotamia. Pensamiento racional hubo -cosa poco admitida- en la milenaria cultura de la India.

La seripindia.

 Los precursores absolutos son víctimas de la seripindia, fenómeno epistemológico del cual Umberto Eco ha escrito delicias en A paso de cangrejo, 2006.  La casualidad y la fortuna guiaron a Alexander Fleming descubrir la penicilina de manera accidental al dejar una ventana abierta de su laboratorio por donde entra el hongo penicilium, y al español Francis Mojica, que es el pionero de la “edición genética” o CRISPR, descubrimiento sensacional por el cual ha debido otorgársele el Premio Nobel de Medicina en 2020.

Albert Einstein, ¡quién iba a creer!, tuvo sus precursores que pocos recuerdan: el filósofo austriaco Ernest Mach (1838-1916), el matemático francés Henry Poincaré (1854-1912). Mach afirma que el tiempo no es más que una creación humana, y Poincaré escribe en 1902 que rechaza la noción de tiempo y espacio absolutos.

Precursores celestes 

El astrónomo inglés Isaac Newton siempre decía que sus logros se debieron a que se montó sobre hombros de gigantes. El astrónomo germano Johan Kepler fue uno de ellos. La ley de la gravedad está casi como en ciernes en la enredada prosa barroca de su libro Astronomía nova, 1609  que Newton completará en 1687 al publicar Filosofía Natural Principia Matemática.

Y ahora que hablamos de este astrónomo tudesco, no debemos olvidar que Kepler es precursor de la literatura de ciencia ficción que hogaño cautiva y hace de las delicias de niños y adultos. El sueño o astronomía de la Luna, su novela concisa de corte fantástico se publica en 1608. Kepler es entonces un doble precursor: de la teoría de la gravitación universal y de la literatura de anticipación. Escritores de este género tan popular como Julio Verne, H. G Wells, Isaac Asimov y Arthur Clarke, así como filmes 2001 Odisea del espacio y la muy famosa Blade Runner son como una continuación de lo que en forma pionera inicia el astrónomo Kepler hace cuatro largas centurias.

Precursores de la revolución industrial

Hay pueblos que se creen precursores absolutos. Los ingleses se llenan la boca cuando se refieren a su revolución industrial en el siglo XVIII. El sociólogo estadounidense Lewis Mumford (Técnica y civilización, 1934) lo desmiente categóricamente: la revolución industrial se prepara cuando menos siete siglos antes, esto es, el siglo X de nuestra era con la invención del molino de agua, el reloj mecánico, la pólvora y el papel. En 1100 se abre la primera institución de educación universitaria en la ciudad italiana de Bolonia. Sin tales antecedentes la revolución industrial inglesa no hubiese sido posible. La arrogancia de la Pérfida Albión, que se expresa de manera palmaria en el reciente proceso del Brexit, debería tomar estos precedentes continentales en cuenta y ser, en consecuencia, más humildes y modestos.

El científico y sinólogo inglés Joseph Needham (1900-1995) sostiene que cuatro inventos chinos hicieron posible el descubrimiento de América y la revolución industrial en Europa: brújula, papel, imprenta y pólvora. Leamos de este bioquímico británico su inmensa obra Ciencia y civilización en China, 1954. Quedaremos asombrados.

Precursor de la sociedad de la información

El gran precursor de los medios de comunicación, un visionario de la sociedad de la información, ha sido a no dudar el filósofo y profesor de literatura canadiense Herbert Marshall McLuhan (1911-1980) quien acuña un término que tendrá enorme repercusión: “aldea global”. Eran sus libros de lectura obligada en mis años universitarios merideños. Con ironía entonces se decía que Mc Luhan había escrito un libro para vaticinar el final de los libros impresos. La galaxia Gutenberg fue uno de ellos, obra que pude adquirir con mi beca de 400 bolívares mensuales otorgada por la Universidad de Los Andes. Las comunidades virtuales, un nuevo tribalismo que profetizó hace casi medio siglo, hogaño son una firme realidad: Wasap, Faceboock, Twitter, Instagram, You Tube y Google. La Nueva Jerusalén está hogaño en Silicón Valley, California. Los seres humanos somos animales que eventualmente podemos ser hackeados, dice el israelí Yubal Harari.

La linterna mágica fue un invento de la edad barroca que salió de la fértil y desbordada imaginación del sacerdote jesuita alemán del siglo XVII Atanasio Kircher, artilugio al que se le considera hogaño precursora del cinematógrafo de Tomas Alba Edison. En Nueva España colonial, la linterna mágica tuvo un admirador en la religiosa sor Juana Inés de la Cruz, cumbre de nuestras letras. Precursora de la linterna mágica de Kircher serán las sombras chinas y hasta se cree que inspira a Platón a elaborar su archiconocido Mito de la Caverna.

En la Edad Media el filósofo Roger Bacon construye curiosos objetos para hacer magia con las sombras. En el Hospital de Salpetrié de París el doctor Charcot los empleaba como primitivos video beam para tratar casos de histeria, los que llamaron poderosamente la atención de un avispado joven médico judío allí presente: Seguismund Freud.

Precursores literarios

En literatura los precursores han creado una polémica casi inagotable, una disputa sin pausa. El gran Jorge Luis Borges sostuvo una vez que “El hecho es que cada escritor crea sus precursores”, Kafka los tiene en la célebre paradoja de Zenón contra el movimiento, así como en las parábolas religiosas del danés Sören Kierkergaard. Y no se queda atrás el recientemente fallecido crítico Harold Bloom, quien en El canon occidental (1994) nos habla de las “angustias de las influencias”: hay una ambigüedad de todo creador frente a sus precursores. Este judío estadounidense se atreve afirmar que el psicoanálisis lo creó Seguismund Freud luego de leer las obras teatrales de William Shakespeare escritas cuatro siglos antes.

El mexicano Octavio Paz escribe (In/Mediaciones,1979) que la literatura de Occidente es un tejido de relaciones, todos los grandes movimientos literarios han sido la consecuencia -a veces la réplica- de otras obras: Reiteración y metamorfosis. Corneille leyó con provecho a Juan Ruiz de Alarcón y Shakespeare a Montaigne.  En otro lugar dice el mexicano que “Sin Kant tal vez Coleridge no habría escrito sus reflexiones sobre la imaginación poética; sin Saussure y Jakobson no tendríamos hoy la nueva crítica”. Cada escritor elije su precursor o precursores, como ha dicho Jorge Luis Borges, uno de nuestros más lúcidos críticos literarios latinoamericanos en su conocida obra Kafka y sus precursores. Otras inquisiciones.

Tirante el Blanco, una novela de caballería de 1490, Gustave Flaubert, William Faulkner, son algunos de los indiscutidos precursores del peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010. Él no lo niega. Lo reconoce abiertamente en su ensayo La orgía perpetua de Madame Bovary, pequeña gran obra que he degustado con enorme placer a pesar de la gran cantidad de citas en francés, lengua que no manejo bien. Ojalá que en ediciones por venir se le ocurra al ahora hispano-peruano y esposo de Isabel Preysler, hacer las consiguientes traducciones de tan numerosas citas francesas al castellano.

Precursores pictóricos

El cubismo es el gran acontecimiento artístico de principios del siglo pasado. Se da inicio al exponer Pablo Picasso un polémico óleo titulado Las señoritas de Avignon en 1907, una verdadera revolución pictórica que acabó con la tradición visual que venía desde el Renacimiento. Sin embargo el pintor malagüeño, como Einstein, tuvo sus precursores. Ellos son las negroides figuras africanas, las figuras humanas que rompen al canon de belleza de Policleto que se observa en los personajes de El Greco; pero la influencia más notable en Picasso será la del pintor francés Paul Cézanne (1839-1906). “Fue mi único Maestro”, solía decir Picasso. Como sabemos, el pintor francés no emplea la perspectiva visual de Occidente y trataba de reducir los objetos a tres figuras geométricas: la esfera, el cono y el cubo. Este solitario y retraído pintor es, en consecuencia, el verdadero precursor del cubismo y del arte moderno del siglo que nos deja atrás.

Y como hemos hablado del Renacimiento pictórico de los siglos XV y XVI, debemos recordar que este extraordinario movimiento artístico que no sé por qué aún no se ha repetido, encuentra entre sus precursores al pintor florentino Cimabue (1240-1302), sin Cimabue no habrá Giotto ni Massaccio ni Donatellos. Es un portentoso cambio de mentalidad que inicia el Cimabue, lo que E. H. Gombrich llama “La conquista de la realidad.”

Precursores en ciencias sociales

Notable precursor de la sociología clásica ha sido Alexis de Tocqueville (1805-1859) autor de La democracia en América. Con Saint Simon (1760-1825), este pensador francés echó las bases de lo que luego Augusto Comte (1798-1857) nombrará como sociología, una física social. Se ha acusado a Comte de haber plagiado con desfachatez las ideas de Saint Simon, pues fue su amanuense durante varios años. Saint Simon fue uno de los primeros en llegar a pensar, en oposición a la metafísica de su tiempo, que la sociedad se podía estudiar de manera científica, aplicando para tal propósito los mismos métodos de las ciencias naturales: una fisiología social. Hogaño estas ideas han sido acusadas deterministas en extremo.

 

Precursor lejanísimo de la sociología decimonónica ha sido considerado el filósofo e historiador, antropólogo de la cultura islámica Ibn Jaldún (Túnez, 1332- El Cairo,1406). Según este notable pensador de origen andalús español, existe un conflicto entre el desierto y la ciudad. El hombre del desierto pierde su ímpetu y arrojo al conquistar la ciudad, un ciclo que se repite de manera incesante.  Es el precursor de la sociología histórica y de la ciencia de la sociedad, por él llamada Ilm al-iytimaa. Creó también un interesantísimo precedente en filosofía de la historia. Juan Martos Quesada afirma que Jaldún ha creado una historia social que cinco siglos más tarde propusieron los Annales de Bloch, Fevbre y Braudel. Es Jaldún lo que he llamado un precursor absoluto, pues todo parece sacado de su fondo personal, sin maestro o escuela que le precediera. Algunos autores afirman que la historia que cultiva Jaldun es una historia social como la que cinco siglos después construirá la escuela Annalista de Bloch, Febvre y Braudel. La colosal obra de Fernand  Braudel sobre el Mediterráneo, se nutre de muchas observaciones comparativas hechas por el sabio magrebí sobre los modos de vida de las poblaciones aledañas y alejadas del Mare Nostrum.

Precursor aeronáutico

Ahora que estamos en la civilización árabe y musulmana, de la cual Occidente tiene una enorme deuda que muchas veces no reconoce, me viene a la memoria otro precursor y pionero de la aviación, el sabio andalús Ibn Firnas, quien logra vencer la gravedad por algunos segundos piloteando él mismo un planeador en el año 857 d.C. lanzándose desde un minarete en las afueras de Córdoba, España. Esta proeza se realiza mucho antes de que Leonardo Da Vinci proyectara su aeroplano y su helicóptero, artefactos que no llegan a despegar del suelo. Y como si fuera poco, Firnas logra amortiguar su caída gracias a que inventa un antecedente de lo que hogaño llamamos paracaídas.

Precursores en geopolítica.

¿Conocen ustedes a Igor Panarin? Mientras redacto estas líneas se produce un hecho verdaderamente insólito y preocupante: los partidarios del presidente Donald Trump asaltan el parlamento en Washington el 6 de enero de 2021 para impedir el nombramiento formal de Joe Biden como nuevo presidente de los Estados Unidos. Este catedrático ruso advirtió hace dos décadas el quiebre del orden constitucional en este país que, además, tiene una moneda que no tiene valor alguno y que sufre de una aguda crisis económica. En 1998 habló Panarin de la posibilidad de una guerra civil que conducirá al desmoronamiento del gigante del norte y la conformación de seis estados independientes. La tesis Igor Panarin me hace recordar la de “choque de civilizaciones” del profesor Samuel Huntington, lanzada al mundo en 1993 y que se vio como corroborada tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en New York y otros sitios de Estados Unidos: el Islam enfrentado al Cristianismo.

Precursor de Chávez

El presidente de Venezuela, hasta su deceso en 2013, teniente coronel Hugo Chávez Frías, tiene como precursor al militar africano Thomas Sankara, asesinado en 1987, quien en su país, Alto Volta, nación a la que rebautiza como Burkina Faso, gobierna desde 1984 y comienza una serie de reformas como la nacionalización de tierras, rompe con el FMI, inicia una campaña nacional de alfabetización, vacunó a tres millones de niños, acomete un ambicioso plan ferrocarrilero y de carreteras, siembra 10 millones de árboles, prohíbe la mutilación genital de niñas, vende la flota de Mercedes Benz del gobierno, desafía el neoliberalismo y al colonialismo francés. Como si fuera poco, estaba dotado Sankara de un extraordinario icónico carisma como el que acompaña al muchacho venezolano de Sabaneta.

De este modo concluimos, por los momentos, una fértil línea de investigación que parece casi inagotable.

 Continuará.

Referencias.

Bloom, Harold. El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas. Editorial Anagrama. Barcelona, 2006. 585 págs.

Eco, Umberto. A paso de cangrejo.  Debate.  Editorial Melvin C.A. Caracas, 2006. 389 págs.

Gombrich, Ernst Hans. Historia del arte.  Ediciones Garriga S.A. Barcelona, 1975. 532 págs.

González Uresti, Luz Araceli, Zeraoui, Zidane. Ibm Jaldún: Precursor de la sociología histórica. Revista de Relaciones Internacionales. Universidad de Costa Rica, número 91.1. Enero-junio 2018- Págs. 1 a 24.

Guy, Alan.  Panorama de la filosofía Iberoamericana: Desde el siglo XVI hasta nuestros días. Universidad Católica Cecilio Acosta. Maracaibo, Venezuela, 2002. 281 págs.

McLuhan, Marshall. La Galaxia Gutenberg. Editorial Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2004. 1380 págs.

Mumford, Lewis. Técnica y civilización. Alianza Editorial. Madrid, 1971. 522 págs.

Paz, Octavio. In/mediaciones. Seix Barral Biblioteca Breve. Barcelona, 1990.  265 págs.

Vargas Llosa, Mario. La orgía perpetua de Madame Bovary. Editorial Brugera S.A. Barcelona, España, 1975. 277 págs.  

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

lunes, 11 de abril de 2022

La tercera herida narcisista


Los humanos hemos sido siempre narcisistas, y más aún esta parte de la humanidad que se autodenomina arrogantemente occidental cristiana. El mito griego de Narciso se ha apropiado profundamente de la psiquis de europeos y americanos: Nos amamos demasiado a nosotros mismos. Nos hemos ahogado en muchas oportunidades, como Narciso al tratar de besarse en el espejo del agua. Se trata entonces de una conducta que colinda con la patología. ¿Será acaso nuestro narcisismo colectivo síntoma de nuestra baja autoestima oculta tras máscara arrogante?

I

Occidente ha sufrido de tres descomunales heridas narcisistas, ocasionadas por el mismo Occidente. Existen otras lastimadas, pero ocupémonos acá de las tres de las más importantes. La primera la ocasiona un oscuro monje polaco llamado Nicolás Copérnico, un astrónomo de tiempos renacentistas que se atreve afirmar que la Tierra, nuestro hábitat, no es el centro del Universo. Con esta afirmación tan grave e inmensa le estaba restando enorme autoridad a la Iglesia Católica y a los textos sagrados. Ocasiona Nicolás Copérnico una afrenta de naturaleza cosmológica, que más tarde será responsable de la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, defensor de las ideas del polaco. Copérnico que sabía de tales peligros abroquelados en la ortodoxia religiosa, muere sin ver publicado su De revolutionibus orbium coelestium, 1543. El sistema cosmológico de Ptolomeo, que la Iglesia admitía y defendía, llega su estruendoso final sin pena ni gloria. Ni la Inquisición ni el Índex lograrán detener tan portentosas ideas.

II

La segunda herida al recurrente narcisismo occidental, tan o más mortal que la anterior, la produce un hijo de la Pérfida Albión en el siglo XIX, Charles Darwin. Su consorte, Emma Wedgood, profundamente religiosa, le rogaba a su empeñoso primo y marido no publicara el resultado de sus investigaciones, que comenzaron con el viaje en el Beagle a la Patagonia y a las remotas islas Galápagos ecuatorianas. Este enfermo crónico, religioso arrepentido, poseedor de un extremo pensamiento analítico que era Darwin, estremece a la humanidad en 1859 al publicar El origen de las especies, publicación apresurada, sí, puesto que un tal Alfred Russel Wallace estaba llegando a parecidas conclusiones que él.

Estas revolucionarias ideas las trae a Venezuela el alemán Adolf Ernst en 1863, quien las inocula a la Universidad de Caracas, donde la juventud deseosa de conocer la filosofía positiva, se apiñaba a escucharle. Darwin, que evitaba hablar de religión, mereció entonces acre respuesta de la Iglesia Católica en Venezuela. Como dato muy curioso, fue un clérigo, John Henslow, quien anima al joven Darwin embarcarse en el Beagle, nave a vela que lo conducirá a la inmortalidad.  

III

Y tenía que ser un hebreo el ocasionador de la tercera herida narcisista que recibe y sufre Occidente: el médico vienés Seguismund Freud, tan escéptico como el barbudo coleccionista de coleópteros británico. Sin basarse en el método científico, al que conoce, crea Freud uno de los atolladeros epistémicos más grandes de la centuria que queda atrás. Una enfermedad intelectual del siglo XX, diría Octavio Paz: el psicoanálisis.

El cascarrabias filósofo argentino Mario Bunge se atreve afirmar que el psicoanálisis y otras pseudociencias son dañinos. Pero nadie lo oye, la Argentina se convierte en rehén del diván del psicoanalista, método vicariante que hasta la realeza inglesa solicita del médico judío. Después de Freud los humanos no somos dueños de nuestros actos y decisiones, sino de un etéreo inconsciente, una palabreja que vine de la literatura romántica germana. La diosa Razón del iluminismo se va de vacaciones desde entonces. Triunfa el dios instinto.

Freud morirá en el exilio londinense en 1939, sus persecutores nazis se han adueñado de la nación más culta del continente: la Alemania de Fichte, Kant y Einstein. El insensato mito de raza aria propalado como verdad científica por el fuhrer Adolf Hitler y sus afiebrados y resentidos secuaces, lo persiguen hasta la tumba.

Coda

¿Se acercarán otras heridas narcisistas en el horizonte de sucesos de Occidente? Es lo más seguro. Una de ellas golpea nuestro sentido de certeza y de confianza heredado quizá del lejano Euclides, que se vio abatido por el asombroso Principio de Incertidumbre de la mecánica cuántica del germano Werner Eisenberg en 1927, hace casi una centuria. Cosas veredes.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

   

 

jueves, 31 de marzo de 2022

Profesor José Rojas Armas, Director del Liceo Egidio Montesinos de Carora


Había en Carora y en todo el distrito Torres, hace más de media centuria, una sola institución de educación media o de secundaria: se llamaba y llama Liceo Egidio Montesinos. Los Padres Escolapios españoles ofrecían en su colegio Cristo Rey solo los cursos de primero y segundo año, pues no disponían de laboratorios de física y química para tercero, cuarto y quinto años. En 1960 los estudiantes de nuestro Liceo debían irse a culminar su bachillerato a otras ciudades, pues el Egidio Montesinos no otorgaba títulos de bachiller. La primera promoción de bachilleres de este instituto egresa en 1964.

Quien escribe inicia su bachillerato en Carora en 1964. El director del plantel fue entonces el amable profesor de castellano y Literatura y Latín José Rojas Armas, egresado del Instituto Pedagógico de Caracas (IPC). Era muy afectuoso y bajito de estatura. Sus lentes de carey le otorgaban cierta majestad, así como su corbata bien anudada y su incipiente calvicie. Siempre lucía paltó, a pesar del calor dominante en el semiárido larense, una elegante indumentaria que lamentablemente ha desaparecido de los planteles educacionistas.  Fue mi querido e inolvidable profesor guía en primer año sección “A”. Era oriundo del oriente de Venezuela, como lo delata su apellido materno, pues nace en Guanape, estado Anzoátegui. Se distinguió por su lucha juvenil contra la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez y era un accióndemocratista sincero y cordial.

Recuerdo con nostalgia y alegría que era yo su favorito muchacho de mandados, pues me pedía ir a la dirección del plantel a buscar un diccionario, un documento o un bolígrafo. Ese gesto me marcó de manera indeleble hasta el día de hoy, en el umbral de mi vejez. Es que esos pequeños e insignificantes gestos y detalles construyen, dan forma a la futura personalidad del adulto.

A más de medio siglo de mi encuentro con el profesor Rojas Armas, evoco la extraordinaria calidad de los egresados del IPC. Este hombrecillo nos hizo amar con su cálida y templada voz la literatura de Venezuela. A quien escribe animó a recitar en clase el inmortal poema de Andrés Eloy Blanco Píntame angelitos negros. Éramos sin saberlo discípulos indirectos de Comenio, de la misión chilena que vino a fundar el IPC, de Edoardo Crema y de la obra civilizatoria del presidente general Eleazar López Contreras, fundador del Instituto Pedagógico Nacional en 1936.

El Egidio Montesinos era en ese entonces un plantel de pequeñas dimensiones, pues tenía unos 800 alumnos repartidos en 16 secciones. Su planta física era nueva y fue inaugurada en 1963. Ninguna de las calles adyacentes al plantel estaban asfaltadas. Todas las aulas eran de platabanda y aún no habían aparecido las terribles y antipedagógicas aulas R3. De los libros de texto que usábamos recuerdo nítidamente La Tierra y sus recursos, del cubano Levi Marrero y Algebra, de Baldor, coincidencialmente otro cubano.

Los colegas de Rojas Armas en la docencia en Carora y que estaban bajo su magnífica dirección, eran el bachiller David Lasry, subdirector de la institución y docente de la cátedra de Inglés, y a quien llamábamos “Míster Lasry”; el español republicano del exilio Ismael García, en Matemáticas y Física; profesor Rafael Valera, nativo de Duaca, en Inglés; Vicky Ann Thomas y Mike Dougth, deportistas estadounidenses del Cuerpo de Paz (OEA); bachiller David Julio Atencio, en Inglés; Dr. (médico por la UCV) Pablo Álvarez Yépez en Psicología y Puericultura;  Pbro. José María Goyache, en Matemáticas; profesor José Ángel Montesinos, Geografía; profesor Antonio Moreno, de Biología; profesor Cruz Mario Ávila, Manualidades; el peruano Ignacio Arce en Ciencias Biológicas; el profesor yaritagüense Nery Carballo, en Química; profesor Omar Valvuena en Formación Social, Moral y Cívica; profesora Alcira Brito, en Castellano y Literatura; profesor Antonio Martínez, en Biología.

En ese año de 1964 se llevaron a cabo unas electrizantes y apasionadas elecciones estudiantiles en el Liceo y que resonaron por toda Carora. Los dos candidatos eran Willinger Silva, apoyado por el partido socialcristiano Copei y los sacerdotes de Carora; el otro candidato, que a la postre resulta ganador, fue Otto Fernández, apoyado por el partido Acción Democrática y la izquierda del MIR, una curiosa alianza. Pude observar que el profesor Rojas Armas invitaba a conversar a ambos candidatos al recinto de la dirección del plantel. Allí les daba a los furibundos contendientes consejos e instrucciones para llevar a buen término la justa electoral estudiantil, en aquellos años en que se aproximaba la llamada “década violenta” que llenó de sangre y miedo al país.

La pasantía del profesor Rojas Armas en Carora fue muy breve, apenas un año. Fue cofundador del Rotary Club con el Dr. Pablo Álvarez Yépez y mi padre, el profesor Expedito Cortés. Un instituto de educación ubicado en Alta Vista, Caracas, lleva con orgullo su nombre. Se residenció en Carora en el Hotel Bolognia de Livio Martinengo en la avenida Miranda, y creo que no lo acompañaba su esposa.

Guardo un muy grato recuerdo de la breve estancia de este magnífico caballero del magisterio por las tierras del semiárido larense, en aquellos felices y ya lejanos años de mi adolescencia. Atesoro un ejemplar de Tierras que me oyeron, que llevé emocionado a clases y le dimos una ojeada mi querido profesor Rojas Armas y quien escribe, en una soleada mañana de junio caroreño hace más de media centuria.

Santa Rita de Carora, 26 de marzo de 2022.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

 

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